ADVERTENCIA: Abuso, Violencia.


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No tienes voz ni vida.

Solo eres un objeto que los monstruos usan para satisfacerse.

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Transcurrido un mes, Sasuke ya se había acostumbrado sin problemas al ambiente del castillo de Izanagi. Cada mañana, procuraba levantarse antes de que saliera el sol, realizando unos ejercicios para mantenerse en forma (flexiones, sentadillas, etc...), antes de alistar una muda de ropa limpia; sacándola de su armario, y entrar a ducharse.

La primera vez que pudo explorar su cuarto con más calma, se sorprendió al saber que también disponía de un baño. Casi igual al que Sakura tenía en su habitación, pero más pequeño. En su aldea, su higiene personal la hacía de un modo diferente. Si, también acostumbraba a madrugar en ciertos días.

No obstante, como su cabaña solo disponía de un solo cuarto, tenía que preparar algunas cosas, antes de marcharse al rio más cercano. Y como la mayoría de la gente no se levantaba hasta después de que los rayos del sol se asomaran por la tierra, disponía de bastante privacidad. Lo único malo, era el frío.

En el baño, sin embargo, podía relajarse dentro de una tina con agua caliente y jabón. Cometiendo, a veces, el descuido de quedarse dormido, reaccionando solo cuando sus ojos hacían contacto con el agua, sentándose de nuevo y tosiendo como loco. Saliendo de la tina, tomaba una toalla y se la pasaba por su piel para secarla, amarrándola finalmente alrededor de su cintura, para luego pasar al otro lado de la habitación, empezando a vestirse.

El uniforme continuaba siendo el mismo que Sakura le había dado. Aunque, en cierta ocasión, Kensuke le comentó que lo cambiaban conforme al paso de las estaciones. Si hacía calor, la camisa blanca de mangas largas, pasaba a ser de mangas cortas y los pantalones negros eran de una tela más fresca y delgada, al igual que la del chaleco. También dependía mucho del área en el que uno trabajara.

En su caso, cuando alguien terminaba enfermo o Sakura le había dejado pendientes escritos en una pizarra, tenía que ponerse encima una bata blanca con bolsillos delanteros, quedándose la mayor parte del día en la enfermería.

Pero, si le tocaba estar con Itachi; practicando como sostener correctamente una bandeja, con varios tipos de platos, tazas y cubiertos, conservaba las mismas ropas, sin añadir nada más. Al menos, eso pensaba, hasta que llegó el momento de organizar una cena importante.

-La señorita Sakura confirmó un total de 10 personas. - anunció Itachi, parado frente a los líderes de las áreas; asintiendo y tomando notas.

Llevaba consigo una vara de madera, con la que señalaba los elegantes dibujos, hechos por su propia mano, expuestos en un gran pedazo de papel colgado en la pared del vestíbulo.

-El área de jardinería se encargará de decorar la entrada y los muebles. No debe haber ningún florero vacío.

Un muchacho de puntiagudos y cortos cabellos rojos pálidos; representando a Sakura, asintió con energía, tomando una última nota, antes de correr apresurado al jardín delantero del castillo.

-El área de vigilancia debe asegurarse de que, cuando los invitados y la señorita Sakura entren al castillo, no haya ningún intruso merodeando los alrededores. Esta cena será exitosa si no hay interrupciones.

-¡A la orden! - gritó Takeshi, poniéndose una ballesta en la espalda y corriendo en dirección a las escaleras.

-Osamu, ¿Necesitas ayuda en la cocina?

-N-No hace falta. - aseguró el aludido, levantando nervioso sus manos. - S-Solo hay que añadir los últimos detalles a los postres.

-¡Y nosotros ya preparamos las vajillas de flores y los cubiertos! - anunció Kensuke, levantando su pulgar derecho y guiñándole un ojo.

-¿Sasuke?

Al escuchar su nombre, los presentes voltearon hacia él. Como Sakura no estaba, la representaba por el área de enfermería, escuchando a todos desde atrás, cruzado de brazos.

-Tengo entendido que la señorita Sakura te encargó realizar unas medicinas. ¿Ya las tienes listas?

Asintió con la cabeza.

-Excelente. - Itachi sonrió, bajando la vara de madera. - Si ya no les queda ningún pendiente, déjenle el resto al área de servicio.

-E-Este... - en eso, Osamu levantó su mano. - ¿Deberíamos comentarle a Nobura sobre...?

-Ya está enterado, no te preocupes. - dijo Itachi, consiguiendo que suspirara aliviado.

Dispersándose por diferentes lugares, se concentraron en las tareas faltantes de sus respectivas áreas, hasta que el timbre empezó a sonar.

Itachi dio indicaciones a quienes formaban parte del área de servicio. Alrededor de 15 jóvenes; incluyendo a Sasuke, se formaron a los lados de la impecable alfombra roja en el suelo del vestíbulo, dirigida hacia las puertas cerradas del comedor.

Aclarándose la garganta, Itachi se ajustó las mancuernillas de su blazer negro y el cuello de su camisa blanca; con un moño negro atado alrededor, caminando con calma hacia las grandes puertas principales del castillo, abriéndolas de par en par.

Unos segundos después, el vestíbulo se llenó con monstruos vestidos con ropas extravagantes, sonriendo, charlando y dando brincos entre las decoraciones, colocadas por el área de jardinería.

Había una chica de cuatro coletas castañas que ponía un especial interés a una estatua de mármol. Los jóvenes junto a la alfombra los reverenciaron, esperando a que los invitados; guiados por Itachi, fueran al comedor.

Los ojos carmesí de cada uno brillaron con gran asombro al encontrarse con la comida ya servida en la gran mesa. Encaminándose emocionados a sus asientos, no paraban de hablar ni de reír, momento en el que los jóvenes sirvientes se aproximaron a las sillas, moviéndolas para que pudieran sentarse.

Algunos daban las gracias, otros solo bufaban y otros hacían muecas, ocultándolas perfectamente con abanicos. Al verlos, Sasuke recordó por un segundo a la amable señorita de cabello violeta que lo había visitado en el refugio. Se había quedado tan absorto, que uno de sus compañeros tuvo que llamarle la atención, pidiéndole que fuera a la pared.

Esa pequeña acción, hizo reír al muchacho de largo cabello negro al que le había ofrecido una silla.

Unos segundos después, Sakura apareció en las puertas, saludando a todos los invitados, con un movimiento elegante de su mano derecha, al mismo tiempo que se aproximaba al asiento de la cabecera.

Sasuke la vio atónito y sonrojado. Estaba aún más hermosa que en su primer encuentro.

Tenía puesto un largo vestido negro sin mangas y sus mechones de cabello rosa estaban más levantados que de costumbre. En combinación con su ropa y su piel pálida, las sombras de sus ojos y su labial eran de color morado oscuro.

Y aunque extrañó los altos tacones rojos que llevaba a todas partes, los que combinaban con su bolso de mano y su maquillaje no estaban mal. Sonrió, como si alguien lo hubiera herido en el costado izquierdo, cubriéndolo con su mano derecha.

Vivían en mundos completamente diferentes.

-¡Les agradezco mucho que pudieran venir! - Sakura hizo una reverencia en su asiento. - ¡Espero que la cena sea de su agrado! ¡El chef se esforzó mucho para poder cumplir con sus expectativas!

-HUM. - bufó uno de los invitados; de cabello blanco peinado hacia atrás. - Preferiría comérmelo a él.

Su amigo, sentado a su izquierda, soltó una risita. Y en frente de ellos, una mujer de corto cabello azul los fulminó con la mirada. De pronto, las puertas a sus espaldas se abrieron, dejando pasar a Osamu, junto a los demás chicos que atendían la cocina, empujando varios carritos hacia los muchachos del área de servicio.

Cada uno tomó una bandeja de comida y la llevó hacia el invitado que les había tocado atender. Sasuke volvió a recibir un gracias por parte del muchacho de largo cabello negro, por lo que, correspondiendo su amabilidad, sonrió e inclinó un poco la cabeza, antes de regresar a su lugar en la pared.

Mientras los invitados comían y reían, contando diferentes anécdotas de tierras lejanas, no dejaba de ajustarse el moño en su cuello, estresando a sus compañeros por su falta de modales, pero entreteniendo a Itachi; parado a la derecha de Sakura.

Entonces, el joven al que atendía se quedó con su copa vacía. Por lo que, apresurándose, tomó de uno de los carritos una botella de jugo de frutos rojos y se dirigió con prisa hacia él, retirando la tapa para servirle. Sin embargo, en esos pocos segundos, se atrevió a voltear al frente, sintiendo como su alma bajaba a sus pies.

Al otro lado de la mesa, el caballero pervertido lo observaba atónito, deteniéndose al tratar de darle un sorbo a su copa de cristal.

De pronto, una mano ajena le quitó la botella. Itachi había impedido que se derramara más jugo del necesario, de la copa del invitado de cabello negro.

Aturdido, se giró sobre sus talones y salió del comedor, llamando la atención de varios de sus compañeros y de Sakura, dando un sorbo, antes de proseguir una conversación que tenía con una de sus amigas, sentada a su izquierda.

Mientras tanto, en un pasillo, Sasuke golpeó la pared con su puño, respirando entrecortadamente. Sus deseos de venganza aún continuaban latentes en su interior, torturándose con los recuerdos de sus peores momentos en el refugio.

Sin dejar de jadear, se llevó su mano izquierda al corazón y la derecha la dejó en la pared. Tenía que controlarse. Hacer a un lado aquello que lo hacía ponerse mal. De lo contrario, arruinaría por completo la cena que con tanto esfuerzo, Itachi y sus compañeros armaron para Sakura.

-Vaya, vaya...

Una melodiosa pero insoportable voz, lo obligó a voltear a su derecha. El caballero lo había seguido y lo miraba con aires de superioridad. No tenía encima la misma armadura que usaba la mañana en la que lo secuestró. En su lugar, portaba una vestimenta más simple, de color negro con bordes azul claro. También parecía un uniforme, ya que portaba el escudo del reino de Tsukuyomi en el lado izquierdo del pecho.

-...jamás imaginé que podría encontrarte aquí. - caminó despacio hacia él. - Armaste todo un alboroto cuando escapaste del refugio, ¿Sabes?

-¿Y tú qué haces aquí? - gruñó Sasuke, apartándose de la pared y retrocediendo.

-Es verdad. No me presenté aquella vez. - habló el caballero, despreocupado.

Y moviéndose con rapidez, tomó al muchacho de su brazo derecho y lo arrojó sin cuidado a la pared, encerrándolo con su cuerpo, al poner sus brazos a los lados de su cabeza.

-Me llamo Vincent y soy el general de las fuerzas armadas del castillo de Tsukuyomi. Como su majestad, el rey Toneri, no pudo asistir al banquete de su querida hermana... - movió su mano derecha enguantada sobre su cuello y la bajó a sus ropas. - ...vine en su lugar.

-¡No me toques! - exigió en un grito, antes de recibir de su parte una fuerte patada en el estómago.

-No tienes voz ni vida. - dijo sonriendo, devolviéndolo a la pared y destrozando sus ropas. Se deleitó al comprobar que su cuerpo continuaba siendo el mismo que tocó en su primer encuentro. - Solo eres un objeto que los monstruos usan para satisfacerse.

Se inclinó y lo lamió en el cuello. Sasuke se quejó y frunció el ceño, observando como una intensa luz emergía de su pecho, apartando al rubio por unos metros. Sucedió lo mismo que en el refugio, pero seguía sin entender el por qué.

-Un hechizo de protección, he... - murmuró Vincent, cambiando el color de sus ojos a un intenso carmín.

El muchacho dio un paso a su derecha, ocultando tras su espalda un candelabro que tomó. El caballero se relamió los labios.

Pero antes de que pudiera tocarlo de nuevo, una tercera presencia lo hizo volar por los aires, rodando por el helado suelo de mármol.

Cuando quiso saber quién había tenido la osadía de desafiarlo, se horrorizó al encontrarse con la fría mirada de Sakura, observándolo desde arriba.

-M-Mi lady... - sonrió, sin poder ocultar su pánico. - ¿Q-Qué pasó con la cena?

La pelirrosa entornó sus brillantes ojos escarlata. Y moviendo su mano derecha, tensó su cuerpo y lo obligó a pararse de puntitas. Al cabo de unos segundos, Vincent berreaba aterrado, observando como Sakura hacía crecer más sus colmillos, gruñendo y frunciendo el ceño, igual a una bestia.

Igual... a un monstruo.

-¡E-Espera! - pidió Sasuke, soltando el candelabro y corriendo hacia ella, abrazándola. - ¡Para, por favor! ¡Así no eres tú!

Al escuchar aquello, la dama se calmó. Detuvo su hechizo y arrojó con fuerza al hombre rubio en el suelo, haciéndolo soltar un chillido. Giró su cabeza a su izquierda y miró por encima de su hombro al muchacho. Temblaba, y aunque también estaba asustado, enfrentaba su mirada, su verdadera naturaleza.

-¿Entonces cómo soy? - interrogó, desconcertándolo.

Sasuke retrocedió un par de pasos.

-Eres... - comentó en voz baja. - amable, considerada...

Sakura volteó de nuevo hacia Vincent.

-Este muchacho acaba de salvarte la vida. - anunció, mirándolo aún con frialdad. - Y si lo valoras, entonces no volverás a acercarte a él. No le dirigirás la palabra, ni tampoco lo tocarás. Además, quiero que renuncies a tu puesto como general y abandones de inmediato los cuatro reinos. De lo contrario, enviaré a mis cazadores por tu cabeza.

Haciendo sonar sus tacones, apareció de repente una gran herida en el pecho del hombre monstruo, compuesta por cuatro franjas. Sakura se había movido tan rápido que ninguno consiguió ver lo que hizo con sus garras hasta que regresó junto a Sasuke; reflejando en sus pupilas negras la sangre en sus dedos.

-Si te quedó claro, lárgate.

Fin del capítulo.