Final imaginario del siglo XIX

En estos tiempos, las personas que poseen extraños poderes provenientes de su cuerpo o incluso de misteriosas y poderosas armas, son conocidas como ladrones, escoria de la humanidad que roba hermosas y valiosas obras de arte, estatuas o joyas de diversos museos de todo el mundo, con la esperanza de reunir los 108 trozos de inocencia perdidos.

Cuando el corazón de la inocencia fue activado por el destructor del tiempo y la selladora de la muerte, la eterna batalla entre la luz y la oscuridad finalizó con la muerte del Conde del milenio, trayendo una nueva era de paz libre de los Akuma.

Aun así, la guardiana de la inocencia, creyendo que la luna de demonios podría manifestarse en otros lugares lejanos, tomó la decisión de encerrarse con los trozos en su poder, protegiéndolos para que los Exorcistas continuaran peleando contra la maldad de otros seres y su oscuridad.

OOOOO

Después de que Megumi Walker y Lenalee Lee, salvaran de un inesperado incendio a Cross Marian y a Allen Walker, los llevaron al hospital más cercano.

Un grupo de enfermeras se ocupó de trasladarlos a dos habitaciones diferentes. Y un solo doctor los revisó poco después, poniendo a las chicas en un agobiante y constante estado de preocupación.

Saliendo de la habitación de Allen, el hombre con una impecable bata blanca hizo realidad sus temores. Lenalee se cubrió la boca con sus manos temblorosas y Megumi abrió sus ojos castaños de par en par.

Cross Marian estaba muerto y Allen Walker, en coma.

Las piernas de la guardiana perdieron el equilibrio, haciéndola caer de rodillas mientras entraba en desesperación. No dejaba de tomarse la cabeza. Sollozar, llorar. Había pasado casi un año lejos de la única familia que le quedaba. Y, cuando volvía, ocurría ese terrible incidente.

Se sentía demasiado culpable como para razonar. No escuchaba, ni la voz de Lenalee, ni la del doctor, ni la de las enfermeras que querían ayudarla a levantarse. Solo podía recordar las explosiones en el edificio y el ojo carmesi con el que su enemigo desapareció.

PPPPP

Komui, InuYasha y Reever llegaron al hospital, tranquilizando a la joven de cabello verde oscuro, quien no se lo pensó dos veces para levantarse de la banca del impecable pasillo blanquecino y abrazar a su hermano mayor.

InuYasha se aproximó a Megumi.

Venía del cuarto donde se depositaban los cadáveres, teniendo la obligación de reconocer el de su maestro cuando el doctor supo de su antigua relación.
Esforzándose por mantenerse serio, se arrodilló y colocó una mano en su hombro izquierdo, haciéndola dar un respingo por la impresión.

Rastros de lágrimas cubrían sus pálidas mejillas. De pronto, pareció reaccionar ante su mirada. No por sus buenas intenciones. Sino por un asunto de vida o muerte. Frunció el ceño.

Se quitó su agarre y se levantó de golpe, corriendo al fondo del pasillo para activar sus poderes y abrir un portal con su garra plateada, confundiendo a los presentes por su desaparición.

PPPPP

Pasaron más de cinco horas sin que los Exorcistas tuvieran noticias de su compañera de cabello castaño.

InuYasha, dirigiéndose a la biblioteca con Lenalee, les contó a quienes estuvieran presentes; Umiko Yamana, Lavi, Bookman y Yuu Kanda, lo que había sucedido con Allen y su maestro.

Komui y Reever decidieron quedarse en el hospital. El primero, para ver los detalles sobre el entierro del antiguo cazador. Y el segundo, para quedarse al lado de Allen.

Mientras cada uno se había quedado en silencio; encerrado en sus propios pensamientos, se escuchó un estruendoso y repentino ruido junto a la puerta de la trastienda.

Lavi se levantó y la abrió, dejando pasar a Megumi, surgiendo de la oscuridad como una sombra envuelta en tristeza. Parecía agotada, porque sus pies no dejaban de trastabillar.

Entonces, descendió súbitamente, cayendo en brazos de Kanda y siendo llamada con preocupación por InuYasha y Umiko. Reaccionando, la joven se apartó del muchacho de largo cabello azul y se levantó.

Desactivó sus poderes. Se posicionó delante de todos y se sentó sobre una caja grande de madera, arrumbada junto a otras, manteniendo la cabeza agachada, escondida debajo de la capucha negra de su vieja gabardina.

-¡¿Qué ocurrió?! ¡¿Dónde estuviste?! - fue lo primero que preguntó el Hanyou, siendo apoyado por los asentimientos nerviosos de Umiko y el malestar de Lenalee, reflejado en su mirada.

Megumi, quedándose en silencio, llevó su mano derecha al interior de sus ropas y arrojó un pergamino al piso, dejando que el papel se extendiera como un camino desconocido.

Bookman fue el primero en acercarse y tomarlo en sus manos, quedando atónito con el contenido, al igual que Lavi y Umiko, acercándose unos segundos después.

-El sujeto que provocó el incendio viene de otra dimensión. - explicó la guardiana, señalando el escrito. - Y esa es la técnica que utilizó para dejar a Allen en estado de coma. - bajó su mano. - Tuve que pedir esa información en la central de los guardianes para comprobarlo. Además... - hizo una pausa, agachando más la cabeza.

-¿Qué? - interrogó InuYasha, temiendo lo peor al igual que los otros.

La joven se llevó una mano a su rostro.

-Ella presenta la misma condición... - hizo otra pausa. - la gran diferencia con Allen, es que su mente ha sido destruida.

InuYasha, Lavi y Lenalee la vieron preocupados. Bookman y Kanda se quedaron inexpresivos.

-Solo conserva una serie de recuerdos desagradables. Y a menos que pueda romper los mundos de ilusión en los que han sido encarcelados, podrían permanecer así para siempre.

-Megumi-san, déjame ayudarte con esto. - habló Umiko de pronto, consiguiendo que levantara la cabeza. Las lágrimas corrían de nuevo por sus mejillas. - A parte de crear armas que vienen de mi imaginación, mi brazalete durmiente me permite viajar en los sueños de los demás, con el fin de regresarlos a la realidad.

-Podría funcionar. - agregó Bookman, leyendo de nuevo el pergamino. - Las ilusiones no son tan diferentes de los sueños. Y si son controlados, pueden deshacerse con magia.

Megumi asintió. Se limpió las lágrimas y se puso de pie, dejándose consolar después por una sonrisa de Lenalee y un abrazo improvisado de parte de Lavi, rodeándola de los hombros con su brazo izquierdo.

Mientras tanto, Kanda se acercó a Bookman y le dio un vistazo al pergamino. Quedó intrigado al conocer una técnica que le permitiera a su dueño, encerrar a humanos y demonios dentro de una ilusión... por el tiempo que este deseara.

PPPPP

Cuando Reever se retiró de la habitación de Allen, poniéndose encima una gabardina café oscuro, Megumi entró a escondidas con un portal hecho por su garra derecha. Deshizo su transformación y puso la silla que estaba junto a la cama debajo de la perilla.

Dando la vuelta, se acercó al muchacho con prisa. Puso su mano izquierda sobre su frente y cerró los ojos. El hechizo que su padre le había enseñado, para dominar ciertos lugares de la central de los guardianes, y para realizar ciertas técnicas de curación, le facilitó la tarea de llevar su alma a su santuario.

SSSSS

-¡Megumi!

A la primera que encontró en la isla flotante, con cinco cascadas en los bordes y un árbol de cerezo en el centro, fue a Susan, su hermana menor. Como de costumbre, corrió hacia ella y la abrazó.

En ese momento le explicó lo ocurrido con Allen y su maestro, cristalizando sus ojos por la angustia... antes de toparse de frente con las almas de Neah y Mana Walker.

Con las manos guardadas en los bolsillos de sus pantalones, no tuvieron tiempo de asombrarse con la apariencia de Megumi, señalando hacia su lado derecho. Las hermanas Hoshino los imitaron.

El alma de Allen yacía dormida sobre las raíces del árbol de cerezo. La guardiana sonrió, entre una extraña mezcla de alegría y tristeza. Se acercó a él y, arrodillándose a su lado izquierdo, puso su mano en su cabeza.

-Por favor... - pidió en su mente, cerrando los ojos.

Al abrirlos, sintió un leve soplo de viento, entrando por la ventana de la casa de su maestro. Había regresado a ese día, después de que ella y Lenalee salieran a la calle.

A su izquierda, Cross Marian se encontraba sentado en su enorme y cómodo sillón rojo oscuro, disfrutando, como era su costumbre, un vaso de alcohol, y apoyando el peso de su cabeza en su puño izquierdo.

Allen aún continuaba en el interior del armario de escobas. Cuando encontró una y salió, ocurrió lo impensable.

Un sujeto con una máscara anaranjada, vestido con una capa negra con nubes rojas, había aparecido de la nada, clavándole al pelirrojo un kunai en su corazón. Megumi vio atónita como la sangre salía expulsada de sus labios, al mismo tiempo que sonreía.

-Así que... - musitó. - ...vas a vengar a tu hermano.

El vaso con su bebida se resbaló de su mano derecha, rompiéndose al tocar el piso.

-¡Maestro! - gritó Allen, arrojando la escoba e invocando sus poderes.

Entonces, el desconocido se posicionó frente a él, usando su extraño ojo carmesí para desmayarlo en sus brazos y, de paso, incendiar el lugar.

Abrumada por lo sucedido, la guardiana salió de la mente de Allen, cayendo de bruces y respirando agitada. Sin escuchar lo preocupadas que estaban las almas de su hermana y de los Walker, se puso de pie y se apresuró en subir al árbol de cerezo para ir hacia las escaleras flotantes. Encontrando la puerta correcta, regresó a la habitación del hospital.

SSSSS

PPPPP

-1 semana después-.

Con el atardecer difuminándose en tonos anaranjados y el graznido de varios cuervos en los alrededores, Megumi permanecía de pie, inerte frente a la tumba de su maestro.

"Cross Marian. Hechicero, amigo, colega... hermano".

Sus ojos castaños no podían apartarse de la última palabra. Cuando interrogó a Komui sobre ello, no le quedó más alternativa que revelarle la verdad.

Apretó los puños. Cayó de rodillas y se cubrió su rostro con sus manos. El graznido de los cuervos resonaba con fuerza en sus oídos, disipando cualquier rastro de la realidad y colocándola en el centro de sus pensamientos.

Cross Marian... era hermano de su padre.

Sin embargo, por formar parte de la orden oscura, había decidido distanciarse de su familia, con la esperanza de que el Conde del milenio no consiguiera dar con ellos.

Además, su padre también se había encargado de romper toda comunicación con él, pensando también que asi no quedarían involucrados con sus misiones peligrosas.

Por desgracia, los dos se equivocaron.

Sintiendo un ligero soplo del viento, apartó sus manos de su rostro, dando pie a la inesperada activación de su ojo derecho, el cual, se puso negro y mostró dos círculos rojos alrededor de su pupila.

El alma de Cross Marian se presentó a un lado de su lápida para darle un último mensaje sobre su asesino.

Fin del capítulo.


Saga 1: Los monstruos en Tokio.

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