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Te he amado desde que te vi en esa tormenta de nieve...
...mi corazón se derrite solo con tenerte cerca...
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Vincent salió del castillo, gritando como si lo hubieran espantado entre más de 300 espíritus. Montó su caballo negro y se apresuró en salir de los terrenos, desvaneciendo su figura más allá de la niebla nocturna.
Desde la entrada; con sus puertas abiertas de par en par, Sakura y Sasuke lo vieron, volteando el uno hacia el otro una vez que se marchó. Él estaba perdido en su belleza, recordando con agradecimiento la forma en que lo salvó.
Pero ella se sentía culpable. Por haber estado ocupada con los asuntos pendientes del pueblo, no tuvo tiempo de verificar la lista de invitados. Sintiendo las lágrimas acumularse en sus ojos carmesí, se llevó una mano a su rostro.
Ese gesto no pasó desapercibido por el menor. Había sucedido lo mismo después de despertar en su alcoba, conociéndose mejor. De repente, sintió una cómoda y cálida tela rodeando sus hombros.
Sakura invocó con un hechizo de monstruo un abrigo azul oscuro para él, cubriendo el lamentable estado en el que quedó su uniforme. Acto seguido, lo tomó de su mano derecha y lo condujo a su habitación.
-Lamento mucho lo que sucedió. – comentó preocupada, una vez que se detuvieron frente a la puerta cerrada. – Puedes tomarte el resto de la noche. Itachi y los demás se encargarán de todo.
Sasuke se quedó en silencio, observando la alfombra que adornaba el piso.
-No quiero problemas.
-No los tendrás. – le aseguró la dama, dejando ir su mano y dándole la espalda. - Buenas noches.
Empezando a caminar, siendo seguida en todo momento por la ofuscada mirada del joven, se abrazó, frunciendo los labios con fuerza para no sollozar.
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Gracias a las buenas historias que Itachi contó para los invitados; luego de que Sakura desapareciera de repente, el banquete terminó con éxito.
Los monstruos se fueron en un desfile de carruajes y los jóvenes sirvientes se retiraron a sus cuartos, asegurándose de que el comedor y la cocina estuvieran impecables para el día siguiente.
Cuando Sasuke salió de su ducha; teniendo una toalla alrededor de su cintura, y secándose su cabello con otra más pequeña sobre sus hombros, se sorprendió al encontrar en su escritorio una taza de té caliente.
Arqueó una ceja con sospecha. ¿Sería un regalo de disculpa de Sakura o algún gesto amable de sus compañeros? Se sentía terrible de solo pensar en que ya estuvieran enterados de su incidente con Vincent.
Se aproximó. Tomó la taza con sus dos manos y la llevó a la altura de su rostro. No tenía ningún aroma que le resultara sospechoso.
Se encogió de hombros. Llevó la taza a sus labios y le dio unos sorbos. Por fortuna, no se hallaba tan caliente, bebiendo la mayor parte... hasta que la taza resbaló de sus dedos, quebrándose al instante.
Aturdido, se quejó y se tambaleó, apoyándose en la mesa del escritorio. No entendía qué le sucedía. Solo tenía claro que quería estar con una persona.
Fue hacia la puerta. Giró el pomo y salió. Ya en las escaleras, se aferró a la gruesa y gran barandilla a su derecha. Como seguían ocupados en las bibliotecas, apenas y percibieron su presencia, llegando fácilmente al cuarto de Sakura.
Tocó un par de veces y esperó. Una vez que las puertas se abrieron, se abalanzó hacia ella, siendo atrapado oportunamente por sus brazos.
-¿Sasuke? – lo llamó, percibiendo con confusión su alta temperatura.
-Sakura... hazme tuyo. – pidió, sorprendiéndola. - Te he amado desde que te vi en esa tormenta de nieve... - agregó sonriente, alzando la mirada. Sus mejillas estaban demasiado sonrojadas. - mi corazón se derrite solo con tenerte cerca... - puso sus brazos en sus hombros y los entrelazó, rodeando su cuello. - te lo suplico... - susurró sobre sus labios. - tócame y bésame hasta el amanecer.
Al recibir su beso, la mujer sintió su corazón desmoronarse por la decepción. Su boca tenía impregnado el dulce aroma de un afrodisiaco.
Inexpresiva, lo tomó en sus brazos y lo depositó con suavidad en el gran colchón de su cama, haciendo a un lado las cobijas con un hechizo.
Sentándose en la orilla derecha, lo tomó de sus muñecas, llevando sus manos por encima de su cabeza sin usar mucha fuerza.
En esa posición, los síntomas eran más evidentes ante sus ojos escarlata, preguntándose... ¿Quién sería tan cruel como para tenderle una trampa así?
-¿Sakura?
Apretó su puño izquierdo sobre el colchón, estrujando su funda blanca. Anhelaba tanto que sus antiguas noches regresaran, abrazándose, sonriéndose, perdiéndose en sus miradas, en sus caricias, en sus besos.
Derramando una lágrima de su ojo derecho; cayendo sobre el rostro del menor, se movió hacia atrás, soltándolo, y fue al escritorio. Del primer cajón a su izquierda, sacó un pequeño frasco con un líquido violeta.
Bebió el contenido. Dejó el recipiente en la mesa y fue hacia Sasuke, separando sus labios con su pulgar para que abriera la boca y besarlo. Escuchando como se tragaba por completo el brebaje, se separó, sonriendo satisfecha.
-Buen chico. – murmuró.
-Sakura... - la llamó con dulzura. – siento... mis ojos pesados... tengo que volver... a mi alcoba...
-Tranquilo. – se alejó de nuevo, sentándose en la orilla de la cama, y acarició sus cabellos negros. - Puedes descansar aquí.
-Sakura... - sonriéndole de nuevo, puso un dedo en sus labios para silenciarlo, cubriéndolo después con la sábana y la colcha carmesí oscuro.
-Descansa... - susurró, inclinándose y dándole un beso en su frente.
Sus ojos se cerraron un segundo después, rompiendo más su corazón. La señal de ello, fue la abrupta desaparición de su sonrisa, reemplazándola por una expresión letal, cargada del odio más puro. Un odio con el que vivía desde que su amado la dejó.
Incorporándose de la cama, fue a su armario, abriendo la puerta a su izquierda para sacar una fina bata de seda negra. En la espalda, tenía tejido el símbolo de la familia Uchiha. Un elegante abanico pintado de colores blanco y rojo, definidos por una gruesa línea negra en las orillas.
Abandonó la habitación, corriendo por el largo pasillo del segundo piso, las escaleras y el vestíbulo, abriendo con fuerza las puertas principales. La ventisca nevada de esa noche era feroz. Pero no tanto como sus emociones a punto de matarla por la desesperación.
Gritando enojada, corrió y saltó por el puente de concreto, perdiéndose entre la nieve y destazando en su camino todos los árboles secos con los que se hallaba. Una y otra vez, sus garras los partían en dos o varios pedazos, siendo tirados por la fuerza del viento y la nieve.
Entonces, una mano se posó sobre su hombro izquierdo, obligándola a girar hacia atrás. Itachi miraba con extrema preocupación el descuidado aspecto de su ama.
Por estar tan concentrada en destruir los árboles a su alrededor, no notó que su blanquecina piel fue mancillada por cortadas y golpes, hechos con los trozos de madera que salían volando. Además, rugía, se movía y lo miraba como si se tratase de una bestia, aumentando el brillo de sus ojos carmesí y las arrugas de su ceño fruncido.
De todas formas, para el mayordomo, hacía falta algo más que esas características para asustarlo. Dando un paso y luego otro, sobre la frondosa capa de nieve donde se encontraban, la rodeó gentilmente con sus fuertes brazos, recostando su mirada en el lado izquierdo de su pecho.
Sakura se conmovió tanto al escuchar los latidos de su corazón, que ya no pudo contener más su llanto. Lo soportó desde que vio el uniforme destrozado de Sasuke, culpándose por la entrada de Vincent a su santuario. Sollozaba, gritaba y se aferraba con fuerza a la espalda de Itachi.
Este, mientras tanto, volteó sus apacibles ojos negros hacia las ventanas del castillo, descubriendo que alguien los estaba observando desde el tercer piso.
Una silueta menuda y oscura.
Quedándose en silencio, tomó a la pelirrosa en sus brazos y la llevó de vuelta a su hogar, dándole el tiempo suficiente para que se tranquilizara y se durmiera.
Fin del capítulo.
