Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.
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Entre amores y karate.
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Capítulo 9.- Entre celos y besos robados.
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La clase estaba corriendo de la mejor manera posible. Los niños respetaban y adoraban a Akane, por lo que la armonía en el lugar siempre se mantenía impecable. Para la joven, observar a las criaturas avanzar poco a poco le llenaba de alegría. Se sentía dichosa de ser una de las personas responsables de propiciar el crecimiento de las habilidades de los niños. Sonreía mientras les corregía las posiciones de las katas que realizaban, y por un momento, como siempre, se olvidaba de los líos de su corazón. ¿Por qué ella se sentía rara con la decisión de Ranma? Es decir, no eran nada. Ser falsos prometidos significaba solo una fachada. Entonces, ¿por que sentía celos? Sacudió su cabeza. No, nada de pensar en cosas raras. Concentración.
Ojalá lo mismo pudiera decir Ranma, quien, a pesar de que instruía a los niños con precisión, se sentía tan desconectado de la clase que impartía. Ese día tendría una cita con Xian Pu, pero no le inquietaba por una buena razón. Más bien, lo que pasaba es que, durante toda la semana, Akane se comportó un tanto esquiva con el. Entendía que se lo merecía, por ser un tremendo idiota al aceptar la cita solo por fastidiar a la de ojos castaños, pero era una exageración que Akane fuera fría con él. Lo peor, es que durante esa semana la china estuvo insistentemente buscándole afuera de la universidad. No podía acompañar a casa a la chica de cabellos cortos sin que esa joven le atosigara. Ya estaba harto de todo.
—Es así, Satori.— Dijo Akane dulcemente, corrigiendo al pequeño pródigo de la clase.
Satori era aún muy joven, de eso estaba consciente. Pero no pudo evitar sentirse atraído por su sensei Tendo. Era una chica tan linda, tan angelical, y no entendía cómo esa tierna mujer podía estar comprometida con alguien como el sensei Saotome. Cuando se enteró que ambos se comprometieron, se decidió a ser aún más insoportable con el joven de trenza. Pero, a diferencia de ese idiota, se comportaría aún más dulce con la sensei Tendo. Ella merecía tener una mejor atención.
—Gracias, sensei.
La kata finalizó con la posición de defensa lateral. Luego, todos adoptaron pose de descanso. Una vez que finalizaron, Akane regresó a su lugar original, al lado del idiota. Ignorando lo que realmente sentía con respecto a ese chico, sonrió cálida para todos los alumnos.
—¡Muy bien, chicos! Eso es todo por el día de hoy. Nos vemos la siguiente clase.
Todos los chicos salieron del lugar, platicando entre ellos y bromeando. Satori se aproximó hacia donde estaba su mochila, y de ahí extrajo algo. Luego, se dirigió hacia su sensei. Carraspeó, llamando la atención de Akane.
—Sensei, este chocolate es para usted.
Ranma miró la escena con algo de asco. No era lo correcto sentir celos por un niño de doce años, pero es que le era imposible no evitarlo. Hizo como que anotaba algo en su cuaderno, observando de reojo todo el asunto.
Akane sonrió feliz, y gustosamente tomó el dulce en sus manos. —Muchas gracias, Satori.— Luego, dirigió su mano a la cabeza del pequeño, sacudiendo su pelo tiernamente. —¡Eres tan lindo!
El de ojos azules frunció el ceño, mientras apretaba la libreta y la pluma con fuerza. Si no fuera porque Satori era un renacuajo de doce años, lo más seguro es que ya lo hubiera golpeado.
Satori se sonrojó entero, y con algo de nerviosismo, se dirigió a su maestra. —Gracias, sensei Tendo. Es... es para felicitarla por su compromiso con el sensei Saotome.
Ranma sintió su orgullo inflarse. Con altanería se acercó a los dos, agachándose a la altura del malcriado de Satori. Y luego, picó juguetonamente su mejilla, sonriendo con mofa. —Muchas gracias, Satori. Akane es muy linda, ¿acaso no tenemos suerte de estar comprometidos? ¿eh?
Akane rodó los ojos, un poco fastidiada por la palabra linda. Primero, no era linda. Luego, si lo era. Luego, no. Ahora, se había convertido en una especie de burla hacia ella. —Deja al pobre Satori en paz.
El niño se apartó de Ranma. —Sensei Saotome es muy afortunado, porque sensei Tendo es tan bella, que estoy casi seguro de que debe tener más chicos que quieran conquistarla.— La cara de pocos amigos que Ranma puso fue suficiente para el niño. Satori, satisfecho con lo que dijo, se dirigió hacia su mochila. —Debo irme.
Akane se preocupó. —Satori, ¿tu madre no vendrá por ti esta vez?
—Mamá está ocupada con algo de su trabajo. Y mi papá se encuentra de viaje.— Sonrió. —No se preocupe. Iré con cuidado.
—De acuerdo. Descansa.
En cuanto el niño desapareció, Akane se dirigió hacia donde estaba su botella de agua, dando un sorbo grande al líquido. No podía evitar que los nervios de estar a solas con Ranma fueran enormes. Vamos, es que no entendía porque le daban celos de imaginar que Xian Pu agarraba a Ranma del brazo, y juntos iban subiendo a la rueda de la fortuna para luego besarse ahí, dentro de la cabina. Oh, espera... ambos... besarse...
—¡Ahg!— Akane comenzó a toser, ahogándose con el agua.
Ranma notó lo que sucedía. Se acercó, y luego, con su mano dio un par de palmadas a la espalda, tratando de ayudarle. —Eso te pasa por beber agua como un gorila.
La de cabellos cortos tomó otro sorbo. Pasaron unos segundos hasta que, por fin, dejó de ahogarse. Se apartó del de trenza, yendo por la lista de los alumnos que estaban considerando meter al concurso de artes marciales. El comité les había ordenado que mandaran la lista a más tardar para dentro de tres semanas, y ellos, como encargados, debían seleccionar a algunos alumnos.
El de trenza se enojó por la brusquedad en ella. Fría, como un témpano de hielo. —Oye, ¿estás bien?
—Estoy pensando que Satori debería entrar al equipo.— Ignoró la pregunta a la que fue sometida.
Ranma rodó los ojos, y luego bufó. —Se nota que ya tienes un alumno preferido.
—No lo digo por eso. Satori sería un candidato perfecto para la categoría infantil. Además, te recuerdo que debemos mandar esa lista en cuanto podamos.
Rascó su nuca. —Lo había olvidado.
—Es obvio. Se te olvidó por cierta chica muy atractiva.— Mencionó Akane, con gesto fastidiado. No es que quisiera decir aquello, pero sus instintos más extraños salían a flote. Vamos, ni siquiera con Shinnosuke se había portado así.
Xian Pu. No hacía falta pensar demasiado para saber a quien se refería ella. Cruzó sus brazos, y sonrió con suficiencia. —Vaya... veo que alguien está celosa.
Oh no. No iba a aceptarlo. —¡Ja! Por favor. No tengo razones para estarlo.— Quiso convencerse de ello, aunque fallaba por completo.
—Bueno, yo pienso que si...— Se acercó, arrebatando la lista de las manos de Akane. Sonrió juguetonamente, y con su dedo índice picó la mejilla de Akane. —Somos prometidos, ¿lo olvidas?
—Ajá. Prometidos falsos, idiota. No tengo por qué tener celos, recuerda, no somos nada.— Se alejó del chico, mientras miraba casualmente su celular. No pasaron ni cinco segundos, hasta que ella, por curiosidad y simplemente eso, preguntó algo. —Y... ¿a que lugar irán?
—¿Quienes?— Preguntó, jactándose de que se había contradicho a si misma.
—Tú y Xian Pu. ¿Quién más?
—Pensé que no tenías celos.
—¡Que no, idiota! Solo es por curiosidad. Es todo.
—Sanrio Puroland.— Contestó, mientras recordaba el monigote que Akane llevaba colgado en su mochila siempre. No sabía si irían ahí, pero deseaba molestarla, después de todo, Akane se lo merecía por tratarlo fríamente durante toda la semana.
Sanrio Puroland. Era su parque de atracciones favorito. Recordaba como es que deseaba ir de nueva cuenta para poder extraer un nuevo muñeco de Pompompurin de las maquinas de peluches. Hizo un puchero, aunque de inmediato lo deshizo. Nada de celos. —Ah... ya veo...
Bingo. Le había dado en el clavo.
Un tono de llamada interrumpió a ambos chicos, distrayéndolos de su guerra silenciosa. Akane miró su pantalla, y reconoció el número que le hablaba. Deslizó su dedo para contestar.
—¿Shinnosuke?
Ranma paró oído al escuchar ese nombre. Cielos, se la estaba pasando de maravilla molestando a Akane, pero ese energúmeno tenía que aparecerse para fastidiar. Rodó los ojos, bufando.
—En realidad, estoy libre la tarde de hoy... ¿salir al cine?
¿Había escuchado bien?
—¡De acuerdo! Te veré a las cuatro en el centro comercial.
Cuando ella colgó, se escuchó un carraspeo intenso. Con curiosidad, miró al de trenza. Se le apreciaba tenso, apretando la barbilla y mirando hacia enfrente. La lista estaba arrugándose de las orillas por el fuerte agarre. —Así que... al cine... ¿eh? Creí que ya no te interesaba.
—¿Celoso?— Preguntó, ahora para fastidiarlo.
—¡Ni de broma! Tu lo dijiste, somos prometidos falsos. No hay por que sentir celos.
—Al fin estamos de acuerdo en algo. Además, ¿quién sentiría celos de un idiota como tú?
—Debería estar loco si en serio me comprometiera contigo.
—Pienso igual.
La rabia los estaba cegando, sin embargo, no dieron nada más. Voltearon sus cuerpos y simplemente se ignoraron hasta que la siguiente clase iniciara.
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Akari entraba en la academia de artes marciales mixtas, sonriendo y con una bolsa en sus manos. Llegó a la recepción, preguntando por las clases. Luego, se dirigió hacia el salón de entrenamiento. Cuando abrió la puerta, no pudo sentirse un poco cohibida ante la vista de los cuerpos muy bien trabajados de muchos de los chicos que estaban ahí. Sonrojada se hizo paso entre las gradas, y tomó asiento.
Buscó a Ryoga, encontrándolo cerca del saco de boxeo. No podía mentirse a si misma, ¡Era condenadamente guapo! Verlo golpear esa cosa le había causado un subidón de temperatura en ella, teniendo que abanicarse insistente. Sonrió, recordando la noche que pasaron juntos. No se había imaginado que, después de ilusionarse con un chico del lugar en donde se encontraba de intercambio, ahora otro estaría dispuesto a darle atención.
Los murmullos en el lugar resonaron, distrayendo a Ryoga. Giró su cabeza por todos lados, hasta que encontró la causa de las habladurías. Akari le observaba desde las gradas, con una dulce sonrisa en los labios, y los ojos dulcificados. Se sonrojó abruptamente, y el saco de boxeo terminó dándole en el rostro, tirándolo al suelo.
Akari se asustó, e iba a avanzar al lugar para auxiliarlo, pero al ver como los colegas del chico lo ayudaban se sintió un poco más tranquila.
El chico de los colmillos, apenado, decidió tomar un pequeñísimo descanso. Su entrenador miró lo que pasaba, así que, con fastidio, le concedió dos minutos para hablar con la visita.
—Ryoga, ¿Estás bien?— Preguntó ella, tomando la cabeza suavemente.
Se sonrojó aún más, y asintió. —No soy así de torpe... es que...
—Descuida. Los accidentes pasan, lo entiendo.
Los chicos alrededor de ellos observaban a Akari, con cierta pizca de curiosidad e interés. Ryoga notó a la perfección aquello. No se consideraba celoso, pero ahora, saber que la chica estaba en la atención de todos le estaba produciendo una irritación no muy grata en él. Osadamente tomó la mejillas de la joven, y depositó un suave beso en sus labios. Ella se dejó hacer, y luego, lo miró guiñarle un ojo, mientras se alejaba nuevamente para seguir entrenando.
Akari simplemente sonrió ante aquello. Ryoga era celoso, quien lo diría.
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Xian Pu no podía encontrarse más feliz que de costumbre. Ranma estaba a su lado, acompañándola en una cita muy linda. Al final, ella decidió conocer Sanrio Puroland, pues aunque vivía en China, ella era fanática de algunos personajes, más que nada, de Hello Kitty. Pero, lo que más le encantaba de todo, es que el de trenza le seguía a cada lugar o atracción que ella le indicaba. Simplemente lo tomaba del brazo y lo arrastraba.
Ahora mismo comían unas chucherías en uno de los puestos del lugar. Ya tenía su peluche de Hello Kitty, y como lo amaba. Aunque, lo adoraba más que nada, porque Ranma lo había ganado para ella. Nunca imaginó enamorarse tan rápido de un chico como con él. Muchos podrían decir que, quizá, solo estaba encaprichada. Pero no. Estaba segura de que lo que sentía era amor real. Nunca experimentó tanta dicha en poco tiempo.
Ah, pero la mente de Ranma se situaba en otro lugar. Eran las cuatro y media de la tarde, lo que significaba que Akane y Shinnosuke ya estaban reuniéndose en donde acordaron. Luego, irían al cine. ¿Qué más harían? ¿A donde se dirigirían? De tan solo pensar en ellos, su estómago se revolvía del coraje. La tonta decía que ya no seguía interesada en su amigo, que ya había superado todo. Y, por ratos, parecía creer que decía la verdad. Por ratos, podía jurar que veía en los ojos de Akane algo distinto. Que le observaba interesada, al igual que él a ella. Pero tal vez todo eran alucinaciones.
— ¿Tu ya conocías Sanrio Puroland?— Preguntó la joven china, con tal de sacar conversación entre los dos. Pasaron unos segundos, y al no recibir respuesta, tuvo que llamar nuevamente su atención. —¿Ranma?
El chico salió de su trance. —Ah, eh... si...— Respondió vagamente.
Xian Pu decidió no darle importancia. Siguió hablando y hablando sobre lo entretenida que estaba en ese momento. Blah, blah, blah. Ranma... bueno, el no le escuchaba del todo. Con calma, revisó su celular por debajo de la mesa. No quería, y no debía, pero era una necesidad. Accedió a sus redes, y encontró el perfil de Akane. Notó que la joven había subido unas cuantas historias. Curioso las observó. Una foto de dos manos con dos botes de palomitas le recibió. Tenía un sticker de, precisamente, Pompompurin, y otro de Macaron, un personaje de Sanrio. Además de ello, el texto que acompañaba todo lo hacía mil veces peor.
Siempre me divierto contigo, gracias por salir conmigo.
Rechinó los dientes, tomó su lata de soda y la bebió de forma rápida. Luego, la estrujó entre su mano, mirando la siguiente historia de Akane. Una foto de ella y Shinnosuke, sentados en la sala antes de que iniciara la función le recordaba lo cruel que era la vida con él. Gruñó sin siquiera evitarlo.
—Ahm... Ranma... ¿estás bien?
Maldito Shinnosuke Ueda. A pesar de ser amigo de Akane, y de saber que ella estaba comprometida, parecía querer insistir en intentar conquistarla. La mano en el hombro de Akane lo delataba, y ni se diga de la sonrisa tonta, socarrona, burlona que se asomaba en él. Sabía que no se resistiría a mirar las historias de Akane. Muy buena jugada del idiota ese.
—Si. Todo bien.— Respondió, escueto.
Xian Pu entrecerró los ojos. No estaba bien, seguramente pensaba en la chica Tendo. —Oye, Ranma... ya que tu compromiso con el de Akane es falso... se me ocurría que podías cancelarlo.
Eso si que llamó su atención. —¿Cancelarlo?
—Creo que no serán felices si solo lo hacen por fingir. Además, los patrocinadores no importan. Puedo pedirle un favor al padre de Ryu, tal vez si necesitan dinero, el se los pueda dar.
No. No era capaz de hacer eso, es como si traicionara la confianza de Akane. Xian Pu pertenecía al dojo rival, y si ella le daba dinero entonces el estaría fallando a su honor. Oh, bueno, tal vez, estaría fallando a lo que sea que sucedía con la de pelo corto. —Xian Pu...— Iba a decirlo firme, sin rechistar.
Sin embargo, un par de voces conocidas se escucharon cerca. Giró su cabeza, encontrando a Hiroshi, su amigo, con la amiga de Akane, Sayuri. Iban caminando tranquilamente hacia el puesto donde ellos se encontraban. Estaba en problemas, si se enteraban de que salía con otra chica, seguramente correrían los rumores de que le estaba siendo infiel a Akane, cosa que no era cierta, pero si podía perjudicar su misión de conseguir patrocinadores y, de paso, disolver el falso compromiso. Trató de pasar desapercibido, pero parece que la vida tenía otros planes para él.
—¿Ranma?
Giró lento, temiendo lo peor. Oh, Yuka e Hiroshi le miraban con incredulidad en sus gestos. Y no los culpaba, porque ellos tenían la versión de que tanto él como Akane se encontraban comprometidos y felizmente enamorados. Todo lo que veían debía ser una sorpresa gigante.
—Chicos... ¡Hola!— Actuaba un poco normal, buscando que hacer con respecto a la situación.
Xian Pu sonrió. Se levantó de su asiento, e hizo una reverencia a modo de saludo. —Hola. Mi nombre es Wu Xian Pu.
Yuka, la amiga de Akane, parecía estar tensa, fría. Lo normal en una amiga preocupada. Carraspeó un poco para poder hablar. —Y... ¿Akane donde está?
—¿Akane...? Ah, ella... eh... ella está...
—Ella está en casa.— Dijo la joven china, con el tono denso. No le estaba agradando nada, y ver la poca falta de acción del de trenza le exasperaba. —En realidad, estamos en una ci...
—Xian Pu...— Levantó la voz, tratando de llamar la atención de esos chicos. —Escucha, no quiero que te acerques otra vez a mí. Yo...— Lo que iba a decir le costaba un poco gracias a la vergüenza, pero ya había sido suficiente. —Estoy comprometido con Akane, y si acepté salir contigo es porque debía dejarte las cosas claras.
—¿Qué?...
Tanto Yuka como Hiroshi miraban atónitos la escena. Ranma, por su parte, creía que esa actuación fue la mejor de su vida. —Lo que oíste. Deja de buscarme a las afueras de la universidad, y deja de intentar algo conmigo.
—¡Pero eso es mentira! ¡Me dijeron que es un compromiso falso! ¡Díselos!
Nervioso, observó a Yuka y a Hiroshi. Estaban expectantes a saber todo. De acuerdo, lo lamentaba por esa chica, pero debía salvar su pellejo. —Es real. No seas una caprichosa, y acéptalo...
Sintió su camisa ser mojada por un líquido pegajoso. Xian Pu, enojada, lanzó la poca soda que le sobraba en la lata frente a ella. Respiraba agitada. Hizo un puchero, y sin nada más que hacer, se retiró del lugar, llevándose su peluche de Hello Kitty en brazos. Contemplaron como ella se alejaba, hasta que finalmente desapareció de su vista. Fue entonces que Ranma los enfrentó.
—Lamento que vieran eso, pero es que no nos dejaba en paz a Akane y a mí.
—Esa chica es muy molesta. Debería entender que no es correcto meterse en las relaciones de los demás.— Dijo Yuka, dándole la razón a Ranma.
—Menos mal, amigo. Akane vale mucho como para aguantar una infidelidad de este tipo.— Argumentó Hiroshi.
Ranma, a pesar de estar empapado y pegajoso, resopló aliviado. A juzgar por la reacción de los dos chicos, su plan funcionó. Esperaba que eso le quitara de encima a la chica pesada.
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Kotaro Abe se caracterizaba por ser un hombre recto. Su infancia no fue la mejor, ya que al sufrir el desprecio de su propio padre, tuvo que crecer sin uno. Su abuelo materno y su madre se encargaron de criarlo y forjarlo en el camino del bien. Ahora, después de mucho tiempo, no podía decir que lamentaba el fallecimiento de su progenitor. Durante todo el funeral se la pasó serio. Es más, nadie en ese lugar lamentaba la pérdida de aquél malnacido que, en vida, fue el peor desgraciado del mundo.
Ahora, en la sala de reuniones de esa insulsa mansión, volvía a tener contacto con sus cuatro hermanos, de madres diferentes. Pero, a todos les unía una sola persona en específico. Movía su pie, ansioso. De entre todos, al que más detestaba era a Ryutaro Kumon. Fue el único de los hermanos que recibió el reconocimiento directo como hijo legitimo. Los demás tardaron años en que se les diera el honor de llamarse hijos de Masayoshi Kumon.
La puerta del cuarto se abrió, dando paso al abogado encargado de leer el testamento. Durante una hora tuvo que escuchar lo que le correspondía a cada uno. A él, le dieron una dote económica que, por lo menos, le ayudaría a solventar algunos gastos en casa. Y, una vez que finalizó la lectura, todos quedaron expectantes de una sola cosa.
—Bien. Escuchen, lo que voy a mencionar, no es fácil de digerir. Su padre, el señor Masayoshi Kumon me ha encargado una labor necesaria, pero justa. En su lecho de muerte, el arrepentimiento llegó a él. Es por esa razón, que anexó a último momento una cláusula para una petición especial.
—¿Y de que se trata esa condición?— Preguntó uno de los hermanos.
El abogado acomodó sus gafas, y procedió a leer la cláusula. —El favor que deseo pedir, es que encuentren a mi sexta hija. A ella deseo pasarle las escrituras de mi mansión en Nagoya, además de regalarle mi tesoro más preciado. Las técnicas de combate de mi escuela.
Al escuchar aquello, todos simplemente rodaron los ojos. Todos, excepto alguien en específico.
—¡Eso es imposible!— Ryutaro Kumon negó rotundo. —Esas técnicas deberían pasar a mi. ¡Yo tengo la escuela de combate en mis manos!
—Señor Kumon, lamento decirle que son las cláusulas de este testamento. La ley para los fallecidos debe cumplirse a cabalidad.— Comenzó a recoger sus pertenencias. —Como abogado del señor, mi deber es encontrar a esa hija ilegítima. Pero, les pediré el enorme favor de ayudarme con esta tarea. Confío en que al menos uno de ustedes lo hará. Y nada de trampas.
El abogado se retiró del lugar, con documentos en mano. De los cinco hijos, tres salieron completamente fastidiados, advirtiendo que sería la última vez que se verían mutuamente, y deseándose suerte en la vida. Nadie quería tener el recuerdo presente de un padre desobligado, que solo regó hijos por doquier y que además hizo sufrir a sus madres.
Kotaro estaba a nada de levantarse, pero Ryutaro le detuvo por completo al hablar. —Kotaro, sé que a ti te interesan esas técnicas tanto como a mí.
Negó. —Tal vez, en un inicio sí. Cuando era más pequeño, deseaba que me entrenara arduamente, y así poder ser un gran artista marcial. Ahora, ya no deseo esas mierdas.
—Tienes un hijo, ¿no es así?— Kotaro lo miró. —Se llama Satori. Los investigué a cada uno de ustedes, imbécil. Sé cada cosa de sus vidas. Es una pena que ni Ryu ni Satori puedan conocerse. A menos que me ayudes a buscar a esa hija.
—¿Para que querría ayudarte? No quisiera exponer a Satori con los Kumon. No quiero que se contamine de la suciedad que cargan.— Satori y su esposa eran sus joyas preciadas. Su pequeño hijo había demostrado interés en las artes marciales, por lo que ahora lo apoyaba. No deseaba que los Kumon se apoderaran de la tranquilidad de su vida, ahora que la había encontrado.
Ryutaro Kumon sonrió. —Por favor, en este mundo si no haces lo que yo te ves hundido en la miseria. Es por eso que viviste pobre durante una buena parte de tu vida. Ni ahora que eres un asalariado igualas lo que lograrías si me ayudas.
—¿Me estás diciendo que me darás dinero por ayudarte?
—Si la encontramos antes que ese abogado, podemos negociar con ella para que nos entregue su parte de la herencia. Y, a cambio, reconoceremos a Satori como el nieto de Masayoshi Kumon. Será entrenado en mi dojo, y gozará de un futuro brillante en su carrera como artista marcial. ¿Qué opinas?
Se levantó de su asiento, asqueado por la actitud del idiota de Ryutaro. Había sacado los genes de su padre. Igual de insufribles, de corruptos. Pero deseaba que Satori no pasara lo mismo que él, que no abandone la lucha por sus sueños. Un dilema se le avecinaba, y no estaba seguro de que hacer. —Dame tiempo para pensarlo.
—Tic, tac, hermanastro mío. Cuando tengas tu respuesta, llámame.
Kotaro salió de la fría oficina, dejando a Ryutaro a solas. Kumon prendió un cigarro elegantemente. El timbre de su celular sonó, así que dejó lo que hacía para contestar la llamada tan urgente.
—¿Diga?
—Señor, ya están los contratos para los Saotome. ¿Los entrego enseguida?
—Esperemos un tiempo. Ahora mismo tengo otras cosas pendientes por resolver.
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Akane caminaba de regreso a su casa. La había pasado espectacular con Shinnosuke, aunque también había sido una tarde algo extraña. Su amigo le confesó que las cosas no marchaban bien con Kuonji, y ella no supo que hacer. Lo único que se le ocurrió fue decirle que no debía preocuparse, que todo se solucionaría pronto. Y luego, procedió a tomarse fotos con él, para hacerlo sonreír, tal como en los viejos tiempos.
Subió las fotos a sus historias sin la esperanza de que el idiota de Ranma las viera. En realidad, cada vez que salía a pasear, solía tomar las fotos y esperar hasta llegar a casa para publicarlas. Pero, en esos momentos, una especie de fuerza vengativa se apoderó de ella. Quiso probarle a Ranma que estaba bien, que no le interesaba si salía con Xian Pu. Claro que esto no creyó que sucediera, porque pensaba que no las vería.
Oh, pero apenas hace un par de minutos que se atrevió a mirar sus estados... ¡Y ahí estaba! Para el colmo, ella lo subió a las cuatro y media. Ranma fue el primero en ver su estado, con minutos de diferencia. Ante eso, se quiso morir de la vergüenza, porque quizá el sospechaba lo que ella quería probarle. Tal vez le haría burla con ello. Pero, ni que decir, se lo merecía por impulsiva.
—Genial. Eres una tonta, Akane.
—No más que yo.
Detuvo sus pasos, y luego, giró lentamente su cuerpo. Atrás de ella, Ranma caminaba con un poco de dificultad. Agudizó su mirada, notando que la camiseta que llevaba puesta se le había ensuciado. Al menos, la chaqueta no parecía maltrecha.
—¿Ranma? Pensé que estarías en casa ya...
—Eso mismo digo yo. Son las nueve. Además, si es tu amigo, me parece que debería de cuidar de ti.— Dijo algo serio. Estaba bien que no le agradara Shinnosuke, pero, ¿por qué no la había acompañado a su hogar?
—Es que le dije a Shinnosuke que podía ir sola. Su abuelo está en casa, así que preferí que lo cuidara.— Giró de nueva cuenta hacia enfrente, y comenzó a caminar lentamente. —Estoy bien. Puedo procurarme a mi misma.
—No lo creo. Aunque seas brusca... sigues siendo una chica.
—Vaya... por primera vez, eres un caballero.
Carraspeó. No le iba a agradar lo que diría, pero necesitaba saberlo. —Yuka e Hiroshi me vieron en el parque, con Xian Pu.
Se detuvo, girando bruscamente y acercándose a él. —Oh... no... ¿y que hiciste?
Encogió sus hombros, tratado de quitarse los nervios que lo asaltaron de repente. —Pues... le tuve que decir cosas... hirientes... y, bueno... la ahuyenté, se enojó y me lanzó su soda.
Miró las manchas de la camisa. Aproximó su dedo índice, tocando un poco la prenda, y comprobando que era cierto. —Oh... ahm... esto no es bueno.
—Lo sé. Espero que ella no haga nada. No creo que sea una loca desquiciada, ¿o si?
—Nah... no creo. A menos que le dijeras cosas demasiado horrendas, aunque si ese fuese el caso yo la comprendería.
Lo había hecho. Pero, para ahorrarse problemas, decidió no contarle a Akane los detalles. —No, no lo hice. No hay de que preocuparse.
Caminaron juntos un buen rato. Las calles de Nerima seguían rebosantes de gente que aún tenía vida nocturna. De hecho, muchas parejas se hacían presentes. Algunos, tomados de la mano. Otros, abrazados. Algún que otro par se besaba en público. La vibra era tan romántica, que Ranma y Akane, automáticamente se sonrojaron. Por fortuna para ellos, parecían haber pasado desapercibidos por todos, así que pudieron llegar tranquilamente cerca de la casa del de trenza.
Pararon sus pasos frente al portón. Un poco incómodos, rascaron sus brazos, tratando de encontrar las palabras adecuadas para el momento. Akane no tardó en hablar, ya que la intranquilidad no la dejaba estar en silencio por mucho tiempo.
—Había muchas parejas, parecía como si fuese el White Day, ¿no?
Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. En algunos días el frío seguía presente, aún si la primavera ya estaba ahí. Pero sus manos no estaban heladas, las escondía como un reflejo de timidez. —Si... y muchos se besaban...
—Si...— Resopló. —Bueno, menos mal que no tuvimos que fingir ser pareja en el trayecto.
—Tienes razón...
—Además...
Curioso, la miró. —¿Además, que?
Akane desvió la vista. —Nada...
—Ajá, si, como no. Ahora me dices.— Seguía con las manos dentro, pero su cuerpo se mecía de un lado a otro, como un tic invadiéndole.
Se veía acorralada, pero, en fin. No quedaba de otra. Cruzó sus brazos por detrás de su espalda, y sus piernas también, reclinando el tronco superior hacia un lado. —No creo que te hayas atrevido a siquiera besarme...— Bien, lo dijo. Ese pensamiento le atosigaba desde la mañana. Probablemente había besado a Xian Pu en el parque, y no se lo comentó por alguna razón. No estaba segura de querer saberlo, pero a la vez, deseaba que dijera que si, así sería más fácil para ella comenzar a enfriar lo que ya estaba floreciendo sin control.
Abrió los ojos, entre atónito y ansioso. ¿Había escuchado bien? —¡¿Que?!— Meditó un poco las palabras, pensando en si la chica frente a él en serio era Akane.
—Ya, bueno, seguramente besaste a Xian Pu hoy. Ella es linda, tu me lo has dicho, ¿recuerdas? Yo, en cambio, soy... no lo soy...— Diablos, le estaba doliendo decir todo eso. Aunque ya había iniciado las cosas. Si, solo necesitaba la confirmación de eso y así ya empezaría a deshacerse de lo que siente.
Nunca se le cruzó por la cabeza hacer aquello. De acuerdo, esa joven era linda, pero Akane... ¿en serio creía que ella no lo era? Las cosquillas le llegaron al estómago. ¡Dios! Si ahora mismo estaba preciosa. Enfundada en ese lindo cárdigan de color verde, portando un vestido color amarillo que le quedaba algo ceñido a su figura, las plataformas blancas en sus pies y el tenue maquillaje. ¡Era una chica bella! ¿Acaso no notaba las miradas de los chicos? ¿No era consciente de que, en ese instante, él se había detenido a examinarla de pies a cabeza y sin miramientos? ¡Estaba ciega! Y eso... como le molestaba.
—¡No la besé! ¡Ni siquiera pensaba en hacerlo! ¿Crees que soy como los demás chicos, que esperan un beso a cambio de una cita? ¿De verdad crees que soy un pervertido de esa magnitud?— Lo dijo tan golpeado, y tan firme que, sin querer, aproximó un poco su cuerpo hacia ella. Se estaba desbordando peligrosamente, pero claro, no podía detenerse.
Las cosas no estaban siendo fáciles. La proximidad de su cuerpo se sentía magnética, atrayente. La forma en la que dijo todo aquello resultaba como una confirmación a lo opuesto. Akane quería que dijera que si besó a Xian Pu, pero en cambio, él parecía demostrar interés en ella. La confusión se hizo paso en su corazón. Cielos, no sabía que hacer, o que decir. No podía permitir que escalara más ese subidón de sentimientos alegres, ¡No podía!
—Bien. Entonces eres un cobarde por no hacerlo.— Sonaba disparatado lo que dijo. Pero es que fue lo único que se le vino a la mente.
Apretó los puños, y su furia incrementó. —¡¿Cobarde?!
—Tenías a una linda chica frente a ti, dispuesta a besarte. Pero la rechazaste así como así.
—¡¿No escuchaste lo que dije antes?! ¡Eres una idiota!
—¡No me llames idiota! ¡Y si! Eres eso, un cobarde que... ¡Ah!
Todo sucedió rápido. Las manos de Ranma se movieron solas, como si estuviesen poseídas. Tomó la cintura de Akane, y la atrajo hacia el, pegando sus cuerpos sin escapatoria alguna. Sus respiraciones se agitaron, y los ojos brillaban, intensos. Podían escuchar el latir de sus corazones, tan violento que creyeron se desmayarían ahí mismo. Los ojos de Ranma viajaron hacia la boca de Akane, adornada con un gloss de cereza. Oh si, podía olerlo, y le parecía tan hipnótico que quería probarlo.
—¿Sigo siendo un cobarde?— Musitó tenue. Comenzaba a marearse, sintiendo su piel erizarse. No podía estar tan hormonal, es decir, tenía veintiún años, ya no estaba en el instituto. Aunque, considerando el hecho de que nunca sintió algo tan fuerte antes, estaba más que justificada la revolución dentro de él.
Akane tragó duro, anonadada con todo. —Si...— Debía decir no. ¡La respuesta era un no! ¡¿Por qué dijo si?! ¡¿Era estúpida, acaso?!
Acercaba su rostro de poco en poco. Lo osado salía de sus poros, y realmente, no tenía ganas de controlarse. Cada vez más cerca, miró como ella entrecerró los ojos hasta que se cubrieron por completo. Estaba esperándole, y él ya no debía perder más tiempo. Cerró el paso a su vista, deleitándose en como sus alientos ya comenzaban a mezclarse.
Cada vez más cerca, el aroma del gloss se dejaba entrever. Más cerca se encontraba de besarla.
Relamió sus labios tenuemente, y apretó el agarre en la cadera de ella.
Cinco centímetros.
Ahora cuatro. Las mariposas salían embravecidas, provocando mil tormentas de las cuales no saldría con vida.
Tres centímetros.
Los labios ya empezaban a rozarse deliciosamente.
Y entonces...
Miau...
—¡Gato!— Gritó, alejándose de Akane por completo. Saltó graciosamente hacia la barda de su propia casa, mirando con temor al felino que se acercaba a Akane. No sabía si estar agradecido por la interrupción, o maldecirle al universo. —Le tengo pa...pavor a los ga...gatos...
Akane se desorientó por un instante, pero luego, sintió alivio. Eso que iba a pasar estaba muy mal. No sabía si él estaba interesado en ella, porque a veces si parecía, y otras no. Que un mísero felino les haya interrumpido fue lo mejor. Sacó la lengua a Ranma, juguetona.
—¡Cobarde!
Y luego corrió en dirección a su casa, con el sonrojo y la vergüenza más grande que jamás haya experimentado.
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Xian Pu no estaba satisfecha con todo lo que sucedió. Enseguida llegó a la mansión de los Kumon se dispuso a entrenar arduamente. Ya era medianoche, y ella seguía golpeando el decimo muñeco de entrenamiento que había tomado para su disposición. La furia salía en forma de gritos descontrolados y golpes con mucha intensidad. Su cuerpo entero ya estaba bañado en sudor, y poco le importaba. Lo único que ocupaba su mente tenía nombre y apellido.
Ranma Saotome se convirtió en alguien a quien amar y odiar, a partes iguales.
La había humillado frente a un par de desconocidos, y a pesar de eso, ella deseaba seguir empeñada en conquistarlo. No era capricho, en realidad, le gustaba demasiado ese chico de los iris zafiro y trenza linda. Añoraba tenerlo en sus brazos, necesitaba con fervor escuchar su nombre en boca de él, clamando por un beso.
Solo había alguien que se interponía en su camino. Akane Tendo.
Una patada bastó para mandar a volar ese monigote, lanzándolo hacia el otro extremo de la arena de entrenamiento. Jadeaba sin control, sin embargo, decidió que eso no se quedaría así. Trataría de desenmascararlos frente a todos. Lo que quería, lo obtendría.
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Ranma caminaba unos cuantos pasos, y luego, retrocedía. Volvió a repetir el mismo proceso una y otra vez, porque no sabía que hacer. Sus manos sudaban, y el estómago se le revolvía pero no del asco. Esa sensación tan distinta que ya estaba experimentando en algunas ocasiones se presentaba más intensa que de costumbre.
Casi besa a Akane. Estuvo tan cerca de sus labios, pero a la vez, tan lejos de ellos. Aún seguía oliendo ese gloss de cereza, y podía rememorar lo pequeña que era la cintura de la chica. Tragó duro, mientras el calor en su rostro subía por completo. Akane, Akane, Akane. Sus ojos, su nariz, sus labios, el pelo sedoso, ese atuendo. Todo se le había grabado en su mente, aunque ese era el problema. ¿Cómo haría para verla ahora sin delatarse a sí mismo? No lo sabía.
Apoyó su cabeza en la barda cercana, negando lento. La guerra contra sus sentimientos iba fallando, y eso resultaba peligroso. No tenía ni una jodida idea de que hacer, que decirle, como comportarse a su alrededor. Y luego está Shinnosuke acechando como un fantasma entre ellos. Debía ser frío, actuar indiferente con lo que sucedió antes. Si, es lo que haría. Nada de miedo.
—Buenos días.
—¡Ahh!— Ranma saltó al escuchar la voz de Akane. Giró su cuerpo, enfrentando a su mayor tortura.
Akane simplemente le miraba interrogante. Llevaba la mochilita colgando de un lado, con su llaverito de Pompompurin. Esta vez la chaqueta oversize de mezclilla ocultaba la blusa de rayas que llevaba, y aunque la falda tableada dejaba entrever sus piernas, lo cierto es que el atuendo no se le notaba tan revelador como el del día sábado. Pero, aún así, llamaba la atención.
—¿Estás bien?— Preguntó sinceramente.
Ranma recompuso el temple. —Ah, ehm, si, claro, ¿por qué no habría de estarlo?
Resopló en sus adentros. Si Ranma no parecía afectado por lo sucedido, entonces ella no tendría por que estarlo. Bien... ¡Grandísimo estúpido! Si así quería actuar, mucho mejor para su estabilidad mental. Su señal para enfriar lo que sentía por él ya se había manifestado.
—Cierto, tienes razón. No hay razones para sentirse extraños, después de todo, nada sucedió.
¡Tonta! Nada de lo ocurrido le había afectado. Bien, retomaba la guerra contra sus sentimientos. —Si. Nada.— Comenzó a avanzar junto a la chica, repasando el guión que debían seguir al llegar a la universidad. —Ni siquiera recuerdo la noche del sábado.
Hizo una ligera mueca. —Si, ni yo. Creo que me dormí profundamente y perdí la consciencia en cuanto toqué mi cama.
Llegaron a la parada del autobús, en donde el transporte los estaba esperando. Ranma tomó la mano de Akane, como cada mañana desde la semana pasada, y subieron juntos al autobús. Tomaron asiento, y luego, el trayecto lo pasaron en silencio, repitiéndose lo tontos que fueron al creer que el otro si había sentido algo.
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Ryu iba en camino a la universidad, con las manos en los bolsillos de su pantalón. Desde que era pequeño siempre se mantenía alejado de todos. Era reservado, pues el observar a su padre en el mundo de los negocios le daba una visión sobre las relaciones entre personas. Lo miró siendo traicionado por colegas, quienes siempre querían sacar provecho de su riqueza. Al ser hijo de un millonario, debía aprender a identificar a las personas que se le acercaran con propósitos ocultos. Eso le enseñó a defenderse de los demás niños, por lo que terminó siendo un alumno problema, que si bien sacaba buenas calificaciones, también resultaba conflictivo, metiéndose en peleas diarias.
Nunca logró hacer una sola amistad leal, a excepción de los estúpidos con los que solía juntarse en el instituto. Y ni siquiera ellos podían considerarse sus amigos. Esos bastardos le traicionaron en una de sus tantas movidas delincuentes de antaño.
¿Le molestaba no tener amigos? ¡En lo absoluto! Para él, la soledad representaba un tesoro preciado con el que podía contar siempre. Ninguna traición, ni ninguna desilusión. Solamente era él contra el mundo, una tranquilidad asombrosa con la que se deleitaba.
Y si era millonario, ¿por qué iba caminando como el resto de las personas? Simplemente porque le desagradaba la opulencia que su padre tanto exhibía.
Tampoco es que tuviera una espectacular relación con su padre. En si, desconocía por completo la historia de su familia, aunque no fuese algo que le quitara el sueño. Lo único que se estancaba en su mente eran las artes marciales, porque es lo único que le acompañó durante toda su vida.
Iba a sacar un cigarrillo de su pantalón, cuando escuchó una pelea cercana. Iba a seguir con su camino, aunque lo que le llamó la atención fue que se trataban de dos chicos de instituto contra un niño de primaria.
—O nos das el dinero, o te lo quitamos a la fuerza.
—¡No se los daré! ¡Ya! ¡Suéltenme!
Ryu asomó su cuerpo en el callejón cercano, comprobando lo que pensaba. Bien, no es como que en su adolescencia no fuese un poco bravucón, pero ese par ya exageraba por completo. Tenían agarrado al pobre niño de los brazos, mientras le golpeaban el estómago. No sabía por qué, pero en vez de darse la vuelta y desaparecer, tomó una decisión interesante y fuera de lo normal en él.
—Ahhhh... ¡Demonios! Tratan de hacerse los maleantes, pero no lo parecen.
Aquellos malcriados miraron cruelmente a Ryu. —¡No se meta, señor!
Jadeó irónico. —Señor...
El hijo Kumon se acercó, y con fuerza tomó las solapas del uniforme de uno de los dos idiotas. Lo estampó contra el muro, aplicando la presión necesaria para no lastimarlo, pero también dejando en claro que con él no se jugaba. Escuchó los quejidos del chico, y solo pudo pensar que se lo merecía.
—Escucha, o dejan en paz al mocoso, o yo mismo me encargo de mostrarles a ti y a tu estúpido amigo lo que es ser un verdadero maleante.— Sonrió de lado, deleitándose con la cara de miedo de ese par.
—No... no lo molestaremos más... lo prometo...
Le fascinó la voz asustada. —Que bien que tu cerebro fundido lo entendió a la primera. Ahora, largo.
Lo soltó, siendo testigo de como ambos corrían apresuradamente hasta perderse de su vista. Escuchó al niño respirar agitado, y lo observó incorporarse. No parecía que esos golpes en el abdomen le hubiesen hecho daño, pero de todas maneras era un adulto que se vio involucrado en un lío entre estudiantes.
—Deberías aprender artes marciales para defenderte.— Soltó mientras sacaba el cigarrillo que quería fumar. No se consideraba un fumador asiduo, pero en contadas ocasiones le gustaba el sabor al tabaco.
El niño sacudió su uniforme lleno del polvo del suelo. Tocó su abdomen, notando que tampoco le habían dado un golpe serio. —Si sé pelear.
Dio una calada al objeto, y procedió a expulsar el humo con parsimonia. Echó un vistazo al enclenque, frunciendo el ceño y sonriendo con mofa. —Si, claro. Deja de ver mucho anime.
—¡Lo digo en serio! ¡Mira!
Ryu observó al chico moviéndose, realizando un perfecto ataque. Patada, puñetazo, doble patada giratoria y un puñetazo a uno de los botes de basura de ese callejón. Dio otra calada al cigarro y lo tiró al suelo, pisándolo. Se acercó hasta quedar frente a él.
—Entonces eres un tonto. Si sabes hacer eso, les habrías podido dar una paliza a los fenómenos esos.
Negó. —Mi padre siempre me dice que las artes marciales no son para destrucción. Hay que tener honor, y el atacarlos sería peor.
Se cruzó de brazos. Tenía un buen punto. —¿Cómo te llamas?
—Satori Abe.— Acomodó su mochila en el hombro, de tal forma que parecía alguien cool. —¿Y usted?
—Ryu Kumon. Y, por favor, no me digas señor.— Chasqueó con la lengua. —Demonios, sé que me veo grande, pero recién tengo veintiún años.
—Yo tengo doce. Pero no se nota por mi fuerza.— Levantó uno de sus brazos, tratando de mostrar lo que parecía ser sus músculos.
—Si, claro.
Ambos se quedaron en silencio, pero con una sonrisa en sus labios. A Ryu le agradó lo descarado que fue el pequeño Satori. De cierta forma, ver que alguien tenía honor al momento de hablar sobre artes marciales hacía que simpatizara con él. —¿Dónde estudias?
—Cerca de aquí. No me queda lejos la escuela.
—Ni a mi.— Comenzó a avanzar, aunque luego se detuvo. —¿No vienes, niño?
Satori asintió, corriendo hasta alcanzarlo. Juntos caminaron hablando de todo y de nada, sintiendo como una gran amistad se avecinaba entre ambos.
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Kana, la madre de Satori, se dedicaba a trabajar como diseñadora independiente. Tomar esa decisión no fue fácil, porque si bien hubiese querido progresar y trabajar en una gran compañía, cuando nació su pequeño hijo, se prometió a sí misma que nada le haría falta, ni siquiera un amor maternal. Ella, de niña, sufrió un poco la ausencia de sus padres, quienes trabajaron con esfuerzo como campesinos. Ahora deseaba romper esas cuestiones con su pequeño.
Sin embargo, y aunque trabajar de esa forma fuese difícil, también había cuestiones positivas para ella. En ese caso, su rutina diaria siempre era diferente. Trataba de no estancarse en ello. A veces, trabajaba toda la mañana. Otras, se dedicaba a la limpieza del hogar. En situaciones diferentes, tenía que cumplir diligencias para clientes. Y, bueno, lo que más le encantaba eran las ocasiones en las que compraba la despensa.
Si, sonaría un poco extraño que admitiera aquello. Pero la realidad es que cuando iba a comprar al mercado local lo necesario para la cocina, su vida se llenaba de color por completo. Convivía con las mujeres que vendían en ese lugar, y podía intercambiar puntos de vistas y consejos sobre la maternidad u otras situaciones del hogar.
Y un alma tan viva como ella agradecía enormemente conocer a las personas.
—Buenos días, señora Ota.— Saludó efusivamente, mientras inspeccionaba los tomates.
—Que tal, señorita Abe. ¿Cómo está su esposo y su hijo?
—Se encuentran bien. Mi esposo llega mañana de su viaje. Y mi Satori está en la escuela.
—Me enteré de que su pequeño está entrenando en el dojo Tendo, ¿concursará en el torneo de artes marciales?
La señora Ota, una vecina del lugar, conocía a cada persona de ahí. Los chismes del lugar los conocía a lujo de detalle, siendo la portavoz de dichas curiosidades y quien las daba a conocer entre la gente. Su curiosidad, a veces, rebasaba lo insano, pero era normal en una anciana que ya no tenía mayor entretenimiento en la vida. Un poco triste.
—Aún no lo sabemos, aunque desde que se inscribió, sus profesores me dijeron que podría ser un buen candidato en la categoría infantil.
—Bueno, al menos ahí no podría ganar el dojo Kumon.
Ese apellido. Desde que su esposo le contó su historia con esa familia, ella no había dejado de odiarlos por completo. Le enfermaría si Satori llegase a estar involucrado con uno de ellos. —Si, bueno... igual creo que los ganadores serán los del dojo Tendo. Ambos chicos son muy buenos entrenadores, y hasta donde he escuchado, el chico es quien más tiene experiencia.
—Buenos días, Ota-san.
Una joven, de cabellos largos y castaños se hacia paso entre ambas mujeres. Vestía modesta, con un vestido largo y con motivos florales. Realmente llamaba la atención por su belleza, aunque la gente de ese mercado le conocía por ser una chica resiliente y de buen corazón.
—¡Ah! Buenos días, Kasumi-san. ¿Cómo está tu madre?
—Mamá está bien. Sus quimios ya no son tan agresivas, y el doctor nos ha dicho que hay una gran posibilidad de que el cáncer esté desapareciendo.
—¡Me alegro escuchar eso!
Kasumi sonrió a ambas mujeres. —Bueno, con permiso. Debo apresurarme para entrar a tiempo a mis clases.
En cuanto la joven desapareció, la señora Ota suspiró. —Pobre chica. Hace un esfuerzo enorme para sacar su título técnico de docente de preescolar. Al menos las clases que lleva son en su hogar.
—¿Estudia desde casa?
—Si. Su madre está enferma de cáncer, y es por eso que reabrieron el dojo Tendo.
Asombrada, Kana preguntó. —¿Es hija de la señora Tendo?
—Oh si. Pobres. Ellos se la han visto difícil. El señor Soun no tiene familia ya viva que les pueda ayudar. Y la señora Naoko solo tiene a su madre. No tiene hermanos, y escuché que nunca tuvo padre.
—¿Enserio?
Aquella chismosa anciana acercó su cuerpo hacia Kana, teniendo especial cuidado de que nadie la escuchara. —Dicen que su padre jamás la reconoció. Y que ese señor parece que tiene mucho dinero.
A Kana le intrigó saber aquella información. Cuando su esposo le llamó el sábado por la noche, le contó sobre el trato que le ofrecía su hermanastro. Ella se opuso, y dijo que se encargaría de ayudarle a buscarla. Ahora, conociendo lo que la señora Ota le contaba, parecía ser que el destino podría traer a sus manos la clave para evitar que el señor Kumon se quedara con la herencia. Aún así, tenía que andarse con cuidado, pues era demasiado temprano para asegurar que la señora Tendo fuera la hija ilegitima que tanto buscan.
Y aunque la señora Ota fue discreta al revelar cierta información, una muchacha de pelo castaño logró escuchar todo. No quiso darle demasiada importancia, pero por si las dudas guardaría el dato. Después de todo, podría usarlo a su favor para ganarse a Ryoga de nuevo.
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Después de la clase de la profesora Matsuda el equipo de competición entrenaba arduamente. Las chica ahora trabajaban con las técnicas de combate, mientras que los chicos hacían lo posible por perfeccionar las katas. Ranma concentraba su ira en lograr movimiento firmes. Le enojaba el hecho de que parecía que a Akane no le importó que casi se besaran. Y, de acuerdo, quizá estaba exagerando con respecto a eso, pero le era imposible dejar de pensar en aquello todo el tiempo Soltó un golpe hacia enfrente, y luego, hizo un bloqueo lateral. Seguía al pie de la letra la kata, pero de vez en cuando sus ojos viajaban para observar a Akane.
Aún si ella estaba sudorosa y hecha un desastre por combatir, seguía pareciéndole hermosa. Malditas las mariposas en su estómago. En fin, debía concentrarse para no fallar. Ahora, lo más importante eran los dos torneos, tanto el del dojo como el de la universidad. Ya lo había decidido, nada de dejar que crecieran más sus sentimientos. No importaba que es lo que se entrometiera en su misión, no fallaría.
Akane, por su parte, bufaba mientras observaba a sus compañeras de equipo pelear. Jadeaba gracias al esfuerzo de haber entrenado, aunque era justo decir que su respiración afectada también tenía nombre. Ya tenía la pista clave para hacer de cuenta que no sucedería nada entre los dos. Pero le dolía. Solo un poco. Aún así, debía mantenerse serena, porque no deseaba volver a sentir como se le desgarraba el corazón al no ser correspondida.
—Es nuestro turno de volver a pelear, Akane.
La de pelos cortos se levantó de su asiento, dispuesta a seguir con el entrenamiento. Miró hacia las ventanas, notando como el cielo ya comenzaba a mostrar la oscuridad. Suspiró, pensando en que llegaría a casa realmente exhausta. Luego, giró la vista hacia las gradas, notando como un alegre Shinnosuke se encontraba ahí mismo. Había entrado, y la estaba saludando desde la distancia. Ella le correspondió, alegre y sorprendida por verlo ahí.
Todo lo contrario a Ranma, quien, atento a las acciones de Akane, notó a Shinnosuke Ueda en las gradas. Aún más molesto que antes reforzó sus movimientos, tratando de canalizar los celos que le estaban naciendo en ese instante.
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Ryoga acomodaba las cajas de los nuevos medicamentos que llegaron a la veterinaria. Al ser alguien atlético, la labor no representaba una gran pesadez. Su corazón se encontraba contento. Jamás se le había cruzado por la mente esperar encontrar una linda chica en Tokio. Cuando le informaron que fue aceptado en la academia de artes marciales mixtas, se propuso como uno de sus planes no desviarse de su camino, por lo que se propuso tener cero contacto con el romance.
Desde niño, siempre había soñado con ser un gran artista marcial. La vida con sus padres no fue sencilla. Ellos sufrían constantemente de la falta de dinero, y ambos tenían muchos trabajos de tiempo parcial para poder solventar su vida. Es por ello que se había prometido a si mismo devolverles cada sacrificio que hicieron por él.
Pero ahora, todo dio un giro distinto. Cuando conoció a Akari Unryu en el florecimiento de los cerezos, su corazón volvió a latir con fuerza. Ukyo si le hizo mucho daño al ilusionarlo y hacerle creer que podían estar juntos. Pero, con la otra chica todo era distinto.
La noche en el love hotel resultó la mejor experiencia de su vida. No es como si no haya intentado estar con alguien más después de Ukyo, pero tampoco iba a mentir. Akari lo embrujó, le estaba haciendo creer de nuevo en la magia del amor.
¡Por dios! Ni siquiera sabía que era alguien celoso hasta que el sábado lo fue a visitar a su lugar de entrenamiento.
Salió de la bodega, silbando una tonadita cualquiera. Oh si, su relación iba viento en popa. No habría nada que pudiese perturbarla.
—Bien Taro, sígueme, por favor.
La voz del veterinario le llamó la atención. No le habría dado demasiada importancia, si no fuera por el hecho de que sostenía un papel en su mano. Entonces, miró a joven que le acompañaba al doctor. Un tipo algo extraño, de pelo desordenado y un poco rizado, con ojos afilados y expresión neutra. Todo en él gritaba seriedad absoluta.
Fue entonces que sintió como alguien le tomaba del brazo. —Ryoga, ¿ya vamos a comer?
El tipo los miró por un segundo, y luego, siguió su camino junto al veterinario. Esa mirada bastó tan solo un segundo para provocarle cierta inquietud a Ryoga.
—Eh, si... vamos, Akari.
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Mientras Akane se encontraba en los vestidores, Ranma y Shinnosuke la esperaban afuera del gimnasio, completamente tensos. Resultaba más que obvio que entre los dos chicos existía una rivalidad muy intensa, y no hacía falta mencionar los motivos específicos que la ocasionaban.
—Es casi un milagro verte por aquí.— Escupió Ranma, apoyado en la pared con gesto de pocos amigos. —En todo este tiempo que he conocido a Akane, es la primera vez que la vienes a ver hasta acá.
Shinnosuke no fue indiferente ante la acidez de Ranma. Por dentro, sintió satisfacción. Normalmente no se consideraba un mal chico, de hecho, muchas de las chicas que siempre estuvieron detrás de él solían alabar su amabilidad con ellas. Pero ahora, parecía que una especie de demonio interno despertó en conjunto con los sentimientos por su amiga. Es por ello que, ni corto ni perezoso trataba, por todos los medios, de demostrarle a Saotome que en cualquier descuido él podía llegar a lograr algo más.
—De hecho siempre había venido, en especial cuando iniciamos los estudios. Por falta de tiempo no podía asistir seguido, pero ahora quiero enmendar eso con Akane.— Señaló su mochila. —Estoy haciendo un cuadro para mi clase de arte, y quisiera pedirle consejos con mis bocetos.
—Bueno... podrías pedirle que te los diga después.— Cruzó los brazos. No les agradaba lo que el tipo quería hacer. —Lo lamento, pero es que, como verás, ella y yo siempre nos vamos a casa juntos. Como prometido, es mi deber cuidarla en su regreso a casa, y su padre es muy estricto con la hora de llegada.
—Que extraño. El señor Soun siempre le ha dado más libertad. Me acuerdo de la vez que fuimos a la playa antes de entrar a la universidad.
Playa. Eso significaba trajes de baño. Akane, con traje de baño... —¿Pl...playa...?
Le había dado en el clavo. Sonrió por dentro. —Si. Ella y yo hemos compartido muchas cosas juntos. Aún recuerdo como estaba avergonzada de usar traje de baño frente a mi. La tranquilicé diciéndole que estábamos en un viaje para celebrar nuestra amistad. Tantas cosas vivimos. Momentos buenos y malos. Me encantaría seguir teniendo recuerdos con ella. A su lado.
Mucha información. Soltó una risa irónica, mientras, en sus adentros solo deseaba matar a Shinnosuke en ese mismo instante. No sabía que le daba más rabia, si el que ese idiota la hubiera visto en traje de baño, o peor aún, el hecho de que ellos compartieron momentos especiales en sus vidas. No debería, pero deseaba ocupar el lugar de Shinnosuke Ueda en la vida de Akane. Deseaba que ella le mirara, que ella se avergonzara por que él la viese en otras ropas que no eran las usuales. Deseaba vivir momentos buenos y malos junto a ella.
Ranma despegó su cuerpo de la pared, y adoptó una posición llena de pura determinación. ¡A la mierda los modales! —Shinnosuke, no soy ciego. ¿A que diablos estás jugando?
—¿Jugando?— Le enfrentó. —Yo soy quien te pregunta eso. ¿Sabes? Me parece extraño que los padres de Akane la comprometieran contigo. Ellos no harían tal cosa para perjudicar a Akane.
—Perjudicar. ¡Ja!— Resopló hastiado de todo. —Irónico que lo diga la persona que más daño le hizo.
Extrañado, Shinnosuke frunció el ceño. —¿A que te refieres?
—¡Lamento la demora!
Akane llegó al lado de ambos chicos, un poco apenada por haber tardado tanto. Estaba feliz de ver a su amigo ahí, después de todo, Shinnosuke tenía algunos problemas con Ukyo. Y, bueno, además agradecía que llegara en el momento indicado, porque aún seguía enojada con Ranma. Si su amigo los acompañaba a casa, mejor para ella.
—No te preocupes, Aka-chan.— Respondió Shinnosuke, recomponiendo la compostura. Aún así, en su mente quedó la duda de a que se refería Saotome.
A Ranma no le agradó ese apodo bobo de niño de primaria. Es más, le asqueaba de formas inverosímiles toda esa aura de amigo protector, amable, atento y caballeroso de Shinnosuke. Es como si pensara que con ese tipo de cosas pudiera caer fácilmente. Tal vez Akane si era un poco cursi, pero tampoco creía que fuera alguien que se deja impresionar tan fácil con palabrerías.
—¿Aka-chan? ¡Hace tiempo que no me decías así!— Akane se sorprendió. Su amigo parecía actuar un poco extraño ese día. Trató de no darle importancia.
—Vaya, no me has contado la historia detrás de ese apodo, Akane.— Ranma no podía evitar que su voz sonará como si estuviese siendo condescendiente.
Akane abrió la boca para responderle, pero entonces, una invocación demoniaca se manifestó ante el trío de chicos. La voz molesta y chillona resonó por toda la entrada del gimnasio. La fortuna para ellos, es que no había muchos alumnos por la zona. La desventaja, es que se trataba de nada más y nada menos que de Xian Pu. La chica lucía un vestido más corto de lo usual, de color rojo y pegado a su cuerpo, resaltando de forma eficaz la belleza en ella.
—¡Hola!
Corrió en dirección a Ranma, abrazándolo con muchísima fuerza. Para ella, era como estrujar en brazos a su peluche de Hello Kitty. Mullido, suave y cálido. Así consideraba al chico frente a ella. Originalmente quería enfrentar a ambos chicos, obligando a Ranma a salir nuevamente juntos, pero en cuanto miró que había una tercera persona, no dudó en hacer eso. Aprovecharía para hacer que los dos admitieran que su compromiso era falso.
—¿Qué está pasando aquí?— Preguntó el castaño a su amiga.
Los ojos avellana se agrandaron, y más pronto que tarde, su rostro adquirió un tono rojizo. Xian Pu estaba ahí, apretando el cuerpo de Ranma, mientras que él no hacía nada para sacársela de encima. Tremendo idiota era... espera... ¿Ranma se sonrojó?. La furia se hizo paso en ella. Oh si, los celos comenzaban a desbordarse de su sistema, y lo peor, es que no sabía como gestionarlos. Con Shinnosuke solía simplemente fingir desinterés, pero ahora... ¡Debía matarla!
—¡Déjalo en paz!— Se acercó y empujó a la joven china, separando al de trenza, quien simplemente se quedó plantado como pasmarote ahí. Luego, atrajo a Ranma y lo agarró fuertemente del brazo, pellizcando su piel para hacer que reaccionara.
—Akane, ¿por qué actúas así?— Preguntó Xian Pu, fingiendo inocencia. —¿No se supone que me dijiste que no eran nada?
—¿Eh? ¿Qué no son nada?— Shinnosuke, contrariado, observó a ambos chicos. Mientras que Saotome parecía estar reaccionando, Akane lucía un poco nerviosa. Si bien, en un inicio pensó que lo del compromiso pudiese ser falso, no creía que ella mintiera con algo como eso. —¿De qué está hablando, Akane?
—Vamos, explícale. Dile que me diste permiso de salir en una cita con él.
—¡No sé de que hablas!
Xian Pu sonrió con maldad. —Esa tarde del sábado fue tan mágica. Ranma me prometió que diría la verdad a todos. Que solo se comprometieron para conseguir patrocinadores, y que no sienten nada el uno por el otro.
—¡Es mentira!
Por fin, Ranma reaccionó. —Oye, ¡Yo no te besé!
—¡Ranma y yo somos prometidos porque nos queremos!— Retó con la mirada a la joven china.
Xian Pu rodó los ojos. —¡Por favor! Ya dejen ese juego y digan la verdad.
Shinnosuke no parecía entender nada de nada. Aunque Akane sonó tan segura, había algo en ellos dos que le indicaba lo contrario. Era eso, o tal vez, la esperanza en él de poder conquistar a Akane le nublaba el juicio. Sea como sea, decidió preguntarle.
—Akane... ¿eso es cierto?
Ranma negó. —¡No jugaríamos con algo como eso!
Gruñó. Estaban tan aferrados a no soltar la verdad, que le asqueaba por completo. Entonces, una idea brillante cruzó por su cerebro. Tal vez no sería el plan más original del mundo, pero si con eso conseguía que le contaran todo a quien sea ese chico. —Bien. Entonces, bésense.
—¡¿Queeee?!
—Háganlo.— Retó Xian Pu, cruzando los brazos y completamente segura de que no pasaría.
¡Estaba demente! No pensó que, en serio le retaría a besarse con Akane. Completamente rojo negó enérgico. —¡Es... es una locura! ¡No tenemos por que... por que mostrar eso fr...frente a ustedes!
Akane no encontraba las palabras para hablar. Les estaba exigiendo una prueba de que salían juntos, y lo peor, es que se trataba de un beso. ¡Un maldito beso como el que no se dieron el sábado! ¿Acaso el universo la odiaba demasiado como para hacerle pasar por semejante cosa?
Shinnosuke notó la molestia entre los dos chicos. No le daba demasiada importancia a Ranma, pero con Akane era distinto. Se trataba de su mejor amiga, y no le gustaba verla tan incómoda. Carraspeó un poco, y tocó el hombro de la chica de pelo corto. —Akane, está bien. No tienen por qué hacer eso.
Xian Pu perdía la paciencia con cada segundo que pasaba. —¡Háganlo! ¡Cobardes y mentirosos!
—¡Yo no soy cobarde!— Gritó Ranma. Esa palabra le pesaba desde el sábado. ¡Si era un cobarde! Tenía miedo de besar a Akane así como así, porque muy probablemente no podría controlar su corazón.
—Entonces hazlo.— Demandó la joven china.
Akane tragó duro. Ranma no lo haría, así que ella estaba sola en eso. Bien, era fácil, después de todo, se trataba de actuación. Soltó el agarre en el brazo de Ranma, y luego lo giró hacia ella. Shinnosuke se apartó de su lado, retrocediendo hasta quedar de frente hacia ellos. No estaba seguro de que pasaría, pero sentía algo extraño pincharle por dentro.
El de trenza se sorprendió, mirando solamente a Akane. Se asustó cuando observó como se ponía de puntitas, y con su suave mano tomaba la mejilla, tan delicadamente que se sonrojó de inmediato. Tenerla de esa forma, tan atrevida, le mandaba descargas eléctricas por todo su torrente sanguíneo.
—¿Que... que...?
—Escucha...— Susurró. Agradecía que pudiese taparse con las manos. —Solo hagámoslo. Aún hay personas cerca de aquí, y si Xian Pu sigue haciendo su rabieta nos puede ir mal.
—Pero...
—¡Solo hazlo!
Tragó duro. —Bi..bien...
Cerró los ojos, y entonces... nada. O bueno, sintió un ligerísimo roce en su mejilla, tan leve que se extrañó. No duró ni cinco segundos hasta que notó como ella se separó. ¿Había sido todo fingido? ¡Tanto temió para un simple beso falso!
En cambio, Shinnosuke no supo que sentir. Por una parte, ser testigo de aquello le pareció tan surreal. Por otra, sintió los celos asomándose en su ser. Oh si, podía jurar que Ranma Saotome no se merecía ser besado por Akane. Su falta de acción ante el agarre de la otra chica le confirmaba que, muy posiblemente estuviese jugando con su amiga. Ahora más que nunca, la decisión de luchar por conquistar a Akane se volvería una promesa a cumplir.
Xian Pu se enfureció. —¡Eso es trampa! ¡Ni siquiera se besaron!
Akane la desafió con el cuerpo. Posó sus brazos en jarra, y le miró ceñuda, pero con una sonrisita orgullosa. —Si lo hicimos. Además, no tenemos por qué mostrarte ese tipo de cosas que obviamente son íntimas. Ahora, Xian Pu, por favor, no nos molestes.
La joven china se largó del lugar, soltando maldiciones y con el orgullo herido. ¡Estaba segura de que no se habían besado! Pero ya verían, algo tenía que hacer al respecto. Tal vez las leyes de su aldea podría aplicarlas, después de todo, en el amor y en la guerra todo se valía, ¿no?
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Ranma y Akane caminaban a casa, sumidos en un vasto silencio sepulcral. El de trenza no dejaba de sentirse irritado. ¡Un beso fingido! Que patética jugada por parte de Akane. Si, eso funcionó para evitar que Xian Pu les siguiera molestando, pero no podía evitar sentirse decepcionado por aquello. No es como que tuviese muchas ganas de ser besado por ella, pero... bueno, tal vez si. ¡Oh no! Más bien, debía agradecer que eso no sucediera, porque cosas catastróficas pudiesen ocurrir.
—Espero que con eso, Xian Pu nos deje en paz.
Akane sentía alivio. Agradecía que no le haya besado de verdad. Aunque, si lo pensaba bien, no tenía por qué ponerse tan nerviosa. No eran nada, y ella ya estaba queriendo congelar lo que sentía por él.
—No lo sé. Sabe que nos dimos un beso falso.
Notó el fastidio en la voz de Ranma. —¿Te ocurre algo?
El se le plantó de frente. Si, estaba furioso. —Dices que yo soy el cobarde, pero tu lo fuiste más. Para que ella nos deje en paz debemos actuar como verdaderos prometidos.— Podía tener un buen punto, pero, siendo honesto, le molestaba más que no se haya atrevido a hacerlo por tener al monigote de Shinnosuke frente a ellos.
—¡No lo iba a hacer porque es vergonzoso!
—¡Por favor! Solo era para actuar.— Se acercó un poco a ella. —¿O es que acaso te importa que tu amiguito nos viera?
Para actuar, decía. Ella se había preocupado por no hacer sentir incómodo a Ranma, pero ahora, parecía que él no tenía problemas con aquello. —¡Bien! La próxima vez será de verdad. De todos modos, solo es actuación.
—Si, así es.
—Aunque, claro, como eres un cobarde todo el trabajo caería en mi.
—¡No soy cobarde!
—Si.
—¡Que no!
—Si lo eres...
No supo como, ni cuando, pero vaya...
Las manos de Ranma apresaron sus mejillas, y entonces, cerró sus ojos. Ahí, bajo la luz de la farola callejera, le habían robado un beso. O bueno, un pico. Solo fueron cinco segundos donde los alientos se mezclaron, y los labios se rozaron. Cinco segundos de cosquilleos en el estómago, de fuegos artificiales en su mente. Y, tan pronto como abrió los ojos, todo explotó en ella.
Las mejillas de ambos se sonrojaron, y la vergüenza le alcanzó. Se alejaron unos cuantos pasos, asustado ante lo que sucedió. Aún si fue un simple toque, resultaba demasiado excesivo para sus corazones. Se miraron con gestos fríos, sin creer lo que sucedió.
—Ahm.. eh... ¡Fue solo para...!— Ranma carraspeó. —Es decir...
Akane no quiso dejarse llevar por aquello. Era demasiado peligroso lo que pasaba, y no estaba dispuesta a salir herida. —Si, lo sé. Es decir, es solo un beso. Ahora, en estos tiempos, ya no significa... nada...
—Si... si, exacto...
—Y ni siquiera fue un beso. Fue solo un pequeño roce de labios.
—En efecto.
—Nada de esto pasó.
—Claro. Solo fue una clase de actuación para la próxima vez.
—Si, como una practica.
—Así es.
—Si...
—Si...
Silencio.
—¡Hasta mañana, Ranma!
—¡Adiós!
De acuerdo. Estaban en terrenos peligrosos, y ahora más que nunca, debían olvidarse de los sentimientos que ya desbordaban. Fingirían que nada pasó, y que ese beso robado no significó algo profundo.
Aunque, ese sería el menor de sus males, porque muchas cosas comenzarían a complicarles la existencia.
Sanrio Puroland: Parque de atracciones temático de la marca Sanrio.
Macaroon: Personaje femenino de Sanrio. Un golden retriever esponjoso, amiga de Pompompurin.
Pompompurin: Personaje de Sanrio.
¡Hola a todos!
Por fin, después de un tiempo les traigo esta actualización. De verdad, perdonen la demora, pero anduve activa publicando otros fics. Que, por cierto, les hago autopromoción. Si no han leído Te besaré en el callejón, están en buen momento para hacerlo. Fue el fic que me acaparó por completo, y la buena noticia es que ya está finalizado, por lo que no sufrirán con las actualizaciones como en este.
Bueno, la verdad es que el capítulo estuvo intenso. Presten mucha atención, ya que en este di más pistas de cosas que van a suceder más adelante. Hablando de la escena del beso, me debatí mucho si ponerla, pues tal vez se sentiría algo apresurado. Pero en parte, la magia detrás de eso es confundir más a ambos y lograr un efecto más profundo en su relación. Creo que esto da pie a que su cercanía se amplifique. Este es el punto de no retorno para ellos, y aunque en los siguientes capítulos pareciera que no pasó nada, en realidad, si les hará eco.
Por otra parte, habrá drama familiar intenso en las siguientes actualizaciones. Y ni se imaginan quien está involucrado. Anticípenlo.
Dato curioso. Por si no lo habían notado, tomé prestados personajes del anime. Kana y Kotaro son los nombres del capitulo de La leyenda del panda. Y Satori pertenece al capítulo donde un niño llega al dojo y dice que puede leer la mente. Les voy a dar cierto protagonismo en la trama.
Por último, les agradezco todo el apoyo que me han brindado. No soy alguien que conteste los reviews, pero si que los leo, y de verdad me alegro mucho por cada cosa que me escriben. Aún si solo es un actualiza por favor, me sacan la mejor de las sonrisas, y me alimentan el alma. Lo mismo con lo favoritos y seguidos, los aprecio demasiado.
¡Que tengan un gran día!
Con amor, Sandy.
