Notas:


Gracias por sus comentarios, me encantan y me motivan. Es lindo ver tanto a la gente nueva como a quienes ya han pasado por otras de mis historias. Nunca me van a molestar, ni sus dudas, teorías o que tomen bando por algún personaje.

Y este fanfic es largo, pero el borrador está completo y el epílogo ya está escrito ;) solo pido que me tengan paciencia porque estoy cocinando uno de mis platillos más ambiciosos

De nuevo, gracias y recuerden tomar agüita.


...~...


Al día siguiente Helga terminaba de prepararse para salir cuando Bob golpeó su puerta.

–¡Niña, apresúrate!–gritó–. Tu amiguita de la escuela está aquí

–Ya voy, Bob–dijo rodando los ojos.

Tomó la mochila de su silla y bajó la escalera.

–Buenos días, Helga–La saludó Phoebe de pie junto a la entrada.

–¿Qué hay, Pheebs?

Helga pasó a la cocina y tomó una fruta al azar.

–Ya me voy, Miriam

–Que tengas un buen día, cariño–Respondió su madre terminando de desayunar.

La rubia sacó a Phoebe de la casa y cerró la puerta tras de sí, acomodando su mochila.

–¿Qué haces aquí? Pensé que Gerald pasaba por ti camino a la escuela–dijo.

–Anoche se quedó con Arnold y pensé "hace tiempo que no camino con Helga" y decidí pasar por ti

–Muy considerado de tu parte–Le dio una mordida a la manzana.–. Hablando de tu chico, ¿Ya hicieron planes de aniversario?

–No todavía, pero si hemos pensado quizá tener una cita elegante

–¿Cómo así?

–Bueno, ir a un restaurante bonito, pasear en bote o en uno de los carruajes del parque. Todavía no decidimos bien

–Lo que sea, no lo dejes llegar a tercera base

Phoebe se sonrojó bajando la mirada y Helga comenzó a reír divertida, hasta que su amiga habló.

–¿Crees que eso esté mal?–Preguntó la chica con una voz triste.

–Oh, rayos, Phoebe

Helga volvió a morder su manzana y observó a su amiga unos segundos.

–No lo sé, no sé nada de eso–Se encogió de hombros.–. Solo bromeaba. De las dos tú eres la experta en eso de tener novio...

–Pero...

–Creo que está bien que hagan lo que quieran, si quieren... si ambos quieren. Me entiendes, ¿no?

–Creo que sí

–Entonces cambia esa cara, que no te estoy juzgando–Volvió a morder la manzana y la miró con una sonrisa.– ¿O acaso ustedes...?

–¡No, no, no! ¡Por supuesto que no!–Añadió apresurada y volvió a bajar la mirada, sonrojada.–. Pero lo he pensado

–Las fantasías son inocuas, Pheebs, no le hacen daño a nadie

–No me refiero a eso

–¿Lo has considerado?

–Tal vez

Helga terminó su manzana y lanzó el corazón en un basurero.

–Bueno, Pheebs, si crees estar lista, adelante. Solo te recuerdo que Gerald tendrá que vérselas con la feroz Betsy si me entero de que te ha lastimado de alguna forma

Phoebe ahogó una risita y miró a su amiga un poco más tranquila. Incluso si Helga no era capaz de confiarle todo, sabía que podía contar con ella.

Unos minutos más tarde pasaron por la esquina donde antes solían cruzarse con los chicos. Era demasiado temprano para toparse con ellos, pero de todos modos Helga miró en esa dirección, por si acaso. Su amiga lo notó.

–Oye, Helga

–Dime

–¿Cómo va tu "desintoxicación" de mantecado?

–Bueno, Phoebe, no diré que estoy limpia, pero ciertamente ya no lo necesito

–¿Y has encontrado otro... umh... alimento... que te vuelva loca?

–No lo creo

Helga miró el patio de la escuela. Phoebe puso atención, pero no notó que fijara sus ojos en nadie en particular.

–Es una lástima

–¿Por qué?

–Solo digo que es lindo estar enamorada

–Estuve enamorada, Pheebs, y fue horrible

–De alguien que te corresponde

–Tal vez algún día–Se encogió de hombros.

Pasaron por sus casilleros y entraron al salón.

En cuanto Helga ocupó su puesto, Phoebe dijo haber olvidado algo y que regresaría de inmediato. Entonces salió corriendo justo antes que el timbre sonara.


...~...


Arnold y Gerald esperaban a Phoebe junto a sus casilleros y en cuando la vieron, se escondieron en uno de los armarios de limpieza. La chica compartió información que tenía con el rubio, así como sus sospechas.

–Nada bueno saldrá de esto–Insistió Gerald.

–No tienes que ayudarnos si no quieres–dijo Arnold, con el ceño fruncido.

–Viejo, sabes que los ayudaré, pero no creo que Helga esté en problemas

–Creo que debe haber una razón para que Helga nos esté ocultando cosas–dijo Phoebe, preocupada.

–Yo igual y la razón es que no quiere que nos metamos en sus asuntos

–Incluso si así fuera, no veo razón para que no me diga a mí

–Phoebe tiene un punto–Se involucró Arnold.–. Siempre se han contado todo, ¿no?

–Exacto–dijo la chica, asintiendo–. Y es por eso que me preocupa. Incluso cuando no quiere hablar de algo, inventa algún código para poder contarme cosas sin exponerse, por eso creo que está metida en algo raro

–¿Algo como qué?

–¡No lo sé! ¡Y eso me preocupa!

–Creo que exageran. Casi siempre se las arregla bastante bien

–Tal vez le das demasiado crédito–Comentó Arnold.–. Sí, Helga nos ayudó cuando tuvimos que salvar el vecindario, pero en ese entonces su familia tenía dinero y tecnología que ahora no tiene

–Es cierto–Añadió Phoebe.

–Chicos–Reiteró Gerald, pero notó la mirada decidida en ambos y luego de soltar un suspiro continuó.–. Está bien. La seguiremos y trataremos de averiguar en qué está metida, pero debemos tener cuidado, porque primero, no será sencillo y segundo, se enfadará si nos descubre

–Gracias, bebé–dijo Phoebe.

–Gracias, amigo–dijo el rubio.

–Solo espero que no nos mate–remató el moreno.

Phoebe regresó primero al salón, pidiendo disculpas, mientras los chicos esperaron el descanso para disculparse con el profesor por su ausencia, explicando incómodos que no escucharon el despertador.

Durante ese descanso Helga salió del salón y Phoebe la acompañó hasta las maquinitas para comprar caramelos. No hubo reacciones o palabras que hicieran a la chica de lentes entrar en alerta.

Al siguiente descanso Helga dijo que iría a la biblioteca y fue Arnold quién la siguió, escondiéndose en las vueltas de los pasillos, aunque la chica jamás volteó. Helga caminó entre los estantes, distraída, sacó un par de libros, los hojeó y luego de elegir uno se acercó al mesón de préstamo. Habló un buen rato con el nuevo asistente de la biblioteca, así que Arnold anotó a su primer sospechoso. Cuando regresaron al salón compartió esa información con Gerald.

En esa clase los chicos se escribieron notas entre ellos, consideraron a todo el personal más joven de la escuela. Además del asistente de la biblioteca la lista incluía al nuevo maestro de francés -aunque Helga no tomaba esa clase, muchas chicas decían que era guapo-, al maestro sustituto de deportes, y un nuevo guardia. Después empezaron a pensar en los chicos de las distintas clases, no podía ser nadie de su grado o menor, tampoco la habían visto compartir con los de preparatoria.

A la hora de almuerzo Helga pasó por las máquinas, compró dos bolsas de galletas y se fue a caminar por la escuela. La siguieron por los pasillos, subiendo y bajando las escaleras.

Cuando empezaban a pensar que solo daba vueltas al azar, un chico de último año la saludó y ella se quitó los audífonos. No lograron escuchar qué dijeron, pero ella se encogió de hombros, lo acompañó y entró con él a un salón. Phoebe y Gerald la siguieron con cuidado, pero Arnold se asomó preocupado por la puerta. Fue el moreno quien tuvo el tino de sujetar a su amigo y esconderlo.

Podían ver que Helga hablaba con el chico casi al final del salón. Parecía molesta y seria, hasta que él abrió su mochila, enseñándole el contenido. Le entregó algo que ella guardó en su bolsillo, para luego sacar su billetera y pagar.

–Si necesitas algo más, avísame–Escucharon que comentó el chico.

–Ya veremos–dijo ella–, primero tengo que evaluar la calidad de esto. Estaré en contacto

Los tres amigos se apartaron y se escondieron en la vuelta del pasillo justo a tiempo para evitar que los viera. Por suerte para ellos, Helga tomó otro camino.

–¿Vieron lo que vi yo?–dijo Gerald.

–Esto no puede ser–Comentó Phoebe, asustada.–. No puedo creerlo

–Está metida en algo peor de lo que pensamos–dijo Arnold, preocupado.

–Cuidado, ahí viene–dijo Gerald, viendo salir al chico.

Caminó en la dirección que estaban ellos, pero, como no los conocía, los ignoró y siguió su camino, bajando las escaleras mientras intercambiaba un saludo con alguien que también parecía de último año.

Los tres dejaron escapar un suspiro de alivio.

Entonces Arnold miró el pasillo por donde se había ido Helga.

–La perdimos–dijo.

Corrió siguiendo la dirección que la chica había tomado. Al llegar al final se dio cuenta que pudo bajar, o seguir por los pasillos a la izquierda o la derecha. Cuando Gerald y Phoebe le dieron alcance los tres asintieron en silencio y se separaron. Arnold bajó, mientras sus amigos fueron uno a cada lado.

«En qué demonios te metiste, Helga...»

Bajó la mitad del tramo, buscando a la chica con la mirada. La altura le daba ventaja. La vio en el bebedero, a dos salones de donde él estaba. La siguió con precaución de regreso al salón. Esperó a Phoebe y Gerald en la puerta y les hizo un gesto para indicarles que Helga ya había entrado.

–¿Viste lo que compró?–susurró Phoebe, preocupada.

–No, pero creo que todavía lo tiene en su bolsillo–Respondió Arnold.– ¿Creen que podamos averiguar qué es?

–Tenemos dos clases más

–¿Puedes tratar de sacarlo?

–Lo intentaré

Cuando sonó la campana, el grupo entró al aula y se sentaron en sus puestos.

Durante toda la lección Phoebe intentó una y otra vez acercar su mano al bolsillo de Helga, pero cada vez que lo hacía se ponían nerviosa. Podía escuchar en su cabeza los regaños de su amiga.

–No puedo hacerlo–Admitió derrotada en el descanso

–Tendremos que hacer otro plan

Los tres conversaban junto al escritorio de los maestros, mirando a Helga de reojo, que destacaba algunos de sus apuntes y hacía notas en el borde. La vieron guardar sus lápices.

–Ey, Pheebs –dijo la rubia– ¿Vamos por unos refrescos?

–Cla-Claro–Respondió su amiga.

Helga se levantó y caminó con las manos en los bolsillos de su pantalón caminó hacia la salida.

–Ya voy–dijo la chica de lentes, y se acercó a los chicos para añadir en un susurro–. Necesito que la distraigan para agitar su refresco. Se tendrá que quitar el polerón si se ensucia

–Está bien

–¡Pheebs! ¿Vienes?

La más bajita corrió tras Helga para alcanzarla y las dos apresuraron el paso hasta la máquina de dulces.

–Déjame invitarte–dijo Phoebe.

–Gracias–dijo Helga sin extrañarse.

Arnold y Gerald las seguían de cerca.

–¿Entendieron algo de la última clase?–dijo Gerald.

Helga gruñó sin voltear a verlo.

–¿Qué hay que entender?–dijo –Solo hay que memorizar un montón de fechas y lugares

Phoebe presionó disimuladamente el botón que regresaba las monedas.

–¿Qué pasa con esta máquina?–dijo Helga, golpeándola.

–Lo intentaré otra vez–La chica abrió su monedero.–. Quizá sean las monedas

–¿Y si vamos a la máquina de la cafetería?–dijo Gerald–. Nosotros también queremos algo

–Está bien, vamos Pheebs–Concedió la rubia.

–Los alcanzo–Respondió la chica, que ya había metido las monedas.

Helga se adelantó con los chicos y Phoebe aprovechó para comprar dos sodas.

–Esto es por una buena causa–se dijo, agitando ambas latas– ¡Helga!–Corrió para alcanzarla.– Lo logré

–Sí, que bien–dijo la rubia con indiferencia, mientras recibía la lata–. Volvamos. Se quedan solos chicos

La rubia puso su dedo en la anilla para abrir su refresco. Su amiga la imitó atenta. Si solo Helga resultaba perjudicada, tendrían una discusión, pero si las dos terminaban cubiertas de refresco, entonces era culpa de la máquina.

Arnold y Gerald se observaron entre ellos, apartándose un poco. Sabiendo que esto podía volverse horrible.

Entonces sonó la campana.

–Rayos–masculló Helga, soltando la anilla y dirigiéndose al salón–. Vamos

Los tres la siguieron. Helga ya en su puesto iba a abrir su refresco, bajo la atenta mirada de Phoebe.

–Señorita Pataki–dijo la maestra al entrar al salón.

Helga guardó el refresco en su mochila. Ya iban dos semanas desde que había fastidiado a la maestra y no quería seguir en la mira. Sacó su cuaderno y un lápiz, mostrando disposición para tomar apuntes. Phoebe la imitó y dejó escapar un suspiro.

Antes que la clase terminara, la maestra comentó que Brainy estaba enfermo y pidió que alguien le llevara las tareas del día. Hubo un breve silencio hasta que Curly se levantó.

–¡Yo voy! ¡Yo voy!–gritó con entusiasmo.

El chico se acercó a la maestra dando saltos en el pasillo, tomando las hojas de los deberes y luego dio un giro para regresar a su puesto.

Varios rieron por sus gestos y él hizo una reverencia antes de sentarse.

–El más raro de los raros–Comentó Helga, aburrida.

Sonó la campana y ella guardó sus cosas con lentitud, atenta.

–Oye, fenómeno–dijo cuando Curly pasó a su lado–, dile a tu amigo que se quede en casa, no queremos que traiga sus gérmenes a la escuela

–¡Helga!–Se involucró Arnold.–. No seas así–Volteó para mirar al chico.–. Curly, sólo dile a Brainy que descanse para que se recupere pronto. No tienes por qué entregarle el mensaje de Helga

–Dáselo textual–dijo la rubia amenazándolo con el puño, luego miró a Arnol–. Y tú no te metas donde no te llaman, cabeza de balón

La chica tomó su mochila y se dirigió a la biblioteca para estudiar. Phoebe la acompaño y los chicos se quedaron en la escalera de la entrada, charlando. Una hora más tarde las chicas salieron.

–¿Siguen aquí?–dijo Helga cuando se encontraron con sus amigos.

–¡Por supuesto!–Gerald se acercó a besar a Phoebe.– ¿Vamos a casa, bebé?

–Vamos–dijo Phoebe mirando a su novio, luego volteó a ver a Helga– ¿Tomarás el autobús?

–Caminaré–Acomodó su mochila y giró.–. Hasta mañana

Salió en dirección a la residencia Pataki y los otros tres asintieron en silencio para seguir con su plan. Tal vez vería a su novio en la tarde.

Guardaron la distancia, buscando dónde esconderse, mientras Helga escuchaba música, distraída.

Pasó a la carnicería y luego de hablar con el señor Green, el hombre fue a la parte de atrás y vieron a la chica hablando con el mayor de su clase.

–¿Harold? ¿Es en serio?–dijo Arnold, incómodo.

–No creo que se trate de él–dijo Phoebe ajustando sus gafas.

–Pero tendría sentido con tu teoría, bebé. Harold salía con la Gran Patty, si viera a Helga con él–dijo Gerald, con un escalofrío–volvería a darle una paliza

–Pero Harold no se saltaría una comida por ninguna persona–Observó la chica.–. Y lo he visto en la cafetería con Stinky y Sid sin falta las últimas semanas

Vieron que el señor Green le entregó algunos trozos de carne envueltos en papel y Helga se despedía para seguir su camino. Los tres se escondieron tras los basureros, mientras Helga volvía a acomodar sus audífonos.

Los novios cubrieron sus bocas tratando de no reír muy fuerte. Arnold los miró enfadado, antes de ponerse de pie y seguir a Helga.

–¡Oye, viejo, espéranos!–dijo Gerald, alcanzándolo.

–Esto es serio, chicos. Helga podría estar en problemas

La pareja se miró entre sí y luego a Arnold. Asintieron y caminaron en silencio.

Siguieron a Helga hasta su casa y esperaron por si volvía a salir, pero una hora después quedó claro que no lo haría.

–Se hace tarde–dijo Phoebe–. Debo ir a casa

–Vamos–dijo Gerald.

–Me quedaré un rato más–dijo Arnold.–. Tal vez venga a buscarla

–No–dijo Phoebe–. De las conversaciones que he tenido con sus padres, puedo concluir que no tienen idea de que pueda estar con alguien, así que no debe venir a la casa

–Pero...

–Ve a descansar, viejo, mañana podemos seguir investigando

–Está bien

El rubio subió la vista a la ventana de la chica. La luz estaba encendida. Se preguntaba qué estaría haciendo Helga.

Sintió la mano de su amigo sobre su hombro y la de Phoebe en su brazo. Con tristeza volteó para acompañarlos en el camino de regreso.


...~...


«Helga, basta, casi te delatas»

«Pero ya te has ofrecido antes a llevarle la tarea a otras personas de la clase»

«Sí, pero te emocionaba la idea de ir a verlo»

«Debería ir a verlo, no debe sentirse bien»

«Contrólate, Helga»

Después de terminar los deberes se recostó en la cama a leer una revista con las últimas noticias y entrevistas de Wrestlemania.

Fantaseó con ser una luchadora famosa, golpeando idiotas con sillas, ahorcándolos contra las cuerdas, saltando sobre sus estómagos y al final de una épica pelea se alzaba triunfal sosteniendo un cinturón sobre su cabeza, parada sobre una pila creada por los cuerpos inconscientes de sus adversarios.

Podía imaginar a Lila diciendo que eso parecía peligroso y Phoebe animándola, mientras Gerald le decía que se calmara.

Entre el público, Brainy aplaudía con entusiasmo, sonriéndole.

«Rayos»

Estaba distraída. Tenía que hacer algo al respecto.

Tomó uno de sus cuadernos y dibujó un plano rudimentario de la escuela. Hizo una cruz sobre el auditorio y la cafetería. También tachó la mayoría de los salones. Le quedaba la biblioteca, el gimnasio y los salones de música y arte que usaban los de preparatoria, además de la sala de prensa, pero estaba segura que al menos esa última estaría ocupada.

«¿A dónde podríamos ir?»

Se dio cuenta que una alternativa era seguir a alguna de las chicas populares de preparatoria, definitivamente no todas iban por ahí besándose con sus novios, alguna debía tener un lugar secreto. El asunto era arrebatárselo.

–Mal plan, Helga, eres más lista que eso

«Tal vez podrían dejar de esconderse»

Comenzó a reír con la idea, rodando en su cama.

–Claro que no, se imaginan... Helga G. Pataki...

«Saliendo con un fenómeno»

«Te avergüenzas de él»

«Me avergüenza que vean cómo actúo cuando estoy a solas con él»

«Entonces no actúes así en público»

–Bueno, Helga, lograste meterte en otro dilema

Se levantó y puso en el reproductor de música un disco que no había escuchado antes, acomodó los audífonos y volvió a recostarse, escapando de sus pensamientos.


...~...


El sol despertó a Helga antes que lo hiciera la alarma. Puso a cargar su reproductor de CD's y en cuanto atravesó la puerta, se topó con su mejor amiga que se acercaba a su casa.

–¿De nuevo Johanssen te cambió por Shortman?–Preguntó arqueando un lado de su ceja.

–No–Respondió con una risita y con un gesto de su cabeza indicó hacia el final de la calle.

Helga miró en esa dirección solo para encontrarse con dos chicos sonrientes saludando con la mano.

–Que no se les haga costumbre–dijo rodando los ojos.

Las dos chicas caminaron a cierta distancia de los muchachos hasta llegar a la escuela.

En cuanto entraron al salón Helga sacó el cuaderno de la primera clase que tenían, mirando por encima las notas de la última sesión. A ese profesor le gustaba interrogarlos sobre la clase anterior y ella llevaba todo el año compitiendo con Phoebe para ver quién obtenía más respuestas correctas. En la tapa del cuaderno de su amiga tenían el marcador.

Poco a poco empezó a llegar el resto de la clase, algunos conversando y otros ocupando sus puestos.

–¿Entonces hoy serán las audiciones?–Comentó Sheena.

–¡Sí! Ya pusimos carteles en toda la escuela–Respondió Eugene entusiasmado.–. Y ya preparamos las coreografías

–¡Fantástico!

–Oye, Curly, ¿te sientes bien?

–¿Yo?–El chico estaba recostado en su pupitre.–. Sí

–¿No será que trajiste los gérmenes de tu amigo, fenómeno?–Comentó Helga, volteando a mirarlo con aire despectivo.

–No lo creo. Apenas lo vi. Dejé las notas en el escritorio y le di tu mensaje–Respondió sin moverse de su lugar.

–¿Entonces por qué estás así?–dijo Eugene, preocupado.

–Me quedé hasta tarde practicando nuevos pasos para el baile del segundo acto

–¡LO SABÍA!–Se acercó molesto.–. Ya habíamos discutido esto...

Helga dejó de poner atención, aunque, como toda la clase, percibía que el intercambio entre el pelirrojo y el cuatro ojos se volvía agresivo.

El profesor entró unos diez minutos tarde, disculpándose por el retraso y empezando con la ronda de preguntas. Arnold, Phoebe, Lila, Helga y Nadine respondieron ese día, todos correctamente. Las mejores amigas sumaron cada una un punto.

Durante los descansos, Helga se dedicó a vagar, pero esta vez llevó a su amiga. Parecía que no estaba mirando nada en particular, pero Phoebe estaba segura de que se le escapaba algo.

Antes del almuerzo, la rubia hizo una lista y arrancó el trozo de papel guardándolo en su bolsillo. En cuanto sonó la campana. Se levantó.

–Helga, ¿tampoco almorzarás con nosotros hoy? –dijo Phoebe.

–Emh–Helga pareció reflexionar antes de continuar.–. Te veo en la cafetería, guárdame un puesto en la fila, no tardo mucho

Arnold y Gerald se miraron entre sí. El rubio decidió seguirla, mientras el moreno acompañó a su novia.

Helga fue directo al salón de último año. El chico con el que habló el día anterior estaba ahí. Arnold se quedó escuchando desde la puerta, intentando captar su conversación entre todas las voces.

–¿Vienes por más?–dijo el chico.

–Lo de ayer estuvo bien–dijo con indiferencia, luego sacó un papel– ¿Puedes conseguirme esto?

–Podría, la próxima semana

–¿No puede ser antes?

–Para el viernes, pero cobro extra...

–Está bien, la próxima semana...–Helga sacó su billetera.–. Aquí está el adelanto, como acordamos, la otra mitad cuando lo entregues

–Un placer hacer negocios con usted, señorita Pataki

Helga se dio la vuelta y Arnold apenas se escondió a tiempo, pero ella caminó en la misma dirección por la que él había ido.

El chico miraba alrededor, buscando donde esconderse, pero todo lo que veía era una línea de casilleros y aunque había uno abierto, estaba seguro de que no cabía adentro. Se pegó todo lo posible al muro, esperando que ella siguiera su camino sin voltear a verlo. La chica avanzó, pasando junto a él, hacia la escalera, pero en el último segundo se quedó inmóvil.

–Espera un momento–dijo Helga en voz alta.

Arnold cerró los ojos, imaginando una amenaza si estaba de suerte y quizá un golpe si no, pero nada pasó. Cuando abrió los ojos Helga seguía de pie, mirando en la dirección opuesta a él hacia la escalera que daba hacia la azotea.

Helga siguió su camino hacia la escalera de bajada y Arnold decidió volver por otro camino, intentando llegar antes que ella.

–¿Qué pasó, viejo?–dijo Gerald cuando lo vio llegar, agitado.

–Le... compró... algo... más–dijo, tratando de calmarse.

–Ahí viene –interrumpió Gerald mirando por sobre su amigo.

–¿Qué pasa, cabeza de balón?–dijo la rubia–. Parece que corriste una maratón

–Olvidé mi...billetera...–Fue lo único que a Arnold se le ocurrió.

–¿Hay algo bueno en el menú de hoy?–Lo interrumpió, tomando una bandeja y pasando por delante de él y Gerald, para ubicarse junto a Phoebe.

–Parece ser que hay pollo con verduras y patatas–dijo su amiga–. Y aún queda tapioca de postre

–Quedan los últimos–Sacó uno y estiró su brazo para dejarlo en la bandeja de Arnold.–. Toma, cabeza de balón

–¿Y eso por qué?

–Primero: porque te ves fatal. Segundo: para que no digas que nunca hago nada bueno por ti. Y tercero: porque todavía queda otro para mí–Sonrió y tomó el último postre.

Siguió a Phoebe a una mesa, los chicos iban tras de ellas. Almorzaron hablando de su fin de semana, entre bromas y comentarios. A los tres les pareció que al menos Helga parecía estar ahí y no distraída en su mente.

Cuando terminaron de comer, la rubia dijo que quería estirar las piernas y los demás le ofrecieron compañía que ella no rechazó. Se paró en un bebedero del segundo piso y luego continuaron simplemente dando vueltas sin rumbo.

El resto del día estuvo tranquilo y Helga los invitó a estudiar en la biblioteca al final de las clases, preparándose para el control de matemáticas. Cuando el asistente les pidió retirarse, Helga guardó sus cosas y les pidió esperar afuera, mientras iba a hablar con él. Cuando la chica salió notó que solamente Phoebe la esperaba.

–¿Caminamos a casa?–dijo la más bajita.

–Pensé que irías con Gerald–Contestó la rubia.

–Otra vez está con Arnold

–¿Segura que no son novios?

–¡Helga!–Reclamó con una risita.

–Bueno, Pheebs, aunque me encantaría acompañarte, tengo cosas que hacer. Nos vemos mañana

–Pero...

–¡Pasa temprano por mí!–Añadió, adelantándose para alejarse.

Phoebe suspiró, mientras los chicos se le acercaban. Se habían escondido para ver la reacción de la rubia.

–Al menos no es contra nosotros–dijo Arnold, frustrado.

–Declaro nuestro segundo día de investigación como un fracaso–Bromeó Gerald.

–¿Creen que realmente vaya a casa?

–Podría ver hoy a su novio–dijo Phoebe.

El moreno rodó los ojos.

–En ese caso–Comentó Arnold–preferiría seguirla y asegurarme de que no le pase nada

–Estás mal, viejo–dijo Gerald–. Pero si mi hermosa novia quiere ir, te acompañamos

–Vamos–dijo la chica.

Los tres caminaron rápido hacia la entrada de la escuela y siguieron el camino que generalmente tomaba Helga. La divisaron al final de la siguiente calle. Stinky y Harold caminaban con ella, pero no podían acercarse lo suficiente para escuchar.

–No, definitivamente no es Stinky–Comentó Gerald en cuanto notó que Arnold iba a abrir la boca.–. Y si no nos dice a nosotros, definitivamente no va a verse con su "novio" delante de ellos

Los siguieron hasta los arcades y desde la entrada vieron a la chica comprar varias fichas que repartió con los otros dos, para ponerse a jugar de inmediato.

–Hoy no tendrá una cita–Concluyó Gerald.

–Vamos a casa–dijo Phoebe–. Mañana intentaré hablar con ella otra vez

–Me quedaré un poco más–Decidió Arnold.

–Amigo, necesitas descansar–dijo el moreno–. Mañana podemos investigar qué fue lo que compró

–Pero...

–Gerald tiene razón–Añadió Phoebe–, definitivamente a esta hora debería estar con su novio... ¿y si rompieron?

–¿Tú crees?

–Bueno, ayer le pregunté si le interesaba alguien y dijo que no

–Podría ser, ¿por qué no nos dijiste antes?

–No lo había pensado, lo lamento

–Eso explicaría por qué ha estado así estos días–Agregó Gerald.–. Intenta distraerse

Arnold miró a su amigo, luego a Helga. En efecto, estaba jugando contra Harold y Stinky, destruyéndolos. Imaginaba que era su forma de botar algo de ira y frustración, no era la primera vez que la veía hacer eso. Así que... era posible. Sonrió.

–Vayan a casa, yo... creo que antes iré por un helado

–¿Estarás bien?–dijo Gerald, preocupado.

–Sí, en serio. Quiero pensar algunas cosas.

Arnold se despidió de la pareja y comenzó a caminar hacia Slausen's. Pidió un helado de chocolate. La mesa donde ese día charló con Lila y luego con Helga estaba libre. Se sentó en el mismo lugar, recordando.

–Soy un idiota –dijo–. Debí... debí aclararle lo que escuchó en las montañas

Comió su helado, recordando lo linda que le pareció Helga cuando llegó a animarlo, con o sin intención. Esa conversación fue agradable. Helga a veces era realmente agradable. Sabía que si fuera así con más frecuencia tendría más amigos, sería más cercana al resto ¿Estaría mejor? ¿Sería más feliz? ¿Por qué le costaba tanto no ser una idiota?

Conocía un poco a su familia y sabía que su situación no era la mejor. Algunas veces la escuchó quejarse, pero los últimos años ella comenzó a contenerse e incluso llegó a disculparse las pocas veces que no pudo cerrar la boca frente a él.

Arnold suspiró. Sabía claramente la razón, aunque jamás lo hubieran hablado y aunque agradecía su consideración, lamentaba no ser un apoyo para ella en esos momentos.

Terminó su helado y se fue a casa. Lo primero que tenía que hacer era investigar qué estaba comprando su amiga, porque definitivamente parecía algo malo. Por otro lado, tenía que averiguar si realmente había terminado y volver a acercarse lo suficiente para poder invitarla a salir a una cita.