Disclaimer: Lo que diré a continuación, ya deben saberlo: Ningún personaje de Marvel me pertenece. Ésta historia es un medio de entretenimiento sin fines de lucro para su creadora. Bla-bla-blá.

Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, trastornos psicológicos y/o prácticas sexuales riesgosas.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Puede contener referencias al cómic. Después de "Era de Ultrón"

Dedicatoria: Pieri Alea. Gracias por introducirme en el Stony. Luz, verdad y vida.


I

Hora del té.

JULIO, NY.

Si alguien se atreviera a decir que la noche era el único momento en el que la calma reinaba en la Torre de los Vengadores, seguramente le dirían que echara un vistazo al piso 122, y se retractara de sus palabras.

Un estornudo sacudió el par de fibras que intentaba soldar, junto con el resto de la mesa de trabajo. Gruñó, harto de tener que quitarse las gafas de protección por vigesimoquinta vez en la noche, para limpiar su ya enrojecida nariz. No importaba cuantas combinaciones de analgésicos y antibióticos consumiera. Su atroz gripe no lo dejaba en paz ni dos segundos, lo justo que necesitaba para terminar de soldar decentemente. Lo único que consiguió, luego de sobredosis de analgésicos, fueron terribles rachas de somnolencia que contraatacó con niveles estratosféricos de cafeína.

Otro estornudo derribó toda la placa que intentaba montar de golpe, arruinando la delicada pieza que insistía en terminar. En un ataque de ira, lanzó la pieza lo más lejos que pudo, despotricando la mitad de sus instrumentos de por medio. Vencido, lanzó un rugido más fuerte, como una fiera salvaje, cubriendo su cara con sus manos.

– ¿Sigues aquí?

Rodó los ojos apenas escuchó la pregunta, haciendo eco en el resto del taller.

– Nada de eso. Soy la copia holográfica de Tony Stark. Él se encuentra en estos momentos tomando una siesta –lanzó con sarcasmo.

Sus pasos apenas replicaron en el suelo. Steve se plantó junto a él, cruzando los brazos, con esa mirada desaprobatoria suya que Tony tanto odiaba. Llevaba una camisa sin mangas y unos deportivos flojos. Su cabello no lucía algo perfectamente peinado, sino revuelto, cosa que le sorprendió. Siempre supuso que parte del suero de super soldado le proporcionaba al Capitán América un peinado resistente a la almohada.

– ¿Y…? –le insistió Tony, incómodo por la molesta sensación de ser examinado por ese par de ojos azules como si fuera otro más de sus inventos.

– ¿Qué haces aquí? –cuestionó el rubio de inmediato.

– ¿Qué haces TÚ aquí? –Devolvió Tony, indignado –Si mal no recuerdo, este es mi taller.

Steve ni se inmuto. Ladeo ligeramente su cabeza, entrecerrando sus ojos, como si le importara un bledo lo que Tony acababa de decir.

– No puedo dormir –lanzó Steve.

– ¿Quieres que prepare chocolate caliente y galletas? –respondió Tony vagamente, alejándose a la siguiente mesa para comenzar el dispositivo que armaba desde cero.

– No puedo dormir porque cada vez que estoy por hacerlo, me despierta un estornudo infernal que llega hasta mi dormitorio –reprochó Steve, siguiéndole los pasos a Tony.

Stark se congeló al escuchar la queja del Capitán, volviéndose cautelosamente con él:

– Se llaman puertas. Son muy útiles cuando… las cierras –soltó, antes de seguir con su búsqueda, saltando entre mesas y armarios.

– Stark…

– ¿Quieres que te muestre cómo funcionan?

– Stark…

– Creía que en los cuarenta ya existían los cerrojos de…

– ¡Tony!

Un par de piezas rebotaron con dureza contra el suelo cuando resbalaron de las manos del moreno. Se volvió lentamente con el rubio, plantado a sus espaldas, aun con los brazos cruzados.

– De acuerdo –cortó Tony, poniendo sus manos al aire –Te pediré un mejor colchón. Quizá puede servirte el que yo…¡oh, por favor! ¿qué es lo quieres entonces?

– Te haré una pregunta, y quiero que me respondas honestamente –advirtió Steve, acercándose con cautela – ¿cuándo fue la última vez que dormiste?

Tony arrugo el entrecejo, como si no comprendiera la pregunta.

– ¿Es metafóricamente hablando o…

– ¡Stark!

– ¡OK! De acuerdo, bien. Quizá 36 horas más o menos.

– Ochenta y seis con treinta y un minutos desde la última siesta, Señor –aportó con claridad FRIDAY.

– FRIDAY, en un futuro, resérvate esa información para mí –masculló Tony.

– ¡¿Cuatro días?! –clamó escandalizado Steve.

– En mi defensa, técnicamente son menos de cuatro.

El capitán le reprendió con la mirada.

– Tony, no puedes seguir así. Necesitas dormir.

– Necesito un expreso doble. Y silencio –justificó el genio.

– Llevas dos semanas enfermo. Trasnochar no es de gran ayuda para tu estado.

– No recordaba que tenías título médico.

– Yo no, pero Banner sí –devolvió Rogers –O algo así.

– ¿Así que fue él? –preguntó Tony.

– Se llama ser responsable –defendió Steve –cuando conoces a alguien que lleva semanas con síndrome de científico loco, y sabes que morirá de hambre si es que antes no muere de pulmonía, lo más lógico es informárselo a alguien.

– ¿Banner me llamó científico loco?

– No, yo lo hice. El caso es…

– ¿Crees que soy un científico loco, tan chiflado que no puede cuidar de sí mismo?

Steve arqueó las cejas, como si Tony hubiese dado en el clavo.

– En pocas palabras, sí.

El genio articuló, congelándose un instante antes de largarse a una segunda búsqueda entre sus mesas de herramienta.

– Uno: Banner exagera. Dos: me considero más un inventor que un científico y… –soltó, lanzando un par de tarjetas y engranajes tras de él, como si fueran basura –Tres: él mismo se ofreció a desarrollar un antibiótico de diseño para mí.

– Porque está preocupado por ti –soltó Steve, después de un largo suspiro.

– Así que se pusieron sentimentales –lanzó Tony, volviendo con el rubio -¿Qué sigue?¿Un abrazo grupal?

– En realidad, todos lo estamos.

– ¿Todos? ¿Eso incluye a la viuda y al grandulón?

Steve encogió los hombros.

– Bueno, yo estoy preocupado…

– Oh…

Sí, eso había sido raro. Eso, y el ligero rubor que cubría las mejillas del Capitán Rogers. Y la forma en la que su mano viajó a su cabello, en un intento torpe por peinarlo.

– Agradezco su preocupación pero –reparó unos segundos después el genio –Se cómo cuidarme só…

¡Shú!

El intento torpe de cubrir su estornudo se redujo a salpicar de virus sus propias piezas mecánicas.

– Se nota –murmuró Steve, incrédulo.

Do es nada.

– Son dos chaquetas –señaló Steve, aludiendo a la pinta del Tony –Y unos 28 o 29°C de temperatura ambiente, si no me equivoco.

– Hace frío –resolvió Tony.

– Estamos en julio.

– ¡Viva Estados Unidos de Norteamérica! ¿Todavía no pasa el cuatro de…

– Tony –cortó el rubio, con gesto serio –Tienes fiebre.

– Ya pasó el cuatro de Julio, ¿cierto?

Steve suspiró, negando lentamente.

– Ven, vamos a la cocina.

– Aguafiestas –musitó Tony, rendido, siguiendo al Capitán fuera del taller.

Se sorprendió al volver a visitar su propia cocina. Unas semanas de aislamiento en tu taller personal pueden cambiar tu visión del resto del mundo. Con los Vengadores entrando y saliendo, no era extraño que cosas nuevas aparecieran y desaparecieran con facilidad dentro de la torre. Entre ellos, la nueva colección de hierbas para té, que al parecer, era parte de los objetos personales de Steve Rogers. Toda una abuelita, definitivamente.

Sin mucho ánimo, se dejó caer sobre un banco, cerca de la barra, mientras observaba el ir y venir de Steve entre los estantes y cajoneras.

– Veo que ya te adaptaste –murmuró Tony, de pronto, resintiendo todo el cansancio de la última semana.

– Es mucho más práctico que mi antiguo departamento –admitió Steve.

– Aunque has dejado desamparado a tus polluelos en el Centro de los Nuevos Vengadores –lanzó el genio.

– La torre tiene una buena vista y Nueva York es inigualable –alegó el soldado – Además, Natasha tiene todo bajo control por allá, y yo tengo un centro de mando a unas puertas de mi dormitorio aquí así que…

Stark enarcó una ceja.

– Tú nunca te relajas, ¿verdad?

El soldado se volvió hacía él, ofreciéndole la taza humeante que llevaba en la mano.

– Mira quien lo dice.

– Aclaremos algo: yo estaba perfectamente relajado antes que llegaras con todo ese –hizo una pausa, barriendo al rubio de arriba hacia abajo, como intentando ordenar sus ideas –con tus problemas nocturnos.

– ¿Problemas nocturnos?

– Es una forma de decirlo, o podríamos llamarlo, ¿problemas de vecindad?

– La torre es muy grande. Está muy solo por aquí.

– No te acostumbres demasiado, pronto estará en venta –murmuró Stark.

– ¿Venderas tu monu…torre? –corrigió Steve.

– Verás, el mercado inmobiliario ésta en un buen momento y además…siento que en cualquier momento Ultrón saldrá volado por allí y…

– Stark, bebe eso –cortó Steve, sin intenciones de caer en otra interminable discusión con el genio.

Tony tomó con recelo la taza frente a él, examinándola con desconfianza e intentando oler –en vano, pues su nariz estaba más cerrada que la mente del loco hermano del asgardiano- y encontrar algún indicio del contenido.

– Es sólo té –agregó Steve.

– ¿Cómo sé que no estás envenenándome?

– Mi madre era enfermera –explicó encogiendo los hombros, Steve –en ocasiones, tenía que curar con lo que tenía a la mano. Eran tiempos de guerra, los medicamentos eran un lujo. Así que la mayoría de las veces, se las arreglaba con sus propias preparaciones. La observé muchos años, y con el tiempo aprendí que el jengibre puede ayudarte a combatir una infección estomacal, o que la equinaccia puede bajar la fiebre. No tan rápido como la medicina, pero igualmente eficaz.

Otra conmovedora y triste historia sobre su pasado. Tenía que haberlo visto venir. ¿Por qué todo en la vida de Steve Rogers era tan trágico y devastador? El genio se sorprendió a si mismo, escudriñando con detalle a Steve, mientras sus ojos azules se perdían en las luces de la ciudad. Como si estuviese viajando a millones de kilómetros de allí. Como si estuviese a años luz de ese momento. Una punzada de algo que creyó, era lo que la gente denominaba empatía –todo ese rollo moralista de ponerte en los zapatos del otro- le perforó el pecho. Había algo muy oscuro y vacío detrás de esa mirada brillante.

– ¿Estás esperando a que se enfrié o has decidido que no confías lo suficiente para beber algo que yo preparé? –reparó el soldado, atrapando al genio mientras le observaba.

– No confío en mi olfato –resolvió Tony –no ahora mismo –agregó, llevándose la taza a la boca.

Steve le dedicó una sonrisa, satisfecho, como una madre feliz de ver a su hijo comerse sus vegetales.

– No está tan mal –admitió Tony, dejándose doblegar ante la sensación de calor regresando a sus extremidades gracias al té- quizá con un poco más de azúcar…

– Usé miel para endulzarlo –confesó Steve- y un poco de limón para que no espabilaras con el sabor. Aunque dudo que siquiera lo percibas.

– Claro –murmuró Tony, tomando otro trago.

– Deberías acompañarlo con algo de comida –sugirió Steve-y tomar un descanso.

– ¿Leche caliente y a la cama? ¿Quién eres? ¿Mi madre? –espetó el genio.

– Parece que te hace falta una –devolvió el soldado, aludiendo a su estado.

– Siento decirlo, pero ese puesto ya está ocupado por la señorita Potts. Suerte para la próxima –cortó Stark.

– No está haciendo un buen trabajo, entonces –murmuró Steve, cruzando los brazos.

– ¿Disculpa?

– Tienes que admitir que no ha estado mucho por aquí últimamente –terció Steve.

Stark arqueó las cejas.

– Si no lo recuerdas, porque seguramente no lo haces, es la nueva CEO de una importante empresa de alcance mundial. Así que lo que menos tiene, es tiempo para…

– ¿Niñerías? –completó Steve.

Stark bufó.

– Para ser un anciano, eres bastante molesto.

– Para tener una relación semi-estable, luces bastante mal –añadió Steve.

El genio lo fulminó con la mirada.

– No es asunto tuyo –escupió, incorporándose, dando por terminada la conversación. Dejó la taza a medias, antes de sentir su siguiente paso flaquear. De pronto, se sentía severamente cansado. Lo suficiente para no poder siquiera mantenerse en pie. En un último momento, cargó su cuerpo contra el banco en el que había estado sentado, antes de volver atrás. La sonrisa de satisfacción del Capitán, al otro lado de la barra, era más que obvia.

– Yo también tengo mis trucos –lanzó, orgulloso.

– ¿Qué mierda…

– Un somnífero. Uno muy bueno. Eso ocurre cuando pasas demasiado tiempo junto a Natasha –resolvió, observando a Tony aferrarse a la conciencia, perdiendo fuerza en sus músculos cada segundo.

– Es un sucio tramposo, Capitán –alcanzó a atinar Tony.

– Tranquilo, sólo te dormirá unas doce horas, como mínimo –concluyó, rodeando la barra con toda tranquilidad –si quisiera matarte, ya lo hubiera hecho.

– Cuando despierte, juro que…

– Sí, sí. Pero ahora a la cama –ordenó Rogers.

– Dame un antídoto –exigió Stark, luchando contra sus párpados.

– No. Irás a dormir. Fin de la historia.

– De acuerdo –masculló, casi como un desafío, antes de levantarse y avanzar tambaleante, ante los escépticos ojos del soldado, al otro lado de la barra. Impactó contra el suelo, barriendo la cristalería, antes de siquiera alcanzar la cafetera.

– ¡Stark!

Cayó de lleno contra el suelo, apenas librándose de la cama de cristales que eran ya sus copas.

– Estaba calculado –aseguró el genio. Suspirando aliviado, el capitán se inclinó para darle una mano.

– ¿Te muestro el camino?

– Muy gracioso –escupió Tony, forzándose a mantenerse despierto.

– Se te acaba el tiempo…

– No voy a ser arropado por el Capitán América y…

Steve no pudo evitar sonreír. Le sorprendía que dentro de los efectos colaterales del somnífero sobre el genio.

– ¿Te han dicho lo terco que eres?

– Narcisista, egocéntrico, imprudente…quizá –murmuró, incorporándose contra la barra.

Steve enarcó una ceja hacia él.

– Pues añádelo a tu lista –concluyó.

Stark asintió, cerrando los ojos un instante, y resbalando de nuevo hacia abajo. En el último segundo, Steve lo sostuvo, cargándolo de un brazo. Sí fuese un humano promedio, ya llevaría varios minutos fuera del juego. Pero hablamos de Anthony Stark. Él no se la pondría fácil. Aprovechando la confusión del genio lo dirigió, trastabillando, hasta su habitación. Apenas tocó la cama, abrió los ojos como platos.

– No –murmuró a sí mismo.

– Suficiente –le devolvió Steve, sujetando las muñecas del millonario contra la cama, para evitar que se incorporada de nuevo.

– No voy a dormir –lanzó Tony.

– Demasiado tarde, ya estás en camino.

– ¡No!

El genio le devolvió una mirada demente al soldado, que lo obligó a retroceder.

– FRIDAY –pronunció mecánicamente –¡luces!

La luz blanca inundó la habitación, como intentando eliminar cualquier rastro de sombra. Los ojos de Tony abiertos, eufóricos. Steve se lanzó hacia atrás, observando aturdido al millonario, mientras se incorporaba de golpe, temblando de pies a cabeza.

– No. Voy. A. Domir –espetó lentamente, su mirada balanceándose entre la locura y el terror. Observó, confuso, durante unos segundos más al soldado, antes de que sus parpados cayeran nuevamente, perdiendo a la par su equilibrio.

Steve se adelantó a la gravedad, atrapando el cuerpo del genio antes de que tocara el suelo, sosteniéndolo con firmeza, pero aun dudando de obligarlo a volver a la cama.

– Dame un antídoto –repitió, abriendo apenas de nuevo los ojos –No voy a dormir.

– Stark, solo es una siesta, nadie tocará tus juguetes en las siguientes doce horas…

– ¿Doce horas? –Musitó aterrado Tony –No voy a dormir, Rogers.

– Podemos encargarnos de todo durante unas horas –aseguró el Capitán –no va a ocurrir nada…

– Steve…-susurró, Tony, en un tono más cercano a la súplica que a una orden. Un tono en el cual nunca antes había escuchado hablar al genio. El soldado detuvo su discurso en seco, mientras sentía como el cuerpo del genio perdía fuerza para luchar, y como sus extremidades se iban aflojando lentamente –No quiero dormir –confesó agónico, luchando contra sus párpados para fijar sus ojos marrores en los suyos.

Un escalofrío trémulo lo recorrió desde la base de su columna vertebral. ¿Qué cosa tan aterradora debía ocurrir mientras Tony dormía para que el terror descontrolado botara de forma casi imposible un poderoso somnífero?

– Tony, ¿qué ocurre? –inquirió, sorprendiéndose a sí mismo hablando en un susurro.

– No me dejes dormir…por favor…

– Yo no…. –los ojos del genio se volvieron a cerrar unos segundos, que a Steve le parecieron horas. En un impulso desconocido, sacudió a Tony con fuerza, logrando que abriera los ojos de nuevo.

– ¿Tony?

El genio volvió a estremecerse en sus brazos, al ritmo en que cada parpadeo se volvía más lento y pausado que el anterior.

– Veré todo, otra vez –murmuró finalmente, angustiado –No quiero ver eso de nuevo.

– ¿Qué es lo que ves Tony?

El genio hizo una pausa. Por un momento, Steve creyó que por fin el genio se doblegaba ante la droga, dirigiéndolo lentamente a sentarse en la cama. Tony giro su cabeza, de tal forma que cuando volvió a abrir los ojos, estos no estaban al alcance de su vista. Abrió la boca lentamente.

– El agujero –escupió cansado Stark –la muerte.

Steve enmudeció. Sintió como algo dentro de sí se retorcía dolorosamente.

– Dame el jodido antídoto –rugió con los ojos cerrados Tony.

– No –se negó con firmeza –Necesitas dormir. Te estás haciendo daño. No puedes seguir así Tony.

– Tú no sabes cómo es –gruñó, intentando zafarse de su agarre – no lo entenderías.

Steve tomó con más fuerza sus muñecas y nuevamente lo sujetó contra el colchón, y apoyó todo su peso contra el millonario.

– Si no lo entiendo entonces, explícame –le cuestionó, clavando su mirada en sus ojos marrones.

Tony se aferraba a la conciencia. A la luz. Podía ver como luchaba contra eso. "15 segundos y dulces sueños", le dijo Natasha, "usa solo lo necesario o detendrás su corazón; es más poderoso de lo que puedas imaginar", terminó la pelirroja guiñando. Steve le sorprendió la fuerza que estaba poniendo el genio para no caer. Debía estar muy aterrado para evitarlo.

– No quiero dormir –repitió exahusto.

– ¿Qué es eso que ves, Tony? –susurró lentamente, como si cada palabra pudiera herirlo.

La mirada hundida en un par de profundas ojeras del genio se cristalizó.

– Todos mis demonios, Rogers –hizo una pausa para apartar su vista –y vaya que son muchos…

– No has hecho nada malo Tony –consoló –al menos, no últimamente –se corrigió.

– Si, no lo entendería –se dijo a sí mismo el genio – ¿en qué demonios estaba pensando?

– Puedes luchar contra ellos luego de descansar, ¿de acuerdo? –insistió.

– Vendrán por mí.

– Son solo sueños.

– Vendrán por mí.

– No eres el culpable de…

– Vendrán por mí –susurró más bajo. Podía leer su angustia en cada línea de expresión de su cansando rostro. Podía sentir su dolor. Y una mierda, le estaba partiendo en dos. Ahí, medio inconsciente y sin un ápice de fuerza para luchar, entendió que eran muy distintos. Él era solo un hombre. Un hombre que se escondía tras una armadura para que nadie llegara a él. Para que nadie lo tocara, para que nada le hiciera daño, para que nadie le ayudara. Sintió sus manos frías, recordándole soltar el agarre de sus muñecas un poco. Era solo un hombre. Y estaba llevando al límite esa condición para no caer.

Se estaba matando lentamente.

– No. No vendrán, porque me quedaré aquí, ¿de acuerdo? –lanzó en un intento desesperado de ayudarle. Porque si existía algo que Steve Rogers no resistía era el dolor ajeno. Y no poder hacer nada al respecto –Me quedaré aquí hasta que despiertes y no vendrán por ti. Te juro que no los dejaré llegar. No estás solo Tony.

El genio asintió, con los ojos cerrados.

Y ese fue el último movimiento que hizo el resto de la noche.

El soldado no recordaba una noche en vela tan extraña, como aquella. Ordenó a Friday apagar las luces, y con la tenue luz de la noche colándose por los ventanales, aprecio cada detalle de la fisonomía del genio, tantos que nunca reparó en ellos. Era extraño como su cabello comenzaba a tener demasiadas canas. Su rostro lucía cansado, pero seguía siendo bastante atractivo para su edad. Comprendió porque solía darse el lujo de elegir a distintas compañeras de dormitorio en otros tiempos. El resto del cuerpo del genio permanecía en buena condición por lo demandante de su vida como vengador. Pero no era como él. Stark comenzaba a tardar más en reponerse de cada golpe o magulladura. Era escalofríante observar las cicatrices en su piel. No era un secreto para los Vengadores que últimamente, su anfitrión estaba comenzando a perder poco a poco la cabeza, y eso estaba deteriorando su estado físico a pasos agigantados.

Se maldijo mentalmente por no notarlo antes.

Recordaba solamente observarlo unos minutos durante los últimos meses al regresar luego de misiones con el resto del equipo. Con el centro de los Nuevos Vengadores, la torre había quedado vacía y sin mucho movimiento. Hace tiempo el genio se apartó de toda actividad alegando vacaciones y tiempo para "nuevos proyectos". Decisión que tranquilizó a muchos e inquietó a otros.

Pero estamos hablando de Anthony Stark.

Cualquier tipo de decisión precipitada podría esperarse de él. Así que nadie se inmutó en meterse más de dos metros dentro de su taller y laboratorios, a excepción de Banner. Rodhes alegó entender que lo suyo era por el "distanciamiento" entre el genio y Potts. Nadie se molestó en investigar más. Sonaba lógico para todos. Incluso para el Capitán, acostumbrado a su errático comportamiento, causa de innumerables discusiones con la CEO de Stark Industries.

Resumiendo, todos se olvidaron de Stark y concluyeron que solo era Tony, haciendo cosas de Tony.

Pero eso era más que solo Tony Stark en otra crisis de los 40. Era algo más profundo. Algo que se encargó de esconder a todos. Algo que ocultó para sí y los pocos que lograban verle, hasta que una sencilla gripe lo derribó una semana antes dentro de su laboratorio y que Banner descubrió. El mensaje de Friday anunciándoles que Banner necesitaba ayuda en el laboratorio. Recordó su confusión al entrar esperando las amonestaciones del genio, encontrándole con un fuerte golpe en la cabeza y sin conocimiento. Fue entonces cuando Banner recurrió a él. Todos los detalles que el resto de los vengadores ignoraban. Tony estaba trabajando demasiado. Algo normal para él. Pero Banner afirmaba que comenzaba a olvidarse de comer y dormir. Podía pasar días sin probar bocado, trabajando de forma hiperactiva. Durante una semana no supo de él, debido a que Friday tenía órdenes de no abrir el laboratorio. Banner comenzaba a preocuparse por sus argumentos paranoicos sobre posibles peligros imposibles aún para él. Aparecía en su habitación a la mitad de la noche susurrándole que desconfiaba de que Friday y su centro de mando hubiese sido corrompido nuevamente. Olvidó que tenía que ducharse y estaba cada vez más delgado. "Tenemos que detenerlo", le murmuró Banner, antes de que Stark se lo llevara de vuelta al laboratorio.

Y al compartir sus preocupaciones, sabía que tenía que intervenir. Alegó asuntos clasificados que resolver en Nueva York, arreglando que Hill lo mantuviera en contacto con todo lo que pasaba en el Centro, para mudarse a la torre y mantener vigilado al millonario. Fury temía desarrollara otro invento que se convirtiera en una amenaza para la seguridad nacional. Banner temía que desarrollara un círculo de vicios que amenazara su integridad.

Steve tomó asiento en el lado vacío de la cama del millonario. Sería una larga noche si el somnífero perdía efecto.

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Algo había golpeado su cabeza.

Si de nuevo Rogers había decidido noquearlo con su escudo, juraba lo pagaría. Ésta vez Vision no intercedería por él. Luchó contra sus párpados pesados. Quizá fue demasiado alcohol. Su cuerpo ya no respondía como antes a la resaca. O a una jornada con los Vengadores; ambos resultaban igual de demoledores. Sus brazos estaban tan doloridos que ardían, su cuerpo parecía pesar toneladas. ¿Acaso ocurrió algún derrumbe y estaba cubierto de escombros?

No. Podía detectar la suavidad de su colchón y las sábanas cubriéndole. Sentía con claridad la suave almohada. Deslizó un poco sus dedos, acto que le costó demasiada energía. El calor de su compañera de cama llegaba hasta él. El calor de otro ser. No estaba solo.

– Pepper…

No recibió respuesta.

– Pep…

En un esfuerzo sobrehumano, sus párpados cedieron y la luz tenue de la habitación le cegó. Podía ver que se encontraba en su habitación en el piso 122 de la Torre de los Vengadores en Nueva York. Y tenía compañía. Rezó mentalmente por que no fuese una reportera de nuevo.

– ¿Tony?

La voz ronca de Rogers lo sobresaltó.

– ¿Rogers? Pero qué demonios…

Los recuerdos sobre la noche anterior se agolparon en su cabeza. Rogers en su taller. Rogers preparándole té. Rogers hablando de su madre. Rogers drogándole. Rogers arrastrándolo hasta su cama. Rogers sobre él. Rogers inmovilizándolo en su propia cama. Rogers prometiéndole quedarse. Rogers despertando en su cama.

Se encontró con la mirada somnolienta del Capitán. Sus ojos brillaban con un azul intenso, y su sonrisa torpe lo hacían lucir 10 años más joven.

– Dormiste bien. ¿No te lo dije?

– Por favor, dime que tú y yo no…

El soldado rodó los ojos y se incorporó en su lado de la cama.

– ¿Hablas en serio?

Stark encogió los hombros.

– No puse una mano sobre usted, Señor Stark, si le preocupa que su virilidad haya sido corrompida –Sentenció ceremonialmente Steve.

Stark quedó boqueabierto.

– ¿Quién eres y dónde está Steve Rogers?

– He aprendido mucho de esta época –murmuró – ¿Te encuentras bien?

– Si prometes no volver a drogarme, estaré bien –alegó Stark mientras intentaba incorporarse.

– No tan rápido…

Tony trastabillo apenas se puso en pie, cayendo junto a su cama.

– ¿Qué mierda era ese té?

– Ya lo dije. Un buen somnífero –respondió el Capitán ayudándolo a volver a la cama – Normalmente no tendría efectos secundarios pero supongo que por tu estado…

– Disculpa, ¿mi estado? –cortó el genio.

El capitán llevo su mano a su cabeza otra vez. Ese tic nervioso que le delataba cada vez que iba a abordar un tema incómodo.

– Tony, llevas semanas enfermo…

El aludido bufó, fastidiado.

– No necesito una niñera, ¿recuerdas? –devolvió el genio, recargándose en la cabecera de su cama. Las bolsas oscuras bajo sus ojos eran más tenues, pero aún lucía sumamente pálido.

– Si no puedes alimentarte y dormir de forma decente, me parece que sí.

Stark enarcó una ceja.

– Así que, ¿eres mi niñera?

– No me gusta el término…

– ¿Fury te ordenó que seas mi niñera? –cortó Tony – Pensaba que ese puesto ya lo tenía Coulson.

– Fury no me envío.

– ¿Fue Banner?

– En realidad…

Un leve rubor subió nuevamente a las mejillas del capitán. Fue suficiente para deducirlo.

– Lo de la red de tráfico de armas moviéndose en los barrios bajos de Nueva York fue una cuartada –resolvió Stark.

Steve le regaló una sonrisa torpe.

– Has pasado mucho tiempo solo aquí en la Torre desde que Banner se fue.

– Tengo a Friday, una excelente conectividad con el mundo exterior –resolvió Tony, echando su cabeza hacia atrás sobre la cabecera de su cama –y el número del restaurante de comida indú que tanto le gusta a Barton.

– No pareces ordenar con frecuencia –cortó Steve, sentándose en la cama. Escudriño a su compañero, pero éste ignoró todo intento de contacto visual – Tony, antes de dormir, mencionabas que hay cosas que no te dejan…

El insistente tono de timbre del celular el capitán detuvo su discurso.

– La agente Hill intenta comunicarse desde el Centro de los Nuevos Vengadores –informó Friday – carácter urgente.

Steve clavó su mirada en Tony. El genio parecía distraído observando algún punto lejano en el horizonte de Nueva York. Su semblante no delataba molestia o impaciencia. Era un extraño halo de, ¿melancolía? Por alguna razón que ignoraba, ver esa faceta del millonario le revolvió el estómago dolorosamente. Con un suspiró tomó la llamada.

– Comunícame con Hill –ordenó a Friday antes de que la voz de la agente sonara en su oído.

Maria Hill se caracterizaba por su tremenda capacidad de síntesis. Sin rodeos. Requería su presencia en el Centro para una misión. No era opcional.

– Llego ahí en 20 minutos –cortó el soldado.

– ¿Tus polluelos necesitan a su madre? –lanzó Stark, sin despegar la mirada del paisaje neoyorkino.

– Tómalas según indican –alzó la voz Rogers, con ese tono que lograba que todos a su alrededor siguieran sus órdenes, señalando una pila de cajas en la mesita de noche – FRIDAY está programada para recordarte tus siguientes tomas. Te ordené comida, llegará en media hora.

Tony alzó las manos, en gesto de paz.

– Cuando regrese espero…

–Está bien mami –lo detuvo Stark.

Steve soltó un bufido de cansancio.

Sería una larga semana.


¿Hey? ¿Siguen allí?

Gracias por leerme. Hasta ahora no podría definir si será un One shot o dará para más. Supongo que, eso lo decidiré posteriormente. Tengo mucho material para esta historia pero, ya lo dejaremos al tiempo.

¿Qué dicen?

Hasta la próxima (?)

Bethap