Ranma 1/2 no me pertenece. Todos los derechos están reservados a su autor original, Rumiko Takahashi. Esta obra es escrita sin fines de lucro.
•••
Entre amores y karate.
•••
Capítulo 10.- Solo somos amigos.
•
•
•
Por todos los cielos. No entendía que pasaba. O bueno, quizá si lo hacía. El asunto, es que ahora mismo un traje le cubría el cuerpo entero. El smoking de color negro le parecía un poco sofocante, aunque nada era más incomodo que el tener a Akane, con un lindo vestido de noche y un maquillaje pulcro ahí, a su lado. No entendía que tenía que ver la vestimenta con la sesión fotográfica de una marca de golosinas pequeña. Solamente estaba seguro de que era la sesión fotográfica más extraña de su vida.
—¿Podrías abrazarla de forma cariñosa? Ya sabes, rodeando su cintura con tus brazos.
Las exigencias de ese fotógrafo le helaron la sangre. No había podido olvidar el pico que le propinó a Akane. Fue un tonto impulso, y tenía mucha suerte de que no perjudicara su relación de colegas, o amigos, o lo que sea que ahora fueran. Cómo pudo, hizo lo que le pidieron, aunque incómodo. Bueno, no era el único que se encontraba de esa forma, porque a juzgar por el sobresalto de Akane seguramente ella también no se sentía del todo bien haciendo todo eso. Aunque... Su cintura es muy pequeña. Y el perfume que lleva encima huele demasiado bien... ¡Vamos, concéntrate en la sesión! Deja de pensar cosas que no.
Akane hizo su cabeza a un lado, sintiendo como Ranma apoyaba su barbilla en ella. El estómago le dolió, pero no por una mala razón. Más bien, sintió algo diferente dentro de ella. Ya habían pasado dos semanas desde que ese pico había sido dado a ella, y después de aquello quiso hacer como que nada sucedió. Todo parecía ir viento en popa, porque ella pensaba que solo fue un roce de labios sin importancia. Pero estaba muy equivocada, porque ahora, una sensación extraña nacía dentro de ella, y no sabía como explicarlo. Los brazos de Ranma son cómodos, además, me agrada como me agarra. Huele bien, y... ¡Akane, deja de sentir esto!. Solo es una sesión fotográfica para este patrocinador. No te hagas ilusiones.
—¡No sean tímidos! ¡Sonrían!
El flash les cegó la vista. Pero nada pudo hacer para calmar a sus corazones que latían desbocados.
Vaya patrocinadores se habían conseguido.
•
•
•
Akari cargaba a un pequeño erizo que había sido llevado de emergencia a a veterinaria. Lo trasladaba hacia su pequeñita jaula, ya que se quedaría internado por un día en el hospital. Cuando llegó, miró como el chico nuevo se encontraba ahí, acariciando a uno de esos animalitos internados. Desde que fue contratado, apenas y había cruzado palabras con él. Ryoga siempre le decía que era un poco extraño ese muchacho, y que ella debería andarse con cuidado, porque no le daba confianza. Aunque creía que exageraba, porque se notaba que podía ser una persona amable.
—Ahm... Hola...— Saludó Akari un tanto cohibida.
El la miró extrañado, pero no dio nada más que un escueto saludo. —Hola.— Luego, retomó la labor de alimentar al pequeño gatito que le había sido encargado.
Con un poco de pena se acercó, mientras abría una de las jaulas destinadas a erizos. —¿Ese no es el gatito que intervinieron quirúrgicamente?— Preguntó, tratando de romper el hielo entre los dos.
—Si.
Depositó al erizo, y le acarició con lentitud. —Pobres de ellos. A veces, como humanos, nos olvidamos que los demás seres sienten dolor. Al igual que nosotros, su vida es corta, pero eso no debería significar que tengan que pasar por tanto sufrimiento. —Sonrió, dejando expuestos sus hoyuelos tan distintivos. Si no estuviese concentrada en su pequeño paciente, se habría dado cuenta de que ese chico quedó un poco descolocado ante ella. —Odio verlos en ese estado tan vulnerable, y por ello decidí estudiar veterinaria.
—Entonces...— La voz gruesa se hizo presente, llamando su atención. Volteó a verlo, mientras cerraba la jaula del erizo. —¿Tú también estás estudiando para ser medico veterinario?
—Si. No tiene mucho que llegué después de un intercambio, pero ya solo me queda un año y medio para terminar mi carrera por completo.— Se agachó a su altura, mirándolo con alegría porque por fin podía hablarle. Todo el tiempo estuvo actuando un poco esquivo con ella, pero lo de ahora ya se había convertido en un gran avance. —¿Y que hay de ti?
—También estudio medico veterinario.— Trató de contestar serio. Sin embargo, se hizo un poco hacia atrás cuando ella se acercó otro tanto.
—¡Asombroso! Me alegra saberlo. ¿Cuál es tu animal preferido?
Parpadeó. Pensó que ella tenía de novio al chico que se encargaba del almacén. Bueno, no es como si estuviese ligando con él. Nadie lo hacía. —Creo que los toros.
—¡Whoa! Yo adoro los cerditos. Son muy lindos y tiernos. De hecho, tenemos uno en casa. Se llama Katsunishiki.
—Vaya...
Akari sonrió de nuevo, con sus hoyuelos mostrándose sin pudor. —Espero que podamos ser buenos amigos, Taro.— Se levantó, y caminó hacia la salida. Pero antes de abandonar el lugar, volteó a verlo. —¡Los toros son geniales! Además, creo que pareces uno. Pueden ser malhumorados y un poco toscos, pero muchos de ellos tienen un gran corazón.
—¿Qué estás insinuando?
—Que sonrías más. Así serás un toro asombroso.— Salió de ahí, contenta por haber hecho un nuevo amigo.
Pero Taro... —¿Por que me he... sonrojado?
•
•
•
—Gracias por las fotos, muchachos. Con esto, les aseguro unas buenas ganancias.
El dueño de un negocio local de dulces había sido el primer patrocinador en contactarlos. No esperaban a los CEO de grandes empresas, así que este pequeño avance les emocionó bastante. O al menos así se sintieron, hasta que ese mismo día les hicieron la sesión fotográfica para promoción de unas nuevas golosinas que el local vendería. Ese señor parecía tan emocionado con la idea de Ranma y Akane siendo prometidos, que no dudó en ser uno de los patrocinadores del dojo. Llevó a su fotógrafo profesional y entre los dos se encargaron de ponerlos un poco incómodos con dicha sesión.
Akane asintió. —Me alegra que nos haya escogido. Es un honor tenerlo como patrocinador de nuestro dojo.
Aquél hombre, de apariencia regordeta y calva sonrió. —Al contrario. A mi me agradó mucho conocer su tierna historia. Mucha gente podría pensar que los matrimonios arreglados son anticuados, pero a mi y a mi esposa nos fascinan. Además, ¡mírense!— Les señaló con la palma de su mano. —Son tan compatibles. Una pareja muy adorable.
Ranma tomó a Akane de la cadera, mientras sonreía falsamente. —¿Verdad que sí? Aunque a veces se le pasa la mano y suele ser un poco bruta conmigo.
Akane también sonrió, pero a escondidas le soltó un ligero codazo. Una pequeña risa salió de ella, tratando de no mostrarse apenada ante el avance del chico. —Ranma solo bromea. Somos tan compatibles que considero su nivel de pelea igual al mío. Como si se tratara de una chica más.
¿Una chica más? Se pasó de la raya. —Yo también la considero igual a mi. A veces siento que estoy frente a un chico igual de masculino que yo...— Sintió un leve pisoteo en su pie, lo que hizo que ocultara su cabeza en el cuello de Akane. Eso había dolido.
—A veces eres un tontito.
El fotógrafo hizo una mueca tierna. —Ahora mismo se ven demasiado acaramelados. Es una lástima que no haya podido tomarles una foto besándose. Pero bueno, entiendo que la timidez les gana frente a una cámara.
—Si, es eso...— Murmuró el de trenza, levantando su cabeza y sonriendo amplio.
—Bien, nos retiramos. No se preocupen, conocemos la salida.
—¡Gracias! ¡Nos vemos pronto!— Despidió Akane, con la sonrisa más falsa que jamás haya puesto.
Ambos hombres desaparecieron de la vista de los dos chicos. Y tan pronto como eso pasó, Akane se soltó del agarre de Ranma, aunque muy en el fondo se arrepentía de aquella acción. Extrañamente pudo sentir que le hacía falta algo, lo cuál la asustó un poco más.
—¿Por qué me agarraste de sorpresa?— Preguntó un tanto nerviosa.
Ranma rascó su nuca, enrojeciendo de golpe. —Ahm, pues es que había que fingir, ya sabes...—En realidad, ni el sabía por qué lo hizo. Creo que fue un estúpido impulso... pero ahora... es como si quisiera volver a repetirlo...
—Ah... bueno, la próxima vez que vengan no será necesario que lo hagas.
Akane caminó hacia la mesita improvisada que construyeron para la sesión de fotos, y tomó la cajita de regalo que habían recibido. Leyó el reverso, encontrando las indicaciones de preparación y de conservación de los ingredientes.
Ranma le imitó, caminando hacia ella y leyendo a su espalda el pequeño texto. —Sakura mochi... ¿Por qué nos regalaría esto?
—Dijo que quería que probáramos uno de sus nuevos productos. Parece que quieren que la gente aprenda a hacerlos de forma casera, por lo que venderán estas cajitas.— Después la extendió al chico, entregándosela. —Como sea. Puedes quedártela tú.— Dijo, apartándose de ahí.
Un poco extrañado, le miró. —¿Y tú? ¿No quieres intentar prepararlos?
Ella negó. —No soy buena cocinando.— Luego, tomó entre sus manos la lista final de los participantes para el concurso. La habían terminado de armar desde hacia una semana, pero ese mismo día ella iría personalmente a entregársela al tío de Shinnosuke.
—No te creo. A menos que seas una bruja que le pone hechizos, claro.— Intentó bromear con ella. A medida que los días pasaban, la tensión entre los dos aumentaba. Después de aquél extraño pico que se dieron, dijeron que simplemente fue un beso sencillo y que el asunto debía relegarse a segundo plano. No significaba nada para ninguno, o eso es lo que trataban de repetirse en sus tercas cabezas.
—Pues es la verdad.— Le entregó una copia de la lista. —Hoy iré a entregarla. Te doy la copia en caso de que la necesitemos.
La tomó, rozando los dedos de las manos de Akane sin querer. Este pequeño gesto hizo que ambos dieran un sobresalto, pero no apartaron sus manos. Sus ojos se fijaron únicamente en sus dedos que chocaban, pensando en el pequeño beso del otro día. Sin querer hacerlo realmente, Ranma fue el primero en deshacer el roce, y cohibido le soltó una frase un tanto extraña.
—No creo que seas mala cocinera. Pe... pero yo... bueno, quisiera...— Se dio la vuelta, porque tenía miedo de enfrentar a Akane. Lo que iba a decir lo sentía de corazón, y le abrumaba en demasía. —Algún día... quisiera probar que tan mala cocinando eres... Aunque no creo que sea así. Quizá, un pequeño bento... o algo por el estilo.
Los ojos de Akane temblaron por lo sincero que sonó. Estos pequeños detalles la confundían demasiado. Le estaba confesando a ella que le gustaría una comida preparada especialmente para él. Carraspeó, y tragó saliva mientras tomaba la lista firmemente. —Tal vez pueda hacerlo alguna vez.
Ranma giró levemente su rostro, mirándola de reojo. El vestido para esa sesión fotográfica le quedaba precioso. Era sencillo, de corte amplio en la falda y mangas caídas. Absolutamente adorable. —Solo si tu... si tu quieres... No tiene que ser un banquete entero.
Miró hacia abajo, balanceando sus pies. —Si, ahm... es decir... claro. Algún día te...te prepararé algo.— Akane suspiró. —Bien... será mejor que me apresure. Esto tengo que entregarlo lo más pronto posible.— Giró su cuerpo y comenzó a caminar a la salida del dojo, con sus pequeños tacones de aguja repiqueteando. Antes de abandonar la sala, se detuvo. —Te veo el lunes. Descansa.
Los pasos se escucharon alejándose, y cuando ella ya no estuvo ahí, Ranma miró hacia la puerta. Luchar contra sus sentimientos no parecía estar resultando para nada. Al contrario, entre más los reprimía, más se acrecentaban.
—Dios... no está funcionando.— Miró hacia la cajita que ella le regaló. Era una preparación especial de sakura mochi. A pesar de que los cerezos ya se encontraban sin flores seguía viendo los pétalos en el cielo. Al mirar a Akane, a veces podía sentir la brisa del viento arrastrando aquellas partículas rosadas hacia ambos. Cómo si estuviesen conectados por los cerezos. No olvidaba el día de la floración, cuando ella le tocó el brazo, fingiendo ser una cita en ese día. Fue la primera vez en la que su corazón latió muy rápido por una chica.
Suspiró, mientras se recargaba en el muro del dojo. Recordó lo que Ryoga le contó en aquella fecha.
—Algún día, quiero tener a alguien que mire los cerezos junto a mí.
Akane representaba a un cerezo. Fino, delicado y grácil. A Ranma le gustaban los cerezos desde niño, también solía contemplarlos desde su habitación en Kyoto. Ahora, las palabras de su amigo hacían eco en él, porque parecía ser que ya había encontrado a alguien con quien quisiera mirarlos.
—De acuerdo, no puedo mentirme a mí mismo. Si me gusta, y mucho. Pero... ella parece indiferente hacia mí. Además, está ese imbécil de Shinnosuke. En fin. No haré nada por ahora. Si no veo señal alguna, creo que lo mejor será que entierre lo que ya siento, antes de salir... lastimado.
•
•
•
Ukyo se encontraba sentada en aquella banca del parque cercano a su negocio. Miraba el paisaje, con las personas aún pasando por ese lugar. Movía el pie impaciente, ya que ninguno de los dos se dignaba a decir algo. A su lado, Shinnosuke también contemplaba en silencio el pasar del tiempo. Llevaban así un buen rato porque ninguno se atrevía a decir lo que quería. Ukyo, harta de eso, decidió comenzar la charla.
—Shinnosuke, te agradezco mucho por el tiempo que estuvimos juntos. Hay algo que necesito que sepas.
—Yo también debo decirte algo. La verdad es que... descubrí que hay alguien que me gusta.
Ukyo sonrió. —Quédate tranquilo. A mi también me gusta alguien más.
El peso en sus hombros se desvaneció. Esa pizca de remordimiento que le había asaltado por decir lo que tenía que decir dejó de existir. —Vaya... ¿Es Saotome?
La castaña negó. —Es Ryoga. Cuando éramos más jóvenes, me gustaba Ranma. Mucho, tanto que insistí por demasiado tiempo en ser algo más. Él accedió, pero no duramos más que dos meses. Después de que terminó conmigo, estuve con Ryoga. Pero era para darle celos.
—Déjame adivinar, no funcionó.
—No. Eso terminó con nuestra amistad, por lo que me separé de ellos. Ahora que he vuelto a verlos, pensé en retomar la conquista hacia Ranma. Pero, al volver a ver a Ryoga quedé afectada. De cierta forma, saber que está saliendo con alguien más me hizo darme cuenta de que no valoré lo que él me ofrecía. Me arrepentí de no hacerle caso antes.
Shinnosuke soltó una pequeña risa irónica. —Ukyo, yo también me di cuenta de que me gusta Akane.— Una pequeña piedra estaba debajo de su zapato. Se agachó, tomándola entre sus manos y comenzó a lanzarla al aire. —Akane es mi mejor amiga desde niños. Nunca la vi diferente, pero me pasó lo mismo que a ti con Hibiki. Ahora no dejo de pensar en ella. Además, presiento que eso de compromiso con Saotome es falso.— Lanzó la roca hacia el bote de basura frente a ellos. —Estoy decidido a luchar por Akane.
—Somos iguales, pero ni eso evita la ruptura.
Ambos se levantaron, y giraron quedando uno frente al otro. Sonrieron tranquilos, pues ahora ambos sabían los motivos de su fallida relación.
—Ukyo, cuídate. Espero puedas lograrlo.
—Gracias, Shinnosuke.— Tocó el hombro del chico. —Yo... la verdad es que no creo que sea tan falso lo que sucede entre Ranma y Tendo. Se les nota muy unidos. Pero, aún así, insiste.
Asintió, y luego de ello, emprendió el camino a casa, despidiéndose de una etapa para darle la bienvenida a un nuevo objetivo.
•
•
•
—Gracias por recibirme, señor Ueda.
Akane miraba la oficina de ese hombre tan amable con admiración. No esperaba que el tío de Shinnosuke fuese alguien de mucho dinero. En realidad, ni siquiera sabía de su existencia. Cuando se enteró durante el baile, no pudo evitar sentirse un poco extraña con aquello. No culpaba a Shinnosuke porque entendía que él tampoco conocía de ese asunto, pero esto le dio pie para pensar que quizá había algunos secretos que ella desconocía de su mejor amigo.
—No te preocupes, pequeña.— Le tendió una taza de té. —Sé de la amistad que sostienes con mi sobrino, Shinnosuke.
La chica bebió un trago de su taza, asintiendo. —Si. Somos mejores amigos desde pequeños.
Sonrió. —Vaya. Mi padre me contó que ambos son muy cercanos, pero no sabía que tanto.
—Si, lo somos. Pero...— Aseguró Akane, aunque últimamente parecía lo contrario. Cuando olvidó sus sentimientos por él, pareció como si ella mágicamente se distanciara un poco de él. Y por más anormal que pareciera, ahora sentía una conexión diferente con su amigo. —Ahm, bueno... como vamos en distintas carreras ya no nos vemos tan seguido.
—Puedo comprender aquello.— Se levantó, mientras guardaba la lista que Akane le entregó en una carpeta especial para el torneo. —Mi difunto hermano tenía la intención de entrenar a mi sobrino para ser artista marcial.
—¿De verdad?— Soltó impresionada de escuchar sobre el padre de Shinnosuke.
—Pero ahora, tengo entendido que Shinnosuke estudia artes.
—Si. Así es. Es muy bueno en lo que hace. He podido ver algunos de los cuadros que ha pintado. Son bellos.
—Tú estudias karate profesional, ¿No es así?
Asintió. —Ranma y yo estudiamos lo mismo.— Se mordió la lengua. No entendía por qué debía mencionarlo a él, ya que no entraba en la conversación.
—¿Ranma? ¡Ah, ya recuerdo! Tu socio y prometido.— Carcajeó un poco, tomando asiento nuevamente frente a la chica.
Que otra persona ajena a ella mencionara la palabra con naturalidad provocó que sus mariposas en el estómago revolotearan. Sus mejillas se sonrojaron, y tomó otro sorbo del té. —Si. Si... mi... prometido.
—No pude hacerlo antes, pero les doy mis más sinceras felicitaciones. Aunque he de decir que mi padre no estaba muy contento con la noticia.
—¿Eh?— Le miró extrañada. ¿El abuelo de Shinnosuke no estaría de acuerdo con aquello? —¿A que se...?
Tocaron la puerta del despacho, interrumpiendo la afable conversación. Cuando el señor Ueda dijo que podían pasar, las puertas se abrieron, revelando a un visitante inusual para Akane.
Ryutaro Kumon entraba con su típica aura fanfarrona, pero que aparentaba amabilidad. Su traje impecable solamente contrastaba con la vestimenta relajada de Akane. En cuanto la mirada de ese sujeto chocó contra la de ella, Akane pudo sentir cierta inquietud. Era muy temprano para decirlo, pero había algo en el hombre frente a ellos que no le agradaba.
—Perdón la interrupción.— Realizó una pronunciada reverencia. —Un gusto, señorita. Soy el representante del dojo Kumon, Ryutaro.
Akane le imitó con algo de timidez. —Soy Tendo Akane. La hija del señor Soun.
El señor Ueda sonrió, acercándose al hombre y saludándolo con efusividad. —Que bueno que ha llegado.
—Vine a entregar la lista de los participantes de mi dojo.
Ueda tomó el papel entre sus manos, leyendo cuidadosamente. Su gesto de sorpresa se hizo presente. —¿Solo dos personas?
Asintió confiado. —Las categorías que nos interesan son las más grandes. Mi hijo Ryu competirá. Además, en mis filas tengo a la muchacha que traje de China.
Akane sintió un mal presentimiento. Sabía que ambos competirían, pero algo había en aquél detalle que no le agradaba para nada. Quizá se debía al hecho de que Ryu no se llevaba bien con Ranma, y que Xian Pu prácticamente ya no parecía querer ser su amiga. Del hijo de ese hombre no sabía si temer, pero de la otra chica podía esperar lo peor.
—Vaya, que interesante...
—Señorita Tendo.— La chica miró con atención al hombre. —Parece que estamos interesados en las mismas categorías. Espero que estén preparándose adecuadamente.
No sonrió. Simplemente se adelantó un poco hacia él, manteniendo el gesto neutro. —Si. En realidad, queremos abarcar las categorías infantiles, juveniles y adultas. Pero confío en que todos los que vamos a competir mantendremos un buen nivel de pelea.
—Me alegra escuchar eso. Sería una pena que su equipo termine perdiendo a un integrante. Debería cuidarlos bien, porque en este torneo hay muchas personas que codician a otros luchadores más fuertes.
Asintió. Miró fugazmente a ambos hombres, y se inclinó respetuosa. —Debo retirarme. Hasta luego, un gusto en verlos.
Akane caminó con velocidad hasta abandonar la casa del señor Ueda. Algo en esa oración le produjo escalofríos. Como si el señor Kumon planeara algo. Debían ser cuidadosos, porque probablemente los problemas estaban a punto de comenzar.
•
•
•
Xian Pu entraba a la tienda de mochi que tanto había visto anunciado durante muchos días. Según las últimas reseñas del lugar, vendían una muy buena receta que parecía ser adquirida por muchas chicas. Al parecer, se trataba de un nuevo producto que sacaron recién a la venta, así que no tenía nada que perder.
Caminaba, bamboleando su faldita tableada de color rosa. Normalmente despertaba la envidia de muchas chicas por su manera tan descarada de ser. En la aldea amazona, era la mejor guerrera, además de la más pretendida por los hombres del lugar. No por nada tenia detrás a ese chico, Mu-Tzu. Claro que, al llegar a Japón también notó que muchos hombres le miraban con deseo.
Lastima que el que ella quería no parecía reaccionar a sus encantos.
—Buen día. Quisiera probar los sakura mochi.— Habló, señalando al mostrador.
Aquella señora amable sonrió, sacando la cajita con esmero. —Este producto es muy solicitado. Te muestra si el chico que quieres conquistar es para ti.
Xian Pu colocó una sonrisilla traviesa. —Hay uno que me encanta. Deseo saber si es mi destino.
—Entonces te servirá bastante bien.
Tendió el dinero, y salió de aquél lugar con mucha confianza. Lástima que no miró lo que llevaba el esposo de la dueña del local. Unas fotos de ambos prometidos ya habían sido impresas de forma inmediata, por lo que las nuevas caras se encargarían de llevar muchas ganancias al par de esposos. De haber mirado esas fotografías, Troya estaría ardiendo en ese mismo instante.
•
•
•
Ya era un lunes, por lo que estaba lista para sorprender a Ranma. Los pequeños pastelitos en su refractario se veían apetitosos. Si ella no supiera que tenían, seguramente se habría comido alguno. Llegó hacia las afueras de la universidad, y espero a que salieran. Cuando los divisó, corrió hacia ellos.
—¡Hola!— Saludó efusiva. Se acercó con coquetería hacia el de trenza, y casi se restriega en él, sin importarle si estaba Akane ahí u otras personas.
Ranma no supo que hacer. Solamente atinó a ser abrazado fuertemente. —Xian Pu...— Miró hacia los lados, comprobando que nadie les veía. Nadie, salvo Akane.
Akane frunció el ceño, mientras que sentía como los celos la inundaban. Su aura creció, y no era para menos. Se supone el idiota tenía reflejos para prevenir cualquier ataque dirigido hacia él, entonces, ¿Por qué no podía evitar que aquella intrusa se le restregara?
—Traje pastelillos, ¿quieres probarlos?
—Es que... yo...
—Anda, Ranma.— Soltó ácidamente la de ojos color avellana. —Es más, por mí, quédate con ella. Se ve que la pasas bien junto a Xian Pu.— Se dio a la fuga, dejando solo al joven, quien intentaba soltarse del agarre de la chica.
—Xian Pu... suéltame...
—Estos pastelillos nos van a unir, Ranma.— Su rostro fue restregado en el pecho del chico, provocando unos escalofríos en él. Pero no agradables, más bien, eran equiparados a cuando comes algo podrido. —Si salen pétalos de cerezo, significa que estamos destinados a ser uno mismo.
—¿Que...? ¿De que me estás hablando?— Preguntó asustado. Le daba mala espina la chica.
—Si sale una cruz, es porque no pasará nada entre nosotros. Pero es completamente falso, porque sé que estamos destinados.— Dijo abatiendo sus pestañas de manera coqueta.
Logró soltarse de ella, y comenzó a correr en dirección hacia la salida de la escuela. Atravesó el umbral, cruzando rápidamente la calle. Sin embargo, ya no alcanzó el autobús. Akane se había ido, y ahora el quedaba completamente solo, a merced de una demente como Xian Pu.
—¡Ranma, espera!
—Debo huir.
Corrió lo más que pudo, tratando de despistar a la loca.
•
•
•
Martes...
—¡Ranma, ven aquí!— Gritó desesperada, corriendo detrás del joven.
Lo perseguía por los pasillos de la universidad, intentando alcanzarle. Era una pena que no lo lograse, pues parecía que competía con una especie de cheetah humano. Lanzó un bocadillo, el cual cayó al suelo y logró que un estudiante que pasaba cerca del lugar se resbalara.
Uno de esos aperitivos cayó en la boca de otro, quien se atragantó con el postrecito. Y, bueno... Akane tomó la dirección contraria hacia ellos, muriendo de vergüenza por la escena tan patética que montaban esos dos.
•
•
•
Miércoles...
—¡Déjame en paz!
—¡Ven aquí!
—Vaya pedazos de estúpidos.— Murmuró Akane, mirándolos correr por los alrededores de la universidad.
A su lado, Yuka y Sayuri negaban con desaprobación. Ya estaban al tanto de quien era la muchacha que perseguía con desesperación al de trenza. No entendían por qué se tenía que rebajar a ese nivel, cuando sabía perfectamente que él ya estaba comprometido con Akane. Claro que, a pesar de que Ranma huía, para ellas no era suficiente.
•
•
•
Jueves...
—¡Ya! ¡Xian Pu!— Saltaba ágil entre cada juego del parque cercano a la universidad. ¿Es que acaso no se cansaba de ser insistente?
—¡Ven acá! ¡Te van a gustar!— Gritó con el malhumor en su voz.
Akane no decía nada. Solamente suspiraba, resignada a no tener una semana tranquila. Al menos ya no le estaba acosando en la escuela, donde todo mundo soltaba habladurías sobre que Ranma le era infiel. O sobre que el pobre tenía mala suerte de poseer a una loca psicópata obsesionada por él.
•
•
•
Ukyo llevaba una orden de okonomiyaki especial para la mansión de los Kumon. Cuando arribó al lugar, debía decir que se impresionó al ver la exuberante mansión frente a ella. ¿Por que una familia tan adinerada como esa podría pedir una simple orden de esa comida callejera? Era un misterio. A pesar de no creer su suerte, tocó el timbre para anunciarse. No pasaron más que cinco segundos, cuando una criada salió en su búsqueda. Le abrieron la puerta y le indicaron hacia donde dirigirse.
Caminó hasta la cocina, depositando la orden de comida en la mesa del servicio. Miró cada rincón de ese lugar. Esa cocina era más gigantesca que su propio cuarto rentado, cosa muy absurda para ella.
—Gracias, señorita. Nosotras nos encargaremos de servir el platillo.— Anunció una criada que estaba presente.
Ukyo asintió. —Antes de retirarme, ¿Podría pasar al servicio?
—Claro. En el segundo piso está el sanitario de visitas. Con gusto puede pasar ahí mismo.
—Muchas gracias.
Caminó hacia donde le indicaron, mirando por todo el pasillo estrecho. En realidad, había muchos cuartos en el lugar. Caminó hasta encontrar el sanitario. Una vez que terminó lo que debía hacer, salió para retirarse de la mansión, cuando escuchó una plática en la oficina cercana a ella. No le iba a dar importancia, si no fuese porque cierta charla arrojó una información sumamente importante para ella. Se acercó lo más que pudo, tratando de ver en la puerta entreabierta todo.
—Entonces, señor Mashida, cuénteme. ¿Ha encontrado algo sobre la hija perdida de mi padre?
—Señor Kumon, traté de buscar más información, pero no he tenido algo concreto.
—Tengo sospechas de que la esposa del señor Tendo es la hija perdida. Hasta donde pude investigar, ella no tiene padre.
Ukyo paró aun más el oído.
—No es una información segura, pero puedo indagar.
—Confío en usted. Necesito encontrarla lo más pronto posible. En caso de ser ella, tengo que convencerla de que me de su parte de la herencia. Las técnicas que mi padre desarrolló nos pueden funcionar para el torneo.
—¿Cómo se llama la señora?
—Naoko Tendo.
—Perfecto. Investigaré todo lo que pueda sobre ella, y en cuanto tenga un resultado claro se lo haré saber.
Ukyo se alejó cuando una criada se acercaba al pasillo. Salió de la mansión, recordando lo que escuchó durante su ida al mercado. Atando los cabos, pudo deducir que entonces la madre de Akane Tendo era esa mujer. Además, la señora se encontraba enferma, por lo que una noticia de esa magnitud podría perjudicarla, en vez de ayudarla. Una sonrisa maquiavélica se formó en su rostro, mientras caminaba dando saltitos.
Ya tenía el arma para poder recuperar a Ryoga. Akari Unryu se las vería con ella, y aprendería a no entrometerse con ella.
—Te voy a recuperar, Ryoga. Ya lo verás.
•
•
•
—¿Qué te ocurre, niño?— Preguntó Ryu mientras caminaba junto al pequeño Satori. Desde que se habían conocido, solían verse por las mañanas. Al parecer, tomaban la misma ruta, así que no había nada que temer. Sonaba extraño, pero para Ryu, conocer a ese pequeño le supuso una nueva amistad. Le agradaba la sensación de llevarse bien con alguien, y que además, ese alguien no fuese mala influencia para él.
A Satori le ocurría lo mismo. Si tenía amigos en la escuela, pero con ninguno podía abrirse de esa forma tan intima como lo hacía con ese adulto. Tenía doce años, y aún así, prefería hablar de artes marciales con una persona mucho más grande. —Nada...— Negó sonriendo.
—Ese nada no me engaña.— Dio una calada a su cigarro. —Déjame adivinar, ¿es una chica?
Se detuvo de golpe. Enrojeció por completo, y se abalanzó a golpear a Ryu con mucha fuerza. —¡Cállate! ¡Cállate! ¡Que puede pasar en cualquier momento por aquí!
Los golpes no le dolían. Sin embargo, su risa salió de forma espontánea. —Cómo olvidar la primera vez que me fijé en una chica.
—¡Que te calles!
—Vamos a ver... ¿Es de tu escuela?— Preguntó juguetón. No podía negarlo, le divertía ese mocoso. Las mañanas junto a él se pasaban como agua, y le suponían una fuente de alegría inmensa. No es que antes no fuese feliz, pero ahora, tener una compañía distinta a la de su mansión parecía refrescante.
Negó. —Es que... es bochornoso.
—¡Deja el misterio!
—¡Es mi sensei!
—Ahhhhh ya veo... Así iniciamos todos. Una adulta es nuestra primer...— Iba a decir algo inapropiado, por lo que optó por callar. Si lo decía, el pobre Satori se desmayaría. —Olvídalo. ¿Y por que ella? ¿Por que no una niña de tu misma edad?
—Es que... sensei es muy linda.— Miró con ensoñación hacia el cielo. —Cuando sonríe, parece que todo se ilumina.
Ryu rodó los ojos. —Puaj. Que cursi.
—¡Pero ella parece que tiene novio! ¡Aunque siento que son novios de mentira!— Cruzó sus brazos, aparentemente molesto. —Se ve que no la quiere. Solo la molesta. Y ella no merece eso.
Tiró el cigarrillo en la acera, y lo pisoteó para apagarlo. —Niño, las relaciones entre los adultos son complicadas. Además, aún eres muy pequeño. Tu sensei no te mirará con otro tipo de intenciones porque aún tienes doce años.
—¡¿Pero que hago si me gusta mucho?!
—Espera a que cumplas la mayoría de edad. Luego ya le propones matrimonio, o lo que sea que quieras.
Entrecerró los ojos, mirándolo con molestia. —Ya veo por qué no tienes novia.
—¿Qué dijiste?
Satori le golpeó el brazo de forma amistosa. Aunque sus diferencias de estaturas eran un poco notables, Satori ya crecía con cada día que pasaba. No se le dificultaba tratarse de esa forma con Ryu. Nunca antes se sintió tan libre como para comportarse de esa manera con un adulto. Y le agradaba.
—Que deberías tener una novia. Te hace falta.
—Mis hormonas están bien, señor me gustan las mujeres mayores.
—Ya verás. Cuando crezca, lograré conquistar a mi sensei. Si no es que lo hago de una buena vez.
—Ja, ja. Tonto.
—Idiota.
—Estúpido.
—Amargado.
—Lento.— Comenzó a correr, siendo perseguido por Satori.
•
•
•
Viernes. Un día para descansar. La semana se les había hecho pesada gracias a cierta chica de origen chino que insistía en que él comiese quien sabe que cosa. Aparentemente resultaba ser un hechizo, o algo por el estilo. De una cosa estaban seguros, y es que Xian Pu era muy persistente. Lo bueno, es que hasta ese momento no apareció.
Ranma suspiró de alivio cuando salieron de la universidad juntos, ya que en la parada del autobús no había rastros de la molesta plaga que resultaba ser esa chica. Ni siquiera Ukyo se acercaba a ese grado de obsesiva. Y cuando tomaron el transporte, el trayecto se sintió como un día de spa. Al menos iban en completa tranquilidad, muy inusual entre los dos, porque las bromas no estaban ahí, presentes.
Bajaron del autobús, y caminaron en completa tranquilidad. Que libertad el no contar con la molesta presencia de esa chinche. Así la empezaba a considerar Ranma, como una plaga que simplemente no se despegaba por completo de él. Lo peor, es que no entendía el porque, si no se consideraba un joven demasiado apuesto. A menos que si lo fuera. Comenzó a reírse en tono bajo, logrando que Akane le mirara interrogante.
—¿Qué diablos te ocurre?— Preguntó ella, realmente sacada de onda.
Negó. —Soy guapo. Es por eso que Xian Pu no se me despega para nada.
Akane rodó los ojos. —Eres un idiota. Ella está obsesionada y además...— Colocó su dedo cerca de la oreja, y lo hizo girar. —Es una psicópata. Mira que fijarse en ti.
—Con que a esas vamos, ¿eh?— Sacó la lengua. —En realidad, los verdaderos psicópatas se fijan en chicas con hormonas masculinas.
Iba a golpearlo, cuando una silueta muy conocida se manifestó.
Siempre tenía que aparecer cuando menos lo esperaban.
Ranma no pudo hacer nada frente a la desesperada manera en la que fue sostenido. Sintió los brazos femeninos aferrándose a su cuello, y tan pronto como olió el perfume de jazmín, entendió que se trataba de Xian Pu. Tampoco logró que su cuerpo respondiera, porque todo pasó muy rápido, casi a la misma velocidad de la luz. Debería haberle dado vergüenza que sus reflejos se ausentaron, porque también su boca fue abierta por las dos manos delicadas.
Un pastelillo fue introducido, y lo único que pudo hacer fue tragar el alimento para no ahogarse. Frente a ellos, una asombrada Akane les miraba sin entender. La chica china poseía una velocidad tremenda, y era demasiado sigilosa. Podría parecer una kunoichi de la era moderna. ¿Cómo salió Xian Pu? ¿Acaso se había ocultado en alguna coladera cercana, o algo así?
—¡Aiyaaa!— Aterrizó en el suelo, moviendo su largo pelo con gracia. Sonrió feliz ante su cometido logrado, esperando el resultado de aquél hechizo. Estaba segura de que todo saldría bien, porque se trataba de ella.
Ranma se había volteado, ocultando su rostro de las dos chicas. Aún sentía las lagrimas saliendo de sus ojos, y la sensación de ahogarse con un alimento. ¿Lo quería matar o algo por el estilo?
Akane se acercó a Xian Pu, y le arrebató los postres. Luego, los tiró al suelo, pisándolos. —¿Qué diablos te ocurre? ¡Podrías haberlo asfixiado!
—¿Celosa?
—¡Ni de chiste!
Xian Pu le dio la vuelta a Akane, con las manos en la espalda. —Eso que comió me dará la razón. Tú no deberías de ser su prometida. Su destino soy yo.
—¿De que diantres hablas?— Cruzó sus brazos, molesta por tanto misterio que guardaba esa chica. Desde el día lunes que no entendía que demonios quería lograr con eso.
—Ranma, querido, puedes darte la vuelta.— Exigió la china, con su vocecita chillona. La emoción en sus pupilas era bastante obvia. Esperaba un gran resultado.
El de trenza giró de poco a poco, hasta que se reveló su rostro. Un gran manchón negro surcaba toda su cara, formando una especie de cruz. Parecía un tatuaje, de esos que salen mal y que te dejan con poca dignidad. Ranma se pasó la mano, limpiando lo que se le haya formado. Una tinta de color negro salió de su mano, y él simplemente sintió alivio.
Xian Pu, por el contrario, se ofuscó. Caminó hacia el, y pasó el dedo por la cara del chico. No había funcionado de la mejor forma.
—¡No puede ser!— Exclamó ella.
Akane no entendía nada. —¡¿Que ha pasado?!
—Salió una marca negativa.
—¿Y eso que significa?
—Bien...— Se lo iba a explicar, pero algo le interrumpió.
Xian Pu se acercó a Akane, con mucha calma. Pero sus ojos la fulminaban por completo. Parecía querer destazarla en trocitos, y eso es lo que haría. Cuando la tuvo cerca, tomó las mejillas de la de pelo corto, y le dio un beso ahí mismo. No se apartó tanto, sin embargo, la poca distancia que quedaba entre ellas solamente aumentaba la tensión.
—Ese es el beso de la muerte. En mi tribu, eso significa que terminaré contigo.
—¿Eh?
Xian Pu se adelantó, y comenzó a atacar a puñetazos a Akane. La de pelo corto esquivó lo que pudo, sin embargo, la velocidad de la china resultaba más que impresionante. Cada golpe tenía el propósito de lastimarla, y lo hubiese logrado, de no ser porque Ranma se interpuso, tomando la muñeca de la joven y deteniendo el ataque.
—Ranma... quita tus manos de mi.— Amenazó Xian Pu. La vivaracha joven se veía sustituida por una mujer llena de venganza.
—No.— Lo dio tan serio, tan frío, que eso solo acrecentó el pesar de ella.
—Ranma...— Murmuró Akane, atónita. ¿Qué está pasando?
—Dije, que te quites.
—Akane, eso que viste es una cruz. Significa que Xian Pu no es mi destino. Lo que me dio a comer fue un mochi mágico que le permite saber si soy su persona destinada.
—¿De verdad?
Xian Pu se removió con dolor, librándose del agarre de Ranma. Por primera vez en mucho tiempo, le odió. —Las amazonas también tenemos otra regla. Si atacamos a un hombre, y este hombre nos gana, entonces podemos comprometernos con él.— Sonrió malévola.
Se aproximó para atacar al chico, aunque este último fue más rápido. Tomó a Akane sin pensarlo, y la elevó para cargarla. Saltó junto con ella, logrando esquivar el ataque de la china. Llegó hacia un tejado cercano, y se paró en él. Desde esa altura, miró a Xian Pu con molestia. De verdad ya la detestaba con todas sus fuerzas.
—Deja en paz a Akane. Si le haces algo, te las verás conmigo.— Soltó furibundo. No permitiría que le hiciera daño a ella.
Akane sintió un vuelco dentro de su corazón. Ranma sonó muy seguro de si mismo, y no solo eso. También la defendió del posible daño que sufriría, y amenazó a Xian Pu.
—Bien... ¡Escúchenme, los dos! ¡Haré que Ranma sea mío! ¡Y te derrotaré, Akane! ¡Lo prometo!
No le permitió que siguiera. Ranma se fue de ahí, con Akane en brazos y la peor de las iras.
Mientras que Xian Pu sintió el corazón partiéndose en dos. No dejaría pasar su promesa en vano. Lo que ella quería, lo obtenía.
•
•
•
Miró los documentos extendidos en su escritorio. Ese mismo día había recibido, por fin, el poderoso contrato que podría asegurarle una gran victoria en el torneo. La amenaza hacia la chica Tendo era solo el comienzo.
Leyó las clausulas de nueva cuenta, comprobando que las cantidades ofrecidas realmente valieran la pena.
No es que no confiara en su hijo, ni en la nueva adquisición que recibió de China. Simplemente era un tipo codicioso, alguien que podría darse el lujo de ser competitivo. Al menos, el contar con el apoyo del señor Ueda significaba un incentivo extra para seguir adelante con lo estipulado.
Nadie se podría resistir ante la cifra exorbitante que el papel dictaba. Si lo hacían, es porque estaban completamente locos.
Dejó el sobre con el documento, y examinó la carpeta que el investigador privado le entregó horas antes. Al parecer, la señora Tendo si tenía un padre de origen desconocido. Alguien que no la reconoció como su hija. Pobre, pero eso podría cambiar para ella.
Ryutaro Kumon no se rendiría. Todo lo que quería, lo conseguía.
•
•
•
Ranma llegó al parque más cercano a la universidad, con Akane aun en sus brazos. Aterrizó en el pavimento, sintiéndose realmente abrumado por toda la situación. La joven china dejó en claro que lucharía por honor, lo que significaba que seguramente intentaría dañar a Akane. Eso se volvía sumamente peligroso, porque entonces ella tendría que aumentar su destreza en combate para impedir que aquello sucediera.
Akane, por su parte, no entendía nada. La preocupación ante la amenaza de Xian Pu fue grande. Y debería estar conmocionada por aquello. A pesar del problema, en ese mismo instante, no dejaba de sentirse un poco reconfortada. No esperaba que Ranma la defendiera, ni mucho menos que la cargara para llevarla a un lugar cercano.
—¿Estás bien, Akane?— Preguntó suavemente a la chica, mientras la seguía cargando como una novia fiel. Tenia la suerte de que no hubiese gente a los alrededores, de lo contrario, todo se volvería mucho mas bochornoso de lo que ya estaba siendo.
Asintió con parsimonia. Su corazón se aceleró un poco, notando la forma tan firme y delicada en como la agarraba. —Si... estoy...bien...
—Espero que hayas entendido lo que pasaba con esos pastelillos.
—Si, descuida. Ya entendí.
Ambos se encontraban estáticos, sin saber que hacer o que decir. La suave brisa primaveral les golpeaba fuertemente, lo que acrecentaba la calidez dentro de los dos. Finalmente, Ranma comenzó a bajar con lentitud a la joven, quien le ayudó con la tarea. Cuando por fin tocó el suelo, Akane se hizo unos dos pasos haca atrás, acomodando su mochila que quedaba colgando del hombro. Comprobó que todo estuviese en orden.
—Oh...— Tomó su llavero de Pompompurin, el cuál tenía una pequeñita abertura. —No...— Un mohín se presentó en su rostro.
Ranma miró el mismo llavero, notando como el relleno se salía de la abertura. —Creo que Xian Pu le hizo eso a tu llavero.
—¡Es que este llavero es especial Me lo regaló Shinnosuke por mi cumpleaños.
Puso sus manos en la cadera, desviando su rostro. Rodó los ojos, y por dentro maldijo. Shinnosuke esto, Shinnosuke lo otro. Ahora resulta que ese mismo llavero se lo regaló el idiota ese. —¿Tanto berrinche haces por un maldito llavero sin importancia?
Lo miró mal. —¿Sin importancia? ¿Acaso nunca te han regalado algo tan valioso como esto?
—¡Que si, tonta! ¡Pero es un simple llavero!
—¡Es Pompompurin! ¡Mi personaje favorito de Sanrio!— Akane cruzó los brazos, frunciendo el ceño. —Pero claro. Es obvio que cuando saliste con Xian Pu al parque debiste de regalarle uno como este.— Los celos le salían a flote tan naturales. A pesar de que intentara reprimirlos, no podía.
Vaya que era celosa.—¡Que no! ¡Ya te había dicho que nada pasó! Es más, su personaje favorito es Hello Kitty. Odio a los gatos. En realidad, Pompompurin es lindo y tierno. Los perritos me simpatizan mucho. Tú pareces uno porque tus ojos se ven como los de un cachorrito, y...— Se detuvo al notar como Akane le miraba. De nuevo esa mirada tan dulce, apacible. —Es... quiero decir...— Se dio la vuelta, sin querer enfrentarla. No tenía la fuerza para hacerlo, porque se sentía débil ante ella.
—Ranma...— Mucha gente podría haberse sentido mal al ser comparada con un perrito. Pero para ella significaba algo más. Sabía que odiaba a los gatos, lo supo desde el momento en que casi se besan. Es por eso que, secretamente, prefería que la viera como un perrito. Tragó saliva, intentando acercarse al chico. Estiró su brazo, y con el dedo picó suavemente su hombro.
Ranma volteó, y casi se le sale el corazón. La sonrisa que tanto le estaba gustando se mostraba ahí, frente a él. Era demasiado.
—Aka...ne...
—Gracias por ayudarme con Xian Pu.— Agachó la mirada. —Creo que... necesito practicar más. Su amenaza no es en vano. Sé que tratará de herirme, y que quiere que pierda en el torneo. Pero yo... no me dejaré vencer.— Levantó el rostro, con dignidad.
Ranma asintió, controlando lo más que pudiera la incesante ansiedad. —Prometo que, en algún momento te compraré otro llavero de esos.
Otro llavero para ella. Aquello la descolocó tanto, que se volteó, dándole la espalda. —Si, gracias... yo... debo irme. ¡Nos vemos mañana!— Caminó a rápida velocidad, huyendo de sus mariposas en el estómago.
•
•
•
Ryoga comía junto a Akari en el veterinario. Mientras lo hacían, le mostraba fotografías que tomó de Blanquinegra. La pequeña cachorrita ya empezaba a mostrar signos de crecimiento extremo. Ahora se había vuelto más juguetona, tanto, que logró romper unos cuantos cojines de la casa de los Saotome. Apenado por aquello, Ryoga buscaba una manera de aplacar ese comportamiento tan infantil de la perrita.
—Entonces... así es como quedó eso.— Deslizó la pantalla, mostrando cada pedazo de cobertor destazado en el suelo. Otra vez movió la pantalla, develando ahora una foto de los lentes del señor Saotome destruidos.
—¡Cielos!— Dijo Akari, riendo por lo gracioso de la foto.
—No es gracioso. El señor Genma me ha reñido por esto. Le tuve que pagar sus cosas, porque Blanquinegra parece no tener autocontrol en su sistema.
—Ryoga, es una cachorrita aún. Puede que haya crecido un poco más, pero sigue teniendo esa alma juguetona.
Ryoga apoyó su cabeza en la mesa, completamente derrotado. —No he podido ahorrar lo suficiente como para costearme un departamento por estar pagando las cosas destruidas. Y el señor me ha de odiar por llevar un animal a casa.
Ella le acarició la espalda, intentando consolarlo. —Ya, ya. No es el fin del mundo. Necesitan darle unos juguetes especiales para morder y sacarla a pasear más a menudo. Es todo.
—¿Así de simple?— Cuestionó.
—Bueno, no tanto. Puede que también necesites pasar más tiempo con ella. Los perritos suelen necesitar a alguien para desahogar su energía.
—Como los humanos.
Se sonrojó. Akari malpensó esa simple frase. Colocó un mechón de su pelo detrás de la oreja, sumamente tímida. —Si... claro... como aquella noche...
Ryoga también se puso tímido. Sin embargo, la miró con intensidad. —¿Quieres... repetir?
Abrió mucho los ojos, sintiendo el estomago burbujeando. —¡Ryoga!
—Es broma... creo...
—Hola.
La voz gruesa del chico frente a ellos llamó su atención. Akari sonrió feliz de ver a su nuevo amigo con un poco más de optimismo. Desde que le había dirigido la palabra parecía haber abierto un candado en ese joven reservado. Todos los días la saludaba siquiera con un pequeño hola. De igual forma lo hacía con Ryoga.
—¡Hola, Taro! ¿Ya vas a comer?
Asintió. Y luego, se retiró.
—Ahem...— Carraspeó Ryoga, llamando la atención de la chica. —Oye, Akari... sé que no te gustará lo que voy a decir...
—¿De que hablas?
—Hay algo en ese chico que no me agrada para nada.— Frunció el ceño, mirando hacia donde Taro había desaparecido.
Akari, extrañada, preguntó. —¿Que? ¿Por que?
—Es que... es raro. Cuando llegó parecía muy reservado. Pero ahora te saluda como si nada.
—Oye... ¿esos son celos?— Juguetonamente picó las mejillas del chico de pelo negro.
Se cruzó de brazos, un poco abrumado por aquello. —No... no, para nada...
Akari lo tomó de las mejillas, y le dio un pequeñito beso en los labios. —Tonto. Solo somos amigos, y ya. No va a pasar nada entre el y yo, porque ya me gustas tú. Y lo digo en serio.
Rio. Y luego, la besó dulcemente.
Tal vez debería dejar los celos a un lado. No es como si ese chico le quisiera quitar a su novia.
Mientras tanto, un sonrojado Taro destapaba su comida en solitario, rememorando cada pedazo del rostro de la alegre chica. Ella tenía novio, y de eso estaba consciente. Peor entre más prohibida la fruta, más deseada era.
•
•
•
Shinnosuke caminaba a casa, después de un exhausto día en la escuela de artes. Cargaba consigo su estuche de pinturas, y la sonrisa en su rostro reflejaba la felicidad. Para su clase de retratos había decidido realizar una obra inspirada en aquella chica en la que no dejaba de pensar.
Akane se volvió su musa en el arte. Antes de todo el lío con respecto al compromiso de Akane, él no estaba seguro de sus habilidades en el arte. Si bien era cierto que muchas personas le alababan, nunca sintió tanta motivación como ahora mismo. La determinación de luchar por ganarse su cariño más allá de la amistad se triplicó. Ese retrato le ayudaría a ganarse el corazón de su amiga.
Soltó una risita, liberando la emoción dentro de él. Sin embargo, no esperó encontrarse con ese chico.
Ranma caminaba hacia la tienda de conveniencia cercana, pues después de lo ocurrido necesitaba distraerse. Pero ahí, frente a él, caminaba ese idiota a quien no tenía ganas de ver. El maldito Shinnosuke Ueda.
Como si se enfrentaran en una pelea se detuvieron, quedando frente a frente. Los gestos serios en sus rostros y los puños tensos solo indicaban las tantas ganas que poseían de golpearse el uno contra el otro, pero no lo harían.
—No esperaba verte aquí.— Pronunció Ranma, sumamente irritado. No soportaba la presencia de ese chico molesto. Ni siquiera por ser amigo de Akane toleraba cada pedazo de él.
Con el mismo desprecio contestó. —Voy a casa. Pero, dime una cosa, ¿Por qué no estás con Akane?
—¿Me ves cara de sanguijuela? No puedo estar con ella todo el maldito tiempo.
—Tal vez tú no, pero yo si.
Maldito cabrón. Rechinó los dientes, mientras aumentaba su furia. —Shinnosuke, te lo dejaré muy claro. No quiero que te vuelvas a acercar a Akane. Ella es mi prometida, y siendo sincero, no me agrada lo que haces.
Soltó una risita sarcástica, rodando los ojos. —¿Solo porque eres su prometido crees que tienes derecho a prohibir que me acerque a ella?
Ranma acercó su cuerpo aún más, retándolo. Si fuera por él, pelearía a puñetazos contra ese chico, pero debía controlarse. No tanto por él, sino porque si Akane se enteraba de algo seguro era hombre muerto. —Estas jugando a dos bandos...
—Terminé con Ukyo.— Dejó caer la bomba con orgullo.
Eso desestabilizó a Ranma, quien retrocedió dos pasos, consternado por lo que escuchó. —¿Que?
—Ukyo y yo decidimos terminar lo nuestro. Ambos nos dimos cuenta de que, en realidad, siempre nos ha gustado alguien. En su caso, se trata de tu amigo, Ryoga.— Aquello solamente obtuvo el efecto deseado. Ese molesto chico de ojos azules lucia contrariado. —Y en cuanto a mi, digamos que estoy dispuesto a obtenerla.
Lo entendió. No era estúpido. Shinnosuke Ueda hablaba de Akane. Pasó de verla como una mejor amiga, a interesarse por ella como una mujer, tal como el lo estaba. —No puedo creerlo.
—Pues créelo.
—¡Akane no es un juguete ni una maldita propiedad!— La ira crecía y crecía sin control, como una mala hierba difícil de quitar. Lo odiaba, de verdad lo detestaba con todas sus fuerzas. —Que tú no te hayas dado cuenta desde antes que le gustabas, no es culpa de ella.— Bien, lo dijo. Lo soltó.
Ante eso, Shinnosuke se sorprendió. —¿Yo le... gustaba?
—Tiempo pasado. Ya no es así.
—¿Cómo estás tan seguro de eso?
—Solo lo sé.
Entrecerró los ojos. Toda la bondad en él se había esfumado. Si los que lo conocen desde siempre lo vieran en este momento, seguro que se preguntarían a donde fue ese chico angelical que nunca retaba a nadie, y que jamás contestaba tan duro. Sin embargo, Saotome no merecía a Akane. Ella era demasiado para ese imbécil.
—Escucha, Saotome. ¿Crees que le puedes ganar a una amistad de años?
—No sé de que hablas, pero...
—Claro que lo sabes. ¿Te tengo que recordar que Ukyo estaba enamorada de ti, su mejor amigo?
—Sigo sin entender.
Comenzó a reír. Si, definitivamente ese angelito de Shinnosuke se había ido al carajo hace tiempo. —Toda una vida de amistad, contra unos meses de conocerse. ¿Cuál crees que gane el cariño de Akane? ¿No es obvio que los mejores amigos siempre tienen las de ganar?
Entendió todo. Ranma entendió, por fin, a que quería llegar. Ukyo y él eran mejores amigos. La castaña siempre tuvo sentimientos por él demasiado tiempo. Y logró tener una pequeña relación con él. A regañadientes, pero lo logró. Si Shinnosuke persistía, entonces Akane podría caer de nuevo por ése chico de pelo castaño. Después de todo, resultaba una verdad dolorosa para él. Muchos años de amistad, a comparación de meses de conocerse... ¿Cuál era la que ganaría?
—No lo voy a permitir.
—Y yo no me pienso rendir. Haré que Akane me quiera de vuelta.— Afiló su mirada, ensombrecida gracias a la determinación que emanaba de él. —Yo no me creo el cuentito de que están comprometidos por que así lo desean. Sé que lo dijiste frente a todos para amarrarla junto a ti. Pero puedo ver el daño que le haces. La ilusionas, lo noto en su mirada. Sin embargo, no eres lo suficientemente claro con ella.
—¡Cállate! ¡Estás equivocado!
—Yo no la lastimaré. Lo prometo.
—¡Nunca la lastimo! ¡Tu mientes!
—Lo sabes de sobra. Así que...— Sonrió totalmente confiado. —Estás advertido. No voy a dar mi brazo a torcer. Verás que me ganaré su corazón, porque soy su mejor amigo. Solo yo puedo hacerla feliz, porque la conozco mejor que nadie.
Caminó relajadamente, dejando atrás al chico de trenza.
En cambio, Ranma sintió algo extraño moverse dentro de él. ¿Y si Shinnosuke realmente si podía hacerla feliz, incluso más que a él?
•
•
•
Llegó a casa completamente exhausta. Ese día fue un total caos, una locura completa. A pesar de ello, decidió ir a la cocina para comenzar lo que quería lograr. Antes de llegar a su hogar, pasó a la tienda de mochi de sus patrocinadores.
Leyó la cajita que compró. Según la dueña del establecimiento, los sakura mochi que le entregó tenían algo sumamente especial dentro de ellos. Al parecer, esos mochis los solicitaban mucho las chicas. Era por un ingrediente secreto, así que realmente no entendía que podría haber ahí. Suspiró, mientras comenzaba a ordenar las cosas en la cocina. No podía pedirle a su madre que le ayudase con esto, pues aunque comenzaba a mejorar, no deseaba molestarla.
Ni a Kasumi, ya que su hermana mayor estaría sumamente cansada por sus clases en línea y por liderar los deberes del hogar. Obviamente su padre no contaba, y Nabiki trabajaba.
¿Qué estaba pensando? Ni siquiera con Shinnosuke se había atrevido a preparar algo de comer para él. Pero, de cierta forma, con Ranma deseaba hacerlo. No solo porque él le había dicho de forma indirecta que quería probar su comida, sino que también lo haría como muestra de agradecimiento por ayudarla con el ataque de Xian Pu.
Ese agarre en su cintura, y como la cargó hacia el parque más cercano... ¡No podía olvidarlos!
Nunca la habían salvado. Jamás alguien le había protegido de esa manera, por lo que sus mariposas en el estómago no se calmaban. Tocó sus mejillas, y se propinó unas cuantas palmaditas en ellas.
—Basta, Akane. Solo sientes agradecimiento por lo que hizo.— Miró el reloj de la cocina. Marcaban las diez de la noche. —De acuerdo, basta de autoreflexiones. Debo darme prisa.— Hizo un pequeño baile, sacudiendo los nervios que se aferraban a ella.—Espero que salgan bien.
•
•
•
Habían terminado de dar las respectivas clases en el dojo. Tuvieron que pedirles a Satori, Oyuki y Shinobu, los miembros de su equipo, que se quedaran a practicar un rato más. Sin embargo, no fue mucho tiempo el que pasaron entrenando.
El reloj en sus celulares marcaba las cinco de la tarde, por lo que Ranma tuvo que quedarse a comer con la familia Tendo. Le parecía divertido comer junto a ellos, pues se les notaba como una familia muy unida. Realmente podía decir que si en verdad estuviese comprometido con Akane, les consideraría como de su propia sangre.
Ahora mismo se encontraba recogiendo sus pertenencias en el dojo, mientras era acompañado por Akane. Ella le insistió en ayudarle, así que no puso ninguna objeción.
—Tu familia es muy unida.— Soltó de golpe.
Akane sonrió. —Lo somos. Desde que mamá se enfermó, nos hemos unido más. Creo que es lo que pasa con las personas cuando enfrentan obstáculos. Los lazos se estrechan, y en cualquier instante, el cariño crece.
Para Ranma, aquellas palabras sonaron muy tiernas. Akane era tierna. Tal vez habían iniciado con el pie izquierdo, y quizá aún seguían entrados en el papel de molestarse el uno al otro. Pero, si debía ser sincero con él mismo, por dentro, su corazón había tomado otra dirección. En efecto, se había entrelazado algo en él con Akane.
—Vaya...— Terminó de cerrar la mochilita, y se puso se pie mientras la colgaba en sus hombros. —Eso sonó bastante...
—Cursi. Si, lo sé.— Dijo ella, levantándose junto a él.
Negó. —En realidad...— El joven rascó su barbilla, mientras su mirada bajaba al piso. —Sonó lindo. Quiero decir, pude notar que los amas demasiado.
—Si.— Cruzó sus brazos hacia atrás. —Lo hago.
El silencio se instaló en ellos, dejando que sus latidos sonaran sin cesar. Los obstáculos ayudan a fortalecer las relaciones entre las personas. Esa frase les caló en lo profundo de sus seres, porque presentían que ahora se unirían más de lo normal. La amenaza de Xian Pu no podía tomarse a la ligera, ni tampoco la del señor Kumon. Debían estar alertas, y especialmente, protegerse de forma mutua. Se transformarían en un equipo que buscaría su bienestar en común.
—Por cierto, tengo algo que darte...
—¿Eh?
—Espera un momento.
Akane desapareció del dojo, y Ranma no tuvo remedio más que esperarla. No entendía que le sucedía a la chica. Desde hacia un buen rato la notaba inquieta, muy ansiosa. Hasta pensaba que tenía que ver con el tema de la amenaza de Xian Pu. Pero todo quedó a la deriva cuando la observó entrar al lugar con algo entre sus manos.
Ella se acercó de prisa, sintiéndose un poco torpe. Trató de llevar con calma el pequeño platito con un par de sakura mochi que se esmeró en preparar por la noche anterior. Cuando llegó a la altura de Ranma, le extendió el objeto, ignorando el temblor en sus manos.
—Cómo agradecimiento por ayudarme con Xian Pu ayer, te he preparado esto.
Ranma tomó con cuidado uno de los pastelillos del plato. Lo examinó, fijándose en la forma de ambos. No tenían un borde regular, pero se veían deliciosos. Sus ojos brillaron un poco, y sintió el vuelco en su corazón. Akane le había preparado un postre. Solo para él. Las mejillas se incendiaron un poco, y el sudor en sus manos apareció.
—Akane... yo... gracias...
Akane le enfrentó, rojísima a más no poder. Aun así, el temor en sus ojos era palpable. —Escucha... de verdad no soy buena cocinera. ¿Estás seguro de probarlos? Aún te queda tiempo para arrepentirte.
—¡No!...— Al notar que lo dijo en un tono de voz bastante alto, negó. —Es decir... los probaré... no pueden saber mal.
—De todos modos... si sientes algo raro, hay un botiquín en casa.
—Creo que exageras un poco.— Acercó el sakura mochi a su rostro, y finalmente lo comió.
Akane le miraba expectante. Sin embargo, al notar como lo tragó a duras penas, frunció el ceño mientras realizaba un pequeño mohín mientras dejaba el plato en el suelo. —¿Que... tal está?
Tuvo que contener una pequeña arcada. Odiaba admitirlo, pero si era mala cocinera. —Estaba muy salado... y tenía ingredientes que creo que no combinaban con la receta original...
—¡Te lo dije!— Exclamó, golpeándole el brazo.
—¡Oye! ¿Yo que iba a saber que en serio cocinabas tan pésimo?
—¡Te lo advertí! Es que soy mala...
Se interrumpió al observar como en el brazo de Ranma comenzaban a aparecer manchones de color rosado. Sus ojos se abrieron enormes, y tocó sin cuidado la extremidad del chico. Llevaba su hoddie roja, así que descubrió la piel, encontrando un mar inmenso de esas cosas. El chico también lo notó, por lo que se sobresaltó.
—Akane... esto...
—Ranma... dime que no eres alérgico a algo...— Soltó su brazo, y le tomó de la parte del pecho. Las manchas también aparecían en su rostro, inundándolo de un mar de pétalos rosáceos... momento... —Esos parecen pétalos de cerezo..
La mirada de Ranma tembló. Tragó saliva, esperando poder explicarle a Akane lo que sucedía. —Akane... ¿de donde conseguiste los sakura mochi?
—Los compré a la esposa del patrocinador, ayer por la tarde, después de que me dejaste cerca de casa... ¿Por qué...?
—Son los mismos sakura mochi que Xian Pu me dio el lunes.
Examinó su rostro, corroborando que si eran manchas de pétalos de cerezo. Cuando él probó los de Xian Pu, una enorme marca negra se manifestó en él. Ahora, todo era distinto, pero no entendía que pasaba. —Ajá... pero, ¿entonces esto que significa?
—Que... que al parecer... según los sakura mochi... tú.. tú y yo... estamos...
—¡Ya, dilo!
—¡Que estamos destinados a estar juntos!
Akane, por la impresión, aflojó el agarre en su sudadera. Ahora entendía lo que la esposa de ese patrocinador le había insinuado. Esos postrecitos eran codiciados porque te mostraban tu destino. Pero, entonces eso solo podía significar que algo pasaba entre ambos. Sus iris chocolate brillaron de una forma que ella misma desconocía tener, y sin darse cuenta, su mano se estiró hacia la frente del chico. Levantó el flequillo, descubriendo el sinfín de marcas en él.
Demasiadas coincidencias.
Ranma no estaba tan tranquilo. Su respiración se agitó, y esto se acentuó cuando ella le hizo a un lado el flequillo. No era fiel partidario de creer en brujerías y esas cosas, pero, ¿Qué debía hacer con aquella información?. Entonces miró los labios de Akane. Ese pequeño pico simplemente era difícil de borrar de su mente. Tal vez los sakura mochi podían decir la verdad, pero el prefería no verlo así. En realidad, si deseaba que fuese verdad. A pesar de anhelar esa respuesta como una afirmativa a que debería intentar avanzar con ella, sus pies se mantenían en la tierra. Shinnosuke podía, en cualquier momento, ganarse el corazón de Akane. Cuando ese chico le confrontó, lo notó tan serio, que no le cabían dudas.
Antes de que cometiera una estupidez, se libró de la distancia con Akane. Miró hacia un lado, mientras ponía su mejor cara de bromista. —Pero... eso no podría estar mas alejado. Después de todo, no es que nos llevemos tan bien.
—¿Qué?— A juzgar por la mirada que le dio, podía creer que él iba a hacer algún movimiento.
Le dolía, pero le dolería más si es que se hacia falsas ilusiones. —Unos simples postres no pueden determinar con quien pasarás tu futuro. Menos si es con alguien con quien no has iniciado bien las cosas.— Se alejó, comenzando a caminar hacia la salida del dojo. Sin embargo, se detuvo. —No deberíamos creer en estas cosas. Es infantil hacerlo.
Miró hacia un lado, sintiendo un crujido pequeñito en su corazón. —Tienes razón.— Sonrió falsamente, intentando ignorar la desilusión. —Pasa al baño antes de irte. Lávate ese rostro, después de todo, se quitan con agua.
—Si, eso haré.— Giró su rostro lento, observándola. —¿Mañana estarás ocupada?— Preguntó más por costumbre que por realmente interesarse en ello.
Asintió. —Saldré con Shinnosuke todo el día. Hace tiempo que no pasamos un día entero juntos.
—Me imagino que será divertido. En fin...— Sonrió dolorosamente. Quizá ese otro chico pudiera hacerla sentir mil veces mejor que él. —Diviértanse.
—Gracias...
Ranma salió de ahí, y ella se desplomó en el suelo. Los escalofríos le llegaron, y entonces, supo que estaba perdida. No quería salir lastimada, no soportaría pasar el dolor de no ser correspondida. Ranma Saotome le daba señales confusas, le mareaba con intensidad. El pequeño pico no había significado nada para él, así que ella tendría que dejar de ilusionarse con cada cosa que el hiciera.
—Solo somos amigos, Akane. Repítelo hasta el cansancio.— Tomó el plato con el otro pastelillo sobrante. La magia no existía, y él tenía razón. Eso no determinaba nada. —Jamás estarás con Ranma Saotome.
•
•
•
Abrumado. Así es como se sentía.
Al recordar lo lastimado que quedó Ryoga después de la relación con Ukyo, se había prometido a sí mismo no dejarse engatusar por la dulzura cruel del amor. Incluso, cuando fue testigo del dolor de Akane gracias a Shinnosuke, comenzaba a querer resistirse a sucumbir. Fallidamente había caído en esa trampa. Ahora, todo era distinto. Akane Tendo se estaba ganando su corazón a creces, conquistándolo como si se tratara de un territorio codiciado.
Podía parecer fácil intentar conquistarla. No se consideraba un gran mujeriego, ni el mejor coqueteando. En realidad, era tímido, torpe con las palabras. Es por eso que, cuando él le dijo, sin pensarlo, que su sonrisa era linda, le ganó el temor. Es por ello que prefería molestarla, para poder ocultar lo que realmente ya sentía por ella.
Nunca se había interesado en el romance porque siempre puso las artes marciales en lo alto.
Ahora, la broma cruel del destino le había alcanzado.
Tenía pavor. Si. Miedo a salir lastimado. Miedo a perderla por cualquier situación. Ya la consideraba su amiga. Si intentaba algo más con ella, arruinaría todo lo que había conseguido en tan poco tiempo. No deseaba llorar por alguien, ni deseaba lastimarla. Realmente se encontraba en un gran dilema del que no tenía ninguna respuesta a que hacer.
Suspiró, mientras entraba a su casa, con la cabeza gacha.
La noche ya había caído, por lo que simplemente trataría de dormir lo mejor que pudiese. Tal vez podría pegarse una buena borrachera para intentar borrar lo que sentía, pero tampoco tenía ganas de hacerlo.
—¡He llegado!
Se anunció en el recibidor, quitándose el calzado. Nadie respondió, cosa muy extraña, pues al menos que estuviesen ocupados obtendría alguna señal. De Ryoga ni hablar, seguía en su cita con Akari. Caminó hacia el comedor, encontrando una sorpresa un tanto extraña.
—Ranma, tenemos visitas.— Anunció Genma, mientras tomaba el trago de sake servido por Nodoka.
El hombre frente a ellos se giró para mirar al chico de trenza. Una sonrisa sardónica, formada en el rostro de ese sujeto le produjo una muy mala espina.
—Mucho gusto. Mi nombre es Ryutaro Kumon. He venido a ofrecerles un trato jugoso del que estoy seguro no podrán resistir.
¡Hola a todos!
Espero les haya agradado la actualización. Perdonen si le doy vueltas a la relación de estos dos, me encanta el drama. Además, creo que ya vamos llegando a la mitad de este AU, así que no se preocupen. Avanzarán, créanme. Trataré de traer actualizaciones más a menudo, ya que debo equilibrar ahora que tengo la escritura de un nuevo AU.
Por cierto, si lo quieren ir a leer pueden hacerlo. Se llama Nieve de cristal, y es diferente porque ahí veremos a Akane estudiando ballet profesional. Habrá mucho drama en ese fic, y momentos emotivos. Además, la relación entre Ranma y Akane llevará un trasfondo complicado, pero interesante. Espero puedan ir a darle una lectura, en caso de que les interese.
Supongo que este será el último capítulo del año de este fic, así que si solo son lectores de este, les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo. Muchas gracias por acompañarme en esta aventura. Aprecio que se tomen el tiempo de leer esta historia. Ojalá les agrade lo suficiente, y no se preocupen, está en mis planes terminarla. No me atrevo a abandonarla, pues está en mi corazón al ser la segunda historia que me hizo retomar la escritura en este fandom.
En caso de que me sigan como lectores, seguramente tendremos las últimas actualizaciones del año para Nieve de cristal pronto. Además, publicaré una última participación en la dinámica de Calendario de adviento. Así que nos leemos por ahí.
¡Gracias por leerme!
Con amor, Sandy.
