Llamadas
Inuyasha
Verdaderamente no me comprendía para nada. No entendía el porque del torrente de emociones que me invadían últimamente, sin embargo sólo una cosa me parecía bastante clara: No podía seguir negando mis sentimientos por Kagome, sobre todo cuando mis impulsos y mi cuerpo reaccionan de tal manera cuando estaba cerca de ella.
Algo que no me sucede con nadie más.
- Dime que quieres estar a mi lado y prometo que serás la mujer más feliz del mundo. - aquellas palabras abandonaron mis labios antes de que mi mente fuese completamente consciente de que las había pronunciado y, aun así, no me arrepentía de que mi subconsciente hubiese tomado el control.
Sentí como su cuerpo se tensó al escucharme, pero me negué a soltarla, no hasta que me diera una respuesta definitiva.
- Inuyasha. - murmuró. - ¿Me estas hablando de verdad?
Pude percibir el olor salado de sus lágrimas y me alejé para mirar su rostro, pero sin dejar de abrazarla.
- ¿Crees que sería capaz de mentirte con algo como esto? - mis manos sostenían con firmeza su cintura, pero ella poseía sus brazos pegados a su torso. - Yo fui claro cuando te hablé de mis sentimientos, Kag.
- Lo se. - la primera lágrima rodó por su mejilla. - El problema soy yo.
- El problema es que te niegas a ser feliz.
- ¿Negarme a ser feliz?.
- Quieres estar a mi lado, puedo verlo en tus ojos, ¿Por qué te haces esto?.
- ¿Cómo funcionará?
- ¿Cómo funcionará? - repetí, mostrándome notablemente confundido.
- Si, ¿Cómo será... el día que tengas que ir por Kikyo? - murmuró. - ¿Cómo será... el día que te encuentres con Kahori? ¿Qué pasará si ella está en peligro nuevamente?.
- Kikyo es la madre de mi hijo. - respondí en el mismo tono. - Y aunque no lo elegí, ya nada puedo hacer más que hacerme cargo como padre, pero si tu preocupación es saber si la quiero, la respuesta es no, no la quiero de esta manera.
- ¿Y Kahori?.
Desvié mis ojos, ya que genuinamente no podía mentirle y decirle lo que sabía que quería escuchar, sólo esperaba que comprendiera el nudo emocional que me atravesaba y le quedara claro que mi decisión estaba tomada.
- Kahori... es diferente, Kag. - trataba de encontrar la manera correcta de expresarme. - Ella y yo tenemos un pasado y... la historia no terminó porque nosotros lo decidimos.
- Entiendo. - cerró sus ojos, casi resignándose a mis palabras.
- Pero... estoy aquí. - tomé su rostro. - Estoy contigo porque... - cerré mis ojos, quizás tomando valor para decirle las siguientes palabras. - Porque me estoy enamorando de ti, Kagome.
Kagome
Me quedé boquiabierta al escuchar aquella frase. ¿Verdaderamente estaba siendo sincero? Bueno, hasta el momento parecía ser realmente honesto, después de todo había dicho demasiadas cosas que, aunque no fueran de mi agrado, eran verdad.
¿Por qué me sentía tan insegura cuando se trataba de algo lindo? ¿Por qué en el fondo creía que no merecía nada de esto?
Un simple vistazo hacía mi pasado me daba la respuesta a aquellas preguntas. Sólo había tenido una relación en mi vida, la cuál había abarcado la mitad de mi adolescencia y parte de mi juventud.
Y todo porque decidí aferrarme a Bankotsu como si fuese la única persona capaz de amarme.
- ¿Estas hablando en serio?
- ¿Puedes dejar de repetir eso? - sonrió, provocando mi propia sonrisa.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que... sientes eso por mi?.
- Al saber que Kahori estaba con vida aquella noche... no tuve el deseo de ir corriendo a sus brazos. No tuve el deseo de regresar con ella, yo... desee ir contigo. - hizo una pausa. - Necesitaba verte, sabía que sólo tú eras capaz de hacer que mi mente se tranquilizara.
- Inuyasha...
- Esta maldita necesidad de querer protegerte de todo. - comenzó a rozar la punta de su nariz con la mía. - Las ganas de asesinar a Koga cuando se que está contigo o percibo su aroma en tu cuerpo. - sonreí ante aquello. - El sentir que el mundo se ilumina cuando te veo... ¿Quieres algún otro motivo?.
Sin más, me puse de puntillas y lo besé. No fue apasionado, mucho menos erótico, pero que intenso se sintió. Sus labios se sentían tan cálidos y abrazaban los míos con una ternura que jamás había experimentado.
Si, ni siquiera con Bankotsu había experimentado algo tan positivo como esto.
Nos alejamos y el volvió a abrazarme. Posando una de sus manos en mi cintura y la otra en mi nuca mientras yo rodeaba su torso y me acomodaba en su pecho. Por un momento creí que me había quedado dormida en la ducha y que todo esto no era más que una simple fantasía, una de la que no deseaba despertar.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? - nos alejamos y me miró, asintiendo. - Cuando viste a Kahori... ¿sucedió algo entre ustedes? - pude notar como su cuerpo se tensó de inmediato.
Inuyasha
Me había olvidado por completo de lo que había sucedido en el parque con Kahori, sin embargo no podía mentirle, mucho menos ahora.
- Bueno... - me alejé, soltándola. Después de todo, no quería tocarla para decirle algo que seguramente iba a afectarle. - Yo... nosotros... - tragué saliva. - Casi nos besamos.
Pude notar como algo en su interior se rompió, quizás porque confirmaba que mis sentimientos por Kahori, si bien eran confusos, aún persistían. Aún así yo quería estar con ella, no planeaba retomar mi vida con Kahori si ella me decía que si.
- Casi. - repitió. - ¿Y por qué no la besaste?.
- Porque Kikyo nos interrumpió.
- Vaya. - sonrió irónicamente. - Juro que jamás escuché nada igual...
- Entiendo que la situación no es la normal, pero...
- ¡Y es por esto que tengo tantas dudas! - gritó, sorprendiéndome. - ¡¿Cómo se supone que voy a estar tranquila si ni siquiera sabes lo que sientes por Kahori?! ¡Y no conforme con eso también está Kikyo!...
- ¡Oye! - la tomé por los brazos, tratando de que no comenzara a aumentar más su frustración. - ¡Te amo! ¡¿No lo entiendes?!
Okey, definitivamente esta no era la manera en la que quería decirlo, pero creo que se dio en el momento justo. O al menos eso espero.
- Me amas. - murmuró. - Me amas, pero...
- Si, Kagome, te amo. - volví a abrazarla, interrumpiéndola. - Y no, no hay peros. Sólo te pido que me entiendas... esto no es sencillo, pero si tu estas a mi lado todo será mejor. - susurré, acariciando su cabello. - Pero... si te pones de esta manera, será demasiado complicado para los dos.
- Inuyasha... - tenía el presentimiento de que quería decir mil cosas pero no lograba encontrar la manera.
- Voy a dejar SexPlay. - apoyé mis labios sobre su hombro. - Me concentraré en ti y en todo lo referido a Magatsuhi. - me aparté, mirando sus ojos. - Pero... tengo que pedirte algo. - ella asintió dubitativamente. - Kikyo es la madre de mi hijo y, te guste o no, tengo que estar presente en la vida de él o ella.
- Jamás te pediría que te apartes de tu hijo, Inuyasha. - respondió con una seguridad que me dejó completamente tranquilo. - Tengo mis inseguridades con respecto a Kikyo, pero soy lo suficientemente madura como para comprender esto.
- Gracias. - sonreí. - Y... si algún día Kahori se encuentra en peligro, no dudaré en ir a salvarla. - quizás sonó un poco extraño, pero quería que, de aceptar, fuera con todas las cosas claras. - Se que será demasiado incómodo para ti, pero...
- Entiendo. - suspiró. - Supongo que deberé trabajar en muchas cosas si quiero que esto funcione.
¿Si quiere que esto funcione? ¿Entonces me esta diciendo...?
Estaba a punto de preguntarle si quería ser mi novia cuando mi celular sonó. Me aparté de ella y lo tomé.
- ¿Quién es?
- No lo se. - respondí sin reconocer el número en pantalla. - ¿Hola?.
- Inuyasha, gracias por responder, necesito hablar contigo de manera inmediata.
- ¿Quién habla? - pregunté sin reconocer la voz de aquella mujer.
- Midoriko.
Extra.
Rin.
El contacto de su mano sobre la mía era algo que simplemente no podía sostener. Sin mostrar ningún tipo de delicadeza, me alejé, cubriéndome con mi otra mano. Él sonrió altaneramente, algo que me hizo molestar bastante.
- ¿Qué es lo que le causa tanta gracia? - arqueé mis cejas.
- Que no soportas estar cerca de mi. - el tono de su voz era neutral a pesar de sus expresiones.
- ¿Quién lo dice?.
- Tu cuerpo.
- Si lo dice por esto. - elevé mi mano. - Es porque TENGO NOVIO... - hice énfasis en aquella palabra. - Y no es correcto que haga estas cosas.
Pude notar como su expresión se ensombreció en aquel instante y rodeó el escritorio, quedando frente a mi mientras mi espalda chocaba contra la pared. Sus brazos se colocaron a cada lado de mi cuerpo, con sus manos apoyadas en el concreto.
- ¿Qué le ves a ese debilucho?. - quizás estaba loca, pero el tono de su voz parecía de molestia.
- No lo llame de esa manera. - respondí con firmeza, sin dejar de observar sus ojos dorados. - Usted aquí viene a trabajar, no tiene porque preguntarme nada sobre mi vida personal.
Sin decirme nada, colocó la palma de su mano sobre mi mejilla y sin abandonar su mirada de la mía.
- No pensaste lo mismo aquella noche en mi departamento.
¿Por qué tenía que decir eso?.
Por mi mente pasaron aquellas secuencias. Sus labios sobre mi piel, sus manos recorriendo mi cuerpo, tocándolo como si lo conociera de toda la vida y, antes de ser completamente consciente, mi piel se estaba erizando sólo al sentir su mano sobre mi rostro.
- ¿Podía...? - las palabras simplemente no salían de mi boca.
- ¿Por qué? - preguntó en el mismo tono. - ¿Por qué te deseo tanto?.
Mis labios se separaron en aquel instante, no sólo por sus palabras, si no porque el rostro de Sango pasó por mi mente, causándome un nudo en el estómago.
Sesshomaru
Maldición, ¿Qué demonios me está sucediendo? Yo no soy así.
Me estaba dejando llevar por mis impulsos y eso no me agradaba para nada, pero tampoco podía ser indiferente a lo que mi cuerpo expresaba cada vez que estaba cerca de esta mujer.
Mi orgullo apareció en el mismo momento en que trajo a su novio a la discusión, ya que el hecho de saber que no podía poseerla porque su resistencia provenía de un simple humano, hacía que mi sangre hirviera.
Antes de darme cuenta la tenía acorralada contra la pared, sin embargo lejos estaba de verla asustada, por el contrario, podía notar una chispa de deseo en sus ojos, quizás recordando lo bien que la habíamos pasado en mi departamento.
Y tal vez, pensando en repetir la situación, algo que yo también estaba deseando.
La diferencia de altura entre los dos era notoria, sin embargo decidí intentar acortarla, pero algo tuvo que detenerme. Sin decirle nada, me aparté y respondí aquella llamada.
- ¿Quién habla? - no tenía intenciones de ser amable con quien fuera que hubiese llamado, mucho menos luego de interrumpirme estando tan cerca de mi objetivo.
- Sesshomaru.
¿Padre?
No pronuncié una palabra simplemente porque no supe que decir.
- Ni se te ocurra nombrarme. - quizás notó que mi silencio había sido por la sorpresa. - Ni siquiera le digas a Inuyasha.
- ¿Qué sucede?.
- Tengo la ubicación de Zero, pero necesitaré de tu ayuda.
