Después de que los dioses hayan decidido intervenir de alguna manera, ahora sí que arrancan las aventuras de los dos protagonistas de esta historia.
POR LOS VIEJOS TIEMPOS
Capítulo 1: Dos nuevos comienzos:
El sol se levantaba despacio sobre el horizonte montañoso. Uno de sus rayos empezó a darle en plena cara a Melissa, molestándola un poco y haciendo que se despertara.
-Buenos días a ti también, sol – murmuró la chica mientras se estiraba perezosamente y bostezaba.
Miró a su alrededor aún con bastante sueño. Allí en pleno campo una suave brisa soplaba moviéndole un poco el cabello castaño a la joven humana, así como las flores y las hojas de los árboles cercanos, mientras las aguas de un arroyo no muy lejano continuaban su camino hacia la costa produciendo un sonido relajante. Detalles tal vez insignificantes que para Melissa siempre habían estado ahí día sí y día también.
La chica se puso en pie y comenzó a sacar de su mochila un mantel, el cual extendió sobre el césped, y también algo para desayunar. Ya llevaba casi una semana de viaje, pero aún le quedaba en la fiambrera algo de comida hecha por su madre, ya que la mujer se había encargado de prepararle un poco de todo para que no le faltara de nada durante el camino. Tanto que el primer día Melissa pensó seriamente que no podría ni levantar la mochila de lo mucho que pesaba.
-Mamá tan exagerada como siempre – comentó mientras se reía un poco al recordar la escena – Aunque tengo que reconocer que echaré bastante de menos su comida.
Melissa había abandonado su pueblo natal para cumplir su sueño de convertirse en exploradora y para ello estaba viajando hacia Aldea Tesoro, lugar donde se encontraba el famosísimo Pokégremio, el mismo que a tantos exploradores de renombre había formado a lo largo de sus muchos años de historia.
Mientras terminaba de desayunar, Melissa sacó un mapa de la región y lo desplegó sobre una zona libre del mantel.
-Veamos… ayer rodeé el Manzanar, así que ahora estoy en esta zona – dijo la chica mientras señalaba con un dedo su posición – Ya solo tengo que seguir este sendero durante unos kilómetros. ¡No queda casi nada para llegar a Aldea Tesoro! – agregó emocionada mientras doblaba el mapa para guardarlo de nuevo.
Después cargó también todo lo demás en su mochila y se puso en marcha siguiendo aquel camino de tierra que la conduciría hacia su destino.
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Mientras tanto, mucho, mucho más al sur, en la helada Isla Ventisca una mancha verde y naranja bajaba a toda velocidad por la ladera de una alta montaña cubierta de nieve en su totalidad.
-¡Estoy vivo! – resonaban por la zona los gritos eufóricos de Grovyle.
El Pokémon de tipo planta terminó el descenso dando un ágil salto que lo situó por fin en llano, aunque por la fuerza con la que cayó, sus pies acabaron hundidos en la blanda nieve.
-¡Brrr! ¡Qué frío! – se quejó él mientras los sacaba de ahí rápidamente y los sacudía.
Aquel pequeño golpe de realidad sirvió para calmarlo un poco, así que Grovyle observó a su alrededor mientras recuperaba el aliento, aquella isla no tenía mucho más que ofrecer aparte de hielo, nieve y frío. El geco dirigió entonces su mirada hacia el cielo, donde el sol continuaba su camino hacia lo alto con normalidad, como siempre debió hacerlo, mientras algunas nubes se movían rápidamente empujadas por el viento.
-Aún no puedo creérmelo… El pasado ha cambiado y yo sigo existiendo – murmuró apretando un poco sus puños, verificando que aún podía sentir su propio cuerpo – La Torre del Tiempo sigue en pie. Nunca se derrumbó y por eso en esta época el tiempo continúa fluyendo con normalidad – repasó en un susurro – Tu equipo es increíble. Conseguisteis cambiar la historia allí en el pasado – añadió pensando en su mejor amiga – Gracias… por todo.
Grovyle sintió que la vida era maravillosa y estaba completamente decidido a proteger aquella hermosa nueva línea temporal de cualquier problema que pudiera surgir hasta que la situación se normalizara del todo.
No obstante… era extraño. Se suponía que todos los habitantes del futuro oscuro debían haber desaparecido al cambiar la historia, así que el de planta nunca pensó que podría existir un "después". Y ahora que había cumplido el propósito que llevaba prácticamente toda la vida persiguiendo junto a su mejor amiga, sintió que estaba algo perdido. Lo cierto era que ahora no tenía realmente un sitio al que ir y mucho menos un hogar al que volver…
"Sé que les he dicho a los otros que ahora me dedicaría a recorrer este nuevo mundo para comprobar que todo está en orden, aunque… lo cierto es que no tengo ni idea de por dónde debería empezar siquiera" admitió mientras recordaba cómo Celebi y Dusknoir habían atravesado diferentes portales, la primera para asegurarse de que los Pasajes del Tiempo funcionaban correctamente tras los cambios en la historia, y el otro para comprobar que la Torre del Tiempo estaba segura. "Supongo que todos nosotros estamos a punto de enfrentarnos a un mundo completamente desconocido…".
Un viento muy frío sopló en ese mismo instante e hizo tiritar a Grovyle, sacándolo de su ensimismamiento.
-Puede que realmente no sepa muy bien a dónde ir ahora, pero sí sé que quiero salir de aquí cuanto antes – comentó mientras se frotaba un poco los brazos tratando de luchar contra el frío.
Grovyle siguió caminando hasta que sus pasos lo llevaron a la línea de costa, donde un mar bravo golpeaba los acantilados helados de la isla con gran fuerza.
-Según Dusknoir, los Porygon deberían poder comunicarse conmigo si estoy por esta zona… – murmuró – Con sus poderes de teletransporte podré regresar de nuevo al continente.
Dio varios paseos por allí por la costa, pero nadie trató de ponerse en contacto con él ni nada por el estilo…
-¡Porygon! Si podéis oírme, haced algún tipo de señal – pidió Grovyle.
Esperó un poco, pero nada sucedió…
-Qué raro, ¿no habrá sido esto invención de Dusknoir? – se preguntó mirando hacia el mar – Espero no tener que salir de aquí nadando… – agregó observando unos bloques enormes de hielo flotando no muy lejos de allí, los cuales le restaban aún más atractivo a la idea.
Grovyle decidió seguir caminando por la costa y muy cerca de allí encontró a unos Spheal y Sealeo jugando a deslizarse por un tobogán de hielo formado de manera natural en la pared del acantilado. El de tipo planta miró con algo de pereza el agua helada en la que las focas parecían estarse divirtiendo.
-Disculpad, ¿sabéis algo de unos Porygon? – preguntó Grovyle acercándose hasta un grupo que estaba en la parte de arriba – Me han dicho que ellos podrían ayudarme a cruzar de nuevo al continente.
-¿Porygon? – contestó pensativo un Sealeo – ¡Ah! Ahora que lo mencionas, pasaron un par de ellos por aquí hace un rato.
-Sí, iban diciendo cosas raras – intervino también un Spheal.
-¿Cosas raras? – preguntó Grovyle intrigado.
-Así es, cosas como que hay una extraña bola de fuego en el cielo – explicó otro Spheal diferente.
-Pienso que tal vez se referían al sol, pero… ¿tan extraño es? – dijo el primer Sealeo – Quiero decir, siempre ha estado ahí, ¿no es así? Yo no montaría tanto revuelo por ello.
-Exacto, exacto – estuvieron de acuerdo los dos Spheal mientras asentían exageradamente.
"¿El sol siempre ha estado ahí? Ya entiendo, estos Spheal y Sealeo deben de haber nacido en la nueva línea temporal" se dio cuenta Grovyle. "Y, por el contrario, los Porygon deben de estar algo perdidos por encontrarse de repente en otro futuro distinto".
-De todas formas, esos dos Porygon se fueron en esa dirección – siguió hablando Sealeo mientras señalaba de un cabeceo el lugar.
-Muchas gracias por la información, iré a buscarlos – contestó Grovyle y con un gesto se despidió de esos Pokémon y continuó con su camino por donde acababan de indicarle.
No había avanzado demasiado cuando de repente una nube muy oscura tapó el sol y la nieve comenzó a caer con fuerza.
-Lo que me faltaba… – murmuró el geco con poca ilusión – Tendré que refugiarme.
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Ya había llegado la tarde cuando Melissa estaba a punto de coronar una pequeña, aunque empinada colina.
-"Aldea Tesoro, un kilómetro" – leyó una señal que había a uno de los lados del camino – ¡Venga! Eso ya no es nada – se dijo a sí misma para tratar de animarse.
Con esa idea en la cabeza la chica hizo un último esfuerzo y pronto llegó hasta la cima.
-¡Hala! ¡Menuda vista! – se sorprendió cuando alzó la mirada.
Mientras recuperaba un poco el aliento, Melissa se detuvo a observar la gran ciudad que se extendía desde el pie de la colina en la que ella se encontraba hasta lo largo de un cabo, bordeada hacia el oeste por un mar de color azul intenso.
-¡Madre mía! Aunque se llame Aldea Tesoro, es una ciudad realmente enorme – comentó impresionada mientras la admiraba de norte a sur y de este a oeste – Realmente pensaba que se trataría de un lugar más pequeño… – agregó pensativa – Bueno, qué más da, ¡allá voy! Próxima parada, Aldea Tesoro.
Melissa echó a correr cuesta abajo dejándose llevar por la emoción del momento. Su nueva vida la esperaba allí mismo.
No tardó casi nada en terminar de bajar la colina y de un camino de tierra pasó pronto a uno cuidadosamente empedrado y con árboles y algunos arbustos con flores decorando a ambos lados. Un cartel metálico gigantesco se alzaba allí mismo dando la bienvenida a la ciudad y la chica se detuvo frente a él.
-"Bienvenidos a Aldea Tesoro. La villa más bulliciosa del continente" – leyó lo que ponía.
Melissa entonces entró decidida a las calles y miró hacia todas partes con la boca abierta. Para ella, que estaba acostumbrada a la tranquilidad de su pueblo natal, le resultaba impresionante ver tantos edificios altos y comercios de todo tipo y también a tanta gente deambulando por todas partes.
Mientras avanzaba, la chica fue mirando embobada todos los escaparates por los que fue cruzando, hasta que en una esquina de un cruce de calles le llamó la atención una pantalla gigante de televisión, en la cual en ese momento un Castform estaba dando la previsión meteorológica.
-Mientras que esta tarde se esperan algunas lluvias por el este del continente, hoy disfrutaremos de un bonito día despejado en la zona de Aldea Tesoro – explicó Castform mientras señalaba con una ramita hacia el oeste en un mapa de la región – Sin embargo, también se espera que se levanten algunas tormentas de arena en el Desierto Norte, mientras que habrá fuertes nevadas al sur en la Isla Ventisca. ¡Por favor, tengan mucho cuidado si se dirigen a alguno de estos lugares! – recomendó.
-Qué frío solo de ver toda esa nieve… – comentó Melissa frotándose los brazos mientras veía algunas imágenes de la nevada.
Poco después la previsión meteorológica fue cambiada por anuncios y Melissa dejó de prestarle atención a la gran pantalla, así que siguió caminando hasta que sus pasos la llevaron a una plaza bastante grande, con una bonita fuente en el centro.
-A ver, a ver… de aquí salen demasiadas calles, ¿por dónde se irá al Pokégremio? – se preguntó en voz alta mirando hacia todas partes en busca de una respuesta – Creo que debería preguntarle a alguien.
Al lado de la fuente vio a un Mr. Mime dando un espectáculo callejero de mímica, sentado en el aire y supuestamente tomando una taza de té invisible.
-Disculpe… – llamó Melissa al mimo y él se señaló a sí mismo con mirada interrogante – Sí, tan solo quería preguntarle si podría indicarme por dónde se va al Pokégremio de Exploradores – le explicó.
Mr. Mime hizo una señal de ok con la mano y después se levantó de su silla imaginaria y señaló hacia una de las calles que salía de aquella plaza.
-¿Por ahí? – preguntó ella y el mimo asintió – Muchas gracias – añadió dándose la vuelta.
Sin embargo, el de tipo psíquico dio un par de toques a la chica en un brazo para llamar su atención de nuevo.
-¿Algo más? – preguntó Melissa y él asintió para después empezar a hacer olas con la mano – ¿Olas? ¿Surf? ¿Tengo que cruzar nadando? – trató de adivinar la chica y él negó con la cabeza.
Entonces Mr. Mime hizo como que clavaba un palo en el suelo y después extendía un manto justo al lado y se tumbaba sobre él.
-¿Descansar? ¿Y lo primero era una sombrilla? – preguntó Melissa no del todo segura y el mimo asintió – Descansar bajo una sombrilla… ¡Ah! Entonces tengo que llegar a la playa, ¿cierto? – agregó y él aplaudió.
Mr. Mime se puso de nuevo en pie y empezó a mover los dedos de una mano sobre la otra como si estuvieran caminando, inclinando la superficie hacia arriba.
-Subir una cuesta… – entendió ella y entonces el mimo señaló la fuente que tenía detrás – Hasta una fuente, ¿verdad? – añadió y él asintió.
Entonces Mr. Mime empezó a hacer como que caminaba, pero sin moverse del sitio, alzando mucho las rodillas.
-¿Trotar? ¿Saltar? – preguntó Melissa confusa y él negó – Lo siento, no lo entiendo…
El mimo entonces lo pensó un momento y enseguida cambió sus gestos, pasando a poner una mano sobre la otra, para después cambiar a arriba la que se había quedado abajo, repitiendo el proceso varias veces.
-Eso parecen peldaños… – opinó la chica tras observarlo un poco y él asintió – ¿Peldaños…? ¡Ya sé! Hay que subir una escalera.
-¡Eso es! Y ya habrías llegado al Pokégremio de Exploradores – contestó Mr. Mime poniendo una V de victoria con los dedos.
"Si sabías hablar, ¿por qué no me lo has dicho todo de palabra desde el principio?" pensó Melissa queriéndose dar un golpecito en la frente. "En fin, supongo que ha sido divertido".
-Vale, gracias por toda la información – respondió ella con una sonrisa.
Melissa echó una moneda en el sombrero que Mr. Mime tenía colocado en el suelo y después se despidió del mimo y siguió avanzando por la calle que este le había indicado.
-¡Jo! ¡Vamos a quedarnos un rato más en la playa! – escuchó que iba protestando un niño humano, el cual llevaba puesto un flotador.
-¡He dicho que no! – exclamó tirando de él la que debía de ser su madre.
"Van cargados con cosas de playa" observó Melissa. "Eso significa que debo de estar muy cerca" pensó contenta.
A la chica le entraron muchas ganas de ver el mar cuanto antes, así que echó a correr entusiasmada hacia el final de la avenida. Sin embargo, al llegar a un cruce de calles justamente aparecieron un Braixen y un Luxio e inevitablemente chocó de frente contra ellos.
-¡Uy! – se quejó Melissa al caer de culo contra el suelo.
-¡Eh! ¡Mira por dónde vas! – le regañó Luxio.
-Lo siento – se disculpó ella inmediatamente – No iba mirando – admitió avergonzada, rascándose la nuca.
-¡Pues deberías! – se quejó Braixen – Maldita turista, ¡tendrías que haberte quedado en tu casa en lugar de venir a incordiar! – gritó molesto.
-¡Oye! No soy una turista – protestó Melissa mientras se ponía en pie de nuevo – He venido a apuntarme como aprendiz al Pokégremio de Exploradores.
-Un momento, ¿exploradora? ¿Tú? – intervino Luxio mirándola irónico – No me hagas reír.
-¿Qué… qué hay de malo en ello? – preguntó un poco ofendida.
-Eso es fácil. Eres débil – colaboró Braixen apuntando hacia ella con una rama, cuya punta quedó muy cerca de la nariz de la chica.
-¿Débil? – repitió Melissa dando un pasito para atrás para retirarse un poco de la rama – Bueno, ya sé que los humanos no podemos usar movimientos igual que vosotros, pero sé dar algunos golpes y también puedo usar objetos – trató de defenderse.
-Así que objetos, ¿eh? ¿Puedes usarlos de esta manera? – la retó Braixen y a continuación se comió una baya, después usó el movimiento reciclaje y la fruta volvió a aparecer en su mano como nueva – ¿Puedes hacer esto con los objetos tú también?
-No… – admitió ella.
-¿Y qué harás si empiezan a atacarte de repente? – intervino Luxio – ¡Comprobémoslo! – exclamó divertido y después usó rayo a los pies de la chica.
Melissa dio un salto para evitar el ataque, pero el lince eléctrico siguió lanzando algunas descargas.
-¡Ay! ¡Ya vale! ¡Para, para! – chilló ella mientras corría cómicamente de un lado a otro para evitar los ataques.
La chica entonces llegó hasta unos escalones de madera y los bajó con prisas, encontrándose de repente pisando en blando.
-¿Eh? ¿La playa? – se sorprendió al ver arena a sus pies.
-No te despistes, que es mi turno – dijo entonces Braixen amenazante, y justo después utilizó lanzallamas, haciendo que Melissa tuviera que tirarse al suelo para cubrirse del fuego.
-Espera, huele a quemado… – observó Melissa mirando hacia todas partes – ¡Ah! – gritó asustada, ya que al mirar hacia atrás vio que su mochila estaba soltando humo, así que se la quitó y corrió hasta el borde del mar para lanzarla al agua.
Braixen y Luxio se revolcaron por el suelo sin poder parar de reír ante el espectáculo que habían provocado. La pobre chica sacó su mochila del agua cuando esta dejó de soltar humo, y observó con pesar la mancha ennegrecida que se le había creado donde el fuego la había golpeado.
-Mi… mi mapa… – se lamentó también la chica al abrir la mochila y verlo empapado y con la tinta algo borrosa en algunas partes – ¡Os habéis pasado!
-Esto no es nada – contestó Luxio riéndose con crueldad – Cuando estés por ahí en un territorio no tendrán piedad contigo.
-Te estamos haciendo un favor. Retírate antes de que te ocurra algo – le advirtió Braixen.
Melissa apretó los dientes con rabia mientras se forzaba a no empezar a llorar.
-Ya sé que no soy la persona más fuerte ni la más valiente del mundo, pero es mi sueño y al menos tengo que intentarlo. ¡Me da igual lo que digáis!
Los dos Pokémon se miraron entre sí y se encogieron de hombros.
-Tú misma – respondió Braixen – Nosotros ya te hemos mostrado cómo son las cosas, así que no nos haremos responsables si sales mal parada en alguna aventura.
-No nos vengas llorando luego – le advirtió Luxio también.
Ambos se dieron la vuelta y Melissa los vio marcharse de allí entre risitas. La chica entonces cayó de rodillas en la arena y ahora sí que empezó a llorar desconsoladamente.
"¿Estaré cometiendo una locura?" no pudo evitar preguntarse mientras las lágrimas rodaban por su cara. "Sé que el mundo salvaje puede ser peligroso, pero… también es cierto que ser exploradora es mi sueño desde que era muy pequeña".
En ese momento le pareció ver algo brillante delante de ella, así que levantó un poco la mirada.
-¿Eh? ¿Qué es esto? – se preguntó en voz alta al ver un montón de burbujas flotando por toda la playa.
Sobre unas rocas, un grupo de Krabby se entretenía en lanzar burbujas al aire, las cuales se dispersaban por toda la playa reflejando los rayos de sol del anaranjado atardecer, en combinación con el brillo del mar.
"Esta vista…" se sorprendió Melissa. "Es como… como… ¿cuándo? ¿He estado aquí antes?" pensó mientras estiraba el brazo para tocar una burbuja, que obviamente estalló al contacto. "No, eso es imposible. Es la primera vez que vengo a Aldea Tesoro".
Siguió mirando embobada aquella vista que extrañamente le provocaba nostalgia y pronto se sintió algo más calmada.
Se pasó el brazo por la cara para secarse las lágrimas y después se puso en pie y se sacudió la arena de las rodillas de su pantalón vaquero.
-No, no voy a rendirme sin intentar siquiera cumplir mi sueño – se prometió Melissa a sí misma con decisión, apretando los puños.
La chica entonces reanudó su camino hacia el Pokégremio, no sin antes echar un último vistazo a ese precioso atardecer en la playa.
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Mientras continuaba con la búsqueda de los Porygon por la Isla Ventisca, Grovyle también intentaba encontrar un hueco en una pared de las montañas para refugiarse de la intensa nevada que caía en esos momentos. Sin embargo, notó a alguien justo detrás de él y se giró bruscamente para encontrarse cara a cara con una Froslass.
-Pobrecito, ¿tienes frío? – le preguntó ella con voz amable.
-¿A ti qué te parece? – contestó Grovyle sin fiarse demasiado, dispuesto a atacar inmediatamente si era necesario.
-¿Por qué no vienes conmigo? – ofreció la fantasma de hielo – En mi casa podrás calentarte – le indicó.
El de tipo planta siguió la dirección del brazo de Froslass y vio que había una pequeña cabaña entre la nieve que antes no había visto. La de hielo abrió la puerta de un chasquido y Grovyle vio que se trataba de un hogar bastante acogedor, con un fuego encendido y algunas mantas con las que poder arroparse.
-¿Ves? Aquí dentro estarás mucho mejor – continuó diciendo ella.
Grovyle dio unos pasos hacia allí y Froslass sonrió con malicia, pero él se detuvo justo antes de llegar a la puerta.
-¿Por qué te detienes? – le preguntó ella con algo de impaciencia.
-Me preguntaba… ¿cómo es que alguien de tipo hielo tiene encendido un fuego? – desconfió el geco.
-¿Eh? ¿Y có… cómo es que un tipo planta quiere acercarse a un fuego también? – contraatacó ella de la misma manera.
-No es como si fuera a tocarlo, por supuesto que me quemaría si hiciera eso. Solo me acercaría un poco para intentar entrar en calor – contestó él – Sin embargo, tú no deberías tener ningún problema con el frío. ¿A qué viene esta cabaña?
-Vamos, no seas desconfiado – insistió Froslass – Me gusta ayudar a los viajeros que se pierden por aquí – agregó ya de los nervios.
-Vaya, qué amable – respondió Grovyle con sarcasmo – Aun así, esto no deja de parecerme sospechoso – añadió para acto seguido golpear con su hoja aguda el marco de la puerta de la cabaña.
La ilusión se rompió y la cabaña se convirtió en un refugio abandonado, con el techo medio hundido por el peso de la nieve.
-Lo sabía – murmuró el geco con satisfacción.
-Maldito… Con lo perfectas que son mis trampas – dijo la fantasma con rabia.
Grovyle contempló la idea de despistar a Froslass y huir sin luchar, ya que era estúpido malgastar su energía en una pelea en la que no podría obtener ningún beneficio, y más teniendo en cuenta que estaba perdido en medio de una isla helada. Pero entonces vio dos cosas rosas congeladas dentro de la cabaña…
-¡Porygon! – se sorprendió.
-¿Entonces los conoces? – preguntó Froslass sonriendo con malicia – Pues, ¿a qué esperas? ¡Únete a tus amigos! – añadió alzando las manos hacia el cielo, haciendo que la nieve que caía se convirtiera en duro granizo.
El geco de planta se puso en posición de ataque. No le quedaba más remedio que luchar si quería liberar a los Porygon de las garras heladas de esa Froslass.
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Tal y como le había indicado Mr. Mime, Melissa terminó llegando hasta un cruce donde había una pequeña fuente a un lado. La chica observó unas escaleras que se abrían paso hacia lo que parecía ser la parte superior de un acantilado.
-Bueno, aquí es – dijo sintiéndose algo nerviosa y emocionada – Pokégremio de Exploradores, allá voy – añadió empezando a subir los escalones.
