Un beso añorado
Kagome
Abrí mis ojos y lo primero que sentí fue su cálida respiración sobre mi hombro y su palma sobre mi abdomen. Me elevé levemente y noté que nuestros cuerpos desnudos estaban cubiertos por las sábanas y sonreí al recordar todo lo que vivimos sólo unas horas atrás.
Las caricias, las palabras, las emociones, las promesas que nuestros cuerpos decidieron realizar.
Giré levemente mientras él se reacomodaba sobre mi pecho sin despertarse. Mi corazón se aceleraba notablemente al mismo tiempo en que acariciaba su cabello y me perdía en la tranquilidad de su rostro.
¿En que momento me enamoré tanto de ti, Inuyasha?.
Pensé, sintiendo un dejo de miedo de mis propias palabras. Verdaderamente lo que me sucedía con él era algo difícil de explicar y, aunque odiara admitirlo, me recordaba a los primeros momentos de la relación con Bankotsu, esos en los que todo está a flor de piel y sientes que harías cualquier cosa por quien está a tu lado.
Incluso humillarte.
Aunque sabía que eso difícilmente lo viviría con Inuyasha, el daño en mi ya estaba hecho y aún faltaba mucho que reparar, algo que me llevaba a seguir planteándome si estaba lista para volver a ingresar a una relación, una que tenía ya tantas personas involucradas desde el comienzo.
Él se removió un poco más y noté que su agarre sobre mi cuerpo se intensificó, segundos después, sus ojos se encontraron con los míos, borrando en sólo un instante todas las inquietudes que me invadían. Sonrió, acurrucándose un poco más entre mis pechos y llevando su mano a mi trasero para acariciarlo con suavidad.
- Si estoy en el paraíso no quiero que me revivan.
- Tonto. - solté una pequeña carcajada ante su comentario. - ¿Dormiste bien?.
- Mejor que nunca.
- Yo también. - me quedé contemplando su rostro sin dejar de acariciar su suave cabello. Verdaderamente no tenía deseos de levantarme e ir a trabajar.
Sin embargo, de repente, mi celular comenzó a sonar.
- ¿Es muy necesario que respondas?.
- Mmm, no lo sé. - volteé, inclinándome en dirección de la mesa de noche. - ¡Oye! - lo miré, sintiendo como apretaba mi trasero.
- Lo siento. - mordió sus labios. - No pude resistirme.
Mi sonrisa se borró al ver el nombre en pantalla y, casi que por inercia, me alejé de inmediato de su agarre.
Koga...
- ¿Qué sucede? - preguntó al percatarse de mi reacción. Sin responderle, giré mi teléfono, mostrándole su nombre y pude notar como su mirada se ensombrecía. - ¿Qué es lo que quiere?.
Fue en ese entonces que recordé que habíamos hablado anoche, antes de que Inuyasha llegara y sucediera todo lo que sucedió. También recordé que habíamos quedado en cenar esta noche.
- Bu... bueno. - murmuré. - Olvidé por completo que habíamos quedado de cenar esta noche. - no podía mentirle, no a estas alturas.
- ¿Cenar? - arqueó una ceja. - ¿Y por qué deberías cenar con él?.
- Supongo que quiere decirme algo.
- Bien. - se puso de pie, notablemente molesto. - Quizás quiere pedirte que seas su novia. - comenzó a vestirse. - Puedes decirle lo que quieras.
- ¿Qué? - pregunté, confundida por su afirmación. - ¿Por qué dices eso?.
- Había olvidado que me habías dicho que quizás le dabas una oportunidad...
- Inuyasha...
- Quizás aún estás a tiempo de decirle que si.
- Oye... - verdaderamente había comenzado a molestarme, hasta que el tono de mi móvil me distrajo y respondí. - ¿Hola?
Noté como sus ojos dorados se fijaron en los míos en ese instante.
- Buenos días, bonita.
- Buenos días Koga. - traté de no sonreír, ya que no quería que él mal pensara.
- ¿Sigue en pie lo de la noche?.
- Bueno... si, eso creo. - lo miré y noté que estaba apretando sus puños al lado de sus manos. - ¿Hay algo que tengas que decirme?.
- Si, bonita, hay muchas cosas que tengo que decirte. - suspiró.
- ¿Son cosas malas?.
- Bueno, supongo que eso dependerá de como puedas llegar a tomarlo.
- Eso no se oye muy alentador que digamos. - sonreí levemente. - ¿Dónde quieres cenar?.
- No puede ser. - murmuró Inuyasha, dándome la espalda.
- Podemos ir a un restaurante si lo deseas.
- ¿No quieres venir?.
- ¿A tu departamento? - pregunté casi inconscientemente.
Lo siguiente que sentí fue a Inuyasha tomando el celular.
Inuyasha
- ¡¿Qué demonios es lo que te crees, sarnoso?! - grité.
La realidad era que sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, ya que no tenía derecho de tomar el móvil de Kagome de esa manera, sin embargo el hecho de saber que el imbécil de Koga estuviera hablando con tanta familiaridad con ella, me volvía loco.
Quizás le de una oportunidad a Koga.
Sus palabras no dejaban de resonar en mi mente, causando que todo se volviera más pesado.
- ¡¿Qué es lo que estás haciendo en su casa, pulgoso?!.
- ¿De verdad quieres saberlo? - sonreí, victorioso, como si sólo se tratara de una estúpida guerra infantil. - Dormí con ella y le hice el amor toda la noche, imbécil.
- ¡Inuyasha!.
- ¡Por supuesto que se lo diré, Kagome! - la miré. - Necesito que este imbécil sepa que eres mi mujer.
- ¿Tu mujer? Ja, si claro, ¿Por qué no me pasas con Kagome y que ella misma me lo diga?.
- ¿Por qué no te vas al carajo? ¡Ni creas que irás a cenar con ella! - y sin más, corté la llamada. - No soporto a este idiota.
- ¿Quién te crees que eres para decidir por mi?.
Mi mirada se encontró con la de ella y mentiría si dijera que no me sorprendí al notar la molestia en sus ojos, ya que era la primera vez que me observaba de aquella manera.
- ¿Disculpa?. - fue lo único que logré preguntar.
- ¡¿Crees que soy un maldito premio por el que se tienen que pelear?!.
- ¡Nadie dijo eso!
- ¡¿Entonces porqué le dijiste lo que hicimos anoche?!
- Hablas como si te molestara que él sepa que dormimos juntos, ¿acaso querías seguir manteniendo cerca a tu querido Koga?.
- Repite eso y no responderé de mi, Inuyasha. - se puso de pie, cubriéndose con las sábanas, demostrándome que estaba completamente furiosa. - ¿Qué demonios estás insinuando?.
- Lo que tú pienses no es mi problema, yo no te dije nada malo.
Entrecerró sus ojos, poniendo una expresión que no lograba descifrar.
¿Asco quizás?.
- Las mismas malditas palabras que decía Bankotsu. - sonrió irónicamente.
- Ni se te ocurra compararme con ese bastardo.
- Entonces compórtate de manera diferente.
Sus palabras me dolieron, pero no porque las haya pronunciado, más bien porque temía que ella me viera de la misma manera en la que lo veía a él, sobre todo en las discusiones.
- ¿Pretendes que viva a la sombra de lo que fue ese idiota? ¿Acaso cada cosa que diré comenzarás a compararlas con las palabras que él ya dijo?.
- ¿Acaso no soy yo la que está viviendo a la sombra de Kahori?.
- ¿Qué? ¿Y ella que demonios tiene que ver?.
- ¿Crees que a mi no me duele saber que no podré ni siquiera escuchar su nombre sin ver la expresión de tu rostro?.
- No intentes desviar el tema.
- ¡Entonces no te hagas el inocente! - gritó, con sus ojos completamente llenos de lágrimas. - ¡No quieras ser la victima en una discusión! ¡Mucho menos dejarme como la loca de la historia!
- ¡No te estoy diciendo eso!
Y en ese instante comprendí que ella estaba mucho más dañada de lo que pensé y que, después de todo, definitivamente no iba a ser fácil lidiar con ella en los momentos difíciles. Aún así, mi amor jamás disminuiría, no importaba cuantas discusiones atravesáramos en el camino.
- Vete por favor. - murmuró. - No quiero ni verte ni escucharte.
- Kag... - suspiré, tratando de tranquilizarme. - Esto es completamente innecesario...
- ¡Es tu culpa! ¡¿Por qué me arrebataste el teléfono y dijiste esas cosas?!.
- ¡Porque te estaba invitando a su maldito departamento!
- ¡¿Creíste que iba a aceptar?!
- ¿Qué? - murmuró.
- ¡Hablas como si estuvieses seguro que iba a ir a su casa! ¡¿Qué creíste?! ¡¿Qué me lo follaría?!.
Maldición, es verdad... si exploté fue porque pensé que, si se ven esta noche, podría suceder cualquier cosa.
- Bueno...
- ¿No confías en mi?.
- ¿Tú confías en mi? - me puse a la defensiva de inmediato.
- No es eso lo que te estoy preguntando. - las primeras lágrimas se asomaron. - Si me quedo sola con Koga, ¿crees que me lo follaría?.
- Si me quedo sólo con Kahori, ¿crees que sucedería algo?.
- Estuviste a punto de besarla ayer. - rio irónicamente. - ¡Estuviste a punto de convertirte en humano y hacerla tu esposa!
- ¡Y tú estuviste a punto de darle una oportunidad a Koga! ¡También te lo follaste decenas de veces, incluso yo los vi!
Grité, recordando aquella vez en la que los vi en el estacionamiento de la discoteca, luego de haberme contenido de dar un paso más con ella.
- ¡¿De verdad vas a comparar el querer con el amor?!
Tiene razón y lo sabes, continuar con esto es en vano.
- Nos deberemos una charla luego de esto, porque ahora no llegaremos a ningún lado. - tomé mis cosas y caminé hacía la puerta de la habitación. - Si quieres cenar con Koga, hazlo, no te voy a prohibir nunca nada.
Después de todo, voy a confiar en ti, Kagome. Tengo que confiar en ti si pretendo que seas mi mujer.
Y sin esperar respuestas, salí de la habitación.
Extra.
Kahori
Mi día había sido bastante cansado, pero por fin la noche se estaba asomando y, con ella, mi más que merecido descanso. Estaba a sólo unas calles de casa cuando mi móvil comenzó a sonar y sonreí de inmediato al notar quien era el responsable de esa llamada.
- Buenas noches, Kirinmaru. - respondí sin perder la sonrisa.
- Buenas noches, bonita. - mi sonrisa se amplió ante esa forma tan dulce que tenía de llamarme. - Estas hermosa esta noche.
Aquella curvatura desapareció, dejando sólo una expresión de absoluta sorpresa en mi rostro. Instintivamente volteé y me encontré con él, observándome desde unos metros de distancia.
- ¿Acaso me estas siguiendo?. - corté, esperando que se acercara.
- No soy un psicópata, Himari. - me sonrió y por dios... que lindo se veía de esa manera. - Sólo salí a caminar para despejar mi mente y tuve la dicha de cruzarme contigo.
- Ya... me sonrojas. - desvié mi mirada, tratando de ocultar el rosado que sabia que había comenzado a emerger en mis mejillas.
- ¿Quieres acompañarme en mi paseo? - me acercó su brazo y no lo dudé, lo tomé de inmediato.
- Claro.
Y ya para ese momento era innegable que estaba sintiendo una fuerte atracción hacía este hombre.
Kirinmaru
Con que ya te encuentras de nuevo aquí.
Sonreí al percibir el aroma de Toga Taisho, el cual había aparecido tan repentinamente como había desaparecido tiempo atrás.
- Sólo espero que traigas buenas noticias, de lo contrario... - me puse de pie, quedándome en silencio al percibir otro aroma que se acercaba.
- ¿Lo notaste? - preguntó al ingresar, sin siquiera saludar o decir algo previo.
- ¿Se puede saber por qué estás tan nervioso, Magatsuhi? - fijé mis ojos en él.
- ¿Nervioso? - sonrió. - ¿Te has golpeado la cabeza?.
- Te conozco más de lo que crees, hermano. - le devolví la sonrisa y pase por su lado. - Espero que el motivo por el que estas de esa manera no sea el regreso de Taisho. Eso hablaría muy mal de ti.
- Venía a decirte que tenía ganas de asesinar a otra mujer, digo... para continuar con nuestra racha y que no olviden nuestras advertencias.
- Hm... ¿tienes sed de sangre? - lo miré por sobre mi hombro. - No hagas nada hasta que no hable con Inu No Taisho. Y más te vale obedecerme, ya que mi humor no viene siendo el mejor estos días.
No esperé que me dijera nada simplemente porque no me interesaba, por lo que decidí salir a caminar con la finalidad de despejar un poco mi mente. Luego de un par de calles, percibí su aroma y sentí como mi corazón comenzaba a acelerarse involuntariamente. Sin dudarlo, decidí acercarme a la zona en la que ella se encontraba.
Al verla simplemente me quedé paralizado, observándola a la distancia. Me fue imposible no sonreír y, aunque al comienzo sentí dudas, luego de unos momentos me decidí a llamarla.
Después de todo, siempre me perseguía el hecho de no haberme acercado a ella en el pasado.
Finalmente me respondió y no podía explicar lo bien que se sentía el estar acercándome, con mis ojos fijos en aquellos ojos grises que tanto había anhelado y que había perdido sin siquiera haber tenido la oportunidad de verlos de frente.
Luego de una breve charla, acerqué mi brazo con la finalidad de que ella lo tomara y así lo hizo. Comenzamos a caminar y, por un momento, sentí que estaba en un sueño, se sentía irreal que la mujer que había amado durante toda mi vida, ahora estuviera a mi lado.
Aún cuando el amor de su vida también se encuentra en esta época.
Traté de quitarme la imagen de ella e Inuyasha y concentrarme en el presente.
Y en el presente ella está conmigo, al menos en este momento.
- ¿Puedo preguntar que estabas haciendo por aquí? - pronunció, sacándome de mis pensamientos.
- Puedo decirte que llevo una vida un poco estresante y necesitaba desestresarme un poco.
- ¿Y crees que yo puedo ser una buena compañía para eso?.
- Mmm, ¿una joven hermosa, dulce, con una mirada hipnotizante y una forma de ser que me fascina? No, definitivamente no. - bromeé y, por suerte, soltó una pequeña carcajada.
- Bueno, si no fuera una broma, te agradecería por tantos cumplidos.
- Que lo haya dicho en tono de chiste, no significa que no lo sienta, Himari.
- ¿Qué? - murmuró. - ¿De verdad piensas eso de mi?.
- Claro. - nos detuvimos, observándonos fijamente. - Sólo un tonto podría pensar lo contrario. - susurré. Pude notar como sus ojos viajaron levemente a mis labios y me vi en la obligación de contenerme para no reclamarlos en ese instante. - ¿Puedo preguntarte que piensas de mi?
- ¿Qué pienso de ti?.
- Si, ¿Cómo me ves? ¿Me ves de la misma manera?.
- Bueno... - aquel silencio hizo que mi mente comenzara a volar por mil escenarios negativos. - Usted es muy atractivo, joven Kirinmaru.
- No me trates de usted.
- Lo siento, a veces no puedo evitarlo y es que... me causas algo difícil de explicar.
- ¿Es algo bueno?
- Más de lo que quisiera. - aquellas palabras se oyeron como un suspiro.
¿Acaso de alguna manera estaba correspondiendo mis emociones?
- ¿Puedo decirte algo a riesgo de sonar impertinente? - asintió. - No tienes idea de cuanto deseo besarte en este instante.
- ¿Y por qué no lo haces?.
Definitivamente creí que estaba soñando, por lo que antes de que este momento irreal se esfumara, me acerqué a sus labios, besándolos con una suavidad y delicadeza que no sabía que tenía.
Y nuevamente me pregunté si estaba soñando. Kahori, la mujer de la que me había enamorado perdidamente en la época feudal, estaba entre mis brazos, correspondiendo un beso añorado, un beso soñado, un beso que se había vuelto realidad.
