POR LOS VIEJOS TIEMPOS

Capítulo 5: Tras la pista de la ladrona:

Tras la exploración completa de la Pradera Floreada, Melissa, Nidoqueen y Flabébé regresaron a Aldea Tesoro y una vez allí las tres se dirigieron al Centro Comercial Kecleon sin perder ni un minuto.

-Vale, ya estamos aquí – dijo Melissa justo al entrar – ¿Con quién se supone que tenemos que hablar ahora para que nos muestre lo que han grabado las cámaras esta mañana? – preguntó mirando hacia todas partes.

-Tengo contactos por aquí – contestó Nidoqueen – Seguidme.

La de veneno dirigió entonces a Melissa y a Flabébé por los pasillos de la planta baja del centro comercial hasta que divisó a un Sentret, el cual parecía estar extremadamente atento a todo lo que ocurría a su alrededor. El roedor lucía una cara un tanto seria, pero puso una sonrisa en cuanto vio acercarse al grupo de tres.

-Señorita Nidoqueen, siempre es un placer verte – le saludó Sentret amablemente – ¿Puedo ayudarte en algo?

-Me alegro de que me hagas esa pregunta, Sentret – respondió ella – La verdad es que sospechamos que alguien le robó la compra a mi compañera Melissa esta misma mañana aquí dentro del centro comercial – explicó señalando a la chica.

-Así es – asintió la aludida – Por favor, necesitamos ver lo que han grabado las cámaras.

-Vaya, ¿eres una nueva aprendiz de exploradora? – preguntó el roedor mirando a la chica con curiosidad, no pasando por alto esa bolsa oficial impoluta que llevaba colgada al hombro.

-Sí, hoy es mi primer día – explicó Melissa – Qué gran forma de empezar… – murmuró agachando un poco la cabeza, algo deprimida.

-No te preocupes. Si está en mi mano, colaboraré todo lo que pueda con los exploradores – respondió Sentret – Al fin y al cabo, la señorita Nidoqueen nos ha ayudado a atrapar a muchos maleantes que tenían sus ojos puestos en este establecimiento, así que me complace poder devolverle un favor. Seguidme.

El guardia de seguridad empezó a caminar por el pasillo y tanto Melissa como Nidoqueen y Flabébé lo siguieron.

-Vaya, parece que te respeta – susurró la chica bastante impresionada a la de veneno.

-Ya lo has oído, ya he tenido ocasión de colaborar muchas veces con ellos – presumió un poco, sacándole la lengua – Pero no te preocupes. Con el tiempo te ganarás también tu lugar, ya verás.

Melissa miró a su compañera con algo de curiosidad. Por las palabras de Chatot, Nidoqueen ya debía de llevar bastante tiempo entrenándose en el Pokégremio, así que seguramente había tenido días de todo tipo, con sus triunfos y sus derrotas.

-Aquí es – anunció Sentret deteniéndose frente a una puerta con un cartel que ponía "Sala de vigilancia".

Melissa observó que el roedor entonces se puso a mirar fijamente de cerca un panel que estaba insertado en el marco.

-Reconocimiento ocular completado – dijo una voz un tanto robótica que parecía salir de aquella pantallita – Identidad, Sentret. Acceso autorizado.

En ese momento, la puerta de la sala de vigilancia se abrió automáticamente ante ellos cuatro.

-Pasad – indicó Sentret entrando el primero.

-¿Qué es eso? – le susurró Melissa impresionada a Nidoqueen, señalando de un cabeceo la pantallita.

-Parece un sistema de seguridad basado en la misma tecnología que utilizan los paneles Rotom del Pokégremio – explicó ella fijándose en la cara naranja sonriente que había en el centro de la pantalla – Escanea los ojos y si reconoce a quien está enfrente le permite el acceso.

-No lo entiendo muy bien, pero suena bastante chulo – comentó la chica.

Melissa dio un paso hacia la pantallita mientras Nidoqueen y Flabébé entraban a la sala de vigilancia.

-¡Hola! – saludó la chica poniéndose justo enfrente del panel, en el cual empezó a dibujarse un círculo.

-Reconocimiento ocular completado – dijo la voz robótica cuando el círculo estuvo entero – Identidad, desconocida. Acceso denegado – añadió y justo después la puerta se cerró ante las narices de Melissa.

-¿Eh? ¡Oye, que me he quedado fuera! – protestó ella.

Sentret abrió la puerta desde dentro con una cara un tanto molesta.

-¡Melissa! ¿Quieres estarte quieta? – le regañó Nidoqueen poniendo los brazos en jarra.

-Lo siento. No he podido evitarlo… – se disculpó la chica riendo nerviosamente, y Sentret rodó los ojos.

-También viene conmigo, Rotom – intervino el roedor – Puedes dejarla pasar.

-Gracias – contestó Melissa entrando rápidamente.

Cuando por fin los cuatro estuvieron dentro de la sala, la puerta se cerró de nuevo automáticamente tras sus espaldas. Melissa miró hacia todas partes con curiosidad y al fondo descubrió una pared llena de pantallas en las que se podían ver imágenes de diferentes puntos del centro comercial.

Sentret caminó hacia un escritorio que tenía varios ordenadores sobre él y se sentó sobre una silla que parecía bastante cómoda.

-Vale, entonces tenéis motivos para pensar que ha habido un robo esta mañana – dijo el guarda – ¿Podéis darme más datos como la ubicación o la hora?

-Claro – asintió Melissa – El encuentro sospechoso se produjo en el piso de las MT, cerca del ascensor – hizo memoria – La hora… no la recuerdo bien, pero fue antes de irnos de misión, así que no sería muy tarde.

-De acuerdo, no te preocupes – contestó Sentret – Pondré las imágenes de la cámara más cercana al ascensor del piso de las MT en la pantalla de abajo a la izquierda – indicó mientras tecleaba algo en uno de los ordenadores.

En el monitor que había mencionado comenzaron a salir a cámara rápida las imágenes grabadas por las cámaras de seguridad del centro comercial esa misma mañana. Mucha gente fue cruzando, algunos con las manos vacías y otros bien cargados de bolsas.

-¡Ahí estás! – exclamó entonces Nidoqueen señalando a Melissa en la pantalla.

-Sí – asintió la chica.

Sentret puso el vídeo a velocidad normal y todos fueron testigos de cómo Melissa se sentó en un banco y después alguien se le acercó arrastrándose por el suelo.

-¡Ah, sí que es ella! – chilló asustada Flabébé en cuanto vio a la otra hada.

-¿En serio? – le preguntó Melissa.

-Pues claro – contestó Flabébé asintiendo exageradamente – Lleva… lleva mi flor – comentó visiblemente molesta.

"¿Eso es azul cobalto?" pensó la chica. "A mí me parece igual que las otras flores que hemos visto…".

-Calma, calma. Vamos a ver la grabación entera, ¿sí? – propuso Nidoqueen tratando de poner algo de orden.

En el vídeo, Melissa se levantó del banco y se dirigió al ascensor junto con aquella Flabébé. Sin embargo, al pulsar el botón la chica se colocó en tal posición que tapaba su propia mochila y no pudo apreciarse bien qué había ocurrido exactamente.

-¿Qué? No… no puedo haber tapado el ángulo de visión de la cámara – murmuró Melissa – ¡Ahora no podemos saber lo que ha pasado! – se lamentó.

-Umm. Seguramente ella conocía a la perfección la ubicación de las cámaras… – opinó Flabébé cruzándose de brazos – Utilizar el cuerpo de otro para bloquear el ángulo de visión… Tiene una profesionalidad escalofriante.

La Melissa del vídeo entonces se dio la vuelta y miró hacia abajo buscando algo, pero justo en ese momento pareció darse cuenta de que su bolsa estaba abierta y la cerró.

-¡Os lo dije! ¡Os lo dije! – chilló la chica señalando la pantalla con un dedo – Sabía que tuve que cerrar la mochila tras hablar con Flabébé.

-Excelente observación, Melissa – dijo Nidoqueen con orgullo – ¿Sentret, te importaría rebobinar un poco, cariño?

-Ahora mismo – accedió él.

El guardia de seguridad pulsó un botón y las imágenes retrocedieron hasta que Melissa volvió a estar sentada en el banco.

-¡Ahí, suficiente! – indicó la de veneno – Bien, vamos a fijarnos todos en la mochila.

-Está cerrada – respondió Flabébé.

-Exacto. Melissa tenía razón – reconoció Nidoqueen sonriéndole a la aludida – Ahora vamos a volver a ver la grabación completa para determinar quién pudo abrirla.

De nuevo, el grupo vio cómo la otra Flabébé se acercaba a Melissa y, tras charlar brevemente, ambas se dirigían al ascensor.

-Justo antes de girarme la bolsa seguía cerrada – observó la chica entonces.

-Sí, y después no has puesto tus manos encima en ningún momento – contestó Nidoqueen – Excepto esa Flabébé, nadie más ha podido hacerlo. Como veis, no existe el crimen perfecto – añadió con satisfacción.

En ese momento, Sentret se puso a teclear en uno de los ordenadores.

-¡Vaya, vaya! Por lo visto se trata de Flabébé la ladrona, una delincuente peligrosa y buscada por la justicia por sus múltiples robos – les explicó el guarda – ¡No me lo puedo creer! Hemos dejado que campara a sus anchas por el centro comercial…

-Seguramente como cambió de flor ninguno de los guardias de seguridad la habéis reconocido – opinó la de veneno.

-Es muy posible – respondió Sentret – Notificaré inmediatamente al inspector Magnezone el robo del pañuelo y también le daré el aviso de que la ladrona ahora lleva una flor distinta.

-Perfecto – contestó Nidoqueen con satisfacción – Bien, Stoutland ya tiene un lugar por donde empezar a buscar el rastro.

-¿Y a qué esperamos para pedirle ayuda? – preguntó Melissa con algo de impaciencia.

-Bueno, imagino que él estará en plena misión ahora mismo, así que me temo que tendrás que posponerlo hasta mañana – respondió – Además, es un poco tarde, será mejor que descansemos y recuperemos fuerzas. Sino no tendremos energía para realizar nuestras respectivas tareas, ¿no crees?

-Espera, ¿me estás diciendo que tú mañana no vendrás? – preguntó la chica un poco decepcionada.

-Lo siento, cielo. Yo también tengo una lista de misiones sin cumplir – admitió Nidoqueen dando una gran risotada – Pero te aseguro que con Stoutland estarás en buenas manos.

-Bueno, si tú lo dices… – contestó ella.

-Claro que sí – asintió la de veneno – Ah, por cierto, Sentret. Agradecería que hoy al cerrar el centro no se echaran productos de limpieza demasiado fuertes para no borrar el rastro de la ladrona – le pidió al guarda de seguridad.

-Me encargaré de ello – le aseguró él.

-Cuento contigo – contestó Nidoqueen.

Melissa y sus dos acompañantes se despidieron entonces de Sentret y, tras salir de la sala de vigilancia, también abandonaron el centro comercial. En la calle, la luz anaranjada del ocaso indicaba que la tarde iba empezando a estar avanzada.

-Perdón por todas las molestias que os estoy causando… – se disculpó Flabébé en ese momento – Pero, Melissa, si tu equipo recupera mi flor azul cobalto os pagaré de recompensa el doble de lo que ofrecí al principio – prometió mirando a la chica con seriedad – Hasta mañana.

-Hasta mañana – se despidieron también las dos exploradoras.

El hada se fue y Melissa y Nidoqueen caminaron de vuelta hacia el Pokégremio.

-Entonces, ¿hoy no vamos a cobrar nada? – preguntó la chica visiblemente decepcionada.

-A veces pasa – le restó importancia la de veneno – ¿No irás a creer que todos los días se triunfa?

-Ya, pero… la misión no parecía tan difícil. Me siento una inútil… – le confesó Melissa.

-Es tu primer día, cariño – trató de calmarla – Con observar y aprender tienes de sobra.

La chica suspiró. Ya se lo había advertido Chatot. Nadie hacía grandes descubrimientos o encontraba tesoros legendarios el primer día, pero volver con las manos vacías tampoco era demasiado alentador…

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-Ya veo, así que eso es lo que ha pasado – dijo Chatot tras escuchar la historia.

-Sí… Al final ni hemos conseguido una flor azul cobalto ni hemos encontrado a la ladrona… – resumió Melissa con pesar.

-¡Arriba ese ánimo! – exclamó entonces el loro – Al menos habéis avanzado algo en esa misión. Y la clienta os ha prometido pagar el doble cuando se capture a la ladrona, ¿no? – añadió balanceando las plumas de su cola con alegría.

-Eh, sí – asintió la chica.

"¿Me lo parece a mí o está muy contento por el dinero que nos han prometido?" pensó ella arqueando una ceja.

-Estoy satisfecho con tu desempeño de hoy. Espero que sigas esforzándote igual mañana – contestó Chatot con tranquilidad – Ahora ambas aprovechad para descansar hasta la hora de la cena – agregó pasando su vista de Melissa a Nidoqueen.

-Sí, señor – respondieron las dos a la vez.

Chatot se retiró y las dos aprendices se dirigieron hacia el pasillo donde estaban sus habitaciones.

-¿Ves cómo no has estado tan mal hoy? – insistió Nidoqueen – Ya has oído a Chatot, ¡arriba ese ánimo! – exclamó dándole un codazo amistoso.

-Gracias – contestó Melissa con una sonrisa – Supongo que tenéis razón los dos. No debería venirme abajo tan fácilmente. Solo con estar entrenándome aquí creo que ya he ganado mucho.

-Eso ya me suena más como la Melissa que conocí esta misma mañana – respondió la de veneno con una carcajada – Bueno, este es mi cuarto. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme.

-¡Vaya! Mi habitación es la de enfrente – se sorprendió la chica – Ahora nos vemos para la cena, Nidoqueen.

Ambas se despidieron con un gesto y después cada una entró a su cuarto.

-Oh, parece que nos han limpiado la habitación – observó Melissa al ver que las camas estaban perfectamente hechas de nuevo – En fin, creo que debería aprovechar este ratito para darme una ducha.

La chica entonces se dirigió a por su vieja mochila para sacar su ropa.

-Entre unas cosas y otras aún no me ha dado tiempo a deshacer la maleta… – murmuró empezando a extraer objetos – Es verdad, mi pobre mapa quedó un poco destrozado ayer cuando tuve que lanzar la mochila al agua…

Melissa continuó sacando objetos y comprobando su estado.

-Vaya. La ropa ya está seca, pero huele… un poco a húmeda – opinó con expresión de disgusto – No debería ponérmela así, aunque… la que llevo ahora mismo ya apesta un poquito a sudor – añadió oliéndose un poco – U… un momento, entonces eso significa que toda la ropa que tengo aquí está… ¿sucia? – agregó sudando frío – Oh, no, ¿y… y ahora qué hago? ¿Qué hago? – se preguntó con nerviosismo.

La chica echó a correr y salió al pasillo para golpear la puerta de enfrente.

-¡Nidoqueen! ¡Nidoqueen! ¡Necesito ayuda! – exclamó y al momento su compañera abrió.

-¿Qué pasa, Melissa? ¿Tienes algún problema? – preguntó la de veneno con preocupación.

-Pues… pues estaba pensando en ducharme, pero mi ropa está toda sucia – explicó la chica con pesar juntando sus dedos índices – Si la pongo a lavar ahora mismo tardará en secarse… y no quiero presentarme de cualquier forma a la cena. ¿Qué puedo hacer…?

-Para ti sería un problema andar por ahí sin ropa, ¿no? – respondió Nidoqueen mirándola con cierta diversión.

-¡Pues claro que sería un problema! – exclamó completamente avergonzada.

-Calma, calma. Supongo que cada especie tiene sus rarezas. Ya lo hemos aprendido hoy con Flabébé, ¿no es así? – contestó la de veneno en tono conciliador – Bueno, entonces quieres tener tu ropa lista al momento. Creo que puedo ayudarte.

-¿En serio?

-Sí, voy a ver si tengo lo necesario – respondió Nidoqueen abriendo un cajón para rebuscar en su interior, sacando finalmente dos esferas – Has tenido suerte. Bien, vamos a tu habitación.

Melissa siguió a su compañera mientras miraba con curiosidad esas esferas, reconociendo que se trataba de una limpiosfera y una secoesfera.

-¿No haremos un lío activando esas esferas mágicas aquí en la habitación? – preguntó la chica no del todo segura.

-No te preocupes. Vamos a limitar su zona de acción y concentrar en un solo punto todo su poder, así que quiero que pongas dentro de la ducha todo aquello que quieras lavar – le indicó Nidoqueen.

-Entendido. Dame un momento.

Tal como le habían pedido, Melissa fue dejando dentro de la ducha todas las prendas y otros objetos que quería lavar, incluida su vieja mochila.

-¿Ya está? – preguntó Nidoqueen al ver que la chica no iba a por más cosas.

-Sí.

-Muy bien. Ahora observa – dijo la de veneno y entonces lanzó la limpiosfera contra la pared del interior de la ducha y cerró la mampara justo antes de que la esfera estallara en una masa de agua, la cual cayó con fuerza sobre todos los objetos que había ahí dentro.

-Va… ¡vaya! – se sorprendió Melissa.

Cuando el agua se fue por el sumidero Nidoqueen volvió a abrir la ducha.

-Ahora todo está limpio, pero también está empapado – dijo la de veneno – Es hora de pasar a la fase dos.

Nidoqueen estampó de la misma manera la secoesfera, la cual se transformó en un pequeño tornado que hizo temblar la ducha e incluso lanzó contra las mamparas los objetos más ligeros.

-¡Ah! – exclamó Melissa algo asustada, sujetando la ducha para que no se viniera abajo.

-Tranquila, la esfera no tiene tanta fuerza – le restó importancia Nidoqueen.

-Po… por si acaso…

Cuando el tornado se deshizo y todo quedó en calma de nuevo, Melissa abrió la ducha y empezó a comprobar el estado de sus objetos.

-Vaya, todo está limpio y seco – comentó impresionada – ¡Muchas gracias! ¿Cuánto te debo…? – preguntó echándose la mano al bolsillo de la chaqueta para sacar su cartera.

-Nada, nada. ¡Faltaría más! – exclamó la de veneno alzando las manos.

-Pero has gastado dos esferas mágicas por mi culpa… – insistió la chica.

-Sí, dos esferas que estaban ahí acumulando polvo – contestó Nidoqueen – Cielo, todos hemos sido novatos y en algún momento hemos necesitado la ayuda de alguien, así que no me importa. ¡De verdad!

-¿En serio? ¡Eres la mejor! – exclamó Melissa abrazándola.

-No, solo llevo más tiempo que tú entrenando – respondió correspondiéndole el abrazo – Oye, ¿sabes qué puedes hacer la próxima vez que quieras lavar algo? Deja las cosas sucias en un montoncito al lado de la puerta. Los de limpieza entenderán que quieres que se laven y cuando vuelvas de tus misiones encontrarás tus cosas limpias.

-¿Harán eso? – se sorprendió la chica.

-Sí – asintió la otra – Muchas veces les he dejado pañuelos y cosas así y me los han limpiado. De todas formas, tienen que lavar las sábanas y las toallas de las habitaciones, por unas cuantas prendas más que les dejemos no pasa nada – añadió guiñándole un ojo.

-Es bueno saberlo – contestó Melissa con una sonrisa.

-En fin, te dejo para que te arregles – dijo Nidoqueen revolviéndole un poco el pelo – Ahora nos vemos.

-Sí, hasta ahora.

La de veneno regresó a su habitación y entonces la chica aprovechó ese rato para darse una ducha y arreglarse ya con la ropa limpia.

-Muy bien, ya estoy lista – dijo soltando el cepillo del pelo mientras miraba su reflejo en el espejo de forma aprobatoria.

Melissa salió del baño y en ese momento vio a Pachirisu quitándose la mochila y soltándola sobre el escritorio, y justo entonces la chica recordó el "peinado" que la otra le había hecho por la mañana.

-Hola, Melissa – le saludó la ardilla en cuanto la vio, pero la chica se encerró de nuevo en el baño rápidamente, dando un portazo tras de sí – O… oye, ¡eso me ofende! – se quejó poniendo los brazos en jarra.

-¡Aún sigo molesta por lo de esta mañana! – chilló ella infantilmente desde dentro del baño.

-¿Lo de esta mañana…? – repitió Pachirisu pensativa – Ah, cuando te desperté con mi chispazo, sí. Solo lo hice para que no llegaras tarde tu primer día.

Melissa abrió un poco la puerta y asomó levemente la cabeza para mirar de reojo.

-Fuiste un poquito brusca, ¿no te parece? – comentó la chica en un tono que prácticamente parecía un regaño – Puede que tú no lo hagas con mala intención, pero molestas.

-¿Mo… molesto? – dijo la ardilla haciendo un puchero, lo cual inmediatamente hizo sentir culpable a Melissa – Ya sé… Vas a pedirle a Chatot que te cambie de habitación, ¿verdad? – se temió.

-¿Eh? No había pensado en ello… De verdad – respondió la chica saliendo del baño con las manos en alto.

"¿Me… me he pasado diciéndole que molesta?" se preguntó Melissa algo preocupada.

-Ahora cuando por fin había llegado una compañera nueva tengo que fastidiarla – siguió lamentándose Pachirisu – Perdóname…

-Eso está hecho – asintió la chica poniéndose en cuclillas para estar a la altura de la otra – Creo que tú y yo hemos empezado con mal pie… Probemos otra vez – propuso – Hola. Me llamo Melissa y soy tu nueva compañera de habitación – añadió tendiéndole una mano con una sonrisa.

La ardilla la miró impresionada durante unos segundos, pero finalmente le correspondió el gesto y juntó su pequeña manita con la de la chica.

-Hola, yo soy Pachirisu – se presentó también – Me he sentido un poquito sola desde que Eevee, mi antigua compañera, se graduó el mes pasado, así que muchas gracias por querer ser mi amiga también.

-No hay de qué – le restó importancia.

-¡Ya sé! Cuando Eevee y yo discutíamos terminábamos compartiendo unas bayas aranja – le contó la ardilla mientras alcanzaba su bolsa para sacar un par – A ambas nos encanta esta baya porque es de color azul – agregó con melancolía, pero Melissa puso cara de horror.

-¿Azul…? No, otra vez no… – suplicó la chica recordando la búsqueda de la flor azul cobalto.

-¿Qué he dicho? – preguntó confusa.

-Digamos que ahora mismo tengo empacho de azul – intentó explicar Melissa – Pero, aun así, muchas gracias por tu regalo – añadió aceptando la baya aranja.

-De nada.

Melissa le dio un bocado a la fruta.

-Y dime, ¿a Eevee también la despertabas de esa manera? – preguntó masticando aún.

-Oh, sí. Y tampoco le gustaba – contestó Pachirisu y después también le dio un bocado a su baya.

-Me pregunto por qué… – murmuró sarcástica.

-Pero una regañina de Chatot es aún peor que sufrir un chispazo – le aseguró la ardilla y Melissa sintió un escalofrío por la espalda.

-Debe de ser terrible… – opinó la chica tratando de imaginárselo.

-Lo es. Una vez me quedé dormida y ese loro estuvo chillándome durante el día entero – contó Pachirisu rodando los ojos – Así que, si te vuelves a dormir, volveré a despertarte con mi chispazo. Y sí, es una amenaza.

"Es su manera de dar los buenos días" Melissa recordó las palabras de Nidoqueen mientras se terminaba de comer su baya aranja.

-Creo que estoy condenada… – murmuró la chica vencida, temiendo por sus futuros despertares – O más bien, frita.

-¡A cenar todo el mundo! – se escuchó en ese momento una voz retumbando por todo el edificio.

-¡Vaya! Parece que Alcremie nos llama ya – dijo Pachirisu.

-¿Alcremie? – repitió Melissa confusa.

-Es nuestra cocinera. Te encantará su comida – explicó la ardilla y de un salto se colocó sobre la cabeza de la chica – Venga, en marcha.

-¡Eh! – se quejó ella – ¿Qué crees que haces?

-Es que nunca había tenido una compañera de habitación tan alta – respondió Pachirisu – Desde aquí hay unas vistas increíbles.

-Qué cara tienes… – siguió protestando la chica.

-Anda, por fa. Déjame ir aquí – pidió actuando como una niña pequeña – Te guiaré hacia el comedor, porque sé que anoche te quedaste más dormida que un Komala y no fuiste a cenar.

-¡Estaba muy cansada del viaje! – protestó Melissa algo avergonzada – En fin, está bien, puedes ir sobre mi cabeza. Pero que conste que acepto porque pesas poquito, ¿eh?

-¡Bien! – exclamó la ardilla aplaudiendo – Estaré atenta para defenderte de todo aquel que intente aprovecharse de ti – le aseguró.

-"Tú" eres la única que intenta aprovecharse de mí – remarcó la chica rodando los ojos.

Ambas abandonaron entonces la habitación y recorrieron el pasillo en dirección al comedor. Al llegar al mismo lugar donde había sido la reunión matutina Melissa vio que Nidoqueen estaba hablando con alguien.

-¡Hola! – saludó la de veneno alegremente al verlas aparecer – Melissa, permíteme que te presente a Stoutland – añadió señalando a su acompañante – Ya te hablé antes de él.

-Ah, sí – recordó la chica – Él es quien sabe rastrear tan bien, ¿no es así?

-Tan bien no lo sé, pero Nidoqueen ya me ha puesto al día sobre el caso que estás tratando de resolver – explicó el perro – Te aseguro que mañana haré todo lo que pueda para echarte una pata… esto… Disculpa, ¿cómo era tu nombre? ¿María? – intentó recordar y la chica negó.

-Melissa – se presentó.

-Perdona, soy malísimo para los nombres – se disculpó Stoutland.

-No pasa nada – la chica le restó importancia – Ya te lo aprenderás.

-Como ves, te dejo en buenas manos – le aseguró Nidoqueen – Estoy segura de que con Stoutland no habrá lugar en el mundo en el que pueda ocultarse esa Flabébé.

-Estoy deseando ayudarte, Melody – contestó el perro con una gran sonrisa.

-Soy Melissa, pero muchas gracias – respondió ella.

"Caray, es verdad que es malísimo para los nombres" pensó la chica.

El grupo entró al comedor y Melissa empezó a mirar hacia todas partes con curiosidad. En aquella gran sala había varias mesas larguísimas que se extendían prácticamente de lado a lado de la habitación, y cada una de ellas contaba a su vez con muchas sillas a su alrededor para darles cabida tanto a todos los aprendices que allí estudiaban como al personal.

"¡El comedor es mucho más grande de lo que esperaba!" se sorprendió Melissa. "¿Eh? ¿Por qué estoy otra vez con esa sensación de que ya estuve aquí hace tiempo? Como siga apareciendo voy a empezar a pensar que podría haber algo de razón y que ya estuve aquí en una vida anterior o algo así…".

-Vamos, Melissa. ¿Es que no tienes hambre? – interrumpió Pachirisu sus pensamientos – ¡Yo tengo mucha!

-Tienes razón – asintió la chica – Yo también estoy hambrienta.

-Pues, ¿a qué esperas? – insistió su compañera – Vamos a la mesa con los demás.

"Bueno, ahora tengo hambre, no es momento de preocuparme de ese tipo de paranoias" le restó importancia la chica.

Melissa siguió al resto del grupo y todos juntos se sentaron alrededor de una de las mesas, ocupando unos sitios al final.

De una puerta que ponía "Cocina" no dejaba de entrar y salir una Alcremie amarilla con adornos verdes, la cual empujaba de un lado a otro un carrito lleno de platos de comida. Era muy pequeña, pero con gran maestría de un par de saltos iba dejando los platos frente a cada uno de los comensales con suma rapidez.

-Guau – se sorprendió Melissa al ver cómo la pequeña cocinera sirvió a todos en su zona en un abrir y cerrar de ojos.

-Oh, tú eres la chica nueva – dijo Alcremie fijándose en ella – Que sepas que, si alguien se queda con hambre y quiere repetir, estaré encantada de traer más comida – añadió con amabilidad.

-Muchas gracias – contestó ella, pero justo en ese momento se escucharon fuertes pisadas aproximándose a donde estaban y ambas se giraron para ver llegar a Wigglytuff.

-¡A mí, a mí, a mí! – exclamó él infantilmente, levantando una mano – ¡A mí puedes traerme más comida!

-¡Jefe! A usted ya le he servido un plato bien lleno – le regañó la cocinera – Deje que también coman los demás, por favor.

-Pero es que la cena está exquisita – contestó Wigglytuff poniendo ojitos de niño bueno.

-Ay, está bien… – cedió Alcremie soltando un sonoro suspiro – Pero solo porque es usted.

-¡Bien! – exclamó él aplaudiendo.

El Gran Bluff se puso una manzana en la cabeza y bailó un poco manteniéndola ahí en perfecto equilibrio.

-Me parece que esto es lo normal aquí, ¿verdad? – preguntó Melissa mirando la escena, sintiendo un déjà vu de nuevo.

-Oh, sí – asintió Pachirisu – Ya te acostumbrarás.

-El Gran Bluff me recibió así ayer. Creo que ya me he acostumbrado – contestó la chica con una sonrisa y después se llevó algo de comida a la boca – Mmm, esto está delicioso.

-Ya te he advertido que Alcremie es la mejor cocinera del mundo – respondió la ardilla con orgullo y acto seguido también le hincó el diente a su cena.

Melissa también continuó comiendo. Apenas conocía a sus compañeros, pero la chica notó que empezaba a sentirse muy a gusto en el Pokégremio, disfrutando de una agradable y divertida velada con todos ellos.

Tal vez su primer día como exploradora había sido un poco extraño, pero de ahí solo podía ir a mejor.

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Grovyle se despertó sintiéndose desubicado. Lo último que recordaba era que un desconocido le había ayudado en la Isla Ventisca, aunque por la temperatura notó que en ese momento debía de encontrarse en un lugar mucho más cálido.

"¿Dónde… estoy?" se preguntó girándose un poco y entonces vio que a un par de metros había un fuego encendido dentro de un hogar, y colgado justo encima un caldero calentándose.

El de planta se sentó muy despacio sobre la cama de paja en la que estaba recostado, haciendo que se le cayera un poco una manta que tenía echada por encima, y entonces comenzó a mirar a su alrededor. Aquella habitación simplemente estaba iluminada por la tenue luz de la hoguera, pero pudo reconocer sus pertenencias al lado de su cama y las siluetas de los dos Porygon también cerca de la lumbre.

-Vaya, por fin has despertado – dijo una voz cerca de él y al girarse un poco más vio que se trataba de aquel explorador que le había ayudado a vencer a Froslass – ¿Cómo estás?

-Aún me siento bastante débil… – contestó Grovyle – Pero parece que al menos puedo volver a mover la mano que esa Froslass me había congelado – añadió mirándose la extremidad.

-Te has pasado el día entero durmiendo, debías de estar realmente cansado – le comunicó el explorador – Por cierto, ¿te apetece tomar algo? Los Porygon ya han cenado hace rato y han vuelto a dormirse. También estaban agotados – añadió señalándolos.

-Si no es mucha molestia no me importaría tomar algo, la verdad – aceptó el geco.

-¡Estupendo! Dame un momento – contestó el otro.

El explorador se dirigió entonces hacia un mueble y de allí volvió con un plato hondo entre sus manos y una cuchara.

-A todo esto, ¿dónde estamos? – preguntó Grovyle mientras el otro cargaba sopa del caldero en el plato.

-Estamos en mi casa de Aldea Tesoro – explicó él – Por cierto, no me he presentado. Me llamo Manaphy y soy explorador, ¿cómo te llamas tú?

-Grovyle – respondió y el otro pareció quedarse pensativo.

-¿Ese nombre…? – se preguntó Manaphy en voz alta – Bueno, da igual. Toma, he preparado esto – añadió tendiéndole el plato lleno – Es una sopa hecha con trozos de bayas aranja y perasi. Te ayudará a entrar de nuevo en calor y a recuperar fuerzas.

-Gracias – contestó el geco mientras aceptaba el plato, para después empezar a comer con apetito – Vaya, esto está delicioso.

-Me alegro de que te guste. Estuve viviendo un tiempo en el frío Mar del Norte y allí fue donde aprendí esta receta – explicó el de agua mientras se sentaba en el suelo, al lado de Grovyle – En fin, ayer en la Isla Ventisca me disteis un buen susto. Estaba explorando cuando vi de lejos la pelea, así que decidí echar un vistazo – rememoró – Me alegro de haber sido de ayuda, aunque los pobres Porygon parecían aún bastante alterados por lo sucedido.

-¿Alterados? – repitió temiéndose lo que venía a continuación.

-Sí, ¿cómo explicarlo…? – se preguntó Manaphy pensativo – Parecían desubicados. Por ejemplo, hace un rato han llamado "extraña bola de fuego en el cielo" al sol. Es como si no lo hubieran visto en su vida, ¿puedes creerlo? – añadió y Grovyle tragó saliva al ver confirmadas sus sospechas – Seguramente todavía estaban alucinando a causa de la congelación. Con un buen descanso, mañana estarán como nuevos.

-Eso espero – contestó el geco.

"Cree que los Porygon estaban desvariando" pensó Grovyle. "Seguramente nos tomen por locos si vamos diciendo por ahí que en realidad venimos de otra línea temporal en la que el tiempo estaba detenido… Debo ser precavido con mis palabras" se recomendó a sí mismo mientras continuaba tomándose la sopa con la vista fija sobre el fuego bailando bajo la caldera.

-Sí, ya sé que debería modernizar esto un poco – opinó entonces Manaphy – Pero la verdad es que últimamente apenas paso tiempo por aquí…

-¿Modernizarlo? – preguntó el geco sin entender demasiado.

-Sí, ya sabes. Por ejemplo, poner una instalación eléctrica e instalar una cocina de esas de vitrocerámica o de inducción que se llevan ahora y que parece que te calientan la comida en un momento, en lugar de depender de una hoguera como antiguamente – contestó el de agua.

"¿Vitrocerámica? ¿Inducción? ¿Qué es eso?" se preguntó Grovyle sin tener ni idea de a qué se estaba refiriendo Manaphy. "En el mundo en el que nací no había nada de eso. Tal vez al no paralizarse el planeta la tecnología ha logrado desarrollarse mucho más".

-¿Eh? Bueno, no pasa nada – contestó el geco entonces tratando de disimular que no tenía ni idea del tema – Una hoguera también cumple su misión, ¿no es así?

-Sí, supongo que tienes razón – asintió Manaphy – Pero no dejo de pensar que tengo la casa más antigua de toda la ciudad – añadió soltando un par de carcajadas.

-Quién sabe – respondió el otro riendo nerviosamente.

-De todas formas, un hogar no deja de ser un hogar – comentó el de agua con una sonrisa.

"Un hogar…" pensó Grovyle sorprendido. "Nuestra vida en la otra línea temporal fue prácticamente de fugitivos, así que nunca pudimos tener algo como eso en aquel mundo…" se dijo tristemente mientras apuraba con la cuchara los últimos restos de la sopa. "Al menos tú sí que has encontrado un buen lugar al que poder pertenecer allí en el pasado. Me alegro por ti" añadió pensando en su mejor amiga con cariño.

-Por cierto, ¿has terminado ya? – preguntó Manaphy señalando el plato, sacando al otro de sus pensamientos.

-Eh, sí – asintió el geco – Gracias por la comida.

-De nada – respondió llevándose el plato y la cuchara.

Manaphy entonces se fue atrás a limpiar los cacharros y Grovyle aprovechó para recostarse de nuevo y descansar.

"Y hablando de ti, ¿cómo te van las cosas por el pasado?" preguntó el geco mentalmente como si así pudiera comunicarse con su mejor amiga. "Yo al final fui rescatado de aquella isla helada por un explorador, aunque estaba tan cansado que al parecer me he pasado el día entero durmiendo, así que apenas he podido ver nada más de este mundo. Me pregunto qué clase de cosas me encontraré a partir de ahora por aquí, por lo poco que he oído la tecnología debe de haber avanzado bastante" agregó. "Espero… que sigas mandándome ánimos desde el pasado" añadió, aunque al momento se sintió triste y solo por tener que estar separado de ella por esa gran barrera de tiempo.

El de planta se dio la vuelta en su cama de paja.

"Ya… ya sé que en el pasado estás bien, pero… ojalá también pudieras ver este futuro conmigo…" deseó Grovyle. "Te extraño… Melissa" pensó mientras cerraba los ojos para dormirse escuchando el sonido del mar de fondo.