POR LOS VIEJOS TIEMPOS
Capítulo 3: Preparativos:
Melissa estaba tumbada sobre la hierba mirando las nubes pasar tranquilamente. Era un día bastante agradable, no hacía demasiado calor y soplaba una suave brisa. Pero, de repente, el cielo se nubló sin previo aviso y una nube negra lanzó un rayo sobre ella.
-¡Ay! – chilló abriendo los ojos de golpe.
En menos que canta un Blaziken, las nubes fueron sustituidas por el techo de la habitación y la chica se dio cuenta de que todo había sido un sueño, aunque se había tratado de uno demasiado realista, ya que aún podía notar en todo su cuerpo el cosquilleo del calambrazo…
-Despierta, vas a llegar tarde a la reunión matutina – escuchó entonces que le decían.
-¿Reunión… matutina? – repitió Melissa aún bastante despistada.
La chica giró la cabeza despacio y vio a una pequeña Pachirisu sonriente al lado de su cama, a la cual aún le chisporroteaban las mejillas por el ataque eléctrico que acababa de lanzarle.
-Hola, soy Pachirisu, tu nueva compañera de habitación – le saludó – ¿Cómo te llamas tú?
-Melissa…
-Pues bien, Melissa. Los miembros del Pokégremio nos reunimos todas las mañanas para pasar revista – explicó la ardillita – Te acabas de unir como aprendiz, ¿lo recuerdas? Tienes que ir a la reunión también.
"¿Aprendiz? ¿Reunión? ¿Pokégremio?" se preguntó la chica confusa mientras su mente se iba despejando poco a poco.
-¡Ah, claro! – exclamó Melissa espabilándose de golpe – ¿Dónde es la reunión esa?
-Enfrente del despacho del Gran Bluff – le explicó Pachirisu – No tardará en dar comienzo, así que será mejor que te des prisa – le recomendó dándose la vuelta para salir de la habitación.
Melissa se dio cuenta de que la noche anterior se había quedado dormida sin ni siquiera cambiarse de ropa, así que simplemente tuvo que ponerse los zapatos para estar lista.
-¡Espera! – le pidió la chica a Pachirisu siguiéndola mientras se colgaba su nueva mochila al hombro.
Ambas recorrieron el pasillo hasta desembocar en el lugar donde ya estaban todos los demás aprendices reunidos, además de Chatot. Melissa notó que muchos la miraron con curiosidad.
-¿Quién es esa humana? – empezaron a cuchichear.
-¿Tenemos a alguien nuevo?
-Eso parece…
-¿Qué pasa, nueva? ¿Te han tenido que dar un calambrazo para que te despertaras? – se burló alguien en voz más alta para que Melissa lo escuchara.
-¿Eh? ¿Cómo lo sabes…? – empezó a preguntar la chica cuando se llevó una mano al pelo y lo notó alborotado – ¡No puede ser! – exclamó al girarse y ver su reflejo en el cristal de una de las ventanas.
El chispazo mañanero de Pachirisu le había electrificado el pelo a Melissa, haciendo que ahora lo llevara completamente alborotado hacia todas partes. La chica entonces trató de adecentarse rápidamente peinándose con los dedos, hasta dejar su cabello castaño liso y sobre sus hombros como lo llevaba normalmente, mientras los demás aprendices miraban aquella escena con curiosidad e intentando no reírse demasiado.
-¡¿Por qué no me has avisado de que iba con esas pintas?! – chilló Melissa aún escandalizada mirando acusadoramente a Pachirisu.
-Pero si estabas mucho más despeinada antes de lanzar mi ataque – contestó la ardilla restándole importancia – Además, el pelo afro a lo Bouffalant te hace ver bastante más interesante, no como ese soso peinado a lo Gardevoir que llevas ahora.
-¡Eso tendré que decidirlo yo! – exclamó la chica cerrando el puño en alto como protesta.
-¡Silencio! – intervino Chatot bastante harto interrumpiendo la discusión y haciendo que Melissa se diera cuenta de que los ojos de todos estaban clavados en ella – El Gran Bluff está a punto de hacer su aparición. ¡Dejad las tonterías para otro momento!
-S… sí, señor – respondió la chica avergonzada.
El resto disimuló una risita y Melissa miró hacia el suelo roja como un tomate. Acababa de llegar y ya le había dado tiempo a montar una escena delante de todos sus nuevos compañeros…
Por suerte para ella, todos los cuchicheos cesaron cuando el portón del Gran Bluff se abrió y este hizo acto de presencia.
-¡Buenos días! – saludó el jefe con mucho entusiasmo.
-¡Buenos días, Gran Bluff! – contestaron los aprendices al unísono.
-Antes que nada, me gustaría que hoy diéramos la bienvenida a Melissa a nuestra gran familia – anunció Wigglytuff señalándola con una sonrisa, haciendo que el resto se girara de nuevo hacia la chica – Espero que en el Pokégremio te sientas como en casa.
-Gracias, yo también lo espero – respondió ella tímidamente.
-Si tienes cualquier duda sobre cómo funciona este lugar o sobre las exploraciones, no dudes en preguntarnos a mí o a cualquiera de tus simpáticos compañeros – le dijo el jefe – ¿Verdad, chicos? – se dirigió al resto.
-¡Claro! ¡Aquí estamos para cualquier cosa! – contestaron todos a la vez mirando a Melissa sonrientes y ella se sorprendió un poco por la respuesta unánime.
Su primer día no había empezado de la mejor manera posible, pero aquel gesto hizo sentir a la chica algo más segura.
-Gracias… – murmuró ella aún con timidez, aunque en su cara se dibujó una pequeña sonrisa.
"¡Vaya! ¡El Gran Bluff es increíble! Es capaz de crear buen ambiente con tan solo una frase" pensó Melissa sorprendida. "Está claro por qué es él el jefe".
-Hechas las presentaciones, hoy os deseo que sea un gran día en vuestras exploraciones – siguió diciendo el jefe – ¡Vaya, eso ha rimado! – exclamó feliz.
-¡Gracias, Gran Bluff! – respondieron los aprendices.
Entonces todos se pusieron a recitar a coro las consignas del buen explorador, excepto Melissa, la cual miraba hacia los lados sin saber muy bien qué había que decir.
-¡Esforzaos como siempre! – exclamó Wigglytuff con energía al final.
-¡Por supuesto! – contestaron los aprendices y, sin mediar más palabra, rompieron filas.
Wigglytuff se dio la vuelta para pasar de nuevo a su despacho y el resto se dirigió a cumplir sus respectivas tareas del día, mientras Melissa se quedó quieta en su sitio sin saber muy bien lo que tenía que hacer ella.
-Sígueme, Melissa – le pidió Chatot antes de que le diera tiempo a preguntar – Hoy llevarás a cabo tu primera misión.
-¡Claro! – respondió emocionada ante la idea.
-Lo primero de todo, te presentaré a una de tus compañeras – anunció el pájaro echando a andar – No me gusta dejar a los novatos completamente en solitario, así que procuraré buscarte compañeros todos los días para que vayan echándote una mano mientras aprendes.
-Perfecto.
Melissa entonces se dio cuenta de que al lado de la escalera había alguien que parecía estar esperándolos.
-Hola, chica del calambrazo – saludó aquella aprendiz divertida mientras también le hacía un gesto con una mano – Encantada, me llamo Nidoqueen.
-Yo soy Melissa. Encantada también – respondió algo avergonzada aún por el pequeño incidente del pelo y la de tipo veneno soltó una gran carcajada.
-Venga, no se lo tengas en cuenta a Pachirisu, es su manera de dar los buenos días – explicó ella – La conozco y sé que no lo ha hecho con mala intención.
-De todas formas, es un poco… brusca – contestó la chica.
-Eso no te lo discuto – estuvo de acuerdo la otra – Bueno, será un honor acompañarte en tu primer día, Melissa – añadió tendiéndole una mano.
-No, no. El honor será mío – respondió la chica correspondiéndole el gesto.
-Nidoqueen es una de las alumnas más aventajadas que tenemos – intervino Chatot – Estoy seguro de que aprenderás cosas de utilidad con ella.
Los tres subieron entonces al primer piso para dirigirse después a uno de los paneles electrónicos.
-Por favor Rotom, ¿podrías buscar una misión adecuada para alguien que justo acaba de empezar a explorar? – le pidió Chatot al fantasma eléctrico.
-Buscando en la base de datos, buscando en la base de datos… – contestó él con voz un tanto robótica – ¡Ya está! Misión nivel principiante encontrada. Aquí está – añadió y se abrió un cuadro con un texto.
-Veamos qué tenemos por aquí… – respondió el loro acercándose un poco más al panel para leer mejor – "Hola, mi nombre es Flabébé y me gustaría solicitar ayuda para encontrar una flor. Pero no puede ser una flor cualquiera, tiene que ser igual que la que tenía antes, que era de un color azul cobalto precioso. Te estaré esperando para ir contigo a la Pradera Floreada. ¡Adiós!" – leyó – Bien, me parece que esta tarea será perfecta para ti.
-¿Qué? ¿Entonces mi primera misión es buscar una flor? – preguntó Melissa visiblemente decepcionada – Qué basura…
-¡Pero bueno! Tienes que empezar desde abajo para llegar a lo más alto – le regañó Chatot – Así lo han hecho siempre los mejores. ¡Nadie ha hecho grandes descubrimientos en su primer día!
-A mí me parece una misión apropiada para tu nivel – lo apoyó Nidoqueen.
-Supongo, pero aun así… – empezó ella a protestar de nuevo.
-¿Algo que objetar? – la interrumpió el loro – Aunque si lo prefieres también puedo mandarte otras tareas imprescindibles para el buen funcionamiento del Pokégremio como lo es, por ejemplo, la limpieza de habitaciones – mencionó y Melissa tragó saliva – Seguro que a Minccino le vendría bien una ayudita – añadió señalando hacia atrás y la chica se fijó en el Pokémon chinchilla, el cual barría con una escoba en un rincón de la sala.
-Tú decides nuestra misión de hoy – intervino Nidoqueen mirándola divertida.
-Bueno… Aunque sería un gran honor contribuir a una tarea tan importante como la limpieza, lo que en realidad iba a decir es que aun así estoy encantada con la misión que se me ha asignado y que iré con mucho gusto a buscar esa flor – rectificó Melissa riendo nerviosamente.
-Veo que nos vamos entendiendo – contestó Chatot con una sonrisa de satisfacción.
-Gracias, no me apetecía limpiar – comentó Nidoqueen.
"Ya, a mí tampoco. Prefiero buscar la flor, aunque sea una misión ridícula" pensó Melissa.
-Entonces, ¿aceptas la misión, Melissa? – intervino Rotom.
-Sí, claro – asintió la chica con una amplia sonrisa exagerada – Estoy deseando empezar.
-Misión aceptada. Notificando al cliente – dijo el fantasma eléctrico con voz robótica – Imprimiendo una copia de la misión – agregó y entonces salió un papel por una ranura que había justo debajo de la pantalla.
Melissa recogió la hoja y leyó la misión con detenimiento un par de veces.
-Vale, entonces debemos reunirnos con una tal Flabébé y juntas tenemos que buscar una flor en un sitio llamado Pradera Floreada – dijo la chica guardándose el papel en un bolsillo del pantalón – Pues por mí vamos ya.
-¡De eso nada! – negó Nidoqueen – Antes de partir tenemos que prepararnos bien.
-Exactamente – la apoyó Chatot – Lo primero que tienes que hacer siempre es asegurarte de que vas bien equipada para adentrarte en un territorio – explicó mirando con seriedad a Melissa – ¡Que no se te olvide!
-Vale, vale… – asintió la chica un poco abrumada.
-No te preocupes, hoy te ayudaré a elegir lo que debes llevar – le dijo la de veneno – Bien, pues sígueme, Melissa. Tenemos muchas tiendas que recorrer.
-¡Genial! – exclamó ella contenta.
Ambas se despidieron de Chatot, subieron las escaleras y salieron del Pokégremio para adentrarse en las calles de Aldea Tesoro. Melissa aún seguía sin acostumbrarse a tanto edificio alto y a tanta gente deambulando por todos sitios, así que volvió a mirar embobada todo lo que le rodeaba.
-Oye, tengo una duda – se le ocurrió entonces a Melissa.
-Dispara – respondió Nidoqueen.
-¿Por qué este lugar se llama "Aldea" Tesoro? – preguntó la chica remarcando la palabra – ¿No sería más lógico que se llamara "Ciudad" Tesoro?
-La verdad es que el nombre de "Aldea" engaña – admitió la otra – Según cuentan, hace siglos empezó siendo tan solo un pueblecito, pero con el tiempo fue creciendo y al final se convirtió en la próspera ciudad que tienes ante ti – le explicó – Lo que tengo entendido es que como todo el mundo la conocía como Aldea Tesoro, se decidió no cambiarle el nombre para no confundir a la gente.
-Es curioso – respondió la chica – Gracias por la explicación.
-De nada – le restó importancia la de veneno – Hoy soy tu guía, pregunta todo lo que te apetezca.
-¡Genial! – exclamó – Pues prepárate, que ahí voy.
Al igual que una niña pequeña, Melissa aprovechó para ir preguntando a Nidoqueen sobre prácticamente todo lo que veían y la otra aprendiz fue resolviendo todas sus dudas amablemente.
-Entonces si quiero mandarles una carta a mis padres, solo tengo que ir a Mensajeros Pelipper – resumió Melissa entonces mientras echaba un último vistazo a dicho edificio.
-Eso es – asintió la otra – Ellos se encargarán del resto.
-En ese caso, les escribiré en cuanto pueda – contestó la chica y en ese momento doblaron una esquina – ¡Vaya! Creo que cada vez hay más gente – se sorprendió al ver la multitud que había por allí congregada.
-Todo esto tiene una explicación – anunció Nidoqueen mientras se detenía ante un edificio especialmente grande del que entraba y salía mucha gente a la vez – Como ya has visto, hay muchos comercios útiles en la zona, pero sin duda este sitio es uno de los preferidos entre los exploradores – agregó señalándolo con la mano.
-"Centro Comercial Kecleon" – leyó Melissa el cartelón que había encima de la entrada del edificio – ¡¿Cuántos pisos tiene?! – exclamó mirando hacia arriba boquiabierta.
-Unos cuantos, sí – respondió con una sonrisa al ver a la otra tan sorprendida.
Ambas entraron al centro comercial y Melissa se dio cuenta de que se trataba de una estancia enorme, la cual debía de contar con cientos de tiendas en su interior.
-Voy a explicarte la distribución de este sitio – anunció entonces Nidoqueen – La planta baja está dedicada a alimentación. Ya sabes, manzanas de todos los tamaños, gomis de todo tipo… incluso hay algunas cafeterías en las que te preparan bebidas con los ingredientes que tú les lleves.
-¡Vaya! – exclamó la chica impresionada no sabiendo muy bien a dónde mirar exactamente.
Nidoqueen guio a Melissa entonces y ambas hicieron acopio de algunas provisiones de comida para la misión.
-Ahora vayamos a la siguiente planta – propuso la de tipo veneno y la chica la siguió.
-¡Guau! ¿Hay escaleras mecánicas? – preguntó la chica nada más verlas, con los ojos brillantes sin poder ocultar su ilusión.
-Sí… – empezó a responder Nidoqueen, pero Melissa salió corriendo – No estás acostumbrada a subir por ellas, ¿verdad? – adivinó tratando de no reírse, aunque la chica ya se había montado en las escaleras y no podía oírla.
-¡Cómo mola, cómo mola, cómo mola! – no pudo evitar gritar ella mientras llamaba la atención de todos los que estaban cerca, que la miraban sintiendo bastante vergüenza ajena – Tres, dos, uno… – hizo la cuenta atrás mientras llegaba al siguiente piso – ¡Cero! – chilló bajando de un salto de la escalera mecánica – ¡Qué divertido!
-¡Calma, pequeña humana! – trató de tranquilizarla su compañera tras subir también las escaleras – Tú nunca antes habías estado en un centro comercial, ¿verdad? – adivinó ya sin intentar ocultar la risa y Melissa negó.
-La verdad es que no – admitió ella ya algo más calmada – Donde vivía antes hay algunas tiendas, pero son mucho más pequeñas y tienen bastantes menos cosas. Y, por supuesto, nada de escaleras mecánicas.
-En ese caso, le doy la bienvenida a la gran ciudad, señorita – contestó Nidoqueen haciéndole una reverencia en broma – Y ahora siguiendo con nuestro tour, en la primera planta tienes todo tipo de medicinas, bayas, semillas y otros objetos curativos – le explicó – Aquí hay muchísimas cosas útiles.
Las dos empezaron a recorrer la planta y a hacer algunas compras, mientras Melissa seguía sin poder parar de mirar hacia todas partes con interés.
-Así que, ¿en su última exploración encontró a varios Pokémon congelados en la Isla Ventisca? – escuchó que alguien mencionaba cerca de allí – ¡Qué horror!
"¿Exploración?" se preguntó Melissa con curiosidad y se giró para mirar.
Muy cerca de allí una Chansey regentaba un puesto en el que vendía bayas y otras medicinas, y viendo la mercancía había un Pokémon azul muy raro. Estaba de espaldas, pero Melissa estaba segura de que nunca antes había visto uno como ese.
-Sí, menos mal que llegué a tiempo para sacarlos de allí – explicó el explorador.
-Que se tomen estas bayas – le recomendó Chansey – Con eso y un buen descanso pronto se sentirán mejor.
-Gracias – contestó él y empezó a echar las bayas en su bolsa.
-¡Melissa, mira qué oferta tan interesante! – exclamó Nidoqueen emocionada tirando de su brazo y llevándosela de allí hasta otro puesto regentado por un Seedot – ¡Semillas cura con un cincuenta por ciento de descuento!
-Las semillas cura pueden sanarte de muchas de las alteraciones de estado, como envenenamientos o parálisis, ¿verdad? – hizo memoria ella.
-¡Exacto! – contestó la de tipo veneno con una sonrisa – Veo que has estudiado mucho antes de venir hasta aquí, ¿eh? – añadió dándole un codazo amistoso.
-¿Estudiar? Bueno… yo no lo llamaría así, aunque sí que es verdad que desde muy pequeña tenía claro lo que quería hacer en el futuro, así que siempre que podía trataba de leer sobre exploraciones – admitió Melissa rascándose la nuca.
-¿Te puedo poner a prueba? – le preguntó la otra con una sonrisa traviesa.
-¿Eh? ¿A prueba? – repitió – ¿Me vas a hacer un examen?
-Más o menos, así que date la vuelta, anda – le pidió Nidoqueen girando a la chica un poco para ponerla de espaldas a los productos y que no pudiera ver cuál escogía – ¿Cómo se llama y para qué sirve esta semilla?
Antes de que se diera cuenta, Melissa ya tenía una semilla amarilla en las manos. A simple vista, tanto en tamaño, como en forma y color era muy parecida a todas las demás.
"Veamos…" pensó dándole la vuelta para observarla desde otros ángulos. "¿Es una semilla sueño? ¡No! Esta tiene algunos puntitos negros diminutos sobre su superficie. Y, si nos fijamos bien, tiene una forma ligeramente redondeada… ¡Ah! ¡Creo que ya me acuerdo!".
-Me parece que es una semilla torpeza – respondió Melissa – En su interior guarda una sustancia que deja confuso a quien se la come o la respira, así que lo mejor es lanzársela a un enemigo.
-¡Guau! Bien hecho – le felicitó Nidoqueen aplaudiendo – ¿Sabes qué? Te la regalo por todo lo que has aprendido por tu cuenta.
-Gracias… – contestó algo avergonzada.
"La verdad es que nunca he destacado por ser buena estudiante, pero por algún motivo se me da bien aprenderme las características de los objetos de exploración" pensó Melissa contenta.
-Nos llevamos todo esto – habló Nidoqueen con el Seedot que estaba de tendero.
Ambas pagaron su parte y después continuaron su camino por una planta enteramente dedicada a esferas y luego por otra especializada en objetos arrojadizos, hasta que llegaron a la sección de máquinas técnicas.
-Máquinas técnicas, o MT para abreviar – dijo Nidoqueen entonces señalando un cartel en el techo con un disco dibujado – Bueno, esta sección a ti no te servirá de mucho, ya que no puedes aprender movimientos, así que podemos ir… moviéndonos – añadió en plan de broma mientras se encaminaba de nuevo hacia las escaleras.
-¡Señorita Nidoqueen! – le llamó entonces un Kecleon morado desde su puesto – ¡Acaban de llegar unas MT nuevas! – anunció señalando hacia un surtido de discos.
-¿Ah, sí? – preguntó sorprendida la de veneno – Melissa, ¿te importa que vaya a echarle un vistazo a la tienda?
-En absoluto – negó la chica.
Ambas se aproximaron al puestecillo del Kecleon morado y la más veterana empezó a repasar los discos uno a uno mientras Melissa leía los títulos de las máquinas técnicas con curiosidad.
-¡Oh! Este ataque sí que podría aprenderlo – dijo Nidoqueen sacando una MT del montón.
-¡Buena elección! Es un movimiento muy poderoso, se lo aseguro – trató de convencerla el tendero – Usando ese ataque no habrá rival que se le resista.
-Pero, ¿realmente me merece la pena? – dudó la de veneno mirando el precio – No sé, no sé… Si fuera un poco más barata, tal vez me lo pensaría.
-Es un buen precio, ya que solo he sido capaz de traer un ejemplar de esta rara MT – insistió Kecleon – Además, tenga en cuenta que para mantener el negocio debo sacar beneficios de mis artículos – le recordó con una sonrisa.
-Eso lo sé, pero con una pequeña rebaja estoy segura de que aún le quedaría margen de beneficios – contraatacó.
-¿Ve a aquel Pokémon de allí? – preguntó el camaleón señalando hacia el fondo del pasillo – Aquí entre nosotros, antes estuvo mirando con interés esta misma MT. Si no se da prisa, podría volver y llevársela en cualquier momento.
-Pero aún no se la ha llevado – contestó ella rápidamente – ¿Será que también piensa que es cara?
-Puede parecer cara, pero le aseguro que se trata de una inversión de futuro y que lo agradecerá con el tiempo – respondió el vendedor.
-Es posible, aunque tenga en cuenta que yo debo sacrificar un movimiento de los que ya conozco para hacerle un hueco a este – argumentó Nidoqueen – Y eso también afectará a mis estrategias.
Melissa observó a su compañera y a Kecleon regatear un poco más como si se tratara de un partido de tenis y, por las miradas desafiantes de ambos, se dio cuenta de que la venta iba para rato.
"¡Qué duros son ambos!" se admiró la chica al ver que seguían sacando nuevos argumentos para sus respectivas posturas.
-Melissa, se nos echa el tiempo encima, así que ¿puedo pedirte un favor? – preguntó entonces Nidoqueen sin apartar la vista de Kecleon.
-Claro, ¿de qué se trata? – asintió la aludida.
-Quiero que vayas a la sección de complementos – le pidió la otra – Se trata del próximo y último piso de este centro comercial. Allí tienes que preguntar si por fin hoy es el día en que han traído unas gafas de rayos X.
-¿De las que te permiten ver a través de las paredes? – preguntó la chica con los ojos brillantes – ¿Venden aquí de eso? – añadió asombrada.
-Se supone que están en el catálogo de la tienda, pero nunca las he visto hasta ahora – le explicó Nidoqueen – Sé que algún día será el día que las traigan y me haga con ellas al fin.
-Está bien, iré a ver – accedió – Ahora nos vemos.
La chica se despidió con un gesto de su compañera y se dirigió a la última planta de aquel centro comercial, que como ya le había avanzado Nidoqueen estaba dedicada a todo tipo de complementos, como lo eran lazos, pañuelos y gafas.
-Lo siento. Las gafas de rayos X son un artículo muy difícil de encontrar – se disculpó un Kecleon verde – Hoy tampoco las tenemos disponibles para la venta.
-Jo, me hacía ilusión verlas… – murmuró Melissa visiblemente decepcionada.
-De nuevo, lo siento mucho.
-Bueno, no pasa nada. Ya las veré en alguna ocasión – contestó ella restándole importancia mientras se despedía con una mano del vendedor.
"Debería darme una vuelta por la sección ya que estoy aquí" pensó mirando a su alrededor.
En ese momento, un puesto lleno de pañuelos de todos los colores llamó la atención de Melissa, así que se acercó para verlos mejor.
-¡Qué bonitos son! – exclamó la chica admirándolos.
-Qué buen ojo tiene, señorita – le contestó otro Kecleon verde distinto al anterior – Además de ser bonitos, cada uno de estos pañuelos tiene propiedades distintas para proteger a su portador. Por favor, no se corte y eche un vistazo a todos ellos.
La chica fue observándolos con detenimiento hasta que un pañuelo de color rosa le llamó la atención. Al tocarlo se dio cuenta de que era cálido y agradable al tacto, además de que desprendía un suave olor a melocotón.
"Pañuelo meloc. He oído hablar de ellos, protegen a su portador de todo tipo de envenenamientos, ¿verdad?" se preguntó Melissa mientras daba la vuelta a la etiqueta para leer sus propiedades. "¡Acerté! Bien, creo que no me agradaría nada caer envenenada en plena misión y, además, es muy bonito. Me parece que me daré un caprichito con mis ahorros".
-Me llevo este – le comunicó a Kecleon.
-Sabia decisión – respondió él – Estoy seguro de que no le defraudará.
La chica pagó, se guardó la compra en su bolsa y después volvió a la planta de las MT.
-¿Habrá terminado ya Nidoqueen de comprar? – se preguntó en voz alta – No me lo puedo creer, todavía sigue regateando… – añadió con aburrimiento al verla de lejos discutiendo todavía con Kecleon – Bueno, la esperaré por aquí sentada – resolvió al ver un banco libre.
Melissa se dejó caer en el asiento y entonces con su vista exploró de nuevo aquella planta del centro comercial. No muy lejos de allí un Hypno regentaba un puesto llamado "Tutor de movimientos" y en ese momento un Blitzle miraba fijamente el péndulo que el de tipo psíquico balanceaba en su mano…
-Disculpa – escuchó Melissa que alguien decía en ese momento.
-¿Eh? – preguntó la chica despistada mirando a ambos lados, pero no vio a nadie que se estuviera dirigiendo a ella – ¿Me lo habré imaginado…?
-No, no te lo has imaginado… Realmente hablo con la humana que está sentada en el banco.
-¿Sí? Pues no veo a nadie… – respondió ella mirando de nuevo hacia todos lados sin localizar aún a quien le hablaba.
-Aquí abajo, por favor.
Melissa bajó la mirada y por fin vio a una Flabébé con una flor azul arrastrándose por el suelo.
-Perdona, no te había visto – se disculpó la chica riendo nerviosamente.
-No pasa nada. En realidad, tan solo quería pedirte una cosita, ¿te importaría alcanzar el botón del ascensor por mí? – le pidió el hada mientras señalaba la zona de esos aparatos – Es que… no llego.
-Un momento… Creía que las Flabébé podíais flotar… – respondió haciendo memoria.
-¿Eh? Sí, sí, pero es que hoy me siento muy cansada – explicó – Te agradecería tanto que me hicieras ese pequeño favor – añadió poniendo ojos llorosos.
-Por supuesto, para mí no es ninguna molestia – accedió Melissa y después se levantó del banco y se acercó a los ascensores – Vas abajo, ¿no?
-Sí – asintió el hada.
-Muy bien – contestó la chica y después pulsó el botón de la flecha que apuntaba hacia abajo – Ya está – agregó y apenas un segundo después se abrió una de las puertas.
-¡Oh, muchísimas gracias! – exclamó Flabébé mientras se arrastraba al interior del ascensor.
-De nada – le restó importancia Melissa.
-Esto… ¿podrías pulsar también el botón de la planta baja? – pidió el hada mirando hacia el suelo con tristeza – Tampoco llego…
-¡Ah, claro! Sin problema – contestó la chica.
Melissa pulsó el botón del bajo y después sacó la mano de dentro del ascensor rápidamente cuando empezaron a moverse las dos mitades de la puerta.
-Adiós – ambas se despidieron con un gesto mientras se terminaba de cerrar el ascensor.
"Se siente bien ayudar a los demás" pensó Melissa felizmente. "Espera un momento, la clienta de mi misión también es una Flabébé, ¿cierto?" se preguntó mirando hacia abajo para sacar el papel de la misión de su bolsillo del pantalón vaquero. "¿Eh? ¿Qué hace la bolsa abierta? ¡Qué extraño! Creía que la había cerrado bien…" pensó mientras la abrochaba de nuevo.
-Oh, aquí estabas, Melissa – la voz de Nidoqueen la sacó de sus pensamientos – Te ruego que me disculpes, pero el muy granuja del vendedor quería colarme esa máquina técnica a un precio muy superior al que realmente tiene. Menos mal que una sabe negociar y al final le he sacado un buen descuento – le explicó con satisfacción – Bueno, ¿ha habido suerte con las gafas de rayos X?
-No, no había ningunas – negó la chica – Lo siento.
-Oh, no pasa nada. Sé que algún día me haré con ellas – contestó con una sonrisa – En fin, será mejor que nos pongamos en marcha hacia nuestra misión.
-Hablando de eso, acabo de cruzarme con una Flabébé por aquí – comentó.
-Hay muchas Flabébé, Melissa. No creo que fuera nuestra clienta – respondió Nidoqueen – Te apuesto lo que quieras a que ella ya está esperando en el cruce de la fuente.
-En ese caso, será mejor no hacerle esperar más.
Ambas salieron del centro comercial y, tras volver sobre sus pasos, llegaron de nuevo al cruce con la pequeña fuente que estaba justo bajando las escaleras del Pokégremio. Allí mismo vieron que, efectivamente, ya las estaba esperando una pequeña Flabébé sin flor, aunque a la espalda llevaba una mochila marrón que cómicamente ocupaba más espacio que ella misma.
-Hola, ¿sois el equipo explorador que ha aceptado mi misión? – les preguntó el hada al verlas llegar.
-Así es, me llamo Nidoqueen y la que me acompaña es Melissa – hizo las presentaciones la de veneno – Cuenta con nosotras para buscar esa flor.
-Genial, muchas gracias – contestó Flabébé con una sonrisa.
En ese momento, Melissa se puso en cuclillas para verse cara a cara con el hada.
-¿Qué pasa? – preguntó confusa al ver cómo la chica la analizaba con la mirada.
-¿Eres tú la misma Flabébé que me he cruzado antes en el centro comercial? – cuestionó la chica no del todo segura.
-No, hoy no he ido ahí – negó el hada – He venido directamente hasta aquí cuando me han notificado que alguien había aceptado mi misión.
-Supongo que tienes razón. Además, mirándote de cerca me parece que tienes otros rasgos diferentes – respondió Melissa poniéndose en pie de nuevo – Por no mencionar que la otra no tenía fuerzas ni para flotar, aunque sí que tenía una flor… – añadió y Flabébé pareció deprimirse.
-Flor… – murmuró el hada con tristeza mirando hacia el suelo.
-Eso es, en realidad os veis muy diferentes con flor o sin ella, mucho mejor con una flor si quieres mi opinión. No sé por qué he dudado, ¡soy una despistada! – mencionó la chica alegremente, pero Flabébé hundió la cabeza aún más.
-Melissa, apenas te conozco, pero me parece que cada vez que abres la boca sube el precio del pan – opinó Nidoqueen negando con la cabeza con algo de diversión.
"¡Uy! He metido la pata un poquito, ¿verdad?" se dio cuenta al fijarse mejor en la expresión desanimada del hada.
-Lo siento por el comentario – se disculpó Melissa rápidamente – En cuanto quieras nos ponemos en marcha y buscamos esa nueva flor, ¿vale? – trató de arreglarlo.
-Vale – asintió Flabébé volviendo a alzar un poco la cabeza – Muchas gracias por aceptar mi encargo. Soy demasiado débil como para adentrarme yo sola en el territorio.
-Espera, espera, ¿hay algún peligro ahí dentro? – preguntó Melissa con preocupación.
-No realmente, es un sitio muy tranquilo – explicó Flabébé – Pero a veces si te llevas una flor que les interese o los molestas, los Combee o los Beedrill pueden atacarte.
-¿Ah, sí? – preguntó la chica sintiendo que no le hacía mucha gracia la idea de que los Pokémon de tipo bicho le picasen.
-No os preocupéis. Estaré vigilando para que eso no ocurra – le restó importancia Nidoqueen levantando el dedo pulgar – ¿En marcha, chicas?
-¡En marcha! – contestó Melissa con energía y las tres iniciaron el camino hacia la Pradera Floreada.
