- Todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, para su creación "Ranma ", (a excepción de algunos que son de mi invención, y que se irán incorporando durante el transcurso del relato en una especie de "actores secundarios"). Esta humilde servidora los ha tomado prestados para llevar a cabo un relato de ficción, sin ningún afán de lucro.
"Psycho killer"
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Capítulo IX
"Un destello en la oscuridad"
A las diez de la mañana en punto había llegado al lugar y había subido a la azotea cuidándose mucho de que nadie lo viera subir. Abrió la puerta con cuidado y exhaló el aire de sus pulmones al comprobar que su compañero se encontraba en el mismo lugar en el que lo había encontrado el día anterior. Se acercó, intentando no hacer demasiado ruido con los zapatos de tacón que había conseguido con Jun, los cuales llevaba puestos.
-¿Qué hay? –inquirió con la voz dulce de su forma femenina, pero con el tono rudo que ocupaba con sus compañeros de profesión.
-Saotome, ¿qué haces aquí? –contestó Mori dándose vuelta para quedar frente a la menuda y curvilínea chica ataviada con un vestido rojo y un abrigo negro que le llegaba a la rodilla y sus cabellos sueltos a su espalda, quien lo observaba con el ceño fruncido-. Deberías estar en tu casa y no acá.
-Ayer te dije que vendría a investigar y estuviste de acuerdo en prestarme ayuda.
-Ayer, Satō te suspendió por cinco días como castigo por agarrarte a golpes con Ishida, ¿crees que no lo sé, cuando todos lo comentan?
-Me suspendió, sí, lo que significa que no puedo ir a la oficina, portar mi arma y mucho menos detener a alguien, pero, puedo investigar por mi cuenta.
-Te meterás en problemas, Saotome.
-Si no quieres cubrirme, por mí está bien, Mori. No te pediré que arriesgues tu trabajo y mucho menos tu trasero por mí.
-Muy considerado de tu parte –indicó el policía observándolo ceñudamente-. Te recuerdo que no portas arma ni protección alguna, por lo que, si te atacan por algún motivo, quedaré marcado para siempre como el malnacido que no te prestó ayuda pudiendo hacerlo, así que entraré en el juego, aunque arriesgue algo más que mi trasero.
La menuda mujer sonrió fingiendo inocencia y su compañero gruñó para seguir vigilando el local que se encontraba en frente. Ranma sabía por sus compañeros que los proveedores comenzaban a llegar a ese local pasado las diez de la mañana, pero nunca eran puntuales, así que por eso había llegado a las diez en punto, sin embargo, también sabía que probablemente iba a tener que esperar hasta que llegara el primer proveedor y se abriera la puerta trasera del local para acercarse.
-Supe que ese Ishida te molió a golpes –comentó su compañero de pronto sólo para decir algo-. ¿Por qué lo dejaste hacer algo así?
-Porque se la debía –contestó seriamente al tiempo que enfocaba su mirada en la acera del frente.
-No le debes absolutamente nada a ese sujeto –comentó su compañero mirándolo de soslayo-. Todos sabemos lo que pasó con su hermana y…
-No quiero recordar ese episodio –le interrumpió-, basta con el dolor que siento en las costillas cuando me muevo brusco.
-Deberías haberte defendido porque estoy seguro de que, si hubieras peleado utilizando toda tu fuerza, lo dejas fuera de las pistas por lo menos por un mes. El tipo tuvo suerte de que hayas preferido recibir una golpiza gratuitamente.
-Dejémoslo así, yo sólo espero que se haya conformado con golpearme y me deje en paz de una buena vez.
-Hum. ¿Qué hay de la psicóloga?, ¿le dijiste que su amiguito aparentemente está involucrado en algo turbio?
-Tanaka se lo dirá –contestó tratando de ocultar la molestia en el tono de su voz.
-Creí que era tu amiga –comentó Mori observando a su compañero de soslayo.
-Creíste mal, somos sólo compañeros de trabajo.
-No fue lo que me pareció ese día que vinimos encubiertos, se notaba que por lo menos se conocen de antes.
-Nos conocemos, sí, pero eso no quiere decir que seamos amigos.
-Es muy linda y dulce, deberías intentar…
-Calla de una vez, Mori –le interrumpió bruscamente-. No voy a hablar de temas personales contigo, ¿de acuerdo?
El policía guardó silencio sólo por un par de minutos, luego volvió a hablar.
-Si no quieres hablar de temas personales que involucren a la psicóloga, quiere decir que sí es algo más que una compañera de trabajo para ti –reflexionó en alta voz-. Lo que no entiendo es tu obsesión por la soledad cuando se ve a simple vista que ella podría ser…
-¡Quieres callarte de una vez! –exclamó la chica furibunda a su lado-. No necesito que nadie se convierta en mi celestino para conseguir pareja, y mucho menos alguien como tú.
-No sé qué tienes en mi contra o quizá sea que no te acomoden mis gustos, aunque estoy seguro de que me desempeñaría muy bien en un papel de casamentero –reflexionó-, pero, en este caso creo que ustedes harían una linda pareja –comentó, con toda la intención de seguir fastidiando a su compañero, porque sabía que el parco policía que tenía al lado se desesperaría con ese tipo de comentarios. Lo conocía y le parecía divertido hacerle perder los estribos-. Imagina un espléndido futuro junto a ella, en una casa grande, con niños jugando en el jardín, ¡y un perro!, ella dijo que le gustaban los perros. Deberías animarte, Saotome, porque eso del lobo solitario ya no te queda y…
-¡¿Dejarás de hablar de una buena vez, o quieres que te obligue a hacerlo?! –le amenazó irguiéndose en toda su estatura para quedar por sobre su compañero, quien permanecía agachado. Lo vio aguantar la risa y frunció el ceño, totalmente consciente de que el sujeto le estaba tomando el pelo y gozaba mucho al hacerlo-. Ya te pareces al burro de esa película infantil: igual de insoportable y bocón.
-Pero si Burro es uno de los personajes más queridos por la gente –sonrió de medio lado.
Por toda respuesta, Ranma le dio un golpe en la cabeza y volvió a enfocar su vista al frente. Sonrió, porque mientras él mantenía esa infantil discusión con su colega, una camioneta se había detenido en el callejón y un par de hombres comenzaban a bajar unas cajas del vehículo para introducirlas al interior del local ingresando por la puerta de escape.
-Voy ahora –dijo sacando del bolsillo de su abrigo un par de gafas para usarlas como distractor.
-¿Y si te acompaño a realizar tus preguntas misteriosas?
-No, sólo estorbarías. Necesito ocupar todos mis encantos femeninos con el tipo que resguarda ese lugar.
-Encantos femeninos, sí, cómo no.
-Pero si soy una dulce y linda chica indefensa, Mori –dijo avanzando hacia la puerta de la azotea seguido por su compañero.
-Dulce y linda puede ser, pero indefensa… -hizo una pausa y luego volvió a hablar al tiempo que bajaban por las escaleras tras él-. No me gustaría mantener una pelea callejera contigo, ni como hombre ni como mujer.
-Por eso somos amigos y como buen amigo, te quedarás a este lado de la acera y observarás desde lejos mi despliegue actoral.
-Creo que sería mejor si me escondo tras esos contenedores de basura –indicó hacia la acera del frente.
-Buen lugar –asintió Ranma-. Ve a esconderte, yo esperaré un par de minutos y comenzaré con mi actuación.
-Bien –dijo Mori dando un par de pasos, pero se detuvo y volteó el rostro-. Ranma, por lo que más quieras, ten mucho cuidado, ¿sí?
Pocas veces ellos se llamaban por el nombre de pila, así que al escucharlo para Ranma fue evidente que su colega se encontraba preocupado por su seguridad. Asintió en silencio y vio a su compañero avanzar rápidamente, tomando todos los resguardos para ocultar su presencia en el lugar hasta que llegó al escondite que habían elegido y se ocultó. Ranma suspiró, jugaría otra ficha en ese juego sin saber si conseguiría lo que buscaba. Tenía sospechas, claro que las tenía, pero eso no quería decir que sus sospechas fueran acertadas o que fuera fácil sonsacarle información al individuo que resguardaba aquel local nocturno. Expulsó el aire de sus pulmones y comenzó a avanzar cruzando la calle para internarse en ese lugar que al parecer ocultaba algo. Tres minutos después, la sonriente y despreocupada chica había llegado a la puerta trasera de aquel local, fingiendo total confusión. Se topó de frente con un enorme sujeto que permanecía en la puerta del local; de brazos cruzados, el hombre vigilaba todo lo que sucedía a su alrededor. Cuando estuvo a su lado, el sujeto la miró hacia abajo, con el ceño fruncido y un gesto poco amigable en el rostro.
-¿Qué haces aquí? –inquirió de mala manera.
-Disculpe señor, estoy buscando a alguien.
-Aquí no hay nadie más que yo y los hombres que descargan la mercancía.
-Pero me dijeron que viniera a este lugar –contestó Ranma con la expresión más inocente que pudo fingir y un dulce tono de voz-. Dijeron que alguien me esperaría y me contactaría en este callejón para entregarme un encargo, aunque no he visto a nadie cerca en los últimos diez minutos y por eso me atreví a acercarme a preguntar si usted sabe algo sobre…
-Este es un local nocturno, por lo que puedes intuir que a esta hora se encuentra cerrado y sin atención a público, sólo están descargando los licores que se venden cuando se abre. No hay nadie aquí que pueda ayudarte, vete.
-Sé que es un local nocturno, he venido muchas veces –mintió, y sonrió mentalmente porque el hombrón no pudo ocultar un gesto de sorpresa-. De hecho, la persona que me dijo que viniera hoy, me contactó dentro de su bar.
-No es mi bar, niña, yo sólo trabajo aquí.
-Sí, trabaja aquí, lo he visto con anterioridad y por eso creo que le será fácil acordarse de alguien que frecuenta este lugar y a quien estoy buscando.
Lo vio titubear y enfocar la mirada en la calle, como si buscara algo o a alguien.
-Es un joven alto, guapo y musculoso –continuó diciendo Ranma, totalmente atento al lenguaje corporal del hombre-, y extranjero, sí, es fácil de recordar porque tiene un ligero acento extranjero, ¿lo ha visto?
-Puede ser –contestó el tipo todavía dudando de la chica-. Vienen muchas personas a este lugar, no puedo recordarlas a todas.
-Sí, pero… él es especial –dijo con intención. Sabía que se estaba arriesgando mucho al tratar de dar a entender que buscaba a alguien implicado en actos ilícitos, pero valía la pena el riesgo; tenía que descubrir a ese sujeto musculoso e intuía que ese hombre lo ayudaría porque se notaba un poco bobo-. Lo conocí hace un tiempo, acá mismo y me ofreció… no creo que deba decírselo –fingió arrepentimiento.
-¿Qué te ofreció?
-Nada, yo sólo… vine ilusionada porque dijo que hoy cumpliría su promesa porque, es mi cumpleaños –inventó rápidamente-, y daré una gran fiesta en mi casa… esperaba contar con algo que nos proporcionara diversión adicional a mí y a mis amigos… más allá de la música y el alcohol.
-¿Algo cómo qué?
-No importa, si usted no se acuerda de él, ya no importa porque no podré encontrarlo –dijo bajando la mirada para luego negar con un movimiento de cabeza, fingiendo decepción-. En fin, no lo molesto más. Adiós, señor.
Se dio media vuelta y comenzó a caminar, pero no había dado dos pasos cuando el hombre la detuvo.
-Espera –dijo. Ranma volteó y deshizo sus pasos-. Conozco a alguien con las características que me indicas, pero no me alertó de que vendrían a realizar una entrega hoy. Generalmente las hacen en la semana porque hay menos gente circulando, aunque si dices que hoy es tu cumpleaños…
Ranma sonrió y quiso saltar de alegría porque el tipo incauto había mordido el anzuelo.
-Quizá lo olvidó –comentó-, se ve que es un chico muy sociable y ocupado. Siempre que lo encuentro está rodeado de amigos y chicas muy bellas, es difícil tratar asuntos de estos con él, y cuando le pedí mi encargo, él estaba pendiente de una chica de cabellos azulados que lo acompañaba, quizá no me tomó en serio.
Vio al tipo sonreír y asentir con la cabeza.
-Sí, suele venir siempre acompañado por una o dos chicas de cabellos azules, es como si las exhibiera, pero sé que eso no le impide hacer negocios –comentó-, quizá fue sólo un malentendido o quizá… -dejó la frase en el aire.
-¿Quizá qué? –insistió Ranma.
-Ayer hubo un incidente durante una "negociación" –explicó haciendo el gesto de las comillas con sus manos-. Un tipo salió persiguiendo al mensajero y tuvo que escapar. No me inmiscuyo en esos asuntos, sólo sé que aquí afuera se producen algunos encuentros y él me avisa cuando lo harán para que evitemos salir e involucrarnos… sería malo para su negocio y para la reputación del local, pero ayer… vi lo que pasó escondido tras la puerta y supongo que el idiota que persiguió al mensajero era un poli, así que quizá por eso haya fallado tu entrega.
-Vaya –dijo fingiendo molestia-, y yo y mis amigos tendremos que pasar una aburrida celebración por culpa de un estúpido poli fisgón.
El hombre soltó una carcajada y Ranma lo secundó.
-Ojalá pudiera ayudarte de otra forma, pero, no tengo contacto con ese sujeto más del que se forma cuando viene al local. Es muy discreto.
-¿Pero cómo sabe que él es… que él negocia con…?
-Acá, todo se sabe, pero nosotros hacemos la vista gorda, niña –dijo encogiéndose de hombros-. Si el dueño del recinto no se preocupa de lo que se hace o deja de hacer en su negocio, ¿por qué tendríamos que hacerlo nosotros?
-Porque los meterían a la cárcel –aventuró.
-Qué ingenua eres, niña –dijo riendo-. Lo más grave que puede pasar es que cierren este local y yo tenga que buscarme otro trabajo, pero para eso, los polis tendrían que investigar y hasta el momento… en fin, yo no hago nada malo al saludar a un cliente frecuente de este lugar, no estoy dentro del negocio, sólo observo y callo lo que tengo que callar.
Ranma lo miró con desaprobación, ¿cuántas vidas ayudaría a salvar ese sujeto si hiciera algún tipo de denuncia anónima y no guardara un silencio cómplice?
-Bueno, si vienes hoy en la noche tal vez encuentres a tu amigo.
-No puedo –dijo haciendo un gesto de despedida con una de sus manos-, voy a celebrar mi cumpleaños, con o sin diversión extra, lo voy a celebrar.
El tipo soltó otra carcajada y la vio avanzar rauda por el callejón. Casi corrió por la avenida y se ocultó en la primera calle, dejó pasar unos minutos y luego rodeó el lugar, cuidándose mucho al momento de volver a subir al edificio que les servía de nido. Cuando llegó a la azotea, vio que su colega ya se encontraba en el lugar, esperándolo sentado de piernas cruzadas.
-¿Obtuviste la respuesta que buscabas?
-Está involucrado –contestó con dureza-. El tipo extranjero es un traficante, o trabaja para uno, y su punto de venta es justo a las afueras de ese local. Dentro contacta a sus clientes y gestiona su negocio, pero afuera se hacen las entregas, de eso estoy prácticamente seguro y quizá por eso ayer vimos a ese chico merodear por aquí, aunque no estoy seguro de que él sea un consumidor, puede que esté involucrado en las entregas o sea un enlace con otras personas que sí consumen… no lo sé, todo es muy confuso todavía.
-¿Y ese extranjero, tiene que ver en el caso de las chicas?
-Tampoco lo sé, aunque no lo descarto –dijo cruzándose de brazos-. El estúpido vigilante lo delató casi sin cuestionar y también dijo que siempre venía exhibiéndose con chicas de las características de las víctimas, así que no podemos descartarlo, pero de momento, lo único que tengo claro es que el tipo es o está colaborando con traficantes de algún tipo de droga. También puede que el asunto de las drogas sea una pantalla para encubrir sus verdaderas intenciones para contactar a sus víctimas.
-Si pudiéramos conseguir las imágenes de las cámaras de seguridad internas del local, podríamos comprobar si alguna de las víctimas se juntó con él en ese local.
-Para eso tendríamos que pedirle una orden al fiscal que nos permita revisar esas cámaras… pero creo que estaríamos alertando al dueño de ese recinto y también a sus empleados. No sabemos si el dueño está involucrado en el asunto del tráfico, pero el tipo ese dijo que los guardias sí sabían de los negocios del extranjero y hacían la vista gorda, o al menos, él lo sabe.
-Entonces, ¿qué harás?
-De momento debo hablar con Fukuda para que alerte a Tanaka. Préstame tu teléfono, por favor.
-¿Por qué, acaso no es más fácil ubicar a Fukuda desde el tuyo?
-Suspensión, Mori. Se supone que no puedo intervenir en la investigación mientras me encuentre suspendido de mis funciones y no me arriesgaré a averiguar si Satō intervino mi teléfono sólo para darme otra de sus "lecciones de castigos ejemplares".
-No se me hubiera ocurrido que pudiera hacer algo así –dijo su compañero alcanzándole el aparato-. No eres tan ingenuo, después de todo.
-No, no lo soy –contestó al tiempo que buscaba el contacto de su amigo en el teléfono de su colega-. Fukuda –dijo al momento en que su amigo respondió la llamada-, sí, soy yo. Tenemos que hablar, ve a mi casa en una hora, ¿quieres?... No, Mori está conmigo, después te explico… No, no me llames, compraré un teléfono de prepago y así podremos comunicarnos, y lleva todo lo que te pedí anoche, por favor… Sí, tengo algo más interesante que contarte que el análisis de una imagen borrosa en una cámara de seguridad averiada... Sí, hay un gusano que se desliza frente al nido sin saber que los pájaros lo hemos visto y estamos a punto de cazarlo. Nos vemos, Fukuda.
Cortó la llamada y le devolvió el aparato a su compañero quien lo miraba de forma divertida.
-Bien, si aparece el gusano, ¿qué quieres que haga este pájaro?
-Me gustaría seguirlo, saber si tiene otro punto de encuentro, reparto o contacto, si trabaja solo o con alguna banda, pero para eso necesitamos la autorización de Satō.
-Si vuelve al local, puedo entrar y hacerme pasar por un potencial cliente. No sospechará de mí si no le doy motivos.
-¿Podrías hacerlo?
-Claro que puedo, no eres el único buen actor.
-Podría ser una buena idea –dijo dándole vueltas rápidamente en su cabeza a la proposición-. De acuerdo, si lo ves, bajarás del nido y tratarás de averiguar algo más, pero…
-No le diremos a los demás, descuida.
-No, me gustaría que Okada lo sepa, para que te ayude en caso de que…
-No me pasará nada, Saotome.
-No sabemos cómo actúa el tipo. Cierto que siempre anda acompañado de muchos amigos, pero…
-Estaré bien –dijo dándole palmadas en la espalda-, pero si te quedas más tranquilo, le diré a Okada que me acompañe.
-Sí, eso es mejor –afirmó-. Ahora me voy, necesito comprar un teléfono de prepago antes de ir a casa a trabajar.
-Trabajar a escondidas –comentó, observándolo con una mezcla de desaprobación y diversión a la vez.
-Sabes que es mi estilo –dijo guiñándole un ojo al tiempo que hacía un saludo con la mano a modo de despedida.
Lo vio avanzar hacia la puerta de la azotea taconeando sin recato al tiempo que su cabello largo zigzagueaba a su espalda para después perderse tras la puerta. Volvió a su puesto y comenzó a trazar un plan en su cabeza para tratar de acercarse al tipo musculoso, porque mientras antes descubrieran sus artimañas, antes abandonaría ese incomodo nido que habían armado en esa azotea.
Por su parte, Ranma pasó toda la tarde de ese día en compañía de Fukuda, investigando en internet, trazando gráficos, verificando información, revisando fotografías, leyendo por enésima vez informes y documentos. Lograron trazar un plan, el cual Fukuda se encargaría de exponer a sus superiores el lunes, en el intertanto Ranma seguiría investigando y si tenía que trabajar el doble, pues lo haría.
Hansuke sabía que su amigo no sólo estaba empecinado en darle caza al asesino y a ese tipo que había resultado ser un traficante de estupefacientes, sino que también sabía que se estaba esforzando en resolver ese caso porque se encontraba preocupado por su ex prometida. El tipo era amigo de la chica que traía de cabeza a su compañero desde que se habían vuelto a encontrar, y si ese tipo era un delincuente, Akane corría peligro, por lo que Ranma no permitiría bajo ningún punto de vista arriesgar la seguridad de ella con la resolución de ese caso. Había que atraparlo in fraganti para poder meterlo preso y así, ella volvería a esta segura, aunque no del todo pues todavía no sabían si el tipo tenía algo que ver con los asesinatos de las chicas.
Así las cosas, el domingo pasó de forma vertiginosa para el policía de la trenza, porque entre su propia investigación y los datos que le aportaban tanto Mori, como Fukuda y Okada, se había formado una idea clara de lo que tenían que hacer para capturar al sujeto, sólo tenían que esperar a que el tipo cometiera un error y lo atraparían. Le había dicho a Fukuda durante una de sus últimas conversaciones que, además de exponerles todo lo que hasta ese momento habían averiguado a sus superiores y plantearles un plan de acción, les solicitara que se pusieran en contacto con el fiscal para que les autorizara a intervenir el teléfono del tal Barnat, porque si bien no era seguro todavía que el tipo tuviera algo que ver con el asesino de las chicas, estaban casi seguros que participaba en el negocio de tráfico de drogas y que ese local nocturno era ocupado como fachada para realizar los negocios ilícitos de ese tipo; también debían tratar de que les autorizaran a seguirle o a vigilar el lugar en donde vivía, pero por sobre todo, debían comenzar a buscar desde ya al hermano de la primera víctima sin la necesidad de obtener una denuncia por presunta desgracia, porque algo le decía a Ranma que el joven, además de estar implicado en el asunto de las drogas, en ese momento podía encontrarse en peligro. Fukuda le había llamado un par de veces y había ido a su casa, pero el joven no daba señales de vida desde el viernes, cuando Ranma lo había encontrado merodeando por los alrededores del local nocturno y posteriormente Mori lo había visto desaparecer dentro de un automóvil gris. Debían encontrarlo rápido y para eso necesitaban que el fiscal les diera las autorizaciones respectivas. Quedaron de acuerdo para que Ranma se acercara el lunes a primera hora al lugar en donde trabajaba el muchacho para confirmar su ausencia o, en el mejor de los casos, hablar directamente con él.
Tal y como habían acordado, Ranma se presentó en la fábrica en donde el joven Yoshida trabajaba y pidió hablar con el supervisor. No fue necesario mostrar su placa de identificación porque ya todos lo conocían y sabían que el joven de trenzados cabellos era uno de los oficiales que llevaba el caso por la muerte de la hermana de Yoshida, así que lo hicieron pasar a una oficina alejada del traqueteo de las máquinas y esperar allí la llegada del hombre que supervisaba el trabajo en aquella fábrica.
El hombre pasaba la cincuentena; era bajo y con algo de sobrepeso, pero tenía un gesto amable y una mirada que inspiraba confianza. Saludó con cortesía al joven policía y le pidió que tomara asiento. Ranma lo hizo y fue directo al grano, preguntándole si el señor Yoshida se encontraba en su puesto porque debía hablar con él, pero como en su último encuentro él había manifestado que no quería ser incomodado en su trabajo porque sus superiores se molestaban, había preferido hablar directamente con el supervisor para evitarle problemas a Yoshida.
-Hmm –dijo el hombre un poco incómodo por la pregunta-. A Yoshida no lo vemos desde hace una semana –reconoció-. Supuse que usted podía decirme algo sobre él, porque de acá se fue un día y no volvió a aparecer nunca más. No presentó su renuncia formal, no le comentó nada a sus compañeros y ni siquiera me comunicó verbalmente su intención de dejar el trabajo.
-¿Nadie ha tenido contacto con él?
-Después del segundo día en que no se presentó a trabajar, decidí llamarlo, pero nada. No contesta a las llamadas, uno de sus compañeros más cercanos aquí en la fábrica ha ido a su casa un par de veces, pero no lo ha encontrado; según sus vecinos, lo vieron salir una noche con un bolso en su automóvil y al parecer no ha regresado porque el vehículo no se encuentra estacionado donde suele dejarlo.
-¿Sabe si él tenía otra actividad aparte de este trabajo?, ¿otra ocupación remunerada, o algo?
-No que yo sepa.
-¿Tiene amigos en la fábrica?
-Compañeros de trabajo tenemos todos –dijo el hombre-, no sé qué grado de amistad tiene él con sus compañeros, pero siempre lo vi cercano a dos chicos de su misma edad. ¿Quiere que los llame?
-Si fuera posible.
El hombre se puso en pie y se dirigió a la puerta saliendo por ella. Minutos después, dos chicos se presentaron en la oficina y Ranma les hizo las preguntas de rigor.
Era cierto que ellos se consideraban amigos de Yoshida, pero en el último tiempo se habían distanciado un poco a causa de la muerte de la hermana del joven. Ellos creían que el joven se sentía deprimido o algo así, porque había cambiado drásticamente su actitud y ya no era el chico despreocupado y risueño que ellos habían conocido cuando habían ingresado a trabajar. El joven Yoshida se había vuelto taciturno y muy reservado, además, uno de los chicos comentó que últimamente siempre andaba preocupado de su teléfono y les esquivaba cuando ellos se acercaban a hablarle y él estaba enviando un mensaje o hablando por el aparato. También dijeron que se había ausentado varias veces por algún tiempo en horas de trabajo durante las últimas dos semanas antes de su extraña desaparición, indicando siempre que desde las oficinas de la policía lo llamaban a declarar o a enterarse de los avances en la investigación por la muerte de su hermana.
El supervisor confirmó los dichos de los compañeros de Yoshida, diciendo que había recibido la orden de la jefatura de dejar salir al muchacho las veces que fuera necesario de su lugar de trabajo si lo solicitaba la policía, porque ellos no querían obstaculizar la investigación de un caso tan triste y extraño como lo era la muerte de "las chicas sin sangre".
Para Ranma fue evidente que el hermano de la primera víctima estaba involucrado en algo más que turbio, porque ellos nunca lo habían citado a sus oficinas puesto que, si necesitaban hablarle, simplemente ellos lo buscaban, tal y como estaba haciendo él en ese momento. No dijo nada al respecto y luego de formular un par de preguntas más, abandonó el lugar despidiéndose amablemente de los tres hombres y entregándoles una tarjeta a cada uno para que se comunicaran con él en caso de contactarse con el joven Yoshida.
Con un panorama medianamente claro, a media mañana de ese lunes, Ranma se sentía cansado, pero totalmente atento a todo lo que pudieran seguir descubriendo. Obviamente le preocupaba lo de la desaparición misteriosa de Yoshida, pero algo le decía que el chico no era una víctima en toda esa situación, al contrario, él debía estar implicado de una u otra forma en el negocio de las drogas. Lentamente una idea siniestra estaba tomando forma en su mente, porque si el individuo extranjero estaba involucrado en el asunto del asesinato de las chicas y el hermano de una de ellas trabajaba con o para él, ¿quién podía decir que la chica no se había transformado en una especie de "mercancía" con la que adquirir algún beneficio… o saldar una deuda pendiente?
De todas formas, ya se había hecho un perfil del sujeto extranjero y sólo tenía que esperar a que todas las piezas encajaran y le atraparían… Esperar, se le hacía difícil esperar cuando estaba trabajando a media máquina, porque no era lo mismo depender de la información que sus compañeros le iban entregando a cuenta gotas e investigar ocupando una laptop personal, a estar en la oficina, con todo el aparataje que tenía la policía a su disposición y pudiendo salir a realizar pesquisas cuando a él se le diera la gana. Sí, el joven policía se estaba comenzando a desesperar ante esa situación, porque si hubiera mantenido su boca cerrada, ese hubiera sido su último día de castigo, pero ahora tendría que esperar dos días más para reintegrarse al trabajo formalmente; tampoco ayudaba a calmar su estado nervioso la insistencia de su ex prometida al llamarlo o enviarle mensajes, ya que si bien él sabía que ella quizás estuviera preocupada por la pelea que había presenciado el viernes por la tarde y su ausencia del lunes, él seguía con su intención de volver al inicio y alejarla de su lado, así que al no contestar sus llamadas ni mensajes le estaba dando a entender que todo seguía igual y que la quería lejos de su lado; por el bien de la investigación y por la seguridad de la mujer que lo enloquecía casi sin percatarse de que lo hacía, seguiría con su plan, así que se había mantenido firme en su decisión de portarse como un patán si con eso conseguía que ella volviera a odiarle y se alejara por voluntad propia.
Había vuelto recién a sentarse frente a su laptop, dejando una taza de humeante té al lado de un montón de papeles desperdigados en la mesa de la sala cuando su teléfono comenzó a repiquetear. Eran las tres de la tarde y no esperaba que nadie le llamara, al menos no al teléfono que él siempre ocupaba ya que Fukuda y los demás habían acordado llamarle al teléfono prepago que había comprado, sólo por seguridad. Con gesto cansado alcanzó su teléfono pensando que nuevamente tendría que desviar otra llamada de ella, pero cuando vio la pantalla se sorprendió al no reconocer el número entrante. Cierto que la aplicación marcaba ese número como desconocido, pero no como una llamada spam, así que decidió no contestar, sin embargo, no pasaron diez segundos desde que el teléfono dejó de sonar cuando volvió a hacerlo; el mismo número desconocido insistía en llamarle. Lo pensó por un momento y finalmente contestó la llamada, recordando que esa misma mañana le había dado su número de contacto a tres personas que le aseguraron llamarle si se contactaban con Yoshida. Últimamente habían sucedido cosas tan extrañas referentes al caso que más valía contestar. La persona del otro lado permaneció un rato en silencio cuando él contestó y a punto estuvo de cortar la llamada pensando que se trataba de una mala broma, pero una voz temblorosa se hizo escuchar del otro lado llamándolo por su nombre; una voz que, a pesar del tiempo, él reconocería de inmediato y así lo hizo, quedando desconcertado al escuchar lo que decía.
Tragó saliva y se armó de paciencia para escuchar lo que aquella voz temblorosa trataba de expresar, hasta que pronto cambió el gesto y la irritación se fue manifestando en su semblante, así que indicó que iba a cortar y que no volvería a contestar un llamado así, pero entonces la otra persona dijo algo que lo hizo reflexionar y calmarse, para luego de unos cuantos minutos de escuchar en silencio, aceptar a regañadientes juntarse en persona para conversar, quedando en enviarle la ubicación del lugar de reunión apenas dieran por concluida esa conversación. Cortó la llamada sin despedirse y suspiró viendo la pantalla de su teléfono, ¿sería que a todos los fantasmas de su pasado se les había ocurrido aparecerse de pronto en su vida al mismo tiempo y en mitad de una importante investigación, sólo para perturbarlo? Buscó la ubicación del bar de Musashi y la envió al número que le había llamado con un escueto mensaje: "te espero a las 16:00". Envió el mensaje y se quedó mirando fijamente la pantalla del teléfono; no pasaron dos segundos cuando recibió un mensaje confirmando la asistencia al lugar. Volvió a suspirar, no hubiera aceptado reunirse con nadie de su pasado, pero si lo había hecho era porque quería saber, porque ya estaba cansado de vivir con el rencor por un pasado que le parecía conocido pero que, sin embargo, intuía algo oculto.
A esa misma hora, en la oficina de la policía, Akane se encontraba utilizando al máximo todas las ventajas que le generaba el poder ocupar la red interna de la policía. No era que hubiera descubierto mucho, pero sí le había ayudado a confirmar sospechas y cada vez se sentía más y más burlada por aquel sujeto que se decía su amigo, porque todo lo que había descubierto hablando durante el fin de semana con amigos y conocidos de ambos lo había confirmado utilizando la red. Barnat, su amigo universitario había resultado ser un completo desconocido, porque ocultaba tantas cosas que ella no paraba de sorprenderse. Por otro lado, estaba su ex prometido; estaba muy molesta con él y evitaba preocuparse por su misteriosa desaparición, sin embargo, no lo estaba consiguiendo del todo porque sabía que él le estaba ocultando algo. No podía creer la tonta excusa que había inventado Hansuke cuando le había preguntado por él esa mañana. No, porque conocía a Ranma y él jamás se reportaría enfermo de gripe cuando estaban muy cerca de llegar a alguna parte en ese caso. Algo estaba tratando de ocultar su ex prometido y no quería ser autorreferente, pero, ¿si se estaba ocultando de ella por lo que había sucedido el viernes?, después de todo no contestaba a sus llamados y tampoco los mensajes que le había enviado. ¿Podía ser que él estuviera tan molesto por lo que había dicho Kasumi al punto de empecinarse en alejarla como fuera de su lado? Enfocó su vista en la ventana, afuera estaba nublado y la ventisca a ratos se tornaba bastante intensa; recordó que habían anunciado una fuerte tormenta para el día siguiente y desde ya habían comenzado a alertar a la población para que se quedaran en sus casas durante el paso del temporal, y ella se preguntó si la tormenta que anunciaba el departamento de meteorología sería tan intensa como su propia tormenta de emociones; sin pensarlo tomó el dragón rojo desde la superficie del escritorio y le sonrió con pesadumbre, como si el objeto pudiera entender exactamente lo que pasaba por su mente en ese preciso instante, luego lo dejó a un lado y comenzó a teclear en un documento en blanco. Estaba a punto de tomar una drástica decisión para darle un punto final a todo ese asunto, porque quizá nunca debió insistir en trabajar colaborando en ese caso, aunque sentía que aún estaba a tiempo de enmendar ese error. Con gran concentración y casi sin detenerse tecleaba en el documento de Word, sin sospechar siquiera que, a unas cuadras de allí, su ex prometido se encontraba ingresando al bar de su amigo Musashi para encontrarse con quien había insistido en conversar sobre su pasado.
El día siguiente llegó en un abrir y cerrar de ojos para la joven de cabellos azulados. Se levantó un poco más tarde de lo normal y con un talante melancólico bajó a desayunar. Hacía mucho frío esa mañana y ya comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia sobre la ciudad. Dejó su bolso ya preparado cerca del recibidor, luego se acercó a la mesa en donde se encontraban su padre y su hermana mayor, y se sentó saludándolos a ambos; su hermana comenzó a servirle de inmediato el desayuno y ella enfocó despreocupadamente la vista en el televisor que permanecía encendido. Decían que el temporal sería bastante intenso, pero que se esperaba que durante la tarde/noche de aquel día se desatara con mayor fuerza, por lo que la recomendación para la población era clara y categórica: se le pedía a la ciudadanía evitar salir de sus casas si no era estrictamente necesario hacerlo.
-¿Te quedarás hoy en casa, Akane? –cuestionó su hermana captando su atención.
-Tengo que ir a la universidad a ver un asunto y luego pasar por la oficina.
-¿Están contentos en la policía con tu desempeño, Akane? –preguntó su padre sin dejar de ver el periódico.
-Tan contentos que no pueden esperar a que me vaya –pensó la chica sin expresarlo. Luego de tomar un sorbo de su té, decidió contestarle a su progenitor-. Supongo que sí, no podré saberlo hasta que me den mi informe final.
-Akane siempre ha sido una chica aplicada, seguro están muy contentos con su trabajo –comentó Kasumi.
Su padre asintió en silencio y observó por sobre el periódico a su hija menor. Se notaba cansada y un poco triste, pero no dijo nada porque seguramente eran impresiones suyas. Desde que Akane había conseguido ese cupo en el departamento de policía para realizar su especialidad, había cambiado su estado de ánimo drásticamente. Era como si de pronto hubiera vuelto a ser esa chica de dieciséis años, llena de vitalidad y energía que él recordaba… hasta hacía unos cuantos días atrás. No quería imaginar que algo le hubiera pasado en su nueva ocupación porque ella siempre decía que todos eran muy amables y que la protegían mucho, pero quizás el estar en contacto con posibles delincuentes y escabrosas historias de las que se hacían cargo en el departamento de criminalística de la policía le estaba pasando la cuenta. El señor Tendo frunció el ceño, quizá no había sido una buena idea la de Akane al pedir especializarse en criminalística, pero conocía a su hija menor y sabía que mientras más razones le dabas para no hacer algo, ella más insistía en hacerlo hasta que lo lograba.
Minutos después la vio ponerse en pie y despedirse de él y de Kasumi con la cordialidad de siempre, desapareciendo por el corredor que daba a la puerta de salida. Seguramente eran sólo suposiciones de un padre aprensivo, nada de qué preocuparse. Siguió leyendo el periódico en compañía de su hija mayor.
Entretanto, Akane se dirigió a paso lento a la parada de autobuses para abordar el transporte que la acercaba a la universidad. Acomodó su chaqueta para abrigarse mejor y en un acto reflejo llevó su mano a la mochila que cargaba a la espalda para cerciorarse de haber guardado su paraguas en el interior. Cuando llegó al paradero se sentó y acomodó su bolso sobre sus piernas, enfocó la vista en él y no pudo evitar exhalar un suspiro, porque dentro iban a resguardo algunos de los documentos que le quería entregar a su ex prometido ya que los demás debía imprimirlos en la oficina una vez terminara de revisarlos. Desde el viernes hasta esa mañana le parecía haber quedado atrapada dentro de una bola de nieve que cada vez se iba haciendo más y más grande; la sensación de no estar segura de nada y desconfiar de todos era muy desagradable, porque durante esos días se había enterado de que algunos de los chicos que ella llamaba "amigos" estaban involucrados en sucios y truculentos negocios que iban contra toda norma social y moral. El amable Barnat que siempre estaba atento a sus requerimientos y solícito a ayudarle había resultado ser un tipo muy astuto, implicado en algo tan escabroso como la fabricación, venta y consumo de drogas. Ya no tenía dudas porque había hecho averiguaciones y había sabido cómo preguntar para enterarse de la verdad sin delatarse: su otro amigo Sota se había explayado luego de haberle sonsacado algunas cosas. Por él se había enterado de que Barnat, antes de llegar como estudiante de intercambio a Japón, había cursado en su país tres semestres de una carrera relacionada con la química o algo así, en una universidad de la cual había sido expulsado porque lo habían descubierto colaborando con un grupo que fabricaba droga sintética para surtir a narcotraficantes que se dedicaban a distribuirla por el resto del continente europeo y también a Oceanía. Su padre, un conocido, adinerado y respetado abogado que además había incursionado en la política de su nación, había conseguido borrar esa mancha oscura del expediente de su hijo mediante sobornos y había logrado que el incidente quedara olvidado en su país, transformándolo en un simple cambio de universidad y de carrera por propia voluntad de un estudiante que había descubierto que la carrera que había comenzado a cursar no le interesaba tanto y había optado por el cambio. Todo había quedado en nada y ese era el secreto mejor guardado de Barnat, pero en una noche de juerga no se había medido y se lo había contado a Sota, quien, dicho sea de paso, admiraba enormemente a su amigo extranjero.
Con esa información no fue difícil para Akane deducir que quizás el joven que a ella le parecía tan agradable y comedido, quizás estuviera realizando algo parecido en Japón; contaba con los conocimientos por haber estudiado y además colaborado en su país en la elaboración de droga sintética, y sabía cómo ganarse la confianza de las personas porque no podía negar que el muchacho era encantador, así que habló con otras personas conocidas de ambos hasta que una de ellas reconoció que durante una fiesta, el joven extranjero le había ofrecido algo con lo que podría pasarlo mejor; "éxtasis –había dicho la muchacha-, o MDEA. Dijo que podía regalarme un par de comprimidos y que, si me agradaba, podía contactarlo y él sabría cómo proveerme de más". La chica había negado su consumo, aunque no el haber aceptado ese primer regalo, por lo que Akane no preguntó más y fingió que la creía. No era extraño que ese tipo de drogas circularan por ambientes en donde abundaban los jóvenes, pero como ella nunca había visto nada, había dado por hecho que todos sus amigos y conocidos se mantenían alejados de ese mundo al igual que ella lo hacía.
"Ingenua", se repitió más de una vez durante ese fin de semana, torpe e insensata ingenuidad por confiar ciegamente en todos sus conocidos.
Subió al autobús cuando éste se detuvo frente a la parada y se sentó en un asiento al lado de la ventana para observar hacia el exterior, sin observar nada en realidad, porque a su mente vino rápidamente otro asunto. El día anterior y valiéndose del acceso a la red de la policía había dado con una página de internet perteneciente a un periódico de circulación local de alguna ciudad alemana. El artículo era bastante breve porque al parecer el periódico no le había dado demasiada importancia a la noticia o bien, ya no llamaba la atención de sus lectores, pero… hablaba del asesinato de siete mujeres, todas nativas de Alemania y que compartían características muy especiales y específicas: eran menores de veintitrés años, todas con cabellos cobrizos y ojos verdes, todas habían muerto por desangramiento al realizar cortes con un arma corto punzante en brazos, piernas y cuello… todas vírgenes y encontradas en distintas localidades de la ciudad vestidas únicamente con una túnica blanca. El escueto reportaje estaba fechado hacía cuatro años atrás y concluía diciendo que lamentablemente la policía no había dado con ningún sospechoso por el asesinato de las siete víctimas, que los crímenes se habían producido continuamente en un lapso poco menor a los tres meses, pero que habían pasado siete meses desde que se había encontrado el último cuerpo desangrado y el asesino no había vuelto a atacar, por lo que, quien había escrito la nota, suponía que los crímenes habían cesado por alguna razón inexplicable.
Akane suspiró y cerró los ojos por un momento. Tenía el presentimiento de que esa nota podía darles algún indicio sobre el asesino que estaba atacando a chicas en Tokio; suponía que si la policía de Tokio solicitaba información a sus pares de aquella localidad alemana, podían descubrir algo que quizás ayudara a dilucidar el misterio, porque eran demasiadas coincidencias en la forma de ejecutar los crímenes del asesino que había actuado en Alemania con el que lo estaba haciendo en Japón, y, además, el número siete podía tener algún significado para el asesino; prácticamente en todo el mundo el número siete tenía un significado cabalístico o místico, y si así era, quedaban sólo cuatro asesinatos para que el psicópata cumpliera con su ritual. En Japón habían asesinado a tres chicas hasta el momento y a una cuarta la habían dejado libre por no cumplir con los requisitos que su verdugo exigía en sus víctimas, entonces, si el caso alemán tenía similitudes con el caso japonés, ¿quería decir que el asesino atacaría en cuatro oportunidades más?
Mordió su labio inferior, estaba casi segura de que ese escueto reportaje en el periódico extranjero daría algún indicio para, con un poco de suerte, seguir la pista del asesino, pero no sabía si ella estaría presente al momento de descubrir la verdad, porque cada vez estaba más convencida de que si permanecía colaborando en la investigación, probablemente aprobarían su especialidad y conseguiría su objetivo final, pero el costo personal sería muy elevado. Ya había sufrido una vez por causa de su ex prometido y no quería volver a hacerlo si podía evitarlo, así que, si él quería que lo dejara en paz para enfocarse única y exclusivamente en resolver ese caso, ella lo haría. Tal y como él había dicho, olvidaría todo lo que había sucedido esa tarde en su habitación y se alejaría, porque quizá nunca debió hipotecar su estabilidad emocional por conseguir el objetivo de aprobar una especialidad que bien pudo haber obtenido de otra forma, pero ahora ya nada podía hacer para dar pie atrás, sólo quedaba abandonar y volver a empezar en otro lado… lejos de él.
A las cuatro de la tarde de aquel martes, la lluvia ya se hacía presente con mediana intensidad sobre la ciudad. Ella había llegado a medio día a la oficina de la policía y había comenzado a trabajar en su último informe, sin embargo, no había logrado ver ni a Ranma ni a Hansuke por la oficina, era como si se los hubiera tragado la tierra, aunque… el señor Tanaka tampoco se había aparecido por ese lugar. Suspiró y enfocó sus ojos en el legajo de documentos que había impreso hacía poco y que ahora sostenía en sus manos. Sus ojos se desviaron a la ventana donde las gotas de lluvia habían empezado a descender por el vidrio y luego se fijó en el dragón rojo. Frunció el ceño y se puso de pie; en un par de segundos ya había tomado una resolución, por lo que, previsoramente, guardó todos los papeles que tenía sobre el escritorio en una gruesa funda de plástico y luego los introdujo en su mochila; sabía que su bolso era a prueba de agua y que su laptop además se encontraba protegida por una funda impermeable, pero bien valía tomar resguardo con la lluvia que caía afuera de ese edificio. Así, cubierta con una chaqueta abrigadora para el frío, pero no apta para repeler la lluvia, un paraguas rojo y su mochila a la espalda, abandonó el edificio de la policía con dirección al bar del señor Nakamura. Si sus compañeros no querían decirle qué estaba pasando y la estaban evitando, entonces quizás el amable dueño del bar le diera alguna pista de dónde podía encontrar a su esquivo ex prometido para ponerlo en conocimiento de su resolución.
Cuando llegó al bar del amable expolicía pudo apreciar que el lugar se encontraba prácticamente vacío. Sacudió su paraguas para quitar el exceso de agua y lo dejó apoyado a un lado de la puerta; ingresó y se dirigió directo a la barra en donde el dueño se encontraba concentrado leyendo unos papales que parecían facturas.
-Hola, señor Nakamura –saludó Akane amablemente.
El hombre alzó la vista y no pudo evitar mostrarse sorprendido por la aparición de ella en ese lugar, sola y al parecer sin importarle el clima tormentoso que tenía a media ciudad paralizada.
-Hola, Akane –saludó cortésmente-, ¿qué haces aquí con este clima de los mil demonios?
-Vine a hablar con usted –contestó sentándose frente a él-, quiero pedirle ayuda.
-¿Referente a qué?
-No puedo darle demasiados detalles, pero, me gustaría saber si usted sabe dónde puedo ubicar a Ranma.
-¿A Ranma?
La chica pensó que debía ser más específica, así que se decidió a darle un poco más de información para conseguir la ayuda que necesitaba.
-Verá, no sé si sabe que él tuvo una pelea con otro policía el viernes por la tarde.
-Lo sé –indicó el hombre.
-Esa tarde, cuando se produjo el incidente, nosotros estábamos… conversando –dijo esquivando la mirada de su interlocutor.
-Discutiendo –intuyó él, ganándose una mirada sorprendida por parte de la chica que le hizo sonreír.
-Bien, discutiendo –reconoció-. No le diré por qué, pero, desde esa tarde no he podido verlo y tampoco contesta mis llamados o mensajes y yo… necesito hablar con él.
-¿Qué hay de risitas?
-¿Hansuke? –vio que el hombre asentía-. Ayer en la mañana, Hansuke me dijo que Ranma se había reportado enfermo por una gripe, pero eso no justifica el que no conteste su teléfono.
-Enfermo, ¿eh?
-Sí –confirmó la chica-. Hoy no he visto a Hansuke en todo el día y tampoco al señor Tanaka, y sería muy embarazoso para mí preguntarle directamente al señor Satō, por eso pensé en usted y vine con la esperanza de que…
-Definitivamente ese idiota es más idiota de lo que pensé –le interrumpió el hombre cruzándose de brazos-. Te diré la verdad –continuó, ganándose toda la atención de la chica-, al idiota lo suspendieron de sus funciones el viernes en la tarde por cinco días. Satō lo hubiera hecho sólo por tres al igual que lo hizo con Ishida, pero Ranma le reclamó a su superior y él terminó extendiéndole el castigo, por eso no puede venir al trabajo.
-Y le dijo a Hansuke que me mintiera –complementó Akane enfocando su mirada en la barra.
-Hay más –dijo el expolicía. Ella levantó de inmediato su vista-. Ayer en la tarde vino al bar porque tenía que juntarse con unas personas. No sé quiénes eran o de qué hablaron, aunque lo vi conversar sólo con una mujer, pero luego, se les acercó un hombre y… -el dueño del bar hizo una pausa y movió su cabeza en negación-. No sé qué paso o qué se dijeron, pero, por lo que pude ver, el joven no hizo otra cosa que acercarse y ya tenía a Ranma encima. Tuve que hacer un esfuerzo para lograr que lo soltara y con ayuda de uno de mis clientes, conseguimos calmarlo. El tipo recibió una buena golpiza, pero ni siquiera protestó y tampoco manifestó la intención de ir a quejarse con la jefatura de Ranma, pero… el que se haya visto envuelto en dos peleas consecutivas en un lapso de cuatro días no es muy bien visto, sobre todo si la última pelea la sostuvo en un lugar público y con un civil que ni siquiera pasa por un delincuente.
-¿Quiere decir que pueden volver a sancionarlo?
-Si el sujeto que recibió los golpes se queja a sus superiores, sí, pero al parecer no lo ha hecho porque yo ya lo sabría. Acá pasa lleno de policías y no son nada discretos, las noticias vuelan –el hombre guardó silencio y luego volvió a hablar-. Me preocupa el muchacho. Es un buen policía y sé que Satō, a pesar de ser un déspota, lo tiene en alta estima, pero si sigue comportándose impulsivamente y no controla su temperamento… se meterá en problemas.
-¿Y esas personas?
-Ambos se fueron apenas controlamos a Ranma. Casi corrieron de aquí, asustados por la reacción de él.
-Necesito hablar con él –indicó Akane luego de un momento de silencio-. Necesito decirle algo importante que quizá le ayude a volver a ser el policía que usted conoce.
-¿Qué yo conozco? –rio el hombre-. Ranma siempre ha sido así de temperamental, lo que pasa es que ahora se le han acumulado demasiadas cosas que lo tienen casi sobrepasado.
-Entre ellas mi aparición de improviso en su vida –murmuró la chica.
-¿Qué pretendes hacer?
-Dejarlo en paz –contestó suavemente-. Es lo que me pidió y es lo que haré.
-Pretendes dejar la investigación –comentó su interlocutor. Ella asintió en silencio-. No sé si sea lo mejor para él en estos momentos.
-Buscarán a otro psicólogo que pueda ayudarles –dijo encogiéndose de hombros.
-No lo digo por eso.
-¿Sabe dónde puedo ubicarlo? –preguntó haciendo caso omiso al último comentario.
-Se enojará mucho –contestó el dueño del bar mirando fijamente a la compungida chica que tenía enfrente-. Probablemente arme un escándalo cuando venga a verme, pero… creo que vale la pena –guardó silencio mientras anotaba algo en un trozo de papel que luego le entregó a Akane-. Es su dirección, no está lejos de acá si vas en el metro, aunque con este clima te recomiendo que te movilices en un taxi.
-Gracias –dijo ella observando el trozo de papel en sus manos. No conocía el lugar, pero creía saber cómo llegar porque sí conocía la estación de metro que quedaba más próxima a la dirección que el amable señor había garabateado en el papel.
-¿Quieres que llame a mi amigo taxista para que te lleve?
-No es necesario, iré en metro –informó al tiempo que se ponía en pie-. Muchas gracias, señor Nakamura.
-Pero Akane, llueve muy fuerte.
-Estaré bien, no se preocupe –dijo despidiéndose con un gesto de su mano.
El hombre sólo la observó avanzar de forma decidida, tomar su paraguas y desaparecer tras la puerta de su bar. ¿Había hecho lo correcto al darle la dirección de Ranma a la chica?, por el bien de ambos esperaba que sí. Exhalando un suspiro volvió a concentrarse en la revisión de sus facturas.
Veinte minutos después de haber tomado la decisión de ingresar al bar y de haber hablado con el dueño, la chica de cabellera azulada caminaba bajo la inclemente lluvia con dirección a la estación de metro más próxima, porque ahora sí se sentía preocupada y tenía que averiguar qué pasaba con su ex prometido.
Ya que él no quería contestar y al parecer se le estaba haciendo un hábito agarrarse a golpes con quien lo desafiara, quería averiguar el por qué y, además, comunicarle personalmente su decisión. Cierto que debía hablar con el señor Satō o quizá con el señor Tanaka, pero muy en el fondo de su corazón quería enrostrarle a él antes que a nadie todo el trabajo que había realizado durante ese fin de semana y, además, comunicarle las verdaderas razones por las cuales había tomado su resolución. Así que, apresuradamente caminó hacia la estación de metro, convencida de que esta vez haría las cosas bien, sin sospechar que, en otra parte de la ciudad, a esa misma hora de la tarde se desarrollaba una escena que tenía como objetivo cambiar drásticamente el rumbo de los crímenes que se habían estado cometiendo hasta ese momento.
Sí, porque en ese preciso momento, dentro de una temperada pero lúgubre habitación de una casa de dos pisos en un barrio acomodado y residencial, dos hombres charlaban tranquilamente sentados en dos cómodos sillones, mientras de fondo se escuchaba una peculiar melodía interpretada por un virtuoso violinista.
Y es que, al parecer, el dueño de esa casa disfrutaba de la muchas veces llamada música docta. Eso le parecía a su acompañante, porque cada vez que él lo citaba para conversar sobre sus asuntos, el hombre se encontraba escuchando alguna melodía de ese género musical. Sonrió cuando finalmente pudo distinguir entre las armonías que lo que estaban escuchando se trataba de una de las obras más famosas del violinista y compositor italiano Niccolò Paganini: el violinista del diablo, como era conocido popularmente el músico.
-¿Veinticuatro caprichos para violín? –preguntó con su voz profunda, indicando hacia el reproductor. Vio que su interlocutor asentía y luego se llevaba una copa a los labios bebiendo apenas un sorbo del líquido que contenía en su interior.
-Debemos actuar –le escuchó decir con la voz cascada al tiempo que enfocaba su penetrante mirada en el rostro de su acompañante-. Y esta vez no quiero errores.
-La chica nunca sale sola y cuando lo hace, sólo se desplaza por lugares concurridos y repletos de cámaras. Será difícil atraparla porque tampoco es asidua a salir de noche.
-Entonces, tendremos que variar un poco la forma de abordarla.
-¿Cómo?
-Fácil –contestó dejando su copa en una mesilla que se encontraba a su lado derecho-. La abordarás en su casa, de ser posible dentro de su propia habitación.
-¡Pero eso es demasiado riesgoso! –se alteró.
-No para ti –le contradijo-. Además, sé que no cuentan con ningún sistema de seguridad. Es una familia chapada a la antigua que confía plenamente en la protección que puede brindarles su vieja y querida casona… no hay cámaras de seguridad que puedan delatarte, así que…
Lo vio sopesar las palabras que recién había dicho y luego asintió con un solo movimiento de cabeza.
-Bueno, pero ¿qué pasa si mi incursión no sale bien esta vez?
-Tienes prohibido equivocarte –indicó tamborileando con sus dedos sobre el brazo del sillón en el que se encontraba sentado-. La última vez capturaste a la chica equivocada y tuvimos que dejarla ir por culpa de tu negligencia.
-No podía saber que se tinturaba, parecía su cabello natural. Y lo otro…
-De lo otro me encargo yo, lo sé, y reconozco que fue mi error.
-¿Cuándo será?
-Cuando pase esta maldita tormenta que nos tiene estancados. Ya nos hemos retrasado en los planes porque tuvimos que dejar ir a nuestra última presa, no podemos retrasarnos más.
Los dos hombres guardaron silencio y permanecieron por un rato escuchando la melodía musical, la cual era acompañada por el sonido de la inclemente lluvia que caía en el exterior.
-Me preocupa el otro asunto. Estoy seguro de que ese policía sospecha algo, porque no es casualidad que se haya encontrado en ese callejón el día de la entrega, haciendo que todos hayan tenido que huir del lugar.
-Por eso tenemos que darnos prisa para completar nuestro juego y luego, desaparecer de aquí sin dejar rastro. No podrán seguirnos y mucho menos culparnos, porque cuando ese policía descubra lo que realmente está sucediendo bajo sus narices… será demasiado tarde y el pobre no podrá hacer nada. Lo venceremos.
-Te regocijas –dijo frunciendo el ceño-. Nunca te vi disfrutar tanto de este juego.
-Eso es porque ahora tengo una motivación especial –sonrió-. Así que más te vale cumplir exactamente con lo que hemos acordado, de lo contrario sabes muy bien cuáles serán las consecuencias… y quiénes las pagarán.
-Lo sé –dijo poniéndose en pie-. Pierde cuidado. Apenas pase esta tormenta traeré a la chica –terminó de decir avanzando pesadamente hacia la puerta.
-Ni siquiera probaste tu bebida.
-No me gusta ese licor que siempre bebes, lo sabes –dijo abriendo la puerta para salir de aquella habitación.
-Lo sé –dijo el hombre cuando quedó solo en ese cuarto-. Cómo también sé que no te gusta participar en mi juego, pero… no tienes otra opción. Pronto acabará –continuó, acomodándose en el sillón al tiempo que cerraba los ojos-. Te prometo que pronto acabará y tal vez, serás libre.
Los furiosos acordes de la melodía en violín seguían escuchándose de fondo, mientras la tormenta no daba tregua en el exterior. En la habitación, un hombre sonreía anticipándose a lo que vendría, porque pronto podría volver a sentirse tranquilo y feliz; cuando su cómplice le trajera a la chica, experimentaría esa placentera sensación una vez más, porque tendría esa joven vida en sus manos y nuevamente se convertiría en juez para sentenciar su muerte, y luego, al volverse verdugo… disfrutaría enormemente al matarla.
Notas finales:
1.- Hola, tuve la intención de sacar este capítulo antes, pero tiempo es lo que siempre me falta. Como dispensa prometo actualizar antes de que acabe este mes porque nuevamente tuve que dividir este capítulo en dos debido a su extensión, así que al siguiente le falta poco para estar completo.
2.- No me extenderé demasiado esta vez y sólo me queda agradecer como siempre a todas esas personas que ocupan parte de su tiempo en leer y comentar los capítulos que subo. Muchísimas gracias a: Kurobinaa, Darkarinita, Benani0125, luceritoorozco07, Bealtr, mcrisvz, Hikari (Muchas gracias por tus palabras, se agradece mucho el que sigas esta historia y ya veremos si se responderán tus inquietudes en los próximos capítulos. Saludos) y Lily Tendo89. Muchísimas gracias por sus comentarios.
Será hasta aquí por ahora y nos encontramos en una próxima actualización.
Saludos.
Madame…
