Un momento de dos

Kagome

Los nervios amenazaban con tomar el control a medida que me acercaba al restaurante, el mismo en el que habíamos quedado antes de despedirnos del trabajo.

¿Por qué tengo que sentirme de esta manera? Sólo es Inuyasha.

No... no lo es.

En ese momento, el recuerdo menos oportuno invadió mi mente, brindándome la respuesta que necesitaba.

Inicio del flashback.

- ¿Qué haces? - murmuré al ver que abría aún más mis piernas.

- No creas que esto ha terminado. - sus ojos dorados tenían un intenso brillo lleno de lujuria. Uno que provocó que mordiera mi labio inferior en respuesta a lo que sabía que iba a hacer. - No puedo irme sin probar esto.

Y en ese momento adentró su lengua en mi centro, arrancándome un grito.

- Inuyasha... - murmuré al sentir como la humedad de su lengua se fundía con la mía. - Por dios...

- Me encanta. - sus manos apretaron mis muslos con fuerza. - Deliciosa.

- No pares. - arqueé mi cabeza, cerrando mis ojos y mordiendo mi boca.

Sus labios, su lengua, cada movimiento se sentía completamente delicioso. Mis dedos rasguñaban la pulida mesa mientras podía sentir como mi cuerpo temblaba por completo.

Maldición... este chico si que sabe lo que hace.

Volví mi mirada a su rostro y me deleite con su rostro, el cual tenía sus ojos cerrados, al menos hasta ese momento, ya que los abrió, fijándolos directamente en mi. No se detuvo, sin embargo aquel dorado no abandonaba mis ojos, llevándome a la locura poco a poco.

Fin del flashback.

Oh, maldición... ¿Por qué tenía que pensar en esto en este momento?

Apreté ligeramente mis piernas, tratando de quitarme aquella sensación que aquel recuerdo me había dejado. Llegamos al frente del restaurante y descendí, suspirando levemente antes de ingresar.

¿Qué demonios estoy haciendo? Si hace sólo unos días estábamos discutiendo.

Sonreí, cerrando mis ojos y bajando mi cabeza.

Y también casi tenemos sexo... todo en cuestión de horas.

- Taisho... al parecer me haces ir de la molestia a la locura más rápido de lo que desearía. - murmuré, abriendo las puertas del lugar.

Ni siquiera fue necesario buscar su ubicación, ya que sus ojos dorados sobresalían de cualquier tipo de iluminación que hubiese dentro. Nuestras miradas se encontraron y ambos sonreímos al unísono, mientras yo me acercaba lentamente.

- Buenas noches, bonita. - se puso de pie, recorriendo mi cuerpo entero mientras extendía su mano.

- Buenas noches, Taisho. - respondí de manera sugerente, tomándola.

- Por favor, no seas tan formal. - pasó detrás de mi, corriendo la silla.

- ¿Desde cuando tan caballeroso? - arqueé mi ceja.

- ¿No puede un hombre ser amable sin que lo miren con desconfianza? - me senté y él regresó a su lugar.

- Digamos que no eras muy amable cuando te conocí.

- ¿Quieres que recordemos como nos conocimos? - llevó la copa, la cual contenía vino, a sus labios.

- ¿Por qué no? - uní mis manos, apoyando los codos sobre la mesa, mientras me inclinaba.

- Vaya... - imitó mi acción. - Me agrada arrancar la cena de esta manera.

- De acuerdo... entonces, en lo que nos traen la carta, ¿quieres comenzar?

- Bien... voy a preguntarte, ¿por qué eres tan deliciosa?

Pude sentir como el calor escalaba rápido a mis mejillas y mis manos, lentamente, comenzaban a sudar.

- ¿A que te refieres? - traté de sonar segura.

- Me encanta cuando quieres fingir compostura. - sonrió. - Pero... respóndeme.

¿Quieres jugar, Inuyasha? Bien, juguemos.

- Porque te fascino.

- ¿Como? - el brillo en sus ojos reflejó la sorpresa interna.

- Te gusto, Taisho. - decidí aprovecharme de ese pequeño reflejo. Como siempre, los detalles no se me escapaban así como así. - Me deseas... me deseas como quizás nunca deseaste a nadie...

Okey, eso no lo sabía pero valía decirlo.

- Y es por eso que te mueres por follarme. - tomé mi copa de vino, la que seguramente él había dejado preparada con antelación. - Estoy segura de que, en el fondo, no soportas tenerme cerca. - bebí un sorbo.

Nos quedamos en silencio, observándonos mientras internamente sentía que iba a morir de la vergüenza. El tiempo se detuvo en el mismo instante en que, sin apartar sus ojos de los míos y, sin dejar de sonreír, deslizó su mano por sobre la mesa, hasta alcanzar la mía, la cual acarició suavemente con sus cálidas yemas.

- ¿Terminaste? - murmuró.

- Eso creo. - realmente me esforzaba por mantener mi papel. - ¿Acaso estoy mintiendo?

- Para nada. No has mentido en nada. - estaba segura de que ahora era yo quien reflejaba la sorpresa en mi mirada. - Me fascinas... te deseo, te deseo como jamás desee a nadie... y tenerte cerca es una tortura. - cada palabra que susurraba hacía que mi piel ser erizara. - Cada segundo que paso alejado de tu piel, me desespera.

Maldición, Inuyasha... no puedes decirme esto y pretender que no sienta nada.

- ¿Más que a Kikyo?

¿Por qué hacía esa pregunta? Quizás porque mi orgullo estaba herido y necesitaba escuchar lo contrario a lo que había escuchado en la mañana.

Una carcajada abandonó sus labios y, en lugar de enojarme por ello, reí también.

- ¿Realmente te importa? - me mantuve en silencioso. - Bien, ¿tú me deseas más que a Koga?

Ahora era yo quién liberó su carcajada, ¿en que momento esto se había convertido en una guerra de egos?. Estaba a punto de responderle cuando la camarera apareció.

- Buenas noches. - pasó su mirada por ambos, sin embargo la fijó en él, dándome la pauta de sus intenciones. - ¿Han sido atendidos?

- Buenas noches. - respondió Inuyasha al notar que sólo lo observaba a él. - No, aún no.

- ¿Quiere revisar el menú o ya tiene decidido lo que va a pedir?

El hecho de que sólo se refiriera a él, había comenzado a molestarme.

- ¿Has decidido que pedir, Kag? - no se porque, pero me encantó que pensara primero en mi.

- Si... de hecho si, ya lo tengo decidido. - esperé que ella notara, por mi forma de observarla, aquello que no me atrevía a decirle con palabras aún. Pronuncié mi orden y, para mi sorpresa, él le pidió la carta.

Inuyasha

Estaba celosa de la mesera, podía notarlo por la manera en la que observaba a la jovencita y no podía culparla, sin embargo eso me divertía bastante y no pensaba desaprovecharlo.

- La verdad es que no estoy decidido. - fijé mis ojos en los ojos verdes de aquella castaña y ella sonrió de inmediato. - ¿Podrías traerme la carta, por favor?

- Claro que si, señor. - asintió efusivamente. - Ya regreso.

Kagome era humana, pero podría jurar que su expresión se equiparaba muy bien con la de muchos yokais con los que había luchado en el pasado.

- ¿Sucede algo? - pregunté, haciéndome el desentendido.

- Pareces que quieres aprovechar al máximo a la mesera.

- Bueno... - me recliné sobre la silla. - Es una mujer bonita y es evidente que yo le intereso... ¿crees que este libre para cuando terminemos la cena? - había descubierto que hacerla enojar era uno de mis pasatiempos favoritos de los últimos días.

- Puedo irme ahora, si lo deseas. - colocó ambas palmas sobre la mesa y supe que hablaba enserio.

- Tranquila, bonita. - reí. - Sólo tengo ojos para ti. - no mentía.

La mesera regresó mucho más rápido de lo que hubiese imaginado y me entregó la carta, no sin antes rozar, con la punta de sus dedos mi mano.

- Regresaré...

- No, espera. - la detuve. - Quédate aquí, decidiré rápido.

La realidad era que no me interesaba mucho la comida, pero deleitarme con la manera en la que Kagome mantenía sus ojos fijos en aquella mujer, era simplemente hermoso. Alrededor de 30 segundos después, le devolví la carta y pedí mi comida. Nuevamente la joven me sonrió y se marchó.

- Podría ser peor. - regresé mis ojos a ella. - He ido a lugares en donde las mujeres incluso han llegado más lejos.

- Y tu seguro que no desaprovechaste ninguna oportunidad. - el tono de molestia era evidente.

- Claro que no. - no tenía sentido mentirle en esto.

- Bien... no me interesa. - se encogió de hombros. - Después de todo, el único motivo por el que estamos aquí es por lo que me dijiste de Bankotsu.

- Vaya... si que olvidaste rápido la platica de hace unos minutos atrás.

- Ya no tiene sentido.

Celosa y orgullosa...

- ¿Puedo hacerte una pregunta? - bebió un sorbo de vino. - ¿Siempre fuiste de esa manera o te volviste así cuando comenzaste tu relación con Bankotsu?

Su mirada se ensombreció de inmediato y, aunque en el fondo no deseaba eso, tenía que comenzar con la charla de una vez.

- Lo segundo. - su respuesta se sintió casi como si fuese en contra de su voluntad. - Él era un idiota.

- ¿Y cuanto tiempo estuviste con él?

- Mucho tiempo. - no quería darme el número exacto y decidí respetar eso.

- ¿Por qué nunca te marchaste? Es obvio que, la otra noche, no fue la primera vez que él te golpeaba.

- ¿Jamás tuviste una relación tormentosa?

- La única relación que tuve se terminó antes de comenzar.

Pude notar que sus ojos se abrieron ampliamente y no comprendía el porque.

Kagome

Maldición... es verdad, Kahori fue asesinada...

- Bueno... - traté de ocultar mis nervios. - Yo no conozco tu pasado.

- Ya podremos hablar un poco de el, pero primero quiero que me cuentes como fue tu relación con ese imbécil.

- ¿Qué más quieres saber? ¡Todo es obvio! - me quejé. - Me manipuló, me mintió, me destruyó emocional, física y psicológicamente. - suspiré. - Se aprovechó de que era mi primera relación... y yo de verdad lo amaba.

- Típico de ese imbécil. - desvió su mirada. - Siempre se aprovechó de las cosas... aún cuando éramos amigos.

- ¿Eran amigos? - aquellas palabras me sorprendieron con creces.

- Ya llegaremos a eso, Kag. - sus ojos se fijaron en los míos. - ¿Puedes contarme como fue la primera vez que te golpeó?

Maldición... aquellos recuerdos de nuevo no...

- Bien...

Inicio del flashback.

Habían pasado varios días desde que nos habíamos visto y ya no podía soportar más el desdén con el que me ignoraba.

Llegué a su departamento y comencé a tocar el timbre con toda la mezcla de emociones negativas que me invadían.

- Se que estas ahí dentro, Bankotsu, ¿Puedes abrir la puerta? - aunque estaba furiosa, luchaba por mantener la compostura.

- ¿Qué haces aquí? - respondió al otro lado. - Si no me he contactado contigo es porque no quiero verte, ¿no esta claro?

- ¿Te hice algo malo? - el silencio reinó durante unos segundos hasta que por fin me abrió.

Ingresé y me detuve a unos pasos, mientras él cerraba la puerta.

- ¿Qué quieres? - su mirada fría y el tono serio en el que me habló, me sorprendió.

- ¿Qué te sucede? No quieres verme, no respondes mis llamadas, ¿hice algo que te molestó?

- No, no hiciste nada. - cruzó sus brazos. - Sólo no me interesa verte.

¿Qué?

Aquellas palabras escarbaron profundo en mi pecho.

- ¿Por qué? - murmuré mientras mis ojos se llenaban de lágrimas.

- ¿Por qué? ¿Por qué? ¡¿Por qué?! ¡No hay porque! - gritó, desconcertándome. - ¡No tengo ganas de pasar tiempo contigo! ¡¿Qué no entiendes?!

- Soy tu novia... - mis palabras se atragantaron.

- ¡¿Y qué?! ¡Maldición! No te soporto... Por esto es que todo el mundo se harta de ti. Eres sólo una idiota que necesita atención todo el tiempo.

- ¡Bien! - grité en el mismo tono. - Maldito... - gruñí, tratando de pasar por su lado para irme, sin embargo no me esperaba para nada lo que sucedió después.

Él atravesó su brazo a la altura de mi estómago, empujándome hacía el interior del lugar.

- ¡¿Qué haces?!

- ¿Qué dijiste? - murmuró.

- No dije nada...

- ¡No me mientas! - se abalanzó sobre mi y podría jurar que, por unos milisegundos, sus ojos se pusieron rojos. - ¡¿Cómo te atreves a insultarme?!

Me tomó por el cabello, dándome un puñetazo con su mano cerrada, uno que provocó que mi nariz comenzara a sangrar de inmediato.

Parecía una escena completamente surreal y yo realmente no podía creerlo. La persona que más amaba en el mundo acababa de golpearme y, a juzgar por su mirada, parecía que no iba a ser el único golpe que iba a darme esa tarde.

Fin del flashback.

Y allí estaba nuevamente aquella angustia que no quería sentir.

- Me golpeó un par de veces más antes de lanzarme al suelo y gritarme que me fuera... lo demás ya te lo imaginarás... pasaron unos días, fue a buscarme, me pidió perdón de rodillas y yo lo perdoné.

- Pero jamás se detuvo. - pude notar un dejo de compasión en su mirada.

- No. - traté de mantener el tono de mi voz lo más neutral posible. - Y con el tiempo yo comencé a defenderme, devolviéndole los golpes.

- Comprendo. - bebió un sorbo de vino. - Entraste en una especie de circulo vicioso.

Exacto... un maldito y asqueroso círculo vicioso.

- Inuyasha, ¿puedes decirme de donde se conocen?

- ¿Crees en los cuentos?

- ¿Qué? - me sorprendí por su pregunta.

- Mi historia de vida te sonará como un cuento fantástico o una de las tantas leyendas.

- Y yo ya te dije que crecí en un templo y comprobé, con mis propios ojos, que no son simples leyendas.

- Bien... nosotros fuimos amigos en la época feudal.

- ¿Época feudal? - la sorpresa en el tono de mi voz era indisimulable. - Entonces... ¿Cuántos...?

- ¿Cuántos años tengo? - sonrió, quizás esperando aquella pregunta.

Sin embargo, antes de que pudiese responder, la mesera regresó con nuestros platillos.

Inuyasha

Giré al ver a la mujer, quién sostenía admirablemente ambos platos. Su sonrisa estaba intacta, sin embargo ya no me quedaban ganas de seguir con aquel juego.

- Muchas gracias. - pronuncié cuando colocó mi plato sobre la mesa.

- Gracias. - Kagome hizo lo mismo.

- ¿Deseas tomar algo más? - ignoraba completamente la presencia de Kag.

- No... no, cuando terminemos te llamaré para pedir la cuenta.

- Con gusto. - me dedicó una última mirada coqueta antes de retirarse.

- No la soporto. - se quejó, tomando los utensilios para comenzar a comer.

- Me interesa más nuestra charla. - repliqué su acción. - La verdad es que tengo demasiados años, muchísimos, pero mi apariencia...

- Eres un yokai. - sonrió. - Cien años para ustedes es como más de mil años para nosotros, es normal que te veas tan joven. - jamás en la vida pensé que un humano, después de Kahori, iba a reaccionar de esta manera al saber lo que soy. - Aunque... si he de ser honesta, se siente extraño el saber que estuve involucrada con un demonio durante tanto tiempo... me pregunto si tenía pensado decírmelo en algún momento.

- Bueno... yo creo que Bankotsu tiene algún tipo de obsesión contigo. - me miró confundida. - Fuimos amigos durante cientos de años, conocí a algunas de las mujeres con las que salió y siempre terminaba alejándose, eso si... no sin antes destruirlas por completo.

- ¿Alguna vez mató a alguien? - el miedo en sus ojos era genuino.

- No puedo corroborar eso, pero no me sorprendería si lo hubiese hecho.

Verdaderamente, Bankotsu era un tipo de demonio que disfrutaba el hacer sufrir a los demás, algo que tardé demasiado en descubrir, ya que con nosotros se mostraba de una manera completamente diferente, motivo por el cuál no me sorprendía que Kagome hubiese caído en sus redes.

- ¿Y tú sabías que hacía eso y jamás lo juzgaste?

- Sólo conocíamos su versión... jamás volvíamos a hablar con las yokais con las que salía, pero si debo admitir que teníamos conceptos diferentes del amor.

- ¿Lo dices por ella? - sonreí al notar que no se animaba a pronunciar su nombre.

Eso, en caso de que lo recordara.

- Si... puedes nombrarla, no me molesta.

- ¿Kahori? - sonrió. - Es un nombre muy bonito.

- ¿Verdad que si? - por alguna razón, no me sentía incómodo hablando sobre ella con Kagome, algo extraño teniendo en cuenta que, desde su muerte, evitaba a toda costa el mencionarla, inclusive con Miroku.

- El brillo en tus ojos dicen mucho. - aquella tierna sonrisa me transmitía un cierto dejo de paz. - Aún la amas, ¿verdad?

- Bueno, nunca volví a enamorarme... y no nos separamos por gusto, ¿sabes?

- ¿Puedo saber... qué sucedió con ella?

- Fue asesinada. - solté sin más, bebiendo un sorbo de vino. La tristeza en su mirada era evidente, sin embargo no pude distinguir ningún signo de sorpresa en ella. - Y yo no pude hacer nada para salvarla.

- Inuyasha, no tienes...

- Fue hace demasiado tiempo. - la interrumpí. - Pero lo llevo en mi memoria como si hubiese ocurrido hace días.

Inicio del flashback.

- Maldición. - gruñí al notar que mi espada no había logrado atravesar a ese demonio, el cual se había acercado al castillo sin previo aviso, en medio de la madrugada.

¿Cómo es posible que la Tessaiga no le haya hecho ningún daño?

- ¡Viento cortante! - normalmente la primera técnica era capaz de destruir a cualquier yokai insignificante como este, pero no estaba resultando.

Sin embargo, antes de que pudiese si quiera procesarlo, desapareció sin más, esfumándose por completo.

- ¿Qué?... Pero...

- Eres un idiota. - voltee, encontrándome con Sesshomaru, quien mantenía su Tenseiga en aquella roca destruida. - Esa cosa no era más que una simple ilusión.

- ¿Ilusión? ¿Y para que...?

La respuesta llegó rápido a mis fosas nasales.

- Al parecer, alguien quería mantenerte distraído.

Es... el olor de la sangre de Kahori...

- No... no puede ser. - comencé a correr a toda velocidad, siguiendo aquel rastro.

La voz de mi hermano se oía como si estuviera en otro plano y no sabía si se trataba de la distancia o de mi cabeza, la cual se iba nublando poco a poco.

Kahori...

Atravesé el bosque con una velocidad increíble, quizás la más rápida que había logrado en toda mi vida, pero necesitaba llegar lo antes posible.

Ya estaré contigo... por favor, sólo espera un poco más.

Me detuve en medio de la nada pero cerca de la aldea. Cerré mis ojos, concentrándome un poco más y noté inmediatamente en donde se encontraba.

¿Qué demonios fue a hacer allí?

Me dirigí hacía el árbol y mis ojos se abrieron de par en par ante la escena que se elevó frente a mi mirada.

- ¡Kahori!

Ella estaba sentada debajo de aquel gran árbol, el mismo en el que le había pedido que se convirtiera en mi esposa días después de comunicarle que iba a convertirme en humano. Su espalda estaba apoyada en el tronco, sus ojos cerrados y una expresión de calma se mantenía en su rostro, sin embargo... estaba cubierta de sangre.

- ¡Kahori! - me arrodillé a su lado, tomándola en mis brazos y temiendo lo peor. Mi corazón volvió a latir en el mismo instante en el que sus ojos grises se encontraron con los míos.

- Inuyasha. - susurró, sonriendo. - Viniste.

Sólo ella podía sonreír en un momento como este.

- ¡¿Qué te sucedió?! ¡¿Qué haces aquí?! ¡¿Quién te hizo esto?!

- No lo se... - su voz se oía como pequeños murmuros. - Yo... no pude verlo...

- Kahori, no te esfuerces...

- La Perla... - sus ojos se llenaron de lágrimas. - Se la llevó.

- ¡Eso no tiene importancia! - trataba de mostrarme fuerte y que el miedo no me invadiera. - ¡Tenemos que ir a la aldea y...!

- Ya es tarde para mi, Inuyasha...

- ¡No digas eso!

- Sólo deseaba... poder verte una última vez. - con mucho esfuerzo, elevó su mano, acariciando mi mejilla. - Eres hermoso, mi amor.

- ¡No! - no pude contener más mi llanto, el cual comenzó a mojar sus mejillas. - No te despidas, mi amor... no lo hagas, podemos...

- Te amo, Inuyasha. - cada vez le costaba más hablar. - Por favor, prométeme algo.

Quería salir corriendo en dirección a la aldea, pero era como si una fuerza invisible me impidiera elevarla, por lo que sólo me limité a abrazarla.

- Kahori...

- Prométeme... que seguirás adelante.

- ¿Qué? - me sorprendí.

- Prométeme... que te enamoraras... que vas a casarte y tener muchos hijos, así como lo soñamos aquel día, ¿lo recuerdas?

¿Cómo iba a ser capaz de olvidarme de eso?

- Kahori... yo sólo quiero estar contigo, por favor, aguanta... vamos a la aldea...

- Eres lo mejor que me pasó en esta vida. - sonrió, cerrando sus ojos por los que aún se deslizaban aquellas lágrimas.

La besé, la besé profundamente, aferrándome a ella como si mi vida dependiera de ello.

Más bien, porque sabía que la de ella se estaba esfumando entre mis dedos.

- Eres todo lo que tengo. - murmuré, separándome y apoyando mis labios en su frente. - Voy a convertirme en humano para que podamos envejecer juntos, ¿recuerdas? No tienes que irte antes que yo, Kahori, tenemos que estar juntos...

Sin embargo, al buscar nuevamente su mirada, pude notar que ya se había ido para siempre.

Fin del flashback.