Gracias por leer el remake de mi propia historia o por leer esta por primera vez. He hecho cambios y me están agradando, recomiendo mas esta nueva versión, no borrare la otra por nostalgia. Quizá otros 10 años más adelante vuelva a cambiar de opinión.
Pd. Sufrí mucho al subir este cap por app, modifica el texto.
QUÍMICA
CAPÍTULO 5. DE MAL EN PEOR.
Un nuevo día inicia en Hillwood. El canto de las aves anunciaba el amanecer, ahora sí, el sol brilla resplandeciente asomándose en el horizonte. El cuadro que se forma a través de la ventana daba la pinta de que el día sería perfecto, pero Arnold ya ha iniciado con el pie izquierdo desde temprano, ni siquiera había podido dormir en toda la noche por lo ocurrido el día anterior, se encuentra abatido. Había dos cosas que le seguían dando vueltas en sus pensamientos, la primera era la manera en la que Helga lo había mirado por última vez y la segunda era esa conversación a medias que había escuchado del joven castaño.
"Arnold, Arnold, Arnold", un sonido robotizado comenzó hacer eco en aquella habitación. Era su peculiar despertador indicando que era hora de alistarse para ir a la preparatoria. Lo apago y se cubrió con sábanas, por un instante eligió que era mejor no asistir, no tenía ánimos, ni sabía cómo manejar la situación, pero pronto cayó en cuenta que seguir evitando temas, era el problema original. Pensó que sería mejor aclarar sus sentimientos de una buena vez. Y para resolver el nuevo problema tenía que mantenerse cerca, no alejarse. Miró su reloj una vez más ...
—¡Ya es tarde!—"¿Cuánto tiempo lo pensé?" Se vistió rápidamente y corrió al baño. Por suerte no había nadie y pudo entrar sin contratiempos. No le tomó mucho tiempo, solo se acicalo un poco y continúo su carrera.
—¿No vas a comer?— le gritaron desde el comedor.
— ¡No puedo, Sr Hyunh!, ¡Voy tarde!—gritó sin detenerse. Su espíritu positivo había vuelto a su cuerpo. "Estoy enamorado de ti, Helga, y no pienso perderte". Llegó a la parada de autobuses para darse cuenta que ya había partido el transporte. "No importa, mejor paso a su casa, quizás siga ahí", pensó e inmediatamente corrió hacia la casa de los Pataki. Tenía que ser rápido si quería alcanzarla. Llegó al pórtico y sin pensarlo dos veces tocó el timbre. Para su mala suerte no fue Helga quien abrió la puerta sino Olga. "Por lo menos no es Big Bob", admitió.
La hermana de Helga llevaba el cabello más largo que de costumbre, casi a la cintura y en este momento viste ropa de mujer de negocios, luce muy ejecutiva, Olga se había vuelto actriz, tal vez su ropa era para algún personaje.
— ¡Hola, Arnold! ¡Qué sorpresa tan agradable!— lo saludo con el tono empalagoso de siempre. "Tan diferente a su hermana".
—¡Hola, Olga! ¿Por casualidad aún está Helga?—preguntó apoyándose en el marco de la puerta, llevándose una mano al pecho.
— No, lo siento, hace un rato que subió al autobús.
—Ohhh...—exclamó cabizbajo. Deseando haber llegado antes —, supongo que tendré que esperar a verla hasta que haya llegado—refiriéndose a la escuela.
—Supongo que sí—contestó, no pudo evitar la pregunta—¿Sucedió algo? —suspicaz, podía ver un brillo diferente en los verdes ojos de Arnold, pero al mismo tiempo la impaciencia la preocupaba.
—Todo bien...—mintió—, disculpa no poder seguir platicando, pero me tengo que ir. Ya es tarde— advirtió retrocediendo su paso.
— ¡Adiós, Arnold! ¡Suerte!—se despidió moviendo la mano y cerrando la puerta tras de él. De todos los Pataki, incluyendo a su amiga, Olga es la única que siempre lo llama por su nombre.
Arnold también movió su mano a modo de despedida, pero no miró atrás, continuó a paso veloz. "Qué mala suerte", pero nada lo detendría. Aunque tuviera que correr hasta la escuela estaba decidido a verla y alejarla del farsante Owen.
Aunque su condición era excelente por más que aceleró el paso no fue lo suficiente. Para cuando llegó, la campana de aquel martes ya había sonado y ya casi no había estudiantes en los pasillos. Se decepcionó. Sus esfuerzos no lo hicieron llegar antes del campanazo.
Una vez más vuelve a desanimarse pues se percata que no verá a Helga por ahora, a él le toca Historia y a ella Educación Artística. Resignado camino hasta su aula, preocupado de que la única clase que compartía con la rubia ese día es la última y lo más cercano a verla sería el receso. Suspira. Lo único que deseaba ahora era que Owen no tuviera la suerte (que a él le falta) de compartir más clases con ella.
Llega y le cuesta un poco convencer a su maestro de dejarlo pasar. No le queda más que esperar.
Cuando llegó el receso, caminó anhelante hacia la cafetería y como en el día anterior al primero que se encuentra es a Eugene.
—¡Hola, Arnold!—saludo entusiasta desde el suelo.
— ¡Eugene!—se acercó veloz a él para ayudarlo a levantarse, ya saben, por su ya bien conocida fama de caerse todo el tiempo.
—No Arnold, no te preocupes. Estoy aquí porque sigo buscando las arañas de Nadine.
— Oh,lo siento... —dijo apenado, Arnold creyó que se había accidentado.
— ¿Podrías ayudarme a buscarlas?
— Ammm... ,lo siento Eugene... es que tengo prisa— se disculpa nuevamente, en verdad lo sentía, no le gusta negarle ayuda a alguien.
—Tranquilo, yo entiendo—dice en un tono comprensivo.
Arnold se despide y continúa caminando más tranquilo. Entra a la cafetería y comienza a buscar de un lado hacia el otro, de abajo hacia arriba, de distal a proximal sin resultados. Helga no estaba y tampoco Owen. "Owen no se la pudo haber llevado, no a Helga, a mi Helga", se afirma así mismo ansioso. Su cerebro involuntariamente comienza a crear escenarios donde Owen y Helga son los protagonistas. Los imaginaba riendo juntos, comiendo un helado, abrazados, tomados de la mano, BESÁNDOSE. "No, no, no" sacude su cabeza para intentar ahuyentar los malos pensamientos, pero sin buenos resultados, está al borde de la locura. Frunce el ceño y en su rostro se dibuja una mueca de total amargura.
— ¡Hey, viejo!— lo saluda preocupado después de notarlo tan inquieto mirando a todas direcciones. Lo había estado observando desde que llegó. Arnold no responde—¿Arnie?— insiste pasando una mano frente a los ojos verdes de su amigo.
— Lo siento…, no te había escuchado.
— Si no me dices no me doy cuenta—mordaz, pero sin igualar a Pataki—. ¿Estás bien?—era una pregunta tonta. Obviamente no está bien, "¿porque dije eso?", ahora se golpea la frente mentalmente.
— Sí—afirmaba con su boca, pero negaba con su semblante.
— ¿Qué te preocupa?, ¿puedo ayudarte? Vamos solo dilo, somos amigos desde el jardín de niños— de nuevo sin respuesta —¿Arnold?
—¿Has visto a Helga?— preguntó de golpe. Como si todo lo anterior simplemente no hubiese existido.
—¿El demonio rosa?—pregunta extrañado. Nuevamente no recibió respuesta. "Esto está mal", piensa— No la he visto desde Educación Artística, estaba con ese chico nuevo… ¿Cómo se llama? ¡Owen!— suelta una risa y una mirada con picardía—, parece que Pataki si va en serio—agrega divertido. Generalmente Arnold se ríe de sus comentarios o por lo menos le lanza una mirada acusadora cuando no está de acuerdo con lo que dice. Esta vez el comentario si afectó a Arnold, pero de una manera inusual y el moreno no pasó por desapercibido. "Realmente esto está mal". De pronto recuerda el intento de diálogo (no le podía y no lo quería llamar diálogo) que tuvo con la rubia esa misma mañana—. Le pregunté sobre ti y dijo...
— ¿Qué te dijo?—interrumpe ávido, esperando la respuesta.
"Aja, para esto si tienes respuesta rápida" razona y se da cuenta, "Demonios, demonios. Esto va peor". Le entró pánico seguir preguntando por su estado de ánimo. Le asustaba confirmar que Helga era la causante de su extraño comportamiento. Pero tampoco podía ignorar los años de amistad, todos esos años compartidos, siendo cómplices de las más locas aventuras. No estaba hablando de cualquier amigo. Hablaba de su mejor amigo, NO, mejor dicho de su hermano. Suspiro. Es hora de tomar fuerzas, de preparar sus oídos a lo que fuera que viniese y continuar esa conversación. Después de todo llevaba tiempo sospechando que ese par terminaría juntos.
— No tiene importancia— respondió para no afectar aún más. Siempre le costaba trabajo mantener una conversación con la rubia, no recuerda una decente y el que tuvo esa mañana no era excepción, había sido una una vergüenza. El peor de los peores. Tan solo había preguntado por el rubio y aún podía ver como se alejaba agitando los brazos hacia el cielo exasperado, maldiciendo y después aplicar bullying al primero que se le atravesó. "¿Qué estás mirando miope?", Gerald se eriza, no solo podía verla también parece escucharla todavía—¿Pasó algo con ella?—se atrevió a preguntar sin más rodeos.
— Sí…, necesito encontrarla a ella y a Owen.
— ¿El chico nuevo?
—¡Ahhh!, ¡Eugene!— Un grito agudo, muy agudo se escucha, invade el sitio, lastimando los tímpanos de todos los presentes que apresuradamente se llevaron las manos a los oídos para protegerlos.
— ¡Abran paso!— dijo caminado entre sus compañeros, después de eso tomó a una araña entre sus manos—Tranquila, Lola, ya estás a salvo.
Las miradas atónitas no se hicieron esperar. Solo la de Sheena era diferente, ella está furiosa. "¿Cómo puede estar más preocupado por la araña que por mi?"
— Jajaja... no quisiera estar en su lugar—dijo al notar que Eugene se encontraba en aprietos. Se volteó y notó que su amigo se alejaba hacia las jardineras del patio—Espera, aun no entiendo, ¿por qué estás preocupado? ¿qué está pasando?
— Debo encontrarla ahora—alzó su voz, pero después la controlo—, porque Owen no merece a Helga— se detuvo —, es un mentiroso, no es quien dice ser, solo la está engañando.
— Jamás lo habíamos visto antes, ¿tú cómo puedes saber eso?—indago.
— Lo escuche diciéndolo y creo que hay alguien más detrás de todo esto.
—¿Quién?
— No lo sé.
— Bueno, pues solo tenemos que decirle, lo hará papilla— dijo malicioso, moviendo sus manos como mosco—, quizá podremos cobrar por verlo.
— Quisiera…
— ¡Así se habla hermano! —lo palmea con orgullo—. Cobraremos cinco dólares por persona.
— ¡Gerald!—reprime y le lanzaba la mirada acusadora. "Bien, por lo menos esta vez no omitió la mirada acusadora".
— Cada vez entiendo menos.
— Es que ya se lo dije.
— ¿En serio?, ¿Entonces qué te preocupa si ella ya lo sabe? Espera, ¿por qué entonces siguen juntos?
— No me creyó.
— ¿Qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?
— Le dije lo que sé de Owen, pero no me creyó y además nos peleamos, ahora no quiere verme, no somos nada.
—No puedo creerlo— es verdad, no lo puede creer. "¿Quién no le cree al buen Arnold?" Ni Helga había sido la excepción de las innumerables ocasiones en las que su amigo dejó claro su grado de honestidad. La buena noticia es que Arnold ya le había dado una excusa y una muy creíble (ya que el siempre está preocupándose por los demás) y como dato extra ahora entendía la razón de Helga cuando le pregunto por este. "Ya no son amigos" , era algo como para festejar. Al menos hasta que pone atención al rostro de su amigo. "Demonios".
— No se como, pero tengo que alejarla de Owen—se veía decidido.
— ¿Cuál es el plan?
— ¿En serio?... Creí que Helga no te agrada—sonrió satisfecho.
— Cierto— afirmó —, sé que mi relación con Helga no es el mejor ejemplo de amistad. Tampoco es un secreto que el vínculo que formaron ustedes dos me causa un poco de aversión y me hace querer vomitar sangre—bromeando —. Sabes, hay dos cosas que jamás entenderé, la primera es ¿cómo Eugene puede reconocer a las arañas por su nombre?, ¿quien rayos hace eso? ¡Todas son iguales! Y la segunda es que ¿como dos personas tan importantes para mi pueden ser capaces de llevar una sólida amistad con Helga G. Pataki? Eso es todavía más raro —hace énfasis con sus manos—, ya me resigné a que esto me une totalmente a ella. Quiera o no formo parte de esto, además siempre hemos estado juntos—le explicó con una sonrisa.
— Gracias, Gerald—le correspondió la sonrisa, unieron sus puños para hacer su saludo especial —, por cierto ¿dónde está Phoebe y como les fue ayer en el cine?
Por otro extremo se encontraba Helga y Owen. Owen la había invitado a almorzar afuera y tomar un poco de aire. A Helga le pareció buena idea, resultaba conveniente, pues estaba evitando ver al rubio así que aceptó. Se sorprendió cuando se topó con una manta y una canasta de picnic.
—Te compensare tus atenciones —Owen le indico que tomara asiento junto a él sobre la manta—, gracias por tu compañía, Helga.
Ella trató de disimular el rosado en sus mejillas, tan pronto tomó un tarro mason jars con su nombre grabado se encontró haciendo comparaciones. Arnold nunca tuvo algún detalle tan romántico con ella, solían comer en la cafetería y nunca estaban solos, desde que eran cercanos siempre contaban con la compañía de Phoebe y Gerald u otros amigos, a veces una que otra molesta chica o el club completo de fans del equipo de fútbol de la escuela al que Arnold y Gerald pertenecían. Aunque se esforzara en ser un caballero de vez en cuando podía ver la cara de tonto que pone el camarón con pelos cuando "esas" se acercaban. Al final el rubio no parecía parar bolas a ninguna de ellas, pero aun así era bastante molesto tenerlas cerca. "¿Cómo pueden dejarlas entrar vestidas de esa forma?" Todas esas chicas superficiales agitando siempre sus pompones con mini falditas y con blusas escotadas la irritaba. "Torpe cabeza de balón y sus gustos estúpidos", pensaba descargando su ira en su comida.
— Hel... ¿Te puedo llamar Hel? —Santirso interrumpió la masacre.
— Ammm— solo alguien la llamaba así, "Otra vez ese torpe" —. Sí— no tenía porqué seguir siendo exclusivo de Arnold—, pero no te acostumbres a tener siempre esa respuesta— sentenció dando la primera mordida a su almuerzo aplastado.
— Claro, ¿por qué no has hablado mucho desde ayer?
— No me gusta agotar mi saliva, estamos en época de sequía, ¿sabes?—respondió con su inigualable estilo Pataki tomando un sorbo a su bebida con soberbia.
— Oh… eso es tan encantador de ti— aseguro con picardía y acercándose peligrosamente a ella—, me gusta tu sarcasmo.
—¿Así?— a Helga la amilanaban ese tipo de actitudes, puesto que no estaba acostumbrada a recibirlas. Ella era más de evadir desde raíz a un chico, pero con Owen se había saltado ese paso, por lo que al contrario de ser un "¿Así?" firme y retador como los que suele expresar, emite un "¿Así?" con nerviosismo y casi inaudible.
— Sí— miró su oportunidad y se acercó más. "Te besare"
"¿Me besara?". Jamás ha sido besada, ella ha besado (solo a Arnold), pero nadie la ha besado a ella. "¿Dejo que lo haga o me alejo?" Es tarde, él está muy cerca a tan solo milímetros de sus labios. Podía sentir la respiración de él sobre su rostro.
La campana suena.
Salvada por la campana.
— Ya oíste—aprovechó que el chico se descuidó para separarse un poco. El beso no se completa.
— Ya lo hice— se levantó inmediatamente y le extendió una mano para ayudarla a levantarse.
Tomaron las cosas muy de prisa y corrieron adentro.
— ¿Ya viste quienes vienen ahí?—se le escapó de la boca.
Arnold miró en ese sentido. Helga y Owen corren por el pasillo enlazados del brazo con una canasta de picnic desorganizada. Sintió que la sangre le hirvió y en el estómago su almuerzo se revolvió. Estaba por ir hacia ellos, pero su mejor amigo interpuso su brazo, impidiéndo lo hizo cuando noto que su mano formaba un puño. Lo calmó con la promesa de que juntos encontrarían una solución. Era lo que el moreno necesitaba para confirmar sus sospechas. "Está perdido. Nadie desea golpear a alguien nada mas porque si, excepto Wolfgang, pero el saca pleito". El punto es que reconocía ese sentimiento, él ya lo había experimentado. Eran celos, Johanssen no tenía dudas, justo le habían traído problemas con su novia recientemente. Esos eran celos genuinos porque en el corazón de su amigo, Helga ya no era una simple amiga. "Demonios".
La siguiente clase del rubio la compartió con sus amigos Gerald y Lorenzo. Estos se esforzaron en intentar distraerlo del tema Owen y Helga. En realidad, de manera más consciente, solo Gerald, Lorenzo no está enterado de la situación, pero apoyaba al moreno por insinuación. No tenía intenciones de ponerlo al tanto. La novia del chico es una de esas reinas en la distribución de información y no por ser parte del taller de redacción del periódico escolar o por ser reportera, no nada de eso (ustedes entienden). Ni loco le contaría, si lo hiciera en instantes el plantel entero se enteraría. Gerald ya podía imaginarse lo que harían con la información. La población general utilizaba chismes menos interesantes como entretenimiento, quizá este hasta se beneficiarían vendiendolo a un periódico local y saldría como encabezado, como aquella vez en la que salió "El chico del pórtico" o "Arnold vs Harold". El siguiente encabezado en tendencia sería "Arnold enamorado del demonio rosa". "Diablos". Hashtag inlove , prayforArnold o alguna tontería leería en redes sociales. Aunque Arnold aún no se lo confirmaba abiertamente, él ya lo daba por hecho.
Los intentos por despejar su mente fueron inútiles. Ni porque era clase de geografía, él no podía entender ni una sola palabra de su profesor. Tocó fondo, solo puede escuchar "Helga, Helga, Helga" y sentir unas ganas incontenibles por salir a buscarla. Miraba el reloj una y otra vez obligándose a cumplir la promesa a su mejor amigo. "Si, estaré tranquilo, Gerald", fueron sus palabras exactas.
La última clase llegó. Educación Física, su segunda materia favorita, la primera es literatura. Desde muy pequeña ha jugado de lo más simple a lo más rudo, ha demostrado ser muy ágil en deportes como: beisbol y futbol americano, recientemente el voleibol y el basquetbol se han agregado a su historial. También es excelente apabullando fenómenos tendría un diez de nota si tan solo se aprobará como deporte. Helga G. Pataki la chica más hosca de todas. Es famosa por su sarcasmo y sus dos puños "La vieja Besty" y "Los cinco vengadores".
— ¡Muévete, maniático, estorbas el paso!
— ¡Muévete... tu—la entonación de su voz disminuyó al ver a su emisora.
— ¿Qué dijiste?—mostrando "La vieja Besty".
— Adelante…
— Eso pensé, Thaddeus.
Una vez que Curly se quitó, ella entró, convirtiéndose en el centro de las miradas. Le gusta ser observada. Más bien, le gusta que sepan quién manda, que sepan que no es otra chica que teme romperse una uña. Entra como una reina entrando a su castillo y es que es una reina. Una reina en deportes y una muy bella, nadie podía negarlo aunque su belleza contrasta con su rudeza. "¿Quién podrá conquistar su corazón?"
Nadie lo había intentado, su carácter los asustaba. La reina no era muy consciente de esto, pero se había encargado de bajarle los humos a toda esa bola de chicos que presume de ser irresistible.
Entre los varones se menciona que quien gane su corazón se convertirá en un héroe; una leyenda más para el joven Gerald. Quizá lo llamarían "el domador de la bestia rosada", mala comparación, suerte para él (o la) que originó el relato, si Helga supiese de este rumor lo haría pedazos.
En instantes otra figura entra. Owen Santirso, el chico nuevo a sus escasos dos días se ha convertido en toda una celebridad por estar junto con quien nadie se acerba y porque además Rhonda ya se habia encargado de darle un buen lugar en la lista de los más guapos (trabaja rápido) y quien no le cree a Rhonda Wellington Lloyd, nadie tiene mejores conocimientos que ella en ese ámbito (según ella misma).
Apenas se había esparcido el rumor de Lloyd hubo chicas que quisieron acercarse pero rápido se desilusionaron, desde el momento en que llegó se le ha visto muy cerca de Helga y solo estando locas se atreverían a meterse con ella.
Ya sea por galán o por el posible candidato a domador de la bestia, el joven ya tiene su propio grupo de fans observado sus movimientos detenidamente…
— ¡Hola, Hel!—llegó plantándole un beso en la mejilla.
Las respiraciones a su alrededor se detuvieron. "Esta muerto", todos esperaron la respuesta habitual de la rubia, pero en lugar de eso...
— ¡Hola, chico listo!—obsequiando una sonrisa.
"¿Que?", "¿Dónde está golpe?", "¿Chico listo?", "¿Eso es un cumplido?" "¿Realmente será el legendario y valiente domador?"
Todos observan con estupefacción la escena. Arnold es uno de esos espectadores, había llegado temprano y había estado corriendo alrededor de la cancha para calentar músculos antes de que aparecieran.
"¿Hel? y un beso. Por favor", imploro piedad al cielo.
Un silbato se escuchó. El entrenador Liam ha llamado a todos a reunirse en el centro.
— ¡Quiero que formen dos equipos!, ¡Ahora!—con mucha autoridad y haciendo sonar su silbato de nuevo.
Los jóvenes comenzaron agruparse de la siguiente manera:
Primer equipo formado por Helga, Phoebe, Brainy, Katrinka, Rhonda, Iggy, Sheena, Owen y dos chicos más. Y segundo equipo con Arnold, Gerald, Lorenzo, Curly, Joey, Peopod, Eugene, una joven y un varón.
En las gradas unos ocho antipáticos para relevos.
— Elijan un líder y un deporte para un partido amistoso.
Es lógico quienes serán los líderes de los equipos. Helga y Arnold, los más sobresalientes del deporte y en liderazgo.
— Nuestra líder sugiere un partido de básquetbol—informa la pelinegra asiática al equipo contrario y al entrenador, muy diplomática.
"¡Sí!", "¡acepta!", "¡fabuloso!" y pequeños codazos fue lo que Arnold comenzó a recibir por parte de su equipo.
— Acepto— dijo, seguido de gritos de victoria.
Cada equipo se agrupa formando un círculo para discutir entre sí las estrategias que utilizarían para el partido. Una vez resuelto todos los detalles se alinearon para comenzar.
Arnold sonrió por primera vez al fin en todo el día con el espíritu atlético elevado, más no le duró tanto la alegría. En el otro equipo, Owen fue a lado de Helga para darle una palmada animada en la espalda baja. Una vez más sintió que se le revolvía el estómago. De pronto sintió algo sobre su hombro izquierdo, era la mano de su leal amigo apoyándolo.
— ¡A jugar!
"A jugar", resonó en su mente, Shortman deseó regresar el tiempo a donde tenía nueve años, donde jugar era la solución de cualquier problema.
En la alineación se da cuenta de algo, su escape, su forma de deshacerse de Owen.
—¿No crees que son muchos los integrantes de tu equipo?—reclamo a Helga.
— Pues en tu equipo hay muchos hombres—salió en defensa. Ya estaba enterada de lo que había pasado entre los dos. Había escuchado la versión de Helga en la clase anterior y estaba molesta.
—Tranquila, Pheps. Déjalo que hable, de todas formas ya sabemos que NOSOTRAS ganaremos.
—Yo también estoy en tu equipo—dijo Iggy, mostrándose ofendido, secundado por Brainy y Owen, que solo movieron su cabeza.
— De acuerdo—rodó sus ojos—, el punto es que mi equipo le ganara al tuyo—lo miro a los ojos por un instante, solo eso, un instante—¿De quien te deshaces?
Justo lo que quería escuchar, la conocía tan bien que sabía la actitud que tomaría, ahora solo tiene que decir "Owen" o "Owen, lárgate" para deshacerse de él aunque sea por un rato. Pero...
— ¡Yo me voy!—gritó Lloyd alzando sus brazos y caminando hacia la banca—No voy a arruinar mi manicure francés —siguió hablando sentándose con las piernas cruzadas y observando cada uno de sus dedos.
— Lento—Helga se burló de su adversario.
"Lento", duro, directo al suelo, pero lleno de verdad. "Lento" lo describía a la perfección, había sido "Lento" en cada una de sus decisiones con ella. En fin, que podía hacer ahora, "A jugar" como dijo su amigo.
Nuevamente se colocan en posición. El entrenador se coloca en el centro de la cancha para iniciar el partido con Arnold y Helga al frente. El juego comienza como cualquier otro, pero en segundos y para sorpresa de todos se volvió agresivo. Lo que comenzó con dos equipos terminó con solo dos jugadores. La cancha se convirtió en una guerra de murmullos como "¡juegas como niña!", "¡los de preescolar juegan mejor que tú!", "¡cabeza de balón!" y "¡farsante!". El silbato ya había sonado como advertencia para ambos. "¿Que alguien me explique?", suplicaban los testigos incrédulos.
El rubio atrapó el balón una canasta más y llevaría ventaja sobre juego. Es tan simple cuando su especialidad siempre han sido los lanzamientos libres, sabe que puede hacer esa canasta con los ojos vendados o de espaldas si quisiera verse presumido. Pero decide lanzar la pelota en diferente dirección, pese a la advertencia del entrenador, nada más y nada menos lo proyecta directo a la cabeza de Owen Santirso. No fue un golpe ligero, no nada de eso, por el contrario, lo lanzó con todas sus fuerzas. Fue tan fuerte que el pobre (si como no) cayó noqueado en el suelo.
— ¡Owen!—corrió hacia él cuando lo vio azotarse— ¿Estas...?, ¿sigues aquí?
— Creo... - respondió débil con una mano sobre la cabeza.
— ¡Criminal!— miro al rubio y lo empuja con rabia, no era la única que lo miraba mal, de hecho todos lo observaban de la misma forma, algunos mueven su cabeza con desaprobación y otros más susurran "torpe", "¿en qué estaba pensando?" y "¿por qué lo hizo?" Fue aquí cuando la satisfacción se fue y dio lugar a la culpa
— ¿En qué estabas pensando, Shortman?— pensó en que se la debía, pero eso solo él lo sabe—,debemos llevarlo a enfermería—el profesor pidió ayuda a Brainy y a Iggy que son de su equipo. Helga y Phoebe también los acompañan. La prioridad era el joven Santirso por lo que indica que después hablará con el rubio
Owen ya era trasladado a enfermería y el rubio seguía siendo el centro de todos.
— Bien, bien. Ya no hay nada que ver aquí— comenzó a decir el moreno para que sus compañeros se dispersen. Después de eso vio a su amigo con preocupación. Él si está en aprietos, no como Eugene o como él mismo. "Esto esta peor que mal", susurra.
