Fue una dura semana.

Luffy no podía negar que necesitaba pisar tierra, salir de aquel lugar… algo. Y lo único que tenía era su imaginación, su rincón favorito y la carne asada de Sanji. No era la perspectiva más halagüeña, pero si la única con la que se podía conformar. Repasando la emana mentalmente, tras aquellas breve charla con Nami, la interrupción de sus nakamas fue algo feliz, ya que habían terminado dos prótesis perfectas para ella: una pierna resistente de fácil manipulación y con el diseño a su pierna anterior, para que usara esos zapatos que tanto le gustaban. Incluso le pusieron forma para que, si quisiera pintar las uñas, lo hiciera, como un detalle gracioso. Pero el brazo era diez veces mejor, al combinar los elementos biónicos con la ciencia del clima tact. Si, tenía la tosca apariencia del clima tact a diferencia de la pierna. Pero en cuanto la conectaran a ella y comprobaran que estaba todo correcto y controlable, le pondrían la piel y nadie sabría que era una prótesis.

Al principio, Nami se negó. No quería aceptar algo que luego no podía mantener. Insistió en como no podría costear su mantenimiento, que ella no se iba a quedar y un montón de excusas baratas más, hasta que hicieron un trueque el cual solo molestó a todos. Su cambio de actitud todavía era algo nuevo, a lo que hacía un contraste demasiado alto y no sabían como gestionar hasta que daban con la tecla.

En la enfermería, tras mucho estudiar, finalmente le colocaron las prótesis.

Estuvo en cama dos días. Pues aun no terminaba de acostumbrarse a interactuar, aunque se escuchara que ella se sentía bien. Todos podían ver como no podía con sus propias emociones y rompía a llorar. Hasta que dio sus primeros pasos, que evolucionaron rápidamente a paseos, recuperando su confianza y valor que antes eran inusual timidez. Luffy la podía ver casi incluso cantar con cada paseo tan animada que contagiaba a Robin y Chopper, quienes nunca la dejaron sola y casi hacían de muro entre ella y el chico. No comprendían porque, en más de una ocasión los habían visto discutir a Robin y a él, pero Nami estaba tan ocupada que no se percataba. Debía practicar y hacer tanta rehabilitación en una rutina tan estricta que se había visto inmersa en la rutina de un sombrero de paja: rehabilitación, comer, descanso, baño, curas y sesiones de navegación.

Regresando de forma silenciosa a ser una Strawhat.

Algo que en cierto modo Luffy agradecía. Él cumplió su palabra al no intercambiar ninguna palabra con ella, pero tenía mejor vistazo de todos sus progresos e interacciones, y aprovechaba cualquier oportunidad, como entrenar con Zoro, jugar con sus nakamas… todas aquellas pantallas que usaba para camuflar sus verdaderas intenciones. No perdía detalle de todos los avances de Nami, en como incluso iba a darse un baño con Robin. ¡Ahora podía lanzar rayos con la palma de su mano! Cada vez que la veía progresar, sentía ese orgullo difícil de verbalizar pero fácil de demostrar.

Solo había prometido no hablar, por lo que podía dejarle sus galletas y comidas favoritas, las mejores sillas y herramientas para poder terminar de forma perfecta su rehabilitación… a pesar de no recibir más que su silencio a cambio.

Suspiró, no queriendo llenarse de lo negativo de su situación. Quería quedarse con aquella sonrisa cuando lograba controlar las lluvias que ella misma desataba, como esa bruja del tiempo con el que tanto le insultaba Zoro. Por cada tormenta, le acercaba una de sus queridas mandarinas sin que ella se diera cuenta.

Aunque había notado que cada vez se veía más agotada. Era imposible no fijarse en como cada vez pedía sentarse más, rechazaba comer y beber ciertas cosas que antes no tardaba en devorar y amanecía más tarde. Cada vez, ciertos movimientos eran más lentos, pero ella no dejaba de repetir que todo estaba bien.

Luffy podía ver claramente que no.

Solo por ello, en la noche, decidió hacer algo un poco arriesgado. Después de ella se fuera a descansar, Luffy se excusó y la siguió con cuidado hasta la habitación de las chicas. Vio como ella se cambiaba y era la primera vez que notaba como la piel cercana se veía roja y algo hinchada. Pero ella le restaba importancia con tal de descansar cuanto antes en la cama compartida, solamente con un camisón. Quería replicarle, pedir explicaciones, pero ya estaba descansando.

Con cierto sigilo, se acercó hasta llegar al lado de su cama. Acarició sus despeinados bucles naranjas y suspiró, con una muy boba sonrisa. A pesar de todo, siempre se veía tan guapa que era incapaz de no girarse a verla. De la misma forma que, cada vez, le costaba más reprimir aquellas palabras.

¿Qué podía cambiar si las decía?

Todo.

Y quizás era algo que ambos necesitaban.

"Nami… te…"

De pronto, de forma inconsciente, ella lo abrazó y lo hizo recostarse a su lado. Sonrojado a niveles inimaginables, intentó despegarse, pero escucharla murmurar en sueños, notar su calor, verla sonrojada y, que, por fin, estuvieran piel con piel en un abrazo que añoró por tanto tiempo, hizo que solo la abrazara más. Se notaba que no estaba bien, pero se acurrucó, le susurró aquellas dos palabras que no se atrevía a gritar y se durmió a su lado.

Al poco tiempo, llegó Robin y la hizo dormir con ellos, quien se sumó con una de sus sonrisas tan características. No fue la única, estando casi todos compartiendo habitación y descansando, hasta que Zoro los despertó a todos aun a altas horas de la noche. Si, Nami lo estaba abrazando finalmente, pero entre la llegada del espadachín y ver como Nami no dejaba de sudar y estar más pálida por momentos, hizo que saltaran todas las alarmas.

A pesar de escuchar quejas, Luffy la cargó hasta la enfermería, donde tanto Chopper como Franky estaban revisando cada aspecto. Usopp también entró, solo después de asegurarse de que todos estaban fuera. Robin puso la oreja y les contó a todos las actualizaciones y todo lo que iban a hacerle a Nami para que se recuperara. Al parecer, se había forzado demasiado sin tomar todas las medicinas y, sobre todo, alimentarse bien. Franky le recordó que por lo menos debía beber tres colas al día, ya que los ataques con el clima tact necesitaban no solo de la ciencia de Usopp, también su energía. Por lo que, debía estar por un tiempo sin esas prótesis y cuidarse antes de reanudar. Ella quiso retroceder, pero ninguno de las tres la dejó. Solo entonces ella pidió que ese chico entrara, ya que debían hablar de esa nueva situación. Los tres accedieron y salieron de la sala.

Robin retiró la oreja y simplemente empujó al chico para que entrara. El resto se iba a retirar, cuando Sanji habló en voz alta para que todos pudieran escucharlo alto y claro. Se veía el más molesto de todos y era algo que Luffy podía adivinar por qué.

"Define ya que es lo que sientes por Nami-swan, capitán"

Su voz seria hizo que más de uno los mirara, sorprendidos. No por el atrevimiento del cocinero, más bien por la reacción de su capitán. Luffy se veía sorprendido, pero sobre todo molesto. Nadie había dicho la razón en voz alta, pero el capitán pudo comprobar que más de uno sabía del verdadero motivo por el que todos se encontraban reunidos en aquella puerta.

"Ella es mi navegante" insistió con la misma voz seria "ella siempre será nuestra navegante. Nuestra hermana, nakama, nada más. Necesita nuestra ayuda, y se la vamos a dar. Si su intención es luego marcharse, si es lo que de verdad quiere… la dejáramos marchar. No sin antes recordarle que siempre será una Strawhat."

Todos asintieron antes de marcharse. En esa simpe soledad, si que pudo suspirar y llevarse las manos a la cabeza. No era lo que realmente quería y deseaba, pero Luffy no iba a romper con su filosofía por cumplir un capricho. No los iba a condenar a todos porque sí que quería obligar a Nami a que se quedar a su lado y que…

Nada.

Simplemente no lo haría.

Miró por un momento la puerta antes de marcharse. No iba a negar que tenía celos de ver cómo, nuevamente, esa puerta se quedaba cerrada con ellos dos dentro. No sabía si Nami dormía, si estaban hablando, o algo peor… Sacudió la cabeza con fuerza, queriendo evitar que aquellos negativos e intrusivos pensamientos lo atacaran una vez más.

Molesto consigo mismo, se retiró a su habitación, donde intentó descansar sin éxito. Ahora su querida cama se sentía fría e incómoda. Al haber experimentado por un breve pero precioso momento entre los brazos de Nami, comprendió que siempre quería dormir ahí. Había sentido el calor, su respiración, el aroma cítrico… tal en contraste a ese lugar que ya no podía descansar. Pero, por mucho que quisiera descansar con ella, sabía que no podía. Debía reprimir todo ese mar en un vaso y regresar a ese capitán que se hace el idiota.

Simplemente debía ser Luffy otra vez; ese capitán bonachón con gran sonrisa incapaz de dejar que ocurrieran las injusticias. Quien quería que todos fueran libres. Nada más. Nadie más.

Solo eso. Se debía reducir a solamente eso.

A la mañana siguiente, aun somnoliento se dirigió a desayunar cuando notó el pesado ambiente que había en el comedor. Aquel chico se había adelantado a él y solamente estaba tomando un café con tostadas, a lo que podía notar como todos ya habían escuchado algo previo a él y no estaban para nada de acuerdo. Queriendo aliviar la presión del momento, Luffy entró con una gran sonrisa y robando algunas comidas, hasta que se dio cuenta de que no era el momento.

"Es lo que Nami quiere" sentenció el chico, antes de dejar la taza y levantarse. "En cuanto lleguemos a la nueva isla, nos separaremos. Muchas gracias por todo el cariño y los favores que le habéis hecho, de verdad, pero es hora de que ella siga el camino que ha escogido"

Aquellas palabras hicieron que, por primera vez, se le quitara el apetito. No pudo reprimir un golpe seco a la mesa y captar la atención de todos.

"No es lo mejor para ella"

"¿Y lo mejor es estar con esa persona que la hizo llorar y rompió sin importar nada?"

"¡Nami no está rota!"

"¡Su accidente fue tu culpa!"

"¡No habló de su brazo!"

Antes de que el ambiente terminara por calentarse del todo, Robin los separó con la ayuda de su fruta del diablo. Extendió brazos entre ellos, empujó al capitán a fuera de la sala con cierta dificultad mientras dejaba sentado al joven, quien no dejaba de vociferar improperios al aire.

Fuera, Luffy le restó importancia a quedarse sin comer. Pateo la puerta antes de pensar a donde ir. Sin dedicarle más de tres minutos, terminó por regresar a su sitio favorito, esperando que alguien le acercara algo para comer mientras intentaba calmar el impulso de matar a aquel chico a golpes, dejando su estúpido rostro tan irreconocible que sería un simple no-name.

De pronto, notó el olor de rica comida cerca de él. Sin mirar mucho alargó el brazo y cogió un abundante plato de sus comidas favoritas. Mientras iba hincando el diente a cada platillo, se fijó en quien la había traído. Era Robin, con esa sonrisa suya, deseando sentarse a su lado. Luffy asintió de forma silenciosa, a lo que la arqueóloga se hizo un espacio y se sentó con sumo cuidado. Se notaba no era su sitio y que le costaba acomodarse.

"Haremos una pequeña celebración está noche, para animarla"

Con esa noticia, a Luffy se le iluminó el día. Sabía que Nami adoraba los bailes y el alcohol. Estaba con medicación pero sabía que no habría poder que evitará que por lo menos tomara una jarra de cualquier mezcla que le sirviera Sanji al lado de Zoro.

Como antes.

Al fijarse en la serena expresión de Robin, se dio cuenta de que aún no podía sonreír con esa explicación. Había más noticias y del tipo que no le gustaban. No tuvo otra que pedirle que las dijera, por mucho que le dolieran.

Y a medida que las escuchaba, algo dentro se rompía. Sabía que no le debía extrañar escuchar esas nuevas. Eran algo muy imaginable al ver la química y el valor de ese chico por ella. De encararse a él que, alguien que de un simple manotazo lo podía dejar en cuidados intensivos por largos periodos de tiempo. Pero no. A ese chico no le importaba eso, quería luchar por ella.

Demostrar que si era alguien digno de ella.

A diferencia de él. Alguien capaz de admitir sus sentimientos sin miedos o complejos.

Luffy mordió su labio inferior. Sabía que era lo que estaba diciendo de forma indirecta. Y eso no era lo que él quería. Miró por un momento a Robin, quien tenía aquella sonrisa de que podía confiar, diciendo sin palabras que era lo que tenía que hacer si de verdad quería recuperar a su navegante, pero Luffy miró a otro lado.

"Si no puedes hacerlo, no la mereces"

Con aquellas contundentes palabras, Robin lo dejó nuevamente solo, dejando únicamente un remanente de fuerte perfume de flores. Aquello hirió su orgullo, pero sabía que no tenía derecho a réplica. No quería admitir nada de lo que sentía, no quería hablar de nada de aquel por lo que ya no podía descansar y, mucho menos, quería ser el causante de las lágrimas de Nami. Se imaginaba que, si llegaba a hacer las paces y hablaba con el corazón, nada bueno iba a salir.

Había tantos recuerdos atados a una remota posibilidad, que simplemente daba miedo.

Suspiró y notó que era un buen momento para un baño con Zoro. Lo vio entrenarse, completamente sudado, con unos pantalones que suplicaban un cambio inmediato, a lo que estiró su brazo hacia él y se impulsó hasta llegar a estar frente a frente. Con una sonrisa, le dijo de ir a bañarse, a lo que el espadachín asintió. Sin dudarlo, subieron a los baños y, sin cambiar palabra, al más puro estilo de su comunicación no verbal, se habían dicho todo mientras se frotaban la espalda con jabón.

Al salir, ya era de noche, a lo que un gran banquete especial de Sanji los estaba esperando. Habían sacado la mesa extragrande, de la cual había tantos platos que Luffy sentía que se le hacía la boca agua. Aunque al poco se fijo en como todos se habían cambiado a una ropa más aseada y fina, de aquellas prendas con las que Nami los embargó en su día. No podía negar que ella tenía muy buen gusto, ya que el look de Robin y Franky combinaba a la perfección y a Sanji le sentaba muy bien los trajes con colores satinados que con cada movimiento no sabia que color le estaba quedando.

Luffy y Zoro se miraron por un momento, confirmando que estaban decentes antes de sentarse en la cabeza de la mesa.

Por primera vez en mucho tiempo, no probó bocado hasta que todos llegaran a sentarse, para sorpresa de todos. Hasta que llegó Nami. A pesar de vestir uno de sus más llamativos vestidos, chocaba con aquellas prótesis temporales de madera, las cuales tenían unas gomas negras algo toscas que ayudaban amortiguar cada paso que daba con aquellos suaves zapatos.

Y de su brazo, ese chico ayudándola con una sonrisa. Con el pie le movió la silla y una vez se sentó, sus manos terminaron por acercarla. Ambos compartieron una sonrisa antes de que él se sentará a su lado y, con él, todos le imitaron.

Luffy apretó los dientes. Ya no tenía hambre. Pero no podía hacerle un feo y perder la oportunidad de compartir mesa después de tanto tiempo. Ahí estaba ella, con su mano de carne y hueso con un vaso lleno de una burbujeante mezcla de bajo alcohol frutas, mientras que en la mano protésica una pieza de pollo rebozado con una capa de salsa de miel La ayudaba a comer. A pesar de que empezará a mancharse los labios con la salsa, se la veía esbozar una honesta sonrisa, llenando el ambiente de un agradable y suave calor.

Ese fue el pistoletazo de salida para empezar a comer. El capitán no era una persona bebedora, pero al verla tomar tanto, no pudo contenerse. La manzana con un fuerte punto de alcohol quemó su garganta. Algo que se recuperaba con kilos de la mejor carne.

A ritmo lento pero constante, la mesa se iba vaciando. Eso se debía a como, con Luffy callado por estar comiendo, todos le preguntaban por las cosas buenas que le habían ocurrido en ese breve pero doloroso tiempo lejos de ellos. Con ayuda de su acompañante, no solo contó las anécdotas más bonitas, también sus propósitos. Como quería seguir descubriendo pacíficas pero salvajes islas, llenas de fruta tan sabrosa como las anteriores y con la naturaleza indomable que fuera difícil de retratar. Ella ansiaba perderse entre las maravillas más ocultas del mundo.

Y Luffy quería ser quien la acompañará a todos esos lugares. Que ella marcará la ruta e ir sin vacilación alguna. Conocer todos los rincones del basto océano y descansar juntos en todos ellos. Le daba igual que fuera un hotel, bajo el cielo nocturno o en una cueva, siempre que estuvieran juntos. Verla crear tormentas y hacer rayos con la nueva mano protésica para ayudarlos a escapar mientras que él se estiraba y la protegía a puño limpio.

¿A su lado o juntos?

Esa capciosa pregunta tenía la respuesta más simple y bonita de todas: siempre juntos.

No habría nada que los pudiera separar.

De pronto notó como su cabeza dejaba de colgarse de la nube. Zoro llamaba su atención de una forma poco agradable, pues lo hacía salir del mejor de su burbuja se rompía irremediablemente para aterrizar en como él ya había decorado gran parte de la mesa, prácticamente vacía y todos se levantaban al son de Brook para poder bailar.

Ese chico se adelantó a cualquiera para ser la acompañante de ella. Era un ritmo alegre al que ella estaba acostumbrada, bailaba de una forma un poco más torpe que de costumbre, debido a las prótesis.

Finalmente pararon al poco, cuando Brook cambió a un tono más suave. Mientras ellos se sentaban, Robin y Franky se adueñaban de la pista. Estaban en la mitad, descalzos, bailando piel con piel. Ambos tenían los ojos cerrados y cada paso, al compás de Brook, se sentía especial.

Era su momento romántico.

El momento en el que, sin palabras, se decían todo lo que sentían sin tapujos. Con un suave susurro con aquellas melosas y honestas palabras, con una simple caricia mientras se daba ese baile…

Haciendo pública una relación que ya se sabía.

No podía negar que sentía algo de celos. Él también quería algo especial con Nami de ese nivel, pero no se estaba dando. Y era el momento de que se diera.

Buscó valor antes de dar un paso al frente. Al verse capaz, dio uno más, otro más… hasta llegar a su lado. Ella se veía confusa cuando imitó la pose de Jimbe para bailar, alzando la voz un poco más de lo que quería. Al notar como iba a decir que no, sin esperar que quisiera, la sacó a la pista.

A Nami le costó acomodar bien aquella prótesis al pisar mal, a lo que Luffy intentó ayudarla sin éxito. Igualmente, la peli naranja se vio en la tesitura de intentar dar un movimiento, pero malamente piso a Luffy, quien quiso dar también ese primer paso.

Ambos se fijaron en la tierna pareja, inmersa en su burbuja, con la cabeza de la arqueóloga apoyada suavemente sobre el pecho del ciborg.

Luffy suspiró. Lo haría. Los imitaría con la sana intención de tener ese tipo de momento sin palabra con Nami.

Estiró su brazo y la obligó a apoyarse, en lo que se acomodaba e iniciaba con unos desacompasados pasos. Su corazón latía desenfrenado, entre la adrenalina de sentir nuevamente un abrazo de Nami y, sobre todo, el pánico que le estaba dando esa molesta emoción una vez más.

Lideró un baile algo torpe, pero muy especial, en el que ambos congeniaron de una forma tan íntima que el resto del mundo había desaparecido. No hacían falta palabras, ella solo podía escuchar a su corazón desbocado, mientras que él solo podía escuchar sus suspiros y murmullos de gata contenta. Sin moverse mucho, a través del rabillo del ojo, podía ver su delicada y contenta sonrisa. Algo que lo reconfortaba, nuevamente la hacía sonreír y aquello solo le daba fuerzas.

Se sentía increíble.

Y, simplemente abrió la boca con su nuevo deseo.

"¿Podemos tener este baile para siempre?"