Futuro incierto
Kagome
Desperté poco antes de que la alarma sonara y la desactivé sin más. Miré a mi costado y Koga aún dormía, sonreí al recordar que nos habíamos quedado hasta tarde platicando y riendo.
Quizás, conociéndonos un poco más.
Suspiré, recordando que por fin le había comentado sobre mi relación con Bankotsu y, si debía ser honesta, me había sacado un gran peso de encima.
Inicio del flashback.
- ¿Estas segura de que quieres que me quede? - preguntó, acostándose a mi lado.
- Ya se hizo muy tarde. - sonreí, acomodándome.
Nos quedamos observándonos unos momentos. Él colocó su mano sobre mi mejilla, acariciándola con suavidad y yo cerré mis ojos ante aquel delicado contacto.
- ¿Qué sucede? - pregunté al notar algo extraño en su mirada.
- Hace rato dijiste que no habías tenido una buena relación con tu ex pareja.
- ¿Quieres saber sobre él?
- Sólo si tú estas dispuesta a contarme.
Me quedé en silencio unos momentos, pero sabía que de no decirle la verdad, aquel peso seguiría sobre mis hombros.
- Cuando estaba en la preparatoria conocí a un tipo llamado Bankotsu. - me giré sobre mi espalda, fijando mis ojos en el techo de la habitación. - Al comienzo fue una relación preciosa, él parecía ser una persona maravillosa. - sonreí al recordar aquellos momentos en los que verdaderamente la pasaba bien a su lado. - Era... atento, tierno y cariñoso conmigo pero... de un momento a otro... todo cambió. - lo miré. - Se volvió un completo desconocido y nuestra relación se fue por la borda en todos los sentidos de las palabras.
- Él... ¿te golpeó? - asentí.
- Los primeros golpes fueron difíciles, pero... con el tiempo comencé a defenderme y también lo golpeaba. Y se que seguramente dirás cosas como: "¿por qué no te fuiste antes?" pero simplemente me era imposible, yo verdaderamente lo amaba.
- Kag, no voy a juzgarte. - volvió a acariciar mi mejilla. - De hecho, quisiera conocer al maldito que se atrevió a ponerte un dedo encima para que sepa lo que es que alguien le de una paliza.
- No es necesario. - sonreí. - Y espero no volver a verlo.
- Tranquila. - se acercó y me abrazó. - Prometo protegerte con mi vida de ser necesario.
- Koga. - susurré, permitiéndome sentir el calor de su cuerpo.
Fin del flashback.
Si, sabía que no había hablado en profundidad sobre él, pero ya había dado un paso enorme que era hacerle saber a Koga sobre su existencia. Volví a mirarlo y se veía tan tranquilo durmiendo que sentí que lo mejor era dejarlo descansar, después de todo era su día libre.
Me puse de pie y fui a la cocina a prepararme un té. No tenía mucho ánimo para desayunar algo más prometedor, por lo que opté por lo más simple: Un té con unas galletas.
Los desayunos no son mi fuerte, Koga, sólo para que te vayas preparando.
- ¿Qué estoy diciendo? - sonreí, burlándome de mis propios pensamientos al darme cuenta de que verdaderamente estaba hablando de mi futuro a su lado.
Traté de concentrarme en las cosas que debía hacer en el trabajo, pero inevitablemente al pensar en eso, también terminé pensando en él. Si, porque aún seguíamos juntos en ese proyecto y así iba a ser hasta que lo termináramos.
Inuyasha, ¿Qué estarás haciendo en este momento? ¿Ya habrás despertado?
- ¿Estarás entre los brazos de Kikyo o habrás ido en busca de Kahori?
Por un instante me quedé congelada, quizás pensando en quien de las dos me afectaría más en caso de haber aceptado tratar de iniciar algo con él y, si bien Kahori había sido su primer amor, el hecho de que me hubiese escogido a mi hacía que estuviera más tranquila, pero Kikyo...
No conocía nada de esa mujer y sólo la había visto a la distancia un par de veces, sin embargo esas veces habían sido más que claras para mi y su embarazo, sumado al hecho de que estaba completamente segura de que ella estaba enamorada de Inuyasha, hacía que me hirviera la sangre.
Mordí una galleta, quizás tratando de ahogar el coraje que había comenzado a sentir y, en ese instante, una duda atravesó mi mente.
Kikyo es humana, ¿verdad? Bueno no lo sé, pero él jamás mencionó lo contrario.
- ¿Un humano y un yokai pueden tener hijos? - murmuré. - ¿Será peligroso?
Pero... ¿A quién le pregunto?
Fijé mis ojos en mi móvil, el cual descansaba sobre la pequeña mesa.
¿Será que en internet habrá algo de eso? Quizás no como fuente oficial o hecho verídico, pero tal vez como leyenda...
No lo dudé más y caminé hacía el, tomándolo y escribiendo la pregunta, no sin antes sonreír a sabiendas de que, con toda probabilidad, quien estuviese a cargo de la seguridad de Google estaría analizando enviarme al manicomio por las búsquedas que había venido realizando durante el último tiempo.
Redacté mi pregunta de la manera más discreta posible y busqué. Los resultaron aparecieron inmediatamente, sin embargo no dudé en dirigirme al mismo sitio en el que había leído anteriormente la Leyenda de La Perla de Shikon.
- Humanos y demonios... - murmuré. - Familias mestizas.
Efectivamente corroboré que estaba en lo cierto al pensar que se referirían a estos temas como unas especias de leyendas, pero yo ya sabía que verdaderamente existían. Mis ojos viajaron por toda la extensión de aquel texto, sin embargo me detuve de repente al leer la frase que, en el fondo, temía encontrar.
Riesgo de vida.
Si la mujer humana quedaba embarazada antes de que se llevara a cabo la conversión a su nueva naturaleza, aquel embarazo se convertía en un problema que podía volverse fatal si no se tomaban los cuidados correspondientes.
Las criaturas que nacían de la unión de un demonio y un ser humano eran caratulados como hanyos o híbridos mitad bestias. Su principal diferencia con las naturalezas de sus padres era su aspecto físico, su mezcla de sangre podía verse expuesta en sus rasgos físicos, los cuales se observarían a medio desarrollar.
Se decía que, en aquella época, si una mujer concebía a un hanyo, debía tomar medidas extremas que se volverían de vital importancia tanto para la vida del bebé como para la de ella misma. Una de estas medidas era...
- Buenos días, Kagome.
- ¡Koga! - me sobresalté. - Buenos días, no te escuché. - bloqueé la pantalla y dejé el móvil.
- Tranquila, bonita. - caminó hacía mi y me dejó un pequeño beso en los labios. - Estabas muy concentrada.
- Si, estaba leyendo un poco para aclarar mi mente.
- ¿Puedo saber sobre qué?
- Nada importante. - dejé mi taza a un lado y volví a mirarlo. - ¿Quieres un té?
- Claro, te agradezco. - esta vez besó mi mejilla antes de regresar sobre sus pasos y sentarse en la mesa.
Comencé a preparar las cosas para sentarme con él y desayunar, sin embargo mi mente se encontraba completamente desconectada de mi cuerpo.
Si esto es real entonces... ¿la vida de Kikyo está en peligro?
Inuyasha
Podía sentir una molestia que recorría todo mi cuerpo, mi cabeza dolía sin más, pero terminé atribuyéndoselo al hecho de que había dormido en el sofá, completamente incómodo mientras Kikyo descansaba en mi habitación. Si, ella se quedó aquí anoche y, aunque al comienzo no me agradaba la idea, la realidad era que tenía que ser considerado con la madre de de mi hijo, aún cuando no seamos nada.
Inicio del flashback.
- Es un poco tarde. - pronunció Kikyo, observando la hora en su celular.
- Si, mañana tenemos que trabajar.
- Si. - ambos nos quedamos en silencio. Estaba seguro de lo que ella quería, pero el problema era que yo no me sentía cómodo con eso. - Inuyasha...
- Dime.
- ¿Podría pasar la noche aquí?
Contuve el aire por unos segundos, después de todo no quería emitir un suspiro que demostrara mi verdadera respuesta, sin embargo quería dejarle en claro que lo hacía, lo hacía por nuestro hijo.
- Esta bien. - desvié mi mirada. - Puedes dormir en mi habitación, yo dormiré en el sofá.
- ¿Qué? - su pregunta se escuchó como un susurro.
- Ya te lo dije, Kikyo, voy a hacerme cargo de mi hijo y haré lo mejor para él o ella, también velaré por tu bienestar, pero no quiero tener una relación contigo.
- Descuida. - y nuevamente allí estaba aquella sonrisa llena de tristeza y nostalgia, la cual me desarmaba en algún punto. - Recuerdo tus palabras.
- No te lo tomes a mal, pero no quiero darte falsas esperanzas.
- Tranquilo. - se puso de pie. - No tienes que disculparte. - comenzó a recoger las cosas.
- Descuida. - me puse de pie y tomé su mano, quitándole los platos. - Yo lo haré.
- ¿Seguro? - asentí. - Gracias.
- No agradezcas, descansa.
- Si.
Fin del flashback.
Me sentí culpable parte de la noche ante su reacción y mentiría si dijera que no estuve un buen rato pensando en ella y en si existía una manera en la que los dos pudiéramos ser felices y darle una buena vida a nuestro hijo, pero por el momento parecía no haber manera.
Suspiré, cubriendo mis ojos con mi brazo e inmediatamente su dulce mirada apareció en mi mente.
- Kagome. - murmuré. - ¿Qué estarás haciendo en este momento? ¿Seguirás dormida?
Sin más, tomé mi móvil con toda la intención de marcar su número o enviarle un mensaje, sin embargo me detuve rápidamente. Mañana teníamos que ir a su oficina para continuar con el trabajo pero... aunque me estuvieran consumiendo las ganas de escuchar su voz, sabía que lo mejor era tratar de mantener la distancia.
Después de todo... no sabemos si algún día podremos si quiera intentar estar juntos.
- ¿Y si se enamora de Koga o alguien más? - aquella pregunta abandonó mis labios mucho antes de que mi cerebro fuese consciente de que la había pensado.
Aún así era una duda que se acaba de instalar en mi pecho y, por un instante sentí una leve punzada, una que incluía molestia y celos.
No concibo la idea de que se enamore de alguien más.
Pero, ¿Quién era yo para entrometerme? Ya había manifestado mis sentimientos y ella había tomado su decisión, decisión que no compartía pero que debía respetar. Por suerte para mi, un mensaje de Miroku apareció en la pantalla, distrayéndome por completo.
Llámame, es urgente.
- ¿Qué demonios? - no esperé, marqué su número de inmediato.
Por lo general, un mensaje de esa índole siempre anunciaba una mala noticia, por lo que el hecho de que no me respondiera en ese mismo instante estaba haciendo que me sacara de quicio.
- Inuyasha.
Por fin.
- ¿Qué sucede?
- No dormí en toda la noche pero tengo buenas noticias.
- ¿He? ¿De que estás hablando?
- Se donde podemos encontrar a Kahori.
Me erguí de inmediato. Con todo lo que había pasado anoche me había olvidado por completo de ella.
- ¿Dónde está?
- Ven a mi oficina en cuanto puedas.
- Dame la dirección, Miroku.
- Cuando estés aquí entenderás el porqué te dije que vinieras aquí primero.
- Maldito seas.
- De nada, querido amigo. - y cortó.
- Si no fueras parte de mi familia te daría una paliza, maldito.
Me puse de pie y cerré mis ojos de inmediato al notar que mi ropa se encontraba en la habitación e ir hasta allí implicaba despertar a Kikyo.
- Maldición. - murmuré.
No tuve demasiado tiempo para quejarme, ya que una llamada entrante volvió a captar mi atención.
- ¿Sesshomaru?
Respondí y antes de que pudiese pronunciar una palabra, él se me adelantó.
- Tengo noticias de nuestro padre. - dijo con demasiada seriedad. - Te espero en la oficina.
Extra
Sango
No sabía exactamente cuanto tiempo estuve acomodando y reacomodando los documentos de la oficina, pero la realidad era que necesitaba hacer cualquier cosa que borrara la mayor parte de mis pensamientos. El día anterior me la había pasado en la cama, tratando de olvidarme de la fiesta, de Ayame y de todo lo demás.
Pretendiendo que jamás sucedió.
Inicio del flashback.
Aquella unión entre nuestros labios fue algo que no logré tolerar, por lo que me alejé de inmediato.
- Lo siento. - fue lo primero que solté al volver a verlo a los ojos.
- No... no te disculpes. - aclaró su garganta. - Disculpa si fui oportuno.
- ¡No! - aquella negativa abandonó mis labios con mayor efusividad de la que hubiese pretendido. - No, es decir... son demasiadas cosas. - murmuré.
- Descuida. - en un acto que jamás esperé, sentí el cálido contacto de la palma de su mano con mi mejilla. - Entiendo como te sientes.
- Gracias.
Permanecimos en silencio durante unos momentos, quizás sumidos en nuestros propios pensamientos, pero sin abandonar la mirada del otro.
- ¿Quieres que te lleve?
- Oh... no, no es necesario, puedo irme en taxi.
- ¿Crees que me molestaría llevarte?
- Bueno... no lo sé.
- No, no lo haría. - se puso de pie, sonriéndome. - Créeme que estaré mucho más tranquilo al saber que llegaste bien a tu casa.
Fin del flashback.
- Realmente parecía estar preocupado por mi.
O tal vez lo imaginé.
- Ya... - meneé la cabeza. - Tengo que dejar de pensar en tantas tonterías.
Demasiado tengo con tener que llamar a Ayame y aclarar todo esto de una maldita vez.
En ese instante, el sonido del ascensor provocó que me pusiera de pie y caminara hacía el pasillo.
- ¿Kagome? - pregunté. - Oh, Rin.
- Buenos días, Sango. - respondió, apretando ligeramente su agarre sobre su bolso, definitivamente la había asustado. - No sabía que estarías aquí.
- Si, bueno, decidí venir temprano.
- Si... yo igual.
Ambas caminamos en dirección de mi escritorio en completo silencio. La tensión en el ambiente era más que evidente y yo estaba segura de que esto no iba a cambiar hasta que habláramos de lo sucedido en la fiesta.
- ¿Pasaste el domingo en la casa de mis padres? - lancé, buscando la confrontación de una vez.
- Si. - respondió casi en un suspiro. - Kohaku y yo nos quedamos allí todo el día... y me fui a la noche.
- Rin. - la miré, colocándome frente a mi escritorio. - No soporto más esto y sé que si no lo hablamos, tendremos problemas para seguir.
- Sango...
- Por favor, escúchame. - intervine. - Rin, hemos sido amigas desde hace muchos años y sabes que te adoro, también sabes que adoro tu relación con mi hermano, adoro que seas parte de mi familia pero lo que vi en esa fiesta... me preocupó.
- Lo se. - desvió su mirada, visiblemente avergonzada. - Lo siento.
- No tienes que disculparte conmigo. - hice una pausa. - Sólo quiero asegurarme de que no romperás el corazón de Kohaku.
- Yo sería incapaz de hacer algo como eso, Sango. - sus ojos se llenaron de lágrimas. - Y lo sabes.
Quería creerle, verdaderamente quería confiar en sus palabras.
- Rin, dime la verdad... ¿pasó algo entre tú y Sesshomaru?
Su silencio sólo hizo que mi pecho se apretara fuertemente.
- Bueno... él y yo... tuvimos sexo hace un tiempo.
