Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.


Entre amores y karate.

Capítulo 4.- Adiós a mi amor.

La brisa fresca se encontraba soplando entre las calles de Tokio. El pronóstico anunciaba lluvias no tan fuertes y un descenso de temperatura por la noche. Faltaban si acaso dos días para entrar en la primavera, pero el frío no daba tregua y se descontrolaba de manera abrupta, por lo que todo el mundo llevaba un paraguas y abrigos para amortiguar los efectos de la estación.

Akane subía las escaleras del metro, cuidando de no tropezar en ellas por la gran afluente de personas. En cuanto llegó al andén miró brevemente su celular. Eran las 6 de la tarde, y las nubes en el cielo confirmaban que no tardaría en llover. Se acercó al mapa que estaba colocado cerca de la taquilla, repasando una ruta muy breve para llegar al restaurante donde su amigo y la novia de él estarían esperándola.

Caminaba de manera lenta por las calles de Shinjuku. Podía ver todo tipo de personas, familias felices, adolescentes vestidos al último grito de la moda, jóvenes adultos como ella y ancianos tradicionales que paseaban y caminaban con pulcritud. Normalmente no solía pasear por esa zona, pero cuando lo hacía siempre admiraba la gran variedad de personas que frecuentaban aquel barrio.

A lo lejos divisó ese restaurante de ramen que sugirió Shinnosuke. Caminó hacia él, y cuando estuvo frente a la entrada se detuvo. "No, no puedo hacerlo." Pensó. Trató de regresar sus pasos de donde vino, pero volvió a detener su andar. Una vez más regresó a la puerta del restaurante, y se esforzó en controlar sus nervios respirando profundamente. Una, dos, tres veces inspiró aire. "No, si puedes. Es tu amigo, quiere presentarte a su... novia. Debes sobreponerte, Akane."

Finalmente abrió la puerta lento, como si temiera romperla. En cuanto entró al restaurante el aroma de los fideos le inundó las fosas nasales. En alguna otra ocasión se le hubiese antojado a morir un buen plato de miso, pero su estómago estaba hecho un nudo totalmente. Caminó sosteniendo fuertemente en sus manos la bolsa que había decidido llevar, hasta que por fin encontró la mesa. Tragó saliva y se acercó hacia donde estaba su amor platónico, en compañía de una chica.

—¡Akane!— El castaño se levantó y saludó efusivamente a su amiga con un abrazo.

Ese tipo de muestras de cariño se habían vuelto rutinarias y comunes entre ambos amigos. Desde niños solían abrazarse y estar demasiado juntos. Ahora, Akane no podía dejar de sentir como dolía que aquellos brazos le rodearan, y que el perfume que respiraba se sintiera como un veneno.

—Hola, Shinnosuke.— Le contestó el saludo, esperando no haber sonado titubeante.

Observó atentamente como aquella chica se levantaba de su lugar, posicionándose enfrente de ella. Una cabellera larga y castaña adornaba el precioso rostro maquillado con tonos a juego con el vestido color azul marino que llevaba. Los botines con tacones que llevaba le sacaban unos diez centímetros, y el esbelto cuerpo se apreciaba elegante.

—Tu debes ser Tendo Akane. Mucho gusto, mi nombre es Kuonji Ukyo, soy la novia de Shinnosuke.

Para Akane no pasó desapercibida la forma en como aquella castaña remarcó la palabra novia.

—Mucho gusto. Soy la amiga de Shinnosuke.

—Bien, pedí miso para ti, Akane. ¿Está bien?

—Si, está bien.

Los tres se sentaron en la mesa, y por fortuna, en cuanto se acomodaron el mesero les entregó sus pedidos. Una vez que se retiró, Shinnosuke siguió con la conversación.

—No pensé que trajeran tan pronto la orden.

Ukyo sonrió. —Cariño, era lógico que lo trajeran rápido. Para que un restaurante tenga una buena recepción de clientes su servicio debe ser eficiente.

Akane pudo notar como Ukyo tomaba de manera juguetona el brazo de su amigo, mientras el gesto que ponía era coqueto. Y por un momento sintió la envidia corroerla.

—Es verdad. Ukyo, aunque no lo parezca, es dueña de un pequeño restaurante de Okonomiyaki cercano a mi universidad. Cuéntale más, amor.

Escuchar la palabra amor le pareció irreal. Ojalá ella hubiera sido la receptora de aquel lindo mote.

—Mi padre tiene un restaurante grande de Okonomiyaki en Kyoto. Yo quise seguir sus pasos, así que decidí abrir mi propio restaurante. Tengo bastante experiencia en servicio a clientes, así que me ha ido bastante bien.

—Y saben deliciosos los okonomiyaki que prepara. ¡Son la sensación para todos los que estudiamos en la universidad!

—Exageras, amor.

—No tanto, pero, en fin. ¿Qué tal te fue en las clases hoy?

Intentó sonreír un poco. —Me fue bien. Me encantó dar clases a los niños, aunque también hubo para jóvenes y adultos.

—Me alegra escuchar eso. ¿Estuvo contigo Saotome?

Ukyo escuchó aquel apellido y no pudo evitar fruncir ligeramente el ceño. ¿Acaso había dicho el apellido de su amigo?

—Si. Resulta que es muy bueno enseñando clases. No tenía fé en su paciencia con los niños, pero vaya que me sorprendió.

—¿Ranma?— Ukyo llamó la atención de su novio y de Akane. Está última entendió el porque de su desconcierto. —¿Saotome, Ranma?

—¿Lo conoces, amor?

—Si, es... es mi amigo de la infancia. No sabía que Tendo lo conocía.

La castaña trató de disimular el desagrado que le producía saber que aquella chica era cercana a Ranma. De pronto recordó las palabras que el de trenza le había dedicado cuando se encontraron en Nerima.

"Solo te pido algo. No juegues con aquel chico tal como lo hiciste con Ryoga."

La miró a los ojos, dándose cuenta de que a Tendo le gustaba Shinnosuke. Y tan pronto como lo supo conectó rápidamente todo. Ranma estaba intentando "proteger" a Shinnosuke. Pero lo que le incomodó era hacerse a la idea del por qué le había pedido no dañarlo. Había sido por ella, de eso estaba segura.

—Vaya, entonces algún día debemos organizar una salida entre todos.

—S-si, claro.— Dijo Ukyo.

—Me parece bien.— Agregó Akane.

Esta sería una comida muy incómoda.

—¡Vamos, Hibiki! !Golpea más!— Gritó el entrenador con voz demandante y gruesa.

Ryoga se encontraba usando toda su fuerza para poder marcar un nuevo record en su entrenamiento. Golpeaba sin cesar el saco de boxeo que colgaba en esa sala. El sudor que recorría su cuerpo era un contraste enorme con la temperatura del exterior.

Ranma lo observaba mientras comía lo que parecía ser un paquete de onigiri que compró en un konbini. Después de dar las clases en el dojo había decidido alcanzar a su amigo para poder salir a cenar algo juntos.

La discusión que había sostenido con Akane le dejó agotado mentalmente. No entendía nada sobre el amor, lo único cierto es que te hacía cometer estupideces, porque, ¿A quien demonios se le ocurría aceptar conocer al novio o novia de tu interés amoroso?. O quizá el problema es que él no sabía lo que era cometer tonterías por amor, porque NUNCA se había enamorado.

Un sonido de silbato lo sobresaltó, haciendo que por poco tire su alimento y que las boronas de arroz en su boca se movieran de su lugar.

—Has mejorado muy rápido en cuestión de días. Si sigues así pronto te podrías anexar a nuestro equipo para competición en artes marciales mixtas. Por hoy es todo el entrenamiento. Te veo el lunes.

—Gracias, entrenador Takeda.

Ryoga bufó del cansancio. Se dirigió hacia donde estaba Ranma, tomó la toalla y empezó a secarse el sudor que recorría todo su cuerpo. Se estiró levemente, haciendo una mueca debido al dolor por el esfuerzo enorme que acababa de hacer.

—Te hace falta más condición.

—No te burles, Ranma. El entrenador me está poniendo a prueba porque soy el nuevo en este lugar.

El de trenza no pudo evitar soltar una carcajada. —Y es por eso que sigo insistiendo en que te hace falta más entrenamiento. Te has convertido en un debilucho.

—Te diría que con gusto peleo contigo en este momento, pero necesito un descanso.— Se sentó al lado de su amigo, tomó la botella de agua y le dió un buen sorbo, esperando así eliminar la gran sed causada por el arduo entrenamiento.

—Que lastima, yo si tengo ganas de golpear algo.

—Bueno, ahí está el saco de boxeo. Úsalo, solo no lo rompas o me lo cobrará el entrenador.

Ranma se acercó a aquel saco. Acomodó su postura, respirando profundamente. En cuanto obtuvo la concentración total acercó su puño y golpeó aquel objeto con una fuerza contenida pero firme. Sin embargo, no fue suficiente. Empezó a golpear y a gritar un poco más audible.

Ryoga, quien estaba viendo su celular, despegó la mirada de este y se quedó pasmado, observando como su amigo estaba golpeando con algo parecido a la frustración aquel saco de boxeo. Lo dejo pasar, sin embargo, se levantó alarmado hacia el lugar al ver cómo el saco se había abierto levemente en una costura lateral.

—¡Ranma, detente!

El de trenza se detuvo haciendo caso al alarido preocupado de su amigo. Pudo notar sus nudillos rojos por el golpeteo constante, y fue consciente hasta ese momento de que su respiración estaba agitada.

—¡Esa tonta!

Después de verificar que solo haya sido un pequeño desperfecto, Ryoga volteó a ver a su amigo, quien lucía afectado. —¿Estás bien?

El ojiazul se sentó en una banca y empezó a mover su cuerpo como si estuviera haciendo un berrinche. —¡Akane es una tonta!

En cuanto escuchó el nombre de la chica, Ryoga le alcanzó y se sentó junto a el. —¿Hablas de Tendo? ¿Qué ocurre con ella?

Bufó irritado. —Es una masoquista. Una estúpida masoquista que parece perrito faldero detrás de ese idiota.

—¿Sabes algo? Podría entender más si me dieras el contexto de todo. No estoy entendiendo ni una mierda.

—La idiota está conociendo a Ukyo en este momento. Acompaña al idiota de Ueda porque es su amigo, pero ella no es feliz. No sé pone como prioridad, y es algo muy estúpido.

Ryoga no supo cómo sentirse al escuchar aquello. Entendía los sentimientos de la otra chica, sin embargo, le daba la razón a su amigo. Lo más cuerdo era alejarse para poder sanar aquellos sentimientos, pero quizá ella necesitaba enfrentarlos. —Te entiendo, y creo que estás en lo correcto.

—Menos mal que no soy el único que piensa eso.

—Pero tal vez ella necesita una dosis de realidad.

Se levantó molesto. —¿Osea que tú preferirías sufrir que estar bien?

—No es a lo que me refiero. Lo que quiero decir, es que ella necesita enfrentar de una vez sus sentimientos para poder sanar y superarlo.

Frustrado llevó sus manos a su cara, sentándose de nuevo en su lugar. —¡Definitivamente no entiendo nada del amor!

—Eso es porque no te has enamorado.

—Y creo que no quiero.

Aunque sabía que lo decía en serio, a Ryoga no le pasó desapercibido el hecho de que Ranma nunca se puso así cuando el le confesó sus sentimientos por Ukyo. Nunca se frustró con lo empecinado que estaba por conquistar a la chica castaña, nunca lo vio así de molesto por no entender lo que implicaba estar detrás de alguien.

—Oye, Ranma...

—Dime.

—N-no me lo tomes a mal, pero... de todos modos... ¿Por qué te importa lo que está pasando con ella?

Abrió los ojos de golpe. Era verdad, ¿Por qué? ¿Por qué el estaba preocupado por ella? El era ajeno a ese conflicto, pero le molestaba toda la situación, ¿Por qué?

—Yo... no lo sé.

—No te pusiste así cuando te confesé que me gustaba Ukyo y anduve obsesionado con conquistarla. ¿No será que te está llamando la atención Tendo?

—Debes estar bromeando. Es una tonta, cabezota, violenta y estúpida. No hay manera de que me fije en ella. No funcionaría. No.— Negó enérgicamente, intentando disipar el nerviosismo que de repente le invadió por dentro.

—Bueno, te creo. Ahora, voy a tomarme una ducha para poder ir a cenar a dónde quieras.

—Vale, pero no tardes mucho. Mi estómago ruge.

En cuanto Ryoga entró a las duchas del lugar, Ranma suspiró audible. ¿Qué estaría pasando con aquel trío de personas?

Las risas que se escuchaban sonaban sinceras, o por lo menos eso pensaba cualquiera que pudiera escuchar la conversación de aquellos jóvenes. El único que estaba complacido era Shinnosuke, y se notaba en la forma en como contaba todas las anécdotas que le ocurrían en la universidad.

Ukyo sonreía falsamente, mientras destazaba con la mirada a la chica que estaba sentada frente a ellos. El desagrado por saber que aquella muchacha era cercana a Ranma era enorme, porque para empezar, el de trenza le había pedido que no le hiciera daño a Shinnosuke. Y es que era obvio que a la chica frente a ella le gustaba su mejor amigo. Protegía al muchacho no por gusto, si no por ella, por Tendo.

Akane hacia esfuerzos grandes para mostrar una sonrisa. No podía soportar ver cómo su mejor amigo tomaba de la mano a la castaña. En los ojos de el vio reflejado aquel sentimiento de cariño. Notó como el tono de voz con el que él se refería a su novia cambiaba de matiz, sonando amoroso. Ahí se dio cuenta de que Saotome tenía la razón, solo estaba sufriendo por gusto. Y lo peor es que ella parecía ir tras su amigo, dejándose a un lado como persona. ¿No era una artista marcial? ¿Por qué demonios no podía sacar el orgullo en esta situación?

—Y así es como todo el salón quedó hecho un desastre. La lección es que las pinturas al óleo son igual de fuertes que el alcohol. No les recomiendo inhalarlas, o verán cosas absurdas.

—Suena muy caótico todo, cariño.

Shinnosuke miró la hora en su celular. —Oh, ya son las 7:30. Iré a pagar la cuenta en caja. Las dejo un rato para que conversen.

En cuanto el chico se levantó y desapareció de la vista de ambas, Ukyo dejó de sonreír falsamente. —Al fin solas. Ahora sí no tengo por qué aparentar contigo.

—Saotome me ha contado sobre ti.

—Que bueno que se acordó de mi. Creo que aún sigo intacta en su memoria. Eso significa que he sido algo especial en su vida.

Akane cruzó los brazos. —No precisamente es así. El me contó otra historia diferente. Una que no solo lo involucra a él, si no a Hibiki.

La castaña se congeló al escuchar aquella confesión. —¿Qué tanto sabes?

—Lo suficiente como para advertirte que no juegues con Shinnosuke. Él no se merece que lo lastimes como lo hiciste con Hibiki.

—Bueno, la verdad no planeaba hacerlo. Aunque, a decir verdad, creo que sigo siendo una caprichosa, así que todo esto ha cambiado.

—¿A qué te...refieres?— Titubeó Akane, un poco asustada por lo que fuera a decir.

Ukyo sonrió de lado. —Pensaba olvidarme de Ran-chan, pero creo que no lo haré. Lo que siento por el es algo especial, así que haré lo posible por conquistarlo nuevamente.

La de ojos avellana se inclinó a la mesa. Puso sus palmas en ella, casi a punto de levantarse de su asiento. —No te atreverías.

—Claro que si. Usaré a Shinnosuke para darle celos a Ran-chan. Me comprenderás, sabes que se siente que te guste tu amigo.

—¡Estás loca! No le hagas daño, o te las verás conmigo.

—Te gusta Shinnosuke, ¿No es así? Apuesto a que tú harías lo mismo. Jugar con algún chico para poder darle celos.

—¡Basta! Yo no soy como tú. Yo no le haría daño a quien más quiero.

—No mientas.

—No lo hago. Si el es feliz con alguien más...— Hizo una pausa. Las emociones querían desbordarse por completo. —Lo dejaría ir. Aunque me doliera. Esa es la diferencia entre tu y yo. Yo no ando saltando de relación en relación para hacer que alguien me ame. Al menos en esa parte... tengo dignidad.

Ukyo mostró una mueca de desagrado.

—He pagado la cuenta. Akane, Ukyo y yo vamos a ir al cine, ¿Quieres acompañarnos?

Akane negó. Trató de sonreír. —Lo lamento... debo ir a casa.

Shinnosuke se preocupó. —¿Todo está bien? ¿Ocurrió algo con tu mamá?

—Kasumi no estará en casa, Tampoco Nabiki. Así que debo ayudar a papá a cuidarla. Es todo.— No debía, pero mentir era lo mejor en esta situación.

—No deberíamos dejar que se vaya sola, cariño.— La castaña tomó a Shinnosuke cariñosamente del brazo, acercándose más a el y juntando su cabeza en el hombro del chico. Lo hizo a propósito, herida por lo que le había dicho Tendo.

—Cierto, te acompañamos a la estación, Akane.

—No.— Contestó alzando un poco más la voz. —No se preocupen. Estaré bien, se cuidarme. Soy...fuerte.

—Es cierto, eres fuerte.

Se acercó un poco más a la pareja, sonriendo lo más ampliamente que pudo. —Me alegro que seas feliz, Shinnosuke. Les deseo lo mejor.

No esperó a que los dos dijeran algo más. Tomó fuertemente su bolso y salió corriendo del lugar, olvidando su paraguas en la mesa.

La lluvia estaba algo fuerte, por lo cual la gente empezó a dispersarse, quedando cada vez menos personas. Ranma y Ryoga eran de los pocos valientes con paraguas en mano. Tenían suerte de tener un abrigo cada uno, pues aún el frío era palpable.

Habían decidido comer en un restaurante cercano a la escuela de entrenamiento de Ryoga. Al ser dos personas con un estómago grande, acabaron con su comida en cuestión de minutos. Ahora estaban caminando para hacer digestión y evitar que les cayera tan pesado.

—No vuelvo a comer así de rápido.— Dijo Ryoga, sobando su abdomen.

No podía creerlo. Era Akane. Estaba bajo la lluvia, corriendo, sin un maldito paraguas con el cual cubrirse de las gotas que caían. —¿Está loca?

—Si hubiese podido, me comía otra ración.

—Cada día me parezco más al idiota de mi padre, al menos en ese aspecto.

—Oye.— Ryoga agudizó la vista. —¿Esa no es...?

Ranma miró hacia donde apuntaba el dedo de Ryoga.

No podía creerlo. Era Akane. Estaba bajo la lluvia, corriendo, sin un maldito paraguas con el cual cubrirse de las gotas que caían. —¿Está loca?

Suspiró. —Ryoga, ve a casa. Te alcanzó allá.

No esperó escuchar la respuesta de su amigo. Tan pronto como dijo esa frase, salió disparado con paraguas en mano.

La empezó a seguir, sin embargo, entre tanta lluvia y personas que corrían desesperados por buscar un refugio le perdió la pista.

"Mierda." Pensó, frustrado.

Sin importarle nada comenzó a caminar por las calles del barrio. Por lo poco que había divisado, llevaba un abrigo largo color camello. No era una señal muy específica, pero le servía para poder localizarla.

Se entretuvo un buen rato, confundiendo a muchas mujeres con ella, disculpándose y siguiendo su camino. Y así como la lluvia disminuyó levemente, la oscuridad cayó totalmente, revelando las luces de los faroles y de los grandes puestos de aquel barrio.

Cuando pasaba por un parque cercano a la estación pensaba en rendirse. Hasta que, por arte de magia, de dios o lo que fuera, notó a alguien agazapado por debajo de una techumbre. Entornó sus azules iris, enfocando con la vista a quien encontraba.

Era la imagen más deprimente que jamás había visto.

Ahí estaba Akane, sentada, abrazándose a si misma. Temblaba bastante y mantenía un semblante lejano, con los ojos mirando hacia un punto fijo. Parecía una niña pequeña, una niña vulnerable y frágil que podía romperse en cualquier momento. Se acercó lentamente hacia ella, pisando sin importarle los encharcamientos y el abundante lodo del área jardineada.

—Akane...

La chica reaccionó un poco al llamado de su nombre. Levantó la mirada, coincidiendo con aquellos ojos que observaban la deplorable escena. —Saotome...¿Que haces aquí?— Preguntó en un hilo de voz.

Cuando la escuchó hablar con ese tono tan quebrado, sintió su corazón estrujarse. A él nunca le había gustado ver a las mujeres llorar, mucho menos a su madre. Pero había algo en ella que le invitaba a querer consolarla. Porque, aunque en la discusión que sostuvieron le dejó en claro que no le permitiría desahogarse por ser tan estúpida para ir tras un amor imposible, aún así sentía la necesidad de darle ánimos.

Retrajo el paraguas y lo dejó en el suelo. Luego tomó asiento junto a la chica. Pudo observar como sus ropas se encontraban empapadas y como el cabello se le pegaba al rostro. —¿Estás bien?

—Creí que no te molestarías en consolarme. Lo dejaste en claro en el dojo hace un rato.

Ranma carraspeó. —Me voy si no quieres...

—Tenias razón.

La miró, incrédulo. —¿Eh?

—Fue una estúpida idea ir a esa cena. Todo el tiempo los ví, riéndose, tomando sus manos y entrelazándolas. Pude escuchar como Shinnosuke rezaba con su voz motes de cariño hacia ella, y por un momento, tan solo por un momento, deseaba ser yo quien lo escuchará hablar así, tan dulce, tan confidente. Pero a la vez, fue como si se cayera una venda de mis ojos. Cómo si realmente despertara de un sueño que nunca voy a vivir, y todo porque no logro ser más que la mejor amiga que lo ayudó cuando lo necesitaba. Nunca seré la chica ideal para él, nunca me verá como una chica común, y tal vez es por entrenar artes marciales, o tal vez es que no soy linda.

—No puedo decir que te entiendo, pero... supongo que tenías que ir para darte cuenta de la realidad. No deberías ser tan dura contigo misma.

"No deberías ser tan dura contigo misma."

La misma frase que Shinnosuke le dijo para subirle el ánimo cuando ella dudaba de su capacidad de dar clases en el dojo.

—Yo... lo que no entiendo es... si ya lo estoy soltando, y... si ya lo entendí, ¿Por qué?...

Ranma volteó a verla. Akane sonreía tristemente. Iba a decir algo, cuando observó una lágrima caer de los ojos de ella.

—Akane...

Akane se frotó los ojos con un poco de fuerza, intentando disipar las lágrimas. Aunque fue en vano, pues no dejaban de salir. —No debería estar llorando... No deberías estar aquí, intentando consolarme... Debería estar feliz por el, y... lo estoy, pero... esto...— A cada palabra su voz se quebraba más y más. —Duele...

La lluvia se suavizó aún más, logrando que Ranma escuchará los leves sollozos de ella. Con una amabilidad y suavidad no muy común en el, tomó el hombro de la chica.

Ella lo observó. Y fue ahí cuando, sin previo aviso y sin pedir permiso lo hizo. Hizo lo que no debería estar haciendo.

Se apoyó en el hombro del de trenza, liberando su tristeza. Sollozó más fuerte, dejando que fluyera el dolor y la tristeza que la embargaba. Empapó las ropas secas de el no solo con los diamantes que caían de sus ojos. No le importó si el se burlaría de ella en un futuro, ni le importó el no ser tan cercanos. Ni siquiera sabía si eso era bueno o malo, simplemente dejó que la paz y tranquilidad de otra persona le ayudará.

Ranma no dijo nada. Sorpresivamente no se sintió incómodo con que le mojaran las ropas, o con la poca cercanía íntima que tenían. Le dio unas cuantas palmadas en la espalda, como si fuera una niña pequeña intentando ser protegida.

Y mientras la lluvia empezaba a parar, el dolor de Akane hacia lo propio, limpiando su corazón y brindándole la paz que no había sentido en tanto tiempo.

El taxi se detuvo frente a una casa que no era la de ella. Observó como su acompañante de trenza pagó al conductor lo que correspondía de pasaje. Prometió internamente pagarle después por todo. Salieron del vehículo, disculpándose por dejar un poco húmedo el asiento, y se encaminaron hacia la entrada.

—¿De verdad está bien que pase? Mi casa está cerca.

En cuanto Ranma abrió la puerta del jardín, se hizo a un lado, dejando que ella pasara. —Necesitas secarte un poco, ya has estado mucho tiempo mojada, te vendría bien una toalla y un té.

Dudando un poco entró a aquel jardín que ya había visto una vez. Recordó como ayudó a la señora Saotome a recoger los objetos que se le habían caído en el día de su mudanza. Esperó a que Ranma terminara de cerrar la puerta principal, y una vez que lo hizo ambos caminaron a la entrada.

Cuando el de trenza abrió la puerta y se anuncio, pudieron ver cómo Nodoka corría apresurada con un par de toallas para ambos.

—¡Dios mío! Están muy empapados. Tomen, necesitan secarse o enfermarán.

Akane tomó la toalla, sin embargo, un estornudo salió de ella. —Lo siento, creo que si me voy a resfriar.

Nodoka la tomó de los brazos y la encaminó a la sala. Ranma se dirigió a la cocina por un par de tazas de te para ambos. Cuando entró encontró a Ryoga comiendo un ramen instantáneo.

—Si sigues comiendo así parecerás un cerdo de verdad.

—Tenia hambre. Por cierto, ¿Cómo está ella?

Suspiró. —Mejor de lo que pensaría.— Tomó dos tazas y la tetera, vertiendo el líquido caliente en ellas.

—Eso es buena señal. Se recuperará fácilmente de esto.

Detuvo su acción, y miró a su amigo. —¿Cómo estás tan seguro de eso?

—No lo sé, solo supongo.

—Como sea, debo ir a dejarle este té para que se caliente.

En cuanto salió de la cocina divisó en la sala a la chica. Estaba sentada en el tatami, mirando su celular que estaba intacto y sin daños mientras otro par de toallas la envolvían. Se acercó para darle la taza de té que le había prometido.

—Toma.

Alzó la mirada, dejó a un lado el celular y recibió la taza con gusto. La acercó a su cara, aspirando el aroma a menta, poco usual en el té sencha. —Huele bastante bien.

—Mamá lo prepara con un poco de menta. Ayuda a relajarte cuando has estado en estrés.

Akane sopló la bebida y tomó un pequeño trago. El confort se hizo presente cuando el líquido caliente pasó a través de su garganta, brindándole la calidez que a su cuerpo le faltaba por la intensa lluvia que cayó sobre ella.

—Gracias.

Nodoka llegó inmediatamente a la sala. En sus manos llevaba una caja con medicina para gripa. —Traje está medicina, cariño. ¿Cómo te sientes?

—Me siento mejor.— La chica tomó la pastilla, esperando que su resfriado no empeorará.

—Me alegra oír eso. Tu ropa está muy empapada. Pienso que sería buena idea que te cambiaras. Aunque me da pena, no suelo usar más que kimonos. Me temo que tendremos que ponerte ropa de Ranma.

Ranma enrojeció. —Le va a quedar enorme.

—Debe haber algo que se ajuste bien. Vamos, acompáñame a su cuarto.

En este punto, el de trenza no pudo evitar ahogarse un poco con su té. Su mamá a veces podía ser un poco extraña. Cuántas veces le había advertido que no llevara a alguna chica a su cuarto, y ahora ella misma le indicaba a Akane que estaba bien que entrara. Las vió desaparecer por las escaleras, muriendo de vergüenza por todo lo que estaba pasando.

—Veamos que podemos encontrar.

Nodoka miraba el closet de Ranma, revisando cada sudadera para escoger alguna que estuviese lo suficientemente abrigadora.

Akane estaba parada, secando su cuerpo con las toallas que le habían dado. Ya se había quitado la ropa, un poco cohibida por hacerlo en una habitación totalmente diferente a la suya, y que para el colmo era de un chico. Un chico que no era su amigo.

La matriarca Saotome encontró una sudadera gruesa y con capucha roja con negro, la tendió sobre la cama y comenzó la búsqueda de un par de pantalones de deporte en los cajones de su hijo.

—Lamento mucho los inconvenientes, por mi culpa su hijo tendrá que prestarme ropa, además que he interrumpido su tranquila noche.

—No tienes nada de que disculparte. Cuando Ryoga llegó a casa me explicó un poco la situación.

—Supongo que entonces ya lo sabe.

Nodoka logró encontrar unos jogger negros que seguramente le ajustarían bien. Los dejó recargados en la cama y se acercó a la chica. Tomó la toalla y le empezó a secar el pelo con suaves toques. —No todo. Si quieres contarme, puedes hacerlo. Soy de confianza, aunque no seamos cercanas.

Akane suspiró. —Mi corazón se rompió. Me di cuenta de que no le gusto ni le gustaré al chico que me interesa.

—Hablas de tu amigo, ¿No es así?

—Si, hablo de el.— Suspiró nuevamente.

—Tus padres nos contaron a Ranma, a Genma y a mí de él. Es una pena, pero a veces así pasa. El amor suele doler cuando es unilateral. Debiste sufrir un shock muy fuerte al enterarte de esto.

—Lo fue.

—Pero estarás bien. La vida continuará, y poco a poco ese dolor pasará.

—¿Usted ha sufrido por amor?

Una risa cantarina salió de los labios de la mujer. —Claro. Y muchas veces me dije a mi misma que no volvería a caer. Pero, si no sintiéramos dolor, enojo o cualquier emoción negativa, nuestra vida estaría muy vacía.

Por primera vez en toda la tarde sonrió de verdad, aquellas palabras le entregaron una paz que la inundó por todo su ser. —Tiene razón. Todo pasará. Además debo concentrarme en todo lo que hay por hacer, como dar clases en el dojo, mis estudios o cuidar a mi madre.

La mujer dejó de secar el pelo con la toalla. Tomó la pistola de aire que había traído consigo, la conectó y empezó a pasarla por todo el cabello de ella. Una vez que estuvo seco lo tomó y con una liga lo empezó a atar en un moño. —Tu pelo es muy largo.

—Si. Me lo dejé crecer, pensando en que así podría gustarle a Shinnosuke. Fui muy ingenua, es obvio que por el pelo no enamoras a alguien.

—Tu madre me contó que antes solías tenerlo corto, ¿Te gustaba llevarlo así?

¿Qué si le gustaba? ¡Amaba el pelo corto! Cuando era más pequeña era más fácil entrenar con el. Si bien la solución para el pelo largo era un chongo o coleta, no era lo mismo, pues la cabeza pesa y duele después de mucho tiempo si se tiene así. Además, cuando era niña solía escuchar de parte de su madre que era el estilo que mejor calzaba con su personalidad decidida, fuerte y tenaz. —Honestamente, si. Me gustaba más así, corto.

—¿Sabes? A veces cambiamos ciertas cosas que nos gustan y que no hacen daño a nadie por las personas. Creo que es mejor ser más fieles a nosotros mismos.

—Tiene razón.

—Además, creo que el pelo corto se vería espléndido en ti.

Sonrió, agradeciendo aquel halago.

—Muchas gracias por su amabilidad.— Akane agradeció, inclinándose respetuosamente.

—No tienes nada que agradecer. Ranma te va a encaminar hacia tu casa. Ahora, descansa y cuídate para no enfermar.

—Lo haré. Que pase una buena noche.

—Regreso en un rato, mamá.

Caminaron unos pasos, alejándose de la residencia Saotome. Akane caminaba, sintiendo el aroma de las ropas del de trenza. Cítricos y madera. Un aroma que se había vuelto algo cotidiano desde que empezaron a irse juntos en el autobús. Se sentía extraña, portando las ropas de otro chico. Entendía que era mucho mejor que seguir con las prendas húmedas, consiguiendo un resfriado del tamaño de un planeta, pero aún así resultaba chocante.

Ranma estaba en las mismas. La situación lo desconcertaba por el simple hecho de encontrarse contrariado. La frustración de verla así, tan rota y triste por un chico era grande. Y aunque quisiera enfadarse con ella por ser tan cabezota, no podía. El verla portando sus ropas no ayudaba en nada a la tormenta que era su cabeza. Se sorprendió cuando su corazón dio un vuelco al verla parada, vistiendo su sudadera, que para variar era su favorita. Eso era malo, muy malo.

—Quiero darte las gracias. Aunque me dijiste en el dojo que no me consolarías, lo hiciste. De verdad que estoy en deuda con tu mamá y contigo.

Cruzó los brazos, intentando restarle importancia. —No es nada. Además, le agradas a mamá. Es la primera vez que no se porta condescendiente con alguna chica que se me acerca.

—A mi también me agrada tu mamá. Desde que la conocí supe que era una persona bondadosa.

Llegaron finalmente al hogar Tendo. Akane se detuvo frente a la entrada, abrazándose levemente. No tenía fiebre y parecía que el resfriado cedió, pero igualmente el frío helaba hasta los huesos.

—¿Estarás bien?

—Si. Voy a sanar.— Sus labios de curvaron. La sonrisa era resplandeciente, se podía palpar la tranquilidad que la invadía.

Y ese fue el gesto que inició su perdición por completo. Aquella sonrisa tan linda le paralizó por completo. Ya estaba acostumbrado a verla triste, enojada, frustrada y si, feliz. Pero nunca le mostró un gesto tan bello como aquel, y apostaba que ni siquiera a Shinnosuke le había dedicado tal muestra de sentimientos. Nervioso, y sintiendo como el sonrojo empezaba a asomarse en sus mejillas carraspeó. —Bien. No es como que realmente me importe eso.

—Lo sé. Debo irme. De nuevo, muchas gracias. Por favor, ve con cuidado.

Abrió la puerta, desapareciendo del campo de visión de su acompañante. Ranma bufó, molesto consigo mismo por ponerse así de nervioso con una chica. "Recuerda que no es linda, idiota." Pensó para si mismo, tratando de disipar las nuevas extenuantes emociones que por ningún motivo quería tener.

Después de una explicación decente a su madre, a sus hermanas y a su padre que estaba algo ebrio, se puso su pijama. Dejó la ropa de su compañero en una silla, recordándose de entregarla el lunes cuando lo viera.

A pesar de haberse cambiado a su propia ropa, el olor de Saotome seguía impregnado. Pero no le desagradaba. Es como si sintiera paz en ese aroma, como si por un momento se olvidara de todas las emociones negativas y un abrazo enorme la recibiera.

Apagó la luz de su cuarto y se acostó en su cama, arropando su cuerpo con aquellas cobijas gruesas que usaba en invierno. Y pronto se abandonó a los brazos de Morfeo, repitiéndose a sí misma que todo estaría bien.

Un nuevo día se asomaba, está vez el sol había decidido salir completamente, iluminando las calles de Nerima. Los sonidos característicos se hacian presentes, otorgando familiaridad al lugar.

Akane se levantó de su cama, estirándose para disipar la rigidez que le había otorgado el descanso. Caminó un poco por su recámara. Se miró al espejo de cuerpo completo que tenía, admirando su apariencia. El pelo largo le caía como cascada. Muchas personas la halagaban por él, pero ahora lo sentía ajeno a ella. Se encaminó a su escritorio, tomando un par de tijeras. Regresó al espejo, respiró profundo y, con las tijeras en mano, decidió cortar poco a poco los mechones de cabello.

En cuanto terminó, volvió a mirar su reflejo. Sonrió por el resultado, a pesar de que aún estaba disparejo.

Salió de su habitación y se encaminó hacia la cocina donde estaba Kasumi terminando de preparar el desayuno.

—Buenos días, Kasumi.

—Buenos días, Akane.— Dejó de mover las verduras en el sartén, mirando a su hermana. En cuanto la observó, no pudo evitar taparse la boca, sorprendida por lo que estaba viendo. —¿Que ocurrió?

Akane tocó su pelo disparejo. —Quise cambiar de look. ¿Se ve mal?

Kasumi se acercó a ella. Todos sabían que el pelo largo que solía llevar era para impresionar a su amigo. Que lo cortara significaba algo más importante que un simple cambio de look. Negó ante la pregunta de su hermana. —No, para nada. Solamente hay que emparejarlo.

—¿Podrías hacerlo, por favor?

Sonrió cariñosamente. —Claro que si.

El lunes llegó de nueva cuenta, y con ello, las clases en la universidad. Todos los alumnos estaban sentados, platicando entre ellos sobre distintos temas, algunos de mayor interés que otros.

Ranma estaba junto a Hiroshi y Daisuke. Los dos chicos le contaban sobre el par de chicas que pudieron ligarse el fin de semana. Algo que, para el de trenza, resultaba un poco banal.

El bullicio en el salón de clases disminuyó de golpe. Eso desconcertó a Ranma, provocando que volteara en dirección a donde todos miraban. Y sus ojos no pudieron abrirse más de lo que ya lo hacían.

Ahí estaba ella. Akane Tendo, la chica más testaruda del mundo, luciendo distinta a como la vió por última vez. El pelo largo fue reemplazado por uno más corto. Era diferente el como se veía con ese cambio, más no era algo desagradable. Todo lo contrario.

Akane sentía la atención de todo el mundo. Nunca le había gustado tenerla, desde los grados anteriores solía ser el centro para muchas personas, sobre todo para los chicos. Pero está vez, no podía culpar a nadie. Porque no solo el pelo corto hacia que brillará, si no que también su estado de animo era diferente al que tenía el sábado o incluso días antes. Caminó hacia sus amigas, saludando con una sonrisa a cada una de ellas. —Hola, chicas.

Yuka, impactada aún por lo que veía, tocó la cabellera corta con suavidad. —Akane, ¡Te ves increíble!

—¿De verdad?— Preguntó ampliando más su sonrisa.

—De verdad. Te ves muy linda.— Agregó Sayuri.

—Oye, ¿Por qué decidiste cortarlo?— Preguntó Yuka, intrigada.

—Porque quería cambiar. Me gusta más el pelo corto, para ser honesta.

—Pues nos alegra mucho. Creemos que sienta mejor con tu personalidad.— Dijo Yuka, siendo respaldada por el asentimiento de su otra amiga.

—Si, yo también lo pienso.— Dijo Akane alegremente.

Ranma la observaba desde su asiento. Dejó de prestar atención a sus amigos, que no paraban de hablar sobre como Akane lucía mucho más "sexy" con ese corte de pelo. Sintió de repente un hormigueo en todo su cuerpo, y un leve sonrojo cubrió sus mejillas. "Linda." Pensó él, aunque inmediatamente negó para si mismo.

Todas las clases transcurrieron bastante rápido, en un pestañeó Akane y Ranma estaban sentados en el autobús de regreso a casa. Durante todo el día estuvieron sin dirigirse la palabra más que para lo escencial. Pero al menos, para ambos no fue incómodo.

Akane sintió como una especie de complicidad con él. No sabía a qué se debía, pero ya no le incomodaba sentarse al lado de Ranma. Y lo mismo le pasaba a el de trenza.

—Lamento no traer tu ropa. La olvidé en casa.— Se disculpó Akane.

—No te preocupes. No es algo que sea urgente.

El celular de Akane timbró. Lo abrió para ver la notificación, leyendo el mensaje que había recibido.

Akari_

Akane~~~

Tengo buenas noticias, el sábado regreso de mi intercambio!

Creo que este fin de semana inicia el florecimiento de los cerezos. Te invito a verlos!

Igualmente quería pedirte un favor. Mis padres estarán un poco ocupados para ir y recibirme a la estación de metro, ojalá pudieras ir por mi ese día.

Avísame si puedes, y dile a Yuka y Sayuri que pronto les molestaré.

La chica sonrió encantada. Que su amiga volviera implicaba una gran noticia, pues la había extrañado demasiado.

—Por la sonrisa que pusiste, supongo que es tu amigo.

—En realidad, es una amiga. Se fue de intercambio hace un año, así que este sábado regresa para terminar sus estudios aquí. Está estudiando para ser veterinaria.

—Vaya...

—Yo... olvidaré a Shinnosuke.

Ranma estaba impactado. No esperaba escuchar aquello con el tono tan firme en su voz. —¿Lo estás diciendo de verdad?

Suspiró. —Esta bien si no le gusto. Después de todo, la vida sigue. Ya lo entendí.

—Es una buena noticia. Estoy seguro de que encontrarás a alguien más.

—Si, yo también lo espero.

Akane observó el paisaje a través de la ventana del autobús. Está vez el clima había mejorado. El sol bañaba con los colores del atardecer los edificios, y la temperatura subió más, permitiendo que los suéteres gruesos fueran reemplazados por cárdigans, y que la gente no se preocupara de llevar un paraguas en sus pertenencias. La primavera había entrado ese día, y no solo al mundo entero. Su corazón estaba cálido, sin miedo a seguir adelante, dejando atrás los sentimientos hacia Shinnosuke.

—A propósito...— La voz de Ranma la sacó de cavilaciones. —Tu pelo...

Tocó su corta cabellera. —Ah, si. Supongo que con este look ahora sí parezco un chico para ti. Pero está bien, si es lo que piensas no tengo problema en aceptarlo.

—Yo... bueno, no es que importe lo que diga, pero... c-creo que te ves bien.— La cara de Akane se transformó en un poema al escuchar aquello. —Oye, ¿Por qué me miras así?

—¿Te sientes bien? ¿No estás enfermo?

—Te estoy halagando, tonta.— Desvió la mirada. —De todos modos, a mí me agrada más como te ves con el pelo corto.

Akane le tocó el hombro con un dedo, llamando su atención. —Gracias. De verdad. Aún si es una mentira, es lindo que me lo digas.

Ambos se quedaron en silencio, contemplándose fijamente. La atmósfera se volvió diferente, una extraña familiaridad se posó en sus corazones, y por primera vez en todo lo que se conocían, Ranma Saotome y Akane Tendo creyeron que una bella amistad florecería entre ellos, tal como los cerezos lo harían en esta primavera.

Las bocinas del aeropuerto anunciaban la llegada de los vuelos provenientes de Guangzhou, China. Un hombre vestido con traje sastre gris esperaba pacientemente a su joven promesa de las artes marciales, provenientes del país asiático más grande.

Por lo poco que sabía de su jefe, aquella persona provenía de una tribu de guerreras poderosas que vivían alejadas de las grandes ciudades. Le había dicho que era mujer, sin embargo, no le dieron los datos necesarios para reconocerla, por lo que no le quedó otra opción más que portar un letrero con el nombre de la escuela de artes marciales que le abriría las puertas a la fama y el éxito.

Los pasajeros empezaron a llegar a la terminal. En cuanto lo notó, alzó el cártel en alto, esperando ser visto. Su cometido se cumplió, pues una joven acompañada de una anciana pequeña que caminaba con un bastón grande se le acercaron.

Quedó impactado, pues la belleza de aquella muchacha era demasiada, pocas mujeres en el mundo podían presumir de tenerla; el pelo largo y de un color morado casi hipnótico, las piernas largas y esbeltas, la cadera bien formada y estrecha cintura. Y que decir de ese rostro. Los ojos, gatunos pero a la par dulces eran lo que más llamaban a admirarla.

—Bienvenidas a Tokio. Es un placer que nuestra academia la tenga en sus filas para representarnos en el torneo internacional de artes marciales. Vengan por favor.

Se encaminaron hacia la salida, dónde un auto de último modelo aguardaba a todos. Inmediatamente se subieron, el hombre les ofreció dos botellas de agua.

—En cuánto lleguemos a la escuela mi jefe las recibirá para que firme el contrato. A propósito, ¿Cuál es su nombre, señorita?

La chica sonrió. — Wu Xian Pu.


Miso ramen: Ramen elaborado con miso. Miso es un condimento en forma de pasta elaborado con granos fermentados de soja, cebada o arroz sin sal.

Onigiri: Bolas de arroz de forma triangular envueltas con tiras de alga y rellenas de atún, salmón, kombu o ciruela encurtida.

Tatami: Elemento arquitectónico japonés elaborado con poliestireno que recubre los pisos de las casas tradicionales.

Sencha: Variedad de té verde japonés que se elabora sin triturar las hojas.

Jogger: Prenda de vestir con un corte ajustado en la cintura y los tobillos.

¡Hola a todos!

Está actualización es inusual, porque me he tardado pocos días en traer un nuevo capítulo. Y es que aunque no lo crean, yo me encontraba impaciente por publicarlo cuanto antes, porque mi historia me está encantando tanto como a ustedes c:

Para mí, escribir es un placer, y aunque no lo crean, la música es mi aliada para lograr hacerlo. Por eso les recomiendo (solo si quieren, claro) escuchar las canciones Hate You de Jungkook, How can i love the heartbreak de AKMU, Wish de Choi Yu Ree y Song Request de Lee SoRa ft. Suga de BTS.

Espero haber plasmado de manera correcta los sentimientos de Akane. Este cap es mi favorito de los que he escrito hasta ahora, pues si se dan cuenta el hecho de compartir un gesto tan cómplice como el confortar a alguien y dejar que se desahogue es algo que a muchas personas les toma tiempo, pero acá rápidamente nuestro ship favorito lo hizo realidad. Amamos 3

Por cierto, cambié en las etiquetas los personajes por la razón de que esta historia no solo tendrá la relación RanKane desarrollándose, ya lo verán después.

Está vez les diré que no tengo fecha aproximada para sacar la siguiente actualización. Este lunes regreso al trabajo de oficina, por lo que me tomará mucho esfuerzo sacar el siguiente capítulo, sin embargo, prometo hacer un esfuerzo enorme para traerlo en poco tiempo.

Quisiera agradecer a la página Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma por difundir esta obra y apoyarme como ficker. Igualmente quiero agradecer a cada uno de ustedes. Sus reviews, seguidos y favoritos me motivan a seguir escribiendo, enserio 3

Me despido, deseándoles lo mejor.

Con amor, Sandy.