-¡¿H-HanaYasha despertó?! - interrogó Shizune Haruno, con dos círculos blancos en lugar de ojos.
La mujer de tez blanca, ojos y cortos cabellos negros, vestía un kimono del mismo color; con bordes blancos, y unas sandalias con tacones que le hacían juego.
-Jiraiya... - lo llamó Orochimaru Uchiha.
El hombre de piel pálida, ojos amarillos y largo cabello negro; cuyos mechones tocaban su cintura, vestía un largo kimono color crema, atado con una gruesa cuerda violeta. Sobre este, llevaba un haori negro, cuyas mangas resguardaban sus brazos cruzados.
-Sabes que este no es un buen momento para decir bromas de esa magnitud.
-¡No es ninguna broma! - replicó el hombre de cabello blanco y pequeños ojos negros.
Vestía una camisa de mangas largas y pantalones color verde oscuro. Sobre la camisa, llevaba un haori rojo sin mangas, que le llegaba a la altura de las rodillas. Las getas en sus pies sonaban melodiosamente cada vez que tocaban el piso.
-¡Antes de que Tsunade aplastara mi hermosa cara con su piesote...! - exclamó indignado, señalando una gran marca roja en su mejilla izquierda. - ¡...pude verlo con mis propios ojos!
-Jiraiya-sama dice la verdad. - comentó Daika, parado en una pared junto a una ventana. En lugar de llevar su acostumbrada camisa verde, tenía puesta una camisa blanca de mangas largas y holgadas. - Lo que sigo sin entender es... - sus ojos dorados voltearon hacia el cristal, viendo a través de este los árboles cubiertos de nieve. - ¿...cómo pudo llegar al cementerio por su cuenta?
-¿Shisui la encontró ahí? - interrogó Orochimaru.
El muchacho asintió.
-Dijo que estaba sentada frente a las tumbas de Itachi y Taichi.
-Entonces... - temiendo lo peor, Shizune se llevó una mano a sus labios. - ¿Ya recuerda lo que les pasó?
-No lo sé. Y no quiero agobiarla con eso.
Jiraiya relajó su expresión. Girando hacia la puerta, dio unos cuantos pasos hasta que...
-¿A dónde vas? - ...Orochimaru lo detuvo.
-¡Les avisaré a todos sobre las buenas nuevas! - avisó con una gran sonrisa, haciendo bufar a su pálido amigo y preocupando a Shizune.
Daika, por otra parte, devolvió a su mente la imagen del esquelético cuerpo de su hermana mayor, siendo llevado por los brazos de Shisui.
PPPPP
-¿Cómo? ¿Alguien la sanó antes de despertar? - preguntó InuYasha, parado en un pasillo del hospital junto con su esposa y Tsunade.
-Aunque no están curados en su totalidad, sus músculos y su voz no están tan débiles como deberían estarlo, por el tiempo en el que estuvo dormida. - explicó la ninja médico, cruzando los brazos y suspirando. - Quería que se la llevaran esta noche para que la ayudaran con la amnesia... pero necesito seguir estudiando sus síntomas.
-No hay problema. Gracias por tu ayuda. - dijo Kagome, haciendo una reverencia, al igual que el Hanyou.
La sannin sonrió. Hizo un ademán para despedirse y comenzó a caminar al otro lado del pasillo.
-Kagome... - la llamó InuYasha en voz baja, viendo desaparecer a Tsunade detrás de una pared. - ¿Crees que Megumi...?
-Es posible. - confirmó, sonriendo afligida.
Su marido la rodeó de sus hombros con su brazo derecho y la atrajo hacia él.
-La vigilaré. - le comentó en el oído izquierdo. - Vuelve a casa con Daika y descansa.
Kagome asintió agradecida. Lo abrazó un momento y se separó de él, encaminándose en silencio a la recepción del hospital. InuYasha se giró y volvió a la banca frente al cuarto de su hija.
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SSSSS
Antes de poder llegar a su objetivo y volver a casa, ella y sus compañeros se toparon con algo que los descolocó por completo.
Una hidra de 7 cabezas.
Defendiéndose de sus ataques, se movían de un lado a otro, intentando dañarla con alguna de sus armas. Sin embargo, con el sujeto enmascarado controlándola a su antojo, era imposible. No solo sus técnicas y kunai eran eludidos y bloqueados con facilidad. Sino que también, marcaba la gran diferencia que los llevaría a su trágico destino.
Ella lo sabía.
Y por eso, con más determinación, trató de mover una vez más su espada de filo negro. No obstante, antes de ejecutar su plan con éxito, vio que las garras de la gigantesca criatura se dirigían al muchacho pelirrojo. A Taichi. Preocupada, guardó su arma en su funda y saltó frente a él.
SSSSS
-¡NOOOOOOOO, NOOOOOOOOOO...!
-¡HanaYasha, abre los ojos! - pidió Shisui, levantándose de un salto de su silla y moviéndola de los hombros. - ¡Estás dormida!
Unos segundos después, la Hanyou reaccionó, obedeciendo al hombre e inclinándose hacia adelante.
-¡¿Qué pasó?!
Mientras InuYasha entraba a la habitación, Shisui la refugiaba en su pecho y en sus brazos.
-Fue mi culpa... - susurró HanaYasha, temblando y llorando. - ...yo los maté... murieron por mi descuido...
Shisui la miró con comprensión, antes de voltear hacia su padre. Parado al pie de la cama, el Hanyou no podía hacer otra cosa, más que apretar los puños y la mandíbula con frustración.
Ahora entendía mejor la determinación que tenía Megumi para querer atrapar al sujeto de la máscara anaranjada. El daño que le había causado a su hija era grande. Tanto como para no dejarla olvidar la gran falta que acabó con las vidas de sus compañeros.
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Una semana después, el amanecer se asomó por las montañas, iluminando con su calidez cada lugar de Konoha, la aldea oculta entre las hojas. Sus habitantes, como todas las mañanas, alistaron sus negocios, preparando alimentos, acomodando cosas de un lado a otro o quitando la nieve que cayó en sus techos, entradas y ventanas, durante la noche anterior.
Mientras tanto, en las grandes puertas de madera, que delimitaban el territorio humano del resto del bosque, cuatro sombras se presentaron, respirando hondo ante el matutino viento que soplaba en sus rostros. Por fin estaban en casa.
Saludando a los vigilantes desde sus casillas, con grandes sonrisas, se dirigieron a la estatua de la voluntad de fuego, donde su líder les anunció que iría a entregar el reporte de su última misión y que ya podían disponer de su tiempo libre.
Al saber aquello, los tres jóvenes que lo acompañaban, no dudaron en saltar por las ramas de los árboles, para llegar lo más pronto posible al distrito del clan Uzumaki. Conocido por su gran variedad de puestos de comida, se había llenado, como siempre, de una gran cantidad de gente.
Tanto residentes como visitantes de otras aldeas y regiones, anhelaban conocer cada delicia que ahí se preparaba. Eso hizo que uno de los chicos; perteneciente a dicho clan, inflara el pecho con orgullo. Sin embargo, antes de poner su total atención en la ruta más segura para llegar a Ichiraku Ramen, su puesto de comida favorito...
-¡¿Ya te enteraste?! ¡Parece que HanaYasha Higurashi despertó del coma!
...sus oídos y los de su compañera, fueron sorprendidos por la conversación de dos mujeres que pasaban junto a ellos.
-¡¿Estás segura?! ¡Hace un año dijeron lo mismo y resultó ser un rumor!
-¡Te lo juro! ¡El mismísimo Jiraiya-sama anunció la noticia como si se le hubieran pasado de nuevo los tragos de sake!
Los jóvenes intercambiaron una mirada dudosa. Abandonando la idea de comer en Ichiraku, se dirigieron de inmediato al hospital, en el distrito del clan Haruno.
Corrían y saltaban con todas sus fuerzas. Como si sus vidas dependieran de ello.
Después de atravesar el pedazo de bosque, que servía como limitante entre los distritos de los clanes, volvieron a las calles y corrieron sin parar hasta la entrada del hospital.
-¡AY, CIELOS! - exclamó Shizune, haciendo malabares con unos documentos que cargaba en sus manos.
De no haber sido por la ayuda de una ninja médico que caminaba a su lado, los papeles hubieran volado por todo el vestíbulo. Por fortuna, eso no sucedió, suspirando aliviada y viendo con curiosidad, a tres muchachos que corrían al fondo del pasillo a su izquierda.
Luego de un minuto, deslizaron con sus manos la puerta indicada, jadeando agotados por la larga carrera que emprendieron. Anonadada por el ruido, HanaYasha dejó de ver el exterior por la ventana, moviendo con su giro su largo cabello negro, el cual, le llegaba por debajo de los tobillos, arrastrando algunos mechones en el piso.
-¿H-Hana-sensei?
La llamó Sakura Haruno, mirando atónita lo delgado y esquelético que estaba su cuerpo, debajo del kimono blanco que usaba. Frente a ella, con las rodillas flexionadas, se hallaba Naruto Uzumaki, jadeando agotado. A su derecha, estaba un muchacho de piel pálida, ojos y corto cabello negro, encontrándose en las mismas condiciones. Se apoyaba en sus rodillas y tampoco paraba de jadear.
-¿D-De verdad es usted?
La Hanyou abrió sus ojos dorados como platos. Los recuerdos eran borrosos, pero juraba que estaban ahí. A su lado. Yendo de una misión a otra. Caminando en silencio hacia ellos, rodeó a la joven de cabello rosa y ojos verde jade con su brazo izquierdo. Una vez que Naruto pudo pararse derecho, también lo abrazó, rodeando sus hombros con su brazo derecho.
Conscientes de que no estaban soñando y que tampoco era un producto hecho por su imaginación, empezaron a llorar al mismo tiempo, levantando sus brazos para ponerlos en la espalda de la Hanyou, estrujando su ropa. Ella sonrió, refugiando su cabeza en sus hombros. Ya había llorado demasiado.Pero, al tener a sus estudiantes tan cerca, no pudo evitar hacerlo de nuevo.
-Sakura... Naruto... - susurró sus nombres, separándose de ellos y sonriéndoles. - Bienvenidos.
-¡Ay, sensei! - exclamó la pelirrosa, limpiándose una lágrima de su ojo derecho, con la palma de su mano.
-¡Por favor, no vuelva a asustarnos de esa manera! - le siguió Naruto, enojado y con un moco escurriendo de su orificio nasal izquierdo. - ¡Por poco termino volviéndome loco, de verás!
HanaYasha bufó, poniendo sus ojos sobre el chico pálido que los acompañaba.
-Hana-sensei, él es Sai... - comentó Sakura, notando su curiosidad. - ...nuestro compañero de equipo.
-¡Antes se entrenaba en Raíz, pero ahora hace misiones con nosotros, de verás! - agregó el rubio, sonriendo.
-Es un placer conocer a la legendaria demonio Higurashi. - comentó el joven, haciendo una reverencia mientras sonreía. - Muchos de mis compañeros la admiran por las hazañas que hizo en su tiempo dentro de la fundación. Se morirán de la envidia cuando sepan que la conocí en persona.
-Gracias por hacer equipo con mis alumnos. - dijo de vuelta, haciendo una pequeña reverencia.
-Hana-sensei, ¿No deberías estar descansando? - preguntó Naruto.
-¡E-E-Es cierto! - gritó Sakura, guiándola con gentileza hacia la cama. - ¡Te pondrás mal de nuevo si no descansas bien!
-Tranquilos. - comentó sonriente, apoyándose en las almohadas y cubriéndose con las mantas de las que disponía. - Es normal que quiera levantarme de vez en cuando si permanecí tanto tiempo dormida.
-Por cierto, ¿Estás sola?
-Daika fue un momento a nuestra casa. Dijo que quería mostrarme...
-¡Maldición!
En eso, la voz de un muchacho consiguió asustar a los tres jóvenes, dando un respingo antes de girarse hacia la puerta y ver la mala cara que tenía el hermano menor de HanaYasha, llevando consigo dos bolsas diferentes en cada costado.
-Quería darte una sorpresa especial y alguien la arruinó por completo.
-¡¿Qué cuentas, Daika?! - lo interrogó Naruto, saludándolo con una sonrisa zorruna y su brazo derecho levantado.
-No mucho. - se encogió de hombros y se agachó en la mesita del centro, sacando lo que llevaba en una de las bolsas. - Salvo que me siento feliz y agradecido de que mi hermana haya despertado.
Al ver los enormes platos de ramen, desprendiendo vapor, un hilo de baba se deslizó desde las comisuras de sus labios.
-¿Tienen hambre? Puedo darles uno si quieren.
-¡¿D-De verdad?! - exclamaron Sakura y Naruto al unísono.
-Pero si éramos los únicos aquí, ¿Por qué trajiste tantos? - cuestionó HanaYasha, confundida.
-Por si te daba más hambre. - respondió su hermano, pasándole una mesa portátil y uno de los platos calientes de ramen. - Cómo eres una glotona de primera, quería prepararme para lo peor.
-T-Te lo agradezco, pero... - sus ojos dorados voltearon de él hacia el plato de ramen. - por mis condiciones, no sé si vaya a poder terminarme todo.
-Tu come lo que puedas y yo te ayudo con lo demás, ¿Si? - comentó, guiñándole el ojo izquierdo.
Ella, sonriendo de nuevo, asintió. Tomó unos palillos, envueltos en un trozo de papel y comenzó a degustar el platillo. Sus alumnos y Sai, también hicieron lo mismo, sentados frente a la pequeña mesa de centro. Al cabo de unos minutos, se devoraron por completo los tazones. A excepción de HanaYasha, quien terminó entregándoselo a Daika, luego de llegar a la mitad.
-¡Estuvo delicioso, de verás! - exclamó Naruto.
A su izquierda, Sakura asintió, limpiándose con una servilleta lo que le quedó del caldo en sus labios.
-Bueno, ahora que terminamos de comer... - habló Daika, terminándose el último fideo del ramen y abriendo la segunda bolsa.
La Hanyou vio con curiosidad el gran libro que tenía en sus manos.
-Te traje esto para ayudarte con tu amnesia.
-¿Cómo? - preguntó Sakura. - ¿Te cuesta trabajo recordar, Hana-sensei?
-¡¿Cómo podemos ayudarte?! - interrogó Naruto después. - ¡Dinos, dinos!
La Hanyou rio al verlo. Tomando el gran libro sostenido por su hermano, lo colocó sobre sus piernas y comenzó a hojear las primeras páginas.
Se trataba del álbum de fotografías que su madre había hecho para documentar momentos importantes de sus vidas.
Fin del capítulo.
