Nunes: - ¡No! - Forio: - ¡Demonios! ¡Deténgalos! - Tanto Jedis como padawans se unieron a la refriega. Catorce contra uno debería suponer una victoria segura, pero noada más alejado de la realidad. Cinco sables de luz se abalanzaron contra el cybor en un ataque sincronizado, pero sus poderosos brazos robóticos y sus habilidades marciales hicieron retroceder a sus atacante. Los cazadores rodearon a la presa, pero esa era una ventaja que no se aplicaba al luchar contra un ser tan maquiavélico como el General Grievous. No en este lugar. No en esta oscuridad. El cybor más que sentirse preocupado, parecía disfrutarlo, y su risa entrecortada por la tos era toda señal necesaria. El cyborg no era la presa en este escenario... Él era el cazador. Greivous: - Venid si os atreveis... Jedis... Je je je *cof* *cof* Pablo: - ¡NO! ¡Wambam espera! - Tras un rugido de fueria, la mestra wookie se lanzó de frente. Ella era la más fuerte del grupo, y tal vez podría superar al cyborg con mera fuerza bruta. Una de sus hojas de luz de su sable doble impactó con brutalidad contra los sables de luz del Grievous, pero no fue suficiente para hacerlo perder el equilibrio, mucho menos, cuando se aferraba al suelo con sus garras de metal. Grievous no dudó en contratacar, y la Jedi tuvo que reacionar rápido para no perder un brazo en el intento. Todo estaba demasiado oscuro, y la luz de los sables era toda la iluminación que poseían. La máscara de Grievous solo era iluminada por sus propis sables de luz. Verde por un lado. Azul por el otro. Una imagen de pesadilla. Eekar Ori: ¡Acaben con él! ¡Ahora! - Varios de los Jedis se lanzaron de frente. Un ataque de tal magnitud debería se imposible de esquivar. Sabes de luz en todas direcciones, dispuestos a desgarrar el metal y ponerle fin a tal abominación de una vez por todas. Pero en vez de sentirse preocupado, Grievous rió satisfecho. Los sables de cyborg se apagaron, y su silueta se desvaneció frente a los ojos de los jedis en una fracción de segundo, pero cuando los sables de luz coincidieron en el centro, el terrorífico ser de metal había desaparecido sin dejar rastro. Los Jedis cedieron ante un miedo momentáneao, mientras escuchaban las marcadas pisadas del cyborg sobre las paredes, las columnas, el techo. En todos lados. El lugar era demasiado oscuro para poder ver algo, y Grievous estaba tan muerto por dentro, que la propia Fuerza en él era casi inexistente, mucho menor incluso que el interior del propio Roy, así que ni los más aventajados en el uso de tal habilidad podían detertarlos. El frio del lugar, la oscuridad, las pisadas metálicas, el ladrido de Onex. Todo creaba una zona de espanto, donde las únicas luces eran las hojas brillantes de las mortales armas de energía. Pero estas apenas podían iluminar para de metros a su alrededor. Después de ese punto, todo era un abismo absoluto. Entonces, la voz del canino fue callada con brutalidad. Edino: - ¡Onex! ¡ARHHH! - El grito del joven humano siguió al quejido de lamento de su mascota y mejor amigo. Nadie pudo siquiera ver ambos cayeron, pero sobre sus cuerpos se mostraban preocupantes marcas de garras que atravesaban los cadáveres como si fuesen meras hojas de papel. Ese monstruo de metal no necesitaba de sus sables de luz para matar a sus oponentes. Él mismo, era una máquina asesina en toda la regla. Roy: - ¡Mierda! ¡Un círculo! ¡Hagan un círculo! ¡Ya! ¡Ya! - Ante el grito del joven pádawan, todos los presentes se apresuraron a un punto medio. Cubrir sus espaldas, no dejar aperturas. Una carrera desesperada. Una carrera, donde el maestro Forio nunca llegó a la meta, mientras su sable de luz caía sobre el piso, carente de una mano que lo sujetase. Una muerte que no provocó un grito de agonía, pues su garganta sercenada no sería capaz de hacerlo. Tead: - ¡Demonios! ¿¡Alguien ve algo!? - Voolvif: - ¡Ojos al frente! ¡No dejeis puntos ciegos! - Pablo: - ¡Manténganse enfocados! ¿¡Roy, puedes ver algo!? - Roy: - ¡No maestro! ¡Mi sensor térmico no detecta nada! - Pablo: - ¡Demonios! ¡Sigue buscando! - No era una tarea fácil. Roy miraba en todas direcciones, pero el propio calor de los sables de luz lo encandilaban, y su visión no funcionaba como era devido. Debería decirle al resto que apagaran sus sables de luz, pero eso sería una locura incluso aún pero. Sin embargo. ¿Qué más podría hacer? La situación era desesperada, y se tornó aún más escalofriante, cuando la voz gutural del cyborg asechante sacudió toda la sala. Grievous: - Valla, valla, valla. - tos- Pero si son los valerosos y nobles Jedis. Protectores... - tos - Protectores de la galaxia y gardianes de la paz. - Nunes: - ¡Muéstrate, monstruo! ¡Así podremos ponerle fin a tu maldito reino de terror! - La maestra Wamba apoyó la afirmación con un rugido bastante ofensivo. Grievous: - Oh... Y yo que pensaba que - tos - Ustedes Jedis eran seres de paz. - Iasiah: - Paz ser para aquellos que la merecen. Y Misa no creer que tu ser merecedor de tal cosa. - Alferra: - No os dejeis provocar... Está intentando jugar con nostros. - Algunos de los maestros ya se estaban dejando consumir por el miedo. No importa que tan intenso sea un entrenamiento, o que tan fuerte sea la convicción de un ser, el miedo a la muerte es constante. La única diferencia, es que algunos saben controlarlos. Otros, no tanto. Roy seguía mirando en todas direcciones, sobresforzando su ojo biónico para poder detectar algo que no fuese el calor de los sables de luz a su alrededor, pero le resultaba imposible. A su lado estaba el joven Baco, el padawan del maestro Lane y que era contemporaneo con él. Estaba aterrado, y su sable de luz se sacudía constantemente ante el temblor de sus manos. Carente de experiencia, y siendo el más aterrado de todos, la mano se Roy sobre su hombro casi le saca un susto de muerte. Roy: - Oye... Oye... Escúchame. Respira... Debes calmarte.. Debes permanecer serenos. - Lane: - Oye Baco... Tranquilo muchacho... Saldremos de esta... Saldremos de esta. - El joven hacía lo posible por calmarse, pero en una situación así era imposible. Tres Jedis experimentados cayeron sin oportunidad contra esa monstruicidad. ¿Qué podría hacer un mero padawan contra algo así? Estaba demasiado asustado para siquiera pensar con claridad. Era un eslabon débil... Y su cazador lo sabía. De pronto, Roy vio como el rostro del joven comenzaba a mostrar un terror absoluto. Mucho más arraigado que el que ya presentaba anteriormente. NO sabía por qué, pero sus ojso se abrieron como platos, sus pupilas de contrajeron y su boca comenzó a hacer poses extrañas sin gesticular nada. Algo lo había aterrado. Mucho más de lo que ya lo estaba. Roy giró la cabeza en su dirección, y pronto entendió el porqué. Allá, tan lejos donde la luz de los sables de luz llegaban, había una silueta apenas divisible de metal. Humanoide, de más de dos metros de altura. La abominación que los habia estado canzando desde que cayeron en su mortal trampa, mirando con esos ojos amarillos de depredador al joven padawan Baco, su próxima presa... Y ya lo sabía. Roy: - ¡Baco! ¡Espera! - Roy: - ¡Baco! ¡Espera! - Lone: - ¡Baco, no! - Nunes: - ¡Pádawan, regresa ahora mismo! - Los gritos de sus camaradas fueron ignorados. El joven padawan entró en pánico, al ver esa espeluznante mirada puesta sobre él. Baco lo sabía. Sabía que el sería su próxima presa, y esa senzación era demasiado abrumadora. El padawan se dió la vuelta, empujó a sus semejantes y corrió a toda prisa hacia quien sabe donde. En su mente, buscaba una salida con desesperación, pero sus ojos eran incapaces de saber a dónde se dirigía. ignorante, que ya había cavado su propia tumba. Aquellos que quedaron atrás, solo podían gritarle para que dejase de correr. Tratando de acerlo entrar en razón para que regresase, pero el brillo de su sable de luz solo le alejaba más y más con el pasar del tiempo. Hasta que de repente, su sable azul se apagó definitivamente, cuando una sombra se atravesó en su camino. Luego, todo regresó a una constante y absoluta oscuridad. Lone: - ¡BACO! - Gritó el maestro dolido, sabiendo el destino de su padawan. - ¡Desgraciado! ¡Muéstrate, maldito monstruo! ¡Voy a hacerte pedazos en este instante! - Voolvif: - ¡Maestro Lone! ¡Debe mantener la calma! ¡Esto es lo que esa cosa quiere! - Lone: - ¡No me importa! ¡Esa cosa mató a Baco! ¡Voy a matarlo! - Nunes: - ¡Maestro Lone! - Grievous: - Oh... ¿Es en serio? - Los gritos iracundos de los Jedis fueron aplacados, cuando la suave y gutural voz del cyborg se escuchó desde las sombras. El maestro Lone giró su cabeza lentamente, mientras su instinto le decía que esa cosa, estaba justo frente a él... Y no estaba equivocado. El maestro humano sintió la rabia inundar su cuerpo. Las emociones estallar en su interior, siendo dominadas por la cólera y el desenfreno. El general Grievous se mostraba a pocos pasos de él, hasta donde la luz de sable irradiaba tenuemente sobre su silueta, mirando al humano desafiante y... satisfecho. Satisfecho de verlo romperse se esa manera. El maestro Lone, no pudo soportarlo. El humano gritó de rabia, mientras se lanzaba de frente contra la bestia de acero e ira El humano gritó de rabia, mientras se lanzaba de frente contra la bestia de acero e ira. Su sable de luz en alto, dispuesto a partir en dos al bastardo que le arrebató a su alumno, y cegó las vidas muchos de sus semejantes. Estaba dispuesto a acabar con esto. En ese momento, en ese lugar. Su carrera fue corta, pues su oponente estaba justo al frente. Satisfecho, de tan fatídico error de su parte. El sable de Lone descendió con fuerza, lanzando cada ápice de su ser para cumplir su cometido, pero el cuerpo de Grievous no cedería ante una fuerza tan mediocre. Sus manos se alzaron, y en un bloqueo cruzado con dos sables de luz, el ataque del humano fue frenado de inmediato. Lone solo podría gruñir de rabia y maldecir en pensamiento, sin apartar la mirada de esos ojos ambar que tanta rabia le provocaban. Sin embargo, todo ápice de furia fue consumido, cuando un calor abrazador penetró su abdomen y destruyó su carne. Grievous había nacido y recreado para matar. Matar Jedis sin piedad. Sin escrúpulos. Sin honor. Sus brazos se dividieron, y ahora, el cyborg parecía más un aracnido que un ser humanoide. Sus dos brazos superiores detuvieron el sable de luz del maestro Lone, mientras los inferiores incrustraban otros dos sables de color verde dentro del absomen de su presa. Lone lo miró con cara de estupefacción y rabia, pero pronto sus ojos carecieron de vida, y su cuerpo cayó inerte sobre el suelo metálico. Ya no había nada que se pudiese hacer. Nunes: - ¡NO! - Alferra: - ¡Mierda, acaben con él! ¡No lo dejen escapar! - Los Jedis restantes se lanzaron sobre el cyborg al unínoso. No podían dejar que se ocultara una vez más entre las sombras, y sus sables de luz intentaron sin exito cortar su cuerpo metálico. Grievous blandía esos cuatros sables de luz con una habilidad excepcional, y su cuerpo ágil y fuerte no cedía ante nada. La fuerza de la maestra Wamban no era suficiente para someterlo, y la velocidad absurda de Voolvif no era capaz de tomarlo desprevenido. Ni siquiera el sable de luz de Iasiah, el cual volaba peligrosamente entre sus compañeros mediante el uso de la Fuerza, era capaz de tomar al cuborg por sorpresa. Era una máquina de matar perfecta. Un terror de metal creado para acabar con cada Jedi de esta galaxia. Una, que comenzaba a abrumarse por ese sable de luz que tanto daba vueltas a su alrededor, como un molesto insecto que puede aplastar en cualquier momento. Su cuerpo se lanzó sobre la que sería su próxima víctima, y los maestros Huulik y Eakar no pudieron hacer nada para detenderlos, pues salieron volando cuando sus sables de luz trataron de frenar a los del monstruo de metal. El maestro Iasiah ni siquiera tuvo tiempo de trare su sable de luz de vuelta a sus manos, cuando los cuatro sables del Grievos lo empalaron como una brocheta da carne. Otra victima para su macabra cruzada de venganza. En un brutal movimiento, los sables de luz se abrieron como alas azules y verdes de mariposa, mientras el cuerpo donde estaban enterrados se hacía pedasos frente a sus ojos. De no ser armas de energía, el macabro espectáculo sangriento hubiese hecho vomitar los más débiles, aunque el olor a cerne quemada era igual de asficcinate. Todos quedaron paralizados, viendo con terror como el cyborg se daba la vuelta lentamente, satisfecho del resultado de su cacería hasta ese momento. Ansioso, de las futuras presas que tenía frente a él. Lo estaba gozando, lo gozaba como nadie en esta galaxia sería capaz de imaginar, y su profunda risa entrecortada por su tos era todo lo que necesitaba para demostrarlo.
