En los oscuros pasajes de los conductos de ventilación, el grupo sobreviviente corría con todas sus fuerzas, desesperados por encontrar una salida antes que el maestro Monn ya no fuese capaz de contener a esa bestia de metal.
Trece Jedis o dos padawan enfrentaron a ese monstruo, y ahora solo cinco de ellos corrían por sus vidas hacia quien sabe donde. Roy se mantuvo en silencio todo el tiempo, impotente por no haber sido capaz de hacer nada más. De ahora no se más que un peso muerto para el grupo. Su pierna había recibido un daño considerable, y su mecanismo motor se vio seriamente afectado. Sin la intervención de un especialista, no sería capaz de volver a caminar por su cuenta.
EL resto de maestros, se limitaban a seguir el liderazgo de la maestra Nunes, con la esperanza de encontrar una salida lo antes posible. Su carrera contra reloj no solo era contra Grievous si este llegaba a alcanzarlos, sino que también debían llegar a su nave y huir lo antes posible. Aunque todos sabían que eso sería mucho más fácil hacerlo que decirlo.
Huulik: ¡Mirad! ¡Una luz!
Eakar: ¡Debe ser una salida!
Metros más adelanto, un haz de luz parecía infiltrarse a los oscuros conductos desde un orificio en la estructura. A dónde conducía era todo un misterio, pero cualquier lugar era mejor que dónde estaban justo ahora.
Eakar: Iré a investigar.
Pablo: Ten cuidado.
El calamari usó una escaleras metálicas empotradas a la estructura para ascender. Al parecer, se trataba de una entrada al sistema de ventilación, el cual parecía estar soterrado en la ciudad. Lorrd era un planeta con una atmósfera bastante sofocante por el calor, así que este sistema subterráneo abarcaba casi toda la ciudad.
El calamari llegó a la escotilla, y tras presionar algunos botones sobre un panel, la compuesta de metal se abrió por completo, dejando que la brillante luz del exterior segara a todos tras la prolongada exposición a la oscuridad. Eakar asomó la cabeza, y respiró aliviado al ver que se encontraban en un callejón poco concurrido de la ciudad, y tras revisar que no había peligro en los alrededores, dió señas al resto para que lo siguieran.
El primero en subir fue el maestro Huulik, y una vez arriba y con la ayuda del resto de maestros, subieron al padawan convaleciente con el uso de la Fuerza, siendo los maestros Pablo y Nunes los últimos en alcanzar la superficie. Habían logrado escapar de un fatídico destino por el momento, pero tenía otro problemas igual de grande encima.
Nunes: ¿Saben donde estamos?
Huulik: Parece ser la zona residencial del sur.
Eakar: Nuestras naves están en el puerto, al norte de la ciudad.
Pablo: Eso está bastante lejos.
Nunes: Tenemos que apurarnos.
Roy: No lo lograremos a tiempo. No conmigo a cuestas.
Pablo: Ni es tus sueños, mocoso. No es momento de hacerse l héroe.
Roy: Pero... Maestro...
Pablo: Sin peros, padawan.
Nunes: Tengo una idea. Maestro Pablo, remuévase su túnica.
Nadie sería capaz de adivinar que tenía en mente la keldoriana, pero no era momentos para hacer preguntas. Tras una secuencia breve de instrucciones, Roy descansaba sobre los hombros de su maestros, y la antigua túnica ahora cubría a ambos por igual, dándole es aspecto de una especie alienígena completamente diferente, la cual parecía tener un protuberante bulto sobre sus hombros.
Nunes: Tenemos que movernos. Y pase, lo que pase, no debemos llamar la atención.
Aún siendo los cinco individuos más buscados de Lorrd en ese momento, para los transeúntes y patrullas locales, el grupo de cinco maestros no eran más que otros de los colonos de la ciudad, mimetizándose con la muchedumbre, y avanzando hacia el norte de la ciudad con el perfil más bajo que pudiesen tener. No sabían cuando tiempo les quedaba antes que todo se convirtiera en un caos. Pero debían aprovechar cada segundo.
Eakar: Las patrullas droides son cada vez más frecuentes.
Nunes: Seguro están protegiendo el puerto. Tendremos que buscar una ruta alternativa para entrar.
Huulik: ¿Una distracción?
Nunes: Muy peligroso. Ninguno de nosotros estará seguro si se queda en este planeta.
Pablo: Debemos volver al templo. Informar lo sucedido.
Roy: Debemos buscar otra forma de escapar.
El padawan, quien hasta el momento no había dicho una palabras, no pudo contener su boca. Hasta ese momento no había querido aceptar ese sensación de incomodidad que había estado experimentando, pero en ese momento decidió que era mejor compartirlo.
Eakar: ¿Otra forma? No tenemos muchas opciones.
Pablo: ¿Roy?
Roy: Cualquier otra forma. Cualquier forma que no sea por el puerto.
Huulik: ¿Por qué lo dices?
Roy: Piénsenlo un poco. La profesión, los rumores, la emboscada. El como fuimos atrapados con esa... con él. Ellos querían que los viéramos, ellos querían que supiéramos que estaban allí.
Huulik: ¿Acaso estás sugiriendo que... todo fue una trampa?
El silencio en el grupo de inmediato, interrumpido por el bullicio natural de la zona en la que se encontraban. Pero esto mostraba una nueva perspectiva, y si las palabras del padawan tuviesen el mínimo de acierto, no era algo que simplemente podría ser ignorado.
Nunes: Por aquí. Busquemos un lugar más tranquilo.
Apartándose de las cayes principales, el grupo siguió a la maestra Nunes hasta un callejón apenas concurrido, donde el maestro Pablo pudo colocar a Roy en el suelo, recostado a una estructura de metal para poder descansar. Se sentó junto al padawan, quien tenía una clara preocupación en el rostro. Y de inmediato, el resto de maestro se reunió a su alrededor, aun alertas a cualquier indicio de peligro o de que los estuvieran siguiendo.
Eakar: ¿Una trampa?... Eso podría tener mucho sentido.
Huulikr: Serían demasiadas coincidencias teniendo en cuenta el cómo terminaron las cosas.
Pablo: ¿Cómo Grievous supo de nuestros movimientos?
Roy: Alguien nos traicionó. - Sus palabras fueran tajantes como el filo de un cuchillo.
Nunar: Acusaciones con un gran peso, joven padawan. Palabras que no se pueden tomar a la ligera.
Roy: ¿Entonces cómo fue que los separatistas sabían exactamente dónde emboscarnos? Alguien quien sabía de nuestros planes nos delató... Y doy por sentado que ninguno de los muer... de los caídos fue el responsable.
Las palabras del joven padawan no escondía su furia. Su veneno. Lo decía con una seguridad que no podía ser ignorada. En cualquier otra situación, cualquiera de los maestros presentes lo hubiesen reprendido por tales declaraciones. Sin embargo, sus pensamientos estaban demasiado brumosos para poder prestar atención a estos detalles. Roy tenía razón. Esto no fue un mero azar del destino o un capricho de la Fuerza.
Huulik: ¿Qué haremos?
Pablo: El puerto está descartado. Si sabían que íbamos a venir, no me sorprendería que nos estuviesen esperando en nuestras naves.
Eakar: Tampoco podemos dejarlas atrás. Nuestras computadoras tienen información que nos comprometerían.
Roy: No tenemos alternativas. ¿Cuántas naves son?
Nunes: Siete en total.
El silencio que continuó decía mucho.
Roy: No hay opción entonces.
Los maestros miraron al padawan, quién no titubeo ante tales declaraciones. En su mano, el sable del maestro caído Isaiah, el cual usó para enfrentar a esa monstruosidad de metal. Roy tenía una mirada inexpresiva, pero en su interior estaba realmente furioso por lo que había pasado. Esconder sus emociones era su mejor especialidad, y al no poseer vínculos estables con la Fuerza, los maestros presentes no podían percibir su oscuridad. Sin embargo, su maestro no necesitaba ninguno de estos trucos para saber que algo no estaba bien con su padawan.
Pablo: No dejes que la frustración nuble tu juicio, padawan.
Roy: No lo hace. Mientras más lo pienso, menos alternativas veo.
Nunes: ¿En qué estás pensando?
Roy: Debemos destruirlas antes de partir. Si no podemos llevarlas con nosotros, tampoco podemos dejarlas aquí. Es solo cuestión de tiempo antes que descubran cuales son, y nuestros secretos sean revelados. No es descabellado pensar que los Separatistas tienen la tecnología necesaria para hackear nuestras computadoras.
Eakar: - Entiendo su punto, pero... ¿Acaso sugiere que nos infiltremos a los puertos y solo... hagamos volar nuestras naves por los aires? ¿Sabe cuantos civiles podrían perjudicarse por eso?
No era una decisión fácil. Tanto el padawan como el calamari tenían razón. No podían tomar una medida tan desesperada. Ellos eran Jedis, y su papel en la galaxia era proteger a aquellos que no podían protegerse por su si mismos. Sin embargo, si dejaban esa información a la suerte, la propia Orden Jedi podría verse afectada ante un posible fuga de información relevante. Tenían que encontrar una solución.
Pablo: ¿Podemos pilotar las naves remotamente? - Su comentario llamó la atención de todos.
Nunes: No será sencillos.
Eakar: Lo más difícil será acceder al puerto comercial. Una vez allí, podremos contactar a los droides astromecánicos para que piloten la nave de vuelta a Coruscant.
Roy: No se olviden del mayor de nuestros problemas.
Los maestros voltean su mirada al padawan, quien apuntaba con su dedo índice hacia los cielos. Y tenía razón. Sobre la órbita del planeta, aún se mantenía ese coloso separatista. La Mano Invisible. El buque insignia del propio general Grievous.
En su interior, habrían miles de cazas esperando, y sus rayos tractores no les permitirían escapar tan fácilmente. Sin contar las propias defensas planetarias de Lorrd, las cuales serían suficientes para interceptar a siete naves e impedir su escape.
Pablo: Eso si será un problemas.
Nunes: Un problemas a la vez. Tratemos de trazar un plan antes de tomar cualquier acción.
Huulik: Necesitaremos una distracción.
Los minutos pasaron, y las ideas fueron propuestas y debatidas por el grupo, pero siempre había una posible falla o una tasa de riesgo demasiado alta. Entro los muchos problemas, sabían que las siete naves debían despegar al mismo tiempo, o correrían el riego de perder alguna en el proceso. También existía en riego de que sus comunicaciones fueran interferidas, lo cual los pondría en una desventaja notoria de los separatistas conocían de sus planes.
Pablo escuchaba a sus compañeros y planteaba ideas, pero siempre con el mismo resultado de incertidumbre. Sim embargo, le resultaba extraño el hecho de que Roy no participaba en lo absoluto.
El joven padawan era muy entusiasta a la hora de plantear ideas descabelladas y con un resultado algo impredecible. Sin embargo, Roy se mantenía al margen, con la mirada perdida en el cielo celeste del planeta, sus pupilas enfocadas sobre la fragata separatista que arruinaba el paisaje.
El maestro no tardó en notar esos pequeños detalles que delataban el estado emocional del padawan. La forma lenta de su respirar. La fuerza con la que se aferraba al sable del maestro Isaiah. Su furia escondida tras un rostro de agotamiento. Él sabía que había algo maquinando en la mente de su alumno, y a pesar que temía conocer que era, en la situación actual no tenía muchas opciones.
Pablo: Roy...
Su repentino llamado no solo captó la atención del padawan, sino también la de los maestros que trataban de encontrar una forma de escapar de esa situación. Maestro y alumno intercambiaron miradas, y tanto el uno como el otro pudieron reconocer los miedos y frustraciones del otro.
Roy, con su mirada aparentemente neutral, pero que ese ojo biónico brillaba con una luz roja más intensa de lo normal. Pablo, con rostro sereno, pero temeroso a preguntar. Pero... ¿Qué otras opciones tenían?
Pablo: ¿Tienes alguna idea?
El padawan no respondió de inmediato. Su mente trató de encontrar una forma de decirlo, pero no podía pensar en palabras cordiales para esconder la dura verdad. El joven tomó una bocanada de aire, y miró una última vez a la fragata separatista, antes de volver su mirada hacia los maestros. Una mirada tan fría, que no parecía ser la de un ser vivo. Entonces... Su voz no tuvo miedo a la hora de encara la verdad.
Roy: Si... La tengo. Pero no les va a gustar.
