Jinx tardó en acostumbrarse a seguir las órdenes de ahora su mentora, Sevika. No faltaban las veces en las que le ordenaba algo en un tono que no le gustase y sus subordinados sabían que se acercaba una larga ola de discusiones y gritos. La mayoría teniendo que ser derivados a Silco para resolución. Para sorpresa de todos, este último terminó por decantarse al lado de Sevika, lo que cambió la actitud de Jinx hacia el trabajo siendo mucho más cooperadora. Sin embargo, persistía un problema que ni siquiera el mismo Silco podría apaciguar, su carácter. Prácticamente todos los días Jinx terminaba teniendo a cualquier persona que la criticara o la mirara diferente a punta de pistola. Sevika aprendió a lidiar con esas situaciones y no le molestaba demasiado mientras trabajara bien.
Sevika y Jinx junto con un puñado de matones se acercaban sigilosamente a la planta de Brillo de un grupo rival, o al menos eso entendió Jinx. En cuanto se creó el Brillo mucha gente pudo notar su excesivo potencial para generar ganancias, por lo que en los últimos años había habido mucho robo de muestras o equipo con el fin de generar su propia producción. Silco no iba a dejarlos impunes, por lo que les dio la orden de destruirla y recuperar, o destruir, una pieza de maquinaria que él mismo le indicó a Sevika. Mientras caminaban, cubiertos por la noche y por los grandes abrigos que llevaban puestos, discutían el plan:
- Ustedes entren por esa puerta lateral – Dijo mientras señalaba a 3 de los matones más grandes – Esperen a nuestra señal. Jinx, mientras yo entro y los distraigo, entra por esta puerta y toma esta pieza de la maquinaria. – Explicó mientras le ofrecía una hoja de papel conteniendo un plano, era una pieza de tamaño mediano, de aproximadamente 40 cm de alto.
- "Esto será fácil" – Pensó Jinx, al final de cuentas Silco tenía muchos más recursos que todos los jefes de la región, aunado al tamaño diminuto de su tarea le daba la suficiente seguridad para poner su arma en la funda de su cinturón.
Su tren de pensamiento fue detenido por el cuestionamiento de Sevika para el resto del equipo:
- ¿Entendido? – Dijo a lo que el resto de la banda asintió con entusiasmo. – Entremos.
Sevika entró de golpe por la puerta que tenía asignada, tomando por sorpresa a los hombres que la custodiaban por dentro y acabándolos en un instante con su brazo metálico aumentado con brillo. Al escuchar el ruido, Jinx entró inmediatamente agazapándose entre los cables y maquinaria de la planta, buscando la pieza por todas partes mientras tomaba su desarmador de su propio diseño de la bolsa del pantalón y se lo colocaba entre los dientes para tener más maniobrabilidad.
Sevika, por su parte verificó que la sala por la que había entrado estaba libre de peligro, al verificar cada esquina encontró un comunicador en el piso. Lo tomó y lo guardó por si se ofrecía más tarde. Al abrir la puerta del estilo de antesala que conectaba con el almacén que era donde se encontraba Jinx escondida entre acero y depósitos de brillo recién producido, fue recibida por 5 guardias y otros 2 que estaban aumentados con Brillo mismo que era evidente por el característico color siguiendo el trayecto de sus venas. Sin el menor miedo y con la seguridad de que Jinx no había sido descubierta, dio una sonrisa de lado y emocionada por el reto se abalanzó contra sus enemigos.
Jinx estaba en un problema debido a que no encontraba la dichosa pieza que se le había indicado. Ya había buscado en la mayoría de la planta sin éxito y escuchaba de fondo los golpes y los fuertes impactos que intercambiaban Sevika y los matones aumentados con brillo. Por lo que asumía que no tenía mucho tiempo. Tomándose un momento para analizar toda la mecánica de la planta finalmente notó un tubo del compresor de gas que tenía un trayecto vertical con dirección hacia el techo. Por lo que Jinx siguió su recorrido escalando habilidosamente entre los andamios y los pilares de la instalación hasta que por fin encontró la pieza en el punto más alto. Era una válvula – "¿En serio? ¿Tanto drama por una estúpida válvula" – Pensó con ironía mientras desconectaba la pieza, dejando un ruido estridente por el gas comprimido el cual centró la atención de todos los presentes hacia esa zona de la construcción, incluyendo a los matones aliados quienes entraron rápidamente en busca de la niña del jefe junto con la pieza encargada.
Jinx bajó del punto de altura donde estaba con la misma habilidad y velocidad a pesar de traer la pieza cargando. Llegada al nivel del suelo escuchó un estruendo acompañado de quejidos de Sevika, quien había sido lanzada contra una gran puerta abriéndola por la fuerza. Tras ella salió uno de los rivales aumentados ya que uno había sido completamente acabado. La malherida Sevika tenia dificultades para levantarse debido a fatiga y daño significativo en su brazo prostético, por lo que no pudo hacer mucho frente al gran hombre acercándosele haciéndose cada vez más notable la irradiación de luz de sus venas. Ni él, o lo que quedaba de él, ni Sevika ni nadie presente se esperaba lo que estaba a punto de suceder.
Jinx se encontraba aún entre la maquinaria de producción, observando o que le pasaba a su mentora. Podía ser gruñona, aburrida y en general molesta. Pero le había enseñado todo lo que ahora sabe, al menos respecto a robar plantas de Brillo y combate cuerpo a cuerpo se trataba. Debía hacer algo para ayudarla, por lo que tomó la pieza que había desmontado de aquella puntería en un lugar muy mal diseñado. La lanzó a uno de sus aliados quienes se encontraban a escasos metros de ella y con rapidez tomó su arma y disparó sin pensarlo dos veces. Impactando a aquel adefesio humano-brillo en la cabeza. No logró matarlo, pero lo aturdió lo suficiente para que Sevika por fin pudiera ponerse de pie, chispas salían de su brazo mientras lo forzaba con la tarea previa.
Un ruido súbito sorprendió a Jinx por lo que volteó en 180 grados y hacia el techo donde escuchaba pisadas y golpes contundentes. Hasta que el techo se rompió con una velocidad que superaba a la de su gatillo, generando una apertura para la cosa o persona desconocida en el exterior para ingresar. Sin embargo, resultó no ser una persona o una cosa. Eran varias, usando patinetas con un distintivo brillo verde escapando entre los detalles de su metálico chasis. Eran alrededor de 6 personas, todas cubiertas por pesados y oscuros abrigos que sólo dejaban ver sus máscaras blancas con diseños de lo que parecían ser… – "¡¿Animales?!" – Pensó Jinx sorprendida ante los apenas llegados. Aquella patineta le resultaba familiar, será que él estaba entre estos sujetos detrás de alguna de las máscaras.
Desde su entrada lo único que generaron fue caos, lanzando explosivos en todas direcciones. Ayudando a Sevika a huir del hombre-Brillo que parecía ignorar todo acontecimiento a su alrededor menos su presa. Sevika siguió peleando en medio de explosiones sin sentido y peligrosamente cerca de ella. Jinx tomó de su cinturón adaptado su bomba más potente, la que se suponía que usaría para destruir todo el edificio y la colocó cerca de la maquinaria y del gran depósito de Brillo junto a ella. Acto seguido tomó su arma y con puntería experta disparó hacia los maleantes rivales que se acercaban a Sevika y a sus aliados.
- ¡Colocada! – Gritó con todas sus fuerzas con la esperanza de que Sevika escuchara. Afortunadamente para ambas, lo escuchó. Tomó un barrote que se encontraba junto a ella y en un impulso violento desacopló su brazo prostético aumentado y con un mecanismo especial lo logró trabar en uno de los brazos de su rival. Para posteriormente golpearlo con todas sus fuerzas con el barrote haciendo que explotara, pulverizando su brazo en el proceso. Aprovechando la posición de la abominación frente a ella. Dio media vuelta y corrió hacia donde estaba Jinx quien comenzó a disparar al hombre-brillo con tal de cubrirla. No tardaron en reunirse con sus compañeros y salieron corriendo de ahí enseguida. Detrás de ellos, uno de los sujetos en patineta los siguió rápidamente, sosteniendo su arma en la mano y preparada para dar el primer golpe. Hasta que se escuchó una voz varonil, modificada por algún tipo de dispositivo gritarle:
- Déjalos, la prioridad es esta fábrica. – Su compañero de inmediato desaceleró, dejándolos escapar.
La fábrica de Brillo se encontraba desalojada de cualquier persona que no fueran los Firelights. Mismos que se encontraban vertiendo gasolina en la periferia para posteriormente cubrirlo todo. Ekko, se encontraba revisando cada rincón, buscando cualquier cosa de valor que podían usar en la comunidad. Habiéndose acercado al depósito de brillo. Observó una bomba que simplemente era demasiado familiar, la forma peculiar de mono, los detalles con colores morados y rosas. Integrando la información al momento sólo gritó:
- ¡Vámonos! Hay una bomba
De inmediato sus compañeros se reagruparon y salieron volando con sus patinetas, saliendo por el agujero que habían dejado en el techo. Esta acción no le evito recordar aquella noche en la que tuvo que salir por aquella ventilación. Siendo expulsado por la misma Powder, ahora Jinx. Recordaba perfectamente cada palabra que habían intercambiado y el dolor que causaba en su corazón no mejoraba con el paso de los años. Ella le había dicho que ahora estaba con Silco. Sin embargo, parecía que ahora se dedicaba a destruir fábricas de Brillo enemigas. Parecía que, al menos temporalmente, sus metas habían convergido. Su reflexión fue interrumpida por una masiva explosión proveniente de la fábrica. Dejando una gigantesca nube de humo color morado detrás de ellos. Ekko no pudo evitar sentir nostalgia ante los tiempos en los que ella no podía hacer una bomba funcional y ahora era capaz de crear semejantes hazañas. Con una sonrisa agridulce tendiendo a amarga guio a sus compañeros en silencio camino a casa.
Como se esperaba, sus caminos iban a coincidir muchas veces más. Mas motivados por diferentes causas. Jinx seguía su camino de colaborar en la misión de Silco de crear un ambiente inestable para atacar e independizarse de Piltover, mientras que Ekko sólo tenía una cosa en mente y era terminar con el reinado de terror del anterior. Asegurar un mejor Zaun para todos, para finalmente poder llevarse a la ahora llamada Jinx. En alguna ocasión sus ataques coincidieron en una reunión privada de los jefes menores de la región con el fin de organizar una rebelión contra Silco. Jinx había sido autorizada a ir por su propia cuenta debido a su rápido ascenso en la escala de la organización. Con todo y con la autorización de Sevika, Jinx brilló en su tarea, brutamente asesinando a todos y los rivales en la sala y explotando todo el lugar con su característico estilo artístico y burlón. Mientras que Ekko hacía volar una planta cercana que seguramente era de uno de los miembros de aquella asamblea mientras salvaban a niños que eran forzados a trabajar ahí, la mayoría ya siendo adictos a aquella sustancia.
Acabada su misión, Jinx fue sola la punta de una meseta cercana por donde se veía todo Zaun y sólo una porción de la privilegiada Piltover en las alturas, más allá de las grises y contaminadas nubes. Existiendo increíblemente cerca y al mismo tiempo increíblemente lejos y fuera de alcance. Llegada a la parte más alta, encontró la roca marcada con tintura rosa fosforescente, marca de que ahí había estado hace unos días. A pesar de adorar a Silco y su escondite, donde pasaba la mayoría del tiempo. Había veces en las que debía estar sola en un lugar remoto donde las voces no la encontraran. Por desgracia para ella esas eran la minoría de las veces.
- Eso no impresiona a nadie, ya eras buena para matar. – Le remarco Mylo en la cabeza
- Y otra vez tú – Reclamó Jinx con voz casi desinteresada – ¿Que no tienes nada que hacer estando muerto que hablarme?
- Debiste morir en esta ocasión – Agregó Claggor
- Ya me parecía raro que sólo fuera el otro perdedor. Piérdanse, necesito pensar. – Discutió mientras con una varita y tinte azul marcaba su arma con dibujos perdidos y sin propósito. Como perdiendo el tiempo a propósito, o distraerse de las voces.
- Nos mataste y ahora estás sola. Sólo causas mala suerte – Ahora fue Vi.
- Me lo dejaste muy claro la primera vez, hermana. Y en efecto eso es lo que soy – Respondió irritada ante el recuerdo de aquella bofetada que había recibido por su parte mientras ella pensaba ingenuamente que había logrado ayudarlos cuando realmente lo único que había logrado era acabar con todos.
- Powder… – Escuchó la siguiente voz, pero esta nunca la había escuchado, parecía exageradamente grave y también ¿Metálica? A pesar de la duda levantó la mirada al lugar donde asumía que venía la voz y con tono molesto reclamó:
- Carajo, que no me llamo… – Exclamó mientras apuntaba su arma hacia su objetivo, sin embargo no era sólo una voz, también era alguien con los abrigos y máscaras de animales que ya había visto antes. Este tenía una máscara de búho. Jinx lo examino de pies a cabeza, seguía estático frente a ella sobre su patineta propulsada. De inmediato conectó los puntos, pero quería jugar un poco más.
- Pero que adorable búho me vine a encontrar, o más bien, él me encontró. Dime ¿A qué debo el honor? – Comentó con voz sarcástica aún apuntándole con su arma en la cabeza, moviéndola rítmicamente de acuerdo a lo que decía.
- Vengo a insistirte. – Respondió la persona tras la máscara, su voz seca pero mezclada con un sentimiento que no fue capaz de categorizar.
- Con compromiso, ¡Esos me gustan! – Exclamó divertida mientras se ponía de pie. – ¿Puedo saber sobre qué piensas insistirme, pajarito? – Preguntó con desdén mientras se le acercaba.
El Firelight frente a ella se quitó la máscara con relativa lentitud, casi con timidez para eventualmente dejar ver la cara de su viejo amigo. Aquel que quiso salvar lo insalvable; redimir lo irredimible.
- ¿Me tienes que apuntar con un arma cada vez que te veo? – Cuestionó Ekko con tono frustrado, sus ojos vidriosos mientras hablaba.
- Esta es real, me la regaló Silco. La otra era sólo un prototipo que nunca logré que funcionara. Soy más… explosiva – Respondió Jinx ignorante de todo sentimiento que Ekko irradiaba. – ¿Qué haces aquí y por qué te me acercas? – Preguntó con leve violencia. Lo que motivó a Ekko a seguir hablando.
- Te lo ruego, ven conmigo. Hay espacio para ti entre los Firelights. Si quieres escapamos juntos, lejos de aquí. – Agregó con una voz más rota de lo que le gustaría admitir. Sin embargo, no debía haber orgullo si quería convencer a su interlocutora. – Silco sólo te esta usando para sus propios intereses.
Jinx sólo lo vio en silencio. Sus preciosos y grandes ojos azules proyectando caos dentro de ella. No entendía como alguien podía rogarle tanto para unírsele. Menos si era alguien correspondiente a su pasado. Tardó en reflexionar su respuesta para sólo contestar sarcásticamente:
- ¿Llevarme contigo lejos de aquí? Mínimo invítame a cenar primero. – Respondió con una sonrisa burlona que tardó muy poco en desaparecer. En realidad no sabía que más decir.
- Sé que es intimidante alejarte de Silco. Como dijiste hace tiempo, él sí te adoptó y apoyó. Y no hay minuto en mi vida que no me arrepienta de no haber sido yo. Dame una última oportunidad de salvarte… – Dudó antes de proceder – Jinx.
Ekko bajó de su patineta aún levitando para llegar a nivel de suelo, como consecuencia acercándose a ella. Cuando estuvo a una distancia mínima de ella le ofreció la mano. Por su parte Jinx había bajado el arma con pulso tembloroso. Cerrando los ojos con fuerza, comenzó a reprimir las voces que empezaban a acercarse a su consciente:
- Eres una asesina
- No mereces amor, ni a nadie
- Ni siquiera podrías estar sola porque te terminarías matando
- Traes mala suerte
Las voces eran tan erráticas y pasaban tan rápido por su cabeza que le era complicado distinguir quién se lo decía. Contra todo estímulo y pronóstico. Jinx dio un profundo respiro y extendió su mano para tocar la de Ekko. Se sentía rugosa, llena de callos seguramente de trabajar en el diseño de sus artefactos. Era igual que ella, un soñador que fabricaba cosas. La diferencia entre ellos era que él si era capaz de reparar, ella solo destruir y quemar hasta las cenizas. Sintiendo hasta el último milímetro de su piel, o al menos la que tuvo oportunidad, bajó su mano con relativa suavidad.
- No tengo remedio, Ekko. Me he encargado de destruir todo lo que alguna vez amé. Yo fui quien mató a todos: A Vi, a Mylo, a Claggor, a… – Tragó saliva para empujar el nudo que se le formaba en la garganta – A Vander.
- Sé la impotencia que se puede sentir cuando no puedes ayudar, pero no te puedes culpar. No había nada que pudieras hacer, sólo éramos niños… – Trató de explicar hasta que Jinx lo interrumpió de golpe diciéndole mientras apretaba los dientes:
- No, Ekko; Te equivocas. YO LOS MATE – Dijo recalcando cada sílaba, lo que sacó de balance a Ekko, sin poder decir ninguna palabra. – Yo hice la bomba con las estúpidas gemas azules. Quería ayudar, pero la explosión mató a todos al instante, menos a Vi. Mylo siempre tuvo razón, yo soy de mala suerte: Estoy hecha para arruinar y matar a todo lo que está cerca de mí. Mi propia hermana lo confirmó tras la muerte de Vander, poco antes de morir a manos de los Piltidiotas mientras intentaba huir de mí – Explicó al borde de las lágrimas de frustración, su respiración cortada, sus dientes a punto de reventar debido a la presión de su mandíbula – Eso es lo que soy y estoy bien con eso.
Ekko la observaba en silencio, no sabía nada de la información que Jinx le había proporcionado, algo había escuchado en las calles de Zaun y le terminó propinando una golpiza al que lo dijo debido a que no sonaba real para él. Pero escucharlo de parte de la mismísima Powder… Jinx, era mucho en ese momento.
- No pudiste haberlo hecho a propósito, como tú dijiste, era para ayudar… Tu intención no era… – Balbuceó mientras seguía procesando lo que había escuchado mientras Jinx lo observaba directamente con la mirada más triste y delirante que jamás había visto. – Eso no define quien eres, eres mala suerte, no arruinas cosas. Eras una niña Jinx. – Habiendo acabado de hablar se abalanzó hacia ella para darle un fuerte abrazo. Ella, débil tras abrirse y mostrarse vulnerable, incapaz de retener más sus lágrimas y reconfortada al estar en contacto con su calor, terminó por corresponder su abrazo mientras tallaba fuertemente su rostro contra la suave y al mismo tiempo áspera tela de su abrigo. Sólo esa vez en todo lo que Jinx llevaba de existir, escuchó las voces que la atormentaban mucho más calladas, casi confundiéndose con el fondo sonoro de las calles nocturnas de Zaun.
Por unos meses seguían encontrándose mientras alguno intentaba destruir alguna planta enemiga, asesinando a una cabecilla de los productores emergentes de brillo o simplemente sin ninguna razón. Empezaron conversando del clima y poco a poco sus conversaciones evolucionaron a conversaciones de duelo, de sus culpas. Todo lo que había pasado en todo ese tiempo que llevaban sin saber del otro. Eran oportunidades valiosas para ponerse al corriente, sin presiones ni prejuicios de sus respectivos pasados, Ekko le mostró su reloj de bolsillo a Jinx. Aquel que usaba para jugar con ella a esquivar sus disparos de pintura. Jinx en una ocasión llevó pintura a uno de sus encuentros y pintó su abrigo mientras que Ekko estaba distraído. Él sólo rio y conservó el abrigo junto con todos los recordatorios de que su amiga seguía ahí. Regresando el gesto, a petición de la joven, él pinto nubes en la piel del hombro y cintura, esta última siendo particularmente estimulante para Ekko hizo su tarea estoicamente, tratando de fijarse en la piel y no en la región de su diminuto cuerpo. Ambos recordaron el sueño de Jinx de volar cuando era niña.
Esta vez sólo había sido una misión de reconocimiento para Jinx. Debía verificar los recursos con los que contaba un cabecilla que iba en ascenso demasiado rápido. Por lo que Silco debía asegurarse de que se tratara de sólo una cabecilla más o si se debía preocupar. Jinx no dudo ni un segundo y aceptó la misión entusiasmada. Silco alzó la ceja en duda ya que Jinx había tenido un cambio muy extraño, un cambio de actitud de la que había tenido ya por años. Para ser honesto, este cambio le agradaba pero no podía parar de pensar qué era ese factor claramente externo que lograba hacer que tuviera esa actitud alegre y determinada.
Acabada la misión que había hecho en solitario ya que era la mejor manera de llevarla a cabo. Su delgado y pequeño cuerpo era ideal para escabullirse en lugares que un matón o la misma Sevika simplemente no podría. Además de que Jinx desarrollaba una habilidad que ningún activo en las líneas de Silco tenía que era la velocidad y la destreza. Jinx era excelente para escalar, saltar y trasladarse de un lugar a otro. Como si de un gato se tratase. Jinx realizó la misión sin inconvenientes y se reunió con un aliado para que pasara la información a Silco. Normalmente Jinx era la encargada de dar la información presencialmente ante su cuidador. Sin embargo, esa noche tenía otros planes.
Jinx caminó hacia el mismo lugar en donde siempre se encontraba con Ekko. Ansiosa subió la colina casi haciendo caperuzas mientras tarareaba una canción entre labios. Hasta que, de repente escuchó una pisada a lo lejos lo que hizo que se detuviera en seco y su piel se erizara, iba a tomar la pistola con su mano cuando notó un objeto acercarse a ella a gran velocidad por los aires. Con facilidad y moviendo un mínimo su cabeza, esquivó aquel objeto que era – "¡¿Una manzana?!" – Pensó con ironía mientras rápidamente extendía su otra mano para tomarla por el otro lado. Lo cual logró con aparente facilidad.
- Tienes unos reflejos increíbles. – Escuchó hablar a la distancia a Ekko, quien poco a poco emergía del follaje de la colina. – Pensé que tendrías hambre, ¿Misión difícil hoy? – Preguntó casualmente antes de unirse a su andar.
- Fue fácil hoy, una misión de reconocimiento
- No puedo creer que hayas diseñado algo tan genial. Nos hubiéramos vuelto locos usando esas patinetas cuando éramos niños. – Subrayó Jinx mientras pasaba la mano a lo largo del artefacto, sintiendo y aprendiendo el patrón del metal. Ekko la miró divertido mientras observaba el mismo objeto con atención:
- Son mis mejores recuerdos. El tiempo que paso contigo. Nunca he podido olvidar aquellos días en los que íbamos con aquella motocicleta de una rueda que construimos.
- La segunda versión la hicimos a prueba de agua. – Agregó Jinx, quien instintivamente abrazó el brazo de Ekko como medida contra el frío del ambiente y la gracia que le provocaba el recuerdo. Por su lado Ekko sintió como su corazón aceleraba el ritmo ante el tacto de Jinx, mentalmente se concentró en cada estímulo que recibía su piel, la presión del tacto, la temperatura de su piel mientras se fusionaba con la suya. A pesar de que su piel era casi grisácea, tenía una suavidad característica de la que Ekko se concentró en sentir hasta embriagarse.
- Esa fuiste tú… ¿Sabes? Siempre te he admirado, tu creatividad y tu capacidad de arreglar cosas son de otro mundo. Eres la razón por la que también tomé gusto por diseñar y construir cosas: Esta patineta no existiría si no fuera por ti.
- Yo no arreglo nada, Ekko – La vulnerabilidad en su voz llamó la atención del mencionado. Normalmente toma tintes más irritados y más violentos. Pero, esta vez no fue así. Por lo que vio una oportunidad y no esperó para tomarla.
- Eso no es verdad, lo digo en serio. Eres maravillosa en todo lo que haces. – Dijo de forma limitada debido a los nervios de dirigirse a ella de forma tan íntima.
- No tanto como tú. – Contestó Jinx dulcemente mientras perfilaba su rostro con dirección al de él. Ekko, como por acto de magnetismo. Se fue acercando hacia ella. Ella al notarlo correspondió, acercándosele.
Mientras se acercaban al punto de poder sentir la sutil caricia de la respiración del otro. Ekko sintió como un golpe contundente en la cabeza le arrebataba la consciencia, los últimos milisegundos de lucidez los dedicó a ver a Jinx. Estaba gritando con una mezcla de pánico y furia.
