Sentimientos

Kagome

Llegamos a la sala, en donde Sango clavó sus ojos asesinos en él. Me posicioné a su lado y coloqué mi mano en su hombro, con la finalidad de calmarla.

- Disculpen la tardanza. - pronuncié. - Tuve algunas complicaciones.

- Yo igual. - acotó Inuyasha.

- No se preocupen. - Rin siempre tan comprensiva. - Supongo que podemos retirarnos para continuar con el trabajo, ¿están de acuerdo?

- Claro. - le respondí sonriendo.

Ella y Sesshomaru se dirigieron a su oficina al mismo tiempo en que yo volteaba.

- ¿Qué quieres? - giré ante su voz, encontrándome con Inuyasha sosteniendo del brazo a Sango.

- Inuyasha. - me interpuse. - Ya déjala en paz, demasiado la has molestado en estos días.

- Tú no te entrometas. - me señaló. - Ya que no le tembló la lengua para decirte todo, espero que tampoco le tiemble para hablar conmigo. - me sonrió. - ¿O temes que le haga temblar otra cosa?

- ¡¿Qué dijiste?! - estuve a punto de lanzármele encima, sin embargo esta vez fue Sango quién me sostuvo.

- No le hagas caso, Kag, como me dijiste, él sabe manipular muy bien.

- Oh ¿eso dijo? - y nuevamente allí se encontraba aquella altanera sonrisa más brillante que nunca. - Bien, tendré toda la tarde para hablar con ella sobre eso, pero ahora me interesas tú, Saoto. - volvió a mirarme. - ¿Te importaría dejarnos solos?

- Ni loca.

- Vaya, al parecer tus celos son más elevados de lo que pensé.

Suspiré, tratando de autocontrolarme, ya que de no hacerlo lo más probable es que me llevaría esa perfecta cabellera blanca de trofeo.

- Escúchame bien, Taisho. - elevé mi dedo. - Tú y tu hermano están aquí sólo porque la comisión del hospital los contrató, de igual manera este espacio sigue siendo nuestro y puedo echarte sin problemas si sigues pasándote de listo, asique te lo advertiré una vez. - su mirada estaba fija en la mía. - O te controlas y te comportas de forma profesional o no te permitiré más el ingreso a nuestras oficinas.

- Kagome... - murmuró Sango.

- No, no me interesa su apellido, su empresa o todo lo que los avale, si no nos muestra respeto, no lo obtendrá tampoco. - entrecerré mis ojos. - Espero haber sido clara. - voltee y comencé a caminar en dirección hacía mi oficina.

Estaba lista para escucharlo quejarse o burlarse, lo que sucediera primero, sin embargo nada ocurrió, sólo se limitó a seguirme en completo silencio. Ingresamos a mi oficina y, cuando él cerró, el sonido del cerrojo provocó que girara de inmediato.

- ¿Qué estás...?

Antes de terminar la frase, me encontré con ambas manos apoyadas sobre la pequeña mesa, al mismo tiempo en que mis ojos se fijaban en los suyos y sus manos sujetaban mi cintura con firmeza.

- Asique eres muy valiente, ¿verdad? - el intenso brillo que profesaba aquel dorado era capaz de desestabilizar a cualquiera. - ¿Crees que puedes venir a decirme todo eso sin consecuencias?

Mi enojo aún no se había esfumado, por lo que sus insinuaciones me molestaban aún más.

- ¿Y que harás? ¿Golpearme? - aquello lo dije a propósito, tenía la intención de que se alejara de mi.

Pero sucedió todo lo contrario. Al finalizar aquella frase él me abrazó con firmeza, pegando mi cuerpo completamente al suyo.

- ¡No vuelvas a decir eso! - sus labios se posaron sobre mis hombros. - Ni siquiera... en broma.

- ¿Qué...? - mis ojos se llenaron de lágrimas sin entender muy bien el porque, pero mi orgullo no me dejaba corresponderle aquel gesto. - No lo hagas, por favor. - murmuré. - No uses esas técnicas.

- ¡¿De que demonios hablas?! - se alejó, mirándome nuevamente. - ¡Fuiste tú quién uso eso para que me aleje! ¡¿Y sabes que?! ¡No lo haré! ¡No me alejaré de ti, Kagome!

Ahora si no comprendía nada. ¿Por qué decía eso? Mis palabras si tenían una mala intención, pero no para que me respondiera de esa manera.

Inuyasha

No estaba seguro de si la última frase se la había dicho a ella o a mi mismo. Quizás se trató de una confirmación de lo que verdaderamente sentía pero no quería aceptar.

¿Pero que demonios estoy haciendo? ¡No es momento de mostrarme débil!

Su cara de confusión me dejó en claro que había hablado más de lo necesario, por lo que debía llevar todo a la situación en la que nos encontrábamos momentos antes de que sus palabras me sacaran de eje. Pero... ¡demonios! Qué difícil me resultaba.

- ¿Qué querías lograr con amenazarme frente a Sango? - dije lo primero que se me vino a la mente.

- No te amenacé, sólo quise que supieras el lugar que ocupas en esta empresa, el cuál sólo es el de un colaborador.

- Bien entonces eso es lo que soy, ¿verdad? - necesitaba ver una chispa de duda en su mirada.

- ¿Qué te hace pensar que podrías ser algo más?

Me acerqué, tomándola nuevamente por su cintura.

- La reacción de tu cuerpo cada vez que me acercó. - murmuré, colocando mi nariz sobre la de ella. - No es normal.

- Hablas demasiado. - notaba sus nervios y una sonrisa emergió de mis labios.

- ¿Y que prefieres que haga si no es hablar?

- ¿Tantas ganas tienes de follarme? - la manera en la que trató de demostrar desprecio me resultó bastante divertida.

- Las mismas que tienes de ser follada. - susurré, rozando mis labios con los suyos. Ella sonrió y, por alguna razón, mi corazón se relajó un poco.

- Entonces... - llevó su boca a mi oreja mientras yo apretaba el agarre en su cuerpo. - Ve y fóllate a Kikyo. - susurró, empujándome. - Y no vuelvas a acercarte de esa manera.

Me quedé en silencio, en parte sorprendido y en parte encantado (si, aquella actitud tan decidida y tan dueña de si misma me gustaba demasiado) quizás porque ya había tenido suficiente de mujeres que sucumbían a mis pies (sobre todo en mi trabajo).

- Bien, si así lo deseas. - elevé mis manos. - Sólo no vengas a molestarme cuando me veas con ella o con alguien más.

- ¿Y por qué debería hacerlo? Si he de ser honesta, no veo las horas de que terminemos este proyecto para ya no volver a ver tu cara.

- Si mal no recuerdo, el motivo de tu molestia inicial fue el haberme visto con Kikyo. - sonreí. - Es más, estoy seguro de que te molesta que la desee de la misma manera que a ti.

- ¿Por qué debería importarme a quién deseas? ¿Acaso te llamas Koga Wolf?

Aquellas palabras fueron suficientes para que mi sonrisa se esfumara y mis puños se apretaran.

Kagome

Inuyasha Taisho sabía perfectamente la manera de enloquecerme y, aquella última frase hizo que mis ganas de golpearlo regresaran.

Demonios... esta situación se esta volviendo demasiado.

Estaba más que celosa, si, ya lo había aceptado para mi, pero por alguna razón el hecho de que él me confirmara que esa mujer y yo estábamos en igualdad de condiciones frente a sus ojos, me molestó bastante.

Ya había sido el juguete de un imbécil, no iba a serlo de nuevo.

- ¿Por qué debería importarme a quién deseas? ¿Acaso te llamas Koga Wolf?

Su lenguaje corporal me hizo notar que había acertado en pronunciar aquel nombre y ahora era yo quién sonreía.

Lo siento, Koga, pero al parecer haces estragos en este hombre.

- Bueno, eso me dice que te importa lo que él piense o desee.

- Es mi futuro novio, por supuesto que me interesa. - elevé la apuesta, esperando que él sintiera lo mismo que yo sentía en ese momento.

- Es lo normal. - se encogió de hombros, mostrando desinterés. - Sólo voy a preguntarte algo con respecto a Koga, ¿puede ser? - asentí. - ¿Lo amas?

Aquella pregunta me sorprendió con creces y creo que él lo notó por la forma en la que mis ojos se abrieron ampliamente y mis brazos se cruzaron.

- ¿Por qué debería responderte eso?

- Por nada. - volvió a sonreír y pasó por mi lado. - ¿Dónde están las carpetas del diseño?

- ¿He?

- Dijiste que teníamos que trabajar, ¿Dónde están las carpetas?

- ¿De que carpetas hablas? Sólo tenemos un maldito plano con las medidas del terreno y lo que avanzamos en la computadora.

- Entonces trae eso y deja de quejarte.

- ¿Perdón?

- Oye, ya. - elevó sus manos. - De esta manera no lograremos nada en ningún aspecto, mejor te calmas y regreso luego, ¿de acuerdo?

- ¿Qué estás...?

Antes de que pudiese terminar la frase él ya había cerrado la puerta, dejándome con las palabras atragantadas. Me dejé caer en mi silla al mismo tiempo en que emitía un suspiro.

- Maldito Taisho. - gruñí. - ¿Por qué me afecta tanto todo lo que dices?

¿Por qué me afecta tanto el saber que no soy la única persona en su vida.

- ¡¿Pero qué demonios estoy diciendo?! - choqué la palma de mi mano en mi frente. - Primero, él no es el único en mi vida y segundo, no somos nada como para sentir la necesidad de que me vea de una manera diferente.

Supongo que el hecho de necesitar afecto o que alguien me demuestre amor, me esta afectando.

Tampoco podía aferrarme a ese argumento, ¿por qué? porque si existía una persona que me estaba dando todo lo que deseaba esperar de una relación y esa persona era Koga.

- Si Inuyasha se comportara como él... quizás contemplaría darle una oportunidad. - me reí instantáneamente al terminar la frase. - De acuerdo, tengo que dejar que mi subconsciente tome el control.

Después de todo, no quiero volver a padecer una relación. Quizás, lo mejor para mi futuro amoroso sea el ver como avanzan las cosas con Koga y...

- Si, eso es lo mejor. - abrí el cajón del escritorio, sacando el plano que la comisión del hospital nos había proporcionado y lo abrí sobre la mesa, a la espera de que Inuyasha decidiera regresar.

Inuyasha

Su manera de responder fue la excusa perfecta para poder salir del lugar antes de que mi molestia escalara al seguir escuchando el nombre del imbécil de Koga.

Cerré la puerta a mis espaldas y mis ojos se enfocaron en mi siguiente víctima. Sonreí al ver a Sango tan concentrada y, sin pensar demasiado, me acerqué.

- Saoto. - me encantaba llamarla de manera autoritaria.

- Ay no puede ser. - gruñó, colocando sus ojos en blanco. - ¿Qué demonios haces aquí? ¿No se supone que venían a trabajar?

- Exacto, pero el humor de tu compañera me esta haciendo las cosas un poco difíciles.

- ¿No será que es tu existencia lo que le hace la vida imposible?

- Tú tienes la culpa de todo esto. - me senté sobre el escritorio en un claro gesto de superioridad. - Después de todo... si no hubiesen querido pasarse de listas con su regalo, Kagome y yo no nos hubiéramos conocido y tú no estarías metida en todo esto.

- Vaya, al parecer el hecho de conocerla cambió muchas cosas de tu vida, Taisho.

- Keh, ¿Qué te hace creer eso?

- ¿Cuántas veces hiciste tantos movimientos sólo para estar cerca de una persona?

Estaba seguro de que mi semblante se había ensombrecido ante sus palabras, sobre todo por el hecho de que el rostro de Kahori y todo lo que hacía en mi día a día, sólo para estar cerca de ella, pasó por mi mente.

- Esto es diferente. - desvié mi mirada.

Kagome no tiene ni idea de en que se metió con el simple hecho de haber sido pareja de Bankotsu, pero al parecer, Sango no esta enterada de lo sucedido. ¿Por qué no le habrá dicho?

- ¿Por qué es diferente? - cruzó sus brazos. - ¿Qué tiene Kagome para que hagas todo esto?

- Oye, ¿y por que tú me estas hablando de esa manera tan tranquila? ¿Qué te traes entre manos?

- Supongo que lo que ella te dijo fue lo suficientemente claro como para no sentirte una amenaza.

- Saoto. - sonreí. - Nunca fui una amenaza.

- Tus palabras decían otra cosa. - arqueó su ceja.

- Sólo necesitaba a alguien que hiciera el trabajo sucio por mi. - guiñé mi ojo. - Y tu paranoia me vino como anillo al dedo.

- ¿Paranoia? - abrió ligeramente sus ojos. - ¿Qué me quieres decir?

- Vamos. - reí. - Recuerdo tu rostro la primera vez que hable contigo, estabas pálida Saoto.

- Oh si. - puso sus ojos en blanco. - Y culpa de eso casi tuve un pleito con Kagome. - tomó unos documentos, golpeándolos contra el escritorio.

- ¿Culpa de eso?

- Así es, al parecer ella pensó que entre tú y yo pasaba algo. - hizo una mueca de rechazo. - No se que se le cruzó por la cabeza.

Asique... con que eso creyó. Vaya, es una jovencita bastante celosa realmente.

- Haces esa expresión, pero hubieras caído a mis pies sin más.

- Lo siento, Taisho, pero no eres mi tipo.

- Oh, verdad, no soy Miroku, lo había olvidado. - ver como el color escaló a su cara fue simplemente sorprendente.

- ¡Escúchame...! Escúchame bien. - murmuró al darse cuenta de que había gritado la primera palabra. - Ni se te ocurra volver a nombrar eso, ¿de acuerdo?

- ¿Qué sucede? ¿Te pone nerviosa hablar de él o sobre como tuviste que cubrirte medio cuerpo desnudo?

- ¡Inuyasha! - se puso de pie, completamente roja, mientras yo comenzaba a carcajear.

- Ay, Saoto, seré honesto... - me lancé del escritorio. - Me agradas más de esta manera y... si quieres que te diga algo que quizás pueda ser de tu interés... es la primera vez que veo a mi mejor amigo tan interesado en alguien.

- ¿Qué? - sus labios se separaron ligeramente.

- Eso. - voltee y me dirigí nuevamente a la oficina. - Tú sabrás que hacer. - me encogí de hombros, dedicándole una última mirada e ingresé.

- ¿Te divertiste atormentando a Sango? - mis ojos se encontraron con su rostro, el cuál estaba observando los planos sobre la mesa.

- La verdad que si. - suspiré. - ¿Así de controladora has sido con tus novios?

- Puedes llamar a Koga y preguntarle. - me miró, sonriendo. - Él puede darte la respuesta.

Detestaba profundamente que lo trajera a la conversación y, al parecer, ella era consciente de eso.

- Higurashi. - me acerqué esperando que retrocediera, pero se quedó en su lugar. - ¿De verdad pretendes hacerme creer esa fachada?

- Nadie dijo que era una fachada.

Mis manos volvieron a sujetar su cadera y noté que su respiración se detuvo.

- Insisto... tu cuerpo responde por si solo. - murmuré, llevando mis ojos a sus labios.

Cada vez que mis manos entraban en contacto con su cuerpo, el ambiente se cargaba de una tensión increíblemente perfecta, casi como si ambos estuviésemos cien por ciento cómodos e inquietos al mismo tiempo.

- Inuyasha... - mi nombre en sus labios era simplemente delicioso.

Kagome

Todo el tiempo que él se había mantenido fuera de la oficina me había preparado para concentrarme en el trabajo una vez que regresara, pero unas simples palabras, un ligero agarre y mi cordura se iba por la borda.

Tenía razón, mi cuerpo si reaccionaba a sus caricias, pero yo no quería sucumbir ante aquel deseo que, para estas alturas, nos atravesaba a los dos.

- Inuyasha... - murmuré al ver como sus ojos se posaban en mis labios. - ¿Por qué haces todo esto... si sólo quieres sexo?

No pude soportarlo más. Necesitaba saber con urgencia a que demonios me estaba enfrentando, el porque de lo que le había hecho a Sango y que papel parecía jugar yo en su vida.

- No lo se. - respondió en el mismo tono. - Yo no se, pero... no puedo dejar de pensarte cuando no estas conmigo.

Mi respiración se detuvo en el mismo momento en que soltó aquellas palabras y sus labios se acercaban, en cámara lenta, hacia los míos.

Extra

Kikyo

Una vez que Inuyasha ingresó, le di la dirección al Uber y tomé mi móvil, marcando su numero.

- ¿Hola?

- Naraku. - sonreí. - Estoy en camino.

- De acuerdo, bonita, te espero.

Corté y posé mis ojos en la ventanilla. Mi mente parecía relajada, pero la realidad era que no podía dejar de pensar en él y la manera en la que había poseído mi cuerpo la noche anterior.

Inuyasha era realmente intenso en la cama y sabía como hacerme tocar el cielo, además de que, por momentos, sus caricias se volvían tan tiernas y románticas que la idea de quedarme en sus brazos para siempre, no me parecía tan mala.

Esto no esta bien...

La culpa siempre me invadía al alejarme de él y no era para menos, la supuesta única razón por la que yo debía permanecer en su vida era para vigilarlo cuando Naraku no estuviese cerca. Pero... últimamente me encontraba cada vez más emocionada con la idea de compartir más tiempo a su lado, conocerlo más y...

¿Qué me esta sucediendo? Estos pensamientos son similares a los que tenía al conocer a Naraku por primera vez.

- Señorita. - miré al frente. - Hemos llegado.

Pague el viaje y descendí. Ingresé al edificio y me dirigí al tercer piso, lugar en el que se encontraba su departamento. Toque el timbre y me sorprendí al no reconocer a la persona que me abrió la puerta.

- Buenos días. - me sonrió. - ¿Eres Kikyo?

- ¿Disculpa? - fue lo único que pude pronunciar en lo que procesaba la imagen frente a mi.

- Kagura. - la voz de Naraku provocó que la mujer volteara. - Déjala pasar.

¿Kagura? ¿Y esta de donde salió?

Ingresé al departamento e inmediatamente fijé mis ojos en ella. Su cabello estaba elevado en un muy bien peinado rodete. Poseía una camisa blanca ajustada al cuerpo y un pantalón negro que le daba un toque de elegancia. Sus ojos rojos volvieron a Naraku y una sonrisa, inquietante para mi, emergió.

- ¿Ella es tu novia? - la manera en la que me señaló no me agradó para nada, sin embargo mucho más me chocó el silencio de Naraku.

- Kagura, ¿tienes algo más que decirme? - preguntó, acercándose con un café en la mano.

¿Acaso esta mujer había pasado la noche con él?

- No, querido. - me miró. - Eso fue todo.

- Bien, entonces no veremos este fin de semana.

¿Perdón?

Entrecerré mis ojos, sin quitarlos de los de ella, quién sin disimular me observaba de arriba a abajo.

- Por supuesto que nos veremos. - sus ojos rojos se posaron en él y mordió su labio inferior. - Estaremos en contacto.

Estaba a punto de golpearla cuando abrió la puerta y desapareció tras ella. Mi mirada se posó en Naraku, quién continuaba bebiendo su café como si nada.

- ¿Quién es ella? - pregunté, cruzando mis brazos.

- ¿Buenos días? ¿Cómo has estado? Yo bien.

Su ironía sólo hizo que mi molestia incrementara.

- ¿Dormiste con ella? - no necesitaba quedarme si la respuesta era afirmativa.

- ¿Acaso tú no pasaste la noche con Taisho?

- ¡¿Qué dijiste?!

- Kikyo. - me sonrió. - Sólo fue una broma. - pero la duda ya estaba sembrada.

- Entonces dime quién es y que estaba haciendo aquí.

- No es nadie que te interese conocer, ¿quieres un café?

- Quiero saber sobre esa mujer y porque estaba contigo tan temprano.

- Vaya, eres celosa. - arqueó una ceja, sin perder la sonrisa.

- Ni siquiera le respondiste cuando te preguntó si yo era tu novia, ¿acaso no lo soy?

- Kikyo. - suspiró. - Sólo te preguntaré una cosa antes de irme al trabajo. - sus ojos rojos me atravesaron y no precisamente de manera positiva. - ¿Está funcionando?

- Si. - respondí tajante.

- Bien, ya puedes irte. - volteó, reingresando a la cocina.

- ¿Qué demonios me estas ocultando? - se detuvo, dándome la espalda. - ¿Por qué estas tan frio y distante?

Luego de unos segundos de silencio, finalmente giró y nuestras miradas se encontraron, sin embargo sus pupilas se veían completamente vacías, como si no existieran sentimientos en su interior. Sonrió y mis vellos se erizaron.

- Querida Kikyo, ya puedes marcharte.

Aquella energía que llenó el ambiente provocó que mi cuerpo se tensara de inmediato. Contuve el aire todo el trayecto de su departamento hacía la salida.

¿Qué demonios fue eso?.

Pensé, suspirando.

Era la primera vez, desde que lo había conocido, que su mirada me generaba, ¿miedo?.

En ese momento el celular comenzó a sonar, sacándome del estado de hipnosis en el que había quedado. Miré la pantalla y respondí de inmediato.

- Kaede.

- Hermana Kikyo, que bueno encontrarte, necesito que sepas esto de inmediato.

- ¿Es sobre ella?

- Si, por favor, tienes que venir al hospital en cuanto puedas.

- De acuerdo... iré al salir del trabajo, ¿bien?

- Bien, te esperaré en el mismo lugar de siempre.

- Bien.

Corté y me alejé, no sin antes darle un último vistazo al edificio.

Extra

Ayame

El día anterior.

Estábamos hablando con Sango muy a gusto cuando aquella llamada provocó mi salida inmediata.

Maldición.

Pensé, con mis ojos posados en el camino mientras el taxi me llevaba nuevamente al hospital, el mismo lugar en el que había deseado tanto trabajar, ahora se había convertido en una prisión. Al llegar lo primero que noté fue el serio semblante de la secretaria de guardia.

- Yuki, ¿Qué sucede?

- El comité quiere verte, Ayame.

- ¿Dónde están?

- En la sala de juntas.

Asentí y me dirigí hacía allá, atravesando parte del hospital y lo que aún era la vieja morgue. Llegué a la pseudo oficina y, al ingresar, me detuve al encontrarme con mi padre, la anciana Kaede, el anciano Myoga y él.

- Padre, vine en cuanto me llamaste.

- Hiciste bien. - miró a Myoga y Kaede, quienes inmediatamente se pusieron de pie y salieron del lugar.

- ¿Por qué...?

- Ese viejo es un infiltrado de Taisho. - sonrió Magatsuhi. - Y no queremos que él sepa lo que sucede, ¿verdad, bonita?

- No le hables así a mi hija. - los ojos de Hoshiyomi lo observaron con odio. - Sabes que sólo lo hago para proteger a mi esposa.

La espantosa sonrisa de aquel ser no se borraba.

- Tranquilo, amigo... Tsukiyomi esta bien vigilada por el momento.

El simple hecho de recordar la última vez que había visto a mi madre hacía que mis ojos se llenaran de lágrimas.

- Eso espero. - un suspiro de frustración abandonó los labios de mi padre antes de mirarme con una mezcla de culpa y molestia. - Dime, ¿Cómo te fue?

- Ellas prometieron pensarlo. - miré a Magatsuhi, quién asintió en aprobación.

- Tu hija es muy hábil, querido amigo... si siguen así, todo terminará antes de que se den cuenta.

- Y usted prometió no hacerle daño a mis amigas. - intervine.

- No lo olvido, bonita. - su voz me repugnaba. - Hoshiyomi. - volvió la vista a mi padre. - Ten en cuenta lo que te advertí sobre Taisho y sus hijos. - su semblante se oscureció al pronunciar aquel apellido. - Si ellos, o mi hermano Kirinmaru, llegan a encontrar a Zero... tú y tu familia tendrán que esconderse bajo tierra...

El aire que estaba conteniendo por fin salió al saber que, por fin, había abandonado la habitación. Mi cuerpo comenzó a temblar producto de la tensión y las lágrimas no tardaron en aparecer.

- Tranquila. - mi padre se acercó, abrazándome. - Ayame, siento tanto el que estés involucrada en esto.

- Yo... sólo espero que mamá este bien. - pronuncié de manera entre cortada. - ¡No quiero que le haga daño!

- No se lo hará, mi niña... no mientras hagamos lo que nos pida.

- ¡Estoy traicionando a mis amigas!

- No... ellas son sólo una carnada y lo sabes. - se apartó, mirándome fijamente. - Los Taisho no son un clan de segunda, Ayame... puedo asegurarte de que Inu No Taisho ya esta enterado de todo.

- Pero... ¿por qué nosotros estamos en el medio de esta guerra?

- No es una guerra, hija. - suspiró. - Es sólo la ambición de un yokai malvado que busca venganza...

- ¿Incluso dañando a su familia? - murmuré, desviando la mirada.

- La maldad no conoce de límites, hija. - me dio un beso en la frente y se dirigió a la puerta, abriéndola. - Te prometo que todo saldrá bien y traeremos a tu madre de nuevo, ¿bien? - asentí. - Ven, aún queda día para que disfrutes de tu descanso.