Vox pasó sus manos por las piernas de Alastor hasta las caderas, donde lo tomó para indicar un ritmo lento.

—Mierda, me pones duro tan rápido. —susurró mientras disfrutaba de la vista de ambos miembros finalmente rosándose.

Alastor apretó los dientes intentando no hacer ningún ruido, cosa que pudo hacer hasta que una ligera descarga en su miembro lo sorprendió. La descarga venía precisamente del miembro de Vox.

—¡Ah…! ¡¿Qué…?!

—Jajaja, sí, también de aquí. —respondió Vox, luego acercó más el cuerpo de Alastor. —¿Te imaginas lo bien que te sentirías si me dejaras entrar? —susurró con morbosidad.

Alastor cerró los ojos, la estimulación en su miembro había aumentado con la cercanía de los cuerpos, se sentía el doble de maravilloso y, al parecer, las descargas previas lo habían dejado más sensible de lo que ya estaba.

—Eres p-patético. —contestó con dificultad.

—Oh, Alastor, no sabes cuánto te extrañe todos estos años.

Vox acercó su pantalla y lamió la piel sudorosa de su amante, todavía tomándolo firmemente de las caderas, guiando el ritmo que se hacía un poco más rápido cada vez.

—Y tuve celos de que otra criatura te tocara. —sus antenas chispeaban.

La sombra de Alastor se hizo presente lentamente, creciendo hasta casi tocar el techo y observándolos con una siniestra sonrisa. Eso algo nuevo para Vox; sin embargo, no sintió que fuera necesario preocuparse. Si Alastor estuviera incómodo con lo que hacía, hace mucho tiempo que se hubiera liberado, el muy maldito disfrutaba ese dominio que Vox le imponía, porque, claro, lo dejaba llegar solo hasta donde él se lo permitía. Era un juego de roles y control que ambos manejaban a la perfección.

—¡Ah!

La voz de Alastor se volvió a escuchar luego de una nueva descarga, esta vez un poco más fuerte. Su cuerpo respondía bien ante ese estímulo y lo obligaba a desear más contacto, más velocidad, más roce con su miembro ya dolorosamente duro. Por eso Vox ya no manejaba el ritmo ahora, Alastor movía sus caderas por sí solo.

—Vamos, déjame ver cuando te corras encima de mí. —susurró Vox.

Llevó una de sus manos entre ellos y, untando un poco de sus garras con su propio fluido, tomó los dos miembros para estimularlos, poniendo especial empeño en el de Alastor.

—¡Te dije que no me tocaras!

Esta vez, Alastor no dejó que sus palabras se quedaran en una simple advertencia, él se liberó de un solo jalón de sus brazos y sus tentáculos salieron de su cuerpo nuevamente para rodear el cuerpo de Vox.

Aunque esto fuera realmente un ataque, Vox no sintió temor, él seguía igual de sonriente cuando fue lanzado hacia la pared, tal y como lo había hecho con Alastor.

Ser violentos realmente era para ellos.

La habitación se convirtió en el escenario de una extraña batalla que no solo repartía golpes o descargas eléctricas, también había besos, arañazos y gemidos. Ambos luchaban por el dominio del encuentro y ninguno estaba dispuesto a ceder. Cada golpe era devuelto con la misma intensidad o más y el beso que seguía después de cada una, estaba lleno de pasión.

Esa pelea sexual que empezaron duró largos minutos y solo marcó su final cuando las mordidas de Alastor empezaron nuevamente. Vox ya lo conocía, su amante no soportaría más las constantes -y particulares- estimulaciones, porque estaba muy cerca de su orgasmo y cuando eso sucedía, Alastor lo mordía con fuerza, como marcándolo como suyo.

—¡Ah! ¡Mierd-…! —Vox gimió.

Alastor asaltó su cuello empujándolo contra la pared y rasgó la piel de su pecho. Sus astas habían crecido más los últimos minutos y la sombra maligna que lo acompañaba sonreía sobre ellos como esperando a devorarlos.

Vox tomó a Alastor con sus cables y lo lazó a la cama. Un segundo después, se transportó sobre el overlord mostrándole una gran sonrisa, a pesar de la pequeña fisura en el vidrio al borde de su pantalla.

—Tu cuerpo luce tan delicioso. —comentó Alastor acariciando las heridas por todo pecho de Vox. —Te devoraría una y otra vez por el resto de mi vida infernal. —el deseo se sentía en su voz.

—Ahora soy yo el que quiere que te calles. Me voy a correr primero si sigues hablando así. —contestó Vox para luego besarlo con necesidad.

Sin detenerse, llevó una de sus manos y estimuló ambos miembros, esta vez sin ser detenido en el intento. Alastor hundió las uñas de sus patas en la cama mientras movía sus caderas y formaba sangrantes arañazos en la espalda de Vox. Sus gemidos y sus movimientos ya no eran reprimidos, él quería liberarse y Vox podía hacer eso posible para él.

Sus cuerpos se movían en sincronía, las luces parpadeaban y la energía de los aparatos cerca, se descargaban. Las radios en el infierno sufrían inexplicables interferencias, la señal de Alastor se volvía cada vez más fuerte para Vox. Ambos estaban muy cerca de tener su primer y único orgasmo juntos luego de siete años.

Alastor entonces cortó el beso, por lo que Vox ofreció su cuello voluntariamente, fue mordido justo encima de su omóplato, lo que provocó un fuerte gemido de su parte. Gritó el nombre del overlord, mientras daba las últimas bombeadas a ambos miembros y finalmente se derramaba de manera gloriosa encima de él.

Alastor no demoró demasiado, apenas unos segundos después, cuando la sangre de Vox bajaba por su garganta, su cuerpo se estremeció y se derramó sobre él mismo varias veces por largos y maravillosos segundos.

Satisfechos, se tomaron un momento para respirar, mientras se miraban en silencio, jadeantes y totalmente exhaustos. Vox se dejó caer al lado de Alastor con el dolor latente y perenne en su cuerpo. La mordida final había sido particularmente profunda y dolía mucho más que las otras.

—Oh, eso fue… divino…—susurró entre jadeos Alastor.

—Fue… increíble… maldita sea, eso realmente se sintió maravilloso. —contestó Vox.

—Sigues siendo una criatura con una gran virilidad. —la sonrisa de satisfacción en Alastor hablaba por él mucho más que sus propias palabras. —Me veo en la obligación de retirar mis palabras ahora.

Vox sonrió divertido, pero el dolor de sus heridas empezaban a hacerse más notorias.

—Tu desempeño ha mejorado, no hay duda de ello. —continuó Alastor.

—Bueno, sigo insistiendo, si me dejaras follarte, se sentiría much-… ¡ah! —al intentar girarse, sintió un dolor punzante en la mordida en su hombro.

Alastor también tenía heridas y algunas mordidas hechas por Vox, pero no se comparaban a las que él había dejado.

—Había olvidado lo mucho que dolían tus mordidas después del sexo. —continuó Vox mirando y tocando con cuidado la dañada piel de su pecho.

—¿Debo recordarte que sabías exactamente en qué situación te estabas involucrando? —Alastor levantó una ceja.

—Sí y siempre vale la pena. —sonrió Vox.

—Perfecto. —contestó para luego voltear sin decir más y acomodarse.

Vox lo miró por un momento, sintiéndose algo decepcionado. No lo había pensado, pero en realidad había esperado algo más por parte de Alastor, tal vez un beso o un abrazo como antes lo hacían, pero ese Alastor distante volvía otra vez, a pesar de estar todavía dentro de las horas del acuerdo.

—Alastor… —llamó con duda.

—¿Sí?

—¿No necesitas que vea tus heridas? Te hice una muy-…

—Estoy bien.

—¿No te limpiarás?

—Yo me encargo de eso en un momento. Gracias, Vox.

Vox frunció el ceño sintiéndose, sorprendentemente, herido. Era curioso, parte de él se aferraba a que el acuerdo traería a ese Alastor de hace siete años, no solo durante el sexo, sino también después, donde los besos y los acercamientos sin intenciones lujuriosas, entibiaban su corazón normalmente frío. Sin embargo, luego del fuego y la pasión, cuando ya reinaba más el control, Alastor volvía a ser distante con él.

Aunque tenía los ojos cerrados, Alastor no estaba dormido, podía escuchar y sentir los movimientos de Vox a su lado, especialmente cuando se levantó y caminó en silencio hacia el baño. Cuando la puerta se cerró y él finalmente se encontró solo, abrió los ojos y suspiró.

Sí, lo extrañaba, realmente quería acurrucarse con Vox, quería abrazarlo y sentir su pantalla haciéndole cosquillas por la estática que se producía cuando lo besaba en el cuello. No podía negar que escuchar a Vox irse en silencio le hizo sentir culpable, pero ¿y luego?, cuando las doce horas terminen y ellos se vuelvan a separar, ¿podría romper el abrazo o el beso para finalmente decirle adiós?

Se maldijo a sí mismo en su mente y se sintió como un estúpido cuando se levantó de la cama dispuesto a ayudar a Vox con sus heridas. Nuevamente no pudo ir en contra sus propios deseos, cada paso que daba se sentía como cavar su propia tumba, porque sabía, maldita sea, realmente sabía que cada maldito recuerdo de esa noche reinaría en su mente cuando llegue el momento de matarlo con sus propias manos.

Abrió la puerta y lo primero que vio, fue el rostro de Vox mirándolo sorprendido. "Pero que estúpida criatura", pensó sin poder evitarlo.

—¿Me permites ayudarte? —preguntó.

Sorprendido, Vox sintió una pequeña emoción en su corazón.

—Eh, claro. —Vox sonrió, de esas que son demasiadas estúpidas como para pertenecer a un overlord, según Alastor. —Me ayudarías con las de mi espalda, ¿sabes?

Alastor asintió y observó los notables arañazos, las mordidas y los golpes. No podía sentir lástima, Vox había disfrutado cada uno de ellos, pero claramente lucían dolorosas.

—¿Siempre fue así de cálida esta habitación? —preguntó Alastor mientras daba un último vistazo a las heridas para saber con cuál empezar.

—No creas que es una buena excusa para que camines desnudo conmigo. —rio divertido.

—Umm, no me sorprendería.

Siempre fue fascinantemente cómodo las similitudes entre el Infierno y la Tierra, tal vez porque había sido hecho para pecadores humanos es que, inevitablemente, ese mundo tomara un camino similar. Un ejemplo de ello era la pequeña caja de primeros auxilios con vendajes y alcohol que utilizaban. La sola presencia de esos objetos era demasiado "humano" para ese lugar, de alguna manera no encajaba, porque se sentía extrañamente falso.

Sin embrago, todo cambiaba cuando lo hacían juntos, de alguna manera se volvía sencillo y cotidiano, tanto que era imposible no pensar en que una vida juntos hubiera sido perfecta para ellos.

Si tan solo las cosas no fueran complicadas y tristes, tal vez ellos vivirían esa perfección.

—¿Sabes?, si me gustara el sabor de la sangre, estoy seguro de que tendrías heridas como las mías. —comentó Vox.

—Interesante. —respondió medianamente sorprendido. —Creí que disfrutabas de la sangre, querido. —levantó una ceja mirándolo a través del espejo.

—Me refiero a que disfruto de ella sin necesidad de beberla.

—Buen punto. Necesitarás vendaje aquí.

—No, es muy incómodo. —respondió Vox. —Solo necesito que no sangre para que no manche mi traje.

—En ese caso, solo necesitarás que desinfecte esta zona.

—Por favor. —sonrió.

Alastor continuó en silencio, ignorando la mirada de Vox a través del espejo. No había tensión entre ellos, pero sí nostalgia, algo que les impedía ceder completamente a un trato más amable, como hace años. La ausencia de esos años todavía marcaba un abismo entre ellos.

Alastor suspiró al terminar.

—Mirar fijamente a las personas es de muy mala educación, ¿lo sabías? —tiró el algodón utilizado a la basura.

Vox volteó y miró con una pequeña sonrisa al overlord. Temía que el momento se arruinara por algo estúpido, especialmente si Alastor no se sentía del todo cómodo. Lo observó por un momento mientras este se limpiaba los restos de fluidos de su cuerpo. Por más que lo pensara, no se le ocurría nada qué decir.

—Lo siento, no estoy seguro de cómo hablarte si no me das… no sé, más confianza.

Alastor alzó una ceja ante ese comentario.

—¿Disculpa? Todo lo que hicimos no pudo otorgarte más confianza de la que se puede obtener.

—Vamos, Al, sabes a lo que me refiero.

Suspiró, Alastor realmente no quería esa conversación.

—¿Es tu deseo que exponga con sinceridad lo que es esto en realidad? Es un error.

Vox desvió la mirada por un segundo sintiendo esa respuesta demasiada forzada.

—Realmente no creo que lo de esta noche provoque alguna diferencia. —contestó. —He pretendido odiarte por tanto tiempo que solo me lo creí por la costumbre de repetirlo. Pero dentro de mí sabía que era mentira. En cambio, tú no lidiaste con eso, te fuiste y tuviste el camino fácil.

—¿Disculpa? —Alastor frunció el ceño. —No he conocido camino fácil durante esos años.

—¡No lo sé, Alastor! ¡Si te lo preguntara, no me lo dirías! No me culpes por verme obligado a sacar mis propias conclusiones.

El overlord apretó los dientes, no precisamente por enojo, pero prefería cortar con ese encuentro antes de que sus sentimientos lo volvieran más vulnerable. Había cedido demasiado esa noche, tenía que detenerse ahora.

—Es todo. Me voy.

—¿Qué? ¡Espera! ¡Alastor!

Alastor caminó buscando su ropa entre el desorden de la habitación. Vox salió detrás de él. Tomó su pantalón tirado casi en la esquina de la habitación y se lo colocó con premura.

—Todavía tienes que reposar. —insistió.

—Oh, querido, contigo realmente no he logrado tal necesidad.

Vox se tomó unos segundos, insistirle otra vez claramente no funcionaría e intentar entrar en razón con él tampoco lo haría.

Alastor, entonces, fue sorprendido por los cables de Vox alrededor de sus brazos. No lo inmovilizaron, ni atacaron, solo era una advertencia para que se detuviera.

—Las doce horas todavía no terminan. —sentenció Vox. —No te irás hasta que el trato se cumpla.

—¿Realmente quieres iniciar una pelea, Vox?

Las astas de Alastor crecieron, sus ojos se volvieron negros y su sombra creció detrás de él. Si Vox iniciaría una verdadera pelea, él respondería sin problema.

—Solo quiero que cumplamos las doce horas.

—Es un simple acuerdo verbal que fácilmente se puede romper.

—Eso no es parte del acuerdo. —sus cables apretaron los brazos de Alastor.

Alastor rio divertido, dejando que su enojo lo envolviera para poder esconder sus sentimientos de él mismo. Su cuerpo empezó a cambiar para volverse más agresivo.

—No existe tal acuerdo ahora. —sentenció.

—No logré odiarte, así que primero tengo que olvidarte. —dijo Vox.

Y al escuchar eso, Alastor se detuvo. Sus ojos negros ahora mostraban su color rojo común y su cuerpo volvió a la normalidad. Vox había tocado nuevamente en las fibras de sus sentimientos.

—Me obligaste, aunque no quería, pero lo cumplí. —continuó Vox. —Eres el único que puede hacerlo, eso tú lo prometiste.

Los cables de Vox finalmente soltaron al overlord, quien intentó disimular el impacto emocional que le había provocado tales palabras.

—Ese acuerdo está maldito, no puedes quebrarlo. —insistió.

Alastor entonces rio, una risa disimulada y falsa para Vox.

—Eres muy persuasivo, querido. —sonrió para finalmente hacer un chasquido de dedos y tener la ropa que le fue prestada, ya en su cuerpo.

Ese Alastor distante e indiferente volvía a hacerse presente, el que se burlaba de lo que fue sagrado alguna vez. Vox realmente odiaba eso.

—No, no me hables así, maldito hijo de perra. —apretó los dientes. —Deja de fingir, ¡estoy harto de fingir! —se acercó a Alastor totalmente desafiante. —Dame esas jodidas doce horas, es lo mínimo que puedes hacer por mí luego de todos estos siete años.

Alastor frunció el ceño y miró igual de desafiante a Vox.

—No te debo nada.

—Me obligaste a odiarte y luego te fuiste por siete años sin decirme nada. Claro que me debes mucho, Alastor. —lo tomó del brazo con fuerza para acercarlo a su pantalla. —Si lo que tuvimos significó al menos algo para ti, quédate. —susurró con frustración.

—Tú, maldito-… —contestó Alastor, pero se detuvo.

Nuevamente, sus propios deseos, contradictorios entre sí, luchaban dentro de él. Esa era la pesadilla de la cual él siempre se sintió inmune, eso que jamás vio posible en él, hasta que Vox llegó a su vida.

Apretó los dientes, su mirada todavía desafiante y agresiva, pero sintiéndose estúpidamente débil. Un hipócrita con la imagen de un poderoso overlord, pero con el corazón vergonzosamente débil. ¿En qué jodido momento había decidido acercarse a esa ridícula criatura y sucumbir a su propia curiosidad? ¿En qué jodido momento pudo permitirse tal desdén de enamorarse?

La mano de Vox fue la que suavizó su mirada con una tímida caricia, uno que le dijo que estaba bien ser así con él, porque nadie lo sabía, ni nadie nunca lo sabrá.

—Jamás rompe un trato.

Vox lo miró con decisión, no dejaría que se vaya y su obstinación podría llegar a ser tan imbatible como la del mismo Alastor.

Suspiró, el Demonio de la Radio era dominado otra vez por su más grande enemigo.

—Debo confesar que eres el overlord más peligroso con el que he tenido que lidiar. —comentó como intentando dar una especie de reproche.

Vox finalmente lo soltó. Sonrió.

—Vamos, necesitas dormir.

Sin más exigencias, Alastor siguió a Vox a la cama. Se acomodaron en silencio quedándose cara a cara y así se mantuvieron por un largo rato. Alastor acariciaba el pecho de Vox, sintiendo la textura de las heridas sanándose lentamente. Vox simplemente descansó su mano en la cadera de Alastor y observaba cada detalle del rostro de quien debía referirse como enemigo.

Luego de desbordar toda la pasión contenida y soportar la discusión que vino después, ese silencio se sentía muy necesario. Lo que en algún momento se formó entre ellos, ya estaba irremediablemente roto, no había caso en intentar recuperarlo. Diferencias y direcciones apuestas los obligaron a separarse para siempre, aunque sus corazones lloren el uno por el otro. Eso tenían que aceptarlo.

Alastor tenía razón, el infierno era demasiado pequeño para el poder de ambos y eso era algo que sus egos jamás cederían, ni por el amor que se tenían.


Vox había dejado de contar las horas, pero estaba seguro de que las doce horas ya habían terminado. Agotados, se habían rendido al sueño hasta el día siguiente sin ser perturbados, abrazados y cómodos en la intimidad de su confianza. Era una burbuja que pronto tenía que estallar.

Sin saber el paradero de su teléfono en todo el desorden de la habitación, Vox accedió a él a través de su pantalla. "Está listo, señor", decía el único mensaje de su asistente, entre todos los demás de Velvett y Valentino. Se levantó con cuidado, muy despacio y sin hacer ruido, no quería despertar a Alastor, especialmente si ya era momento de separarse.

Abrió la puerta y tomó la delgada caja que se encontraba en el piso. La ropa de Alastor estaba lista.

—¿Servicio de lavandería? Que amable.

La voz de Alastor lo tomó por sorpresa justo cuando cerraba la puerta. Sonrió.

—La que te di no es exactamente tu estilo, ¿verdad?

Vox se sentó al borde la cama todavía con la caja en sus manos, no sabía exactamente qué decir sin ir en contra de lo que realmente quería: que Alastor se quedara todavía más tiempo con él.

—¿Te cambiarás aquí o…?

—¿Por qué no dejas mis prendas a un lado por un momento, querido? Vuelve aquí conmigo.

"¿Tan pronto?", pensó vox, pues ese sería la despedida más dulce y dolorosa de su vida. Ese, tal vez, era el castigo que el infierno tenía para él después de todo.

Dejó la caja en el suelo y se metió a la cama, en silencio y con el corazón latiendo rápidamente. Alastor se acomodó en el brazo de Vox para que lo abrazara con este, mientras acariciaba su pecho haciendo caminos con su dedo índice.

—No hay criatura en el infierno con un cuerpo tan apetitoso como el tuyo, la suerte siempre estuvo de mi lado.

—Umm, diría lo mismo. Nadie ha podido ver ese lado apasionado y lujurioso de ti.

—Pero no solo mi lujuria fue lo que descubriste en mí, ¿no es así? —Alastor sonrió. —Ciertamente, exhibiste sentimientos en mí que jamás creí poseer. Eso fue, en realidad, muy revelador incluso para mí.

Vox no contestó, su rostro no lucía feliz, ni nada parecido y eso a Alastor podría afectarle también, pues esta vez sería un adiós definitivo.

—Eres una caja llena de sorpresas, Vox. —continuó. —Significaste mucho para mí, lo sigues siendo.

Vox atrajo levemente con su brazo a Alastor para que ambos pudieran verse un poco más de cerca. El overlord empezó a acariciar los contornos de la pantalla.

—Significas todo para mí. —dijo Vox.

—Lo sé, cariño.

—Si las cosas hubieran sido distintas…

—Pero no lo fueron, ¿no es así? Es irrelevante pensarlo ahora. —sonrió y se acercó más a la pantalla. —Mi alma está vendida, pero el dueño de mi corazón eres tú, Vox.

—Alastor… —su voz se quebró.

—Shh, no hay necesidad de esto, querido, eres un overlord.

Vox sonrió todavía dolido, tratando de aferrarse a las migajas que le daba Alastor para animarlo, aunque también se sintiera a morir como él.

—Sabes lo que realmente siento por ti. —Alastor se acercó un poco más.

Sus miradas hablaban por ellos, se despedían en silencio. Alastor solo tenía que decir una frase y el sistema de Vox haría el resto. Ese era el trato, eso era lo que habían prometido. Solo una frase que nadie en todo el infierno podría adivinar y Vox olvidaría lo que Alastor realmente significaba para él.

Una caricia en la tibia pantalla de Vox, una sonrisa y finalmente lo dijo.

—Siempre voy a amarte. —susurró.

Vox agrandó los ojos sabiendo lo que vendría, sabiendo que Alastor no volvería jamás a ser parte de su vida, que jamás habría existido para él excepto para ser su peor enemigo.

Un segundo antes de que su protocolo de seguridad se activara y olvidara todo para siempre, sonrió mirando los ojos rojos de Alastor.

—Te amo.

Logró decir y su cuerpo se relajó como si de un cadáver se tratara, el brazo con el que rodeaba la espalda de Alastor se dejó caer sobre la cama y su pantalla se volvió azul.

Protocolo de eliminación de archivos; ACTIVADA

Número de carpetas en lista; 1 [ALASTOR]

Número de archivos a eliminar; 622,146,986 /(de)/ 622,250,378 (30 años)

Eliminando…

Alastor observó en silencio, todavía con su sonrisa en el rostro. Vox había cumplido su promesa, eliminaría de su memoria todo rastro de lo que alguna vez fueron y todo lo que habían formado solo para ellos. Eliminaría todo lo que le recordaría al amor que se tenían y solo dejaría las diferencias y la separación hace siete años. Con tan pocos recuerdos al cual acudir, la mente de Vox simplemente ataría los cables de su memoria como cualquier cerebro humano lo haría, y así crearía una nueva historia donde solo reinaría el odio y la traición. Solo de esa manera Alastor sería capaz de matarlo con sus propias manos, viendo que en los ojos de Vox ya no había nada más que verdadero odio.

Más fácil para él y sin dolor para Vox.

Alastor besó la pantalla por última vez y acarició el borde de esta, donde una muy pequeña y escurridiza lágrima se encontraba.

—Tal vez, cariño, en otra vida estaríamos en la misma sintonía.

Sonrió por última vez y finalmente se levantó. Acomodó los brazos de Vox y tapó su cuerpo con la sábana. Con un chasquido de dedos, por fin lucía su ropa perfectamente limpia y, con otro más, el desorden en la habitación se convertía en perfecta armonía. Cuando Vox despertara, lo de anoche habría quedado en el olvido.

Su micrófono, que aguardó seguro en una esquina de la habitación, se desvaneció para aparecer en su mano. Ahora sí estaba listo. Volteó para ver a Vox por última vez.

—Adiós, mi viejo amigo.

Alastor se desvaneció a través de la sombra negra debajo de sus pies.

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Espero que hayas disfrutado de la lectura. :)