Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.
•••
Entre amores y karate.
•••
Capítulo 8.- Noviazgo falso, sentimientos reales.
•
•
•
Ryoga y Akari estaban sentados en la cama de ese love hotel en el que habían pasado unas cuantas horas inolvidables. Los pelos de Akari estaban hechos un desastre, y la ropa se encontraba regada por todo el suelo, sin mencionar que estaba algo adolorida gracias a la intensa actividad de la noche anterior. La chica de pelo verde aferró la sábana a su pecho, con la vergüenza marcada en su rostro. Ryoga, por otra parte, tenía su bóxer en su mano, aún sin atreverse a vestirse por lo menos con esa prenda. Su cara era un poema entre la pena por haberse acostado con una chica con la que no tenía una relación estable, y entre lo feliz que había sido por ese encuentro tan fogoso.
—Ahm... Ryoga...— Habló con un poco de desconfianza.
—Dime.
Bajó su mirada, pensando en que podía decir para no arruinar el momento. Estaba claro que hicieron las cosas mal. Que antes de acostarse debieron de hablar sobre lo que ambos querían, si una relación casual o intentar un noviazgo serio. Carraspeó para poder pronunciar algo. —Tú.. bueno... creo que debemos hablar sobre lo que está tratando de pasar entre los dos.
Comenzó a sudar un poco nervioso, y sus mejillas se sonrojaron drásticamente. Movió sus dedos índice, jugueteando con ellos. —Ya veo... si tú n-no te sientes cómoda conmigo, yo...
—¡No es verdad! ¡Me siento bien a tu lado!— Gritó a los cuatro vientos, mirándolo con el ceño fruncido. A Ryoga casi se le sale el alma, pero su corazón palpitó furioso gracias a esa afirmación. Akari, al notar lo que dijo, se avergonzó un poco más. —Es solo que... tienes tu pasado con esa chica...
—Con Ukyo...
—Sí. Y bueno, últimamente se empeña en ir a la veterinaria por cualquier razón.— Suspiró. —A lo que me refiero, es que si tú... si no te sientes aún preparado para intentar algo conmigo, yo estaré de acuerdo con tu decisión.
Ryoga, ni corto ni perezoso, se giró hacia la chica con expresión decidida. Sus puños estaban cerrados, y el rostro lo tenía más rojo que un tomate. —¡Sí quiero!
La de pelo verde lo miró con sus ojos brillando de felicidad e ilusión. Su pequeña sonrisa apareció, y sus hoyuelos adorables se acentuaron. —¿De verdad?
Para que no cupiera duda, comenzó a besarla, dejando que sus cuerpos volvieran a comunicarse de la forma en la que lo hicieron hacía un par de horas atrás.
•
•
•
Xian Pu, Kuo Long y Ryu se encontraban en el comedor de la mansión Kumon, desayunando después de la cena tan impactante de anoche. El ambiente era un poco tenso, y no era para menos. Xian Pu, en particular, no dejaba de pensar amargamente en lo que ese chico guapo y de hermosos ojos azules había dicho frente a todas las personas de aquél evento. Prometidos. Él y la joven a la que podía llegar a considerar su amiga estaban comprometidos. Debía hablar seriamente con Tendo para poder poner las cartas sobre la mesa, porque a Xian Pu le interesaba demasiado ese chico. Y es que ella todo lo que quería lo conseguía, así que no descansaría hasta que él sea suyo. Pero para empezar, Ryu les debía una explicación a ella y a su abuela.
—Entonces si lo conocías.— Encaró la vieja Kuo Long al heredero de los Kumon.
Ryu, como siempre, mantuvo el temple sereno. No le intimidaba la mujer del bastón, le era indiferente. Tomó un trago de su taza de té antes de hablar. —Si. Ranma Saotome es mi compañero de clases en la universidad. Estamos en el mismo equipo de karate.
—¿Y por qué negaste que no lo conocías cuando la realidad era otra?— Reclamó la joven china con rencor en la voz.
Rodó los ojos con hastío. —Porque me estabas fastidiando con tu vocecita chillona. Me martillabas los oídos hasta hacerlos sangrar.
—¡Oye! ¡Tú tampoco eres soportable! Siempre siendo el témpano de hielo inquebrantable y aburrido.
—Mejor que ser la caprichosa berrinchuda.
—¡Tonto!
—Basta los dos.— Dijo Kuo Long para tratar de evitar que todo se saliera de control. Miró fijamente a Ryu, con sonrisa socarrona. —¿Qué planea hacer tu padre si sabe de todo esto?
—Cuando se entere de la identidad de Saotome, tratará de sobornarlo para que se una a nuestro equipo.— Explicó con total desagrado.
La anciana podía notar como ese chico detestaba la idea. Y no lo culpaba. Para ellas, pertenecientes a la tribu amazona, el honor consistía en no usar trampas para el combate, en ser siempre justas al momento de enfrentarse cuerpo con cuerpo a sus contrincantes. Y de cierta forma, con lo que planeaba hacer el señor Kumon daba por hecho el no confiar en las habilidades de Xian Pu y de su hijo. No iba a permitir que dudaran de las amazonas de ese modo tan insultante.
—Veo que no te agrada lo que quiere hacer. A mi tampoco, así que haremos algo. Nadie de nosotros tres dirá de quien se trata. Si pregunta, nadie sabe nada.— Miró a su nieta. —Y en cuanto a ti, Xian Pu. Tendrás que olvidarte de ese chico.
—¡¿Que?! ¡¿Por qué?!— Gritó mientras realizaba un puchero gracioso.
—Porque es una amenaza para nosotros. Debemos concentrarnos en practicar más. Solo así el señor Kumon no recurrirá a las trampas, ya que si lo hace podría ser deshonroso para las dos. Además, ya te lo ha ganado esa jovencita.
Cruzó los brazos, enfurruñada. No era justo. Y si su abuela pensaba que le iba a obedecer en ese aspecto, pues no sería así. Buscaría la manera de poder tener a Ranma Saotome para ella.
•
•
•
Estaba furiosa. No, más que furiosa. Estaba cabreada, y a niveles demasiado colosales, como nunca se había imaginado. Con fuerza volvió a propinar una patada al muñeco para entrenamiento, logrando que una de las costuras se abriera ligeramente gracias al intenso impacto recibido.
—¡Idiota!— Gritó, repitiendo el movimiento anterior. —¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota! ¡Idiota!
A cada grito los golpes iban aumentando en velocidad. Su respiración era errática, las gotitas de sudor perlaban su frente y la voz le salía cada vez más fuerte. Con cada patada y puñetazo recordaba lo que el idiota de Ranma Saotome había hecho la noche anterior.
"—No solo somos socios porque nuestros padres fueron amigos desde hace años. También estamos comprometidos."
¡Comprometidos un pepino! ¿Qué carajos es lo que ese estúpido pretendía con todo ese lío? Según el de trenza era una estrategia para atraer patrocinadores al dojo, pero no podía asegurar que eso fuese cierto. Ahora no solo tenían que fingir ser novios frente a Shinnosuke y a Ukyo Kuonji. No, ahora tendrían que fingir ser prometidos ante muchas personas, sobretodo ante el comité y los dojos restantes.
Y lo peor, es que dentro de ella estaba naciendo una confusión enorme. Ranma la confundía, le mareaba como no tenía idea. A veces era amable y cálido, como cuando la consoló en sus brazos, después de que se le rompiera el corazón por Shinnosuke. Pero en otras ocasiones más bien era todo lo contrario, como cuando estuvieron bailando, y el señaló que no estaría celoso de alguien como ella.
Su corazón ya empezaba a latir nuevamente de amor, y al parecer lo hacía por la persona equivocada. Todo resultaba en una montaña rusa de sensaciones que tenían como destino a Ranma, pero ella debía hacer que ese carrito frenara antes de colisionar más profundo.
—¡Ranma, tú, idiota!
Con un último grito lleno de frustración lanzó una patada que terminó lanzando al muñeco hacia el otro extremo de la zona donde se encontraba.
Nabiki y Kasumi se acercaron al lugar, mirando como esa cosa quedaba maltratada gracias a lo que su querida hermana había estado haciendo. Las dos sentían una gran curiosidad por lo sucedido el día anterior, ya que habían sido testigos de la atmósfera extraña que existía entre Akane y Ranma. Las miradas del de ojos azules no fueron normales, y podían jurar que a ese torpe chico le atraía Akane en demasía.
—Que buena patada.— Dijo la mediana de los Tendo con total sorpresa.
Akane respiró un poco, tranquilizando su agitado estado. —¿Por qué tenía que hacer eso? ¡Apenas y nos toleramos!— Tomó la toalla y secó su sudor con energía. —Ahora tendremos que fingir estar comprometidos con medio mundo.
—¿Y eso es malo?— Preguntó Nabiki divertida.
La menor de los Tendo frunció el ceño. —¿Qué quieres decir?
Kasumi se unió a la conversación, sonriendo. —Bueno, ayer por la noche no parecías desagradarle a Ranma-kun.
—¡¿Eh?! ¡¿De que demonios hablan?!— Preguntó con la expresión desencajada.
—Ranma-kun se veía encantado contigo. ¿Y cómo no? Si lucías verdaderamente hermosa con ese vestido.
Nabiki cruzó sus brazos. —Hasta mamá y papá lo notaron. Déjame decirte que traes loco a ese chico. Sus ojos estaban brillando cuando te vió arreglada, y sus mejillas... ¡Parecía un tomate!
Si su temple ya estaba descompuesto, toda esa información empeoró su estado. —¡Ja! ¡Deben estar bromeando!— Fue en dirección al muñeco, recogiéndolo sin cuidado y sintiéndose cada vez más confundida. —No le intereso. Lo dejó en claro cuando bailó conmigo.
—Ajá. Bailó contigo. Después de que dije que alguien más te propondría hacerlo. ¿Y así dudas de ello?
—Akane, creo que le dieron celos. Shinnosuke-kun estaba en el lugar. Tal vez tuvo miedo de que bailaras con alguien más, incluso con Shinnosuke-kun. Parece que quería que solo bailaras con él, ¿No es romántico?.— Soltó Kasumi, sin entender que esa suposición acrecentaba más las dudas en ella.
—¡Que no es cierto! ¡Argh! Me voy a duchar.— Botó el muñeco y caminó hacia la casa. Su corazón latía fuertemente. Ranma celoso de Shinnosuke. ¡Era absurdo! Para empezar, estaba segura de que ya no sentía nada por su amigo. Y en segunda, era imposible que él estuviera celoso porque su relación apenas y se podía clasificar en una aparente amistad. —Ranma, idiota.— Susurró mientras entraba al baño.
•
•
•
Ranma miraba el techo de su habitación, pensativo gracias a Akane Tendo. Estaba recostado en su cama, reviviendo una y otra vez el baile con la menor de los Tendo. Tomó su celular, verificando la hora. Eran las nueve de la mañana, una hora en la que él debería estar durmiendo, y en la que Ryoga debería estar en la casa Saotome. El mensaje que ese bastardo le había enviado hacia media hora le indicaba que llegaba en quince minutos. Bufó, mirado en dirección a la cachorrita Blanquinegra, quien simplemente se encontraba en su camita improvisada, mordisqueando un juguete de peluche que Ryoga le compró de la veterinaria.
—Oye, eres muy feliz jugando con eso.— La cachorrita lo miró por unos segundos, pero después volvió a su labor de mordisquear esa cosa. El de orbes zafiro palmeó su frente. —Blanquinegra, ¿Por qué me siento mal por hacerle eso a Akane, pero a la vez, me siento feliz? ¿Qué son las cosquillas que me invaden cada que pienso en la noche anterior? ¿Realmente me estoy enamorando?
—¡Llegué!
—¡Ahhhhhh!
Ranma terminó cayendo al suelo, asustado por la repentina aparición de su amigo en la ventana. Ryoga estaba con las ropas un poco desordenadas, además de oler a perfume femenino, y su pelo revuelto y con hojas de árbol le daban un toque espeluznante. Claro que las pequeñas ojeras debajo de sus ojos no ayudaban a minorizar el efecto macabro que su aura de euforia incontrolable le causaba.
—¡Idiota! ¡Me asustaste! ¡Si vuelves a aparecer de esa forma te mato la proxima vez!— Se levantó del suelo, mirando ceñudo a su amigo.
—¡La mejor noche de mi vida!— Exclamó abriendo sus brazos de forma exagerada. Luego, tomó a Blanquinegra entre sus manos y comenzó a dar vueltas con la cachorrita, alzándola cual Simba. —Blanquinegra, tendrás futura madre.
Ranma rodó los ojos por el cursi apelativo. —Que asco. Eres repulsivo cuando te gusta alguien. Todo un cerdo que se acuesta con una chica casi enseguida.
—¿Celoso porque yo si saldré con la chica que me interesa?— Soltó fanfarrón, dejando a su criatura de vuelta en esa cama mullida.
—Ni de chiste.
Los ojos ámbar de Ryoga escrutaron a su amigo. Lentamente se acercó a ese chico, y con sus brazos lo atrapó en una especie de llave amistosa. Cada vez que lo quería molestar hacía eso. —¿Y que fue todo lo de anoche? ¿Ah?
—Suéltame. No sé de que hablas.— Dijo, forcejeando para liberarse de la prisión de los brazos de su amigo. Sus mejillas se colorearon, rememorando la escena en la que declaraba a Akane como su prometida ante todos, como si fuese un animal que marcaba su territorio.
—Tu prometida. Que oculto lo tenías.— Se mofó, aplicando más presión en su agarre. —Y así piensas que soy un cerdo por acostarme con Akari.
—¿Cómo te enteraste?— Preguntó un poco preocupado.
Sonrió ampliamente. —Akane nos interrumpió. Llamó a Akari, y sonaba molesta. Dijo que eras un idiota, y que deseaba que fuera Lunes para matarte en la universidad.
Ante eso, Ranma abrió la boca. Matarlo sonaba demasiado fuerte, y con el carácter que ella tenía seguramente no saldría con vida. Akane enojada era peor que un demonio, así que temía por su integridad, aunque lo tuviera bien merecido. Con fuerza logró que su amigo le soltara, además de tirarlo al piso con ganas. —Dios. ¿Qué hice?
Ryoga se levantó, queriendo atascarse de la risa gracias a la situación cómica de Ranma. —¿No podías encontrar una manera más normal de decirle que te interesa? Ya no estamos en el siglo veinte como para que digas que están en un compromiso arreglado.
—Es que yo no... ¡Argh!— Se tiró a la cama, quedando boca abajo. —Fue un impulso. Creo que me puse c-celoso.
—Un impulso al que ahora tendrás que darle cara.— Ryoga caminó hacia la cama de Ranma, sentándose al lado. —Oye, sé sincero conmigo. ¿Ella realmente te gusta?
—Creo que sí.— Contestó con la voz ahogada gracias a su cabeza hundida en la almohada. La pijama de narutos verde oliva le daba una imagen mucho más graciosa a Ranma. Aunque Ryoga sabía que su amigo si la estaba pasando mal.
—¿Por qué dices que crees?
—Me siento extraño cada vez que la veo. Su sonrisa me gusta demasiado, y es una chica tierna. Ayer estaba... l-linda. Se veía h-hermosa con su vestido. Sentí mi corazón palpitar con mucha fuerza, y un enorme cosquilleo en el estómago que erizó mi piel. De hecho, lo estoy sintiendo ahora mismo.— Confesó, levantando su rostro de la almohada. Sus ojos estaban entrecerrados, y las mejillas las sentía calientes.
El de ojos ámbar comprobó lo que él decía al observar la piel descubierta en uno de los brazos de su amigo. —Tu piel está erizada.— Miró seriamente a su amigo. El rostro varonil comunicaba perfectamente un estado de ensoñación absoluto. —Oh vaya. Es real. Por primera vez en toda su vida, Ranma Saotome está enamorado.
Ranma decidió incorporarse, quedando sentado en esa cama, con las piernas cruzadas y viendo hacia abajo, totalmente tímido. De repente se encontraba temeroso. Estaba siendo aterrador admitir eso frente a Ryoga, pero no porque no tuviera confianza en su amigo. Más bien, estaba abriendo la caja de Pandora en la que se había convertido su corazón, y desataba un caos de sentimientos confusos para él. A sus veintiún años recién descubría estas escalofriantes sensaciones. Muy aterrador, casi como un cuento de terror.
—Ryoga, no puedo enamorarme más de lo que ya estoy. No funcionaría, porque no es que seamos los mejores amigos. Además... presiento que no ha superado al idiota de Shinnosuke.— La voz tenue en Ranma no era normal. Sonaba asustado y nervioso.
Soltó un suspiro. —Ranma, esas cosas no las puedes evitar.
—Pues debí hacerlo antes.
—Veamos, ¿Desde cuando te empezó a llamar la atención?
—Desde que ayudó a mamá a levantar las cosas que se cayeron en el jardín. Yo estaba acomodando mis pertenencias en este cuarto, cuando escuché a mi mamá gritar en el patio. Me asomé a esta ventana, y entonces la vi. Iba acompañada de ese imbécil de Shinnosuke. Ayudó a mi mamá a levantarse, y luego...— Tragó duro. —Sonrió. Después, cuando ingresé a la universidad y la reconocí, sentí curiosidad por ella. Creo q-que mi curiosidad no se ha saciado. Ahora quiero conocerla...más.— Suspiró. Se sintió abrumado de repente.
Ryoga comprendió todo. Ranma Saotome había sido flechado a primera vista, algo no muy común hoy en día, pero que resultaba demasiado romántico. Sonrió. Su amigo le causaba mucha ternura. —Ranma, te flecharon. Eso es inusual, pero significa que los dos quizá están destinados a estar juntos.
—¡No! ¡No, n-no puedo!— Gritó con un poco de desesperación. —No quiero salir lastimado, ni lastimarla a ella. Ryoga, ¿Cómo puedo evitar enamorarme más de lo que ya estoy?
Su amigo era terco. —Solo pon una barda entre tú y ella. Y listo. Ve esto como una batalla a ganar.
—¿Y la batalla es con?
—Contra tus sentimientos.
•
•
•
Naoko Tendo estaba recostada en su cama, esperando a su esposo para poder descansar adecuadamente. Todo el día había notado la furia en Akane, y debía admitir que la entendía. ¿A quien le gustaría que mintieran con un tema tan especifico como lo era el ser comprometidos? Aunque, según lo que le contó Nodoka cuando hablaron por teléfono hubo algo detrás de aquello. Ella era madre de tres hijas, y su intuición estaba más que despierta gracias a aquello.
A ese chico le gustaba su hija. Ella pudo observar la forma en la que los iris de aquél joven se iluminaron al verla con ese hermoso vestido puesto. Y si sus corazonadas no fallaban, Akane en realidad se sentía confundida porque también le atraía el menor de los Saotome. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Soun entró a la habitación, ya en su pijama y con el semblante aún serio.
—Querido, deberías relajarte.— Dijo Naoko, sonriendo conciliadora.
—No puedo. Es que no lo entiendes, no tendría problemas con dejar que ese muchacho sea un perfecto candidato para Akane. Pero hasta ayer me enteré que Shinnosuke puede ser una pieza clave para nuestra posición con el comité de dojos.
Naoko suspiró un poco decepcionada. —Soun, estás viendo a Akane como una ficha de juego. Tú sabes que ella nos contó sobre Shinnosuke y su novia. No va a estar interesada en meterse en una relación ajena, mucho menos por el bien del dojo.
—No es lo que quiero. El señor Ueda me confesó que Shinnosuke y su novia han tenido unos cuantos problemas, y que es posible que rompan pronto. Si es así, sería perfecto que Akane intentara conquistarlo.
—¿Estás loco? Además, pensé que el señor Saotome era un gran amigo tuyo. Y que te gustaría que las dos familias se unieran.
—Naoko, lo es. Pero...
—Pero nada.— Se acercó a su esposo con calma, pues aunque se sintiera relativamente bien por ese día, los efectos de la quimioterapia de la semana pasada aún los sentía en su cuerpo como un plomo difícil de levantar. Tomó el hombro de Soun, tratando de tranquilizarle. —Tal vez ese muchacho no hizo las cosas bien. Pero tampoco tú las harás si piensas en Akane como un intercambio para impulsar al dojo con el comité.
—Shinnosuke me agrada para Akane.
—Y te recuerdo que Akane nos dijo que ya no le interesa más.— Abrazó al su esposo, esperando que entendiera que la felicidad de su hija dependía solo de ella. —Deja que ella resuelva los conflictos de su corazón y de su vida. Ahora, mejor vamos a descansar, ¿De acuerdo?
Soun asintió, un poco derrotado. Pero en su mente rogaba por encontrar la forma de revertir el embrollo en el que el hijo de los Saotome los metió.
•
•
•
Akane caminaba con total apatía hacia la universidad, sintiéndose realmente enojada. Durante todo el día anterior se la pasó entrenando arduamente, y eso le había ayudado un poco a calmarse. Pero claro, sus hermanas, realmente emocionadas por lo sucedido no dejaban de fastidiarla, recalcando que a Ranma le interesaba ella, que harían una muy buena pareja, mejor que con Shinnosuke, que si esto, que si lo otro. ¡Ya la tenían harta!. Pateó una piedra con fuerza mientras recordaba el baile de hacia dos noches. La sensación de las manos de Ranma sobre ella le calaba hasta el tuétano, provocando mil y un tormentas eléctricas por dentro de su estómago. Las mariposas tan conocidas para ella volvían a estar presentes, pero con más ímpetu que antes. Se pellizcó el brazo para espabilar, porque ya estaba llegando a la parada del autobús que le correspondía.
Ni bien llegó tenía que topárselo. Frente a ella se encontraba el causante del caos en su vida.
Ranma estaba parado en la estación de autobús. Casualmente era la única persona por ese momento en el lugar, o al menos así era hasta que llegó la responsable de su martirio. Y estaba molesta. Demasiado.
—A-Akane... oh, ehm...— Comenzó a retroceder lento, temeroso por su vida. —C-creo que me iré por otra ruta...— Soltó una risa histérica mientras intentaba correr. Lamentablemente una mano lo atrapó de la chaqueta, estrujando esa prenda. Lo giró en dirección a ella, y frunció aun más su mirada.
—Alto ahí.— Pronunció con voz de ultratumba. Apretó con ganas la tela verde olivo de esa bomber jacket, y lo acercó hacia ella, tensando los dientes y colocando en su rostro una mueca bastante perturbadora para el de trenza.
—D-de verdad que no eres nada linda...— Él y su bocota.
¡De nuevo esa frase! Ahora resulta que no era linda. Ah, pero hace tres días si lo era cuando sonreía. Tremendo imbécil que era. Lo estaba odiando por completo. Puso más empeño en su agarre gracias a la molestia que sentía. —¿Qué pretendes con eso del compromiso? Y no me salgas con las idioteces sobre los patrocinadores. Eso no me lo creo.
Tragó duro. No iba a admitirle que fue por celos hacia Shinnosuke, antes se mataba en aceite hirviendo. —¡Es la verdad!
—¡No mientas!
—¡No lo hago!
—¿Te dieron celos de Shinnosuke? ¿Es eso?— Preguntó teniendo el coraje que su desesperada mente le infundía. Sus hermanas le llevaron al límite, y deseaba saciar las dudas implantadas.
Se estaba viendo acorralado en un callejón que no parecía tener salida. Y aún así, preferiría morir para llevarse a la tumba ese secreto. —¡No! ¡¿Por que diablos tendría celos?! ¡No somos nada como para que los tenga!
Lo soltó de repente. Le había dolido un poco ese "no somos nada", pero también hizo que pusiera los pies en la tierra. Sus hermanas habían errado con sus suposiciones, y ella se convirtió en el bufón que cayó en la desesperación. Su orgullo se lastimó un poco. —Bien. Te creo que fue por los patrocinadores.
Ranma acomodó su chaqueta, mientras pensaba en que lo que dijo le dolía hasta a él. Ese "no somos nada" era realista, pero aun si salía de su propia voz resultaba inevitable que un pequeño crujido sonara en su corazón. —Gracias por creerme.— Moduló su voz, tratando de no sonar afectado por lo que el mismo afirmó. No eran nada, por lo tanto, no debería tener celos de nadie que quiera pretenderla. Oh, un crujido nuevo se produjo cuando pensó en que ella podría ser pretendida por alguien más.
—Aun así, no creas que esto me tiene feliz. El peso de tu idea es demasiado gigante. No solo tenemos que fingir ante Shinnosuke y Kuonji, sino que también tendremos que hacerlo frente al comité y con todo el torneo.— Dijo preocupada.
Si que estaba consciente de ese peso, y con la mayor hipocresía del mundo, era feliz al saber que eso la amarraba a él. Muy egoísta de su parte, si. Pero su desesperación le llevó a tomar la decisión de manera impulsiva, y ahora más que nunca estaba en el dilema de ganar contra sus sentimientos, porque siendo honesto, no quería deshacerse de lo que estaba sintiendo.
—Se que te... desagrada fingir conmigo. Y que me odias.— Soltó un poco amargo, porque no le gustaba pensar que ella lo odiaba. —Pero ya estamos en el lío. No queda de otra.
De repente se sintió un poco mal gracias a esa afirmación. Ese tono de voz no le agradó, porque sintió como su corazón se encogió ante la idea de un Ranma dolido porque ella parecía ser reacia a él. —No...— Carraspeó. —No es que te odie, pero... Es solo que es extraño. Pasé de olvidarme de Shinnosuke a ahora tener que fingir un noviazgo con alguien que conozco desde hace dos meses.
Ahora la comprendió. En efecto, era un egoísta. —Akane, yo... lo lamento. No fue mi intención hacerte sentir incómoda.
Suspiró. —Descuida.— Sonrío para intentar elevar los ánimos. —Es solo actuación, ¿No? Sería más difícil si hay sentimientos de por medio. Y claro que no los hay. No debemos... martirizarnos.
—Si, claro. No hay porque estar nerviosos.— Soltó con risa nerviosa. Si supiera que, en realidad, él ya tenía ciertos sentimientos por ella no estaría en paz.
Un tono de celular interrumpió a ambos en su intento de tranquilizarse. Akane revisó su teléfono, dándose cuenta de que era un mensaje de su amiga Yuka. Abrió la conversación, encontrando algo que la dejó aún más intranquila.
Yuka_Yuka_
¿Por qué no nos dijiste que te comprometiste con Saotome? Toda la escuela ya se enteró, salió en las noticias. Nos debes una explicación con detalles.
—¡Ay no!— Gritó haciendo un berrinche con su cuerpo, sacudiendo sus brazos y saltando con brusquedad.
Ranma tomó el celular de la chica, y cuando leyó el mensaje se puso pálido. —Oh mierda.
•
•
•
Shinnosuke estaba en clases, pero a la vez no se encontraba ahí. Trataba de trazar algo en ese lienzo blanco, y nada le venía a la cabeza. Nada salvo los recuerdos de ese fatídico baile al que se había visto obligado a asistir.
Akane se veía radiante, más viva que nunca. Tenía mucho tiempo que no la había visto tan feliz, y aún más teniendo en cuenta que su madre padecía una enfermedad poco tolerable como lo era el cáncer de mama. Ahora que lo pensaba más profundo, siempre había admirado a Akane por su fortaleza. No solo era una chica fuerte en el ámbito físico, como había aprendido desde que la conoció por defenderlo de los que lo molestaban. También resultaba tener una fortaleza mental que pocas veces visualizaba en muchas personas. Además, su corazón era muy grande. Muchas veces salía a la ayuda de la gente. Incluso si eran desconocidos para ella, su empatía lograba hacer que conectara con las personas.
Y puede que jamás haya pensado en ella como una chica, pero lo era. Practicaba artes marciales, y aún así usaba demasiadas faldas, vestidos y ropa con altas dosis de femineidad. Llevaba el cabello largo con moños y listones, pero el cabello corto la hacía ver más tierna, y resaltaba su cara fina y delicada. Nunca había hecho caso de su rostro, pero era peculiar, no en el mal sentido, claro estaba. Sus pómulos altos, su nariz respingada, pequeña y delicada, sus ojos del color del chocolate. Todo en ella era armónico, casi podía jurar que seguía el orden de Fibonacci. Ahora en el baile la vio usando maquillaje. No es que nunca lo usara, más bien es que jamás reparó en lo magnifico que le quedaban las sombras, el delineador, el rubor y el labial.
Ni que decir de los pretendientes. Nunca le faltaron a ella. Recordaba como tenía que ayudarla a deshacerse de los múltiples acosadores que le regalaban cosas cada vez que tenían oportunidad. Y claro, en muchas de esas ocasiones tuvo que fingir ser su novio, pero jamás le había dado la importancia a tener que tomar su mano, o abrazarla para fingir.
Por supuesto, la epifanía se le presentó en forma de un joven: Ranma Saotome. Ese sujeto que ahora podía llamarse el prometido de Akane. Ese chico que era el afortunado de tomar su mano, de estar cerca de ella sin que le rechazaran.
No lo había entendido hasta el día anterior. Charlando con su abuelo sobre su confusión descubrió que, en realidad, siempre hubo afecto hacia Akane, pero estaba ciego para notarlo. O más bien, daba por hecho que, algún día, ambos terminarían casándose. Su mente le engañó, y ahora eso estaba lejos de cumplirse.
Pero tal vez aún no era tarde. Tal vez si luchaba por ella podía recuperarla. Solo debía dejar las cosas en claro con Ukyo.
Sonriendo decidió que es lo que plasmaría en ese lienzo blanco.
•
•
•
Akane y Ranma habían llegado a la universidad. Se encontraban parados en la estación del autobús, mirando hacia el suelo. Ninguno parecía querer caminar hacia las clases, porque claro, debían de fingir ser algo más que simples colegas.
—Bien. Ya estamos enfrente de la escuela.— Mencionó Akane balanceando su cuerpo de un lado a otro.
—Si.— Carraspeó. —Si nos preguntan sobre nuestra historia... ¿Qué deberíamos decirles?
La de ojos avellana pensó seriamente, recordando un pequeño detalle. —Pues el viernes antes del baile mis amigas tenían la versión de que no había nada entre los dos. Así que... estaba pensando en decirles que lo negaba porque me daba pena, ya que nuestros padres fueron quienes nos comprometieron.
—Suena convincente.— Miró la mano de la chica, recordando que en el momento en el que anunció el falso compromiso la tomó, señalando un supuesto obvio romance entre ambos. —Y di-diremos que nos e-estamos g-gustando... supongo...
—Si.— Murmuró afectada ante aquello. —S-seria lo más conveniente para que no se vea como un compromiso forzado.
—Claro... s-si...Entonces... d-deberíamos c-caminar tomados de la m-mano...
—S-si...
Ranma acercó su mano a la de Akane, con lentitud y algo de miedo. La chica lo miró de reojo, sintiendo su pulso acelerarse. La mano masculina tomó los dedos de Akane, y después de una pausa momentánea, los entrelazó. Esto provocó un respingo en ambos, quienes enrojecieron súbitamente. Sus iris miraron aquellas extremidades entrelazadas, y luego de ello, subieron su vista hacia sus rostros.
—¿Debería decirte algún apodo?— Preguntó inseguro.
—No... esta b-bien así.— La chica tragó duro, sintiendo su garganta seca de repente. —Yo creo que con tomarnos de la mano bastará.
—Ah, si, claro.— Soltó una carcajada nerviosa. —Es muy pronto para los apodos, los abrazos y los besos...— Calló de repente, imaginando como sería besarla. Pero se interrumpió nuevamente, tensándose como robot. —Olvídalo. Vamos a entrar.
"Uno"
"Dos"
"Tres"
Hizo el conteo en su mente, y cuando terminó, dio el primer paso, avanzando junto a aquella chica de cabellos cortos. Mientras se abrían paso en la entrada de la universidad fueron conscientes de los murmullos de varios compañeros interesados en la aparete pareja. Ranma logró escuchar como algunos chicos se lamentaban por no poder tener la oportunidad de salir con Akane, y al menos esto hizo que su ego aumentara por dentro. No podía mentirse a si mismo, porque aunque fingieran, sentía que todo se volvía natural para él. No estaba mintiendo al cien por ciento, porque si que había sentimientos involucrados, y aunque sonara extraño, daba gracias a cualquier deidad por poder tener una perspectiva de como sería estar con ella de esa forma.
Akane, por su parte, podía escuchar como muchas de las chicas pensaban que era suertuda, y que realmente el joven de trenza era afortunado por tener a una novia tan linda, talentosa y bella como lo era ella. La confusión le golpeó de nuevo, y la dualidad entre los sentimientos que albergaba volvía a hacer de las suyas. Sentía emoción por estar así, con Ranma sosteniendo su mano mientras caminaban lado a lado a través de la universidad. Su imaginación traviesa no dejó de mostrarle escenarios hipotéticos en los que ambos realmente eran novios. ¿Ranma sería así de tierno? ¿Sería de llamarla por su nombre? ¿O le diría cosas como "amor"? ¿O quizás "cariño"? No tenía la certeza de aquello, pero cielos, como deseaba conocer esa faceta de él. Aunque después de preguntarse esto negó por dentro. Debía tener los pies sobre la tierra.
Finalmente llegaron a su salón de la primera clase, y tan solo dar unos cuantos pasos fueron abordados por sus amigos, quienes les pedían explicaciones con mucha efusividad. Ambos se miraron, y cómplices comenzaron a contar algunos pequeños detalles, tratando de hacer que las piezas encajasen.
•
•
•
En un departamento ubicado cerca de la estación de Sakuradai, un hombre sostenía su teléfono con un correo electrónico un tanto confuso para él. En él le informaban de su padre, quien había fallecido recientemente, y ahora mandaba a llamar a los cinco hijos involucrados con ese hombre. Hacía años que no veía a su padre, gracias a que su abuelo, quien lo crió, salió enemistado con aquél tipejo que simplemente no tenía remedio. Un mujeriego incontrolable, y alguien que era un poco deshonroso a la hora de hacer negocios. Salió de su trance cuando su esposa entraba de nueva cuenta a su hogar.
—Satori ya está en la escuela, cariño.— Anunció mientras quitaba sus zapatos, y luego de ello, se apresuro a dirigirse a la cocina para terminar de hacer el desayuno. —Quien lo diría. Sus dos sensei están comprometidos. ¿No te parece que son un poco jóvenes para ello? Después de todo, tiene tan solo veintiún años, aún pueden encontrar a alguien más con quien pasar su vida.— Al notar que su esposo no emitía ni una sola palabra, se asomó desde donde estaba. —¿Cariño?
—Mi padre falleció.— Suspiró, levantándose del sofá y yendo directamente hacia donde estaba su esposa. —Nos están citando a todos los hijos que tuvo en Nagoya, para leer su testamento.
—Kotaro...— Tomó el brazo de su esposo de manera delicada. Sabía que le afectaba demasiado el tema de su familia. Gracias a la naturaleza mala de su padre no había tenido una muy buena infancia.
—Quien lo diría. Me tomó en cuenta para esto, pero nunca fue a verme a casa del abuelo.— Rio con ironía.
—Si no quieres ir está bien. No tienes porque hacer esto.
—Debo ir, Kana.— Apretó la mano tiernamente. Amaba a su esposa con toda su alma, y atesoraba cada oportunidad en la que lo trataba de consolar y darle ánimos. —No por la parte de la herencia que me corresponde. Si no por algo más importante.
—¿Algo más importante?
—En el correo nos informaron que al parecer no somos solo cinco hijos que tuvo. Hay un sexto hijo ilegitimo, alguien a quien jamás reconoció.
Kana quedó impactada ante la noticia. Ese señor no se conformó con ser un adultero que anduvo con una y con otra, dejando cinco herederos. Ahora resulta que, en realidad, había uno más, y que para el colmo nunca fue reconocido. Una persona que nunca pudo tener la oportunidad de que se le diera su lugar en el mundo. Definitivamente ese malnacido era el mismo satanás en carne y hueso.
—Maldito viejo hijo de puta.— Susurró iracunda. Kana era un mujer amable, que pocas veces maldecía o insultaba. Pero en esa ocasión, aquél detestable personaje merecía tales apelativos. —¿Conocerás a ese hijo?
Negó. —Nos requieren para que ayudemos a encontrarlo. Es importante, porque al parecer la mayor parte de la herencia la tendrá esa persona.
•
•
•
Akane caminaba junto a Ranma por la cafetería de la universidad. Su horario tenía un hueco libre de un hora, por lo que era una buena oportunidad para tomar un descanso de las clases. Se sentaron en la mesita más alejada que pudieron encontrar, agobiados por la serie de preguntas con las que fueron bombardeados.
Que si se comprometieron enseguida. Que si ya se habían besado. Que si eran novios oficialmente. Que si eran felices. Que si habían llegado a segunda base. O a tercera. Que si planeaban casarse. Muchas preguntas incomodas para ambos.
—Es el primer día en el que tenemos que fingir y ya estoy harta.— Se quejó mientras tomaba uno de sus onigiri, devorándolo gracias al hambre que cargaba.
Ranma se sintió un poco dolido. Pero claro, le daba la razón. Hasta para él fue agotador tener que responder a todo. —Lo sé. Aunque creo que lo hicimos bien. Se veían convencidos de lo que decíamos.
—Lo que decíamos. Mas bien, lo que yo decía. Te la pasaste casi en silencio total. Yo era quien respondía todo.— Reclamó con total energía.
—Es que creo que era mejor que tu dieras tu punto de vista. Si decía algo equivocado la mentira quedaría expuesta.— Se justificó bastante bien, ya que la joven frente a él no dijo nada más.
Miró a los alrededores de la cafetería. Había una cantidad moderada de personas en el recinto, y no todas parecían estar enteradas de su compromiso o pendientes de que es lo que hacían o dejaban de hacer. Al menos podían actuar con más naturalidad sin el acoso constante de todos los que sabían. A su mente llegó el recuerdo de algo que debía preguntarle a Akane, una duda que casi pasa por alto gracias a su lío amoroso.
—Oye, hay algo que quiero preguntarte.
Le miró atenta. —¿Qué sucede?
—Shinnosuke es el sobrino de uno de los miembros del comité. ¿Tú lo sabías?
Akane negó con calma. —Recién me enteré ese mismo día. De hecho, Shinnosuke se enteró un día antes, ¿Lo recuerdas?
—Si, ya lo recuerdo. ¿Tú conoces a ese señor?
—No. Aunque papá se comportó algo raro ayer,. Estuvo pensativo todo el día, y con un pésimo humor. Algo debió escuchar o hablar con el tío de Shinnosuke.— Comentó. Su padre parecía estar peor que ella con toda la situación del falso compromiso, porque no había dejado de renegar sobre las acciones de Ranma. Y eso si le daba mala espina. Pero no quería desconfiar de su padre.
—De igual forma, creo que como dojo debemos estar alertas. Sospecho que se avecinan problemas.
•
•
•
Ukyo se dirigía hacia la veterinaria, con unas ordenes de okonomiyaki que le habían encargado. Se aseguró de hacerse la mejor amiga del veterinario principal, así tendría la oportunidad de actuar en medio de la relación de Ryoga y esa mujer. Mientras caminaba pensaba en como su corazón había dado una vuelta total de ciento ochenta grados. Antes juraba, por todos los dioses, que Ranma Saotome era el muchacho indicado para ella, alguien con quien estaba dispuesta a pasar toda su vida juntos. Pero ahora su corazón había revelado otra cosa.
¿Cómo no lo notó antes? Ryoga estuvo con ella cuando sus ilusiones con Ranma se rompieron. Le ayudó a secarse las lagrimas en aquél rincón de la preparatoria a la que solían asistir. Hibiki fue quien la escuchó cuando sus padres se divorciaron. Ese chico estaba al pendiente de ella, siempre atento a lo que necesitara. Y cuando se hicieron novios porque ella quería darle celos a Ranma, Ryoga hacia lo posible por complacerla. Era detallista, dedicándole canciones, llevándola a citas donde ella no debía preocuparse por gastar dinero.
Estaba tan sesgada por los ojos azules de Ranma, que nunca se dio cuenta que el ámbar de los de Ryoga era mil veces más poderoso. Siempre era el de trenza quien ocupaba su mente, pero ahora había descubierto el espejismo que su corazón llevaba arrastrando.
Ryoga Hibiki era a quien ella le gustaba. Ya ni siquiera se preocupaba por ver a Ranma.
Cruzó la puerta, saludando a la recepcionista. Buscó con la mirada a Ryoga, pero no lo encontró.
—Hola, buen día. Traigo unas ordenes de okonomiyaki.— Indicó sonriente.
—Oh, buen día. Pasa, por favor. Cruzas ese pasillo y a mano derecha encuentras la sala común.
—Gracias. Que amable.
Caminó en la dirección que le indicaron, con las bolsas de comida en la mano. Una de esas bolsas era especial, ya que contenía un okonomiyaki con pulpo, el favorito de Ryoga. Recordaba cuando después de un día largo en la primaria, Ranma y Ryoga iban a su casa a comer los okonomiyaki que su padre preparaba. Esos tiempos en los que el corazón no se preocupaba por ser correspondido eran los mejores.
Llegó a la sala y dejó las bolsas en la mesa. Salió mirando en todas las direcciones posibles, buscando a quien le interesaba, pero no había señal del chico. Pronto, una voz conocida se escuchó desde uno de los consultorios. Era esa chica odiosa de pelos verdes que reía horrendo. Iba acompañada de otra persona, y conversaban de algo. No le habría dado importancia, hasta que escuchó en nombre de Ryoga en esa charla. Con curiosidad se ocultó cerca, y prestó atención.
—Fue la mejor noche de mi vida. No puedo olvidar nada. Ni sus besos ni sus caricias. Te juro que ningún otro chico me dejó pensando en querer repetir.— Dijo Akari mientras reía.
—Me muero de envidia. Encima se nota que le atraes demasiado. Hibiki y tú hacen buena pareja.
—¿De verdad?
—Absolutamente. Imagina que hasta pueden llegar a casarse.
—¡No exageres, Kimiko!
Las dos mujeres se metieron a la sala común riendo alegremente. Y cuando desaparecieron de su vista, Ukyo sintió la ira y los celos invadirle por completo. Noche. Habían pasado una noche juntos, y seguramente fue ese mismo sábado en el que la humilló esa estúpida chica. Sus puños estaban apretados, y todo su cuerpo bastante tenso. Debía encontrar una forma de recuperar lo que muchas veces en el pasado fue suyo. Ya encontraría la forma de separar a esos dos.
•
•
•
—Muy bien chicos. Hoy este entrenamiento será de Jyu kumite. Esto con el fin de volver a evaluarlos y saber en que siguen fallando, ¿De acuerdo?
—¡Si, sensei!
—Bien, Tendo Akane y Kawada Natsume. Pasen al tatami.
Akane y Natsume se dirigieron hacia el lugar de combate. La de ojos chocolate se encontraba un poco preocupada por su compañera, quien también se le notaba ansiosa. Cuando solían entrenar en modalidad Jyu kumite, Natsume perdía constantemente y eso terminaba por desanimar a la chica. Akane se ofreció a darle algunas clases extra desde hacía unos meses atrás, pero Natsume era demasiado blanda para poder llevar a cabo las técnicas. A Akane no le gustaba ver a ninguno de sus compañeros desanimarse. Por fortuna, en el torneo no tendrían que usar ese tipo de kumite, pero si no aplicaba bien las técnicas, en esta ocasión recibiría un regaño severo.
Ambas se posicionaron una frente a la otra, mirándose fijamente. Akane, con su mirada, se encargó de hacerle saber a Natsume que debía calmarse, y que si ejecutaba bien las técnicas que le había enseñado nadie saldría lastimado. Natsume pudo entender, así que inhaló y exhaló con profundidad para tranquilizarse.
Por su parte, Ranma estaba demasiado interesado en ver las habilidades de combate de Akane en esa modalidad. Al ser categoría libre, sin reglas , puntaciones ni límite de tiempo, las técnicas de ataque resultaban más feroces, como si estuvieran en una película de acción en la que había que luchar con fuerza para salir vivo. Tan interesado estaba que no se dio cuenta en que momento se reclinó un poco más hacia enfrente, apoyando sus manos en su regazo. Claro que esto no pasó desapercibido por Ryu Kumon, quien se mofó para si mismo de ese idiota. ¿A quien engañaba ese chico? Ryu sabía que eso del compromiso resultaba algo falso. Lo había vigilado antes de baile, y siempre mantenía distancia con Tendo. Pero aún si fuese mentira, podía jurar que ese par comenzaba a desarrollar sentimientos el uno por el otro. Eso sería un obstáculo para su padre si llegara a intentar sobornar a Saotome.
—Será un combate de al menos dos minutos. Recuerden que los ataques pueden ser libres, pero sin daño. ¡Comiencen!
Se posicionaron en defensa. Akane decidió comenzar con una patada lateral, encestando a Natsume. Luego de ello, trató de atacar con otra patada en giro, pero al contrario de la anterior, Natsume logró esquivarla adecuadamente. La de ojos avellana retrocedió, y cuando menos lo esperó, su compañera se animó a atacar con puñetazos, los cuales logró bloquear con su brazo. Sus reflejos eran asombrosos, fruto de su entrenamiento desde niña.
La profesora Matsuda evaluaba la rapidez, agilidad y técnica que usaban sus alumnas. Todo lo anotaba en su libreta donde llevaba el registro de los avances de cada uno de sus alumnos. Para Chieko Matsuda, Akane Tendo tenía un gran potencial en el combate. Ella, junto con Saotome y Kumon se estaban convirtiendo en sus piezas clave para que el equipo pudiera llevarse una victoria más a casa. Necesitaba pulir a esas tres piedras preciosas a como de lugar.
Natsume retrocedió, lo que Akane aprovechó para esta vez lanzar una serie de ataques con puñetazos. Algunos fueron esquivados por Natsume, pero uno en especifico logró darle cerca de la mejilla. La de pelo corto se separó y pidió disculpas con la mirada. A pesar de ello, a Natsume no le dolió el golpe, porque su compañera aplicaba correctamente las técnicas.
Ranma pudo notar como Akane moderó bastante bien su fuerza, además de realizar los movimientos sin forzarse, así que aún más intrigado inclinó su cuerpo hacia adelante, tratando de observar de mejor manera las habilidades de su "falsa prometida". No se fijó en que momento sus ojos se abrieron aún más, ni siquiera tomó en cuenta como su corazón comenzó a latir emocionado. Jamás se había sentido tan deseoso de ver un combate como en ese momento. Además, por alguna extraña razón, se sentía orgulloso de conocer a una luchadora tan buena como esa chica.
Akane atacó nuevamente con dos patadas laterales, mientras que Natsume bloqueó la segunda con su brazo. Y luego, contratacó a su oponente, respondiendo con una patada giratoria doble. La de pelo corto estaba impresionada pero feliz de saber que su compañera comenzaba a perder el miedo. Sin siquiera darse cuenta, sonrió divertida ante todo el combate, contagiando de felicidad a Natsume. Para esto es que vivía, para sentir la adrenalina de luchar cuerpo a cuerpo con otra persona. Volvió a atacar con un puñetazo izquierdo, luego uno derecho, y después una patada lateral en abdomen, y finalizando con una patada en cabeza. Natsume esquivó el impacto, y respondió con puñetazos firmes.
El de trenza sintió ese maldito cosquilleo en el estómago aún más intenso que antes al notar que en ningún momento Akane dejaba de estar feliz. Entonces recordó como hacia unos días ella intentó enseñarle a bailar con un combate. Y también recordó como se enfrascaron en una pelea debajo de uno de los arboles de la escuela. Sus labios curveados eran lo más hermoso que jamás haya visto, algo equiparable a una media luna de fulgor intenso. Definitivamente es lo que más le gustaba de ella. Un sonrojo leve cubrió sus mejillas, una pequeña sonrisa se posó en sus labios, y sus ojos brillaron de una forma en la que nunca lo habían hecho.
Akane atacó con una patada lateral, y por un momento decidió que era buena idea mirar hacia un costado. Ranma estaba observándola, pero algo la desconcertó. Sus ojos estaban iluminados, y su rostro reflejaba algo diferente. A su memoria vino lo que sus hermanas le dijeron sobre el chico en la noche del baile. Según ellas Ranma la miraba con cierto destello en sus iris. Tal como lo hacía en ese instante. Se sonrojó, y su estómago burbujeo con fuerza, emocionándose, anhelando con todo su ser que sus orbes avellana no la estuviesen engañando. Que Ranma Saotome sí se notaba flechado por ella. Por desgracia, con esa misma fuerza con la que deseaba aquello cayó al suelo gracias a un barrido de Natsume.
—¡Ay!— Se quejó Akane, cerrando los ojos y sintiendose demasiado torpe.
—Oh, lo lamento, Akane.— Dijo Natsume mientras tendía su mano en dirección a su compañera. —Creo que me pasé de fuerza.
—Descuida. Lo hiciste bien.— Trató de tranquilizarla, después de todo, era verdad. Natsume había mejorado sus habilidades en ese tipo de kumite. Además su distracción fue por otra causa ajena a su compañera.
Ranma se tensó al ver la mueca de dolor en la cara de Akane, y estuvo a punto de levantarse y gritar el nombre de la chica, pero se contuvo cuando ella se levantó sin dificultad. Nervioso observó hacia los lados, dándose cuenta de que nadie se inmutó por su reacción natural. Estaban saliéndose de sus manos los sentimientos, así que lo de ganar la batalla contra ellos no estaba funcionando. Tal vez Ryoga tenía razón, era algo imposible de evitar.
—¿Estás bien, Tendo?— Preguntó la profesora Matsuda, acercándose a las dos.
—Si. Estoy bien.— Realmente no le había dolido demasiado, pero se sintió afectada, una vez más, gracias a Ranma.
—Bien. Se acabó su combate. Los siguientes son Ryu Kumon y Ranma Saotome. Por favor, pasen al tatami.— No era tonta. Sabía que Tendo se distrajo por culpa de Saotome. Ella estaba al tanto de su reciente anuncio de compromiso gracias a que seguía de cerca lo relacionado al torneo de dojos. No los culpaba, estaban en la época de la vida en la que el amor podía volverse lindo y tierno, ademas de torpe. Pero se aseguraría de hablar con ella para decirle que en combate no podía permitirse una distracción de esa magnitud.
Akane se dirigió a su lugar junto a Natsume, y se sentó para prestar atención al combate de Ranma. La había desconcentrado demasiado, y eso no podía volver a pasar. ¿Qué sería de ella si eso llegara a suceder en el combate de dojos? ¡Debía mantenerse cuerda! Y por ello, debía comenzar a enfriar sus sentimientos hacia ese chico que solamente la confundía y le hacía sentir mariposas en su estómago.
Ranma pasó hacia el lugar de combate con preocupación. En otras ocasiones se sentía confiado en poder ganar una contienda, pero en ese preciso momento se sentía inseguro. Y se debía a que le era imposible concentrarse gracias a Akane. Antes se preguntaba que era el amor, y trataba de imaginarse todo lo que Ryoga le contaba. Ahora deseaba no saberlo, porque se estaba convirtiendo en una debilidad que podría distraerlo en los combates. Tragó duro y se posicionó a modo de defensa, intentando controlarse a si mismo. Ryu sonrió divertido al notar la intranquilidad en Saotome.
—¡Comiencen!
Ryu dió una serie de patadas laterales, las cuales fueron bloqueadas por los brazos de Ranma con rapidez absoluta. El de trenza respondió con puñetazos dirigidos hacia su oponente, y una patada giratoria casi da de lleno a Kumon en el estómago. Esto hizo que su confianza aumentara, y sus nervios comenzaran a desaparecer.
Akane abrió los ojos sorprendida, una vez más, por la rapidez de Ranma. A pesar de ya haberlo visto entrenar y pelear en las clases, seguía admirando su habilidad. Su corazón se aceleró, y sintió las mejillas calentarse. Pero ni bien se dio cuenta se recordó a si misma que no eran nada. Y que debía tener los pies sobre la tierra. Con todo el autocontrol que pudo juntar, colocó en su rostro seriedad total.
Ryu decidió dar una triple patada giratoria, pero Ranma fue más astuto y bloqueó la tercera contratacando con otra patada más un pequeño barrido, tirando a Kumon al suelo. Gracias a esa pequeña acción sonrió confiado. ¿Akane estaría admirándolo como él lo hizo con ella?
El oponente se levantó y decidió lanzar puñetazos hacia el rostro. Odiaba perder ante Saotome, así que trataría de vencerlo. Ranma bloqueó, y volvió a atacar con una triple patada giratoria, desestabilizando a Ryu. El otro chico volvió a lanzar puñetazos, un poco desesperado porque le estaba costando un poco que el de trenza cayera al tatami.
Ranma comenzaba a sentir su ego inflarse. Era todo un as en las artes marciales. Si el señor Tendo lo viera pelear enserio, no estaría empecinado en querer juntar a Akane con el debilucho de Shinnosuke Ueda. Él era la mejor opción. Y hablando de ella, ¿Qué estaría pensando de su pelea? Curioso giró su rostro hacia Akane. Le miraba atenta pero con expresión neutra. Eso le pegó en su ego. ¿Qué acaso ella no se emocionaba como él lo había hecho con su pelea? ¡Era una idiota sin remedio! ¡Una chica poco linda con él! ¡Pero claro, no fuera ese idiota de Shinnosuke, porque ahí andaría al pendiente como lo hizo cuando estaban bailando ellos dos! Sus pensamientos pararon cuando una patada en la cabeza le dio de lleno, tirándolo al suelo.
—Deberías mantener la guardia alta, Saotome.— Le dijo Ryu con una sonrisa de suficiencia absoluta.
—Ranma...— Murmuró Akane, curiosa por saber que es lo que había sucedido para que se distrajera de repente.
La profesora Matsuda se acercó hacia el chico, quien se levantaba con un poco de dificultad, no tanto por el contacto, sino por la vergüenza de haber bajado la guardia. —¿Todo bien, Saotome?
—S-si... todo bien...— Mencionó tímido. Miró de reojo a Akane, y luego se levantó con calma.
—Eso es todo con ustedes dos. Regresen a sus puestos.
Ranma obedeció, no sin antes volver a mirar a la de pelo corto, ofuscado porque se volvió su distracción.
Matsuda simplemente suspiró. Era justo decirlo, debía hablar con ellos dos para ponerles orden en sus sentimientos.
•
•
•
Kuo Long estudiaba los pergaminos que trajo desde China. Cada uno contenía técnicas para mejorar las habilidades de combate, y planeaba que Xian Pu, junto al joven Kumon los aprendieran. Eran secretos de su tribu, los cuales no cualquiera podía conocer. Aún se sentía un poco decepcionada de que el señor Kumon planeara comprar a ese chico del dojo rival, porque con esa simple acción estaba asegurando que su propio hijo y Xian Pu no podrían darles la batalla que correspondía.
Para ellas como amazonas esto era un sacrilegio. Demeritar la fuerza de una de ellas era como insultar a toda la tribu. Le agradecía la oportunidad que le estaba brindando a su nieta, pero no permitiría que dudara de Xian Pu en ningún momento. Así que decidida empezó a trazar el entrenamiento más riguroso que jamás haya visto, para fortalecer las habilidades de esos dos chicos y callar a ese señor.
•
•
•
Xian Pu había seguido a Ryu Kumon hasta la universidad por la mañana. Una vez que dio con la dirección guardo la ubicación en su celular, y regresó a entrenar a la mansión Kumon. Estuvo durante unas horas, hasta que dieron las cinco de la tarde. Presurosa y con un vestido coqueto de color rosa salió de la mansión, sin siquiera avisarle a su abuela a donde iba. Corrió como pudo hacia la universidad, y cuando llegó, se asombró de la imagen que le brindaba ese edificio. La fachada era moderna, una combinación entre cristales y muros pintados de color blanco que le daban un toque majestuoso y moderno. En China había escuelas con mucho más prestigio, pero a pesar de ello le fue inevitable asombrarse.
Caminó atravesando el umbral de la entrada principal, mirando como muchos chicos hablaban ilusionados sobre un acontecimiento particular. Logró escuchar que se trataba de nada más ni nada menos que del compromiso entre Akane Tendo y Ranma Saotome. Su mirada se ensombreció ligeramente. Parecían tener un apoyo con todos esos chicos, así que pensó que posiblemente le sería difícil insistir en tener algo con Ranma.
Se detuvo a escasos pasos de un mapa de la escuela. Pensó en que si Ryu Kumon estudiaba karate, eso quería decir que el par de muchachos tendría que estar en el edificio correspondiente a las artes marciales. Aferro entre sus manos el pequeño bolso que llevaba consigo, y comenzó a avanzar en dirección al lugar.
•
•
•
Ranma estaba esperando a Akane afuera del gimnasio para artes marciales. Tenía que hacerlo, después de todo, debía dar la imagen de un buen prometido esperando fielmente a su novia. Pero claro, trataba de engañarlos a todos, menos a él mismo. No lo hacía por obligación. Más bien, deseaba que pudieran irse juntos a casa. Suspiró profundamente, y entrecerró sus ojos con sentimientos encontrados. No llevaba ni un día queriendo luchar contra sus sentimientos, y ya iba perdiendo la batalla. Esto lo desanimaba un poco, pero por otro lado, estaba feliz de que así fuera. —Que confuso es todo esto.— Murmuró para sí mismo. Escuchó pasos provenientes de adentro, así que supuso que se trataba de ella.
—Listo.
Akane salió del gimnasio ya cambiada con su ropa de ese día. La falda tableada de color salmón en conjunto con esa sudadera color blanca y sus zapatos deportivos la hacían ver adorable, muy femenina. El de trenza se arrepentía de haber dicho que ella era "la chica con más cromosomas XY que jamás haya conocido", porque no era verdad.
Las cosas tampoco estaban siendo fáciles para Akane. La chaqueta verde olivo de Ranma, en combinación con la playera de color blanco que llevaba en el fondo, más los joggers cargo y los tenis resaltaban con exactitud su porte deportivo. Hace un par de meses que no le hubiese interesado el atuendo de ese chico, y ahora era todo distinto. Pero claro, ella no admitiría ni para si misma que le gustaba como se veía ese día aquél idiota.
—Tardaste demasiado.— Pronunció Ranma en forma de queja. Aunque claro, el tono era más bien amistoso.
—Lo lamento. Mi espalda duele un poco, así que traté de ser cuidadosa para no moverme bruscamente.— Recalcó tocando un poco su omóplato derecho. Al parecer se lastimó ligeramente la espalda con esa caída tan repentina, pero nada que un poco de ungüento para músculos no resolviera.
—¿Estás bien?— Preguntó de repente, posicionándose frente a ella con el semblante algo angustiado. La caída fue repentina hasta para él, no le sorprendería que en serio se hubiese herido. —Podemos ir a la enfermería si te duele demasiado. Aún está abierta.
Un poco desubicada por la preocupación del chico asintió. —Oh, ahm, no te p-preocupes. Estoy bien.— Agachó su cabeza tímidamente.
—Vaya, eres fuerte. Tal como un chico.— Soltó para intentar alejar sus sentimientos al verla tan adorable.
Akane se enojó un poco por el comentario, porque ese tipo de cosas eran las que la confundían demasiado. —Pero no puedo decir lo mismo de ti. ¿Qué fue lo que te distrajo en tu pelea con Kumon?
Rascó nervioso su nuca. —Yo... nada importante.— Mintió, desviando su mirada.
—Que mal mientes.— Reclamó. —Deberías aceptar que te falta agilidad y mejorar tu concentración.
—Eso no es verdad. Soy lo suficientemente ágil como para derrotar a quien sea.— Refutó comenzando a molestarse. Si algo no le gustaba era que dudaran de su capacidad de combate.
—No lo creo. Apuesto a que hasta Shinnosuke te vencería en un duelo. Y eso que él no ha entrenado rigurosamente las artes marciales.
Un tic de ira apareció en su ojo. Los celos estaban queriendo salir a flote, porque siempre salía a relucir el nombre de ese energúmeno en cualquier plática. —¿Y ese imbécil que tiene que ver en esto?
—Pues es la verdad. Tal vez sea mejor que tú en el combate.
—¡Soy fuerte y mejor que todos, incluyendo a ese imbécil! ¡Así que retráctate de lo que dices, idiota!
—¡No me llames idiota!— Ahí estaba nuevamente ese chispazo que ella quería creer eran celos. La confusión volvió a azotarla.
—Además, tu también te distrajiste y peor que yo. Eres más torpe en tus movimientos, los haces con la gracia de un tronco.
Apretó los puños y se acercó con furia hacia él. —Por un segundo pensé que eras amable, pero parece que finges bien ese aspecto tierno.
—Lo mismo digo de ti. Torpe.
—Idiota.
—Gorda.
—Estúpido
El silencio se hizo paso entre los dos, marcando una brecha que parecía invasiva. Estaba siendo bastante complicado para los dos actuar de forma natural, y eso lo estaba odiando Akane. Odiaba que no podía odiar del todo a ese idiota, y detestaba como al siguiente segundo se volvía antipático con ella.
—¡Chicos! Me alegra saber que no se han ido.— La profesora Matsuda se acercó con una sonrisa a los dos muchachos, quienes relajaron sus posturas, tratando de fingir que todo estaba bien entre los dos. —Antes que nada quiero felicitarlos por su compromiso. Me he enterado porque estoy siguiendo de cerca todo sobre la competencia de dojos.
—Ah, ya veo. Muchas gracias.— Mencionó Akane reverenciando elegantemente y con solemnidad. Ranma le imitó, después de todo el enojo era con la chica al lado de él.
—En fin. Seré breve para que puedan ir a casa a descansar.— Se aclaró la garganta. No tenía más que treinta y tres años de edad, pero eso no evitaba que le diera pena el tener que hablar de ese tipo de cosas con sus estudiantes menores que ella. —Sé que están en una de las edades en las que el amor los ciega, y que seguramente eso les afecta demasiado a la hora de combatir.
—¿Ah?— Sus rostros se descompusieron en pena.
—A lo que me refiero es que no deben bajar la guardia en los combates. Sé que estarán felizmente enamorados el uno del otro, pero no deben permitir que esto los invada a la hora de luchar. O podrían perder cada combate que presenten. Espero que entiendan.
Enamorados... ¡Si, claro! La vergüenza les invadió por completo ante esa declaración. O actuaban demasiado bien para que en serio creyeran que se gustaban, o es que de verdad algo sucedía entre los dos. Con la pena carcomiendo sus entrañas simplemente asintieron, furiosamente sonrojados.
•
•
•
El señor Kumon revisaba de nueva cuenta ese correo electrónico que recibió repentinamente. Su padre había fallecido, y él no podía estar más que contento de esa oportunidad. O al menos así habría sido en un universo paralelo. Porque leer sobre la existencia de un hijo ilegítimo echaba sus ilusiones de tener una mayor herencia a la basura. Su padre era un entusiasta de las artes marciales, y una de la parte de esa herencia correspondía a ese tipo de temas. Tomó el coñac de su vaso, pensando fríamente en quien debía ser ese bastardo que, al parecer, ahora tendría la oportunidad de ser reconocido legalmente.
Por otra parte se había enterado ya de la identidad del muchacho que ayudaba al dojo Tendo. No era idiota, sabía que Ryu no le diría nada sobre el chico ya que estaba en desacuerdo con lo que planeaba hacer. Tomó el celular y marcó rápidamente a Tokio.
—Señor Nishida, soy yo, el señor Kumon. Me temo que mi agenda de viaje cambió. No volveré a Tokio hasta dentro de otra semana más, iré a Nagoya a atender asuntos de familia. Pero quisiera pedirle que trace un plan de negocios para el señor Genma Saotome.
•
•
•
Salieron del edificio perteneciente al gimnasio con sus rostros aún rojos gracias a lo que la profesora les comentó. Y claro, sus corazones brincaban en la montaña rusa de sentimientos que esto les generó. Caminaban un poco robóticos y manteniendo distancia el uno del otro. Los pasos que daban eran pequeños, como si no quisieran retirarse del lugar. Pero si que lo deseaban.
—Creo que fingimos demasiado bien para que haya dicho eso.— Susurró Akane mientras miraba hacia el suelo, como si fuera lo más interesante del mundo.
—Y eso que solo nos hemos dado la mano. ¿Qué pasaría si... si nos...?
—¿B-besáramos?— Completó la chica con un poco de recelo.
Ranma se detuvo por completo, sintiendo como se erizaba su piel. —S-si fingimos bien, n-no creo que haya que llegar a esos extremos. ¿No crees?
—Si... de todas formas no quisiera besarte.
—¿Qué dijiste?— Otra vez le golpeó en el ego.
—Que no quiero besarte.
—Eres...
—¡Por fin los encuentro!
La vocecita chillona que los interrumpió se hizo presente en forma de una joven de origen chino, cabello morado exageradamente largo y ataviada en un vestido lindo de color rosa pastel. Xian Pu saludó con efusividad, aunque por dentro estaba muriéndose de unos pocos de celos. Akane le agradaba demasiado como amiga, pero eso de que estuviera comprometida con esos hermosos ojos azules no le agradaba, porque ella se había interesado en ese chico profundamente.
—Xian Pu.— Mencionaron al unísono con sorpresa, provocando que se miraran interrogantes. —¿La conoces?— Volvieron a repetir juntos.
—Yo la salvé de casi ser atropellada por un auto.— Dijo Ranma como si nada.
—Yo choqué con ella mientras corría por la mañana del sábado.— Comentó Akane de la misma forma que él.
Xian Pu se acercó sonriente hacia lo dos, aunque no tuviera las ganas de tener su boca curveada. Había visto que un aura de romanticismo los rodeaba, y eso a ella no le gustó nada. —Me alegra verlos de nuevo. A los dos.— Mencionó casi contenta, aunque no pudo evitar mirar con demasiado interés y énfasis al de trenza. —No sabía que lo dos se conocían tan bien.— Agregó con una pizca de amargura en la voz.
Akane notó algo extraño en aquella chica. Sonaba como si estuviera enojada con los dos. Tal vez ella exageraba un poco, y muy posiblemente Xian Pu tuvo un día complicado. Decidió ignorar la pequeñísima alarma que sonó en su interior. —Es una sorpresa verte.
Ranma sintió un presentimiento de que algo no estaba bien. Cuando vio a esa chica en el baile no percibió nada, pero ahora era diferente. No le agradó del todo la manera en que lo miró, ni tampoco el modo en que parecía furiosa con Akane. —¿Estudias aquí?— Preguntó con cierto recelo.
Xian Pu sonrió aún mas amplio. —No. Yo ya no estudio. Akane sabe que pertenezco al dojo Kumon.
—¿Kumon? Espera...— Giró su cabeza a Akane, quien asintió confirmando todo. —¿Entonces por eso estabas en el baile de dojos?
—¿La viste ese día?— Preguntó Akane, con curiosidad y una partícula muy diminuta de cierto sentimiento nuevo para ella. Algo que no quería averiguar de que se trataba.
—Si. Después de que bailáramos... juntos...— Se sonrojó un poco mientras con su índice rascaba su mejilla.
—¿Bailaron?— Preguntó la joven china mientras sonreía forzoso.
—Ah, s-si... bueno...
—Akane.— Esta vez el tono divertido en la voz estaba siendo opacado por seriedad. Su sonrisa seguía ahí, pero no pudo evitar sentir amargura, porque distinguió una especie de cercanía entre ellos dos. Akane le agradaba, si, pero estaba lejos de considerarla una amiga.
La de pelo corto, sorprendida, miró a la joven china. Sus alarmas interiores no estaban en paz. —¿Si?
—¿Por qué no me dijiste que estabas comprometida?— Soltó acida.
—Verás, eso es mentira.— Pronunció Akane con decisión. Claramente esto no le gustó a Ranma, pero no iba a decir nada. —Ranma lo dijo solo para captar la atención de los patrocinadores. No somos nada.— Lo último volvió a dolerle.
El de trenza estaba oliendo raro. El temple de Xian Pu no presagiaba algo bueno, así que su instinto protector salió a flote. Se colocó unos dos pasos por enfrente de Akane, y con la misma decisión con la que anunció su compromiso habló. —¿Y si es real?
—¡No!— Akane volvió a adelantarse a él. —No lo es. Xian Pu, es falso. No hay nada entre él y yo, y jamás lo habrá.— Akane estaba consciente de que no le debía explicaciones a Xian Pu, pero prefería hacerlo no solo porque la consideraba una buena amiga.
—¿Por qué la pregunta?— Atacó el de trenza, furioso con la de pelo corto.
Xian Pu sonrió nuevamente, colocando una expresión de dulzura. Se aproximó a Ranma, y cuando estuvo lo más cerca posible batió sus pestañas con coqueteo. —Porque si no es real, quiero que salgamos tu y yo. ¡Tengamos una cita!
El de trenza quedó en shock, y Akane no pudo evitar que esa pequeña pizca del sentimiento llamado "celos" creciera. Pero también su aprecio hacia Xian Pu era grande, así que la culpa por permitir que esa mentira de su falso compromiso floreciera era aún mayor. Además, se estaba dando cuenta de que necesitaba mantenerse fría. congelar lo que estaba naciendo en ella. Necesitaba mantener a raya a ese idiota, o podría causarse daño ella misma.
Ranma comenzó a negar con la cabeza de forma rápida. —¡N-no! Es decir... ¡No! ¡Estamos comprometidos!— Miró a la de ojos avellana con el ceño fruncido, esperando a que ella reafirmara todo. Pero claro, su espera era en vano.
Akane suspiró, y luego, con tranquilidad, negó. —Xian Pu, no estamos comprometidos. Solo estamos fingiendo por los patrocinadores, pero no me interesa Ranma como algo más.
Xian Pu le observó con total atención, saboreando la victoria en su paladar. No conocía tanto a Akane Tendo, pero estaba segura de que se trataba de un alma pura e inocente, alguien que seguramente prefería sacrificarse antes de que otra persona sufriera. Cambió su expresión por una de dulzura, tratando de apelar a su buen corazón. —Pero... Akane... Si es verdad que están comprometidos... yo no podría ser la causa de su trágica separación— Añadió casi con lagrimas en los ojos.
La de pelo corto se sintió mal. No quería causar ningún problema entre ella y Xian Pu. Consideraba que las chicas no debían pelear por los chicos. Tal vez por eso no le había agradado Ukyo Kuonji, porque ella era capaz de ser mala y cruel por un chico. Pero Akane no era así. —Descuida. No hay nada, de verdad. Puedes salir con él.
La cara se le desencajó. La rabia le inundó, y su corazón volvió a crujir. —¡Oye! ¡Yo no soy ninguna mercancía para que me vendas a cambio de la paz mundial!
—¡Aiyaaaa! ¿De verdad Akane?
Sonrió conciliadora. —Lo digo en serio.— Miró hacia el suelo, con algo de pesar.
Ranma apretó la mandíbula. Bien, si eso era lo que quería, entonces el no pondría objeción. —¡De acuerdo, Xian Pu!— Gritó con entusiasmo, llamando la atención de la de pelo corto. —Apuesto a que serás una gran cita. Hay muchas chicas que son de lo peor, con demasiadas hormonas masculinas como para fijarme en ellas.
Se estaba pasando de la raya. —¿Qué dijiste?
—Dame tu teléfono.— Ordenó Xian Pu amablemente.
Ranma se lo tendió sin dejar de retar a Akane con sus ojos. ¡Era una idiota! No entendía a Akane, y lo que más rabia le causaba era que al parecer esto no le afectaba en lo más mínimo. Sabía que estaba mal dejar que sus sentimientos se desbordaran. Ella lo rechazaría, estaba seguro de ello.
Xian Pu agendó su propio número en el celular de Ranma, y una vez que terminó, sonrió victoriosa. —¡Gracias! Te veo el sábado. ¡Adiós!— Se despidió mientras caminaba dando saltitos de alegría.
—¡¿Qué diablos te pasa?!— Gritó colérico.
—¿No es obvio? Mereces salir con una chica con menos hormonas masculinas.
—¡Eres una idiota!
—Di lo que quieras.— Se dio la vuelta, y sin mirarlo agregó una sola frase que desestabilizó al ánimo de Ranma. —Tu lo dijiste. No somos nada.
Comenzó a caminar sin él. Cuando menos lo esperó, ya estaba tomando el autobús sola. Miró hacia la ventana, admirando los cerezos que aún seguían con sus pétalos florecientes. Su mirada de pronto se tornó melancólica. Estaban envueltos en un noviazgo falso, pero que despertaba sentimientos reales en ella. Confusión, y también celos. Xian Pu era una chica linda, hermosa. Y a comparación de ella, seguramente a Ranma le encantaría mas su compañía.
Debía detener a toda costa a su torpe corazón.
Desde ese momento mantendría a raya sus sentimientos. Porque todo era un noviazgo falso.
Y ellos no eran nada.
Love hotel: Tipo de hotel destinado a prácticas de índole sexual.
Bomber jacket: Chaqueta de cazador.
Fibonacci: Conocida como la sucesión de Fibonacci, es una sucesión infinita de números naturales que forman una espiral. Se usa comúnmente en artes para resaltar la simetría y el orden.
Sakuradai: Estación de tren en Nerima.
Jyu Kumite: Combate libre. Aplicación de técnicas de ataque-defensa sin haber preestablecido dichas técnicas. Combate sin arbitraje ni puntuación, y sirve meramente para situaciones de defensa personal.
¡Hola a todos!
Nueva actualización de este gran fic, ¡Y ya tenemos portada! Por favor demos un aplauso enorme a la fanartista Fortist M por el maravilloso arte que nos ha dado. Fortist, de verdad muchísimas gracias por esta linda comisión, créeme que estoy muy feliz con tu trabajo, y es un honor haber podido contar contigo para ilustrar a nuestra pareja favorita. Mil gracias. Si no la siguen, por favor vayan a Twitter e IG, la encuentran con ese mismo nombre de usuario.
Bien, en este capitulo les traigo mucho romance y drama. Apuesto a que no se esperaban esto del final. Déjenme decirles que se nos viene drama de a montón. No bromeo, van a salir nuevos líos que mantendrán a nuestros protagonistas luchando. Por una parte la relación de Akari y Ryoga podría ponerse en peligro. Y con respecto a Ranma y Akane, los dolores de cabeza no los dejarán en paz.
Me gustaría pedirles perdón anticipado, pero puede que no actualice en un mes entero. Se acerca Halloween y Día de muertos, así que prepararé algunos relatos que les podrán interesar. Incluso he estado planeando un AU de thriller psicológico y crimen que realmente pido esperen con ansias. Lo comenzaré a trabajar para que lo tengan en octubre. Será largo al igual que este AU, así que espérenlo.
Por último, agradecerles siempre por su continuo apoyo. Me hace muy feliz que mis historias les hagan pasar momentos agradables. Los reviews, favoritos y seguidos me mantienen viva y gustosa de poder compartir un pedazo de mi imaginación con ustedes. De nuevo, gracias.
¡Que tengan un gran y excelente día!
Con amor, Sandy.
