-1 año después-.

-¡¿Qué?! ¡¿Estaremos en el festival Shinobi de Konoha?! - exclamó Sakura, revolviendo sus cabellos rosados con sus dedos.

Las aves que sobrevolaban la zona, huyeron asustadas.

-¡N-No bromeé con eso, Hana-sensei! - continuó Naruto, con un zorruno ceño fruncido. - ¡A esa cosa solo se presentan los mejores ninjas, de verás!

-¿Y quién dijo que ustedes no podían ser de los mejores? - interrogó la Hanyou, cruzada de brazos. - ¡Yo sé lo mucho que se han esforzado en su entrenamiento y en las misiones, por supuesto que también tienen derecho a entrar al festival!

Sakura y Naruto continuaban sin estar tan convencidos.

-Lo único que les hace falta, es encontrar una técnica especial que puedan usar para su combate. Les daré la tarde libre para que piensen en una. Y mañana por la mañana, comenzaremos a perfeccionarla, ¿De acuerdo? - agregó, guiñándoles su ojo derecho.

Los jóvenes ninjas asintieron, separándose en caminos diferentes para marcharse del campo de entrenamiento.

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-¡ARGH! ¡Esto es muy difícil! - se quejó Sakura, tirándose en el piso de su alcoba; dentro de la mansión principal del clan Haruno, con un libro en sus manos. - ¡Apenas domino el control sobre mi chakra...! ¡¿Y ahora tengo que aprender a usar el elemento madera?! ¡¿Es en serio?!

-¡¿Estarás en el festival Shinobi?! - exclamó Shizune, mirándola sonriente desde el pasillo, con Tonton; el cerdito mascota de su familia, en sus brazos. - ¡Eso es asombroso, Sakura!

-¡Tía Shizune! - la llamó emocionada. Dejó el libro en el suelo y se incorporó. - ¡¿Mi madre o mi padre tenían alguna técnica especial que los identificara?! ¡Cualquiera me podría servir para mi batalla!

-Bueno... ambos se desempeñaban muy bien como ninjas médicos. Y tu madre... ¡Controlaba el elemento madera como toda una experta!

Ese último dato, hizo caer a la joven con los pies arriba.

-¿De verdad es todo lo que puedes decirme de ellos? - preguntó, quedándose tirada en el piso y poniendo ojos de cachorro. - ¿No hay algo más?

-Lo lamento mucho, Sakura. - dijo apenada. - Podría enseñarte a crear venenos y antídotos, pero dudo mucho que eso sea interesante para el público.

Y como si de un trozo de papel se tratara, la pelirrosa volvió a caer, con la cabeza apuntando al techo.

-Estoy frita.

-No me digas. - comentó una voz diferente, levantándola de golpe.

-Sé que HanaYasha te enseñó lo básico para controlar tu chakra. - habló Tsunade con una sonrisa de lado, apoyando su espalda en el marco de la puerta.

Sakura, Shizune y Tonton la vieron con curiosidad.

-Si lo sigues practicando, podrías sorprender a todos. - dándoles la espalda, se retiró tranquilamente por el pasillo, resonando los pasos de sus tacones altos.

La menor suspiró.

-Bueno... - sonriendo, estiró los brazos hacia arriba y volteó hacia su tía de cabello negro. - parece que me quedaré con técnicas de fuerza.

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Mientras tanto, en el distrito del clan Uzumaki, Naruto buscaba en cualquier repisa de su hogar, un libro o un pergamino que pudiera serle de utilidad, explicando la historia de sus antepasados y parientes.

Cuando Kushina volvió del mercado, llevando consigo un par de bolsas tejidas de bambú, observó con la frente azul el desorden hecho en la mesa del comedor y los pasillos. ¡¿Por qué había tantos libros tirados?!

En eso, escuchó un fuerte golpe desde el segundo piso. Apresurándose, arrojó sus compras en la mesa del comedor y subió por las escaleras. Tirado en el piso del pasillo, su hijo se sobaba por detrás de su cabeza.

-¿N-Naruto? - lo llamó, con un tic en su ojo izquierdo. Más libros y pergaminos lo rodeaban. - ¿Qué estás haciendo?

-¡Qué bueno que volviste mamá, de verás! - bramó con una sonrisa. - ¡Por casualidad, ¿Conoces alguna técnica asombrosa, genial y ancestral que pueda usar para el festival Shinobi?!

-¡¿C-Cómo?! ¡¿Tú equipo dará batallas de demostración?! - cuestionó anonadada.

Él asintió, con una mirada zorruna.

-Si... - dijo confiada. - ...conozco una.

-¡¿En serio?! - sus ojos azules brillaron a más no poder.

-Pero, si quieres que te la explique... - al instante, su cálida sonrisa se transformó en una mirada llena de furia. - ¡TENDRÁS QUE LIMPIAR EL DESORDEN QUE DEJASTE ABAJO Y AQUÍ!

-¡P-Perdón! - gritó arrepentido, llorando lágrimas en forma de cascada, mientras saltaba de un lado a otro.

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-¿Una técnica especial de nuestra familia? - preguntó Mikoto, extendiendo unas sábanas, en el jardín de su casa, para luego colgarlas bajo el sol.

Sasuke, parado en el pasillo exterior, asintió.

-Mi equipo entrará al festival Shinobi.

-Podrías utilizar el sharingan. - sugirió su padre, llegando de pronto y colocándose detrás de él, cruzado de brazos. - Si te pones de acuerdo con tu oponente, les enseñarías a todos lo asombrosa que es la herencia de nuestros antepasados.

-Pero otras personas del clan han hecho lo mismo en años anteriores, ¿No? - interrogó, con una ceja arqueada. - De ser posible, me gustaría alejarme un poco de eso.

Decir aquello dejó pensando a sus padres. Hasta que...

-¿Qué elementos puedes controlar?

...una voz ajena llamó la atención de los presentes, haciéndolos voltear hacia la cerca de madera que rodeaba el jardin. Sobre ella, se hallaba sentado un hombre de alborotado cabello gris.

-Ese podría ser un buen comienzo.

-¡Hola Kakashi! - lo saludó Mikoto.

Él le sonrió bajo su máscara, dando un paso para desaparecer y reaparecer frente a Sasuke y Fugaku. Era rápido.

-Creí que te vería hasta la tarde. - comentó el hombre de cabello castaño.

-La reunión con Danzou-sama se canceló. - dijo, encogiéndose de hombros y volteando hacia el menor. - Eras muy pequeño cuando nos conocimos, así que seguramente no me recuerdas.

-Sí, no lo recuerdo. Pero eso no significa que no sé quién es. - replicó seriamente. - Kakashi Uchiha. Fuiste alumno de Hiruzen Uzumaki y ahora te desempeñas en Raíz, como la mano derecha de mi bisabuelo Danzou.

Atónito, el mayor se enderezó.

-Veo que cierta personita te informó muy bien. - dijo avergonzado, refiriéndose a HanaYasha. - En cuanto termine mi asunto con tu padre, te enseñaré una técnica con la que dejarás boquiabiertos a todos en el festival. - avisó, dando un paso hacia el pasillo exterior y entrando a la casa junto a Fugaku.

En cuanto la puerta corrediza se cerró, el chico sonrió con agradecimiento.

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A la mañana siguiente, los miembros del equipo 7 se reunieron de nuevo en el mismo campo de entrenamiento del día anterior. Unos minutos después, HanaYasha apareció en un remolino de viento, llevando en su espalda una inmensa mochila amarilla, con la cual, al dejarla en el piso, hizo temblar la zona, asustando a las aves y a otros animales que pasaban por ahí.

-¿Cómo les fue? - cuestionó. - ¿Ya saben lo que quieren hacer?

-Me gustaría seguir desarrollando mi control de chakra. - afirmó Sakura, levantando su mano derecha.

-¡Yo haré la técnica súper asombrosa y genial de mi familia! ¡El rasengan! - continuó Naruto.

-Oh. - sonrió de lado. Levantó su mano derecha y, en su palma, apareció una esfera hecha de chakra puro, cuya energía levantaba sus largos cabellos plateados y las hojas a su alrededor. - ¿Te refieres a esto?

-¡Si! - el muchacho sonrió con todos sus dientes. - ¡Esa es, de verás!

Luego de escucharlo, deshizo la esfera, cerrando su mano.

-¿Y tú, Sasuke? - preguntó de nuevo. - ¿Ya pensaste lo que harás?

-El chidori.

La joven volvió a sonreír. Realizando unos sellos con sus manos, invocó en la palma de su mano izquierda, una concentración de estilo de rayo.

Los tres quedaron atónitos con ello, observando también la forma en la que lo utilizaba, para destruir el tronco de un árbol, pasando a su lado.

-¡G-Genial! - gritó Naruto.

-Escuchen con atención. - pidió la Hanyou, cruzándose de brazos. - El festival Shinobi será dentro de un mes, así que solo me enfocaré en enseñarles estas técnicas, ¿Entendido?

Los tres asintieron. Emocionados y nerviosos, comenzaron a seguir las instrucciones de su maestra, desfalleciendo hasta el atardecer.

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Transcurridas dos semanas, cada uno consiguió dominar la mayor parte de su técnica.

Naruto, rodeado por deshechos de globos de agua y pelotas de hule, sonreía con todos los dientes, acostado en la tierra, completamente exhausto.

Sakura se apoyaba sobre sus rodillas, sudando y sin parar de jadear. Cada tronco, cada roca gigante, incluso cada objeto ocurrente que HanaYasha le lanzaba, fue deshecho con sus puños, protegidos ahora por unos cómodos guantes que la joven le regaló desde el primer día de entrenamiento. Asegurándose de que no se lastimara de nuevo sus nudillos; tal y como le ocurrió en su misión en la montaña.

Sasuke también estaba agotado. Arrodillado en el suelo, no podía controlar el temblor en su mano izquierda. Y aunque ya contaba desde hace bastante tiempo con el poder de su sharingan, de todas formas, era difícil crear el chidori por tercera vez consecutiva.

De repente, la Hanyou hizo acto de presencia, llevando en sus manos, 2 pares de paletas heladas con las que los sorprendió.

-Felicidades. - dijo con una sonrisa. Detrás de ella, el atardecer se difuminaba en varios colores anaranjados en el cielo. - Hoy hicieron un gran trabajo.

El primero en tomar las paletas fue Naruto, entregándole una a Sakura. La joven sonrió satisfecha. Volteó hacia Sasuke y dio un paso hacia él, extendiéndole su propia paleta helada de color azul claro.

Cerrando su mano izquierda y sin parar de jadear, el menor tragó saliva y tomó la paleta con su mano derecha. Unos segundos después, los cuatro se sentaron juntos, apreciando mejor la caída del sol, al mismo tiempo que un cuervo sobrevolaba por ahí.

-¡Qué delicia, de verás! - exclamó el rubio, llevándose el palo de madera de la paleta a los dientes.

-Sí, nos hacía mucha falta. - le siguió Sakura, comiendo agradecida el último pedazo de hielo.

A su derecha, Sasuke seguía disfrutando de su paleta, llegando a un poco más de la mitad. Con HanaYasha pasaba lo mismo.

Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un momento lleno de tranquilidad y paz. En especial, después del juicio con el consejo. Recibiendo, como de costumbre, críticas y malos tratos de los aldeanos.

Y aunque sus alumnos, sus amigos y sus conocidos, siempre la defendían, ella prefirió que no se esforzaran, para no darle al asunto el peso que no se merecía.

-¡Bueno...! - habló Naruto, estirando los brazos antes de incorporarse y girar su torso un par de veces a los lados. - ¡...hay que seguir!

-Por supuesto que no. - dijo HanaYasha, llamando su atención. - Por hoy lo hicieron de maravilla. Vayan a descansar, se lo han ganado.

-¡¿D-De verdad?! - cuestionó la pelirrosa.

-¡Si! ¡Qué bien! - gritó Naruto, emocionado. - ¡Gracias por todo, Hana-sensei!

Hizo una reverencia y dio un gran salto hacia las ramas de los árboles.

-¡Nos vemos mañana! ¡Descanse! - se despidió Sakura, siguiendo a su amigo de la infancia.

Sasuke se terminó finalmente su paleta, por lo que, sin tener más opción, HanaYasha se devoró el resto de un solo mordisco, haciendo una mueca cuando sintió que su cerebro se había "congelado". El menor, viendo aquello sin perderse ni un detalle, soltó una carcajada.

-¡O-Oye! - exclamó enojada, ruborizándose por la vergüenza.

-¡No puedo creer que hayas hecho eso! - replicó, sin dejar de reír.

-¡Ay, pequeño...! - gritó enojada, antes de recordar brevemente las cosas que había hecho por ella.

Darle un regalo bajo los fuegos artificiales y abrazarla cada vez que necesitaba consuelo.

-Pensándolo bien... - comentó para si misma, sonriendo. - mejor lo dejaré pasar. - se incorporó y estiró los brazos hacia arriba.

Para ese entonces, el chico había dejado de reír, mirándola con curiosidad.

-¿Quieres que te acompañe a casa? - interrogó con dulzura.

La pregunta, aunque le había caído como un balde de agua helada, fue capaz de responderla con una simple afirmación de su cabeza.

Por ello, ambos salieron del campo de entrenamiento, caminando tranquilamente hacia el centro de la aldea. La academia ninja, un solitario parque para niños, negocios cerrados, la estatua de la voluntad del fuego... son algunos de los lugares que pudieron apreciar sus ojos negros, mientras iban en silencio.

Entonces, cruzando la parte del bosque, que conducía hacia el distrito de su clan, el atardecer se transformó en una serena noche, con el sonido de las cigarras invadiendo los alrededores. Al escucharlas, recordó de golpe la forma en la que había usado el chidori, frente a él y sus compañeros.

-HanaYasha. - la llamó de pronto, obteniendo su atención. - ¿Cómo es que conoces las antiguas técnicas de nuestras familias?

-Cuando era niña y asistía a la academia, descubrí que podía controlar el estilo de viento. - explicó, guardando sus manos en los bolsillos de su chaleco verde oscuro. - Al verme, Minato-sama se ofreció a enseñarme. En aquel entonces, Naruto todavía no había nacido.

Ese dato lo dejó atónito, recordándole, por las malas, la diferencia de edad que tenían.

-Años después, ingresé a Raíz, donde conocí a Kakashi-sensei y él me enseñó el chidori. - hizo una pausa. - Luego... me enfoqué en aprender ninjutsu médico con Shizune-sensei. Aunque, en ocasiones, Tsunade-sama me enseñaba a controlar mejor mi chakra para aumentar mi fuerza.

-¿Y qué hay del clan Hyuga? ¿Alguna vez aprendiste algo de ellos?

-Fue algo muy gracioso. - respondió, con una sonrisa nostálgica. - Estando dentro de Raíz, los sannin se dieron cuenta de que a Itachi, a Taichi y a mí, nos fallaban ciertos aspectos que podían jugarnos en contra. Por ello, y sin pedirle permiso a tu bisabuelo, nos asignaron profesores especiales. El de Taichi, fue Minato-sama y el mío, fue Hizashi Hyuga, el padre de Neji.

-¿Y el de mi hermano? Él también necesitaba mejorar en algo, ¿No?

La Hanyou se detuvo a medio sendero, quedándose en silencio.

-Mejor... no te cuento.

-¿Por qué? - cuestionó con una ceja arqueada. - ¿Es muy vergonzoso o...?

De pronto, la Hanyou comenzó a correr.

-¡Si llegas antes que yo, te lo diré! - gritó a lo lejos.

-¡V-Vuelve aquí, tramposa! - exigió molesto, con una vena punzante en la cabeza.

Emprendiendo su carrera, llegó finalmente al pórtico de su casa unos minutos después, apoyándose sobre sus rodillas mientras jadeaba agotado.

-Lo lamento, Sasuke. - dijo apenada, apareciendo repentinamente ante él. - Itachi nos hizo jurar a mí y a Taichi que jamás le diríamos a nadie quién fue su maestro de aquel entonces.

En respuesta, el menor bufó, alzando con indignación su mirada.

-¡Ay, por favor! ¡No me mires así! - gritó desesperada. - ¡Te juro que no tengo opción!

-¿Es alguien de tu clan? ¿Lo conozco?

-Ya te dije que no puedo decirte. - insistió. - Así que, hagamos como que es un tema tabú, ¿Si? - le sonrió, parpadeando adorablemente.

Él continuaba teniendo el ceño fruncido, haciéndola suspirar y encorvarse.

-Bueno, tengo que irme.

-¡Espera! - pidió Sasuke, tomándola de su mano izquierda. - Gracias. - tragó saliva, al mismo tiempo que ella se giraba lentamente hacia él, atónita. - P-Por... la paleta y por... acompañarme.

La joven sonrió.

-Nos vemos mañana. Descansa.

Apartando su mano de la suya y revolviendo sus cabellos negros, desapareció en medio de un remolino de viento. Sasuke sonrió. Abrió y cerró tras de sí la puerta principal de su hogar y se quitó las sandalias en el vestíbulo.

Con el viento soplando, llevándose consigo algunas hojas, una silueta se hallaba agachada en el techo de una casa cercana. Incorporándose, dio un salto y desapareció con las oscuras nubes que escondían el resplandor de la luna.

Fin del capítulo.


Espero el capítulo de esta ocasión les haya gustado! :3

Muchas gracias por seguir leyendo mi historia!

Nos vemos en la próxima actualización! (Si mi resfriado no me sigue molestando, espero traérselas este miércoles TOT).