Era peligroso, dejar salir esos sentimientos sería como ponerse la soga al cuello. Alastor lo mataría luego de esa noche, tal vez días después o meses, pero lo haría, porque estaba marcado que el próximo encuentro entre ellos sería solo para que uno dejara el infierno para siempre y ninguno de los dos estaba dispuesto a perder esa pelea.
Si cedían ahora, no era seguro que sus sentimientos los ayuden a tener las fuerzas suficientes para ver morir al otro por sus propias manos.
—Cambiaste demasiado, querido. —habló Alastor. —Ya no era divertido escucharte parlotear sin parar.
Así que Alastor decidió contratacar con palabras, hiriendo como mejor sabía hacerlo.
Pero no recibió respuesta, Vox simplemente se quedó en silencio.
—Bueno, la locuacidad es lo tuyo, déjame decirte, —continuó, —pero se volvió vacía y sin sentido.
Una pequeña chispa apareció entre las antenas de Vox, se podría decir que le dolían esas palabras, pero sabía que Alastor estaba a la defensiva solo para no ceder a sus propios sentimientos.
—Mi éxito creció y se volvió demandante. Solo mejoré para estar a la altura. —contestó finalmente Vox. —Tú le temes al cambio, ese es tu problema.
—Es la respuesta más absurda que he escuchado.
Vox rio bajo, Alastor sabía cómo lastimarlo, pero no lo dejaría esta vez, maldita sea, no cuando tenía solo doce horas para disfrutar de ese amor que permaneció frustrado por siete largos años.
—No puedes discrepar con la opinión del dueño de este lugar.
—¿Disculpa?
—Mi casa, mis reglas, perra.
Alastor se quedó en silencio por unos segundos, esa había sido una respuesta completamente fuera de lugar, estúpida, simple e irrespetuosa, tan ignorante como arrogante.
Pero, a pesar de todo, graciosa.
Alastor soltó una risa que no pudo contener. El imbécil de Vox siempre fue bueno haciéndolo reír sin necesidad de morir en el intento.
Vox sonrió con ternura, esa risa genuina no la había escuchado hace mucho tiempo.
—No hagas esto más difícil, Alastor. Solo… —suspiró y apretó su abrazo un poco más. —Solo seamos nosotros esta noche.
¿Valdría la pena seguir negándose? ¿Podría obtener paz de todas maneras si él decidiera ignorar a Vox toda la noche, pero soportando sus propios deseos de abrazarlo, perturbándolo en su mente todo el tiempo?
—Es una petición tan ridícula como vergonzosa, ¿no lo crees?
—No. Seríamos la pareja más poderosa de todo el infierno. —contestó Vox.
Unirse y tomar la ciudad sería sencillo para ellos, tomar todo el infierno incluso. Influir de manera conjunta para tener a cada pecador en las palmas de sus manos, eso era lo que Vox quería para ellos, lo que siempre quiso, pero Alastor jamás lo consideró.
La mano de Alastor apartó gentilmente el brazo de Vox, la cual descansaba en su cintura y finalmente volteó. Ambos ahora se veían frente a frente.
—Tu cabeza es terriblemente plana ahora, siempre odié ese cambio, ¿lo he mencionado alguna vez?
Vox resopló algo molesto con la respuesta.
—Siempre haces eso. Cambias de tema cuand-...
—Me gustaba el otro. Era… tibio, muy agradable. —interrumpió.
Alastor siguió ignorando el tema anterior, algo que incomodó a Vox, pero en lugar de reclamar, decidió no insistir. No había caso de todas maneras, lo de ellos estaba roto desde hace mucho tiempo.
—Te lo dije, tengo que mejorar.
—Entonces, con esa premisa sobre la mesa, debo enfatizar que tu petición es, ciertamente, ridícula. Tú y yo somos overlords, colegas que se volvieron rivales naturales por el hecho de haber tomado caminos muy distintos. Esto que formamos accidentalmente hace años solo nos hace más débiles.
Vox entrecerró los ojos por un momento. Alastor parecía querer llevar la conversación hacia caminos más serios y dolorosos, algo que no se relacionaba en lo absoluto con lo que le había pedido.
—P-pero… ¿eso tiene que ver algo con el trato? Prácticamente dijiste que seamos nosotros mismos por doce horas, no que hablemos del pasado.
—Jamás pronuncié, ni di a entender semejante cosa. Además, aquel detalle no ha sido discutido.
—Está implícito.
—En un acuerdo nada puede ser implícito, debe ser claro y específico, eso lo sabes.
—Bueno, ahora lo estamos estableciendo.
—Es tarde, el trato ya fue cerrado.
—No, no nos tomamos de la mano para cerrarlo.
—Fue un acuerdo verbal, querido.
—¡Ok, basta! —Vox alzó la voz. —Siempre te comportaste de esta manera cuando las cosas se ponían serias entre nosotros.
Las cejas de Alastor se juntaron, Vox estaba siendo estúpidamente obstinado.
—Me temo que no permitiré que esto sea demasiado cómodo, Vox. Te mataré en nuestro próximo encuentro y no quiero remover sentimientos que me obligué a ocultar por años.
Vox tardó un segundo en entenderlo, pero su corazón dio un pequeño vuelco cuando entendió el significado de esas palabras. Con decir "remover sentimientos", ¿quería decir que aún lo amaba?
Si se había molestado hace un momento, ahora simplemente se sintió conmovido por inesperada "confesión de amor" de Alastor. Si es que se le podía llamar de esa manera.
—Todavía me amas, ¿verdad? —dijo con una pequeña sonrisa. —También te amo.
Fue como hacer estallar una bomba en su rostro, el "te amo" de Vox siempre fue muy intenso para él, algo demasiado íntimo que dejaba su alma todavía más desprotegida de lo que estaba.
—Cierra la boca. —desvió la mirada con incomodidad.
—Solo me lo dijiste una vez, pero lo recuerdo bien. —volvió a llevar su mano hacia la cintura de Alastor.
Alastor también lo recordaba, esa noche con música y alcohol, luego un silencio demasiado cómodo y el calor del cuerpo de Vox. No había dicho algo tan verdaderamente puro en toda su vida, pero lo avergonzaba, porque ser sincero de corazón siempre podría hacerlo vulnerable.
Sin embargo, tal vez por simple defensa o por culpa de ese lado malicioso que siempre lo acompañó y lo empujó al infierno, dejó que su lengua escupiera veneno solo para saborear el dolor de Vox por un momento.
—¿Fue solo una vez? —preguntó con malicia.
Una fugaz mirada de pánico que Vox trató de disimular fue la señal que le dijo a Alastor que lo había logrado. Entonces, ¿saboreaba el dolor de Vox como un buen vaso de Whisky?
Lamentablemente no.
Se sorprendió a él mismo sintiendo una punzada de culpa en el corazón. Con Vox era difícil ser cruel como con los demás, así que desvió la mirada por un momento, algo que le dio suficiente tiempo para caer en cuenta que, después de todos esos años, Vox había cumplido con su palabra.
Los ojos detrás del vidrio también habían optado por esquivar la mirada, tal vez para darse tiempo y fingir que no había escuchado aquella pregunta. La promesa que se había creado hace siete años todavía dolía como si se hubiera hecho ayer.
Vox entonces aclaró la garganta. Borraría el momento incómodo pasando la página y fingiendo que nunca había sucedido. Después de todo, Alastor también estaba afectado, aunque prefiriera morir negándolo.
Se acomodó un poco y sonrió, una muy pícara y divertida.
—Todavía recuerdo muchas cosas, ¿sabes? —dijo Vox y la interrogante anterior quedó felizmente en el aire.
Su mano acarició lentamente el contorno de la estrecha cintura de Alastor, para luego avanzar hacia la parte baja de la espalda. Las puntas de sus garras jalaban la tela gentilmente mientras pasaba.
—Muchas cosas que nadie sabe, Al.
Alastor no insistió, dejó que Vox desviara la conversación sutilmente y disfrutó de las cosquillas que se hacían presente en su cuerpo. Podría evitar las obvias intenciones de Vox con un simple movimiento de manos, pero luego de toda la conversación y los sentimientos cediendo poco a poco, ya no tenía el valor suficiente para ir en contra de sus propios deseos.
—Y al igual que estas doce horas, nadie tendrá que saberlo. —continuó el overlord.
Vox acercó un poco su pantalla hacia el rostro de Alastor y se deleitó por no ser rechazado cuando juntó sus cuerpos también.
—Eres una ridícula y estúpida criatura, pervertida y lasciva como ninguna. —dijo Alastor con una ceja alzada.
La voz de Alastor había sonado casi tan grave como un gruñido, disimulando inútilmente su deseo contenido. Vox rio divertido.
—Agradezco tan admirable descripción.
—No pasará nada esta noche. —una mentira descarada llena de picardía.
—Nada que no quieras. —la sonrisa de Vox creció hasta abarcar casi toda la pantalla.
Siempre consideró rara y fascinante la cabeza de Vox, poder besarlo era casi una maravilla teniendo en cuenta que, a excepción de la boca, lo demás era vidrio plano y tibio. El funcionamiento de esa cabeza era físicamente imposible y tal vez eso atraía tanto a su lado curioso.
Alastor subió su mano para acariciar la pantalla, tocando el borde de la boca de Vox. Era como magia sentir que la textura sólida desaparecía cuando la boca crecía y daba paso a húmedos dientes afilados.
—Fascinante. —susurró.
Vox apretó ligeramente el cuerpo de Alastor. Suspiró. No había sentido esa emoción en el pecho desde hacía mucho tiempo. Desear poseer con lujuria no era igual que desear poseer con amor, eso lo tenía muy claro.
—Maldito cobarde, viejo anticuado.
—Umm, debo admitir que extrañaba tu patética manera de insultarme.
—¿Solo eso extrañaste?
Susurró Vox para luego atrapar la boca de Alastor con un beso que, luego de tanto tiempo, era comprensible que desbordara de pasión.
Alastor había sido sincero con Vox tiempo atrás, cuando admitió que los besos que terminaban dándose y las caricias que los dejaban jadeando sobre el sofá y con sus cuerpos claramente alterados, significaba que la compañía que obtenía de sus encuentros ya no eran solo de simples amigos. Un choque de vasos y un buen trago ya no eran suficientes, ni siquiera las risas y el entretenimiento que Vox le brindaba, Alastor se dio cuenta que deseaba más, necesitaba más.
Quería a Vox como nunca había querido a una persona en ambas vidas.
Y con aquellas veces en que finalmente decidieron amanecer juntos en la cama, Alastor se dio cuenta que no había vuelta atrás, que había caído en una ridícula trampa, una que jamás habría notado si Vox nunca hubiese tenido el éxito que logró tener y, sin poder evitarlo, entrometerse en su camino.
Vox balbuceaba algo mientras lo besaba, desagradablemente excitado y desesperado, Alastor odiaba eso, pero a la vez amaba que lo haga por él, que pierda la compostura por él, como si fuera él el dueño de su alma. Un perro buscando desesperadamente el amor de su amo.
—Algo desesperado, al parecer. —dijo Alastor apartando su rostro lentamente.
¿Cómo no estarlo? Luego de haber entregado su corazón esperando lo mismo como respuesta, pero ser traicionado en su lugar, atado a un trato que lo obligaba a olvidar inútilmente el amor que había crecido en él, definitivamente estaba desesperado por probar ese sentimiento por última vez, tal como alguna vez lo hizo.
—Libérame. —pidió Vox. —Detesto este trato, no quiero odiarte.
Una suave caricia en el contorno de su pantalla lo estremeció, los dedos de Alastor presionando suavemente para sentir la textura y rascar juguetonamente sobre algunas marcas en el plástico.
—Mi patético y estúpido Vox. —sonrió. —Ódiame tanto como me amaste, lo prometiste.
—Pero yo sigo am-…
—Shh, no arruines esto. —se volvió a acercar tentando la boca de Vox. —El tiempo corre. —susurró.
De poder suplicar, lo haría, pero no todos los días tenías al mismísimo Demonio de la Radio bajando su mano por tu pecho directo al sur de tu cuerpo, mientras te sonreía a centímetros de tu rostro.
—Mierda… —susurró Vox.
Una parte de Alastor todavía se resistía, no quería ceder del todo; sin embargo, no era una mentira si admitía que sentirse atraído y excitado tenía su encanto. Vox era el único que había logrado provocar eso en él y ese hecho era, a pesar de todo lo ocurrido, un secreto que los dos todavía escondían con recelo por ser solo y exclusivamente de ellos.
Solo para ellos.
—Me pregunto si tu sabor sigue siendo el mismo.
Las antenas de Vox chispearon de inmediato, Alastor rio bajo ante ello.
—En vista de las circunstancias, —continuó, —¿me dejarás devorarte esta noche, querido?
—Carajo, sí. —respondió Vox entre pequeños jadeos.
La mano de Alastor tentaba la piel debajo de la cintura del pantalón, sabiendo que Vox enloquecía con cualquier provocación.
—Que desagradable… —susurró el overlord con una gran sonrisa. —Sin ropa interior.
Vox empujó gentilmente hasta tener a Alastor debajo, para luego acomodarse entre sus piernas que lo recibieron abriéndose sin forcejear.
—Tenía las sospechas de que no las necesitaría. —sonrió, la excitación notándose en su mirada.
La camiseta de Vox fue lo primero que terminó en el piso, lo cual le dio a Alastor una vista apetitosa. No dudó en pasar sus manos suavemente por el pecho de su amante, lentamente disfrutando de la tibieza de la piel desnuda y de los fuertes latidos de su corazón haciendo que toda esa deliciosa sangre circulara por todo el cuerpo. Pero lo que más llamaba su atención, eran esas cicatrices (ya no tan notables por el paso de los años) que él mismo había provocado con sus mordidas y rasguños en sus encuentros pasados.
—Tu cuerpo es un placentero espectáculo. Tus músculos siguen viéndose incitantes.
Vox entonces se agachó y empujó su cintura sintiendo su miembro rozar con la de Alastor, la cual (para su sorpresa) ya estaba tan igual de ansiosa como la suya, atrapada dentro de la tela. Alastor reprimió un gemido cuando Vox empujó por segunda vez, placentera y tortuosamente lenta.
—Quiero escucharte. —demandó Vox.
Alastor cerró los ojos y volteó su rostro de inmediato cuando la lengua de Vox probó la piel de su cuello. En otro contexto, esto le parecería realmente repugnante, pero no ahí, no cuando Vox le provocaba temblores cada vez que empujaba contra él. Levantó los brazos y lo abrazó para apretar sus cuerpos, tratando de sincronizar sus movimientos para obtener un roce perfecto y constante.
—Ah… sí, así. —susurró Vox.
Vox amaba poder captar la frecuencia de Alastor y "leer" si realmente lo estaba disfrutando tanto como él lo hacía. No era que fuera una ciencia difícil, pero había logrado notar que cuando Alastor estaba camino a un orgasmo, su frecuencia se hacía mucho mayor. No era nada fuera de lo normal, era ciertamente lógico, pero lo especial estaba en que solo él era capaz de saberlo.
Las garras del overlord empezaron a arañar su espalda cuando empezó a bajar con besos hasta su pecho, donde se encontraba la gran cicatriz. Metió su mano debajo de la tela y jaló suavemente hacia arriba, indicándole a Alastor que se quitara la camiseta.
Una vez fuera la prenda, observó aquel delgado y agitado pecho debajo de él.
—Fue una maldita suerte que no haya herido tus pezones. Recuerdo lo sensibles que eran.
Las orejas de Alastor bajaron hacia atrás de su cabeza, mostrando una expresión que no era precisamente buena, aunque Vox podía ver más vergüenza que enojo.
—Si no cierras la boca, te arrancaré la lengua. —amenazó.
Vox tenía una respuesta perfectamente sucia para soltar, pero arriesgarse a arruinar una noche de sexo con Alastor no lo valía, así que rio entre dientes y volvió a su tarea anterior. Besó suavemente regalando pequeñas lamidas, tentando alrededor de los pezones por largos segundos hasta que finalmente pasó su lengua por uno de ellos, obteniendo una reacción inmediata.
—¡Ah!...
Era increíble cómo la sangre de ángel había curado la herida tan rápido, todavía podía sentir un poco de dolor alrededor de la misma, pero era apenas una sensación que no le impedía disfrutar de los estímulos. Alastor arqueó su espalda y sus manos tomaron la pantalla de Vox presionándolo más contra él. Hace mucho que no se había sentido tan deseoso (no al menos de esa manera), tanto que había olvidado lo increíble que era Vox con su cuerpo y lo bien que sabía estimularlo. No era de extrañarse, Vox contaba con mucha experiencia en vida, mientras que él simplemente no había tenido el interés necesario para compartir momentos similares con otra persona. En pocas palabras, Vox sabía qué hacer y Alastor estaba encantado de disfrutarlo.
Por su parte, Vox había probado muchos cuerpos en esos siete años, incluyendo (muchas veces) el cuerpo del experimentado overlord del porno. Cada encuentro era placentero y satisfactorio para sus más bajos deseos y depravaciones, pero, si era sincero, con Alastor no podía decir que era igual.
Sí, era placentero y satisfactorio, pero había algo más que hacía que cualquier otro encuentro no se sintiera igual. Era como esconder un depravado secreto dentro de un lugar abarrotado de toda clase de pecados. Un secretismo que hacía todavía más excitante y delicioso gemir el nombre del otro. Tal vez no era así de increíble o tal vez sí, ¿qué importaba?, para Vox el sexo con Alastor se sentía increíble por el mismo hecho de que era totalmente exclusivo para ellos. Un pecado, una depravación nacida de ellos y que nadie nunca podría probarla.
Ninguno de sus encuentros le hicieron sentir igual como cuando las caderas de Alastor rozaban contra él con necesidad o sentía esos brazos apretar su cuerpo con desesperación. Por eso se tomaba su tiempo, provocándolo hasta sentirlo desesperado y su frecuencia volviéndose más fuerte e intensa.
Fueron largos minutos de atención en el pecho de Alastor, turnando cada lado o los dos a la vez, pellizcando uno con sus garras. Ahora, ya teniéndolo completamente sumergido en el deseo, Vox sabía que era momento de ir un paso más allá.
Y esa era la parte que más le gustaba, porque la violencia y el sexo no eran una combinación que le desagradara en realidad.
Se arrodilló, sonrió observando el cuerpo completo de Alastor y luego empezó a quitarle el pantalón junto con la ropa interior. No había vergüenza entre ellos a ese punto, pero Vox sabía que Alastor no dejaría que lo tocara ahí abajo hasta finalmente estar al borde de su liberación. Así que resistió el impulso de acariciarlo, para inmediatamente quitarse su propio pantalón de piyama.
Fue cuando Alastor se levantó quedándose apoyado sobre sus codos y se dispuso a disfrutar de la nueva vista. Vox lucía igual de hermoso que hace siete años. Su piel oscura y sus músculos ligeramente marcados siempre le parecieron curiosamente atractivos (teniendo en cuenta que nadie con un cuerpo similar había conseguido eso de él), incluso el descarado y morboso miembro que se mostraba erguido y orgulloso como su propio dueño, seguía siendo atrayente para él.
—Hay mucha sangre haciendo su trabajo ahí abajo. —dijo con una maliciosa sonrisa.
