Lilith IX:

Cuando la luz mortecina del torbellino de magia que cubrió a Sunset desapareció le siguió un rugido atronador que hizo que la bruja se estremeciera, pues traía a su mente un sentimiento familiar acompañado de recuerdos dolorosos. Un rugido que no podía ni siquiera clasificarse como el de un animal sino de algo más.

El proxy cayó al suelo inerte y una sombra rapaz y gigantesca se movió a gran velocidad sobre el mariscal. Sunset Shimmer, que acababa de ser apuñalada por un mandoble en su abdomen, no estaba. Un brillo tenue aparece cuando el mariscal atraviesa el portal.

Instintivamente, Lilith monta en su bastón y echa a volar siguiendo la trayectoria de la sombra. Por un segundo se voltea a ver al proxy derribado, su máscara se había partido en dos y un rostro con rasgos finos y hermosos yacía inconsciente en el suelo pero esa no era su prioridad.

Lilith atravesó el portal, todo se volvió blanco por un momento, el espacio se dobló y el tiempo pareció ser una ilusión, algo irreal y casi tangible, para luego volver a ser consciente de lugar en el mundo material. Fue recibida por una arquitectura similar a la de la torre del Corredor Galerio y del portal, ese blanco inmaculado estaba por todos lados, pero ahora podía ver un sol radiante en un cielo oscuro.

Una cúpula sostenida por pilares se alzaba sobre ella, a su alrededor muchos Maestros y Capas Doradas en los graderíos que rodeaban la estructura ven atónitos hacia una misma dirección.

(Suena "APETITAN - HIROYUKI SAWANO")

El color blanco siempre presente ahora se veía arruinado por el charco de sangre del Mariscal Airos tendido en el suelo. Su cuerpo destrozado por un zarpazo le desgarró su traje, su piel y el dige que llevaba al cuello. Junto a su mal logrado cuerpo se yergue una figura alta, de tres o cuatro metros. Su piel roja parecía haber sido adherida sobre los huesos a la fuerza. Sus extremidades largas y delgadas acababan en garras en ambas manos y pies. Un par de alas membranosas y de gran envergadura resaltan pues la piel era más roja ahí. Un cabellos largo y enmarañado cae sobre los hombros de aquello, un cabello rojo con amarillo.

Lilith ve atónita aquella cosa que se alzaba triunfante sobre el cadáver del mariscal, todos parecían ajenos a la presencia de la bruja en aquel lugar. La criatura que antes encorvaba un poco, endereza su espalda y se voltea hacia la dirección donde está Lilith. Ese rostro afilado con una boca que carecía de labios dejaba dos hileras de colmillos y una boca abierta como si estuviera sedienta.

Y ahí los vio.

Esos ojos cyan que ahora solo eran como pequeños puntos perdidos en un mar de negrura y coronados por una expresión que le heló la sangre. Odio puro.

— Sunset Shimmer —. Musita Lilith en voz baja.

Un resplandor dorado ilumina el recinto cegando la vista de todos. Sunset Shimmer es arrojada fuera de aquella cúpula atravesando uno de los pilares y volando varios metros por el aire sin control hasta estrellarse sobre unas estructuras de apariencia residencial.

El cadáver del mariscal se alza bañado en esa luz dorada y parece desfigurarse, volverse etéreo y luego materia física otra vez para luego envolverse en una bruma alterando su tamaño. Cuando Lilith recupera la vista el mariscal ya no yace muerto, en su lugar un ente de piel brillante como porcelana y sin facciones faciales más allá de un par de ojos ovalados color violeta y una joya azul en la frente. El ente, que ha de medir cinco o seis metros, se alza suspendido sobre el suelo con hileras de siete hojas filosas separadas entre sí, que van de grandes a pequeñas naciendo de sus omoplatos hacia afuera, como si fueran alas.

Lilith sin procesar aún el ver a Sunset convertida en aquella cosa no atiende a reaccionar cuando los Maestros y los Capas Doradas empiezan rondas de ataques mágicos y armas de fuego contra aquella visión casi angelical. En su estupor Lilith escucha las detonaciones y las exclamaciones de negación de los Maestros.

¡Han vuelto!

¡No es posible!

¡El mariscal! ¡No! ¡El mariscal!

El ente que se alza sobre ellos sin inmutarse ante sus atacantes, levanta una mano y un báculo que iguala su tamaño aparece. El ente lo sostiene y con un rápido movimiento las columnas de roca blanca son cortadas como si estuvieran hechas de mantequilla. La cúpula se desploma, los Maestros y Capas Doradas que logran escapar se reagrupan afuera del lugar ahora con más de los suyos dispuestos a darle frente a aquel ser luminoso.

Lilith por su parte, logró crear un domo de magia que la protegiera a ella y al portal de los escombros que cayeron sobre ella. Asegurándose que el portal no había sido dañado, monta en su bastón para salir de la densa de nube de polvo que el colapsó de la cúpula provocó.

El ente flota sobre sus oponentes, aún sin rostro Lilith distingue su aire de superioridad. Era obvio que todos esos fuertes soldados y diestros hechiceros no eran nada en comparación. Ya no estaba en el Corredor Galerio, aunque no había muchas diferencias salvo por la estructura que alza hacia el cielo hasta donde alcanza la vista, donde se veía flujos de una energía extraña que rodeaban aquella torre como vetas de plata líquida circulando alrededor como un riachuelos y que en su base varios torreones de roca hacían como fuertes pilares que le sostenían.

La maravilla de Lilith duró poco al escuchar el rugido de Sunset al otro lado de aquella urbe idílica.

(Suena "The Weight of Lives - Hiroyuki Sawano")

A varios metros de distancia, Sunset Shimmer se levanta sobre los tejados de ladrillo azul brillante con esa misma mirada pero ahora con los ojos fijos en el ente de luz empírea, y él hace lo mismo.

Sunset ruge. Un rugido que escapaba de lo que se comprende como animal o bestial. Un rugido que solo podía pertenecer a algo que no era del mundo tangible o perceptible. Odio convertido en rugido.

Desde su báculo, el ente lanza un rayo de energía blanca hacia Sunset, la velocidad a la que viaja al ataque no parecía natural, y hace explotar las residencias en una bola de fuego, más Sunset ya no estaba ahí. Corría a cuatro patas sobre los tejados gruñendo como bestia.

El ente ataca de nuevo, Sunset salta a gran altura y despliega sus alas; se impulsa hacia adelante con gran velocidad. El choque que ambos seres tienen en el aire crea una onda que casi derriba a Lilith de su bastón. El impacto a tierra fue devastador. La roca se resquebrajaba y las paredes se caían con cada golpe que Sunset Shimmer daba con sus puños y el ente detenía con su báculo, mismo que usaba para castigar al demonio rojo cada que tenía oportunidad.

Más los golpes parecían no tener efecto en Sunset, de hecho, se enfurecía con cada golpe que recibía. En un descuido del ente, Sunset logra poner sus garras sobre el pecho del mismo y los rasga. El chillido del filo de las garras del demonio contra la piel de porcelana fue terrible tanto que Lilith creyó que solo estaba soñando, o teniendo una pesadilla.

La pesadilla que le atormentaba desde hace treinta años, ver a alguien que le importa convertido en un monstruo, actuando como un monstruo, y todo por no tomar las decisiones correctas.

Yo voy a sacarnos de esto.

Escucha una voz en su cabeza, una voz que no es suya pero que conoce muy bien. Una voz que le recuerda la promesa que le hizo a esa chica asustada, terca y sola. Munin, su querido taliamigo sabía lo que tenían que hacer.

No era el momento de tener miedo, aunque él mismo la sofocara desde el fondo de su alma, no había hecho lo suficiente para sanar a su hermana. No podía permitir que esa historia se repitiera.

La Líder del Aquelarre del Emperador se deja caer sobre el ente en picado mientras crea múltiples círculos de hechizos a su alrededor. Rayos, explosiones mágicas, fuegos fatuos son arrojados contra el ente, que solo responde con leve gesto con mano, lanzándole un ataque de luz que la bruja esquiva.

Lilith vuela para crear un círculo de hechizo de gran tamaño en el aire de donde una fuerte corriente de magia sale disparada. El ente la bloquea momento que aprovecha Sunset Shimmer para abalanzarse sobre él para golpearlo con brutalidad hasta que la piel tersa pero dura de aquel ser se empezó a manchar con la sangre de los nudillos de Sunset Shimmer que no importaba cuan fuerte golpeara no podía atravesarlo o hacerle daño.

El ente agarra Sunset de una de sus alas y la estampa contra el suelo donde planeaba rematarla con su báculo. Antes de que pueda siquiera moverse, Lilith sostiene el arma del ente con un brazo de abominable creado por un círculo de hechizo dibujado en el suelo. Estaba gastando energía y llevando su saco de bilis mágica al límite, pero esta era una pelea a otro nivel. Debía estar a la altura. Tenía que intentar.

Invocando raíces desde debajo de la tierra intenta apreciar al ente o por lo menos evitar que se mueva mientras lo ataca con todos los hechizos de choque y de energía que conocía.

Las dagas filosas que usaba el ente como alas caen sobre las raíces y el brazo de abominable cortándolos sin dificultad y liberándose de su agarre pero ahora redirige su ataque hacia Lilith con una onda de luz plateada que evita por muy poco.

Sunset intenta tirarse sobre el ente otra vez pero esta la devuelve al suelo solo con su pierna pisándole el pecho. Sunset gruñe y se retuerce. Lilith no sabía si Sunset realmente no sentía dolor o solo lo ignoraba, pero como el pie del ente parecía aplastar las costillas de Sunset solo hacía que Lilith se enfureciera.

El ser angelical recurrió entonces a sus puños. El primer golpe hizo que Sunset se quedará inmóvil en el suelo. El segundo le destrozó la mandíbula. El tercero prácticamente hizo estallar el cráneo de su rival. Sunset dejó de moverse.

Después de ese último golpe, Lilith ya solo veía en rojo. Nunca, hasta donde recordaba, había sentido tanta cólera. Todo hechizo que consideró "destructivo" en algún momento lo conjuró al mismo tiempo. La magia tenía un orden, una bruja debía enfocarse para hacer el hechizo que desea, controlar sus impulsos las hacía poderosas pues una mente en calma puede dominar cualquier situación. Todo eso sonaba a basura. Se debía liberar todo el potencial si se quiere proteger lo que te importa, no hay regla que valga.

Las reglas de la magia, el decoro de la alta sociedad y las enseñanzas metódicas podían arder en el fuego de su ira. Podría decirse que estaba de acuerdo con Tempest en algo ahora. La magia debía ser libre. Salvaje.

Aunque el ente se cubría realmente no le estaba haciendo daño pero si lo estaba abrumando con sus ataques, sin darle espacio a actuar para defenderse. Un pinchazo en su corazón hace que Lilith detenga su despliegue de magia fúrica, momento que el ente aprovecha para atacarla.

Munin aparta a su ama del golpe con báculo y se la lleva lo más rápido que puede. Las alas filosas del ángel vuelven a su lugar para empezar a perseguirla. La velocidad del ente es muy superior y antes que logre alcanzarlos, Lilith y Munin están en un cuarto rodeados por varios Maestros de la Coalición que se ocultaban.

— ¿Aún está viva? —. Pregunta uno de ellos.

— Para su mala suerte si —. Responde Lilith agarrándose el pecho a la altura de su corazón.

— Para nuestra fortuna diría yo —, intercede uno de los Maestros que se mira muy avejentado, — Yo te conozco y al monstruo rojo con el que el Maethir peleaba.

— Ella no es un monstruo —. Lilith sudaba profusamente mientras su pecho le dolía.

— Necesitamos tu ayuda para detenerlo. No hay que permitir que siga con vida —. Dice el mismo Maestro.

— ¿Y cómo vamos a vencerlo según usted? —, Inquiere Lilith, — Nada le hace daño.

— Yo sé como —, Una voz femenina irrumpe, — No eres la única que debe saldar cuentas con él.

— No puede ser… —, dice Lilith con dificultad, — Eres ella —. Había reconocido el rostro que había estado bajo la máscara del proxy hace no mucho.