Hetalia: Axis Powers (y sus derivados) son propiedad intelectual de Hidekaz Himaruya. Yo no tengo propiedad de los personajes y el propósito de este fanfiction es solo de entretenimiento. No está permitida su comercialización.


Eredità Delle Regine

oOOo…

Póker de reyes

Las cortinas de seda de los enormes ventanales de aquella oficina se sacudían levemente con la suave brisa salina de la costa, una impregnada de dulces aromas florales y de vino. Un ambiente agradable para sucumbir ante el desahogo y la pereza; pero no para el rey de corazones, quien, trabajada arduamente en su oficina, en un intento de solventar cuantas dificultades fueran necesarias antes de que iniciara la ceremonia que estaba programada para esa tarde.

Sobre su enorme escritorio de cedro, se disponían un sin número de papeles y pergaminos que contenían información vital que solo los ojos del rey podían contemplar. Y en la silla, a semejanza de trono aterciopelado rojo sangre, se encontraba su majestad el rey, Ludwig Beilschmidt tratando de resolver el caos que heredado de su padre y predecesor.

–Y la casa de Kurtz sigue disputando con los Fischer los terrenos adyacentes a la lagunilla Carmín –le informó su secretario Iaonis en lo que desplegaba un mapa de los territorios con acceso al mar ante la vista del rey –. Según los antiguos títulos de propiedad indicaba que el territorio era originalmente de Hugen Kurtz –indicó el número 10 en lo que señalaba los puntos en el mapa –, pero después de la apelación de hace 3 años, el rey Markus falló a favor de los Fischer sin razón aparente…. o al menos, ninguna fue apuntada en el registro –agregó inmediatamente al contemplar la vena palpitante en la frente del rey.

Era su nueva mejor amiga, o al menos desde que había asumido el trono el año pasado. El antiguo rey y padre de Ludwig, se había desentendido de años de su puesto real sin dar razones, dejando un problema territorial y de poder feudal como regalo especial para coronación de su hijo y, para continuación, desaparecer en un supuesto viaje de autodescubrimiento masculino.

Tal comportamiento no tomó por sorpresa a Ludwig, después de todos él nunca fue su primera opción para el trono. Pero tampoco significaba que lo tenía contento.

–Habrá que llevar a cabo otro juicio –informó el rey desganado –. Comunícate con ambas partes y fija una fecha. Ya veremos quién puede demostrar a quien le pertenece esas tierras.

–Sería fácil que todas las disputas se solucionaran así de simple –soltó el 10 sin pensar mucho en sus palabras, pero pronto enmudeció ante la mirada de su rey.

Pero a pesar de ello, Ludwig no expresó verbalmente su frustración ante las palabras de su 10. Solo se dejó caer sobre el largo respaldo acolchado de su silla, en lo que los suaves linos de su ropaje y sus mangas caían en los descansabrazos del asiento. Sí, sería maravilloso que todas las disputas se resolvieran fácilmente con un juicio, pero desgraciadamente no era así.

Las puertas de las oficinas se abrieron con un chirrido característico. Ambos hombres se volvieron para toparse en la entrada a una jovencita de rasgos finos, ojos rasgados y orejas de ratón que asomaba la cabeza por entre las puertas.

–Su majestad me ordenó que le recordara cuando fuera… –dijo la chica bestia con una voz suave y tímida, pero calló de inmediato al alzarse la mano del rey.

–Gracias, Ari –le respondió Ludwig con calma –. Eso sería todo, vuelve a tus quehaceres.

Y con una última reverencia, la chica bestia desapareció tan sutilmente como había llegado.

–¿Ya es hora? –preguntó Iaonis mirando su reloj de su bolsillo. El tiempo había corrido tan rápido mientras trabajaban.

–Al parecer –soltó el rey con un desdén poniéndose de pie. Los pliegues de tela de su túnica cayeron sobre su cuerpo, revelando los colores rojizos y emblemas de su reino. El enigmático corazón rojo –. ¿Todo se encuentra listo para la ceremonia?

–Jember se encargaría de ello –le informó el 10 asiendo un puchero ante la mención del 9, en lo que ambos hombres se encaminaban a la entrada de la habitación.

–¿Y nuestros invitados?

–¿Los… invitados?

–Sí, los invitados.

–¿Ehhh?

Ante el titubeo en la respuesta, el rey se volvió de golpe en dirección a su subordinado.

–¿Qué estas ocultado? –soltó este sospechando.

Iaonis murmuró sin sentido en respuesta, tratando de eludir la mirada acusadora de su majestad, pero finalmente sucumbió ante ella, cayendo de rodillas y comenzando a suplicar a los pies de su rey.

–¡Discúlpeme su majestad! ¡Hice lo que pude para impedirlo, pero él fue tan insistente…! –suplicó el 10 en lo que se aferraba al dobladillo del ropaje del rey.

–¿Qué… pasó?

–El Jack… su eminencia insistió en ocuparse de los invitados personalmente.

–¡¿QUÉ?!

oOOo…

Los pasos de Feliciano retumbaban por el corredor, en lo que marchaba de un lado a otro nervioso y devorando las uñas de su mano.

–¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? –repetía constantemente en los tacones de sus zapatillas chocaban con fuerza contra el fino piso de mármol.

Su andar era interrumpido de vez en cuando lanzaba una mirada nerviosa al par de puertas gigantes de cedro en la habitación contigua; para luego continuar con su mantra al escuchar unas risitas sobresalir del otro lado de las puertas.

Feliciano estaba en problemas y no sabía qué hacer.

Nunca se imaginó que, al tomar responsabilidad de entretener y organizar a las visitas, se enfrentaría con un problema semejante. Normalmente las labores de anfitrión del palacio correspondían a la reina, pero esa era la razón principal por la que estaban todos los reyes de las cortes estuvieran presentes en el reino de corazones en ese momento, así que no quedaba nadie más que él para tomar tal responsabilidad.

Tal vez había intentado morder un hueso demasiado duro de roer.

–¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer? –continuó el Jack casi arrancándose la cabellera –. Piensa, piensa, piensa, piensa.

Y tenía que hacerlo rápido, antes de que Ludwig se enterada.

–¡Feliciano!

Muy tarde.

Temblando ante la voz reconocible al otro lado del corredor, Feliciano se volvió para enfrentarse justamente a lo que temía. Su majestad el rey Ludwig.

A pesar de que ambos se conocían desde la infancia y tuvieran una extraña amistad que prácticamente heredaron por generaciones, Feliciano siempre terminaba temiendo de ira de Ludwig, y no solo era por la expresión terrorífica que adoptaba o la vena saltarina en su frente. Había un terror más profundo en su interior. Fue por ello, cuando al verlo marchar en su dirección por aquel corredor decorado por largas columnas clásicas, el Jack no pudo evitar quedar tieso de las piernas y clavado en su posición en lo que su cuerpo temblaba sin control, y unas solitarias lagrimas se escurrían por sus mejillas.

–¡Feliciano! –bramó de nuevo Ludwig dando las ultimas zancadas hasta quedar cara a cara con su Jack, él cual no pudo evitarse encogerse ante la mirada intimidante de los ojos azules de su rey.

Por unos cuantos segundos, ninguno soltó palabra alguna, en lo que sus miradas seguían atrapadas la una con la otra, expresando por ellas los sentimientos que llevaban a flor de piel; en el caso de uno el miedo y la ira en el otro.

Esos segundos de silencio fueron vitales para que Iaonis y varios miembros del personal de palacio que corría detrás del rey, los alcanzaran justo al lado de las grandes puertas de cedro. Todos quedaron por igual en silencio, nerviosos y petrificados, esperando finalmente que sucedería entre ambos hombres.

Después de unos tortuosos minutos, Ludwig, soltó un largo suspiro en resignación y suavizó mirada ante Feliciano en lo que parecía ser acto compasivo o de resignación. No se podía estar seguro. Pero el resto de los presentes, pudieron soltar la respiración contenida por igual.

El temperamento del rey Ludwig era famoso y muy bien conocido, tal vez demasiado para el pobre e ingenuo Feliciano.

–¿Ve~? –no pudo evitar musitar el Jack ante el cambio en el semblante del rey.

–Feliciano –lo llamó Ludwig algo más relajado, pero aún con firmeza –. La ceremonia de convocación está por llevarse a cabo en un par de horas ¿Dónde se encuentran nuestros invitados?

El joven Jack dio un leve respingo ante la pregunta y con nerviosismo, volvió la mirada a la gran puerta de roble y de nuevo a su rey, delatándose sin necesidad de palabras.

El rey no necesitó más explicación, caminó a las puertas con intención de abrirlas de par en par, cuando su brazo fue detenido por su Jack. A pesar del terror de su rostro y los temblores en su cuerpo, el Jack vociferó casi como maniático a gran velocidad:

–No por favor no abráis esa puerta Ludwig. No es necesario que lo hagas, después de todo yo soy responsable de los invitados y de todas sus acciones. Aunque estas puedan ser algo descabelladas y que caigan en la indecencia, no tengan nada que ver conmigo e indique que ellos tienen serios problemas de personalidad, o quiere decir que la situación está fuera de control…

–Feliciano ¿Qué rayos dices? ¿No entiendo ni una palabra? –gruñó el rey forcejeando con las manos de Jack en un intento de liberarse de su agarre. Había una clara diferencia de musculatura que dejaba claro que solo era la paciencia del rey, lo que impedía que el Jack terminara en suelo –. ¡Ya es suficiente! ¡¿Qué está sucediendo del otro lado de la puerta?! –soltó Ludwig tomando las manijas con ambas manos.

–¡No! –bramó Feliciano lazando al cuello de su rey en un intento fútil de detenerlo.

Iaonis y el resto del personal intentaron intervenir provocando una maraña de manos y brazos empujándose los unos a los otros. Al final con el constate forcejeo, las puertas de cedro cedieron abriéndose de par en par, y la maraña de personas de un lado de la puerta, se derrumbó de bruces contra el suelo de la habitación, con la mayoría de los participantes cayendo sobre el rey.

–Ludwig, querido –dijo una voz en la habitación atrayendo la atención de los recién llegados –, si querías ser parte, solo tenías que tocar.

La voz pertenecía inconfundiblemente al rey de diamantes, Francis Bonnefoy que para la gran sorpresa de los que atravesaron la puerta, su majestad se encontraba en medio de la habitación llevando a la cintura un vestido de corsé, el pecho desnudo y los labios pintados de carmesí. Pero su atendo no era lo más extravagante de la habitación, sino la fiesta a su alrededor, donde varios burgueses, criadas y otros desconocidos se encontraban semidesnudos, acariciándose mutuamente, en lo que bebían licor y comían pasteles a su anchas.

Todos los presentes quedaron paralizados con las situaciones, unos horrorizados por la escena ante ellos y los otros por ser descubiertos. Solo el rey Francis mantenía la calma mientras una sonrisa pícara permanecía en sus labios.

Pero antes de que cualquiera dijera algo al respecto, reaccionara o saliera huyendo de vergüenza, un par de botas se escucharon retumbar por el pasillo de mármol del exterior aproximándose a la habitación. Unos segundos después, una figura apresurada y recia entró a la habitación con rapidez y sin mesura.

–Francis me han entregado el itinerario de la ceremonia –dijo rápido y tajantemente el Jack de diamantes, Vash Zwinfli, mientras su vista estaba capturada por unos papeles que llevaba en sus manos –. Tenemos pocas horas para preparamos, será mejor que est… –paró en seco cuando finalmente levantó la mirada de las hojas de papel y se enfocó en su alrededor.

Sin comentar nada, la mirada del Jack pasó por el atuendo que vestía su majestad Francis, después a la orgia pausada a su alrededor y después a la maraña de cuerpos donde se encontraba atrapado el rey Ludwig.

–No necesito esto –soltó Vash fastidiado lanzando en el aire los papeles que llevaba en sus manos, antes de dar media vuelta y salir de la habitación sin decir más. Dejando a los presentes justo como los había encontrado.

–¡¿Qué está pasando aquí?! –finalmente el rey corazones recuperó su voz y bramó a todo pulmón, en lo que lanzaba los cuerpos que habían caído sobre su espalda.

Ante sus alaridos de Ludwig, los presentes en la fiesta del rey de diamantes efectuaron una rápida y graciosa huida; uno a uno escapó de la habitación, fuera por la puerta principal, las del jardín o las ventanas; no sin ser antes reconocidos por Iaonis al pasar a un lado de él. Eso podrá ayudar con algunos chantajes en el futuro.

–Vaya que sabes arruinar una fiesta –comentó Francis con un puchero, en lo que los últimos invitados escapaban, incluso una chica en paños menores que salió de debajo de la falda del vestido del rey de diamantes.

–¿Qué…? –masculló Ludwig casi atragantándose con sus palabras por la furia, y su vena palpitante se ensanchó en su frente –. ¡¿Qué es todo esto?!

–Lo que parece –se burló el rey de diamantes sin demostrar un pisco de vergüenza –. No veo porque te molesta. Tu Jack me dio permiso para hacerlo.

–¡¿Qué?! –gruñó Ludwig volviéndose en dirección de Feliciano, quien intentó en vano escapar, pero pronto fue capturado por las manos del rey alrededor de su cuello –. ¡¿Tú permitiste esto?!

–Ludwig no es para desquiciarse –comentó Francis –. No es como si las paredes de este palacio no hubiesen visto antes una fiesta como esta.

–¡Cierra la boca! –le gritó el rey de corazones.

–¡No por favor, Ludy! ¡No te enoj…! –pero las palabras del Jack quedaron a mitad por la falta de oxígeno –. Yo…no lo… permití…

–¿Lo dices enserio? –preguntó el rey liberando un poco la presión en el cuello del Jack.

–En realidad… no estoy seguro –respondió Feliciano no muy inteligentemente –. Pidieron muchas cosas.

El rey de corazones le dio otro fuerte apretón, antes de que fuera disuadido por la intervención de su 10. Después de unos cuantos segundos en el que Feliciano pudo recuperar el aliento, Ludwig le preguntó aun furia:

–¿Qué fue lo que si permitiste?

oOOo…

El motor rugió estridentemente en lo que los dos escapes expulsaron una gran cantidad de vapor. El dispositivo móvil experimental de un solo pasajero, que técnicamente podría ser llamada una bicicleta motorizada, se desplazó a gran velocidad por las angostas calles de la capital del reino de corazones.

Los transeúntes a pie o en bicicletas se apartaban espantados ante el paso escandaloso de aquel novedoso aparato.

–¡Voy pasando! –gritaba el conductor del vehículo a todo aquel que se topara en su camino –. ¡A tu derecha! ¡A tu izquierda! –dijo provocando que algunos se arrojaran a las jardineras junto a las aceras.

Con un solo apretón de los manubrios, el vehículo tomó más velocidad, levantando consigo un sin número de pétalos de cerezo que cubrían las calles. El piloto requería toda la velocidad necesaria, ya que se aproximaba a una intersección de canales principales de la que partían la ciudad de Rosaroma en un cuadricula.

La capital del reino de corazones era una enorme y hermosa ciudad junto al mar, cuyas calles estaban acompañadas de canales que permitían la principal forma de movilidad, pequeños barcos a vapor y góndolas. Era extraño ver automóviles dentro de la ciudad, por lo que sus habitantes brincaban asustados con tan solo escuchar el motor a vapor del experimental vehículo.

–¡Esto va ser radical! –bramó el conductor del vehículo dando otro apretón a los manubrios y adquiriendo la velocidad máxima.

Con un último impulso y el ángulo elevado de un puente, el vehículo salió disparado logrando saltar sobre la mayor intercesión de agua de la ciudad y alcanzar el otro extremo con un poderoso "bum".

El piloto del vehículo soltó un alarido de victoria en lo que salía disparado a toda velocidad de regreso al palacio de la corte real de corazones. El camino de regreso fue más tranquilo (a pesar de la gran velocidad) y sin menos transeúntes, en lo que subía la cima de la pequeña colina donde se coronaba el palacio blanco de Ruboris rodeado de una hermosa arboleda de cerezos en flor y jardines de rosales.

Con un impresiónate barrido, el vehículo finalmente se detuvo en la entrada principal del palacio, justo enfrente de la fuente principal decorada con traviesos querubines.

El conductor del vehículo soltó otro alarido de victoria en lo que se retiraba su casco de protección y gafas. La prueba había sido un éxito total.

–¡Alfred!

El piloto no pudo evitar dar un respingo ante aquel alarido, se volvió de golpe para encontrarse una comitiva esperándolo. En la entrada del palacio, sobre la principal escalinata de mármol, se encontraban varios miembros del personal, e de corazones y para el horror del piloto del vehículo, el Jack de picas, quien decencia a gran velocidad los escalones en lo que su largo ropaje azul y violeta le permitía.

–¡Alfred! ¡Por la mano! ¡¿Qué crees que estás haciendo?! –gruñó el Jack en lo que se aproximaba al joven.

–Hola Yao –lo saludó este con una picara sonrisa.

–¡¿Hola?! ¡¿Hola es todo lo que tienes que decir?! –continuó el Jack furioso, casi atragantándose con sus palabras. Comenzó a darle manotadas con sus largas mangas al joven que intentaba bajarse de su vehículo experimental entre carcajadas –. ¿En que estabas pensando? ¿Y qué hace este artefacto aquí?

–Lo he traído de casa.

–¿Lo has traído desde picas? ¡¿Por qué?! ¡¿Para qué?!

–Eso es tu culpa –soltó Alfred sin inmutarse –. No me distes tiempo para terminarlo cuando me forzaste subir al dirigible. Así que decidí terminarlo en el camino. Y mira este bebe –agregó señalando al vehículo –. Ha funcionado mejor de lo que me imagine –se volvió de nuevo en dirección de Jack para encontrarlo rojo como tomate ante el coraje que lo consumía –. ¿Te encuentras bien, Yao?

–Alfred –musitó el hombre de cabellera negra y larga mascando sus palabras con furia –. Tú eres ahora el rey. Eres el principal dirigente de la corte de picas e imagen de nuestro reino. ¡Este comportamiento es inescapable!

–Es ahí donde te equivocas, Yao –dijo el rey de picas sin inmutarse y con una gran sonrisa –. Porque le informe al Jack de corazones al respecto y dijo que estaba bien –agregó muy satisfecho consigo mismo posando sus manos en sus caderas.

Yao trató de gruñir un par de regaños más, pero las palabras murieron en su garganta en lo que sonidos guturales salían de entre sus labios. La rabia lo había enmudecido.

–Sabes, deberías relajarte –le comentó Alfred dándole al Jack unas palmadas en su hombro –.Y aprovecha que volviste a corazones para tomarte un descanso. –y sin esperar respuesta por parte de su miembro de la corte, el rey continuó su marcha hacia el palacio, aún con una gran sonrisa en los labios, ante la mirada atónita de los habitantes de corazones.

Durante todo el camino a sus habitaciones, el Jack finalmente recuperó el habla después de la insolencia del rey, y soltó un par de regaños más a su majestad, incluyendo: "Este es un evento oficial" "No estamos en casa" "Deberías dejar atrás esos armatostes" y otros parecidos. Y probablemente había algún insulto y grosería que el rey decidió ignorar.

Alfred solo rio, ante todo.

–Esto fue divertido –aseguró el rey una vez que alcanzaron las puertas de sus habitaciones –, pero creo que debería arreglarme para la ceremonia –acalló las quejas de su Jack agregando –: Yao podrías asegurarte a que los guardias regresen la motocicleta a nuestro dirigible. Aún tengo varios ajustes que realizarle una vez que regresemos a casa.

Y sin esperar respuesta, tomó el picaporte de la puerta y entró en la habitación en un solo movimiento, evitando cualquier otra queja del hombre cabellera negra.

Ya en la seguridad de su habitación, Alfred soltó un respiro de tranquilidad.

–Su majestad.

El rey dio de nuevo un respingo alzando la vista, encontrándose en el fondo de su habitación a dos doncellas recostadas en su enorme cama decorada con los colores de corazones. Ambas mujeres vestían solamente finos camisolas de encaje y seda, y sus cabellos en caireles caían sobre sus hombros y pechos.

–Su majestad –repitieron las mujeres –, lo habíamos estado esperando.

Alfred no tenía idea de quienes eran tales mujeres o como había entrado a sus habitaciones. Tal vez eran unas jóvenes cortesanas de corazones que buscaba su atención, algo que Alfred estaba acostumbrado desde príncipe; una maldición que tría consigo su atractivas facciones y buen físico. Pero en lugar de preocuparse por la seguridad o como las mujeres habían logrado llegar hasta su cama, Alfred se quitó su chaqueta de los hombros dando unos pasos hacia adelante.

– Un carajo que sí.

oOOo…

En la albufera de la rosa, un cumulo de agua junto a la costa de la capital de reino de corazones, se encontraba una pequeña isla, y en ella, el sagrado oráculo del destino, el centro de comunión con la mano sagrada, que los eruditos fieles a la fatumancia estudiaban y guarecían celosamente hasta para los mismos miembros de la corte.

Con la excepción del inicio de un nuevo ciclo.

Cuando los nuevos reyes de los reinos de las cortes tomaban su posición, los Jack ganaban su puesto, y los ases cumplían sus deberes, llegaba el momento de convocar a la gran mano del destino para la selección de las futuras reinas, el ultimo y necesario miembro de las cortes y el equilibrio de los reinos.

El estar ante el oráculo era un evento especial, que, si eran bendecidos por la gran mano, era una experiencia solo experimentaba una vez en su vida. Era un evento que Iván Braginski, el rey de tréboles, no quiso desaprovechar en lo más mínimo.

Así que tan pronto le permitieron acceder a la pequeña isla, el rey decidió pasar todo el tiempo posible de su visita en tal lugar; y vaya que el templo era mucho más maravillo de lo que había leído en libros o le había llegado a comentar su padre.

La pequeña isla no era más de unos cuantos metros cuadrados, pero había una coherencia en las construcciones que le daban un aspecto de ser mucho más grande de lo que era. En el centro de la isla se erguía un templo de grandes columnas clásicas talladas en mármol, el techo contaba con un enorme solar forjado en oro y con vitrales colores brillantes que describían con imágenes vagas el inicio del mundo Tarotania.

En el centro de la construcción había una fuente de agua, decorada con una enorme mano en la piedra tallada, de la cual surgía el agua desde la palma, pero de los dedos brillaban unas llamas eternas. El suelo estaba grabado con viejos glifos mágicos cuyos significados aún eran un misterio, pero lo reconocible eran los símbolos característicos de los reinos de las cortes en diferentes lados del templo, en esculturas y pequeños altares.

El templo se encontraba rodeado por una arboleda de maples que se tornaban carmesí en el otoño y cerezos rozados en la primavera. La costa era de un arena blanquecina y limpia, llena de pequeñas conchas marinas y había un pequeño atracadero, decorado con rosas siempre frescas, donde se podía llegar a la isla en pequeños navíos.

Iván había pasado toda la tarde sentada en una pequeña banca junto a la costa, donde podía apreciar a lo lejos la ciudad capital Rosaroma mientras su rostro era golpeado por la brisa marina cálida. Algo que no experimentaba en su reino.

Los cuidadores del oráculo lo vigilaban con recelo a distancia, pero el rey nunca permitió que sus miradas lo incomodaran. En realidad, era difícil que algo lo incomodara y solía ser al revés.

El rey de tréboles sintió una extraña calma en aquel lugar que disfrutó al máximo cada segundo, como si pudiera entrar en comunión con la energía mística que liberaba aquel lugar. Una paz que no había sentido en mucho tiempo. Y así fue hasta que finalmente llegó el atardecer.

–Oh por favor, vas a continuar mascullando el pasado –Iván escuchó las voces aproximarse y supo que su paz y calma había terminado.

–Si con pasado te refieres a hace dos horas –masculló la incomible voz del rey de corazones ante las palabras del rey de diamantes –. Y no veo extraño el esperar cierto comportamiento decoroso al ser un invitado –agregó elevando su voz con cada palabra.

–Ludwig, querido. Desde que nos conocemos ¿Cuándo he sido decoroso? –dijo el rey de diamantes con una risa profunda antes de percatarse de la presencia de Iván en el centro del templo –. Iván, mi querido copo de nieve ¿Dónde habías estado todo este tiempo?

El rey de diamantes trató de sujetar su compañero rey en un abrazo y un beso en la mejilla, pero Iván lo esquivó descaradamente.

–El templo es un lugar muy hermoso –respondió él con una sutil sonrisa –, cada segundo en él ha sido maravilloso.

–Espera –preguntó Ludwig –. ¿Has estado aquí todo tiempo este tiempo?

–¿Qué hay de malo en eso?

–Nada –agregó el otro tratado de contener cualquier emoción en su rostro –. Absolutamente nada.

Pero antes de que los tres reyes comenzaran alguna charla sobre la correcta administración del tiempo, una cuarta figura realizó su aparición en templo, marchando solemnemente desde la entrada principal.

Era el gran maestre de la mano divina.

El hombre de edad avanzada, barba blanca, vestía una elegante túnica blanca decorada con hilos dorados y el grabado de la mano divina en sus telas.

–Buenas tardes, caballeros –dijo con calma, en lo que sus manos adoptaban un saludo característico de su orden. Su mirada tranquila se volvió en todas direcciones y agregó –: Parece que casi todos se encuentran presentes, solo falta su majestad…

–¡Ya estoy aquí! ¡Ya estoy aquí! –el rey Alfred llegó de ultimo corriendo por las escaleras y casi tropezando en el último escalón –. ¿Qué me perdí? –agregó levemente agitado, limpiándose el sudor de la frente con una mano y arreglándose la corbata con la otra.

Los tres reyes contemplaron al recién llegando en silencio, conteniendo cualquier comentario, pero claramente se podía notar que lucha interna en sus rostros. Todos los reyes tenían el mismo tiempo en el poder, pero simplemente Alfred eran más jóven que otros.

–Absolutamente nada –dijo Francis rompiendo el silencio –. Aún no comenzábamos.

–Claro –se apresuró en agregar Iván aprovechando la ventana involuntaria que había dejado el rey de diamantes abierta –, ya que tenemos que estar los cuatro para la iniciar la ceremonia, sino no, no tendría sentido.

–Sí, eso ya la sabía –soltó Alfred tajantemente, lanzándole una mirada asesina al rey de tréboles.

–Qué extraño, porque alguien podría creer que con tu tardanza significaba lo contrario.

–Iván, por favor… –le rogó Francis rodado lo ojos.

–Ya estoy aquí, bien. No todos tenemos tanto tiempo libre para nunca fallar en las llegadas a las reuniones.

–Alfred… –lo llamó Ludwig con tono firme.

–Desperdiciar horas en aparatos innecesarios y causando caos en la ciudad, no podría ser considerado como una ocupación fundamental del tiempo.

Alfred no tenía idea de cómo Iván sabía todo eso, pero sin dudas le diría un par de verdades al respecto. Además, nunca quedaría de ultimo ante Iván. Por desgracia para él, el gran maestre no tenía tiempo para sus luchas personales, por lo que tuvo que interrumpir alzando la voz y diciendo:

–¡Caballeros! Voy a solicitarles que dejen sus problemas para otra ocasión. Ha llegado el momento de iniciar la ceremonia y pedirle a la gran mano del destino, que nos indique quienes serán las reinas de los cuatro reinos de las cortes.


oOOo…

Hola a todos, este es el inicio de un nuevo fanfiction y espero que lo disfruten. Este es el primer fanfiction que escribo con verdadero contenido sexual y también, es el primero que donde trabaje la lluvia de ideas con una IA. Por si las dudas, debo aclarar que todo lo escrito viene de mis manos y de mi imaginación, la IA solo ayudó a generar algunas ideas y obtener inspiración.

Como es regla en un cardverso los personajes usaran los nombres humanos, algunos ya son demasiados obvio, otros hay variantes dependiendo de cada autor. Si tienen duda de quien es cada personaje, no duden en preguntarme que con gusto les compartiré que nación es o si es OC.

Y también cualquier otra duda sobre este universo que estoy desarrollando, pueden compartírmelo en los comentarios.

Sin más que decir, espero que disfruten el capítulo.

Saludos.