Indesición
Kagome
Miré la hora en mi celular y choqué mi palma contra mi rostro. Eran las 03:00 am y aún no había podido conciliar el sueño ya que mi mente era una marea de pensamientos entremezclados con diferentes situaciones.
- Inuyasha. - murmuré. - ¿Estarás durmiendo?.
¿Debería fijarme?
Pensé, volviendo mis ojos al celular y debatiéndome internamente si debía o no ver si, por casualidad, estaba en línea. De haber sabido que sería una mala decisión, me hubiese quedado con la duda.
Ingresé a la aplicación de mensajes y para mi genuina sorpresa si estaba despierto.
- ¿Con quién estará hablando a estas horas? - fruncí el entrecejo.
No... no es momento de darle el lugar a las inseguridades, mucho menos con él.
- Hola... - escribí. - ¿Estas despierto?
Lo envié y, como en mis épocas de adolescente, dejé el aparto sobre la mesa de noche y me metí debajo de las sábanas.
- ¿Qué me pasa? Ya no tengo 16 años... - asomé mi rostro y fijé mis ojos en el techo.
Sabía que si él respondía no iba a escuchar ningún sonido debido a que siempre llevaba el móvil en silencio pero, al mismo tiempo, el hecho de prender la pantalla y ver, me ponía demasiado nerviosa.
- ¡Ya, Kagome! - me senté de golpe. - Ya eres una adulta y debes enfrentar las cosas como tal.
Tomé el teléfono y suspiré. Cerré mis ojos y prendí la pantalla, abriéndolos ligeramente.
Nada.
- ¿Qué? - no podía creerlo.
¿Por qué no me respondía si se suponía que estaba despierto? ¿Acaso estaba hablando con alguien más o ya se había marchado?
¿Estará... con Kahori?
Aquel pensamiento provocó que mis ojos se llenaran de lágrimas, ya que el mero hecho de imaginarlos juntos hacía que mi corazón se arrugara en mi pecho. Ingresé al chat y efectivamente corroboré que seguía en línea.
- Al parecer tiene otra conversación más importante.
A pesar de que mis impulsos me incitaban a volver a escribirle, la dignidad que había recuperado luego de la separación de Bankotsu me lo impedía, por lo que regresé las cosas a su lugar y le di la espada.
- ¿Por qué tengo que sentirme de esta manera? - la primera lágrima cayó.
Porque te estás enamorado de él.
Mi mente me respondió sin titubeos o signos de duda.
- No, eso no es posible... apenas lo conozco.
¿Estas segura?
- ¡Por supuesto que si! - le grité a la nada.
Te recuerdo que fuiste tú quién rechazó la idea de que estuvieran juntos...
- ¡Una ex revivida y un hijo en camino! ¡¿Acaso te parece poco?!
Luego no te quejes si él decide continuar con su vida y ya no voltea a verte.
- Cállate. - gruñí, tapando mis oídos. - Maldición, ya estoy enloqueciendo... no hay nada peor que pelear conmigo misma.
Inevitablemente el recuerdo de él y Kahori bailando en la fiesta se presentó ante mis ojos, volviendo todo mucho más difícil de digerir. ¿Realmente estaba preparada para verlos juntos? La respuesta era no.
Mi corazón decía una cosa y mi mente me gritaba otra, ¿Cuál era la respuesta correcta? ¿debía hacerle caso a mis sentimientos o a la razón? ¿estaba lista para volver a sufrir en caso de que fuera necesario?.
El tiempo corre, Kagome, si tardas mucho en tomar una decisión... ya no habrá vuelta atrás.
Horas más tarde.
Salí del ascensor tratando de ocultar mis nervios. Finalmente había podido conciliar el sueño pero no por demasiado tiempo, ya que la alarma pareció sonar casi instantáneamente luego de que cerrara mis ojos.
Llegué a la pequeña sala principal y Sango ya se encontraba sentada en su escritorio con su mirada fija en la nada misma.
- Buenos días. - sonreí. - ¿Cómo estas?
- Kag. - me miró y quizás era mi imaginación, pero podía percibir un dejo de preocupación y miedo en sus ojos. - Buenos días. - me sonrió. - Estoy bien, aunque anoche no dormí mucho.
- Bien, somos dos. - suspiré, apoyando mis manos sobre su escritorio. - No se como podré mantenerme de pie hoy. - miré a la oficina de Rin. - ¿Aún no vino?
- Supongo que no... al menos cuando llegué estaba todo cerrado.
El ruido del ascensor nos dio la respuesta, ya que no sólo ella emergió por el pasillo, si no que los Taisho venían detrás.
Maldición, no me esperaba verlo tan temprano.
Nuestros ojos se encontraron y rápidamente él desvió los suyos, haciéndome notar que algo no estaba bien.
¿Por qué no logra sostenerme la mirada?.
Mi pecho se apretó ante la infinidad de posibilidades por lo que eso podía suceder.
- Buenos días, chicas. - pronunció Rin, mirando a Sango sólo por unos segundos.
Al parecer las cosas tampoco han mejorado aquí.
- Buenos días Rin. - puse mi mejor cara. - Inuyasha, Sesshomaru... - asentí y ambos devolvieron el gesto. - Lamento si parezco descortés, pero creo que lo mejor es comenzar de inmediato asique si me disculpan...
No esperé más y volteé, dirigiéndome a mi oficina. Pude escuchar los pasos de Inuyasha siguiéndome, sin embargo el ambiente no se sentía para nada cálido, más bien todo lo contrario.
Ingresé y, segundos después, él cerró la puerta. Sin pronunciar ni una sola palabra me dirigí a mi escritorio, tomando las carpetas necesarias y encendiendo la computadora. Giré y nuevamente lo miré, nuevamente él esquivó mis ojos.
- ¡¿Quieres dejar de hacer eso?! - hasta que finalmente me sostuvo la mirada. - No vamos a poder trabajar si te mantienes en esa postura.
- Lo lamento, no he dormido bien.
Bien, parece que es un mal universal.
- Mentira. - quizás la misma falta de sueño me estaba dando el coraje de no medir mis palabras. - Yo tampoco he dormido demasiado y puedo sostenerte la mirada. - entrecerró sus ojos. - ¿Quieres que finjamos demencia y hagamos de cuenta que anoche no te envié un mensaje que ignoraste?. - si, estaba segura, ya que al despertar tampoco había obtenido respuestas. - No me interesa si estabas hablando con Kahori o la otra mujer, pero... - pude notar como su cuerpo se tensó al escuchar su nombre.
Mala señal.
- Estaba hablando con Miroku. - respondió con tranquilidad. - Estábamos en una llamada, fue por eso que vi tarde tu mensaje y ya no me parecía el responder.
- Bien, hagamos de cuenta que te creo. - suspiré. - ¿Podemos comenzar? - abrí las carpetas.
- Kagome... - su tono serio me puso los pelos de punta. - Hay... algunas cosas que debemos hablar primero... sobre este proyecto.
- No. - elevé mi mano, deteniendo su parloteo. - Tenemos que hablar pero no de eso. - me miró completamente confundido. - ¿La viste? - pregunté sin más.
Sus ojos se abrieron ampliamente y, por tercera vez, no pudo mirarme a la cara.
Si, definitivamente de eso se trata.
Permaneció en silencio unos segundos, los suficientes como para que mis ojos se llenaran de lágrimas, sin embargo no quería llorar, ya no quería llorar frente a ningún hombre.
- Ayer pase parte del día con ella. - sus palabras me atravesaron.
- Con Kahori, ¿verdad? - asintió y tuve que voltear, ya que esa primera lágrima se volvió incontrolable. - Y... ¿Qué sentiste?. - cada segundo de silencio que transcurría parecía eterno y mi mente viajaba a diferentes posibles respuestas devastadoras. - ¿Sigues enamorado de ella?.
- ¿Por qué me preguntas eso, Kagome?.
Es verdad, ¿por qué se lo pregunto?
Tragué saliva, recordando sus palabras.
Prométeme que, aunque estés con Koga o quien sea, seguirás siendo mía.
- ¿Se te olvido lo que me prometiste?
- ¿De que demonios hablas?.
- ¡Tú me pediste que te prometiera que sería tuya! - volteé, gritándole con rabia. - Y dijiste que serías mío... - murmuré. - Acabas de ver a Kahori y ya no puedes mirarme a los ojos y eso es porque sabes que sentiste algo.
- ¿Me estás hablando de verdad? - cruzó sus brazos, dejando ver una mezcla de molestia y confusión. - ¡¿Por qué vienes con esto ahora?! - su tono de voz me sorprendió. - ¡Tú fuiste la que me dijo que no quería estar conmigo! ¡¿Y ahora vienes a reprocharme el haber visto a Kahori?! ¡¿Qué es lo que demonios quieres al final del día?!.
- ¡QUIERO ESTAR CONTIGO, IDIOTA! - estaba segura de que Sango o los demás podían escucharnos, pero en ese momento no me importaba.
- ¿Acaso estás jugando conmigo?
- ¡¿Cómo puedes preguntarme una cosa como esa?!
- ¡Porque sólo lo dices porque sabes que me vi con ella! ¡¿Hubieras actuado de la misma manera de no saberlo?!.
No podía negar que tenía razón, que quizás si no hubiese sabido que ellos estuvieron juntos, mi actitud sería diferente o mis nervios estarían más controlados.
- Tú no entiendes nada...
- No, la verdad es que no te estoy entendiendo. - bufó. - Hace unos días me dijiste que era demasiado para ti, incluso que ibas a darle una oportunidad a Koga... que merecías ser feliz, ¿Y que pretendes que haga? Sentarme a ver como sigues con tu vida sin más.
- ¿Fue por eso que fuiste corriendo a buscar a Kahori? - okey, la peor parte de mi estaba saliendo.
Inuyasha
Verdaderamente no podía creer el estar teniendo esta discusión en este momento y tan temprano por la mañana. ¿Qué demonios le estaba sucediendo a Kagome? ¿Por qué quejarse de algo que ya estaba claro para los dos?. Mi enojo estaba escalando a niveles bastante altos y eso implicaba que mis palabras podían ir más allá de lo que verdaderamente podía llegar a sentir.
- Kahori es la persona que más amé en esta vida. - respondí con seriedad. - Y ese no es un asunto que te incumba.
- Puedes estar tranquilo. - me respondió en el mismo tono y supe que la había lastimado. - No pretendía estar a su altura después de todo. - volteó. - A decir verdad ni siquiera se porque estoy diciendo todo esto.
- Maldita sea. - suspiré, pasando mi mano por mi cabello. - Kagome, ¿podemos hablar como dos personas normales y adultas? Si, ya se que soy un demonio pero eso no quiere decir que no sepa como ser maduro.
- Déjalo así y has de cuenta que no dije nada. - comenzó a buscar los documentos. - Lo que tú hagas no tiene que ser de mi incumbencia.
- ¡Maldición! - grité y me acerqué a ella, tomándola del brazo y obligándola a mirarme. - ¡¿Por qué me haces esto?!. - nuestros ojos se encontraron y pude ver que estaba llorando a mares, algo que no sólo me hizo sentir mal, si no que provocó que la soltara de inmediato. - Kagome, dime la maldita verdad de una vez. - murmuré.
- La verdad es que no soporto el hecho de saber que estuviste con esa mujer. - respondió con total sinceridad. - No soporto saber que tus sentimientos aún siguen ahí. - señaló mi pecho. - Estoy jodidamente celosa porque quiero estar contigo y al mismo tiempo tengo miedo.
- ¿De que? ¿A que le temes?
- A esto... - su voz se quebró. - A no poder soportar el hecho de saber que tanto ella como Kikyo están en tu vida...
- Kagome... - murmuré, limpiando las lágrimas de sus mejillas. - ¿Realmente crees que no te daría tu lugar?.
- Tú sigues enamorado de Kahori, ¿verdad?.
No podía responderle con claridad esa pregunta ya que ni yo mismo comprendía todo el torrente de emociones que estaban atravesando, sin embargo no podía mentirle tampoco, por lo que le silencio terminaba siendo la mejor opción.
- ¿Qué es lo que harás cuando te cruces con ella y estés conmigo?.
- Kagome, ¿Qué quieres decir con esa pregunta?.
Cerró sus ojos con fuerza y se lanzó sobre mi, envolviendo mi torso con sus brazos.
- No quiero estar sin ti, Inuyasha. - escondió su rostro en mi pecho. - Quiero estar a tu lado, yo... no he podido dejar de pensarte.
- Kagome. - susurré, correspondiendo su abrazo y acariciando su nuca.
El rostro sonriente de Kahori pasó por mi mente, haciéndome las cosas mucho más difíciles de las que ya la tenía.
Maldición, ¿Qué se supone que debo hacer?.
Su alma nunca dejará de amarte.
Las palabras que Urasue había pronunciado provocaron que un vacío se apoderara de mi estómago.
- Oye... - la alejé brevemente y fijé mis ojos en los de ella. - ¿Te parece si hablamos de esto esta noche? Hay... demasiadas emociones en este momento. Prometo ir a tu casa esta noche pero ahora...
- No te preocupes. - me sonrió tristemente. - Entiendo... lo mejor será que continuemos con esto.
Se alejó completamente mientras yo la observaba. Tomó los papeles que había dejado sobre la mesa y regresó a mi.
- Aquí fue donde quedamos hace unos días...
- Kagome, te dije que tenía que decirte algo sobre esto. - pronuncié con seriedad.
Kagome
La manera en la que se refería a aquello de lo que pensaba hablarme verdaderamente me asustaba.
- De acuerdo, dime.
- Primero necesito llamar a Saoto.
- ¿He? ¿A Sango? ¿Para que?
- Sólo espera... - abrió la puerta y pronunció su apellido. - Necesito que vengas. - reingresó y, segundos después, ella también entró.
- ¿Qué sucede? - preguntó igual de confundida que yo.
- Es momento de que le digas lo que te dijo Ayame.
- ¿Ayame? - murmuré.
- ¿Qué? - sus ojos castaños se abrieron ampliamente. - ¿Cómo...?
- Miroku me lo dijo anoche.
Bueno, al menos no mintió con eso.
- Pe... pero...
- Él me obligó a que le asegurara que no iba a decir nada hasta que tú te sintieras lista, pero la situación es demasiado compleja y Kagome debe saberla.
- Oigan. - elevé mis manos. - Ya me están asustando... ¿Qué sucede? - miré a mi amiga y noté que ella estaba más nerviosa de lo que intentaba mostrar.
Estaba por pedirle que se calmara cuando el celular de Inuyasha sonó.
- Disculpen. - respondió. - Kikyo, ¿Qué sucede?.
Kikyo...
Apreté mis manos a ambos lados de mi torso y me quedé observándo como salía de la oficina para tener una charla más privada.
Y esto a lo que me refiero cuando digo que no soy capaz de soportar la presencia de esas jóvenes en su vida.
- ¿Quién es esa tal Kikyo?.
- No lo sé. - me hice la desentendida. - Y no me interesa.
- Pues no es lo que parece.
- Él no te pidió que vinieras para charlar de esto. - respondí con cierta molestia. - Ya dime lo que sucede.
- Uy... veo que te molesta ver a tu hombre hablar con otra mujer. - arqueó las cejas a modo de broma y la fulminé con la mirada. - De acuerdo, pero es que es muy complejo de explicar. - miró la puerta. - Y este imbécil decidió salir justo ahora.
- Pues no lo necesitamos, ya habla de una vez.
Se quedó en silencio, quizás implorando que Inuyasha volviera, pero al parecer su conversación con Kikyo estaba demasiado interesante.
- ¿Crees en los demonios? - soltó de repente, dejándome completamente helada.
- ¿Qué?.
- Eso... ¿crees en los demonios? - me miró.
- Sango, no me digas...
- No, Kag, necesito que te tomes este asunto muy enserio.
- Si. - respondí tajante. - Conozco a dos demonios.
La sorpresa se reflejó en sus ojos y supe exactamente que ella ya estaba enterada de todo lo referente a ese tema.
- ¿También sabes que Miroku es un demonio?.
- ¿Miroku es un demonio? - ahora la sorprendida era yo. - Inuyasha es un demonio... y Sesshomaru también.
- ¿Ellos también? Bueno, no se porque me sorprende, si son amigos de él después de todo.
Es verdad... no se me había cruzado por la mente.
- ¿Sabes que Ayame es una hanyo?
- ¿Una qué?
- Bien, no lo sabes... aunque peor sería tener que explicar todo desde cero. - suspiró.
Procedió a relatarme no sólo la naturaleza de la misma mujer que era mi amiga, amén de todo lo relacionado a aquella fiesta, el proyecto y aquel ser repugnante llamado Magatsuhi.
- A ver, a ver... - comencé a caminar de un lado al otro. - Déjame ver si entendí bien... Ayame es una hanyo, hija de un yokai y una mujer humana. - Sango asintió. - Ella y su padre, director del hospital, están bajo amenaza por Magatsuhi, otro demonio, quién secuestró a su madre y los obligó a que nos contactarán para poder mantenernos cerca y vigiladas.
- Eso mismo fue lo que entendí yo.
- Pero ella no sabe cuáles son sus verdaderas intenciones...
- Según lo que nos dijo. - se encogió de hombros. - No te imaginas el peso que me he sacado al decirte, Kagome. - podía notarlo verdaderamente. - Pensé que ibas a tomarme por loca.
- Tranquila. - le sonreí. - Queramos o no, estamos juntas en esto y, tarde o temprano, deberemos decirle a Rin. - incluso yo misma estaba sorprendida por la tranquilidad que poseía a pesar de la gravedad de la situación.
Amén de que deberíamos descubrir que está tramando aquel ser.
En ese instante, Inuyasha reingresó a la oficina y, a juzgar por su semblante, parecía estar bastante cansado (o molesto).
- ¿Pudieron hablar?
- ¿Por qué Miroku no me dijo que ella sabía de los demonios? - ella lo miró.
- ¿Y a mi que me preguntas? No puedo responder por ese imbécil.
- Inuyasha, ¿tú que piensas? - intervine. - ¿Por qué Magatsuhi querría vigilarnos?.
Frunció el entrecejo ante aquella pregunta y desvió sus ojos. Mala señal.
- ¿No crees que es demasiada información para sólo unas horas de trabajo?.
- ¿No crees que ya son demasiados Secretos? - crucé mis brazos, arqueando mis cejas.
- No lo hagas, Kag. - Sango suspiró, dirigiéndose a la puerta. - Créeme que yo hubiese deseado que alguien me dijera eso antes de seguir escuchando cosas. - me miró. - Deja que tu mente procese todo poco a poco.
- Vaya, a veces si usas el cerebro, Saoto.
- ¿Por qué no regresas al infierno del que saliste, demonio?.
- No me provoques o te despedazaré... y conste que puedo hacerlo.
- Ya basta los dos. - ahora fui yo quién suspiró mientras Sango blanqueó sus ojos y salió de la oficina. - ¿Jamás dejarás de molestarla?.
- Sólo hasta que me quite de encima a mi mejor amigo. - se encogió de hombros.
- ¿Miroku y Sango? - pregunté incrédula. - Okey, eso no me incumbe. - regresé hacía la mesa y tomé los planos. - ¿Qué sugieres hacer, Taisho?.
- Pues... lo mismo que veníamos haciendo, Higurashi. - me quitó la hoja, sonriendo levemente. - Fingir demencia, continuar trabajando y tratar de descubrir las verdaderas intenciones de Magatsuhi.
Inuyasha
Horas más tarde
Estacioné frente a su departamento, dejando salir un pequeño suspiro. Ya no sólo se trataba de que mi mente era un caos y la falta de sueño me estaba consumiendo, ahora también debía sumar mis responsabilidades como padre. Miré la hora y efectivamente había llegado minutos antes. Podía enviarle un mensaje en ese instante pero preferí esperar, quizás porque no tenía intenciones de verla realmente.
La imagen de Kahori, en la época feudal, atravesó mi mente. Se veía tan hermosa con su cabello lacio ondeando al compás del viento y el atardecer resaltando sus ojos grises. Sin embargo rápidamente fue suplantada por la sonrisa de Kagome y lo hermosa que se veía en nuestra primera cena, amén del brillo en sus ojos la última vez que habíamos...
- Maldición, es casi como si las quisiera a las dos. - me reí por lo absurdo que se sentía aquello.
Los sentimientos por Kahori me traen mucha nostalgia. ¿Qué si la quiero? Por supuesto pero...
Si, ese pero es el problema.
- Si no hubiese conocido a Kagome...
Hubiese regresado sin dudas con Kahori. Entonces, ¿Por qué Kagome apareció en mi vida? ¿Por qué Kahori regresó ahora y no antes?.
Mi parloteo interno fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose y mis ojos se encontraron con los de Kikyo.
- Hola. - me sonrió. - Pensé que aún no habías llegado.
- Lo siento, estaba pensando en cosas del trabajo.
- Descuida. - se colocó el cinturón.
- ¿Te encuentras bien?
- Si, sólo las nauseas matutinas, ya sabes... lo normal.
Y un nuevo tema del que me había olvidado completamente: el embarazo de un hanyo. Cerré mis ojos con la mayor discreción posible y apreté ligeramente el volante.
- ¿Quieres que vayamos a cenar después del control?. - solté en contra de mi voluntad. No olvidaba que le había dicho a Kagome que pasaría esta noche por su casa, pero podía ir más tarde.
- ¿Qué? - se sorprendió pero no quería que se hiciera falsas ilusiones.
- Hay muchas cosas en las que tendremos que ponernos de acuerdo con el tema del bebé, además... esta primera cita la haremos con tu médico y ya la segunda yo te llevaré al médico de mi familia.
- Inuyasha... - murmuró. - ¿De verdad harías eso por mi?.
- Eres la madre de mi hijo. - puse en marcha el auto. - Y mi hijo tendrá la mejor atención.
- Gracias. - me sonrió.
El camino hacía la clínica fue en completo silencio, ya que yo no tenía intenciones de hablarle y ella se veía bastante pensativa. Al sentarnos en la sala de espera, las cosas se mantuvieron iguales, sólo que esta vez me ganó la curiosidad.
- ¿Sucede algo? - pregunté, observándola.
- ¿Por qué preguntas? - respondió con tranquilidad.
- Porque estuviste callada en todo momento.
- Sólo estoy nerviosa. - suspiró.
Emulé su gesto y, en un acto de amabilidad, tomé su mano.
- Relájate. - miré al frente. - No estas sola.
- Inuyasha. - susurró. apoyando su cabeza sobre mi hombro y regresamos al silencio.
Un par de minutos después, la doctora pronunció el apellido de Kikyo y ambos nos pusimos de pie. Ingresamos y la mujer nos invitó a sentarnos.
- Buenas tardes, chicos. - nos sonrió.
- Buenas tardes. - respondimos al unísono.
Comenzó a hacerle algunas preguntas a Kikyo, desde el tiempo que llevaba sabiendo de su embarazo hasta sus síntomas y si notaba algo extraño. Ella respondió todo con total serenidad.
- Bien. - se puso de pie. - Voy a solicitar una ecografía pero, por lo pronto, ¿Quieren escuchar los latidos de su corazón?.
- ¿Se puede? - pregunté un poco sorprendido. - ¿No es un poco pronto?.
- ¿Estas seguro, Inuyasha? - me miró. - Si quieres puedes salir.
- ¿Qué? ¿Por qué saldría? - ella me sonrió. - Por supuesto que quiero escucharlo.
La doctora se digirió hace su armario y sacó un aparato del que no tenía idea.
- Con esto podremos hacer el ultrasonido. - sonrió. - Por favor, recuéstese aquí. - señaló la camilla.
Ella le hizo caso mientras la mujer preparaba todo. Yo me puse al lado de Kikyo y noté que buscaba su mano, la cual tomé.
- ¿Están listos? - ambos asentimos.
Segundos después una especie de repiqueteo comenzó a llenar el silencio de la habitación. Sentí como Kikyo apretaba mi mano y mis labios se separaban ligeramente.
- ¿Ese es él? Bueno él o ella. - miré a la doctora. - ¿No se escucha muy rápido?.
- No, para nada. - respondió con seguridad. - Se escucha perfectamente normal.
- Mi bebé. - susurró Kikyo con sus ojos llenos de lágrimas.
Mi hijo.
Pensé, esbozando una sonrisa y sintiendo como mi pecho se llenaba de una calidez indescriptible.
Extra
Rin
Desde mi discusión con Sango no había vuelto a sentirme bien, y es que el hecho de que las cosas no estuvieran bien entre las dos verdaderamente era un peso. Llegué a nuestro edificio y emití un pequeño suspiro, quizás porque en el fondo no tenía deseos de ingresar.
- Buenos días, señorita Hitachi.
Volteé rápidamente al notar la voz que pronunció mi apellido, amén de la sorpresa de que me llamara de esa manera.
- Buenos días, señor Sesshomaru. - respondí intentando sonar lo más seria y tranquila posible. - Inuyasha... - ambos asentimos. - Que extraño verlos por aquí tan temprano.
- Aún tenemos demasiadas cosas que resolver. - respondió y no me quedó claro si lo decía por el trabajo o por mi.
- Es verdad. - subí los escalones. - Aún hay demasiadas cosas con las que avanzar.
El trayecto hasta el ascensor se dio en completo silencio, un largo e incómodo silencio, pero por suerte para mi, Inuyasha decidió romperlo.
- ¿Todo bien por aquí, Rin?
- Si. - le sonreí a través del espejo del elevador. - Supongo que las chicas ya deben estar arriba, si no, llegarán pronto.
Por alguna extraña razón podía sentir un dejo de preocupación en la mirada de él, pero no pronunció más nada al respecto. Las puertas se abrieron y salí casi que disparada de su interior y, al llegar a la pequeña sala, corroboré que las chicas ya se encontraban allí.
No saludamos y extrañamente el ambiente se encontraba cargado de una tensión bastante palpable y sofocante. Miré a las chicas disimuladamente y noté que ambas parecían estar cansadas, quizás porque no durmieron bien anoche.
Kagome se fue a su oficina y la tensión creció bastante, ya que Sango fijó sus ojos en Sesshomaru, quién no dejaba de mirarme. Aclaré mi garganta y llamé la atención de mi amiga.
- Sango, ¿alguna novedad del hospital?.
- Ninguna. - respondió sin dejar de mirarlo. - Hoy le enviaré la lista de materiales actualizada.
- Me tomé la libertad de anotar los nombres de las empresas que se harán cargo de proveer los materiales y la mano de obra. - sus ojos dorados se posaron sobre mi amiga. - Y ya que no dejas de mirarme, te la entregaré ahora.
- Como quieras. - respondió en un tono desafiante.
Él tomó su móvil y, segundos después, el celular de ella sonó.
- ¿Por qué tienes mi número?
- Porque siempre tengo cerca a las personas con las que tengo que trabajar. - me miró unos segundos y sentí mi corazón detenerse. - No importa si son de mi agrado o no.
Antes de que ella dijera algo que nos metiera en más problemas, decidí ingresar a mi oficina sin decir nada y por fortuna él me siguió.
Sesshomaru
Cerré la puerta detrás de mi y enfoqué mis ojos en ella. Podía notar que evitaba a toda costa el posar sus ojos sobre mi, algo que me divertía bastante.
¿Qué es lo que posee esta niña que la vuelve tan... particular?.
La realidad era que aquella pregunta era una que me hacía con bastante frecuencia, sobre todo luego de aquel encuentro que tuvimos.
Encuentro que no me molestaría repetir.
No me caracterizaba por posee interés en los demás seres, mucho menos si estos eran humanos, pero no podía ignorar que algo en ella provocaba cierta atracción en mi, amén de una sensación que jamás había percibido.
Inicio del flashback.
Descendió del auto y ni siquiera volteó a verme, sólo se dirigió directo hacia donde aquel niño la estaba esperando.
¿Verdaderamente estas interesada en un debilucho como este?
Apreté ligeramente mis manos sobre el volante mientras me quedaba observando su siguiente jugada, quizás esperando la típica escena de ella lanzándose a sus brazos y besándolo sólo para que yo lo viera. Sin embargo, no sucedió, ella sólo se detuvo frente a él y comenzó a hablarle.
¿A que demonios estas jugando, Rin?
Entrecerré mis ojos al mismo tiempo en que ella regresaba su mirada a mi auto. Estaba seguro de que no podía verme a través del vidrio y aún así me quedé observándola hasta que sentí que era suficiente y me marché.
Fin del flashback.
En ese momento sentí una especie de inquietud al verla tan cerca de ese hombre, quizás porque estaba demasiado acostumbrado a poseer todo lo que deseaba.
Pero con ella aún no lo podía lograr.
- ¿Necesita algo? - preguntó de repente, sorprendiéndome levemente. - Veo que no deja de observarme.
- Hm, al parecer puedes observar sin ver.
- Sólo puedo sentir su mirada sobre mi. - evitaba mirarme a toda costa.
- ¿Y eso como te hace sentir?
Noté que la mano que tenía como destino tomar uno de los papeles de su escritorio, quedó suspendida en el aire por unos segundos. Sonreí internamente al saber que causaba miles de sensaciones en su interior.
- No comprendo lo que quiere decir. - tomó los papeles.
- No es lo que parece. - decidí jugar un poco con su inestabilidad, acercándome lentamente hasta quedar al otro lado del escritorio, observándola fijamente. - Tranquila, no voy a hacerte nada.
- No espero que lo haga. - me divertía bastante la manera en la que trataba de mantener la compostura.
Tiene un aroma demasiado... adictivo.
Sin mediar palabra, tomé su mano, obligándola a que me mirara de repente.
- ¿Qué hace? - susurró.
- Mostrándote el porqué no debes confiar en nadie. - acerqué su mano a mis labios, besándolo con suavidad.
Sus labios se separaron ligeramente ante mi acción y mi decisión estaba tomada: si no oponía resistencia, el trabajo tendría que pasar a segundo plano de inmediato.
