Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.


Entre amores y karate.

•••

Capítulo 3.- Ojalá pudiera apagar mi corazón.

—¿U-Ukyo?

Ranma se acercó a su amigo para tratar de tranquilizarlo. Ryoga, por su parte, se encontraba sumamente consternado y triste. Lo que menos quería se hizo realidad, y ahora la dicha por llegar a Tokio se vio arruinada de repente. Sintió como su amigo lo tomó del brazo y lo sostuvo, ayudándole a recuperar el equilibrio. —Akane, ¿Crees que podamos sentarnos en una de las mesitas?

Akane no entendía que pasaba, pero claramente ese chico se veía muy afectado por haber visto a esa chica, justo como ella se sintió. —Si, vayan a sentarse. ¿Necesitan algo?

—Una cerveza, por favor.— Dijo Ranma.

—Que sean dos... por favor.— Complementó Ryoga.

Mientras Ranma sentaba a su amigo, Akane sacó tres cervezas del refrigerador, prometiendo que se las pagaría a su jefe sin falta alguna. Aunque ella no solía beber frecuentemente necesitaba una para asimilar lo que estaba pasando. Por lo visto también estaría involucrada en lo que sea que ocurría.

La chica llegó a la mesa poniendo las tres cervezas encima. Ni bien hizo esto Ryoga tomó la lata y la bebió de golpe sin importarle si el liquido se escurría por su barbilla. Akane se impresionó, pero no dijo nada, sentándose recatadamente al lado del de trenza.

—¿No tendrás problemas con tu jefe por no atender?— Preguntó el ojiazul un poco preocupado.

Suspiró. —No te preocupes, mi turno termina en cinco minutos. El otro chico no tarda en llegar.

—Lamento causar molestias.— Dijo Ryoga un poco apenado. —No debí aceptar venir hasta acá.

—Basta, Ryoga. Ukyo no se puede salir con la suya y arruinarte los planes de tu vida.

Al ver que Akane tenía una cara interrogante, Ryoga soltó una risa un poco seca. —Lo siento. Creo que aquí la persona que estaba sufriendo más eras tú.

—No tienes por qué disculparte.— Agachó la mirada. —La verdad no entiendo quien es esa chica. Aquel muchacho que salía en la foto es Shinnosuke Ueda, mi mejor amigo. De hecho, es la primera vez que la veo a ella.

—No sabía que Ukyo y el se conocieran. Akane, esa chica nos hizo mucho daño a Ryoga y a mi.

—¿Ella es la ex-novia a la que se refería tu madre?— Le preguntó la de ojos marrones sin levantar la mirada.

—Sí.— Respondió Ranma escuetamente.

—Es linda. Ahora entiendo por qué a Shinnosuke le gustó.

Ryoga soltó una risa sarcástica. —Es bonita, pero en realidad causa mucho daño.

—Se llama Ukyo Kuonji. Era nuestra mejor amiga desde la niñez, siempre estábamos juntos, hasta bromeábamos con ser los tres mosqueteros. En fin, fue divertido porque en ese entonces parecía un niño como nosotros.— Akane no pudo evitar compararse con aquella niña, porque eso mismo le pasó cuando conoció a Shinnosuke. —No fue hasta que cumplimos los 12 años que descubrimos que en realidad era una chica.

—Ella llegó corriendo hacia nosotros, gritándonos que le había llegado su "periodo" por primera vez. ¡Mierda! Yo estaba muy perdido cuando nos lo dijo.— Ryoga no pudo hacer nada más que reír nostálgico por el recuerdo de aquella inocencia perdida.

—Pasaron dos años más, hasta que una noche me confesó que le gustaba. Al principio yo pensé que a mí también me gustaba, así que decidimos salir. Sin embargo, no era lo que esperaba. Ella quería atarme de por vida, quería que al terminar la educación básica nos casáramos y nos hiciéramos cargo del puesto de comida que su padre le iba a heredar, ignorando el hecho de que yo deseaba ser un artista marcial reconocido. Discutimos mucho, así que decidí terminar con ella.— Dijo Ranma algo decaído.

—Desde que supe que era chica, me di cuenta de que a mi realmente me gustaba ella. Cuando Ranma y ella estuvieron juntos, me sentí desplazado por ambos. Así que intenté seguir adelante con mi vida, intenté conocer a otras chicas. Lo peor es que Ukyo sabía que a mi me gustaba, y por alguna razón no me dejaba ser feliz con alguien más. Quizá éramos demasiado inmaduros, pero si yo me acercaba a otra chica ella me ilusionaba, coqueteando conmigo, aún siendo novia de Ranma. Era un estira y afloja muy tedioso.

—Cuando cumplimos 18 años, Ryoga y Ukyo terminaron siendo novios. Pero no pasaron más que uno meses para que ella me confesara que lo hizo solo para intentar ponerme celoso. Fue durante una discusión tan grande entre los tres que acabamos hiriéndonos. Ryoga me guardó rencor por un tiempo, pero pudimos sanar y perdonarnos. Sin embargo, nos alejamos de Ukyo. Y no habíamos sabido nada de ella, hasta ahora.

Akane estaba más que impactada. Por fin entendió la reacción del otro chico. —Por eso actuaste así.

Ryoga suspiró. —Cuando creía haberlo superado, el destino me va trayendo de vuelta todo, como si se burlara de mí.

—Pero, entonces ella... ¿No estará jugando con Shinnosuke? Por como lo describen seguramente estará haciendo lo mismo con el pobre.

Ranma frunció el ceño. No entendía por qué estaba demasiado preocupada por ese chico, y no le agradaba para nada aquello. —Lo dudo, ella no sabía que yo me mudaría acá. Tampoco sabe algo sobre Ryoga.

La campanita de la puerta sonó, interrumpiendo a los chicos. El compañero de Akane había llegado, saludándola fugazmente para luego dirigirse a la bodega a ponerse el chaleco que vestían para vender.

—Ese chico con el que ella sale, ¿Te gusta?— Preguntó Ryoga.

Akane se sonrojó ligeramente, aunque bajó la mirada. —Si.

Ranma cruzó los brazos seriamente. No quería escuchar lo que ella pronunció, sin embargo fue lo que obtuvo. "¿Pero que demonios me pasa? ¿Por qué me siento tan... amargo?", pensó.

—Ya veo, entonces comprendiste lo que he sentido.

—Para ser sincera, si. Creo que Saotome tiene razón, esto pasa a menudo.

—Escucha, no sé que nos depara a ti y a mi, pero sea lo que sea, sobreviviremos.— Ryoga tomó su lata de cerveza y la extendió en dirección a la chica.

Akane le miró, tomó la suya lentamente y la chocó con la del otro chico, llevando aquella bebida de manera tímida a sus labios nuevamente. —Si, lo haremos.— Susurró, intentando convencerse de que aquello sería verdad.

Pasaron unos minutos en silencio. Finalmente terminaron saliendo del Konbini. Akane vivía cerca de la casa de los Saotome, por lo cual iría acompañada de ambos chicos por un rato. Para intentar quitarle pesadez al asunto Ryoga empezó a platicar con Akane, tratando de conocerse un poco más. Ranma solo los escuchaba, pues aún se encontraba aturdido después de descubrir que la amarga sensación que había tenido hace unos momentos se parecía ligeramente a los celos. Y tenía miedo a explorar más en ello, porque no entendía como rayos había pasado ni porqué de repente los había sentido.

Llegaron a la residencia de los Saotome, deteniéndose en la entrada. Akane volteó a la dirección donde ambos estaban y les hizo una pequeña reverencia. —Fue un gusto conocerte, Ryoga.

—El gusto fue mío. ¿Segura no quieres que te acompañemos hasta tu casa?

—No hace falta, vivo muy cerca, llegaré en unos dos minutos caminando.

Ranma se acercó. —Bien, supongo que entonces te veré mañana.

—Si, mañana sabremos quien habrá quedado en el equipo de la profesora Matsuda.

—Si, seguro.

Akane suspiró, miró a Ranma, quien no le apartaba los ojos con cierto recelo. —No me pondré a llorar, si es lo que piensas. Tu lo dijiste, estas cosas pasan.

—Ya, no me importa.— Trató de poner enfasis en lo que dijo para convencer no solo a la chica, si no a él mismo.

—Bien, entonces, nos vemos.

Akane dio la vuelta y se fue corriendo hacía su casa. Ranma y Ryoga la miraron irse. —Amigo, ella es linda.

Rodó los ojos. —Claro que no, tiene un carácter desagradable.

—Bueno, pues quizá ese tal Shinnosuke termine arrepintiéndose algún día por no estar con ella. Si yo fuera él, quizá lo haga. Ahora ya invítame a tu casa, necesito descansar.

Ranma miró por última vez la dirección donde Akane se fue. No, definitivamente no quería que Shinnosuke se arrepintiera.

Ya era Lunes otra vez, y por fin Akane sabría los resultados de su esfuerzo. Aunque su mente debería estar pensando en si ocupa o no el puesto para el equipo de karate, realmente se enfocaba en la conversación de la noche anterior. La ansiedad no la dejó dormir bien por la noche, preguntándose una y otra vez si estaba bien que Shinnosuke saliera con aquella chica. Saotome le había dicho que no sabía sobre su ubicación, pero por alguna razón, presentía que ella había llegado a la vida de su amigo para jugar con él.

Suspiró, sentada en su lugar. Aún no llegaban sus amigas, y todavía faltaban bastantes alumnos en el aula, por lo cual ella estaba completamente sola. Y prefería estar sola un rato, para ser sincera. Aunque la tranquilidad pronto se esfumó al ver a Saotome entrar al salón y caminar directamente hacia ella.

—Te ves terrible. Bueno, siempre lo estás, pero hoy más.— Pronunció Ranma, sentándose al lado de la chica.

La de ojos avellana bufó, cansada. —Ahora sí que estoy terrible, porque hay una mosca molesta a mi lado.

Cruzó los brazos. —Definitivamente eres la chica menos linda que he conocido toda mi vida.

—Y, por cierto, nadie te dijo que podías sentarte a mi lado.

—Yo me mando solo.

Akane no dijo nada más. Miró su teléfono intentando distraerse. Sin embargo, la duda pudo más con ella. Se metió al Instagram de su amigo, y encontró en su feed la foto que le había mandado por Line. Ambos se veían sonrientes, y por un momento envidió a la chica que salía ahí. El pelo castaño, largo y alaciado, los ojos expresivos y adornados de pestañas largas, el cuidadoso y sencillo maquillaje, la nariz fina, los labios cubiertos de una tinta color rojo. Se comparó inevitablemente, suspirando un poco audible.

Ranma observó de reojo las acciones de la chica. ¿Es que acaso era masoquista? —Oye, deberías superarlo.

—Métete en tus propios asuntos.

—No entiendo, ¿Qué es lo que lo hace tan especial? Puedes fácilmente conseguir a otro chico. Tienes demasiados interesados en ti.

Le miró, incrédula. —Lo dices como si fuera algo tan fácil.

—Lo es.

—No, no lo es. ¿Acaso nunca te enamoraste de tu amiga?

La miró fijamente. —Cuando anduve con Ukyo fue porque me cansé de que me rogara. Si me gustó, pero no fue algo...profundo.

Akane parpadeó muchas veces. —Ósea que... ¿Realmente no te has enamorado?

—No, y no veo por qué tengo que decirte esto.

—¿Y nunca te han roto el corazón?

Empezó a rememorar, pero realmente no pudo recordar nada. Lo de Ukyo fue doloroso pero porque casi le cuesta su amistad con Ryoga, y aunque si sintió dolor no era ese tipo de dolor. —No.— Respondió, un poco sorprendido.

Su conversación fue abruptamente interrumpida por las dos amigas de Akane. Ranma se recorrió dos lugares para que ambas pudieran sentarse junto a la chica. El resto de las clases se mantuvo bastante pensativo. Nunca había experimentado un corazón roto, o al menos no de manera romántica. Ni tampoco sabía lo que era amar a alguien de esa manera. Si que amaba a sus seres queridos (aunque con su padre la relación no era la mejor), pero no sentía algo romántico por alguien. O al menos por el momento.

Llegó la hora de la clase de Karate, y todo el grupo se encontraba ansioso. El tumulto de alumnos no paraban de hablar entre sí, preguntándose quienes estarían seleccionados para representar a la escuela. Al ser el grado más avanzado la presión era mayor, y serían el ejemplo para las generaciones anteriores a la suya. Todos pensaron en que Ranma, el chico nuevo, sería seleccionado inmediatamente, incluso la propia Akane lo pensó así.

Akane estaba sentada en una de las colchonetas de entrenamiento. Intentaba distraerse charlando con dos de sus compañeras de la clase, aunque ellas no dejaban de hablar del joven de trenza, preguntándose si es que él no tenía novia o si no le interesaba alguien.

Ranma, por otra parte, estaba tratando de hacer algunos ejercicios de calentamiento. Pero su mente divagaba con lo que dialogó en la mañana. Nunca había sentido el romance, y por alguna razón, el hecho de que Akane descubriera esto lo ponía nervioso y ansioso. No sabía porque, pero cuando hablaba con ella sentía una intranquilidad profunda que lo desconcertaba y le orillaba a que su boca soltara sarcasmos e insultos. ¿Acaso el estaría...? "No, lo dudo. No me puede estar gustando una chica tan poco femenina como ella." Pensó tratando de sacarse esa duda en su cabeza.

La profesora Matsuda entró al gimnasio, saludando como de costumbre a todos en el lugar. Cada uno abandonó sus actividades que realizaban y se formaron en sus posiciones, listos para escuchar el veredicto final.

—Bien chicos, ya tengo al grupo de personas que estarán seleccionados para representar a la clase. Por favor, pasen al frente conforme los vaya anunciando.— Mientras la profesora recitaba los nombres, todos se ponían eufóricos, tristes o esperanzados. Era un desfile muy variado de emociones y gestos. —Bien, ahora mencionaré a los capitanes de ambos equipos. Tendo Akane, serás la representante del equipo femenino. Saotome Ranma, tú te encargarás del equipo masculino.

Ambos chicos pasaron al frente, posicionándose cada uno al lado de su equipo respectivo. Ranma miró a Akane, quien parecía un poco menos apática que antes. Quizá la noticia de ser representante le sentó bien. El, por otra parte, más que alegrarle haber clasificado le asaltó una felicidad repentina porque la chica lo había conseguido. Aunque trató de frenarlo, una sonrisa sincera apareció en su rostro, mirando por unos segundos a su compañera.

Después de haber recibido unas cordiales felicitaciones y continuar con la clase, la profesora les dio instrucciones a los equipos. A partir del día siguiente tendrían que quedarse una hora extra para practicar en la escuela. Practicarían técnicas de defensa, de ataque y ensayo de demostración de katas.

Cuando terminaron de recibir instrucciones, todos los integrantes de los equipos se retiraron a los vestidores a cambiarse. Akane tomó sus cosas y se dispuso a ir hacia los vestidores, cuando sintió como a su lado caminaba alguien.

—Felicitaciones. No pensé que alguien débil como tu clasificaría.

—Di lo que quieras. Aún así...— Se posicionó enfrente de él. —Felicidades. Aunque supongo que ya debes de estar acostumbrado, después de todo en tu escuela anterior eras de los mejores.

Se descolocó un poco al escuchar una felicitacion tan sincera. No había rastro de sarcasmo, burla o ira en la voz de ella. —Oye, das miedo cuando dices las cosas amablemente.

—No tengo ganas de pelear, es todo.

Akane retomó su camino, sin embargo, antes de que pudiera avanzar más escuchó a Ranma decir algo.

—Te acompaño a casa.

Detuvo su andar por un momento. Quería estar sola, pero a la vez pensó que sería mejor si alguien le distrajese para no pensar. —Bien, te veo afuera del gimnasio.

Ella siguió caminando hasta desaparecer en el pasillo de los vestidores. Ranma la observó irse, un poco irritado por saber que la actitud tan sumisa de ella tenía un nombre.

Iban sentados en el autobús, uno junto al otro, sumidos en un silencio profundo. Esta vez Akane no dormía, simplemente se mantenía viendo el paisaje de manera desinteresada. Ranma, por otra parte, miraba hacia el frente sin saber que decir o hacer. No se esperaba que ella le permitiera acompañarla a casa. Incluso, lo que era aún más sorprendente fue que el le propusiera aquello. No sabía de donde había nacido la iniciativa, quizá era porque quería molestarla, fastidiarla hasta que ella le gritase. Quizá no le estaba agradando que ella sintiera tristeza por otra persona. Egoísmo es lo que muy probablemente describía lo que estaba sintiendo. "¿Por qué carajos no dejo de sentir esto? ¿Qué es lo que está pasándome?".

Un sonido de notificación salió del celular de Akane. Ella lo tomó, mirando que había un mensaje de su hermana Nabiki.

Nabiki_

Akane! Adivina que?

Kasumi me contó que mi padre y el señor Saotome están en el Dojo. Parece que ya hay bastantes interesados en las clases, y preguntan si es que este fin de semana inician.

Papá dice que no te demores en llegar a casa.

—Hay noticias sobre el Dojo.

—¿Eh?

Esta vez Ranma sintió su celular vibrando y con un tonito de campana. Miró la pantalla, viendo que tenía un mensaje de su padre. Lo abrió para leerlo.

Viejo barril sin fondo_

Ranma, hijo, Soun y yo necesitamos que llegues con Akane al dojo.

—Ya, parece que a mi también me ha mandado mensaje mi padre.

Vieron que estaban llegando a la estación donde debían bajar. Ambos se levantaron y se apresuraron a salir del transporte. Caminaban apresuradamente, pero al ver que avanzaban poco, Ranma tomó a Akane, levantándola como saco de papas.

—¡Idiota! ¿Qué haces?

—Si es de urgencia, al paso que vamos no llegaremos. Sujétate bien.

La chica gritó al momento de sentir como Ranma empezaba a saltar de tejado en tejado. No se imaginó que el tuviera tanta destreza como para poder cargarla y a la vez se pudiera mover con precisión por cualquier superficie irregular. Impresionada miraba desde las alturas todo el barrio de Nerima.

Llegaron en menos tiempo al Dojo, aterrizando en el patio donde estaba el gran estanque de peces koi. Ranma bajó a Akane con un poco de delicadeza. Ella se quejó, pero no le diría nada solo porque tuvo la "molestia" de llevarla a su casa.

Entraron a la casa saludando torpemente a Kasumi, y cuando llegaron al dojo se toparon con una gran cantidad de personas de variadas edades. Iban desde pequeños de preescolar hasta personas de al parecer 40-50 años. Todos se arremolinaban ante los dos patriarcas exigiendo que por favor les dieran más información sobre las clases de esas artes marciales que podrían beneficiarles, ya sea para volverse más fuertes y hábiles, o para impresionar a alguna persona.

—¡Por favor, por favor! ¡Hagan una fila, que ya los estamos atendiendo!— Gritaba Soun ajetreado.

Ranma se acercó a su padre, quien estaba en una esquina del lugar sin involucrarse en todo el lío. —Oye, viejo. ¿Me puedes explicar que demonios está pasando?

—Bueno, después de vernos luchar en el escenario muchas personas quisieron venir a inscribirse.

—Ya veo, y, ¿Por qué no le estás ayudando al señor Tendo?

—Bueno...— Genma rascó su cabeza mientras sonreía nerviosamente. —Es su dojo, no el mío.— Ante esta respuesta Ranma le propinó un golpe en su cabeza.

Akane corrió hacia donde estaba su padre, tratando de ayudarle a calmar a la multitud que enloquecía por tener un lugar en el dojo. En cuanto intervino la calma se volvió a respirar en ese lugar.

Tal como lo pensaron ambos, este fin de semana tendrían su primer día de clases en aquel dojo. Aunque estaban ansiosos y nerviosos, era cierto que Akane era quien se encontraba más intranquila, pues la mayor parte de los alumnos que irían serían del género masculino. Casi no había mujeres en las clases, lo cual de cierta forma le desanimó. Además de que serían alrededor de cuatro clases, divididas por rangos de edad.

Aún así, la emoción que sentía era mayor a todos los demás sentimientos negativos, así que decidió concentrarse en los entrenamientos de karate.

Ya era viernes y desde el martes habían empezado con una rutina rigurosa. Les volvieron a explicar las reglas del karate kumite, las posiciones que deben adoptar para defensa y ataque, y los calentamientos para el equipo eran más extensos que los de la clase normal.

Y lo mejor era que su equipo parecía llevarse muy bien, aunque Ryu Kumon, su compañero, había creado una especie de rivalidad con Ranma. Ambos eran muy competitivos, por lo que usualmente se notaba en los pequeños encuentros "amistosos" que se realizaban para evaluar los desempeños de cada uno de los integrantes, donde sacaban dentro de si un aura de combate bastante notorio para todos los presentes.

—¡Muy bien, Saotome! Gracias por esa demostración.

Ranma se inclinó respetuosamente ante la profesora Matsuda, dando por finalizada su rutina de Kata. Regresó a su lugar para poder descansar y tomar agua. Miró por el rabillo del ojo a Ryu. Sentía una especie de aura de rivalidad entre ambos. Por lo poco que pudo escuchar de otros compañeros de el (incluyendo a los propios Hiroshi y Daisuke), Ryu Kumon estaba acostumbrado a ser el alumno más destacado en cuanto a Karate. Pero en cuanto él se coronó como el mejor, Ryu no dejaba de retarlo con pequeñas frases durante los combates.

—Escuchen todos. Las evaluaciones de sus desempeños me dejan conforme. Pero no debería estar así, la sensación correcta tendría que ser entusiasmada. Algunos tienen un desempeño más visible, pero esto no quiero que los desanime. Si bien esta disciplina requiere un gran control mental y físico, es importante que no se sobre exijan, pues esto mermará sus habilidades. Así que la próxima semana vamos a repasar de nueva cuenta las posiciones de ataque y defensa. Les haré nuevamente anotaciones para que puedan comenzar a corregir los errores que tienen. Eso es todo por hoy, los veo la siguiente semana.

Todos se despidieron de la profesora Matsuda, deseándole un buen fin de semana.

Ranma interceptó a Akane antes de que ella siquiera pudiera tomar sus pertenencias. —¿Nos vamos juntos?

La joven enmudeció. Desde el Lunes se habían ido juntos en transporte, porque por alguna extraña razón el de trenza le interceptaba y le decía que la acompañaba. Al principio le parecía un poco incómodo y hasta invasivo, pero debía admitir que al menos algo de compañía no le caía nada mal. Y si bien en todos esos días le hacía bromas o comentarios sin sentido, y en ocasiones hasta ofensivos, eso la alejaba de los sentimientos encontrados con respecto a Shinnosuke.

—¿Akane?— Preguntó Ranma agitando su mano frente a la chica.

Akane salió de su trance, pestañeó un poco lento. —Lo siento. Vale, podemos irnos juntos.

—Bien, te espero aquí mismo.

Akane no dijo nada más, adentrándose en los vestidores.

Ranma hizo lo mismo. Dejó su mochila en el banco del vestidor y comenzó dándose una ducha pequeña en las regaderas. Sus compañeros hablaban y reían, sin embargo, él solo se encontraba pensativo sobre lo que le ocurrió el día anterior.

•••

Iba caminando por toda la zona de Nerima, sin rumbo fijo. Miraba los árboles que prontamente florecerían, convirtiéndose en delicados pétalos rosáceos que bajarían en cascada. Sin duda alguna la primavera le agradaba, era su estación favorita del año y anhelaba poder disfrutar de un paseo para admirar los cerezos. Con suerte podría acompañarlo su amigo Ryoga, después de todo al joven le estaba yendo bien en su incursión como novato en el área de artes marciales mixtas, y la caminata sería la excusa perfecta para celebrar lo bien que le ha ido.

Se detuvo, pensando de repente en cierta chica de cabello largo, preguntándose si sería divertido invitarla con ellos. Después de todo parecía que a Ryoga le había llamado la atención, pues después de un bombardeo de preguntas que le dedicó su amigo aquella noche que la vieron en el Konbini, este mismo había admitido que le gustaría conocerla más a fondo.

Y aunque por una parte el estaba feliz con el hecho de que Ryoga por fin superara la etapa con Ukyo, sentía que no era conveniente que invitará a salir a Akane. Porque claro, ella era una chica voluble, además de poco linda. Casi actuaba como una marimacho, podía sentir la energía masculina emanar de ella. Y no quería que su amigo sufriera los malos tratos que al menos él ha estado recibiendo por parte de ella, como el golpe que le dio esa misma tarde en la mejilla debido a que el le insinuó que "si fuera una chica sus pechos serían más grandes que los de ella". Una simple e inocente broma.

En eso estaba cuando a lo lejos pudo percibir a una chica que iba saliendo de una tienda de ropa. Pero no era cualquier chica, no. Se trataba de nada más ni nada menos que de Ukyo Kuonji, la pesadilla de Ryoga. ¿Que es lo que estaba haciendo en Nerima? No tenía la más mínima idea.

Caminó, tratando de restarle importancia. Solo pasaría al lado de ella, sin decir nada, sin mirarla. Pero claro, tenía la mala suerte de que ella tuviese un radar incrustado en alguna parte de su sistema.

—Hola, Ranma.

Se detuvo abruptamente al escuchar su nombre en los labios de aquella muchacha. La miró con el rabillo del ojo, tratando de serenarse. Se dió cuenta que toda la apariencia de Ukyo había cambiado demasiado. Ahora ella se vestía demasiado femenina, llevando en ese momento un vestido blanco con un abrigo de color marrón, el pelo suelto adornado con un moño blanco y maquillaje.

—¿Que demonios haces aquí?— Preguntó con la voz impregnada de indiferencia.

Aunque a la chica le dolió escuchar esa frase con ese tono, trató de sonar segura en lo que decía. —No es de tu incumbencia. No vine por ti, si es lo que crees.

—Bueno, creo que escuchar eso me alegra demasiado.

A Ukyo no le hizo mucha gracia lo que Ranma dijo, pero no le iba a dar el placer de verla mal. —En realidad, vine a montar un negocio de Okonomiyaki en Nakano, pero rento un pequeño cuarto aquí en Nerima. Mi padre se quedó a cargo del restaurante en Kyoto. ¿Lo recuerdas, no?

Ranma inmediatamente rememoró los días de la infancia en dónde las emociones no se mezclaron entre ellos. En dónde fueron felices, sin el asfixiante sentimiento del amor envolviendo sus vidas. —Si, lo recuerdo. Por cierto, Ryoga está en Nerima también.

A Ukyo le cambió el rostro totalmente. —Ryoga... ¿Está en Nerima?

Metió las manos en su bolsillo tratando de calmar los nervios. —No te diré tantos detalles, pero está viviendo por un tiempo conmigo y mis padres.

—No necesito que me digas algo más. Ya pasé página, ahora estoy saliendo con un chico que conocí mientras atendía mi restaurante, alguien que parece que vale la pena.— Ukyo tenía la esperanza de poder sacar siquiera una pizca de ira en Ranma. Aunque no lo quisiera admitir, a ella le seguía atrayendo su mejor amigo.

—Bien, es bueno oírlo. Solo te pido algo. No juegues con aquel chico tal como lo hiciste con Ryoga.

A Ukyo le extrañó la seriedad en aquella petición. —¿Por qué dices esto?

—Solo es un consejo. Debo irme.

El de trenza siguió su camino, dejando atrás la que alguna vez consideró su amiga

•••

Esa misma noche le explicó a Ryoga el encuentro con Kuonji. Su amigo intentó tranquilizarlo, afirmando que estaría bien en caso de que ambos se encontrasen. Le creyó a regañadientes.

Sin embargo, se debatía si decirle a Akane sobre el encuentro con su amiga.

Quería pensar que Ukyo no trataría de jugar con los sentimientos del tal Shinnosuke, pero al volver a ver a Ukyo pudo ver en los ojos de ella el interés. No era ciego, bastó solo un pequeño encuentro entre ambos para darse cuenta de que su amiga no había superado totalmente lo sucedido. Y sabía que para Akane, ese chico era especial y lo que menos quería era que lo lastimaran.

Terminó de cambiarse, sintiendo amargura nuevamente por sus pensamientos, y salió de los vestidores de hombres.

Divisó a Akane viendo su celular con mucho interés, así que aprovechó la distracción para molestarla. Se acercó lentamente, y soltó un alarido fantasmal.

Akane terminó gritando sonoramente, saltando en su lugar tratando de no tirar su aparato. —¡Idiota! ¡¿Que demonios te pasa?!

Su cara de furia le divertía demasiado. —Que cobarde. No durarías ni cinco minutos en una película de terror.

—¿Sabes que? No estoy de ánimos para tus jueguitos.

La joven caminó unos cuantos pasos, siendo detenida en el pasillo. Sintió como el chico le agarraba del brazo y la volteaba ligeramente hacia él, y por un momento se sintió cohibida. ¿Es que ya había confianza en ese poco tiempo para que la pudiese tocar así como así?

Lo mismo le pasó a él. En cuanto tocó el brazo de Akane sintió un escalofrío, muy parecido a cuando ella le tapó la boca en el Konbini. De inmediato la soltó. —Lo lamento.

Akane le miró brevemente con un poco de pena, pero enseguida cambió el semblante. —Sé que no lo lamentas, pero bien. Solo no vuelvas a asustarme o verás quien es el cobarde.

—De acuerdo.— Antes de que ella avanzara siquiera unos pasos, el comenzó a hablar. —Ayer por la noche ví a la novia de tu amigo.

—¿La...viste?

Eso solo significaba que habría problemas. Y ella debía estar atenta a ellos.

Un nuevo día se asomaba en Nerima. Akane estaba preparándose para desarrollar las clases en el dojo junto a Ranma. No pudo pegar un ojo durante la noche anterior, no solo por lo que su compañero le habia contado. Ese día, más tarde, conocería a aquella chica que traía loco a su amigo.

No pudo evitar sentirse ansiosa, pues no sabía que es lo que le depararía aquella salida. En momentos como ese deseaba apagar su corazón para no dejar que esas emociones le invadieran tan profundamente.

—Akane, querida, ¿Estás lista?

La señora Tendo apareció en la puerta de la chica. Llevaba puesto un turbante de color azul cielo a juego con su suéter. Aunque las temperaturas habían mejorado un poco, el fresco aire seguía. Al parecer ese día llovería por la tarde, así que procuraría llevar un paraguas.

—Eso creo. Estoy algo nerviosa.

—Lo harás bien. Verás que podrás con tus alumnos.

Una dulce sonrisa se asomó en su rostro. Por esos momentos su madre podía animarla sin saber que ella lo necesitaba. No quería preocupar a su madre con sus problemas de amor, ya suficiente tenía con el cáncer que atravesaba para sumarle insignificantes asuntos. —No estaré sola.

—Es cierto, estará aquel muchacho apuesto. Parece que se llevan bien ustedes dos.

—Ah, si... si, nos llevamos... bien...— Mintió.

—Oye, Akane. El otro día tu padre se encontró al señor Ueda. Le contó que su hijo estaba saliendo con una chica.

De todos los días de la semana, ¿Por qué debía tocar ese tema hoy? —Si, Shinnosuke me contó todo.

La señora Naoko podía ver a través de sus hijas. Sabía cuando les preocupaba algo, cuando estaban tristes o felices. Y si sus sospechas no eran erróneas, podía notar como Akane no estaba feliz con aquello. Cariñosamente se acercó, acariciando su brazo, intentando darle ánimos silenciosos. —¿Estás bien?

A Akane poco le faltó para llorar, sin embargo, no lo hizo. Quería ser fuerte, su madre la estaba pasando peor. —Si, estoy bien. Él merece ser feliz.

Naoko entendió que su hija no quería hablar más del tema. Le dió un beso en la sien. —Y yo quiero que seas feliz.

—Lo seré. Te lo prometo.

No dijeron nada más, así que con una sonrisa en sus rostros bajaron las escaleras hacia el dojo. Naoko le prometió acompañarla hasta la entrada, despidiéndose de ella y yendo a recostarse a su cuarto.

Akane entró al lugar. Acondicionó el espacio para que las clases fluyeran de manera adecuada.

—Buenos días, colega.

Volteó para admirar al idiota de su "compañero" de clases. Iba vestido con un par de pantalones de deporte color negro y una chaqueta a juego. Ella, por otro lado, iba vestida con su gi clásico. —Solo porque daremos clases te trataré cortésmente.

—Vaya, esperaba por lo menos un gracias por la plática de ayer.

—Ya. Realmente no me importa.

—No te creo.

—Si Shinnosuke es feliz, yo igual.

Le dió tanta curiosidad que dijera eso. Cuando le contó sobre Ukyo, le dijo que llegó a la conclusión de que seguramente aquella chica si que intentaría jugar con los sentimientos de su amigo. Pero Akane parecía tomarlo bien. Iba a preguntar si de verdad todo estaba en orden, cuando las puertas del lugar se abrieron.

Los padres de familia llegaban con lo que parecían niños pequeños de entre cinco a diez años. Algunos de ellos venían solos.

Ambos chicos no se imaginaron que las primeras clases serían con niños, que aunque no eran tan pequeños, a fin de cuentas eran eso. Niños.

—Oye, ¿Que haremos?— Le preguntó Ranma susurrando.

—No lo sé. Mi padre no me dijo que habría niños tan pequeños.

Voltearon a ver a las criaturas, quienes se empezaban a acomodar en el lugar sentándose junto a sus padres o cerca a las paredes.

—Bien, necesitamos enseñarles cosas muy simples.— Comentó Akane.

—Lo primero será calentamiento.

—Y estiramientos para que su flexibilidad mejore. Pero esos ejercicios no debemos hacerlos tan bruscamente.

—De acuerdo.

En cuanto terminaron su pequeña charla se dirigieron a los pequeños. Les indicaron que se acercarán con el permiso de sus padres. Las pequeñas criaturas se pararon en dónde ambos chicos los acomodaban.

Para Akane, los niños le parecían agradables y muy lindos. Pero no estaba segura si a Ranma le gustaban. Y esperaba que si, porque de no ser así la clase resultaría pesada para él y para los demás.

Una vez que los niños estuvieron formados, ambos regresaron al frente de la clase. Akane fue la primera en presentarse, indicando que ella era la hija del dueño, y que a su vez sería la heredera de aquel lugar. Los pequeños se encontraban fascinados por escuchar la introducción de aquella chica.

Ranma fue el segundo en saludar. Presentó su vida con las artes marciales, e incluso hizo una pequeña rutina de defensa y ataque, sorprendiendo a los más pequeños, a los padres y por supuesto, a Akane.

—Bien. Vamos a empezar con la clase.— Akane ya se encontraba menos nerviosa para este punto, por lo que su voz salía con un tono más confiado. —Levanten la mano si es su primera clase de artes marciales.— Todos lo hicieron. —De acuerdo. Empezaremos con ejercicios muy sencillos para que puedan mejorar su condición física.

Ranma la tomó del brazo un momento, girandola para que quedarán ambos de espaldas ante la clase. —¿Que ejercicios se les podría enseñar?

—Tienen que ser suaves. No les pondremos a hacer una serie de 40 flexiones, 50 sentadillas y patadas a diestra y siniestra.

—¿Bromeas? Ese fue el entrenamiento que a mí me dieron.

—Idiota, no podemos. Son niños, y sus padres podrían tomar represalias contra nosotros si se llegan a fatigar o lastimar.

—¿Entonces para que se meten a estas clases?

Akane rodó los ojos. —Pensé que te gustaban los niños.

—Si me gustan, pero siendo sincero con un entrenamiento ligero tardarán años en mejorar y llegar a un nivel decente.

—Ya, pero te recuerdo que son niños a los cuales sus padres no los mandaron a viajes de entrenamiento durante toda la infancia como a tí.

Ranma no sabía si ofenderse o reír. —Bien, ¿Que ejercicios sugieres, sabelotoda?

—Estiramientos suaves. Después podríamos ponerlos a correr 5 vueltas por todo el dojo, luego seguirían unas 5 sentadillas, 5 flexiones, y por último les enseñaremos posiciones de ataque y defensa.

—Tu te encargas de los ejercicios de calentamiento y yo de las defensas y ataques.

—Por primera vez puedo coincidir contigo. Trato hecho.

Cuando finalmente se voltearon pudieron notar las miradas y sonrisitas de los pequeños. Decidieron no darle importancia y comenzaron la clase tal como acordaron.

Durante todo ese tiempo, Akane se sorprendió de la paciencia que tenía su compañero con los niños. Podía jurar que no le agradaban, pero viendo la dedicación con la que daba la clase sintió un poco de calidez en su corazón. No creía que Ranma fuera una persona amable.

Ranma, por su parte, notó como durante toda la clase Akane ponía su corazón en enseñar de la mejor manera los ejercicios. Se le veía feliz, además de que la amabilidad y cariño relucía mientras corregía a los niños, indicando las posiciones correctas y procurando que se sintieran cómodos.

Al final recordaron a los infantes que la siguiente clase sería la próxima semana y que no faltarán, pues si eran constantes mejorarían su fuerza. Los padres quedaron encantados con la habilidad de ambos para dar clases, por lo que algunos se acercaron a felicitar a los chicos. Sobre todo una pareja, padres de un niño llamado Satori.

—Nos impresionó el buen manejo que tuvieron con nuestro hijo. Les agradecemos mucho por tenerle paciencia.

—No tienen que agradecer.— Dijo Akane un poco apenada por tanto halago.

—Además, Satori es un niño fuerte. Seguramente será el más hábil de la clase.— Agregó Ranma sonriendo.

—¿Oíste eso, cariño? ¡Serás el más fuerte!— La mamá de Satori se mostró feliz ante lo que mencionó Ranma.

—La verdad es que hemos entrado en otros dojos y no quedamos satisfechos. Pero con ustedes es distinto, hasta parecen una pareja de enamorados.

Aquella broma del padre de Satori provocó que ambos tiñieran sus mejillas de un color cereza. Marcaron rotundamente un "no" con la cabeza.

—N-no, no es así... solo somos colegas.— Trató de negar Ranma, nervioso y tímido.

—A-así es... nuestros p-padres son amigos, y... bueno, decidieron que fuéramos clases. Es todo.—Akane no sabía porqué de repente se sintió un poco extraña al tener que negar ese asunto.

—Vaya, hubiera creído que realmente lo eran.— Respondió sorprendido el señor.

—Lo lamento, mi esposo tiende a ser un poco curioso.

—Creo que mienten. Si son novios.— Dijo de repente el pequeño.

—No es así.— Negó Ranma un poco fastidiado. Estaba pensando en que aquel niño le causaría problemas más adelante.

—Bueno, fue un gusto presenciar su clase. Muchas gracias y les deseamos suerte en las siguientes.

Todos se despidieron respetuosamente. En cuanto la familia salió Akane no pudo evitar reírse ligeramente.

—¿Que es tan gracioso?

—Fue divertido que creyeran que somos algo más.

—No entiendo por qué razón lo pensaron.

Akane marcó en la lista de horarios la clase como "finalizada". —Nuestra próxima clase es en quince minutos.

Ranma se acercó a verificar los horarios. —Después de las tres seremos libres.

—Si.— Suspiró. Por un momento había olvidado la amargura de saber que tendría que reunirse con Shinnosuke y su novia por la tarde-noche.

—¿Ocurre algo?

Levantó una ceja. —¿Desde cuándo te importan mis problemas?

—Por una vez que trato de ser amable contigo, me respondes así.

Suspiró. —Hoy veré a Shinnosuke y a su novia. Nos quiere presentar, así que iré.

La observó con una mezcla de asombro, enojo y preocupación. —Realmente eres masoquista. ¿Por qué carajos vas a ir?

Frunció el ceño. —Porque es mi amigo. Los amigos se apoyan, y si el quiere que la conozca no veo el problema.

—El problema es que te sientes de la mierda con todo esto.

—Pues eso solo me compete a mi. Además, estoy feliz por el.

El ojiazul cruzó los brazos, sumamente molesto. —Ahi vamos de nuevo.

—¿De que hablas?

—¡Acepta que no estás feliz! ¡No todo el tiempo tienes que ser fuerte! Y no todo el maldito tiempo vas a estar detrás de tu amigo. ¡Por una vez en tu vida pon en prioridad tus sentimientos!

—¡Para empezar, tu no tienes derecho a decirme que carajos hacer o no! ¡Y en segundo lugar, soy fuerte!

—¡Bien! ¡Entonces no me vayas a molestar con tus lloriqueos si es que te sientes fatal hoy!

—¡Ni planeo molestarte!

—¡Bien!

Se quedaron en silencio hasta que los alumnos irrumpieron en el lugar. Trataron de dar las siguientes clases con el mismo entusiasmo. Y lo lograron, pues cada clase salía satisfecha por el desempeño de ambos como profesores.

Akane estaba en su cuarto. Había decidido ponerse una falda en corte A color marrón, una blusa color azul marino con rayas blancas, un abrigo largo y unos botines con ligero tacón del mismo color que la falda. Además, su cabello lo había rizado ligeramente. Decidió solo ponerse rimel en las pestañas y una suave tinta color fresa. Quería causar una buena impresión con aquella chica que conocería.

Las palabras de Ranma no dejaban de sonar en su cabeza. Y es que era verdad todo lo que el había dicho. No estaba feliz.

Y no es que quisiera hacerse la fuerte. Es simplemente que había problemas más importantes que sus sentimientos por su amigo. No quería agobiar a nadie, ni a su madre.

Además, no entendía por qué había tomado esa actitud tan grosera con ella. No tenían la confianza suficiente como para que él piense que ella podía contar con él en caso de que se quebrara.

—No le necesito. Si piensa que le voy a contar mis problemas y lloraré en su maldito hombro, está equivocado.— Susurró, tratando de tranquilizarse.

Respiró profundamente.

Apagaría por un momento los sentimientos negativos que albergaba su corazón, y los reemplazaría por felicidad.

Por ese momento, sería fuerte.


¡Hola a todos!

Lamento traer la actualización de manera tardía. La vida está haciendo de las suyas para que esto no actualice tan seguido. Eso y los bloqueos creativos.

Para este capítulo usé de inspiración las canciones The truth untold de BTS y Turn a heart off de Jane The boy. De hecho, el titulo del capítulo es parte de la letra de esta última canción. Siento que van acorde a los sentimientos que Akane alberga.

De verdad espero que les guste como va desarrollándose la historia. El próximo capítulo estará interesante, veremos lágrimas derramándose y algo de drama. Les pido que lo esperen con mucha anticipación, trataré de tenerlo lo más pronto posible.

Nuevamente les agradezco los favoritos, seguidos y reviews que he recibido. Me hace feliz el que haya quienes siguen esta historia.

Sin más que decir, me despido deseándoles lo mejor a cada uno de ustedes.

Con amor, Sandy.