Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia


CAPÍTULO 25

Squall caminó por los amplios pasillos del jardín hasta llegar a la cafetería. Se había despertado temprano y tras despedirse de Rinoa, había decido ir a su habitación a tomar una ducha.

Cuando entró en el lugar, hizo un recorrido visual y divisó a la pelinegra sentada junto a Irvine quien parecía hablar con ella de manera jovial. Parece que la conversación con Laguna y Edea había calmado los ánimos del grupo.

Saludó a ambos con la mano y se dirigió a la cola para coger algo de desayunar. Estando allí, sintió vibrar su móvil en el bolsillo del pantalón y comprobó que era Eleone. Tras un rato de charla le comentó que estaría en el jardín hacia el mediodía.

Cuando se despidió de ella y cogió su desayuno se dirigió donde estaban los demás.

- Hola -saludó tomando asiento al lado de Rinoa-. ¿Los demás? -comentó llevándose un bocado de un bollo a la boca-.

Irvine dio un último sorbo a un zumo de naranja y se encogió de hombros.

- He hablado antes con Selphie y parecía alterada, me ha dicho que nos tiene que contar algo muy importante.

Rinoa no pudo esconder un gesto molesto en su cara ¿podrían tener un momento de paz, aunque solo fuera un momento?

- ¿Y no te ha dicho nada más? -preguntó de nuevo Squall-.

El vaquero negó con la cabeza.

- Ha empezado a hablar demasiado deprisa y la he dejado de entender -explicó haciendo una bolita con una servilleta de papel-.

Squall dejó entrever media sonrisa, sabía que Selphie cuando se ponía nerviosa no había nadie quien la entendiera. De pronto el móvil de Rinoa comenzó a sonar y con una sonrisa, vio que era Selphie. La mujer descolgó y tras varios intentos de hablar con ella, suspiró.

- Si, Selphie, tranquilízate, ahora vamos.

Cuando colgó, la pelinegra puso los ojos en blanco y suspiró.

- Dice que nos espera en el patio, está allí con Laguna, Edea y los demás.

Los tres jóvenes se miraron y tras terminar de desayunar, emprendieron sus pasos hacia el exterior.

Cuando salieron vieron que los demás estaban sentados en un banco cerca de las escaleras de piedra que daban acceso al patio. Al llegar, comprobaron que ninguno parecía relajado, sino todo lo contrario, el buen ánimo había durado poco.

- Por vuestras caras, adivinamos que no tenéis buenas noticias ¿me equivoco? -comentó con algo de sarcasmo Irvine quien se recostó en la barandilla de las escaleras-.

- ¿Qué es lo que ocurre?

La voz demasiado seria del comandante captó la mirada de Laguna, quien se puso a su lado y palmeó su hombro a modo de saludo. Quistis y Zell carraspearon y Selphie pudo ver como las cejas de Squall se iban enfrentando en un gesto nada amigable.

- Bueno… es que… -comenzó a hablar Selphie, pero no sabía muy bien como decir aquello-.

Rinoa buscó la mirada de su amiga pero vio como la esquivaba desviando los ojos hacia un lado.

- Digamos que las cosas han cambiado un poco.

Edea fue quien decidió no alargar mas aquello y se decidió a contar lo que la pequeña Seed había descubierto esa misma mañana.

- Bueno, Selphie nos ha estado contando que está mañana… -comenzó a hablar Edea-.

- Ayer a la tarde, estuve con Seifer y pasó algo.

Quistis, quien también estaba más que nerviosa por el hecho de que Seifer había dormido en su habitación, decidió interrumpir a Edea y ser ella la que contara que estaba pasando realmente. Pero para su sorpresa, no hizo falta. La voz de un hombre bien conocido para ella, y que últimamente la hacía ponerse muy nerviosa, interrumpió al grupo.

- Tranquila, yo lo contaré –interrumpió de pronto el muchacho-.

Todos miraron con sorpresa a Seifer que parecía haber salido de la nada. El chico bajó la mirada, levemente intimidado por sus compañeros y se colocó al lado de Quistis.

- Seré breve -carraspeó nervioso-. Ayer Yinna y esos malditos tipos, me atacaron, me dejaron inconsciente, pero pude escuchar trozos de su conversación.

Seifer se calló durante unos segundos y continuó, aunque no lo pareciese, a él también le dolía decir aquello.

- Dijeron que se llevarán a Rinoa en el baile y que esta vez no fallarán.

No pudo evitar enfrentar la mirada de Rinoa, quien se tensó claramente. Los demás farfullaron y maldijeron entre dientes y fue Laguna quien intentó calmarlos.

- Tranquilos ¿vale?, tenemos que trazar un plan ya, antes de que se lleven a Rinoa.

- Pero eso es complido, te recuerdo que la celebración es mañana -rebatió Zell con indignación-.

- Lo sabemos y por eso debemos actuar cuanto antes. Barajaremos todas las posibilidades para el plan, ya que no sabemos en qué momento se la llevarán o si tienen alguna estrategia…

- ¡Nos los llevaremos por la fuerza! –dijo de pronto Squall clavando la mirada en la de Laguna. Si nos andamos con rodeos al final conseguirán su propósito, así que, en cuanto tengamos la oportunidad, iremos a por ellos. Después ya pensaremos que hacer, lo importante es evitar que se lleven a Rinoa ¿no? –acabó diciendo mientras recorría con la mirada el grupo, que ahora se mantenía en silencio-.

- Un plan poco elaborado ¿no cree, señor comandante? -dijo Seifer de manera un tanto irónica-.

Squall lo fulminó con la mirada.

- ¡Tú, cállate! -exclamó el joven castaño con desgrado-.

Quistis puso los ojos en blanco y resopló. Era imposible con esos dos juntos. Fue Edea quien se interpuso entre ambos chicos y los instó a calmarse.

- ¡Haré de cebo!

La voz de la pelinegra llamó la atención de todos, quienes la miraron de manera interrogantes.

- Me quieren a mi ¿no? En cualquier momento puedo abandonar el gran salón. Estoy segura de que vendrán tras de mí. Además, los pasillos estarán vacíos ya que todo el mundo estará en la celebración –explicó con calma-.

- Creo… que no es mala idea –intervino Seifer-. Les tendremos vigilados. En el momento que los veamos ir tras ella, les seguiremos. Alguno de vosotros se quedará por los pasillos, escoltando a Rinoa y yo estaré con ellos, controlándolos. Creo que aun confían en mí, no sospechan que estoy con vosotros.

- ¿Cómo estás tan seguro de eso? -inquirió Selphie quien no se fiaba para nada de Seifer-.

El joven rubio resopló cansado ante tanta desconfianza. Fue Laguna quien decidió seguir hablando para evitar una nueva pelea entre esos soldados.

- Puede servir, ellos solo son tres –dijo apoyando la mano en el hombro de Squall quien estaba cabizbajo-. Solo debemos decidir a qué hora lo haremos y como nos distribuiremos.

Las quejas de los Seed empezaron a escucharse en el lugar. Desde luego el plan era de los mas casero y estaba claro que no tenían tiempo de pulirlo.

- ¡Chicos! –exclamó Laguna llamando la atención del grupo-. Edea y yo nos ocuparemos del plan, no os preocupéis más de lo necesario. A última hora de la tarde tendréis un informe de los detalles ¿vale? –acabó diciendo con una sonrisa tranquilizadora-.

Antes de que aquellos Seeds empezasen de nuevo con sus quejas, preguntas y demás, el hombre cogió a Edea por el brazo y despidiéndose de ellos, emprendió sus pasos hacia el interior.

Todos se quedaron en silencio viendo como desaparecían de su vista. Seifer fue el primero en marcharse de allí, acarició suavemente la espalda de Quistis y tras una mirada cómplice, se fue. La chica hubiese corrido tras él, pero se controló, no era el momento. Cuando todo acabase, las cosas cambiarían, le diría sin tapujos lo que sentía por él y no dejaría que nadie se interpusiera.

Todos observaron en silencio la complicidad de ambos, pero no dijeron nada, hasta verlo desaparecer.

- ¿Podemos fiarnos de él? –preguntó Zell mirando directamente a Quistis-.

Todos dirigieron la mirada hacia la instructora.

- Yo diría que… sí –contestó notando como la mirada de Selphie se clavaba en ella-.

- Ha venido a contarnos lo que va a pasar ¿no?, debemos confiar, no nos queda otra -apuntó Squall ante la sorpresa del grupo-.

Lo demás asintieron no muy convencidos, pero era cierto lo que Squall decía, no había muchas más opciones y si era una trampa o no, solo lo sabrían mañana.


Yinna llevaba un buen rato en aquel patio, alejada de la vista de esos Seed, pero con un ángulo visual que la dejaba ver todos sus movimientos. Alguien llegó a su lado y tras un último vistazo a esos tipos, se recostó en un árbol cercano.

- Dime que todo está a punto –preguntó a Galh quien acababa de llegar-.

- Por supuesto –respondió serio-.

- Bien porque nada puede salir mal –decía sin apartar la mirada del grupo de jóvenes-.

Sonhen, quien se había mantenido al lado de su hermana, resopló malhumorado.

- ¿Estarán tramando algo?, llevan unos días reuniéndose a menudo –dijo mirando a Yinna-.

La joven se giró y dirigiendo la mirada directamente a su hermano, rio de manera un tanto demente.

- ¿Crees que importa? Da igual que lo sepan, no podrán con nosotros.

Fue Galh, quién poniéndose a su lado, la rebatió.

- Te recuerdo que no pudiste con Rinoa.

Yinna clavó los ojos en su hermano y llena de ira, lo empotró contra el tronco de aquel árbol. Acercó su mano al cuello del muchacho y apenas sin tocarlo, consiguió que empezase a retorcerse de dolor.

- Aquella vez fallamos porque no era la forma adecuada -explicó sin apartar la mano del cuello-.

- ¿Y qué hay de Seifer? –preguntó despreocupado Sonhen sin prestar atención a su hermano que se ahogaba poco a poco-.

- Está bajo control… tiene miedo… -dijo soltando de pronto a Galh quien tosió intentando recuperar el aliento -.

- Lleva varios días viéndose con esa instructora rubia –dijo en tono de preocupación-.

- No pasa nada, él les odia demasiado, desea hacerles tanto daño como yo –respondió abriendo los ojos desmesuradamente y cogiendo el rostro de Sonhen entre sus manos-. Además, morirá igualmente.

Yinna soltó la cara de su hermano y girándose una última vez, echó un vistazo al grupo, parece que tan solo quedaban Rinoa y el comandante.

- ¡Vámonos! –exclamó enfadada mientras daba un puntapié a Galh que permanecía en el suelo intentando aliviar el dolor de su cuello-.

Los tres jóvenes salieron de entre las sombras de los árboles para dirigirse al jardín, donde seguían pasando desapercibidos entre el resto de los alumnos.


Rinoa miró la hora en la pantalla de su móvil y sonrió a Squall.

- Creo que deberías ir ya al despacho.

Kramer había dado dos días libre a los alumnos, pero el resto del personal del jardín debía cumplir sus obligaciones, incluido el comandante, como era de esperar.

Squall dejó escapar un leve suspiro y se masajeó el cuello.

- ¿Qué ha sido eso de hacer de cebo? -soltó sin miramientos y con cierto aire molesto-.

Rinoa lo miró y entrecerró los ojos.

- ¿A qué te refieres? -preguntó confusa-.

El chico volvió a resoplar, desde luego esa mujer no se lo estaba poniendo muy fácil que digamos.

- Pues que es una maldita locura, ¡joder! -farfulló levantando las manos en alto-.

Rinoa resopló y cerró los ojos intentando no perder la paciencia.

- Creo que había quedado claro que confiabas en mi -intentó calmar al joven-.

- Confío en ti, pero creo que sigues tirándote al vacío sin contar con nadie, sin contar conmigo -añadió dolido-.

- Basta Squall, por favor -dijo sin querer seguir con esa conversación-.

- ¡Joder, Rinoa! Ayer te dije que si te pasaba algo yo… - el chico resopló bajando la mirada incapaz de imaginarse sin ella-. ¿Por qué parece que de repente nada te importa?

Esos ojos azules impenetrables la miraron con rencor. Ella no estaba actuando despreocupadamente, solo creía, que el tiempo se acababa, ni planes, ni estrategias, nada. La querían a ella y esa era la única manera de acabar con toda aquella historia que no aguantaba más.

Squall, viendo que esa conversación no estaba yendo a ningún lado, hizo que la rabia lo revolviese y atacara donde mas dolía, como era habitual en él cuando se enfadaba. Podía ser extremadamente dañino con sus comentarios.

- ¿Crees que esto es un juego? -preguntó con sarcasmo exagerado captando la mirada sorprendida de ella-. Si, no me mires así, te crees que sigues en Timber con ese "club" tuyo de niñatos jugando a ser héroes ¿verdad?

Observó como los ojos de Rinoa se empeñaban al escuchar aquellas palabras y apretaba los labios en un gesto de rabia contenida.

- ¡Esto no es un maldito juego! Estás en una escuela militar ¡madura de una vez!

- ¡Piérdete, Squall! -gritó con los puños apretados mientras pasaba por su lado empujándole a su paso-.

El chico se arrepintió de sus palabras en ese mismo instante y bajó la cabeza abatido, sabiendo que la había cagado del todo. Observó como la pelinegra desaparecía por el pasillo y suspiró pasando sus manos por el pelo de manera nerviosa. Después fue consciente de que su pelea había sido presenciada por algunas personas que había en el patio y maldiciendo para sí mismo, se marchó de allí.


Edea, tras la conversación con los chicos hacía tan solo un rato, subió al despacho de Kramer. El hombre parecía demasiado ausente, como días atrás, cuando había intentado mantener una conversación coherente con él. Estaba preocupada, pero Laguna le había dicho que seguramente, debía haber algún sello que lo mantenía bajo la influencia de esos seres.

La mujer, llevaba un buen rato buscando, con disimulo, sellos por todas partes. Debajo de la mesa, en la silla, en algún cajón, en el baño, paredes, incluso en la propia chaqueta de su marido, pero nada, no había conseguido encontrar nada.

Cuando salía del despacho, dispuesta a tomar un poco el aire, vio que Squall salía del ascensor.

- Edea… -dijo yendo hacia ella-.

La mujer lo saludó y enseguida observó que aquel chico le pasaba algo.

- ¿Todo bien? -preguntó acariciándole el brazo con cariño-.

Squall suspiró y echó la cabeza hacia atrás, aun no se acostumbraba al hecho de que cada vez le costaba más ocultar sus sentimientos.

- ¿Quieres que charlemos? – insistió ella-.

- No, tranquila, no quiero molestarte, además…

- No digas tonterías, ¡venga! -dijo cogiéndole del brazo y entrando el despacho contiguo de Squall-.

El comandante se dejó arrastrar hacia el interior sin poner resistencia alguna.

- Por cierto ¿qué hacías aquí? -preguntó él con curiosidad-.

Edea resopló y cerró la puerta tras ellos.

- He venido a ver a Kramer y de paso ver si encuentro algún sello, pero nada. Solo he conseguido que Cid me mire de manera…

- Desagradable –atajó Squall mientras encendía su ordenador y recogía algunos papeles de la mesa-.

Edea rio con el comentario del muchacho sabiendo que esa era la palabra exacta que estaba buscando y desde su posición lo observó. Desde luego aquel joven había cambiado en estos meses de duro trabajo. Parecía mucho más maduro y centrado, pero su mirada y su gesto habían cambiado. Ahora ese chico tenía un brillo especial en la mirada, como si pudiera con todo. Sonrió para sí al verlo, se sentía orgulloso da él, de su trabajo tanto de soldado como de comandante, pero lo que más la satisfacía era el hecho de que hubiera abierto su corazón con Rinoa. No sabía hasta que punto él era consciente, pero sin duda, esa mujer había conseguido deshacer esa coraza que no le dejaba mostrarse como realmente era.

Justo en el momento que iba a hablar con Squall, el teléfono sonó de manera insistente. El joven castaño miró a Edea y levantando los hombros, se disculpó.

- Te dejo, pero si necesitas hablar, búscame. Estaré fuera, en el patio, Eleone no tardará mucho en llegar. Ven a vernos más tarde -sonrió mientras se despedía con un gesto de mano-.

Squall asintió y la vio desaparecer, el teléfono seguía sonando, así que, descolgando se dejó caer en su silla. Parecía que la mañana iba a ser larga.


Seifer estuvo dando vueltas por el jardín sin demasiado ánimo. Había estado entrenando con Viento y Trueno y ahora simplemente hacía algo de tiempo hasta la hora de comer. Se sentó en un banco del patio exterior y observó que el cielo se había ennegrecido demasiado, todo parecía apuntar que esa tarde llovería de nuevo. Miró su móvil de manera despistada y se entretuvo viendo algunos videos de combate y estrategia.

Fue cuando su estómago rugió levemente pidiendo algo de comida, que se fijó en la hora. Con parsimonia se levantó y anduvo camino hacia la cafetería sin apartar la vista de uno de aquellos videos.

De pronto sintió como un cuerpo chocaba con él y molesto, levantó la vista.

- Seifer… eres tú… -oyó decir con irritación al comandante-.

- Yo también me alegro de verte –recalcó irónico-.

- Lo que tu digas… -dijo reanudando sus pasos-.

Justo en el momento que Squall pasaba por su lado observó que se paraba en seco.

- Por cierto, ¿no habrás visto a Rinoa?

Squall llevaba un buen rato buscándola, pero no había dado con ella. Odiaba preguntarle por ella, pero tal vez ese tipo la había visto.

El joven rubio se quedó callado y sin tiempo a contestar escuchó a Squall seguir hablando sin demasiado ánimo.

- Da igual, pero si la ves, dile que la estoy buscando -dijo reanudando sus pasos-.

Seifer parpadeó confuso, ¿en serio se habían enfadado? ¿ahora? ¿justo cuando esos pirados pretenden actuar en un día? Tal vez debería estar cerca de Yinna lo que restaba de día, por si a esa mujer se le ocurría adelantar sus planes al ver a Rinoa más vulnerable.

- ¡No creo que sea el mejor momento para enfadarse con ella! –exclamó girándose hacia Squall y viendo como de nuevo detenía sus pasos-.

- Como sabes que… -comentó algo sorprendido mirando a Seifer-.

- Porque tienes una cara que te llega al suelo –rio el joven- No te preocupes, yo se lo digo -acabó diciendo mientras desaparecía de la vista de Squall-.

Squall continuó su camino aún más desconcertado, la verdad es que seguía sin entender a Seifer, todo apuntaba a que realmente les estaba ayudando, pero seguía sin fiarse de él. No quería que todo el plan fallara por él. Sacudió la cabeza de forma negativa intentando quitarse esos pensamientos de la cabeza, entonces sintió el móvil vibrar en su bolsillo, era Edea comentando que Eleone había llegado y que si le apetecía, podían comer juntos. El joven suspiró, sabía que Rinoa no aparecería por la cafetería así que decidió aceptar la invitación, la verdad que le apetecía mucho ver a Eleone.


Desde la pelea con Squall esa misma mañana, Rinoa había intentado evitar encontrarse con él y los demás. Tenía varias llamadas de él y también un par de Selphie, quien además le había escrito un mensaje para saber dónde se había metido todo el día. No quería preocupar a nadie, pero en ese momento estaba dolida, demasiado. Las palabras de Squall la habían calado hondo. Ese chico, desde luego, sabía cómo atacar donde más dolía.

Iba camino de su habitación dispuesta a darse una ducha de agua caliente, que seguro conseguiría mejorar su estado de ánimo y tal vez, llamar a Squall e intentar hablar con él de una manera civilizada. Ella sabía que su comportamiento no estaba siendo el más adecuado, pero estaba tan cansada de toda esa historia que no podía más, solo quería acabar con todo aquello. Estaba claro que ella era la elegido, la persona que esos tres, necesitaban para ese supuesto macabro plan, así que no dudaría en hacer de cebo.

En el momento que giraba en una de las esquinas del pasillo, se encontró cara a cara con Yinna y sus hermanos, Seifer los acompañaba y la pelinegra no pudo evitar emitir un sonido ahogado al verlo allí. Se quedó paralizada durante unos instantes, sin saber que hacer. Hacía días que no los veía. Creía que después de lo ocurrido con ello, esos tres intentarían pasar desapercibidos, pero parece que se había equivocado.

- ¡Oh! Rinoa, cuánto tiempo sin vernos ¿no? –dijo acercándose a la joven y cogiéndole la cara con una de sus manos, frías y húmedas-.

Yinna la observó con una mueca indescifrable en su rostro, parecía divertirse, es más era como si esa mujer estuviera leyendo su mente.

- Creías que no volveríamos a vernos ¿no es así? -siguió hablando sin soltar su cara mientras la iba acorralando contra la pared-. Pareces demasiado sorprendida, sigo en tu mente, no lo olvides -comentó bajando el tono de voz y acercándose a su oído-.

Un escalofrío recorrió a Rinoa de pies a cabeza.

- No te preocupes, dentro de muy poco, estarás con nosotros…para siempre –añadió con una voz que para nada sonó humana-. ¿No dices nada? –rio de pronto de manera escandalosa-.

La pelinegra palidecía por momentos, en ese momento reaccionó e intentó zafarse de ella, pero sus dos hermanos la ayudaron a sujetarla por los brazos. Ésta se removió, pero eran demasiado fuertes y el miedo que había sentido en un principio, se convirtió en ira.

- ¿Vas a matarme? –preguntó con resignación Rinoa-. ¿Tanto misterio para hacerlo de esta manera? Que poca imaginación… -dijo con valor-.

- ¡Ah, no mi pequeña!, ahora solo me divierto, me encanta verte el miedo en los ojos, aunque ahora mismo juraría que no lo tienes, ¿me equivoco? –preguntó buscando la mirada de Rinoa-.

La joven bruja clavó sus ojos marrones en los de esa mujer no dejándose amedrentar, pero la mano de uno de los hermanos en su cuello la sorprendió. El agarre la impidió seguir hablando y el aire comenzó a faltarle.

- No te atrevas a mirar así a mi hermana, no eres digna.

Rinoa desvió entonces su mirada hacia un lado y se encontró con los ojos verde de Seifer. Parecía furioso, como si en cualquier momento fuera a estallar. Lo vio sonreír con esa sonrisa socarrona y se acercó con paso lento hasta ellos, como si todo aquello le estuviera aburriendo.

- ¿Por qué no me dejas divertirme a mí también? –dijo de pronto apartando a la mujer de Rinoa-. Te recuerdo que todavía no he acabado aquello que empezamos aquel día-. dijo acercándose más a la pelinegra y apartando del todo a los tres muchachos-.

- Esta bien, ¡haz lo que te dé la gana con ella! –dijo de repente-. Pero sé discreto, tampoco queremos llamar la atención de todo el jardín -terminó de hablar mientras se alejaba del lugar seguida de sus dos hermanos-.

Seifer cogió a Rino del brazo y se la llevó a uno de los pasillos paralelos, empotrándola contra la pared. La muchacha, aun confusa por todo lo que acababa de ocurrir, miró a Seifer con recelo, sabía que no era de fiar, Squall tenía razón.

- ¡Suéltame! -se removió Rinoa intentando zafarse del aquel agarre-. ¡Sabía que no podíamos confiar en ti! -espetó furiosa sin dejar de mirarlo-.

Seifer resopló malhumorado.

- ¿Estás bien? –preguntó de pronto con claros signos de preocupación-.

Rinoa abrió los ojos sorprendida y sintió como las manos de Seifer la soltaban y se separaba de ella para dejarla más espacio.

- ¿De qué… va esto? –preguntó sin entender nada-. ¿Qué hacías con ellos?

La chica escuchó como maldecía por lo bajo y meneaba la cabeza de forma incrédula.

- Al mediodía me he encontrado con Squall, me ha preguntado por ti, parecía preocupado. He supuesto que os habíais peleado y sé que cuando te enfadas no das señales de vida en todo el día -explicó más calmado-.

Rinoa desvió la mirada algo avergonzada hacia un lado.

- Si, aunque no lo creas, te conozco bastante bien -admitió el chico dejando entrever una media sonrisa-. He pensado que, si me juntaba a estos pirados durante el día, no te pasaría nada, y mira por dónde…

- ¡Lo siento! -se disculpó ella casi en un susurro-.

- Esta bien, vete a tu habitación y llama a Squall, esta preocupado por ti -aconsejó antes de marcharse de allí-.

Rinoa, algo avergonzada por lo que acababa de pasar y con el miedo aun en el cuerpo, observó como Seifer se alejaba de allí. Aun no podía creer que hubiera sido él quien la sacara de ese embrollo.


Eran ya las once de la noche y Quistis se encontraba en su habitación releyendo, una y otra vez, unos pápeles que sostenía entre las manos. Esa misma tarde, tras una reunión de instructores, se había citado con los demás en la biblioteca, la cual, casi siempre estaba tranquila y libre de miradas indiscretas.

Al llegar observó que Eleone ya estaba con ellos, en cambio Rinoa no había aparecido. Al parecer Squall y ella habían tenido una pelea y desde la mañana, no se la había visto. Selphie les tranquilizó diciendo que se había escrito algún mensaje con ella y que estaba bien.

Quistis no pudo evitar suspirar algo irritada, no era el mejor momento para estar sola, desde luego. Tras aquellas explicaciones, Edea y Laguna, les repartieron el informe del plan de mañana. A priori era bastante sencillo, de hecho, no tenía ninguna complicación, pero algo le decía que las cosas no iban a salir tan bien como esperaban, tenía una mala sensación.

Acabó de repasar las dos últimas hojas y suspirando, dejó el taco de folios sobre la mesa. Desvió su mirada hacia el techo blanco de su habitación y fue la imagen de Seifer la que inundó todos sus pensamientos. De pronto el plan de mañana había desaparecido de sus pensamientos.

No podía dejar de pensar en esa misma mañana, cuando habían despertado juntos, cuando el joven había vacilado, como siempre, con esos comentarios inapropiados o cuando la había besado antes de marcharse. En sus labios apareció una leve sonrisa, pero se esfumó rápidamente cuando las palabras de él resonaron en su mente, "Ellos van a matarme".

De repente necesitaba verlo, estar con él y decirle lo que sentía. Era la última noche antes de la misión de mañana, la cual, no sería fácil. Esos seres, sin duda, eran impredecibles. Así que, sin pensárselo un segundo más, se levantó de la silla de un salto, se puso unos pantalones vaqueros desgatados, una camiseta de tirantes y encima, una sudadera de color gris.

Cuando salió al pasillo se detuvo unos instantes ¿qué estaba haciendo? Suspiró e intentó eliminar cualquier pensamiento negativo de su mente. Estaba casi segura de que Seifer se alegraría de verla, la había besado, aunque hubiera sido tan solo un roce, él, Seifer Almasy, la había dado un beso en la boca y a ella le había removido por dentro. Estaba deseando hacerlo de nuevo.

Cuando quiso darse cuenta se encontraba frente a la puerta de aquel soldado fanfarrón. Carraspeó nerviosa y de manera dubitativa, tocó la puerta con los nudillos. No obtuvo respuesta así que lo intentó de nuevo, justo cuando se giraba para marcharse de allí con una leve decepción, escuchó la voz de Seifer.

- Quistis… ¿pasa algo? -dijo el hombre levemente sorprendido por la presencia de la chica-.

Ésta se giró y se quedó allí plantada con los ojos recorriendo el torso desnudo del muchacho. Seguramente acaba de salir de la ducha, ya que su pelo estaba húmedo y de su cuello colgaba una toalla blanca con el logotipo del jardín bordado en una esquina.

Observó la marca en el pecho de Seifer de aquel símbolo profético y sin dudar se acercó y lo acarició, parecía cicatrizado, aunque aún estaba muy enrojecido.

- ¿Te duele? -preguntó elevando la cabeza para buscar los ojos de Seifer-.

El chico se encontraba con un brazo apoyado en el marco de la puerta y mirándola con media sonrisa en la cara. Seifer negó con la cabeza y cogiendo la mano de ella, la arrastró hacia dentro cerrando la puerta tras ellos.

Quistis se sorprendió por el repentino gesto que no esperaba y comenzó a sentirse algo incómoda. Observó como Seifer tomaba asiento en la cama y la observaba en silencio, pero con un gesto divertido en la cara. Seguramente se estaba preguntando que hacía ella en su habitación sin venir a cuento.

Seifer secó su pelo con la toalla y la dejó encima de la mesita. Sin remordimientos, sus ojos viajaron por el cuerpo de la joven quien se encontraba en medio de su habitación, con la mirada pegada al suelo y jugueteando con el borde de esa sudadera gris que la hacía demasiado sexy. Se preguntó entonces que llevaría debajo, ¿estaría en ropa interior? El chico rubio gruñó intentando apartar ese tipo de imágenes de su mente, no quería asustar a Quistis más de lo que ya parecía.

- Ey…

La cálida voz de Seifer atravesó los pensamientos de ella y sus ojos se encontraron. Él sonreía, pero de manera amable. Ese gesto altivo y pedante había desaparecido por completo, solo quedaba aquel hombre mirándola como si solo existiese ella. Esos ojos verdes estaban cargados de algo que Quistis tardó en reconocer ¿era cariño lo que veía en ellos? El corazón de ella latió con fuerza contra su pecho y con parsimonia se dirigió hasta la ventana. Fuera estaba oscuro y llovía, unos rayos lejanos iluminaron el horizonte. Seguramente esa noche volvería a haber tormenta.

- Quería ver como estabas -dijo al fin ella sin apartar la mirada del exterior-.

De pronto la presencia de Seifer tras ella la sorprendió. Sintió entonces como la besaba en la cabeza y aspiraba su olor con delicadeza. Ella no se movió, los nervios la impedían decir algo, pero la sensación de calidez que emanaba el joven, la embriagaba. Fue entonces cuando los dedos de aquel soldado fueron a parar a la goma que sujetaba su largo pelo rubio y con suavidad tiró de ella, deshaciendo la coleta y liberando su melena.

- Quistis… -comenzó a decir mientras la rodeaba de la cintura y la abrazaba por detrás antes de que dijera nada por su acto de hacía un momento-.

Seifer cerró los ojos, sintiendo aquel cuerpo entre sus brazos. Ella era delgada y parecía frágil, aunque de sobra sabía que no lo era. No podía recordar en qué momento había llegado a sentir aquello por ella. Pero la quería, sin duda alguna, necesitaba a esa mujer a su lado. Estas semanas, desde que Yinna había decidido hacerse con su mente, la había echado de menos.

Quistis seguía sin moverse, no sabía si sucumbir a ese hombre o salir corriendo.

- Quistis… -repitió su nombre con esa voz levemente rasgada-. Todas estas semanas, te he echado de menos. No sé como he llegado a esto, pero… -Seifer calló durante unos segundos, tal vez lo estropeaba todo con aquella confesión, pero necesitaba hacerlo-, te necesito.

El chico la giró para que lo mirase. Sus ojos azules parecían asustados, pero en sus mejillas había un leve rubor. Abandonó esa cintura de ensueño para posar las manos sobre las mandíbulas de ella y la besó en la frente.

- Te necesito mucho Quistis y siento si esto no esta bien. Sé que soy un capullo, soy consciente de ello -rio de medio lado-, pero cuando estoy contigo me siento bien.

La instructora lo miraba sin parpadear, no esperaba aquella confesión para nada. Era ella la que había ido allí con mil dudas en la cabeza, dispuesta a decirle lo que sentía y resulta que era él quien estaba siendo valiente por los dos.

- Yo… -la voz de Quistis sonó entrecortada sin saber muy bien que decir a todo aquello-. Seifer yo…

- Oye, no hace falta que digas nada -interrumpió de pronto apartándose de ella de manera brusca-. No sé porque he dicho todo eso -dijo dándole la espalda a Quistis-.

La joven rubia observó como los músculos de la ancha espalda de aquel chico se tensaban creando una multitud de surcos en ella que deseó tocar en ese mismo instante.

- La verdad, que si eres un poco capullo -dijo Quistis haciendo que Seifer se volviese a girar hacia ella-.

Éste la observó entre sorprendido y divertido.

- No me importa -volvió a decir Quistis bajando la mirada-. He empezado a recordar más cosas de cuando estábamos en el orfanato ¿sabes?

El chico siguió mirándola con expectación.

- ¿Y? -dijo él casi en un susurro-.

Vio los ojos azul claro clavarse en él mientras sonreía.

- Siempre estabas conmigo, era divertido y me… gustaba -comenzó a decir ella mientras daba un par de pasos hacia Seifer-. Recuerdo que continuamente estabas picándome, pero también recuerdo que siempre estabas a mi lado, protegiéndome -siguió diciendo, dando otro par de pasos en dirección al chico-. Me sentía bien contigo a mi lado -finalizó llegando hasta Seifer y posando las manos sobre su pecho-.

Lo acarició con la yema de sus dedos, era suave y estaba terso. Seifer seguía allí sin decir nada, sintiendo las caricias de esa mujer, y de pronto, ella se puso de puntillas y rodeándolo del cuello, unió sus labios con los de él. No tuvo tiempo de asimilar lo que estaba pasando, pero su cuerpo ya había reaccionado. Sus manos viajaron hasta agarrar la fina cintura y profundizando el besó, la arrastró hasta la cama donde se recostó sobre ella.

Quistis podía notar el peso de aquel hombre sobre ella y era agradable. Sentía sus grandes manos, algo ásperas, acariciando la piel de su cintura. A pesar de lo que podía haber pensado, esas caricias eran amables y respetuosas, algo que no hubiera imaginado del muchacho. Aquello la llenó de una urgencia nueva para ella, era como si necesitase todo de Seifer y ese sentimiento la asustó. Había salido con algún que otro instructor y también con un Seed, pero jamás había sentido esa necesidad que estaba sintiendo con Seifer. No podía dejar de besarlo ni de pasear sus manos por cada músculo que componían aquel torso perfecto.

Seifer saboreó la boca de la mujer en cada beso, sus lenguas enredándose y las manos de ella arañando su espalda, lo estaban volviendo loco, pero ella era distinta. Con ella no funcionaba igual que con otras chicas con las que había estado. Quistis le provocaba otro tipo de sentimientos, amor, ternura, protección, así que dejó de besarla de repente.

Sus mejillas estaban sonrosadas y los ojos azul cristalino le brillaban demasiado.

- ¿Pasa… algo? -consiguió decir Quistis con la pasión recorriendo cada poro de su cuerpo-.

El chico se irguió sobre un antebrazo y con la mano libre acarició su mejilla apartando un mechón de su pelo.

- Esto… yo… lo siento… no debí…

Quistis soltó una risa tímida.

- Seifer, esta bien -dijo ella de manera amable-. Quiero esto y lo quiero contigo -confesó sin pensarlo demasiado-.

- Eres distinta, Quistis -susurró besándola de nuevo en los labios-. Solo quiero que estemos bien -volvió a besarla en la mejilla izquierda-, y no hace falta hacer nada que no quieras -siguió hablando, besándole la mejilla derecha-. ¡Joder! No sé que me pasa contigo -dijo sin dejar de mirarla mientras sonreía de medio lado-.

Ella sonrió agradecía por todas aquellas palabras que jamás creyó escuchar de la boca de Seifer. Estaba sorprendida, no lo iba a negar, pero le gustaba esa faceta nueva que le estaba mostrando. Jamás había estado con ningún chico y su parte racional le decía que no debía ser Seifer esa persona con la que experimentase aquello por primera vez, pero ¿por qué no?

Desde que él volvió al jardín, no se habían separado, tenían una complicidad especial a pesar de sus claras diferencias de carácter. Siempre la hacía sentir especial, la animaba y la alentaba a hacer cosas que la hacían salir de su zona de confort. Con él se sentía ella misma, sin necesidad de fingir algo que no era, con él no necesitaba estar siempre aparentado ser perfecta, porque no lo era, para nada.

- Yo también te he echado de menos estas semanas -confesó ella rozándole los labios con sus dedos-.

Después acarició su mandíbula cuadrada y sintió los músculos de ésta tensarse bajo la palma de su mano, como si Seifer estuviera haciendo un gran esfuerzo por contenerse. Quistis enredó una de sus piernas alrededor de la cadera de él y con sutileza lo atrajo para que se tumbara de nuevo sobre ella. El obedeció y la besó con calma, con suavidad, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.

Seifer se deshizo de aquella sudadera gris y la camiseta de tirantes, dejando a la vista un sujetador de encaje color coral que resaltaba con su piel blanca y perfecta. Besó sus clavículas, sus hombros, entre sus pechos y subiendo de nuevo hasta sus labios, desabrochó los botones de su pantalón vaquero.

Las fuertes manos, se deslizaron con devoción por ese abdomen plano hasta masajear uno de sus pechos. Ella exhaló contra su boca al notar las primeras caricias sobre sus pechos, se sentía bien.

Aquel joven no podía dejar de besarla, llevaba tanto tiempo imaginándose esa situación que ahora le parecía un maldito sueño. Con maestría desabrochó el sujetador y Quistis lo ayudó a quitárselo del todo, quedando, por fin, sus pechos a la vista. Seifer no pudo evitar erguirse levemente sobre sus brazos y observar aquel cuerpo que rozaba la perfección. La sonrió con una mirada llena de pasión y volvió a besarla.

Esta vez los besos fueron más atrevidos y cargados de pasión, buscando la lengua de ella una y otra vez. Las manos de Seifer empezaron a acariciarla de manera más urgente, haciéndola soltar sus primeros gemidos. Se entretuvo con su boca un buen rato, hasta que decidió empezar a bajar, por su cuello, hombros, pechos, ombligo, hasta que llegó al empiece del pantalón desabrochado. Lo cogió por la cinturilla y tiró de la prenda hacia abajo.

Quistis, que llevaba un rato con los ojos cerrados, se sorprendió e irguiéndose, lo buscó con la mirada. Sonreía complacido y lo vio empezar el recorrido de vuelta. La besó las piernas, las rodillas, la cara interna de sus muslos, los huesos de sus caderas y volvió a sus pechos. Quistis echó su cabeza hacia atrás cuando sintió la lengua de aquel hombre sobre esas zonas tan sensibles, sin duda Seifer sabía lo que hacía, ella no demasiado, pero estaba disfrutando todo aquello sin pudor.

Seifer podía escuchar los suaves gemidos de la mujer que se encontraba bajo su cuerpo. No podía evitarlo, pero un sentimiento de superioridad lo embriagaba cada vez que ella soltaba un suspiro de placer causado por sus caricias. Se había dedicado a besarla sin descanso y a acariciar casi todas las partes de su cuerpo y no quería forzar nada, pero necesitaba más. Con sutileza se deshizo de su pantalón de chándal y vio a Quistis abrir los ojos cuando sintió su excitación, más que visible, en la parte baja de su abdomen.

- Esto los has provocado tú -ronroneó él en su oreja mientras dibujaba una media sonrisa-.

La mujer rubia se estaba entregando por completo a esas caricias que jamás creyó que disfrutaría tanto. Buscó la boca de Seifer y lo volvió a besar con urgencia. Paseó sus manos por la espalda musculosa y cuando llegó al elástico de la ropa interior de Seifer, metió sus dedos y comenzó a bajarlo. Se sorprendió a ella misma, pero en ese momento le pareció lo más natural del mundo.

Fue el joven quien le ayudó a quitárselo del todo y el hizo lo mismo con esa pequeña prenda coral, a juego del sujetador, que ni recordaba cuando había desaparecido. Cuando Seifer te tumbó sobre ella, lo hizo con cuidado, acomodándose entre esas piernas que lo recibían con devoción.

Estaban completamente desnudos y ambos sentían esa necesitad casi animal e instintiva de ir más allá, pero Seifer se estaba conteniendo, así que siguió besándola y dejó que una de sus manos viajara por sus pechos hasta la intimidad de ella.

Quistis, sintió el recorrido lento y tortuoso de la mano de Seifer, hasta llegar a esa zona que tanta atención necesitaba. Sus caderas se elevaron por mero instinto y en cuanto los dedos rozaron con cuidado esa zona, no pudo reprimir un gemido que ahogó contra el cuello de Seifer. Eso se sentía demasiado bien.

Aquel muchacho algo rudo, no podía dejar de sorprenderse de que todo en esa mujer, le cautivara de tal manera. Movía sus dedos de manera lenta mientras la besaba con suavidad, mordiendo de vez en cuando su labio inferior. No podía dejar de acariciarla, pero los gemidos de ella le indicaban que debía parar. Así que, apartando su mano de esa zona, la llevó con la misma lentitud hasta su cuello. La volvía a besar y se acomodó más sobre ella.

Él sentía esa misma urgencia que ella, necesitaba sentir la calidez de su interior de inmediato. Sin demorarse más, movió un poco sus caderas contra ella, quien se mantenía con los ojos cerrados, indicándola donde quería llegar. Ella abrió los ojos y lo miró con una especie de lujuria que la hacía verse verdaderamente sexy, pero a la vez parecía algo asustada por lo que estaba por venir.

- Seifer yo… nunca…

Quistis no pudo acabar la frase ya que él la acalló con un beso fugaz.

- Podemos parar cuando tu quiera ¿vale? -dijo él de manera muy seria, acariciándole la mejilla-.

Quistis parpadeó un par de veces, no esperaba esa comprensión de Seifer. Él era demasiado atento y estaba siendo muy amable en todo momento y eso lo hacía más sexy todavía. Los ojos verdes de Seifer la escrutaron y ella asintió.

- Necesito que lo digas, Quistis -insistió él con algo de preocupación-.

- Esta bien, podemos parar si yo quiero -sonrió ella mientras acariciaba el pelo de Seifer-.

Él sonrió complacido y besándola una última vez, comenzó el camino hacia su interior. En cuanto Quistis sintió a Seifer deslizarse dentro, una sensación de plenitud la embriagó y sus piernas se abrieron más, dejando un paso completo a Seifer. Una molestia que fue creciendo, se instaló en los más profundo de su bajo vientre, pero intentó tranquilizarse. Podía sentir las manos de Seifer acariciarla y como la besaba una y otra vez, intentando que aquella molestia pasase.

- ¿Bien? -dijo el irguiéndose sobre sus brazos mientras estaba atento a todos los gestos de Quistis-.

- Molesta un poco, pero estoy bien -contestó mostrando una sonrisa-.

- ¿Quieres que pare? -preguntó de nuevo moviéndose muy despacio en su interior-.

Ella soltó un suspiró, parecía que aquello mejoraba y la molestia era sustituida por una especia de presión muy placentera.

- No… -consiguió decir exhalando un gemido-.

No quiso seguir hablando y atrajo a Seifer del cuello, obligándole a tumbarse de nuevo sobre ella. Éste obedeció y cogiendo uno de los muslos entre sus manos, empezó a moverse con algo más de ritmo, dejando que ella se adaptara a esa sensación.

Seifer estaba colmado de un placer que jamás había sentido con ninguna otra persona, sin duda ella era especial, ella lo era todo. Siempre lo había sido, desde niños. La adoraba, siempre lo había hecho y después la odió, durante un tiempo, cuando empezó a fijarse en Leonhart y empezó a olvidar su cercanía por culpa de los GF's, pero por fin estaba con ella.

Quistis empezó a sentirse bien, demasiado pensó. Podía notar a Seifer sobre ella, besarla con cariño, mientras la dejaba adaptarse a ese ritmo que iba en aumento. El movimiento de las caderas de aquel hombre era suave pero constante y aquello la estaba haciendo enloquecer. El dolor que había sentido al principio se había desvanecido completamente y ahora se estaba derritiendo de placer.

Seifer empezó a notar como ella disfrutaba de aquello tanto o más que él. Podía escuchar su nombre entre los gemidos que se escapaban de su garganta y sentía las uñas arañar sus brazos y espalda, en un intento de mantener la cordura. La siguió besando, no podía dejar de hacerlo y se movió sobre ella, profundizando más y la oyó jadear y sus caderas se acompasaron a aquel ritmo y por fin estalló a su alrededor. Las piernas de Quistis se aferraron a sus caderas con fuerza y su espalda se arqueó de placer. Él aprovechó para pasar su brazo por debajo de su cintura y abrazarla con fuerza mientras se movía con algo más de intensidad sintiendo todos los músculos de la joven apretarse a su alrededor, hasta que ya no pudo más y se liberó con un sonido ronco que acalló contra el cuello de la mujer.

El fuerte cuerpo de aquel hombre se desplomó sobre Quistis, aprisionándola de una manera muy dulce. Era agradable sentirle así. Su mente aun estaba nublada por el placer y necesitaba recuperar una respiración normal. Sonrió cuando sintió a Seifer depositar una serie de besos por su cuello y hombros.

- ¿Estás… bien? -preguntó él con cautela irguiéndose sobre sus antebrazos para buscar los ojos de Quistis-.

La mujer rubia asintió con una sonrisa satisfecha en su cara. Sus mejillas estaban sonrosadas y parecía algo tímida. Seifer la besó en la boca con suavidad y con gesto hábil, cogió el edredón y tapó ambos cuerpos.

- Eres preciosa -susurró contra la piel de su mejilla mientras se hacía a un lado-.

Quistis rodó con él y se refugió en su pecho mientras acariciaba aquel abdomen marcado, pasando su dedo índice por las formas cuadradas. La verdad, que jamás creyó que el cuerpo de aquel hombre la pudiera fascinar de esa manera, era perfecto.

No dijeron nada más, ya se lo habían dicho todo esa noche. Poco a poco se dejaron llevar por el cansancio y acabaron por dormirse, ajenos a todo lo que estaba a punto de ocurrir.


Notitas…

Capitulo extralargo, espero no haberos aburrido y que los fans de Seiftis os haya gustado la escenita final, a mí me ha encantado escribirla. Bueno y adelanto ya que en el siguiente capitulo empieza la esperada ACCIÓN!

Gracias por leer, hasta la próxima.


Nancyriny: Aaayyy el cuerpo del comandante, en fin, sin palabras... jejeje! Espero que hayas descansado en tus vacaciones y que estés preparada para la acción, que ya llega. ¡Ahora si!

¡Mil gracias por tus reviews que siempre me hacen sonreír y seguir con esto!