Sí, definitivamente Alastor ya había cedido por completo. Ese era el Alastor que recordaba hace siete años, uno que solo era íntimo a solas con él, solo con su presencia, únicamente para él.

—¿Quieres probarme ya, Alastor? —Vox también sonrió.

—¿Realmente quieres que un caníbal haga eso?

—Puedo correr el riesgo… otra vez.

Vox se acercó como un depredador, con la mirada hambrienta y la adrenalina recorriendo su cuerpo, pero Alastor no sería exactamente una presa fácil, nunca lo fue. Oh, y eso lo prendía.

—Supongo que ahora estás acostumbrado a cumplir con tus depravaciones. —dijo Alastor colocando su mano suavemente en el pecho de Vox para detenerlo. —Estoy seguro de que sabes qué pasará contigo si intentas… —la punta de sus dedos bajaron suavemente por el pecho de su amante. —algo estúpido.

Vox sintió el toque de Alastor como una corriente eléctrica que recorrió su cuerpo calentándolo todavía más. El líquido rojo derramándose de su boca, pero sin caer de la pantalla, sus antenas chispeando con intensidad, su ojo intentando hipnotizar a su presa.

—Pruébame, muérdeme, desgárrame. —susurró con deseo, —quiero verte hambriento de mí otra vez.

Alastor gruñó ante la petición, su cuerpo reaccionó de inmediato con la sola idea de tener la amarga sangre de Vox en su boca, escuchar sus gritos reprimidos ante sus mordidas y el gemido de placer cuando su lengua tocara su piel dañada para saborear su sangre.

—No sabes lo que estás pidiendo, Vox. —respondió reprimiendo un pequeño jadeo. —Dejas tu cuerpo a la merced de un caníbal.

—¿En serio? —Vox alzó una ceja mostrando su lasciva sonrisa. —Tus marcas en mi cuerpo me dicen que puedo lidiar con eso.

Vox empujó a Alastor, no de manera gentil precisamente y lo tomó de las muñecas para inmovilizarlo. Esto, por supuesto, no alarmó al Demonio de la Radio, sino que, por el contrario, le dio el pie para empezar el encuentro de la manera en el que ellos disfrutaban más: con violencia.

—Vaya, vaya, ¿tan pronto? —dijo Alastor. —¿Tan patéticamente desesperado, querido?

—Digamos que no he podido fornicar tan seguido como me gusta. —sonrió.

Alastor hizo un gesto de desprecio que divirtió a Vox.

—Me das asco. —respondió más como una burla.

—Bueno, veremos qué tanto asco te dará correrte en mis manos.

La sonrisa de Alastor se hizo más grande, sus ojos se volvieron negros y sus astas crecieron, pero su transformación no fue completa, solo lo necesaria para dejarse llevar por sus instintos. Podría ser peligroso si dejaba salir a esa bestia, a esa ira dentro de él, pues Vox no sobreviviría, de eso estaba seguro.

Vox, en cambio, siempre vio algo sensual y atrayente en la forma demoníaca de Alastor, algo que le hacía entregarse ante el peligro de ser desmembrado vivo, pero solo eso, solo una amenaza que no llegaba a cumplirse. Ese "equilibrio" que Alastor sabía llevar convirtió sus encuentros en noches muy intensas y placenteras.

Vox empezó a moverse para rozar ambos cuerpos, lenta y tortuosamente mientras mantenía su lujuriosa mirada en los ojos negros de su amante. Pero fueron segundos, casi un minuto en la que tuvo ese control, porque luego terminó sobre la cama en un solo movimiento. Alastor ahora estaba sobre él mostrando sus dientes afilados, listos para desgarrar la carne. Esa vista hizo que la electricidad escapara de sus dedos y de sus antenas, estaba anticipándose al placentero dolor que estaba a punto de sentir.

El rostro de Alastor bajó lentamente, se detuvo a centímetros del pecho de Vox y olió profundamente, como sintiendo el olor de la sangre frente a él. Sacó su lengua y lamió desde el estómago hasta los pectorales dejando un rastro de saliva que enfriaba la piel del overlord.

—Alastor… —susurró observando agitado cómo los dientes de Alastor se acercaban a su piel.

Lo podía escuchar, los latidos y la exquisita sangre corriendo rápidamente por las venas. Alastor no podía esperar más, hundió sus dientes lentamente sintiendo la piel abrirse y la sangre fluir hasta tocar sus labios.

—¡Ah, mierda!

Las manos de Vox tomaron sus cabellos, pero sin empujarlo, ni detenerlo. La sangre fluyó lo suficiente como para tener un pequeño trago en su boca, estaba tibia, olía y sabía tan amarga y deliciosa como la recordaba. Levantó la cabeza solo un poco y lamió sus labios para limpiar los restos del líquido rojo.

—Oh, por Lucifer. Sigues siendo tan delicioso como hace siete años, querido Vox. Amargo como el café, delicioso como el miedo. Eres lo que siempre he deseado.

Vox respiró hondo y apretó las sábanas con sus manos, su herida ardía y dolía, pero lo excitaba. Vio la lengua de Alastor nuevamente tocar su piel, lamiendo su sangre que todavía se derramaba por los lados de su cuerpo. No en abundancia, pero lo suficiente para que Alastor lo disfrutara.

—¿Quieres d-devorarme? —Vox sonrió, pero el dolor se notaba en su mirada. —Quieres saber también el sabor de mi carne.

Los ojos de Alastor lo miraron, los diales de radio daban vueltas en el negro vacío.

—Oh, probar tu carne… —susurró saboreando la idea con cada palabra. —¿Es un imprudente deseo?, ¿una reprimida necesidad de ser castigado?, una vez que pruebe un poco de tu carne, no me detendré.

La estática se hizo intensa, Vox lo sentía incluso dentro de su cabeza como un doloroso zumbido. Su pantalla parpadeó y sus antenas chispearon.

Alastor volvió a lamer la herida suavemente, bajó sus manos por los lados del cuerpo de Vox, arañando con cuidado en la oscura piel. Vox era perfecto así, indefenso y jadeante, como un platillo exquisito de carne fresca.

Otra mordida más abajo y otra en las costillas, lamía el rastro de sangre aquí y allá, Alastor no solo se deleitaba con el sabor, también lo hacía con los gemidos de Vox, algo que tenía claros efectos en él. Por más que quisiera drenar a Vox a mordiscos, su cuerpo ya le pedía otro tipo de placer.

Vox recibió el beso de Alastor con el amargo sabor de su propia sangre, con esa hambre caníbal que solo viniendo de Alastor lo podía sentir excitante. Lo tomó de su estrecha cintura para guiarle y así tener a ambos miembros juntos, rozándose con el ritmo correcto.

—Carajo, tu transformación demoníaca me prende como los mil demonios. —comentó Vox con una lujuriosa sonrisa.

La transformación de Alastor incluía el crecimiento del mismo, metros y metros de altura, lo cual lo hacía más aterrador. Vox, sin embargo, descubrió en la primera noche que pasó con el demonio, que el tamaño era opcional. Alastor había transformado su cuerpo, pero no su tamaño, lo cual hacía la situación más sencilla. "Vaya, que conveniente", había susurrado con diversión aquella noche y Alastor le respondió con una placentera mordida en el cuello.

—Umm, ¿esa es la razón por la que buscabas enfrentarte conmigo? —se burló Alastor pasando el índice por el borde de la pantalla de Vox.

—Claro que no. No podría concentrarme en darte una paliza si tuviera el pene apuntando hacia a ti. —rio divertido.

—Arg… —gruñó. —Cuida tu lenguaje, caja estúpida.

—Oblígame, cerdo anticuado. —contestó desafiante y claramente deseoso.

A diferencia de Alastor, Vox no necesitaba mostrar su forma demoníaca, porque, sí, todos los overlords poseían una y podían mostrarlo si así lo deseaban. Pero Vox no, él prefería manejar sus negocios detrás del telón, ser la mente maestra que mandaba a sus soldados a hacer el trabajo del cuál él se beneficiaba.

Por eso, su forma demoníaca solo y únicamente había sido vista en su enfrentamiento contra Alastor, siete años atrás. No era necesariamente una bestia, pero se asemejaba mucho a la forma de Alastor, con tentáculos que, para él, eran cables que se desplegaban y actuaban como una extensión más de su cuerpo. Generalmente los utilizaba como un factor sorpresa, ya que su mejor aliado y lo que le brindaba una gran ventaja, era la electricidad.

Y justamente para obtener ese factor sorpresa, fue que Vox extendió sus cables para enredar el cuerpo de Alastor. El overlord apenas tuvo tiempo para darse cuenta, cuando su cuerpo fue lanzado al extremo de la habitación, un golpe duro que dejó un ligero hundimiento en la pared.

—Bien, empecemos. —susurró Vox levantándose de la cama.

Alastor, cayó al piso luego del golpe, levanta la mirada y agranda su sonrisa.

—Oh, querido, realmente voy a disfrutar esto. —contestó.

Uno de los tentáculos de Alastor fue directamente a Vox, pero este desapareció en un abrir y cerrar de ojos, su manera de teletransportarse convirtiéndose en un haz de energía brillante le daba una velocidad que Alastor no podía igualar. Vox apareció justo frente a él cuando se levantaba, lo tomó del rostro apretando sus mejillas y lo empujó contra la pared, para besarlo de nuevo, con más deseo y pasión.

El beso fue correspondido, por su puesto, sus lenguas luchaban entre ellas devorando con hambre la boca del otro. Pero ese golpe en la pared tenía que ser cobrado, Alastor no lo dejaría pasar, así que no tardó en usar sus tentáculos para tomar el cuerpo de Vox con particular fuerza y elevarlo a casi un metro sobre el suelo.

—H-hey… eso d-duele… —se quejó Vox.

Uno de los tentáculos apretaba entre sus piernas con más fuerza que en el resto de su cuerpo. Alastor rio divertido y se acercó mirándolo desde abajo.

—Oh, no me digas que no lo disfrutas.

Las antenas de Vox chispeaban, pero sus gestos mostraban cierto nivel de dolor.

—Sabes que puedo noquearte con una descarga. —contestó, aunque no sonó exactamente como una amenaza.

—¡Algo que no harás! —sonrió Alastor. —Porque sabes que lo próximo que haré será… —se acercó un poco más, mientras sus tentáculos bajaban a Vox unos centímetros, —excitante.

Sin ser liberado, Vox fue fuertemente arrojado al piso, para inmediatamente ser abierto de brazos y piernas

—Ah, carajo… —se quejó nuevamente. —¿No sería más cómodo en la cama?

—Por supuesto que no. —contestó divertido Alastor, sus tentáculos ahora dejaban al descubierto el miembro de Vox. —¿Qué placer puede haber si no estás en donde mereces estar? —pisó suavemente el miembro de Vox empujando con cuidado las puntas de sus uñas —Justo debajo de mí.

—¡Ah…! —Vox cerró los ojos sintiendo cómo el dolor hacía crecer su lujuria.

—Que vergonzoso espectáculo para un overlord de tu poder.

Vox se quedó en silencio, no necesitaba palabras, que un desnudo Alastor lo denigrada de esa manera era su placer culposo. Su ego, que era vergonzosamente frágil, de alguna manera se deleitaba cuando era Alastor quien lo dominaba. Sus insultos lo excitaban y el dolor que le infringía no hacía nada más que hacerle sentir vivo y deseado.

La presión en su miembro empezó a aligerarse hasta convertirse en un roce suave y lento, su cuerpo tembló ante ello. Acto seguido, sintió los tentáculos desliándose nuevamente, cuales serpientes, hasta enredarse en su cuello donde empezaron a apretar lentamente. Vox tenía cubierto todo su cuerpo con los tentáculos a excepción de su entrepierna.

—A-Alast-…

Vio la sonrisa maliciosa del demonio por unos segundos, su respiración se hacía cada vez más difícil, pero su placer más intenso. Un nuevo dolor le hizo querer gritar, pero apenas podía emitir sonido, Alastor había vuelto a poner presión sobre su miembro.

—Eres un patético perro en celo, querido.

Alastor rio divertido, excitado también por la exquisita humillación que le quedaba tan bien a Vox. Podría torturarlo por días, drenar su sangre por completo, arañar su piel y desagarrarla, pero Vox jamás lo detendría; se lo agradecería y pediría que lo coja tan duro como quisiera. Alastor había aprendido que existían muchas clases de fetiches y perversiones en el infierno, Vox tenía muchas y eso le parecía desagradable; sin embargo, a pesar de conocer eso de Vox, no podía negar que amaba tenerlo así para él.

Luego de un momento, volvió a liberar el miembro de Vox y observó con deleite la vergonzosa escena. Vox lucía perfecto y a su completa merced, tan débil que pedía a gritos ser destruido sin piedad. Empezó a caminar a su alrededor con las manos en su espalda, mientras sentía cómo su propia lujuria revoloteaba dentro su cuerpo, ya sentía la necesidad de ser estimulado físicamente, pero "torturar" a Vox de esa manera era casi tan placentero como rozarse contra él, así que valía la pena aplazarlo un poco más.

Una vez dio la vuelta completa, se arrodilló y dio unas palmadas a sus tentáculos para que estos liberaran solo el torso de Vox, donde sus heridas todavía abiertas, pero ya sin sangrar, lucían hermosamente dolorosas.

Se agachó y paseó su rostro a centímetros de la piel, podía percibir el olor de la sangre todavía impregnada en ella. Sus afilados dientes picaron nuevamente por una mordida, abrió la boca lentamente pasando su lengua por sus labios. Su hambre caníbal siempre fue exigente con el menú, por eso sus víctimas siempre fueron seleccionadas con cuidado y esmero. Ahí en el infierno no tendría que ser diferente, aunque, por supuesto, Vox no era exactamente comida, pero su sangre era como una noche más en el bar: saciaba su sed.

Vox sentía que no duraría mucho si Alastor volvía con las mordidas, pero la presión en su cuello poco o nada le permitiría quejarse, así que gimió con dificultad cuando los dientes de Alastor se hundieron otra vez y su lengua acarició su piel. Luchó por un momento, tratando de mover su cuerpo contra la fuerza de los tentáculos, su miembro yacía sobre su vientre y apenas tocaba la piel de Alastor, obteniendo un roce muy pobre que lo obligaba a mover sus caderas con necesidad.

Una particular mordida alrededor de lo que vendría a ser su pezón izquierdo, le hizo emitir un gemido ahogado, Alastor rio bajo al identificar un punto sensible que había olvidado que vox tenía.

—Que entrañable, admito que he extrañado escucharte gemir. —Alastor lo miró sonriente. —Disfruto que me toques de cierta manera, pero, oh por Lucifer, probar tu cuerpo es un pecaminoso y delicioso espectáculo para mí.

Su lengua volvió a pasar por la piel deñada alrededor del pezón, recibiendo otro gemido ahogado como respuesta. Vox estaba visiblemente desesperado por más.

—Muy bien entonces. —sonrió con lujuria y malicia. —Veamos cuánto soportas si abuso de esta parte sensible de tu cuerpo.

Una succión trajo un golpe de excitación a Vox, Alastor sintió la sangre salir por las heridas, lamió la piel para degustarla y luego abrió los orificios con la punta de su lengua para provocar más dolor. O placer, en el caso de Vox, un placer particularmente intenso que lo llevó rápidamente hacia su liberación.

No pasó mucho tiempo, tal vez unos cuatro minutos cuando Vox finalmente se derrama entre ellos. Alastor sintió el líquido tibio salpicar su abdomen mientras seguía disfrutando del sabor de la sangre y sus tentáculos seguían apretando el cuello de Vox, dejándolo respirar con dificultad.

Ser sofocado mientras su cuerpo pasaba por un intenso orgasmo, era algo que Vox definitivamente disfrutaba.

—Vaya, vaya. ¿Tan pronto?

Finalmente, los tentáculos liberaron el delgado cuello del overlord. Vox tosió y respiró con desesperación, sus ojos lloraban lágrimas que traspasaban el vidrio y caían por el borde de su pantalla.

—Que ternura. —sonrió Alastor colocándose al lado de Vox.

—Maldito… hij-jo de puta… —susurró y volvió a toser.

—Jajaja, de nada, querido. El placer también fue todo mío. —rio con burla.

Alastor no se propuso a hacer más, solo observó cómo Vox recuperaba el aliento y la compostura, para al fin liberarlo de los tentáculos. Tan patético y débil, una presa fácil de devorar si el mismo Alastor lo deseara. El perro faldero que sería capaz de rozarse sin vergüenza contra su pierna si se lo pidiera. Alastor amaba ese poder que tenía sobre Vox.

—Eso fue asombroso. —comentó Vox sintiéndose estable.

—Aunque fue un viaje terriblemente corto, déjame decirte.

—Cállate, idiota, fueron muchos estímulos al mismo tiempo.

—Solo lo comparo con tu rendimiento en años anteriores, Vox, no hay por qué avergonzarse. —se burló nuevamente Alastor.

Vox entonces sonrió ampliamente, una sonrisa que claramente decía: "ahora veremos cuánto resistes tú". Se levantó hasta quedarse sobre sus codos.

—Ven aquí. —jaló despacio el brazo de Alastor para indicarle que se sentara sobre él. —Parece que la sangre de ángel no solo tiene poderes curativos. —observó cada parte del cuerpo de su amante, dándose unos segundos extra en su miembro. —También te llena de energía, ¿verdad? Estabas hecho mierda cuando acudiste a mí. —Se enderezó para finalmente quedar sentado y acercar ambos cuerpos. —¿Durarás más que yo?

Alastor hizo un gesto de asco y alejó a Vox empujándolo levemente de sus hombros.

—Eso es… desagradable.

Vox bajó la mirada, la evidencia de su orgasmo lucía fresco por todo su estómago y parte de sus pectorales. Sonrió de inmediato.

—Oh, vamos, es la muestra de lo bueno que eres en esto.

Sin dejarlo responder, tomó a Alastor del cabello y lo besó, para inmediatamente inmovilizar sus brazos detrás de su espalda con la ayuda de sus cables. Alastor no pareció incómodo, ni detuvo el beso, aunque forcejeó por un momento. Vox bajó sus manos lentamente hasta las estrechas caderas y lo atrajo a su cuerpo con suavidad, luego metió una de sus manos entre ellos para "probar el terreno". Si Alastor reaccionaba, significaba que aún había que seguir con el juego.

—No te atrevas. —advirtió de inmediato.

Vox rio bajo, divertido de lo bien que conocía a Alastor en esa faceta.

—Todavía, ¿eh? —sonrió. —Está bien.

Vox no tendría permiso de tocar el miembro de Alastor hasta momentos antes del climax, ya lo sabía, solo debía ser paciente.

Subió sus manos acariciando la piel suavemente, paseó las puntas de sus garras hasta el pecho de Alastor donde rascó con delicadeza la piel alrededor de la cicatriz. Escuchar el gemido reprimido del demonio lo estremeció un poco.

—Tienes mucha sensibilidad aquí. —comentó Vox. —Apenas dejabas que te toque cuando lo hacíamos, me fue complicado encontrar tus... — bajó una de sus manos nuevamente para arañar con suficiente presión en la parte baja de la espalda de Alastor, obteniendo así un tembloroso estremecimiento como respuesta. —…tus puntos sensibles.

El lado posesivo de Vox dominaba el encuentro ahora, amaba tener a un Alastor así de sumiso para él, porque no importase que acabara de tener un orgasmo, él tendría otra erección sin problemas solo porque Alastor se lo provocaba.

—Mierda, Alastor. —susurró. —Nadie más que yo puede tenerte así. Solo yo soy capaz de tocarte, ¿verdad?

—¿La lujuria hace fallar tu patético y pequeño cerebro? —contestó Alastor acercando su rostro a la pantalla de Vox.

—¿Eso es un sí? —Vox definitivamente se estaba excitado otra vez.

—Libera mis brazos si realmente deseas averiguarlo, querido.

Vox no necesitó contestar, dos pares más de cables rodearon el cuerpo de Alastor para elevarlo. Todavía no lo soltaría, era su turno de ser el que "torturaba" ahora. Bajó de la cama y observó a Alastor con deseo.

—Oh, ¿en serio, Vox? Creí que después de siete años tendrías más creatividad. —burló Alastor. —¿Qué harás? ¿Golpearme nuevamente contra la pared?

Vox levantó la mano, sus garras brillaron y chispas salieron de las puntas.

—No, algo mejor.

Alastor frunció el ceño de inmediato.

—¿Qué demonios crees que harás? —advirtió con notable seriedad.

—Según recuerdo, una muy pequeña descarga ahí… —se acercó y miró el miembro de Alastor todavía duro, —hizo que gritaras mi nombre una vez.

Un gruñido, no precisamente de disfrute, le advirtió por última vez que no lo hiciera, pero Vox estaba dispuesto a correr el riesgo, valía la pena sabiendo lo bien que había resultado eso antes. Acercó su mano muy lentamente, tal vez para desesperar al overlord. Pero los tentáculos de Alastor aparecieron para ir directamente contra él, algo que Vox había anticipado, por supuesto. Le tomó medio segundo convertirse en un haz de energía que apareció detrás de Alastor. Los tentáculos se estrellaron contra el suelo.

—Sabes que puedes confiar en mí. —susurró y, ya con su mano justo debajo del miembro de Alastor, emitió una pequeña y certera descarga que hizo temblar el cuerpo del demonio.

Era una muy pequeña y gentil descarga que golpeaba justo en el lugar correcto. Fueron cinco deliciosos segundos que bloquearon la mente de Alastor.

—¡Ah!, ah… —jadeó Alastor sintiendo su corazón latir rápidamente, eso se había sentido tan extraordinario que, con un par de segundos más, de seguro que habría tenido un orgasmo.

—Eso es, se siente bien, ¿verdad?

Vox sabía que no tendría respuesta, Alastor sería capaz de negarlo y mentir de manera descarada con tal de no darle la razón.

—Miera, estás al borde, ¿no es así? Quieres venirte ya, pero eres demasiado orgulloso como para pedírmelo.

—Cie-erra la boca… —contestó jadeante.

Sin más, Vox se volvió en un haz de energía para aparecer sentado en la cama, recostado en el respaldar.

—He esperado siete malditos años para hacerte venir. —comentó con emoción y excitación.

—¿Cómo demonios haces eso? —preguntó Alastor.

—¿Qué? —esa pregunta fuera totalmente de lugar en la situación, lo desconcertó. —¿Qué cosa?

—Aparecer en otro lugar sin que tus cables desaparezcan contigo.

Alastor lucía más enojado que intrigado, aunque claramente estaba sonrojado por la excitación.

—Eh, porque no desaparezco en realidad, solo me vuelvo energ-… —se interrumpió él mismo y gruñó incómodo. —No voy a hablar de eso ahora, estamos teniendo sexo.

Alastor levantó una ceja mientras era llevado (todavía enredado en los cables), hasta quedar encima de Vox. Abrió las piernas y se sentó sobre las caderas del mismo.

—¿Me liberarás ahora?

—Me ahorcaste hasta que me vine, no creas que no me lo voy a cobrar. —sonrió.

—Por supuesto, como si no te gustara ser sofocado.

—Al igual que tú con mis descargas. —obtener el gesto enojado de Alastor lo divirtió. —Ahora, bebé, lo que har-…

—No me llames así. —dijo inmediatamente Alastor.

—Lo que harás, es encargarte de tu propia estimulación ahí abajo, ya que no me lo permites aún. —sonrió, ignorando completamente la advertencia anterior.

—¿Debo suponer que es un castigo? —cuestionó como si fuera algo estúpido.

—No, pero me gusta tener así al Demonio de la Radio.