OOO
¿Cómo es su apariencia?
Es posible que yo lo haya visto.
OOO
Al terminar el baño, Sakura envolvió el cuerpo de Sasuke en una gran bata blanca. El muchacho se puso tenso y colorado. Pero se le pasó al instante cuando la pelirrosa se separó de él. Le dio la espalda; dándole tiempo de ponerse bien la bata y amarrársela, y caminó de vuelta a la mesa, enseñándole lo que parecía ser un uniforme, doblado, limpio y planchado.
Volvió a poner una mueca al escuchar otra palabra rara que no conocía, haciéndola reír otra vez. Y mientras observaba con curiosidad las prendas, ella le explicó el procedimiento que realizaban sus sirvientes para lavar la ropa en su castillo.
Sasuke sospechó de aquella combinación de palabras. Sin embargo, al encontrarse con otra sonrisa hermosa de la mujer, no les tomó tanta importancia. Culminando con su explicación, Sakura salió, dándole la privacidad que necesitaba para cambiarse.
"Baño". "Planchado". Ninguna de esas cosas resaltaba en su aldea natal. Ahí solo reinaba el abuso de poder de Toneri Uchiha, los repentinos secuestros ejercidos por sus caballeros reales y la inmundicia.
Negando con la cabeza, se desató la bata y se vistió. En una de las puertas del armario, había un espejo de cuerpo completo, por lo que pudo admirarse luego de colocarse la última prenda.
El uniforme constaba de una camisa blanca de mangas largas. Un chaleco y pantalones, ambos de color negro. En sus pies, se había puesto un par de calcetines blancos y unos zapatos brillantes. Tamborileó sus pies al dedicarles una mirada. No era su calzado ideal, pero debía admitir que estaban cómodos.
Con sus pasos resonando por los tacones bajos, caminó hacia la puerta. Tomó el pomo del picaporte y la abrió hacia él, sorprendiéndose por encontrar a Sakura, acompañada por un hombre de piel blanca, alto, de ojos y largos cabellos negros; peinados en una baja cola de caballo.
Sus ropas se parecían a las suyas. Con la diferencia de que, en lugar de tener un chaleco, tenía encima un blazer negro. Notando su mirada sobre su silueta, le sonrió. Lo reverenció y dio media vuelta, cerrando la puerta tras su espalda.
-¿Quién es? – cuestionó, acercándose a Sakura; sentada frente a una mesa circular cubierta con un mantel blanco.
-Su nombre es Itachi. – explicó. - Es mi mayordomo, mi sirviente de mayor confianza.
Extendió su mano por encima de la mesa, pidiéndole que tomara el asiento frente a ella. Sasuke obedeció.
-Después de desayunar, te reunirás con él al pie de la escalera. Va a explicarte tus labores, te enseñará el castillo y te llevará a tu habitación.
-¿Y tú?
Sakura suspiró con tristeza.
-Me hubiera encantado ser tu guía. Pero hay cuestiones del pueblo que ya no puedo seguir aplazando. – sonrió apenada. - Y si no las resuelvo pronto, el líder me buscará y me amenazará con clavarme una estaca en el corazón. – haciendo gestos graciosos, puso sus manos sobre su pecho y fingió desplomarse. – Aunque... - se enderezó y puso otra cara graciosa. - antes de eso, querrá asfixiarme con el horrible olor de su collar de ajos.
-¿"Cuestiones del pueblo"? – preguntó confundido. – Para estar al pendiente de esos asuntos, ¿No tendrías que ser...?
-Una reina. – culminó por él, sonriendo y asintiendo.
Sasuke abrió los ojos como platos, al mismo tiempo que Sakura invocaba con un hechizo de monstruo varios platillos y bebidas sobre la mesa circular entre ellos. El muchacho quedó tan encantado con la cantidad de comida que dejó en segundo plano, el hecho de que había sido salvado por una reina. Una de los cuatro gobernantes de los nuevos reinos de Kotoamatsukami.
-Come lo que gustes. – pidió la pelirrosa, sirviéndose con elegancia una copa de "vino".
Enfocando su visión en la transparencia del objeto, recordó lo qué tenía en frente.
-¿Qué pretendes? – preguntó con brusquedad, llamando de inmediato su atención. – Me salvas, me traes a tu alcoba, me bañas, me das de comer... ¿Esta es tú retorcida idea para sacarles el máximo provecho a tus víctimas?
Sakura parpadeó. Y devolviendo una sonrisa calmada a su rostro, dijo:
-Te pido una disculpa. Parece que me salté los detalles más importantes. – dejó su copa sobre la mesa y entrelazó los dedos de sus manos, usándolos para apoyar su mentón. – Desde que soy la reina de Izanagi, por decreto real de mi padre, Madara Uchiha, me he dedicado a convertir mi castillo en un santuario para chicos como tú. Chicos que son secuestrados y llevados al refugio de los carniceros, convirtiéndose en mercancía valiosa para el deleite de los monstruos.
Sasuke la observó inexpresivo, apretando los puños sobre sus piernas.
-Sospecho que mi sádico hermano mayor, Toneri Uchiha, está involucrado con los carniceros, ya que no ha hecho nada para impedir los secuestros. Pero, para que mis hermanos mayores, Naruto e Izumi, acepten realizar un juicio en su contra, necesito reunir la mayor cantidad de pruebas posibles. Entre ellas, que alguna vez estuvo presente en el refugio. – movió su silla hacia atrás y se incorporó. – Espero que con esto ya no queden dudas entre nosotros. Además, de haber querido lastimarte, lo hubiera hecho cuando te desnudaste en medio de la tormenta.
Ya iba a sentarse tras su escritorio para trabajar. Cuando, de pronto...
-¿Cómo es la apariencia de Toneri? – Sasuke la interrogó, consiguiendo que volteara hacia él con lentitud. Su ceño estaba fruncido. – Es posible que yo lo haya visto.
Sakura volvió a su camino hacia el escritorio; pegado a la pared. Abriendo un cajón tras otro, encontró la única fotografía que tenía de toda su familia. La tomó en sus manos y regresó con Sasuke.
-Es él. – comentó, poniendo la imagen sobre la mesa y señalando un rostro más pálido que el suyo, con brillantes y claros ojos azules.
El joven parpadeó, esforzándose por recordar sus últimas horas en el refugio.
Estando a casi nada de ser ahorcado. A casi nada de ser observado por una multitud de monstruos morbosos y pretensiosos.
Entonces... distinguió una melena esponjosa, de mechones un poco levantados, blanca.
Ante su descubrimiento, sus ojos negros se ensancharon y sus manos empezaron a temblar, señales suficientes para que Sakura obtuviera su tan anhelada respuesta.
Por ello, salió en silencio de la habitación y se quedó junto a la puerta, pegando su espalda, subiendo su cabeza. Más lágrimas salieron de sus orbes carmesí.
Finalmente tenía su prueba más esperada... sin embargo, el costo había sido demasiado alto.
OOO
Al final, Sasuke solo pudo comer un onigiri relleno con tomate; que encontró milagrosamente entre tanta comida extranjera y extraña. Terminando, bebió un vaso de agua y se levantó de la mesa. No sin antes echarle un último vistazo a la copa de líquido rojizo que Sakura dejó.
Apenas y pudo darle un pequeño sorbo por su interrupción. Frunció el ceño. Alcanzó la copa y la llevó a su nariz. Se sorprendió al saber que no era sangre. Se trataba de un jugo hecho a base de varios frutos rojos.
Apartando la copa y dejándola sobre la mesa, se apoyó en ella con su mano izquierda, mientras la derecha la llevaba a su rostro. Se sintió como un tonto por haberse dejado influir por sus miedos, prejuicios y rencores contra los monstruos.
Sakura lo había salvado. Y desde ese instante, solo había sido considerada con él... en eso, se escucharon un par de golpes en la puerta. Apartándose de la mesa, caminó despacio y la abrió, topándose con el mismo individuo que había entrado una hora antes, mirándolo atónito.
-¿Ha terminado de desayunar, joven Sasuke? – preguntó, con una sonrisa amable.
El aludido asintió, cerrando la puerta tras de sí. A partir de que comenzara su parsimoniosa caminata hacia las escaleras, el muchacho pudo vislumbrar mejor los alrededores.
Por los inmensos ventanales del pasillo se asomaban los rayos del sol, atravesando, a su vez, nubes blancas y esponjadas de un cielo nublado de invierno.
Mientras tanto, en el jardín, varios jóvenes se encontraban trabajando en la tierra. Cambiando de posición algunas flores, regando otras o retirando verduras de unos campos de cultivo. Quienes hacían esto último, se quitaban continuamente el sudor.
Entonces, escuchó unos murmullos, volteando hacia la derecha. Otros chicos, trabajando en las comodidades de lo que parecían ser bibliotecas, se asomaban desde las rendijas de las puertas... solo para desaparecer en cuanto se topaban con sus ojos negros.
Eso llamó más su atención, tragando saliva. La única mujer en el castillo era Sakura. Acortando más su distancia con Itachi; quien lo esperaba en las escaleras, bajaron a lo que parecía ser el vestíbulo.
Decorado con una alfombra roja en medio, albergaba varios muebles, pinturas y cosas doradas de valor, iluminadas por un candelabro en el techo con un sinnúmero de velas que parecían no apagarse jamás. Llegando al pie de las escaleras, se toparon unos metros más adelante con tres jóvenes.
-Chicos, él es Sasuke. – dijo Itachi, presentándolos. – Sasuke, ellos son, Kensuke...
-¡Hola! ¡Mucho gusto! – exclamó el alto muchacho de cabello y ojos castaños y piel bronceada, alzando su mano derecha.
-...Osamu... - el mencionado lo reverenció, sin mirarlo.
Los mechones de su cabello negro eran revoltosos y sus ojos castaños estaban enfocados con fuerza en el piso de reluciente mármol. Su piel era blanca, pero no era tan pálida como la de otro monstruo que haya visto en el pasado.
-...y Takeshi. – prosiguió Itachi, señalando al joven al lado izquierdo de Osamu.
Soltó un bufido al escuchar su nombre, permaneciendo inerte, con sus fuertes brazos cruzados sobre su pecho. Su cabello negro estaba peinado hacia arriba, ladeado hacia su izquierda. Una bandana azul cubría su frente. Tenía cicatrices en su piel morena, mostrándose con orgullo desde su cuello y brazos. Otra reposaba debajo de su pequeño y negro ojo izquierdo, en forma de una media luna invertida.
-Kensuke está a cargo del área de limpieza. Osamu de la cocina y Takeshi se ocupa de la vigilancia.
-Itachi es nuestro jefe supremo. – agregó Kensuke. – Al ser el mayordomo de la señorita Sakura, debe verificar que todas las labores del castillo se hagan correctamente.
-¿Cuáles son tus habilidades? – lo interrogó Itachi. – Si hay algún área que te interese, puedes unirte de inmediato. Pero, de lo contrario, Kensuke, Osamu y Takeshi te harán algunas pruebas. Y, por cierto, yo soy el encargado del área de servicio.
-Y-Y t-también está el área de la biblioteca. – dijo Osamu.
-¡Pero es muy aburrida! – exclamó Takeshi, llevándose sus manos por detrás de su nuca y haciendo saltar del susto a su compañero. - ¡Tanto que ni siquiera Nobura se dignó a venir!
-Nobura está ocupado. – comentó Itachi, girándose hacia Sasuke. - Pero podemos pasar a verlo más tarde. Aunque eso dependerá de tu decisión.
El joven de cabello y ojos negros volteó hacia los presentes. Y sin retirar la seriedad que acompañaba su rostro, les asintió a todos, dando a entender que llevaría a cabo cada una de sus pruebas, para encontrar su trabajo ideal en el castillo. Si de esa forma, podía compensar las molestias que Sakura se tomó para salvarlo y para soportar su comportamiento, se ajustaría a ello sin problema.
Fin del capítulo.
