Capítulo Final: Y seremos felices por siempre…


Candy se había quedado dormida después de horas de viaje, Terry la miraba pero estaba un poco preocupado, así que salió al pasillo del tren para poder tomar un poco de aire y no molestarla. Ahí se encontró con Albert quien regresaba de su propio camarote, al parecer tampoco podía dormir o descansar.

— ¿Tienes un momento? —. Preguntó Terry, aún se pasaba la mano por encima de su herida del costado.

Albert asintió con la cabeza, y se fueron al bar del tren. Quizá unos tragos relajarían al joven inglés.

— Todavía te preocupa algo — Comenzó a decir Albert, no era una pregunta si no una afirmación por el rostro que traía Terry y no era de dolor.

Albert se había pasado un vaso con whisky y tomaba un sorbo.

— Sí, pero supongo que ya sabes el por qué.

— Terry, le dijiste a Candy que sabías quién te había hecho todo esto —. Dijo Albert con cierta preocupación.

El joven sólo soltó un suspiro, ni siquiera sabía cómo comenzar a explicarle. Y de recordarlo sólo le dolían más las heridas.

— Lo sé, pero no sé como lo tomaras. Prefería hablar contigo a solas y aquí estamos. No quiero que Candy sepa… — Hizo una pausa — No aún.

— Me lo estoy imaginando pero quiero que sea un no — Contestó Albert y alzó una media sonrisa, irónica.

— Bueno, lamento decepcionarte Albert, es obvio que necesitas darle una muy buena lección a ese estúpido — Soltó Terry con enojo.

Albert suspiró derrotado.

— ¿Fue Neal o Eliza, verdad?

— Sí… Se consiguió a una banda de matones… — Terry se pausaba por el coraje de recordar, estaba haciendo puños con las manos.

Albert le puso una mano en el hombro como consuelo, además como Terry se estaba sacando de sus casillas, quería relajarlo, entendía el porqué de su coraje, pero no era buena idea que explotara en ese momento, había qué saber hacer y qué consecuencias tenían pensadas.

— Supongo que su objetivo era asustar a Candy, me paralicé cuando mencionaron que la estaban buscando a ella. Por eso no quiero que lo sepa. Hasta donde conocí a Neal, no sabía que era capaz de hacer algo así. Es patético — Agregó Terry ya más relajado — Si no hubieran tenido ese cuchillo, Neal hubiera sido desenmascarado desde entonces. Y supongo que no actuó sólo, su hermanita también tiene algo que ver, estoy seguro.

— Terry, esa es una acusación muy fuerte si no tenemos todo el contexto aún — Contestó Albert y agregó — Déjame resolver esto.

— Lo sé, eres tú el jefe de ese clan… y Albert, nunca te he pedido nada, esta vez, no quiero que dejes que ellos se salgan con la suya. Ya he tenido suficiente.

Terry no sólo se refería a la tremenda golpiza que le habían dado, sino a todo lo que había pasado dede la trampa que había orquestado Eliza desde el colegio Real San Pablo. Haciendo retrospectiva, sino hubiera sido por esa "broma" Candy y Terry nunca se hubieran separado, ni hubieran pasado por tanto, además a Terry le causaba nausea de sólo recordar cómo habían acusado a Candy de lo peor sólo porque una arpía había abierto la boca con mentiras. Él estaba harto y supuso que Candy también, pero cómo ella siempre había sido tan amable, no se atrevería a hacerles algo, esta vez, no podían dejar pasar por alto todo.

— Dejemos que piensen que he desaparecido y que piensen que su plan funcionó, dales tiempo de que se relajen… Por lo menos Neal, no sabrá de donde caerá el golpe — Finalizó Terry muy serio y enojado.

El joven Albert no dijo más, sólo suspiró y al igual que Terry se encontraba sumamente molesto, pero ademas de eso muy decepcionado. Había escuchado todas las travesuras que le habían hecho los hermanos Legan a Candy cuando eran niños, pero nunca pensó que traspasarían un límite, y esto era demasiado, ¿qué pasaría si los dejaban sin consecuencias? En cualquier momento harían algo peor en contra de la pobre Candy, porque a palabras de Terry, él no era el objetivo real sino ella. Albert, desde que conoció a Candy y cuando decidió adoptarla incluía todo con creces, su cuidado estaba en sus manos y no quería que nada malo le pasara; así que pensó y pensó la mayoría de la noche en qué debía hacer para castigarlos, luego de que sabía qué hacer, se fue a descansar. Era un largo viaje así que los Legan tendrían tiempo aún para seguir pensando que se habían salido con la suya.

En la mansión de Lakewood se encontraba todavía la tía abuela, Annie y Archie; había pasado solamente una semana desde su boda, y Annie por querer saber qué había pasado realmente con sus amigos, le había pedido a su ahora esposo que se quedaran ahí hasta no tener noticias, además como era su residencia permanente de Albert y Candy por el momento, sabían que iban a llegar ahí.

Ellos tres tomaban el té, Annie más que nada ansiosa porque no se acostumbraba a la vida estricta de la tía abuela, a veces le repetía ciertas conductas que notaba malas en la chica, no hacía más que obedecerla, pero sus pensamientos iban mas allá de que la regañara, se preguntaba cómo había sido que le habían mentido a ella en su propia boda de que Candy, su mejor amiga casi hermana había desaparecido. Ninguno de ellos se imaginaba lo que estaba pasando realmente; se habían enterado de que el que estaba en peligro era el mismo Terry cuando Georges había regresado de la estación de trenes al día siguiente de la boda, ahora solo quedaba esperar noticias.

Georges había entrado a la armoniosa junta del té, y había anunciado a los nuevos inquilinos. Cuando Annie miró a Candy se lanzó contra ella y la abrazó. Había estado angustiada y aparte habían roto por fin, ese silencio incomodo.

— ¡Candy!— Gritó Annie emocionada — ¡Volvieron! Estaba tan preocupada.

Después de ese caluroso abrazo, Annie y los demás miraron el estado de Terry; de nuevo un silencio inundó el ambiente, pero está vez con un toque triste y sombrío, ninguno de los tres sabía qué preguntar.

Terry al notar que todos los ojos estaban sobre él, sólo se limitó a sonreír de lado, y dejó caer su cuerpo en un sillón soltando un largo suspiro. Claro que aquel acto la tía abuela lo había reprobado por completo; la vieja sacó chispas por los ojos y no pudo decir nada por el estado actual del joven, pero en sus pensamientos sólo se repetía que aún a pesar de ser de una familia casi de la realeza tuviera esos modales.

Candy por su parte, lo ayudó a acomodarse, pues había notado ese leve disgusto de su tía, y a decir verdad, se sentía nerviosa por lo que fuera a decir.

— Creo que nos deben una explicación, William — Comenzó a decir la vieja, y cuando ella usaba ese tono regañón hacía énfasis en el primer nombre de Albert.

— Sí, lo siento, tía. Pero es un poco complicado, más de lo que parece.

La tía abuela soltó un respingó y dio un paso hacia atrás.

— Me lo parece —, continuó ella haciendo un movimiento con su mano dándole a entender que había notado a Terry — pero exijo que me lo digas.

— Tía, si me lo permite. Albert y yo le daremos todas las explicaciones que necesite pero, tendremos que hablarlo en privado, y Terry tiene que estar presente — Fue el turno de hablar de Candy, con ese dulce tono que tenía en su voz.

La señora soltó un suspiro largo, eso significaba que se había rendido y no, Albert la conocía bien y ambos se dirigieron a la oficina de éste último, estando ahí la conversación continuó.

— William, no soporto el comportamiento de ese joven. Y a mí parecer, no creo que haya hecho algo bueno por el estado en el que viene — Se quejó — Es desagradable, no me imagino cómo lo toleras.

— Basta, tía — Albert se sentó en su silla soltando al mismo tiempo un suspiro lleno de frustración —. Terry es un buen amigo mio, lo conozco de hace años, no es un tipo malo. Tiendes a juzgar muy rápido a las personas ¿puedes parar ya?

El joven parecía enojado, lo cual era muy raro en él, pero se pasó la mano por la cara para relajarse, no era el momento para ponerse a discutir con su tía, y ademas se estaba preparando mentalmente para lo que estaba a punto de decir.

Mientras en la planta de abajo se encontraban los demás, Eleanor se despedía de su hijo y su futura nuera, ya que como dijo con sus palabras, se encontraba más tranquila al saber que su hijo ya estaba en buenas manos, y se podía marchar al departamento de Terry antes de partir nuevamente a su hogar, y a su trabajo.

Al parecer Terry había mejorado muchísimo desde entonces, y recordó un momento en el que había estado molesto con sus dos padres, ahora se sentía nuevamente como un niño y lo que no pudo tener en ese tiempo, lo valoraba ahora. Así, le regaló una sonrisa sincera a su madre quien le depositó un tierno beso en su mejilla deseándole pronta recuperación, ademas ambos sabían las responsabilidades que ella tenía, no era un adiós sino un hasta pronto.

Después de un rato, y notando la mirada curiosa de Annie y Archie, Candy sólo se limitó a alzar los hombros pues ella aún no sabía qué había pasado realmente. Terry subió escaleras arriba pues Albert lo había llamado, aunque sinceramente, el joven patriarca no se sentía listo para hablar aquella verdad.

— ¿Y bien? Ya está aquí — Dijo la tía abuela al ver entrar a Terry a la habitación.

— No quiero agregar más misterio, señora. Y con perdón de usted y de Albert, me temo que esta noticia no le agradará — Contestó Terry de la mejor manera que pudo, aunque en realidad le importaba poco lo que pensara ella.

— Tía, como bien sabes, Terry estuvo… días desaparecido, y ahora sabemos la razón. Yo quería investigar la razón de esto pero, como ves, acabamos de llegar — Continuó Albert, y luego soltó un suspiro pues estaba listo para confesar lo siguiente — Neal Legan orquestó un atentado contra Terry, quizá también hubieran hecho daño a Candy de haber estado con él.

Albert cerró los ojos, sabía que llegaba un gritó por parte de su tía o por lo menos un regaño.

— ¡No te lo puedo creer! ¿Cómo crees que Neal sea capaz de hacer algo así? — Cuestionó la tía, muy molesta que la servilleta que había sacado de su bolsillo estaba siendo estrujada con fuerza. — ¿Cómo puedes creerle?

Terry soltó un suspiro largo, sabía que la tía de Albert y Candy era difícil, y en cierto modo le recordaba a su tan despreciable madrastra. Estaba controlado todos sus impulsos por no soltarle palabrotas e insultarla, todo por respeto a su amada y a su amigo, pero no llevaba ni cinco minutos de conocerla y ya lo estaba sacando de quicio.

— Disculpe, señora Elroy, pero al parecer no ha estado al tanto de todas las groserías que han hecho esos dos — Comenzó Terry, refiriéndose a los hermanos Legan.

— Entonces les exijo que me expliquen qué ha pasado… — Pidió la señora, ella se sentía sumamente ofendida.

Albert tomó aire antes de hablar, tenía claro lo que tenía que decir, y conocía también el cariño y admiración que sentía su tía por sus sobrinos, así que lo explicó como mejor pudo, ya que no quería hacerla enojar o que ella simplemente se negara a creer. El joven, conocía bien a su tía, y conforme fue divulgando todo lo que los hermanos Legan habían hecho en contra de Candy, por el simple hecho de que ella no "era igual que ellos", la tía se había quedado horrorizada, y más que nada decepcionada.

Al no tener nada más que decir o qué quisiera decir, la tía abuela, sólo le dirigió una mirada simplona a Terry, dando a entender que había creído en todo lo que Albert le había contado. ¿Cómo era posible mentirle cuando las pruebas estaban más que claras? Había estado culpando a Candy por la desgracia ante la sociedad, cuando en realidad los que habían manchado realmente el renombre del Clan Ardley eran los mismos Legan.

Cuando Albert dijo que su castigo sería desterrarlos del Clan, ella no se opuso, solo dio un suspiro largo, y asintió con la cabeza, para posteriormente salir de la habitación.

— Lamento que esto haya sucedido, Albert. No tenía idea de que su tía quisiera tanto a ese par de diablos — Comentó Terry, aliviado.

Ambos soltaron una risita por el comentario, pero de igual forma se sentía el ambiente un poco incomodo. Albert no creía que le hubiera afectado tanto a su tía, o tal ves sí, pero en algún momento debía entender y dejar de ser una mala persona para quien no lo merecía.

En la planta baja aún se encontraba una cansada Candy y los recién casados tomando el té, y la tía abuela Elroy los observó por un momento desde las escaleras, se había puesto muy triste después de que Albert le contara toda la verdad sobre los Legan, que vio a su sobrino con nostalgia, y a las dos chicas que siempre había considerado como inferiores les dirigió una mirada llena de arrepentimiento. Ellas nunca se merecieron el desprecio de Eliza, Neal ni el de ella. Suponía también, que Sara Legan era una persona horrenda, por haber criado a un par de mocosos mal educados. Mirando a los tres jovenes por última vez, se apartó de donde estaba para poder reflexionar en su habitación.

Por otro lado los tres jovenes aún indagaban qué había pasado realmente con Terry, pero Candy no conocía mucho los detalles por ordenes de los dos hombres. Archie no le quitaba la vista de la mano, pues había notado el anillo que ella tenía, era raro en Candy, nunca la había visto usar joyería, y menos de ese tipo.

— Candy — La llamó Archie — ¿Qué significa ese anillo?

Annie la volteó a ver, al parecer ella no se había percatado de eso; y Candy sólo se volteó a ver la mano, mirando su anillo y luego esbozó una enorme sonrisa, no sabía qué decirles, no sabía si era el momento adecuado, pero al final, decidió que sí, tarde o temprano todo mundo se enteraría.

— Terry y yo nos vamos a casar — Respondió ella sin dejar de ver el anillo.

— ¡Eso es una sorpresa! — Exclamó Annie de contenta, llevándose las manos a la boca, y finalmente abrazar a Candy.

Las chicas se habían dejado de abrazar, y Candy volvió a soltar unas pocas lágrimas, su felicidad no cabía en su cuerpo.

— Sé que no es el momento más adecuado para decirlo, pero me alegra mucho de que sean los primeros que se enteren — Dijo Candy quien se había limpiado unas lagrimas que había dejado salir.

— Candy, nosotros somos testigos de lo mucho que las adversidades que han atravesado tú y Terry han sido demasiadas. Está noticia es por lo mucho, la mejor de todas. Sé que serás más feliz de lo que mereces, estoy muy feliz por ti — Le deseó Annie, mientras le regalaba un abrazo más.

Archie sólo suspiró, aún no estaba convencido de que Terry era el mejor partido, pero bien lo había dicho Annie, habían atravesado por mucho muchas cosas, el destino caprichoso había hecho también de las suyas y que este hubiera sido el mejor de los momentos para que volvieran a estar juntos, no significaba otra cosa más que era amor de verdad, un destino para los dos y el momento era perfecto. Así que, de todo corazón, Archie le deseó felicidad y amor toda su vida, sabía que de todos modos iba a estar para ellos en todo momento.

Al cabo de dos semanas, Archie y Annie se habían ido de vacaciones a Florida, en donde pasarían unos días con la familia de Patty, pues ella los había invitado a pasar una días allá en su casa de campo. Candy no quiso ir en aquella ocasión porque pensó que lo mejor era que la pareja se diera un tiempo a solas y además aún había un tema que resolver entre el Clan Ardley.

Los últimos días que habían pasado, Terry había estado en comunicación con Albert para que todo el tema con Neal se aclarara por completo, y Candy por su parte iba a ver a su prometido para seguir curando sus heridas, éstas sanaron muy pronto una vez que también llevaron a un médico.

Curiosamente, esos días también se habían enterado de que los hermanos Legan y su madre habían salido de viaje hacia Escocia, una muy mala jugada por parte de ellos, suponía Terry que se habían enterado de que sí había vuelto con vida y habían intentado huir.

— Son unos cobardes — Exclamó Terry furioso un día que se encontraba en la oficina con Albert — Se aprovechan de su fortuna y privilegios.

— Sólo nos queda esperar a que vuelvan, Terry, ten paciencia. De todos modos me les he adelantado un poco — Informó Albert, quien sostenía un sobre sin sellar aún — Contiene una misiva en donde despreciamos a la familia Legan, donde se retira por completo todos los negocios que tiene la familia Ardley con ellos, y finalmente se destierra a la familia del clan. Mandaré un telegrama con motivo de urgencia a la residencia de ellos, en Escocia.

— Si no queda de otra, es mejor que lo sepan de una vez, sólo así volverán — Decía Terry, nada satisfecho, pues lo que él quería era vengarse de Neal a puños.

Y como era de esperarse, al enterarse de lo que decía la carta que Albert había mandado, el señor Legan se había puesto pálido, sobre todo cuando exigió saber una respuesta a su señora esposa e hijos.

Días antes de que tomaran su viaje a Escocia, Eliza le había contado todo a su madre, pues no encontró ninguna otra solución más que ir a llorarle a ella, pues a decir verdad, Eliza también se encontraba sumamente asustada con las represalias que podían tomar contra ellos dos. Se quería hacer la valiente al principio pero no lo logró, ni con todo el dinero del mundo que ella creía poseer podía enmendar las cosas que habían hecho, sobre todo porque ella fue la que alentó a su hermano quien se ardía en coraje cada que miraba a Candy con alguien más, y por el hecho de que había lastimado su ego, alimentó tanto su odio que fue capaz de hacer lo que hizo hacia Terry esa noche, así que sí, se sentía sumamente responsable de lo que había hecho; y por su parte Neal cada vez más recaía en el alcohol, sólo hacía eso, ni siquiera le importaba qué fuera a pasar, de todos modos ya lo había hecho y sentía alivio cada que se pasaba de copas. Fue entonces que decidieron irse del país y vivir un tiempo en su casa de Escocia, sin decirle una sola palabra a su padre, pues él sería el primero en entregarlo de enterarse.

Cuando el señor Legan se enteró de la misiva que le había llegado, se estaba preparando una pipa. El hombre no tenía la culpa de nada, ni siquiera su esposa, pero al saber de lo que habían hecho sus hijos y no decirle nada a nadie la hacia complice de esos dos diablillos. El pobre hombre sólo se retorcía del coraje y al no poder hacer nada más que contener ese impulso de golpear a Neal en la cara, cayó tumbado en un sofá que tenía enfrente. Sí, le había dado un paró cardiaco. Afortunadamente no pasó a mayores, y sobrevivió aquello.

Los tres Legan que sabían todo, habían pasado el susto de su vida, Neal sobre todo, pero aún así decidió no dejar el alcohol, lo peor ya había pasado, y además, el dinero que aún tenían gracias a sus demás negocios era por así decirlo, demasiado, no el importó y apostaba cada que podía, sin impórtale en lo absoluto la salud de su padre.

Eliza y Sara Legan, se sentían la peor de las escorias, pues no tardaron mucho tiempo en que los demás miembros del Clan Ardley se enterasen de su destierro. Luego del paró cardiaco del señor Legan, muchos les dieron la espalda, por no decir que todos.

Poco a poco, después de eso fueron perdiendo más aliados y por ende dinero. Afortunadamente, habían logrado salvaguardar mucho de sus herencias y dinero de negocios anteriores para poder sobrevivir una vida digna, pero ahora sin los mismos lujos que se podían dar antes, por ese tipo de razones tuvieron que vender sus casas, autos y demás propiedades para poder invertirlo en un negocio que les dejara más ganancias y volver a ser una familia reconocida. Obviamente, Eliza no volvió al ojo publico, ni su madre. Neal se había hundido tanto en el alcohol y en las apuestas, que había perdido parte de su patrimonio, cuando por fin tocó fondo, ni su madre ni su padre, ni mucho menos su hermana le abrieron de nuevo las puertas de su hogar, ya que consideraban que fue por él que su vida se fue en declive.

Pasó un año, sólo un año de todo aquello, mientras del otro lado del mundo sólo se llegó a hablar de la hermosa pareja que hacían la señorita Ardley y el Duque de Grandchester, que por fin habían contraído matrimonio en un viaje en barco.

El viaje se había hecho sólo por la boda, que era la más esperada del año, pues como siempre se habló de la soltera más codiciada de la época por fin estaba contrayendo matrimonio y con nadie menos que con un Duque, que recientemente había adoptado por fin el titulo.

El padre de Terry no pudo llegar a la ceremonia a tiempo pues finalmente su enfermedad ganó la batalla, y Terry cómo había prometido se había quedado con el titulo y gran parte de su herencia. El joven no hizo más reproches por eso, a final de cuentas, ahora tenía una gran responsabilidad que sería su esposa, y en un futuro de sus hijos.

Albert, quien era el que más tenía contacto con personas del exterior, por sus negocios con éstos, se había enterado de la carente vida de los Legan; no era de su agrado enterarse de todo eso pues sentía aún lastima por ver cómo terminaron las cosas gracias a un berrinche de uno de sus miembros de la familia, le parecía repugnante la idea de que hubieran preferido no buscar soluciones, ni siquiera disculparse con ellos por el atroz crimen que habían cometido a dejarse decaer por algo así y mantener "su orgullo", desgraciadamente no fue así para con los Legan, y eso Albert, lo lamentaba profundamente, aunque por otro lado, ya no podía hacer más, al parecer toda la familia estaba mejor sin ellos, sobre todo Candy y Terry que dejaron de pensar en las travesuras de ellos dos, y de que alguien les volviera a jugar chueco, era una paz inexplicable y al mismo tiempo una culpabilidad por sentir felicidad de que no estuvieran más ahí.

La boda de Candy y Terry fue de lo más rústico, tanto al gusto de ella como de él, entre menos gente hubiera mejor, pues sólo querían que estuvieran las personas que más los habían apoyado durante todo su trayecto juntos: Patty, Annie, Archie, Albert, hasta la tía abuela, quien por fin había cedido a los encantos de Candy, ella era la más feliz ahí presente. Edward Foster también fue invitado, incluso había conocido a una joven heredera de su propia fortuna no hacia mucho tiempo, y se le veía muy contento con ella, no era otra más que la mismísima Letty. Terry había podido hacer contacto con las dos mujeres que lo habían salvado, y se llevó una sorpresa enorme al enterarse de que el hijo mayor de Irina había regresado de la guerra sano y salvo, así que en su boda no podían faltar los tres. Robert Hathaway y su esposa también estuvieron presentes. La inigualable Karen Klais iba tomada del guante de Albert para todos lados, Albert odiaba admitirlo pero amaba mucho a Karen, era una chica estrepitosa y revoltosa, todo lo contrario a é én, fue un drama para poder juntar a las madres de Candy y a los niños del orfelinato, pero se pudo al final llevarlos a todos, la madre de Terry era la más encantada al ver a tanto niño pues pudo convivir con ellos ahí y se encontraba muy feliz de hacerlo. Y finalmente, pero no menos importante, Georges, pues era como un segundo padre para Candy, ya que había velado mucho tiempo por ella.

Durante mucho tiempo estos dos jovenes habían luchado por volverse a encontrar, se encontraron, volvieron a verse y pasaron muchas cosas juntos antes de casarse, a final de cuentas, ya estaba escrito que ellos dos debían estar juntos, y a Candy le gustaba pensar que era el mismo Dios quien los puso en ese embrollo para de nuevo juntarlos para siempre; le agradecía con el corazón lo feliz que era y que con Anthony y Stear a su lado les prometio que mientras ella viviera sería la mujer más dichosa que pudiera existir.

— ¿No te da miedo que te vean todos así? — Preguntó Terry quien tenía a Candy sujeta de la cintura mientras bailaban ese esperado vals.

— No, para nada — Respondió ella con una amplia sonrisa — Por sólo te veo a ti, Terry.

— Intento ignorarlos, pero tienes razón, amor. Nadie más importa, sólo tu y yo. Finjamos que estamos solos en esta cubierta y que sea como el día en el que nos conocimos — Añadió Terry casi en un susurro, y luego le dio un beso en la mejilla.

— Terry, te amo — Le dijo ella con una sonrisa.

Él la miró, en sus ojos podía ver un brillo especial, ese que le encantaba cuando lo veía a él.

— Yo te amo a ti, Candy.

Y se besaron, mientras todo mundo a su al rededor aplaudían celebrando por fin un amor que estaba destinado a estar.

Fin


Hola que tal, buenas noches. Como pueden leer, este es el final de mi historía que me llevo por lo menos 6 años escribir. Debo admitir que si pensé en abandonar el proyecto por todos los problemas que se me suscitaron en el transcurso del tiempo y más que nada por salud mental. Hoy gracias a Dios y a todos por el apoyo tanto aquí como en , me he dado la oportunidad de terminar este hermoso proyecto, que de verdad es una menta muy importante para mí.

Espero les guste y que se animen a escuchar las canciones que agregué para que la escuchen mientras leen este capítulo.

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Quizá no sea el final de cuento de hadas que muchas esperan, pero de verdad espero les guste mucho, a mi parecer es un final digno y ese final que yo creo a todas las fans de Candy Candy nos hubiera gustado ver en pantalla.

Muchas gracias por todo, nos leemos luego.