-4 meses después-.

-¡Estilo de viento! ¡Jutsu corriente de aire! - exclamó HanaYasha, expulsando de su boca una ráfaga que tiró de golpe todos los troncos acomodados en fila frente a ella.

Al ver aquello, saltó emocionada, festejando su triunfo.

-¡HanaYasha! - en eso, la llamó una voz desde la puerta corredera del pasillo exterior. - ¡La comida ya está lista! - anunció Kushina Uzumaki, cargando en sus brazos a un bebé de cabello rubio y ojos azules.

La niña asintió. Sin embargo, antes de poder dejar el jardín de la residencia Uzumaki, sus orejas de perro detectaron un sonido inusual. Girando con velocidad, sacó unos kunai que llevaba en los costados de sus pantalones y los lanzó hacia las nubes, dándole a un gigantesco ciempiés.

La mujer de largo cabello rojo, al ver a la criatura, corrió hacia la Hanyou y le entregó a su niño, posicionándose delante de ellos para sacar un pergamino. Al extenderlo, realizó unos sellos con sus manos y dijo unos rezos en un antiguo idioma. El ciempiés fue absorbido por las palabras del escrito, desapareciendo en solo unos segundos.

-Genial... - musitó la menor, atónita.

La esposa de Minato volteó hacia ella y le sonrió.

-¡Kushina-sama!

En eso, dos Shinobi se presentaron ante ellas. Ambos con el símbolo del clan Uzumaki tejido en las espaldas de sus chalecos verdes.

-¡¿Se encuentra bien?!

-¡Acabamos de ver su técnica de sellado!

-Tranquilos, no pasó a mayores. - anunció, aproximándose a ellos y entregándoles el pergamino. - Por favor, asegúrense de que llegue a salvo con Orochimaru-sama.

Los hombres asintieron y se marcharon.

Mientras la pelirroja volvía con los niños, una siniestra sombra apareció para observarlos desde los arbustos.

Su ojo derecho brillaba con el carmesí de la venganza, resguardado por la oscuridad del hueco de su máscara anaranjada.

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Finalizando otra sesión de entrenamiento con Shisui, Itachi se dirigió con prisa hacia su casa, recorriendo uno de los caminos prohibidos en el bosque para ahorrar tiempo.

Cuando vislumbró el gran portón abierto de madera; con la cresta de su clan pintada en la parte superior, bajó de los árboles. La gente que residía ahí lo saludaba con grandes sonrisas, felicitándolo por su desempeño en la academia ninja.

Claro que al ser el hijo del comandante de la policía militar, cualquier noticia que estuviera relacionada con su persona se esparciría en el distrito tan rápido como la pólvora.

Sonriendo, agradecía los cumplidos y los halagos que escuchaba, caminando con cierta prisa. En eso, una señora volvió a detener su camino, obsequiándole una bolsa de papel con los panes que más le gustaban. En sus palabras, eran una recompensa por mantener en alto el orgullo del clan Uchiha.

Asintiendo y recibiendo la bolsa, Itachi le dio las gracias y saltó hacia un techo cercano, escuchando en su camino más elogios de otros adultos que lo veían. No sabía cómo recibir tanta amabilidad que se amontonaba en su mente como la nieve en invierno.

Entonces, recordó a HanaYasha, sonriendo o sorprendiéndose cada vez que escuchaba un comentario bueno por parte de Iruka, de Kagome o de InuYasha. Incluso su padre, al encontrarla una vez, la felicitó por estar aprendiendo el estilo de viento con Minato.

Llegando al muro de madera que rodeaba su casa, saltó hacia las baldosas que lo decoraban en la parte superior y bajó al jardín. Caminó hacia una puerta corrediza del pasillo exterior y la abrió para entrar a la cocina, dejando la bolsa de papel en una mesa.

-Me extraña que vengas a proponernos algo así.

Al escuchar la voz de su padre, volteó hacia una puerta cerrada. Abriéndola para salir al pasillo, se quitó los zapatos con cuidado y se acercó en silencio a una habitación con las puertas correderas entreabiertas.

Arrodillándose, notó que su padre y su madre estaban siendo estudiados con dureza por Danzou Uchiha.

Su bisabuelo.

El hecho de que estuvieran reunidos, significaba que su conversación se dirigía a una mala noticia.

-Tú siempre has menospreciado al clan Higurashi. - prosiguió Fugaku. - Incluso te opusiste a la idea de los sannin de que InuYasha formara un escuadrón con los Youkai que aceptaron su invitación.

-Mi perspectiva ha cambiado. - aseguró el anciano, abriendo ligeramente su ojo izquierdo. - Ahora sé que fue un error haberlos juzgado de esa manera. Y qué mejor forma de remendarlo, que comprometer a Itachi con HanaYasha.

El corazón del chico se estremeció por la sorpresa.

-¿InuYasha y Kagome lo saben? - cuestionó Mikoto, preocupada.

-Por supuesto. En cuanto se los conté, estuvieron de acuerdo de inmediato. Por lo tanto, sería una grosería no corresponder a su iniciativa por una paz duradera para nuestras familias y el resto de Konoha.

La pareja intercambió una mirada.

-Bueno, les daré tiempo para pensarlo. - Danzou se levantó, apoyándose en su bastón de color negro. - Pero les aseguro que si ambas partes se oponen a esta alianza, el caos provocado por los Youkai, seguirá manchando a nuestra aldea con la sangre de los inocentes.

Con esas últimas palabras en el aire, abrió y cerró tras de sí la puerta corrediza. En cuando sus pies tocaron el piso del pasillo, dirigió su mirada a su un poco, se giró a su izquierda y se fue.

Itachi, escondido en la cocina, asomó su cabeza al pasillo para ver la sombra de su bisabuelo, perdiéndose en los rayos del sol.

¿Por qué de la nada buscaba comprometerlo con HanaYasha?

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-¿Una alianza? ¿A qué se refiere?

Más tarde, Danzou invitó a InuYasha a los pisos subterráneos de la fundación, siendo escoltado con amabilidad por una mujer de largo cabello violeta, que usaba en su rostro una máscara blanca de mapache, con dos franjas carmesí debajo de los ojos.

Mientras ella se encargaba de vigilar las puertas de la oficina, los líderes se encontraban sentados, uno frente al otro, separados por un gran escritorio de ébano, con dos tazas de té humeantes sobre él.

Como el Hanyou no le tenía confianza al viejo Uchiha; desde el momento en el que él y Kagome llegaron a Konoha, se rehusaba a tomar un sorbo de su bebida, poniendo toda su atención en la conversación.

-Es algo bastante simple. - continuó Danzou, llevándose su taza a sus labios y humedeciendo su garganta. - Si HanaYasha se casa con Itachi, la policía militar y el escuadrón que has formado con tus amigos Youkai, se unirán en una sola organización que protegerá todos los distritos de Konoha. Y si eso sucede, los seres sobrenaturales del clan Higurashi ya no tendrían ninguna restricción ni toque de queda. Podrán moverse con la misma libertad con la que HanaYasha y Taichi Higurashi lo hacen.

InuYasha entornó sus ojos dorados.

El camino para que los dos niños lograran asistir a la academia ninja; obteniendo un permiso especial que los dejara abandonar su distrito por varias horas, dependió de la mayoría de los votos del consejo de la aldea. Los únicos que votaron en contra, fueron tres de los cuatro líderes ancianos.

Los consejeros Koharu y Homura. Y el hombre frente a él.

-Aunque la barrera espiritual de Kagome ha sido bastante útil en estos últimos 6 años, no podemos depender para siempre de ella. - prosiguió el mayor. - Tarde o temprano podría colapsar y debemos estar preparados para defendernos de cualquier tipo de emboscada, sin importar en donde suceda.

-¿Y tú sugerencia más espléndida es que regale a mi hija al clan Uchiha?

-Te estoy entregando a Itachi. - replicó, entrelazando sus dedos sobre la mesa de su escritorio. - Pero, si no cumple con tus expectativas, puedo hablar con los padres de Shisui.

-No bromees, viejo. - se levantó de su silla y le dio la espalda. - Mi hija y esos niños no son objetos, así que déjalos tranquilos y olvida esas ideas estúpidas.

-Antes de llamarte, hablé de esto con Fugaku y Mikoto. - insistió, deteniéndolo al estar más cerca de las puertas. - Y ambos están de acuerdo con unir la vida de su hijo con la vida de tu hija. Deberías pensarlo mejor.

-¡JA! ¡No es necesario! - exclamó, volteando un momento hacia él. - ¡Me rehúso rotundamente a un matrimonio forzado entre nuestros hijos! - se giró de nuevo hacia las puertas y las abrió de par en par, abandonando las instalaciones.

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Siete noches después, Danzou se reunió con una silueta misteriosa, escondida por la oscuridad que le proporcionaba los árboles a su alrededor. En la solitaria estatua de la voluntad de fuego; una llama roja carmesí que simbolizaba el coraje y el compromiso de los Shinobi de Konoha, ante los amenazantes poderes sobrenaturales de los Youkai, se colocaban hojas verduscas del verano que llegaban de todas las direcciones, para luego salir rodando hacia el cielo.

-Llegas tarde. - dijo la silueta, enojada.

La luz de la luna, apareciendo cuando algunas de las nubes que la cubrían se dispersaron, reveló que se trataba del hombre con la máscara anaranjada.

-¿Piensa hacerlo esta noche? - inquirió el anciano.

-Ya tengo todo preparado.

Al instante, desapareció en un vórtice invocado desde su ojo derecho, transportándose en el techo de un edificio que se encontraba cerca de la academia ninja. El viento rugía, levantando su larga capa negra con nubes rojas.

Al cortarse la mano con un kunai, se arrodilló y posicionó la palma en el piso pavimentado, invocando una gigantesca hidra de 7 cabezas. Sus largos cuellos azotaron de golpe los miles de edificios y casas de madera que a la gente le había llevado años construir.

Por las campanas de emergencia de cada distrito, varios ninjas se lanzaron al ataque contra la gran bestia.

Otro grupo, dirigido por Fugaku Uchiha y compuesto por miembros activos de la policía militar, se ocupaba de la protección de los civiles, conduciéndolos a la sede de Raíz, que, en casos de este estilo, funcionaba como refugio.

Moviéndose por las sombras, el enmascarado se desvaneció en otro vórtice.

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-¡Mamá! ¡Papá!

Con el pequeño Daika llorando en sus brazos, HanaYasha salió de la oscuridad del vestíbulo de la mansión Higurashi.

-¡Guren, ya sabes qué hacer! - bramó InuYasha, agachándose para que su esposa subiera a su espalda.

-¡Volveremos pronto! - aseguró Kagome, llevando su arco y una flecha en sus manos.

La Hanyou hubiera querido verlos partir de techo en techo, pero, con prisa, Guren; la niña que su padre salvó de un Youkai, junto con otra niña Hanyou, le quitó a su hermano de sus brazos y la tomó de su mano izquierda, bajándola por los escalones de la colina empinada.

El distrito de su clan; al igual que los demás, era un caos. Niños lloraban. La gente no paraba de correr y gritar con desesperación. El fuego y el humo los invadían lentamente por los repentinos daños del vendaval de la hidra.

De repente, la pequeña de cabello morado fue bruscamente pateada, rodando unos metros en el piso, con Daika en sus manos. HanaYasha, viendo aterrada como había chocado contra la pared de una casa y terminado en la tierra con un hilo de sangre en la cabeza, corrió para auxiliarla.

Para su mala suerte, alguien la pateó en las piernas, haciéndola tropezar contra la tierra. Quiso levantarse, pero un pie en su espalda no se lo permitió, quitándole el aire y manteniéndola bocabajo. Necesitando averiguar quién era la persona que se atrevió a atacarlas, volteó por encima de su hombro derecho, dispuesta a usar el estilo de viento.

No obstante, su valentía desapareció en cuanto sus ojos dorados reflejaron la silueta de un hombre con una máscara anaranjada.

Debajo de su pie derecho, este pudo sentir como su pequeño cuerpo temblaba. Sonrió. Sacó un trozo de cristal del interior de su capa y, con un fuerte golpe, le hizo un hueco en la espalda, encajándolo en un punto cercano al corazón y haciéndola escupir sangre.

Anonadada y asustada, la niña perdió el brillo en sus ojos dorados y se dejó de mover. El hombre dio un paso hacia atrás y se giró sobre sus talones.

-Uno más... - pensó, chasqueando los dedos.

La gran hidra con la que muchos Shinobi peleaban en ese instante y con la que otros habían sacrificado sus vidas, desapareció dentro de una gran cortina de humo.

-...solo un recipiente más.

En eso, fue confrontado por una gigantesca espada con una cruz en su hoja, obligándolo a saltar hacia atrás, arrastrando las suelas de sus sandalias negras en la tierra quemada.

Megumi Walker abrió un portal a esa dimensión con su garra plateada, transformándola de golpe en su espada de liberación, al reconocer de lejos la silueta del atacante de Allen y su maestro.

Gruñó por las condiciones en las que había dejado a la aldea de Konoha, sumida en terror, cenizas y muerte. Corriendo de nuevo hacia el enmascarado, movió su gran espada, siendo fácilmente burlada.

Entonces, el cuerpo del sujeto volvió a traspasar la hoja, tal y como había sucedido después de la explosión en Londres. Al instante, pensó que también poseía la misma cualidad que Tyki Mikk. El poder tocar a voluntad solo lo que él quisiera.

Mientras continuaba pensando en un modo de poder derrotarlo, para volver con Allen al hospital y sacarlo del coma, sus ojos castaños vislumbraron a la pequeña HanaYasha. Tirada de lado, llena de cenizas... y con sus ojos dorados sin brillo.

Deteniendo otro ataque, también alcanzó a notar que su cabello plateado se estaba volviendo negro. Y por si las cosas no pudieran ir peor, el enmascarado volvió a invocar un vórtice desde su ojo carmesí, enfadándola aún más.

-Si me sigues, morirá. - habló, desapareciendo. - Pero, si no lo haces, no podrás despertar al muchacho de cabello blanco.

-Es una trampa. - pensó, volviendo su brazo derecho a la normalidad y desactivando sus poderes.

Cuando el desconocido se fue, se giró y corrió hacia HanaYasha, arrodillándose para tomarla en sus brazos y llevar su pecho a su oído derecho. Su corazón daba latidos débiles.

De pronto, el viento sopló. Extrañada, levantó la mirada, momento en el que su ojo derecho se volvió negro, con dos círculos rojos en su interior.

Sonriéndole con gentileza, el espíritu del antiguo guardián del oeste, Inu no Taisho, le pidió que la salvara, agregando algo importante sobre colmillo sangriento.

Megumi asintió. Acostando a la niña en su brazo izquierdo, recitó un conjuro, invocando su fuego blanco en la palma de su mano derecha y concentrándola en la herida interna que tenía.

Para no pensar en que podría morir, comenzó a cantar la canción de cuna que Allen y ella, utilizaron para controlar el arca de Noé.

Justo en ese instante, InuYasha; cargando a Guren en su espalda, y Kagome; llevando a Daika en sus brazos, aparecieron en el lugar, atónitos por reencontrarse con la guardiana dimensional.

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-¡¿Ya se deshicieron del monstruo?!

-¡¿Cuándo podremos volver a casa?!

-¡¿Alguien ha visto a mi hijo?!

Cargando a su pequeño hermano, Itachi se esforzó por pasar entre la embravecida multitud que gritaba frente a los miembros de la policía militar.

Su padre, al verlo, se puso más serio de lo normal, confundiéndolo.

Pidiéndole a otro de sus subordinados que le echara una mano con las inquietudes de los refugiados, le hizo un ademán a su hijo para que lo siguiera a otro pasillo vacío, con la luz de la luna entrando por las rejillas que había en el techo.

Al estar solos, Fugaku suspiró.

Nunca antes había lidiado con una situación de esta magnitud. Desorden en todos los distritos. Caos, pánico.

Pérdidas masivas.

Civiles que no alcanzaron a refugiarse, eran arrojados por los aires y caían muertos. Y los Shinobi que luchaban a su lado eran aplastados como moscas.

-¿Padre? - la voz de Itachi lo devolvió al presente. - ¿Qué sucede?

Volvió a respirar. Lo que estaba a punto de decirle no era fácil de asimilar. Incluso él continuaba sin poder creerlo.

-HanaYasha. - pronunció, inquietándolo. - Ella...

-Está muerta. - culminó por él una voz ajena.

Danzou Uchiha apareció de la oscuridad, apoyándose en su bastón y mirando con frialdad a Fugaku.

Mientras una acalorada discusión comenzaba entre ambos; por la falta de tacto del anciano, Itachi sintió los latidos de su corazón en su garganta.

¿HanaYasha estaba muerta? A pesar de todo el esfuerzo que le había invertido a controlar el estilo de viento, ¿La hidra acabó con su vida? ¿De qué forma?

Aunque empezaba a sentir un insoportable calor en sus ojos, se había mantenido quieto, dando un insignificante respingo al escuchar el llanto de su pequeño hermano.

Cuando llegó con éxito al refugio, había encontrado la forma de silenciarlo y hacer que se durmiera.

Pero, esta vez, quien se había convertido en la causa de su despertar y lloriqueos, había sido él. Lo supo por las gotas de sangre que tenían sus rosadas mejillas.

Entonces, sus ojos se dirigieron al frente. Su padre y Danzou habían detenido su discusión, mirándolo pasmados.

¿Por qué estaban tan impactados? Solo estaba llorando. Entonces, dirigió de nuevo su vista a su hermano.

Gotas de sangre en sus mejillas rosadas. ¿De dónde habían caído?

Al levantar con lentitud su mano libre a su rostro, palpó sus mejillas, para luego mirar las yemas de sus dedos.

Sangre.

No eran lágrimas normales las que caían de sus ojos. Eran lágrimas de sangre.

Bajo la luz de la luna que se traspasaba entre las rejillas, Itachi había despertado su sharingan.

Fin del capítulo.


Sip, Danzou es tan maldito y desgraciado como siempre :D! Jajaja, me cayó más gordo cuando les mintió a InuYasha, Fugaku y Mikoto!

Espero el capi de esta ocasión les haya gustado! :3 Muchas gracias a todos por leer! Saludos y cuidense mucho!