La protectora de la Perla
Inuyasha
- Buenos días. - me regresó el saludo. - Supongo que ya se a lo que vienes.
- Tan intuitiva como siempre, ¿verdad?
- Algunas cosas no cambian. - se hizo a un lado. - Pasa.
Ingresé y confirmé lo que sospechaba: la casa estaba completamente en sintonía con el exterior, manteniendo la sobriedad y sensación de calidez, aún así era bastante más pequeña de lo que parecía.
- Al menos cambiaste la pocilga en la que vivías.
- Siempre tan gracioso, Taisho, ¿Quieres algo de tomar?
- ¿Quieres darme alguna pócima? - bromeé.
- Quizás una para que cierres la boca. - suspiró. - Pero como se que es necesario escucharte... supongo que deberé soportarte.
- Estabas dispuesta a hacerlo en el pasado.
- Por Kahori, si. - me sonrió. - Por ella, todo.
- ¿Es por eso que ahora es tu hija?
Su sonrisa se amplió al mismo tiempo en que me señalaba el sillón.
- Toma asiento, iré por el té.
Le hice caso y, mientras la esperaba, mi mente divagaba por los diferentes recuerdos de los momentos que compartimos los tres. Si, ella, Kahori y yo, ya que ambas eran muy unidas, casi como madre e hija.
Kahori, ¿Dónde estás? ¿Qué estás haciendo en este momento?
- Estas pensando en ella, ¿verdad?
- ¿Qué? - miré en la dirección de la cocina y no me percaté de que ya estaba sosteniendo la pequeña bandeja con ambos recipientes. - Eres rápida.
- Sólo es té. - se sentó en el pequeño sillón aledaño. - Pero dime, ¿acerté en lo que te dije?
- Te estoy viendo a ti. - bebí un sorbo. - Es imposible no pensar en ella si estas al frente.
Se quedó observándome durante unos segundos, quizás intuyendo algo.
- ¿Qué sucede, Inuyasha? - lanzó al fin.
- Nada, ¿Por qué haces esa pregunta?
- Ya no puedo verlo con claridad. - me señaló, causando que una expresión de confusión se apoderara de mi rostro. - Ese brillo en tus ojos cuando pensabas en Kahori, ya no posee la misma intensidad.
- Hmm. - sonreí, desviando la mirada. - Si sabes que pasaron cientos de años, ¿no?
- Eso no influye en los sentimientos. - bebió un sorbo. - Dime, ¿hay alguien más en tu corazón?
- No vine a hablar de mi corazón, Urasue. - traté de sonar lo más serio posible. - Y creo que tú sabes a lo que me refiero.
- No es mi culpa que ustedes sean muy lentos. - volvió a sonreír. - Pasaron dos años desde que comencé a esperarlos.
- ¿Dos años?
Hace dos años una mujer llamó para contratar nuestros servicios...
Las palabras de Miroku atravesaron mi mente.
- Entonces lo hiciste a propósito. - no fue pregunta, fue afirmación.
- Recuerdo cuando me comentabas de la moralidad dudosa de tu amigo... y cuando vi su nombre en ese negocio, ni siquiera lo dudé.
- ¿Y que hubiese sucedido si sólo se trataba de otro pervertido con el mismo nombre?
- Nada. - se encogió de hombros. - Sólo una buena noche.
- No quiero saber esos detalles. - blanqueé mis ojos.
- Tú amigo jamás supo de mi existencia, ¿verdad? - me quedé en silencio. - Lo suponía... de lo contrario este encuentro se hubiese dado en aquel momento.
- Nadie sabe nada sobre nosotros, Miroku sólo sabía lo indispensable.
- Que ibas a renunciar a todo por ella. - me sonrió y sus palabras calaron hondo en mi pecho.
- Como sea... necesito respuestas y espero que no dejes ninguna duda.
- Bien, te escucho.
Comencé a relatarle mi encuentro con Kahori en la fiesta y, sólo en ese instante me percaté de que la mujer que ella me había señalado como su madre, no era Urasue.
- ¿Sorprendido? - rio.
- ¿A que demonios están jugando?
- ¿De verdad no la reconociste?
- Feh, con las máscaras era imposible. - mentí, tratando de ocultar mi falta de atención. - ¿Ella sería su hermana?
- Bien, te lo explicaré. - dejó la taza sobre la pequeña mesa. - Esa fiesta a la que todos ustedes asistieron no fue más que una mera trampa.
- ¿Una trampa? - repetí.
- Si, supongo que sólo querían observar más detenidamente a ciertas personas.
Kagome.
- ¿Y tú como sabes todo eso?
- Inuyasha... acabas de notar que Midoriko estaba en esa fiesta, ¿tú que piensas?
- Bien, me harté. - dejé la taza sobre la mesa y la miré fijamente. - Habla claro de una vez, y sobre todo explícame porque expusiste a Kahori a una trampa.
- Al menos aún te preocupas por ella.
- Y siempre lo haré, ahora habla.
- Relaja ese carácter, ¿de acuerdo? - ahora su semblante se ensombreció y supe que ya no debía presionarla.
- ¿Por qué Kahori está en esta época?
- ¿Recuerdas quien era Kahori y el porqué de su importancia?
Asentí mientras recordaba las charlas con Kahori en aquellos tiempos.
Inicio del flashback.
El atardecer estaba en su máximo esplendor y yo me encontraba a la orilla de uno de los ríos, observándolo. De repente el aroma de Kahori llegó a mi nariz, pero había algo extraño en el. Me puse de pie y volteé rápidamente con la intención de ir a buscarla, sin embargo ella apareció ante mis ojos.
- ¡Kahori! - corrí a su encuentro. - ¿Estas bien?
- Inuyasha. - me sonrió. - Si, no te preocupes.
- ¿Qué te sucedió? - coloqué mi mano en su mejilla, notando unas pequeñas cortaduras en su rostro, amén de su cabello desordenado y su camisa manchada.
- Me encontré un yokai en el camino. - respondió como si nada. - Quería la perla. - tomó el collar. - Pero no fue mucho problema. - no pude evitar mirar con rencor aquella joya, la misma que ponía en peligro su vida. - Oye... - ahora fue ella quién tomó mis mejillas. - Estoy bien.
Me perdí unos segundos en aquellos ojos grises, sin embargo me vi obligado a desviar la mirada debido a la intensidad con la que mi corazón golpeaba.
Su sonrisa me desarma.
Nos sentamos a la orilla del rio, disfrutando los últimos destellos del sol pero por más que intentaba, no podía relajarme.
- Kahori, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Claro. - la dulzura en el tono de su voz era una de las cosas que más calmaba mis nervios. - Dime.
- ¿Por qué proteges esa Perla? - me miró con una expresión de confusión. - ¿Cómo llegó a tus manos?
- Bueno... es una larga historia, ¿seguro que quieres escucharla? - asentí. - ¿Conoces a Midoriko?
- La legendaria sacerdotisa Midoriko. - murmuré. - Su creadora.
- Así es. - respondió, volviendo a tomar la Perla. - Ella me la confió antes de morir. - me quedé observándola, tratando de procesar lo que acababa de decirme.
- ¿La conociste?
- Fue hace algunos años. - sonrió. - Todavía recuerdo aquel día.
Fin del flashback.
- Fue mucho tiempo antes de conocerte. - sonrió. - Ella llegó a mi cueva... sus manos temblaban, ¿y como no entenderla? Si hacía muy poco que había dejado de ser una niña. - sus ojos comenzaron a brillar.
Inicio del flashback.
- Es un gran honor, Kahori.
- Lo se, pero... también es una gran responsabilidad. - respondió, sin apartar sus ojos de la joya. - Midoriko sabía de mi existencia, Urasue. - sus ojos se encontraron con los de la mujer. - Ella me dijo que yo estaba destinada a convertirme en la nueva protectora de esta Perla luego de que ella muriera.
- ¿Sabes a lo que se debe? - meneó la cabeza.
- Ella... no logró terminar de hablar.
- Kahori. - colocó su mano sobre su hombro. - Tus poderes espirituales son similares a los de ella. - sonrió. - Sólo tú eres capaz de cuidarla.
Fin del flashback.
- Cuando mi niña fue asesinada... la Perla dejó de funcionar.
- ¿Qué? - aquella afirmación me sorprendió con creces. Si estaba enterado de que nunca más volvieron a verla, pero no tenía idea de esto. - ¿Se desintegró?
- ¿Ella nunca te lo contó? - negué. - Supongo que no le dio importancia... o no creyó que iba a morir antes de que pudieran utilizarla. Midoriko dejó un sello en la Perla de Shikon. - hizo una pausa. - Ella sabía lo peligrosa que era si caía en manos equivocadas, por ende sentenció que, luego de que ella muriera, la siguiente sacerdotisa en protegerla sería la última y... en caso de que esta también muriera antes de destruirla... su poder quedaría paralizado.
- Eso no tiene sentido. - arqueé mis cejas. - ¿Por qué no dejar el sello para que la Perla se detuviera luego de su propia muerte?
¿Por qué comprometer la vida de alguien más?
- Recuerda que ella no creó esa perla por voluntad propia, Inuyasha. - suspiró. - Aquella esfera fue el resultado de aquella batalla en la que casi se vio obligada a desprenderse de su alma. La Perla de Shikon es una combinación perfecta entre las almas de aquellos yokais y sus poderes de purificación. Mientras la perla se encontrara en manos de alguien cuyo poder superara al demoníaco, la perla sería inofensiva.
- ¿Por qué jamás pensó en destruirla?
- No es tan simple, como te dije, las almas de los yokais que residen en su interior también eran capaces de manipular la Perla. La sacerdotisa Midoriko intentó anularlos tratando de potenciar sus propios poderes, pero no obtuvo resultado, por lo que no le quedó más remedio que venir a verme.
- ¿Qué?
- Así es, el sello lo cree yo. - sonrió. - Podríamos decir que es una especie de maldición. Lastimosamente no podíamos hacer más sin arriesgar nuestras vidas. - suspiró. - Fue por ello que no me quedó más motivo que otorgarle una segunda protectora.
- ¿Tú le dijiste a Midoriko sobre Kahori?
- ¿Crees que hubiese sido necesario? Los poderes espirituales de Kahori fueron muy superiores desde pequeña... Midoriko conocía a todas las jóvenes sacerdotisas y ella sobresalía del resto.
- Bien, suficiente de esa Perla... dime, ¿Qué demonios está haciendo Kahori aquí? ¿Tú la trajiste de nuevo?
- Yo le pedí a su alma que, si deseaba regresar, lo hiciera cerca de mi para que pudiera cuidarla... - sus ojos se cristalizaron. - Como si fuese su propia madre. Y así fue, ella y Hitomiko llegaron a mis brazos nuevamente.
- Asumo que Hitomiko era la otra joven que estaba a su lado en la fiesta.
- Así es, su hermana si así lo prefieres. Ellas creen que somos sus padres y yo puedo protegerlas.
- ¿Por qué Himari?
- Creo que no es una novedad para ti el hecho de que un humano, al regresar, no recuerda nada de su vida pasada y, en mi opinión, es lo mejor.
- Entonces tú le cambiaste el nombre adrede.
- Oye, Kahori era la sacerdotisa... Himari es una chica normal y merece vivir su vida como tal.
- Quizás eso es lo que tú quieres creer, Urasue. - suspiré. - Kahori sigue siendo Kahori y te aseguro que sus poderes espirituales aún existen, sólo que no los ha descubierto.
- No quiero que mi niña muera de nuevo. - aquellas palabras si me afectaron. - Si tengo que llamarla Himari y mantenerla alejada de su pasado, lo haré.
- ¿Eso significa que también la mantendrás alejada de mi?
- Eso depende. - arqueé una ceja. - ¿Realmente quieres estar cerca de ella?
- Urasue, yo se que quieres creer tus propias mentiras, pero tú y yo sabemos que, mientras que ese tal Magatsuhi esté acechando a las personas, Kahori está en peligro.
- Aún no he hablado con Midoriko, asique no se que ha sucedido en aquella fiesta.
- Pues yo te lo estoy asegurando.
Antes de que pudiese responderme, la puerta se abrió y mi corazón se detuvo al ver sus ojos grises.
- Joven Inuyasha. - pronunció, visiblemente sorprendida.
- Kahori. - murmuré.
Kagome
Pase toda la tarde trabajando sin siquiera prestarle atención a mi teléfono. Cuando llegó la hora de salir, tomé mis cosas y cerré la puerta a mis espaldas, caminando lentamente hacía la zona en la que se encontraba el escritorio de Sango.
- Rin. - pronuncié al verla salir de su oficina. - ¿Y Sango?
- No lo sé. - fijó sus ojos en el lugar que ella ocupaba. - ¿No te dijo que se marchaba? - meneé la cabeza. - ¿Habrá sido por... nuestra pelea?
- Sango jamás se iría por eso, pero... ¿Qué sucedió?
- ¿Prometes que no vas a enfadarte?
- Jamás podría enojarme contigo. - le sonreí.
Comenzamos a caminar hacía el ascensor mientras ella me comentaba todo lo sucedido entre ella y Sesshomaru, desde sus primeras charlas durante el proyecto hasta lo sucedido en la fiesta, entonces comprendí la molestia de Sango.
- Es normal que Sango haya estado disgustada, ya sabes como es cuando se trata de Kohaku.
- Si, lo se. - suspiró. - Y no puedo evitar sentirme culpable por ello.
- Sólo tienes que tener las cosas claras con Sesshomaru. - traté de animarla. - Y reconozco que eso puede ser un poco difícil. - no pude evitar pensar en Inuyasha.
- Mañana ellos vendrán. - noté que apretó el agarre sobre su abrigo. - Yo quisiera... mantenerme lejos de él.
- Rin. - me sorprendió. - ¿Qué me quieres decir?
- Nada sólo que... - sus mejillas se ruborizaron. - La noche en la que estuvimos juntos se sintió... tan intenso.
Inmediatamente la última noche que había compartido con Inuyasha pasó por mi mente.
- Oye, sólo por curiosidad... ¿él estuvo normal? - me miró confundida. - Osea... ¿su apariencia no cambió?
- ¿Por qué me preguntas eso?
- Sólo respóndeme.
- Por supuesto que su apariencia fue normal, Kagome.
Bien, eso me deja un poco más tranquila.
- El problema es... que con Kohaku aún...
- Oh. - entendí de inmediato. - ¿Puedo saber por qué?
- Porque... no lo sé.
- Rin, ¿estas segura de que estás enamorada de Kohaku? - su silencio prácticamente me dio la respuesta. - Yo... no soy nadie para decirte lo que tienes que hacer pero...
- Lo se. - me sonrió. - Te agradezco por no juzgarme. - y con eso supe que ya no quería hablar más del tema.
Salimos del edificio y nos despedimos. Me ofreció compartir el Uber, pero preferí caminar de regreso a mi casa. Mi mente estaba repleta de información y el aire fresco chocando contra mi rostro me ayudaba a distenderme un poco.
Inuyasha, Kikyo, Kahori, Koga...
- Tengo que dejar de pensar en ellos y concentrarme en mi. - murmuré. - En mi y Koga.
- ¿Koga? - miré hacía atrás al escuchar la voz de él. - ¿Ya reemplazaste a Taisho?
- Bankotsu. - escupí su nombre. - ¿Me estabas siguiendo?
- Por primera vez puedo decirte que no. - sonrió. - Sólo pasaba por aquí y te encontré.
- Bien, ya me viste, adiós. - traté de caminar pero su mano me detuvo, haciéndome girar.
- ¿Por qué tanto apuro, bonita? Te invito un café bien cargado, como te gusta. - guiñó su ojo.
- ¿Acaso es una broma de mal gusto? - me solté de su agarre bruscamente. - Estas loco.
- Tal vez, pero así te gusté.
- Haces bien en hablar en pasado. - nuevamente giré para irme, pero volvió a interponerse.
- ¿Me tienes miedo?
- Estuviste a punto de matarme más de una vez. - mi cuerpo se tensó al recordar aquellos momentos. - ¿Realmente piensas que puedo temerte?
- Eres el amor de mi vida, Kag, jamás podría matarte.
Aquella frase golpeó fuerte mi pecho y, en el fondo, creo que ese había sido su objetivo.
¿Cuántas veces había pronunciado aquellas palabras? ¿Cuántas veces le creí?
- Eres un psicópata. - un tercer intento de alejarme terminó de la peor manera para mi.
Esta vez me tomó de la cintura con mucha mayor fuerza y sus labios se estamparon en los míos. La presión de su boca sólo me demostraba dos cosas: posesión y sometimiento, siempre recordándome que yo era más débil que él. Intentó introducir su lengua y ese fue el límite. Mis manos presionaron su pecho con la suficiente fuerza como para alejarlo de mi de un solo empujón.
- No vuelvas a tocarme. - pase mi mano por mis labios, escupiendo sin dudarlo. Él sólo sonrió.
- Tranquila, Kag... tarde o temprano regresarás a mi lado. - la seguridad en el tono de su voz me repugnaba. Sin responder, volteé y retomé la caminata. - Vas a ser mi mujer, lo quieras o no.
Aquellas palabras me helaron la sangre, ya que por fin había comprendido a lo que se refería.
Hay personas que perdieron la vida en ese proceso.
Las palabras de Inuyasha pasaron por mi mente y, por primera vez, deseaba que apareciera y me alejara de Bankotsu, pero no sucedió, él no llegó a buscarme. Con aquella angustia invadiendo mi pecho, seguí mi camino bajo la atenta mirada de Bankotsu, mirada que esperaba que no sellara mi destino en un futuro.
Extra
Sango
Suspiré al leer el mensaje de Ayame. Dejé el celular sobre el escritorio y apoyé mi mentón sobre mi mano. Las palabras de Miroku pasaron por mi mente y me debatí internamente si debía o no llamarlo. Nuevamente mis ojos se fijaron en el móvil y, segundos después, lo tomé, marqué su número y cerré mis ojos al escuchar los timbres.
- ¿Hola?
- Joven Miroku.
- Sango, buenos días.
- Buenos días. - sonreí. - Disculpe si lo molesto, pero...
- Tú nunca podrías molestarme. - aquellas palabras provocaron mi sonrojo.
- Bueno... ¿recuerda lo que le dije luego de la fiesta? - confirmó. - Mi amiga acaba de llamarme para hablar y me estará esperando en un lugar específico.
- Perfecto, pasaré por ti en unos momento entonces.
- ¿Qué? Yo iba a decirle que nos viéramos allá...
- No es necesario, Sango, sólo dame la dirección de tu trabajo e iré por ti.
- ¿Cómo sabe que estoy trabajando? - arqueé mis cejas, mientras él reía.
- Secreto... No veremos en unos minutos.
- De acuerdo. - corté y comencé a recoger mis cosas.
Me puse de pie y miré a ambos lados, en donde se encontraban las oficinas de Kag y Rin. Medité un instante en si debía avisar que me retiraba, pero implicaba encontrar una excusa creíble y la realidad era que no me encontraba en mi mejor momento para mentir.
Además, últimamente ni siquiera las veo si yo no me acerco a sus oficinas.
Y con eso en mente, salí.
Ayame
El Uber se estacionó frente a un edificio bastante modesto, el cual se encontraba un poco retirado del lugar. Al descender le envié un mensaje, diciéndole que me encontraba afuera. Rápidamente me indicó el número de piso al que debía dirigirme. Llegué a su departamento y no fue necesario hacer más, ya que él abrió la puerta.
- ¿Cómo supiste...?
- Tu aroma. - respondió tajante. - Te dije que soy un yokai, ¿lo recuerdas?
- Si, lo siento, lo había olvidado. - se hizo a un lado y comprendí que me estaba invitando a pasar.
- Bien, te escucho.
- ¿He?
- Te dije que mi condición para que vinieras era saber lo que está sucediendo.
Suspiré, resignándome a que ya no tenía escapatoria.
- Bien, sólo te pido que no juzgues, ¿si? - asintió. - Tomo comenzó hace un tiempo...
Inicio del flashback.
Los turnos nocturnos en este hospital son de temer, nunca sabes con lo que vas a encontrarte.
Pensaba mientras me dirigía hacía la zona de las oficinas, ¿el motivo? Buscar unos documentos que necesitaba para completar unos informes personales. Descendí hasta el piso en el que se encontraban y un peculiar olor llegó a mi nariz. Me detuve de inmediato en el mismo instante en el que noté que ese aroma le pertenecía a mi madre. Corrí sin dudarlo y, al abrir la puerta de la oficina de mi padre, me quedé paralizada ante la imagen frente a mis ojos.
- Mamá... - murmuré.
- Ayame. - respondió en el mismo tono, observándome con sus ojos llenos de miedo.
Magatsuhi la estaba sujetando por su cabello y era evidente que había sido golpeaba tan salvajemente que por su rostro descendían varias líneas de sangre. Miré a un costado y no sólo me encontré con toda la oficina revuelta, si no con mi padre al otro extremo en posición de ataque, con su alabarda en la mano.
¿Por qué no logré percibir más allá del olor de mi madre?
- Bienvenida, bonita. - el bastardo me miró, sonriendo cínicamente. - Has llegado en el momento oportuno, tengo una pequeña tarea para ti.
Fin del flashback.
- Fue en ese momento en el que tanto mi padre como yo, quedamos a su merced. - suspiré, fijando mis ojos en mis manos, las cuales jugueteaban nerviosamente sobre mis rodillas. - Él se llevó a mi madre y... no sabemos en donde está.
- ¿Por qué? - nuestros ojos se encontraron. - ¿Por qué te pidieron que llevaras a Kagome y las demás a ese proyecto?
- No lo se. - fui sincera. - Pero... supongo que él está buscando algo, algo que posiblemente alguna de ellas tiene. Magatsuhi jamás reveló sus planes como tal, sólo nos dio las indicaciones de lo que teníamos que hacer.
- Tu padre es un bastardo.
- ¿Qué? - me sorprendí ante su afirmación.
- Él no debió permitir que te involucraras en esto. - nuestras miradas se encontraron. - Eres su hija y debe protegerte como tal, no lanzarte a las garras del enemigo.
- No teníamos opción...
- Ayame. - colocó su mano sobre la mía, la cual descansaba sobre el sofá y no pude evitar ponerme más nerviosa de lo que ya estaba. - No quiero ofenderte, pero tú no posees la fortaleza de un demonio, ni siquiera tienes el mínimo entrenamiento de un hanyo...
- Lo se. - sonreí. - Sólo soy una debilucha.
- Yo no dije eso, se que puedes fortalecerte mucho si entrenas. - mi respiración se detuvo ante sus palabras. - Me aseguraré de que así sea.
- Koga... - susurré. - en ese momento mi celular comenzó a sonar, sobresaltándome. Me puse de pie y lo tomé. - Ya está aquí.
- Dile que entre. - él se puso de pie.
Los siguientes minutos transcurrieron mucho más lento de lo que hubiese deseado. El timbre sonó y Koga se dirigió a la puerta.
- ¿Sango? - se sorprendió al abrirla mientras yo cerraba sus ojos. - ¿Miroku?
¿Miroku?
Los abrí de repente, encontrándome con mi amiga y aquel joven que había visto en la fiesta.
- Ayame. - Sango me observaba con una expresión difícil de explicar. - ¿Qué demonios estás haciendo con Koga? ¿Qué demonios está sucediendo?
Tragué saliva a sabiendas de que lo que se vendría no iba a ser fácil, pero era necesario para que todo se aclarara de una vez.
