Una Petición Inesperada
Habían pasado meses desde el incidente en el centro comercial y la visita de la Princesa Xiaomao. Aunque el mundo seguía girando, el hogar de los Takamachi parecía haber cambiado. Nanoha, quien solía tener un tutor privado para sus lecciones sobre liderazgo y finanzas, ahora recibía instrucción directamente de su padre, Shiro. Pero estas nuevas lecciones no eran como las anteriores; eran mucho más rigurosas, mucho más estrictas.
—¿Cuál sería tu siguiente movimiento si las acciones de la bolsa de la cadena de cafeterías Midori-ya caen? —preguntó Shiro con un tono afilado mientras observaba detenidamente a su hija.
Nanoha, con el ceño fruncido, trató de analizar la pregunta. Había tantas variables y escenarios posibles que comenzaban a mezclarse en su cabeza. Finalmente, respondió:
—Creo que deberíamos cerrar temporalmente las sucursales con menores ganancias y enfocarnos en las más rentables para estabilizar la situación.
Shiro dejó escapar un largo suspiro, cerrando los ojos momentáneamente. Su expresión reflejaba una mezcla de decepción y paciencia.
—No, Nanoha. Eso sería un movimiento desesperado y enviaría una señal negativa al mercado. La caída de las acciones genera nerviosismo, pero en vez de reducir operaciones, deberíamos aumentar la percepción de valor de nuestra marca. Esto significa lanzar campañas de marketing que resalten la calidad de nuestro café y nuestro compromiso con los clientes, quizás introducir una nueva línea de productos innovadores para atraer más atención. Además, reforzaríamos la confianza de los inversionistas a través de un plan de expansión calculado o mostrando un incremento en el control operativo. La clave aquí es controlar la narrativa del mercado, no dejarnos controlar por ella.
Nanoha se mordió el labio, sintiendo el peso de su error. —Papá, no entiendo por qué las lecciones están siendo más estrictas últimamente… ¿ha pasado algo? —preguntó con un tono de preocupación.
Shiro la miró por unos segundos, su expresión más seria que de costumbre. Luego, suspiró profundamente antes de responder:
—Nanoha, un día heredarás todo el clan Takamachi. Serás quien tome las decisiones que llevarán a nuestro nombre a la gloria o a la ruina. Pero esas decisiones serán tuyas. Tienes que estar preparada para cualquier escenario, para cualquier amenaza. Esto no es solo un negocio, es nuestra vida, nuestro legado.
Nanoha asintió lentamente, aunque sentía que una gran presión se acumulaba sobre sus hombros. Antes de que pudiera decir algo más, su padre retomó las lecciones:
—Sigamos. ¿Cómo enfrentarías un cambio repentino en los aranceles para las exportaciones de café?
La pregunta parecía simple, pero Nanoha apenas podía concentrarse. Su mente estaba cansada de los constantes ejercicios, de las preguntas y de los errores que parecía cometer una y otra vez. Pero no podía permitirse descansar. Algo había cambiado en su padre. Él parecía más preocupado, más apremiado que nunca. Y ella estaba pagando el precio.
A medida que las lecciones continuaban, Nanoha sintió que su frustración crecía. No solo por las exigencias de su padre, sino también por su propia incapacidad de estar a la altura de sus expectativas. ¿Qué había ocurrido para que su padre estuviera tan ansioso por prepararla? ¿Qué amenaza, visible o invisible, se cernía sobre el clan Takamachi?
Nanoha cerró los ojos un momento, respirando profundamente. No podía dejar que la tensión la dominara. Si iba a heredar todo el clan algún día, tendría que demostrar que era capaz de manejarlo, sin importar cuán difícil fuera el camino.
Shiro, sin darse cuenta de la batalla interna de su hija, continuó con otra pregunta, una más desafiante que la anterior. Nanoha respiró hondo y se preparó para responder, sabiendo que estas lecciones, aunque duras, eran el primer paso hacia el futuro que la esperaba.
Las lecciones con su padre finalmente habían terminado, pero el peso que Nanoha sentía en su cabeza parecía haberse duplicado. Había comenzado con buen ritmo, respondiendo correctamente la primera mitad de las preguntas. Sin embargo, a medida que avanzaban, las respuestas incorrectas se acumulaban, y el tono de su padre se volvía cada vez más frío. Al final, Shiro había cerrado el libro con un golpe seco y declarado con severidad:
—Esto es suficiente por hoy. Solo estás humillándote más con cada respuesta errónea.
Nanoha permaneció en silencio, incapaz de defenderse. La vergüenza y el cansancio la invadían. Tan pronto como su padre abandonó el salón, tomó una botella de agua y se dejó caer en el sofá, murmurando cosas sin sentido para desahogar su frustración. Cada sorbo que daba parecía inútil para aliviar la presión que sentía en su mente.
La casa estaba inusualmente silenciosa. Fate tampoco estaba allí. Había salido a una reunión de integración con sus "amigas de la universidad". Aunque Fate ya no asistía a clases desde que se convirtió en una Takamachi, sus antiguas compañeras la habían llamado para reunirse.
—Amigas... —murmuró Nanoha en voz baja, con una mezcla de melancolía y envidia.
¿Ella tenía alguna? O al menos, ¿podía decir que aún tenía una amiga? Desde el incidente en la reunión de los Takamachi, donde todo se salió de control, Nanoha había cortado toda comunicación con las personas de su antigua vida. Su excusa había sido que necesitaba concentrarse, que no podía distraerse con amistades cuando tenía una responsabilidad tan grande sobre sus hombros. Pero en el fondo sabía que no era más que una mentira para evitar enfrentar lo que realmente sentía: miedo de no estar a la altura.
Con timidez, sacó su teléfono y comenzó a revisar sus contactos. Allí estaba, el nombre de la única persona que había considerado su amiga: Hayate. Nanoha miró fijamente el nombre en la pantalla, como si este pudiera responder todas las preguntas que tenía en la cabeza.
—¿Debo llamarla? —se preguntó en voz baja.
Fate estaba con sus amigas, ¿no? ¿Eso no significaba que ella también podía permitirse algo de libertad? ¿El hecho de que heredaría un clan la hacía prisionera? Miró de reojo hacia la oficina de su padre. Shiro Takamachi no salía con amigos, solo asistía a reuniones con otros clanes, pasaba tiempo con su madre, Fiasse, o se encerraba a trabajar. ¿Era eso lo que le esperaba? ¿Realmente quería una vida así?
Nanoha dudaba. Una parte de ella quería presionar el botón de llamada, pero otra la detenía. ¿Qué pensaría Hayate después de tanto tiempo sin saber de ella? ¿Sería bienvenida? ¿O rechazada?
Finalmente, dejando que un impulso venciera su miedo, Nanoha presionó el nombre de Hayate en la pantalla. Inmediatamente, el teléfono comenzó a marcar, y la pantalla cambió a "Llamando".
Nanoha sintió cómo su corazón latía más rápido con cada tono. Dudaba si colgar antes de que fuera demasiado tarde, pero algo dentro de ella le decía que esta llamada era necesaria, se quedó mirando la pantalla de su teléfono mientras el tono de llamada resonaba en sus oídos. Sentía un nudo en el estómago, una mezcla de nerviosismo y arrepentimiento. ¿Qué iba a decir? Había pasado tanto tiempo desde la última vez que había hablado con Hayate, y sabía que había sido ella quien rompió el contacto.
El tono continuaba, y cada segundo se sentía como una eternidad. Nanoha pensó en colgar. Tal vez Hayate ni siquiera contestaría. Tal vez estaba ocupada o... tal vez no quería saber nada de ella. Justo cuando su dedo se movía para terminar la llamada, una voz familiar sonó al otro lado de la línea.
—¡¿Nanoha?! —Hayate sonaba sorprendida, pero también genuinamente alegre. Nanoha sintió que una pequeña chispa de alivio se encendía en su pecho.
—H-Hayate... —La voz de Nanoha tembló ligeramente, traicionando su nerviosismo—. Hola... ¿cómo estás?
Hubo un silencio breve, y entonces Hayate respondió, esta vez con un tono más serio, aunque sin perder su calidez inicial.
—Estoy bien… supongo. ¿A qué se debe tu llamada, Nanoha? —Su voz era tranquila, pero Nanoha podía percibir una leve tensión detrás de sus palabras.
Nanoha sintió un escalofrío. Había esperado esta pregunta, pero ahora que estaba frente a ella, no sabía qué responder. Improvisando, inventó una excusa tonta.
—Oh, yo... solo quería saber cómo estabas. Hace tiempo que no hablamos, y pensé que... bueno, que sería bueno ponernos al día...
Hubo otro silencio, más largo esta vez. Nanoha podía imaginar a Hayate al otro lado de la línea, frunciendo el ceño con incredulidad.
—¿De verdad? —Hayate finalmente habló, su tono cargado de una mezcla de escepticismo y molestia—. Nanoha, no soy tonta. Algo pasa, ¿verdad?
Nanoha apretó los labios, incapaz de encontrar una respuesta. Antes de que pudiera intentar otra excusa, Hayate continuó.
—¿Sabes qué? No me importa cuál sea tu motivo ahora mismo. Lo que sí me importa es que... te casaste. —Hayate hizo una pausa, y su tono se volvió más frío—. Te casaste con Fate, y ni siquiera tuviste la decencia de decirme, de invitarme a tu boda.
Nanoha sintió como si una daga le atravesara el pecho. Cerró los ojos con fuerza, incapaz de mirar nada más que el suelo frente a ella, como si Hayate estuviera allí juzgándola directamente.
—Yo... lo siento —murmuró, su voz apenas un susurro.
—¿Lo sientes? —Hayate soltó una risa amarga—. Nanoha, ¿eso es todo lo que tienes que decir? Los amigos no hacen eso. No abandonan. No ignoran. ¿O acaso ya no me consideras tu amiga?
—No, Hayate, por supuesto que no... —Nanoha levantó la voz ligeramente, sus palabras llenas de desesperación—. Siempre has sido mi amiga, nunca has dejado de serlo.
—¿De verdad? —Hayate exhaló con frustración—. Porque los amigos no desaparecen, Nanoha. No importa lo difícil que sea la situación, los amigos no se van. Yo estaba aquí, ¿sabes? Y luego te fuiste, y... y entonces vi las noticias. Todo el escándalo del incidente en la reunión de los Takamachi. Sabía que era difícil para ti, pero ni siquiera intentaste… intente llamarte sabes, cada vez que marcarba tu numero me mandaba al Buzon de voz, me habías bloqueado, porque desde otra linea la llamada si entraba pero tu nunca la tomabas, Dios, ¡Te fui a buscar a la casa esa azul donde vivías Nanoha! Y adivina que, esta vacía, no hay nada, pero claro, eso tu lo sabes, porque todo lo que dejaste ahí lo has cambiado por lo que tienes ahora, señora Takamachi.
Nanoha no respondió. No podía. Cada palabra de Hayate era un recordatorio de todo lo que había hecho mal, de todo lo que había dejado atrás. Sintió cómo una lágrima rodaba por su mejilla mientras apretaba el teléfono contra su oído.
—Mira, Nanoha. —Hayate suspiró al otro lado de la línea, su tono suavizándose un poco—. Si estás llamando ahora, después de todo este tiempo, es porque algo pasa, ¿verdad? Algo que no puedes manejar tú sola.
Nanoha sintió un nudo en la garganta. Asintió, aunque sabía que Hayate no podía verla.
—Sí… tú me conoces bien —admitió Nanoha, su voz apenas un murmullo.
—Por supuesto que te conozco. —La voz de Hayate sonaba más cálida, aunque aún cargada de cierto reproche—. Eres mi mejor amiga. O bueno... lo eras. No sé si todavía lo soy para ti.
—¡Siempre lo has sido! —Nanoha casi gritó, las palabras saliendo antes de que pudiera detenerse. Sintió cómo su corazón se encogía de culpa y tristeza—. Nunca has dejado de serlo, Hayate.
Hubo un largo silencio. Luego, Hayate suspiró profundamente, como si tratara de procesar todo lo que sentía.
—Está bien, Nanoha. ¿Qué necesitas?
Nanoha sintió cómo otra lágrima rodaba por su mejilla, y esta vez no trató de ocultarla. Su voz salió temblorosa, apenas audible.
—Necesito verte, Hayate.
Al otro lado de la línea, Hayate suspiró una vez más. No dijo nada de inmediato, pero cuando habló, su tono era más suave.
—Está bien. Dime dónde y cuándo.
Hayate estaba sentada en el asiento trasero de un vehículo lujoso, observando cómo la ciudad se transformaba gradualmente en un paisaje montañoso. Los edificios y rascacielos quedaron atrás, dando paso a colinas cubiertas de vegetación y caminos flanqueados por árboles que parecían susurrar al viento. Mientras avanzaban, comenzó a notar un cambio en el paisaje. Las estructuras modernas se desvanecían, y en su lugar aparecían edificios que emulaban la arquitectura de una Kyoto tradicional. Todo parecía cuidadosamente diseñado, como si estuviera entrando en un mundo sacado de una postal antigua.
Sabía que estaba entrando en los territorios Takamachi. Nanoha, años atrás, le había confesado cuánto detestaba este lugar. Según ella, era un símbolo de todo lo que deseaba dejar atrás, un recordatorio constante de las responsabilidades que no quería asumir. Pero ahora, aquí estaba Nanoha, viviendo entre esas mismas excentricidades que había jurado evitar. Mentiras. ¿Qué había cambiado? ¿Cuándo había cambiado?
El automóvil se detuvo frente a un imponente torii rojo, cuyos pilares parecían tocar el cielo. Al cruzarlo, el ambiente se transformó por completo. Guardias armados vigilaban la entrada con una postura marcial que hacía que todo el lugar se sintiera como una embajada de alto nivel. Al bajar del vehículo, Hayate observó el entorno con fastidio. Todo esto le parecía excesivo, innecesario. Frente a ella, caminando con pasos seguros, vio acercarse a una figura conocida. Alta, de cabello rosado y ojos azules, Signum avanzaba con confianza, vestida con un uniforme militarizado que acentuaba su presencia. Llevaba un arma al cinto, como el resto del personal de seguridad, pero su sonrisa relajada suavizaba la tensión que emanaba del lugar.
—Bienvenida a los territorios Takamachi, Hayate —saludó Signum, con un tono que mezclaba cordialidad y humor—. ¿O debería llamarte cuñada?
Hayate frunció el ceño, desconcertada. —Que yo sepa, Shamal no se ha casado contigo todavía, Signum.
Signum soltó una carcajada breve y asintió con complicidad. —Algo que pasará en algún momento, créeme. Pero antes de que entres, tengo que revisar que no lleves armas ni objetos peligrosos. Discúlpame, es el protocolo.
Hayate levantó una ceja con escepticismo. —Soy profesora de historia, Signum. Mi arma más letal es un lápiz.
—Se puede matar a alguien con un lápiz, Hayate. Nunca subestimes los objetos puntiagudos —replicó Signum, con un tono burlón y divertido.
Hayate suspiró y alzó los brazos, resignada. —Haz lo que tengas que hacer.
La revisión fue rápida y eficiente. Al finalizar, Signum asintió con aprobación. —Todo en orden. Bienvenida. Lady Nanoha la espera en la sala principal.
—¿Lady Nanoha? —repitió Hayate, claramente confundida.
Signum asintió con una sonrisa. —Así es, Lady Nanoha. Sígueme, por favor.
Hayate soltó un largo suspiro y comenzó a caminar detrás de Signum, siguiendo el camino hacia el interior de la majestuosa mansión Takamachi. El lugar era aún más impresionante de lo que había imaginado, con pasillos decorados con obras de arte tradicionales, jardines cuidadosamente diseñados visibles a través de las ventanas y una atmósfera solemne que parecía oprimirla. Mientras avanzaba, no podía dejar de preguntarse quién era realmente la persona que estaba a punto de encontrar. ¿Era la misma Nanoha que había conocido, o alguien completamente diferente?
Nanoha estaba inquieta, sus uñas mordisqueadas eran el reflejo de sus nervios. Ver a Hayate de nuevo no era solo un recordatorio de lo que había intentado dejar atrás, sino también de lo que realmente no quería abandonar. Se sentía atrapada en un laberinto de expectativas familiares, sin idea de cómo salir. Sus ojos se movían constantemente entre la puerta y la ventana, anticipando el momento en que su amiga entrara.
—Que sea lo que tenga que ser —se dijo a sí misma con un suspiro profundo.
La puerta finalmente se abrió, y Nanoha alzó la vista. Ahí estaba, tal como la recordaba: Hayate Yagami, de baja estatura, cabello castaño corto y esos ojos azules que parecían analizarlo todo. Su mirada era directa, casi como si estuviera escaneando a Nanoha de arriba a abajo. La evaluación fue seguida de un comentario que llevaba una mezcla de ironía y verdad.
—La yukata te queda bien, pero recuerdo que decías que las odiabas... Lady-Nanoha —dijo Hayate, con un énfasis deliberado en el título.
Nanoha suspiró, consciente del reproche implícito. —Sí, las odio. Pero esta yukata es un símbolo de mi familia —respondió con un tono cansado.
Hayate avanzó hacia ella, y Signum, quien estaba junto a la puerta, hizo el ademán de entrar, pero Nanoha levantó una mano para detenerla.
—Es suficiente, Signum. Quiero estar a solas con Hayate.
Signum inclinó la cabeza en señal de respeto y cerró la puerta tras de sí. Antes de salir, Hayate soltó un comentario mordaz.
—Tienes a tu perro de caza bien amaestrado —dijo con una sonrisa torcida.
Nanoha negó con la cabeza. —Signum es leal a la familia y cumplirá cualquier orden del regente, sea cual sea.
Hayate alzó una ceja, incrédula. —¿Cualquier orden? ¿Incluso si le dices que haga guardia desnuda?
—Lo hará —respondió Nanoha con seriedad.
—¿Y si la orden es asesinar a alguien? —preguntó Hayate, esta vez con un tono más sombrío.
—También lo hará, sin dudarlo.
Hayate negó con la cabeza y se cruzó de brazos. —Nanoha, ¿en qué te estás metiendo? Entiendo que es tu familia, pero esto es extremo. Estamos hablando de vidas humanas. ¿Qué es esto? ¿El regreso del shogunato? ¿Eres la shogun? Porque, déjame decirte, serías la primera mujer shogun en toda la puta generación de shogunes de la historia de Japón.
El comentario provocó una risa en Nanoha, una risa que hacía tiempo no sentía. Hayate, con esa picardía que siempre la había caracterizado, estaba logrando calmarla. Nanoha la miró con cariño.
—Te extrañé —dijo Nanoha, con una sinceridad que detuvo momentáneamente a Hayate.
—Aún no te he perdonado, Lady-Nanoha —replicó Hayate, con un tono que imitaba deliberadamente el formalismo de los Takamachi—. Y disculpe mi franqueza, pero espero no me mande a decapitar por ser tan directa.
Ambas se echaron a reír, rompiendo finalmente la tensión en el ambiente. Después de unos segundos, Hayate se acercó un poco más y la miró fijamente.
—¿Qué sucede, Nanoha? —pregunto Hayate sentándose frente a ella en el zabuton que le correspondía.
Nanoha suspiró, bajando la mirada. —No puedo con esto, Hayate. Estoy al límite. Mi padre ha estado dándome clases sobre cómo administrar este "imperio de los Takamachi", y siento que todo lo que hago está mal. Estoy aterrada. No quiero ser quien destruya lo que generaciones han construido.
Hayate alzó una ceja. —Pero, ¿por qué tú? ¿Por qué vas a heredar todo? Pensé que Miyuki iba a tomar el liderazgo.
Nanoha negó con la cabeza. —No, mi padre dice que Miyuki no está hecha para gobernar.
—¿Y tú sí? —preguntó Hayate, arqueando una ceja—. Porque déjame decirte que, por lo que veo, estás haciendo un gran trabajo, Lady-Nanoha.
Nanoha dejó escapar una sonrisa débil. —Necesito ayuda, Hayate. No sé qué hacer. No puedo sola.
Hayate suspiró, apoyando las manos en las caderas. —Por supuesto que no puedes sola. Ahí es donde estás fallando. Estás intentando ser una sombra de tu padre, y perdóname por decirlo, Nanoha, pero él es una persona solitaria, fría y más robot que humano. Tú eres tú, y él es él. Nunca vas a ser como él. Si quieres hacer las cosas bien, comienza siendo tú misma.
Nanoha parpadeó, procesando las palabras de su amiga.
—Y deja de intentar hacerlo todo sola. Por Dios, Nanoha, estás intentando administrar un micro imperio tú sola. ¿Sabías que incluso el César tenía personas que hacían el trabajo por él? Aprende a delegar, administra, pero no cargues todo en tus hombros. Te vas a ahogar.
Una lágrima se escapó de los ojos de Nanoha y rodó por su mejilla. —Te extraño, Hayate.
Hayate sonrió con suavidad, negando con la cabeza. —Yo también, Nanoha-chan. Pero tú fuiste quien se alejó. Yo siempre estuve aquí.
Nanoha bajó la mirada. —Perdóname por todo. No quiero perder nuestra amistad.
Hayate rió ligeramente. —Nunca dejaste de ser mi amiga, Nanoha. Si no, no estaría aquí. Ya te hubiera mandado al carajo desde el primer momento en que volviste a llamar, lo cual, por cierto, aún estoy considerando.
Ambas rieron, y en un impulso, Nanoha abrazó a Hayate con fuerza. —Te quiero mucho, Hayate.
—Yo también, tonta. Yo también. Pero no te pierdas a ti misma.
Después de unos segundos, Nanoha se apartó, ayudando a Hayate a ponerse de pie. —Ven. Te voy a mostrar el lugar. Hay reliquias de los Takamachi que tienen siglos de historia. Seguro te encantarán.
Hayate sonrió. —¿Cómo podría negarme a algo así?
Ambas rieron y salieron juntas de la sala, dejando atrás las tensiones y reforzando un lazo que nunca debería haberse roto.
Hayate y Nanoha caminaban tranquilamente por los extensos terrenos de los Takamachi. La arquitectura tradicional japonesa se mezclaba con la modernidad de algunos detalles más recientes, creando un ambiente que parecía sacado de otra época. Nanoha señalaba edificios, santuarios y pasillos antiguos mientras explicaba, casi por obligación, la historia detrás de cada estructura. Por otro lado, Hayate, como la apasionada historiadora que era, estaba completamente fascinada.
—Nanoha, estás viviendo en un lugar histórico que tiene tanto que contar, ¡y actúas como si fuera cualquier cosa! —exclamó Hayate con una mezcla de incredulidad y diversión.
Nanoha rio suavemente, encogiéndose de hombros. —Sabes que estas cosas no me gustan. Lo mismo con esas antigüedades que coleccionas o te obsesionas cuando están en exposiciones.
Hayate se detuvo abruptamente, fingiendo indignación, y la miró fijamente. —¡Son piezas históricas, Nanoha! ¡Piezas históricas! Pero claro, tú nunca lo vas a entender, Lady-Nanoha.
Nanoha rió más fuerte esta vez, disfrutando del reencuentro. —Por favor, no me llames Lady-Nanoha.
—Oh, no, no, no. Si me escuchan tus perros de caza, seguro me van a decapitar por faltarle el respeto a la regente Takamachi, ¿verdad? —bromeó Hayate, haciendo que ambas estallaran en carcajadas.
Después de unos minutos de caminar, ambas llegaron al pórtico de la casa donde vivían Nanoha y Fate. Se sentaron en los escalones, disfrutando de la brisa fresca que soplaba suavemente desde las montañas cercanas.
—Es increíble que tengas una casa aquí —comentó Hayate, aún maravillada—. O sea, esto es como una mini ciudad dentro de la ciudad. Dios mío, Nanoha, ¿qué tan rica eres ahora?
Nanoha se reclinó hacia atrás, apoyándose en sus manos, y respondió con una sonrisa burlona. —Muy rica. Podría comprar una isla si quisiera. ¿Quieres una como regalo de reconciliación, mi vida?
Hayate fingió un suspiro dramático. —¿Me estás intentando comprar con dinero, sucia gata abandona hogares? Muy bien, que sean dos islas y tenemos un trato.
Ambas estallaron en carcajadas otra vez, el ambiente se sentía ligero y lleno de complicidad. Pero, después de un rato, Nanoha rompió el silencio, con su tono más serio.
—Te necesito aquí, Hayate. No puedo sola.
Hayate levantó una ceja, claramente desconcertada. —¿Perdón? —preguntó, inclinándose un poco hacia su amiga.
—Hayate, te necesito aquí, conmigo. Eres mi mano derecha, y no puedo hacer esto sola. Tú misma me lo has dicho.
Hayate la miró incrédula, tratando de procesar lo que Nanoha le estaba pidiendo. —¿Y por qué no te apoyas en Fate? Es tu esposa, ¿no?
Nanoha asintió con firmeza, pero su expresión era de sincera necesidad. —Lo hago, Hayate. Fate es mi salvavidas, mi ancla para no caer en la locura. Pero ella no es mi consejera. Tú lo eres. Siempre has sabido cómo ponerme en el camino correcto. Te necesito para esto.
Hayate suspiró, cruzando los brazos. —Nanoha, soy profesora de historia. No tengo un máster en administración de imperios.
Nanoha rio suavemente. —Pero conoces cómo se administraron en el pasado, ¿no?
—Y también sé cómo terminaron todos: destruidos o conquistados —replicó Hayate, aunque una pequeña sonrisa se formaba en sus labios.
Nanoha tomó las manos de su amiga, su mirada suplicante y seria. —Entonces ayúdame a que nuestro mini imperio no siga esos pasos, Hayate. Podemos hacer algo bueno con todo esto. Sabes que te necesito.
Hayate dejó escapar un suspiro pesado, pensando en lo que Nanoha le pedía. —No soy barata, ¿sabes? Mis comisiones son altas.
Nanoha soltó una carcajada, tirando un poco de sus manos. —Por favor, Hayate, ¿crees que el dinero seria un problema?.
—Sabes que tengo que hablarlo con Carim. No puedo tomar decisiones importantes sin consultarlo con ella.
Nanoha asintió, soltándole las manos con cuidado. —Trae a Carim. Almorcemos juntas. Estoy segura de que a Fate le encantará conocerla.
—Sabes que no será fácil, ¿verdad? Si quieres hacer las cosas a tu manera y no como tu padre lo haría, será un camino muy difícil.
Nanoha afirmó con decisión, sus ojos brillando con determinación. —Lo sé. Pero la gente que me importa está conmigo. Sé que podemos hacer cosas buenas.
Hayate sonrió, finalmente dejando de resistirse. —Esa es la actitud, Nanoha, si insistes, veré cómo organizarlo.
Ambas se quedaron un momento en silencio, disfrutando de la compañía mutua. Habían recuperado algo invaluable en ese reencuentro: la certeza de que, aunque el tiempo y las circunstancias hubieran cambiado, su amistad seguía intacta y sólida.
Fate estaba sentada en la terraza de una cafetería de un centro comercial, su mirada fija en la pantalla de su teléfono mientras revisaba su red social, intentando distraerse de los pensamientos que rondaban en su mente. Había pasado mucho tiempo desde que había dejado la universidad para apoyar a Nanoha en su vida como heredera de los Takamachi, y aunque estaba feliz con su matrimonio, no podía evitar sentir un ligero vacío por lo que había dejado atrás.
A pocos metros, Vita, su escolta, permanecía firme con su característico traje de servicio. Aunque pequeña en estatura, su presencia imponente y el arma visible en su espalda dejaban claro que no era alguien con quien meterse. Fate la miró de reojo y soltó un pequeño suspiro. Siempre estaba agradecida por la protección de Vita, pero no podía evitar sentir que su vida ahora estaba constantemente bajo vigilancia.
De repente, la puerta de la cafetería se abrió y apareció Airi, una amiga de la universidad. Fate la reconoció de inmediato y se levantó con una sonrisa para recibirla. Airi, siempre energética, la abrazó fuerte mientras soltaba una broma.
—¡Señora Takamachi! Qué gusto verla entre los mortales y comunes —dijo Airi, su tono burlón acompañado de una sonrisa.
Fate rió suavemente mientras ambas tomaban asiento. —Estás exagerando, Airi.
—No, no lo estoy. Desde que te casaste, has estado como encerrada en una torre. Dejaste la universidad, Fate. ¿Sabes el shock que tuvimos todas? Incluso Yui y Kaede no lo podían creer —dijo Airi, recostándose en la silla con una expresión de falsa incredulidad.
Fate suspiró pero mantuvo la sonrisa. —Fueron tiempos difíciles, Airi. ¿Recuerdas el incidente Takamachi?
Airi asintió, sus ojos brillando de curiosidad. —Claro que sí. Salió en todas las noticias. Un escándalo.
Fate apoyó su mentón en sus manos, mirando a su amiga con nostalgia. —Estuvimos involucradas, mi esposa y yo. Todo fue... un caos. Después de eso, nuestras vidas cambiaron completamente. Nos mudamos a una zona segura, y fue el detonante para la vida que llevo ahora.
Airi soltó un largo silbido, impresionada. —Tú sí que sabes divertirte, Testarossa... digo, Takamachi.
Ambas rieron, relajándose un poco más.
—Ahora eres toda una señora casada, y ni siquiera nos invitaste a la boda. Mal, mal, mal, Fate —reclamó Airi en tono juguetón.
Fate se rió mientras asentía. —Lo sé, lo sé. La familia de Nanoha fue muy reservada con todo lo que pasó. Ya se los expliqué por teléfono y me disculpé con todos.
—Sí, pero Kaede dijo que espera un deportivo como disculpa —respondió Airi con una sonrisa pícara.
—Pues díselo a mi esposa, no a mí —contestó Fate, riendo junto a su amiga.
La conversación siguió con un aire ligero y nostálgico. Airi comentó lo aburrida que era la universidad sin Fate, y aunque Fate insistió en que seguía siendo la misma, Airi negó con la cabeza, señalando con un gesto a Vita.
—No, no eres la misma. Antes no tenías a un gnomo enojado armado protegiéndote —dijo Airi, señalando a Vita. —Apuesto que nos esta escuchando en este mismo momento.
—Puedes apostarlo, castañita —respondió Vita desde su posición, haciendo que ambas chicas se rieran.
—¿Ves? —continuó Airi, mirando a Fate—. En la universidad no tenías nada de esto. Aunque, bueno, debo admitir que te ves más bonita ahora. El amor te ha cambiado, ¿no?
Fate se sonrojó levemente, riendo con timidez. —Un poco sí. Mi vida es mucho mejor ahora. Mi mamá se volvió a casar, mi hermana está por casarse también, y mi esposa da todo de sí por nuestra familia. Además, tengo una hermanita pequeña.
Airi levantó una ceja, claramente intrigada. —¿Hermanita pequeña? ¿No era Alicia tu única hermana?
—Sí, pero... —Fate hizo una pausa, su tono más suave—. Mi papá... bueno, ya sabes cómo era. Resulta que tuvo otra hija con otra mujer. Así que tengo una hermanita pequeña ahora. Se llama Ruby.
Airi sonrió, apoyando su mejilla en su mano. —¿Pequeña? ¿Qué tan pequeña?
Fate levantó una mano, marcando una altura aproximada. —Es más o menos así de alta. Tiene 14 años, y es una princesita hermosa. Su cabello es más rubio que el mío o el de Alicia, y sus ojos son como rubíes. De ahí su nombre.
—Qué original —bromeó Airi, riendo con Fate.
—Y su mamá... ¿te llevas bien con ella? —preguntó Airi con curiosidad.
—Sí, Saori-san es única. Se casó con mi mamá.
—¡Eso es precioso! —exclamó Airi, encantada.
—Y también con Lindy Harlaown —añadió Fate.
—¿Qué? —Airi parpadeó, claramente confundida. —¿Me estás diciendo que tu mamá está casada con dos personas? ¿Eso se puede?
Fate rio, alzando los hombros. —Al parecer, si tienes suficiente poder y dinero, sí.
—Pues entonces, cásate conmigo, Fate. Acógeme y sácame de pobre —dijo Airi, bromeando.
Ambas estallaron en carcajadas, el ambiente ligero y lleno de camaradería. Cuando las risas cesaron, Fate miró a su amiga con una sonrisa cálida.
—Lo siento, Airi. Yo amo a mi esposa Nanoha. No tengo espacio para nadie más.
—Lo sé, lo sé. Pero, ¿sabes? Has cambiado, Fate. Estás radiante, más confiada. Ya no eres esa chica temblorosa de la universidad.
Fate sonrió, emocionada por las palabras de su amiga. —Cuando te enamores, Airi, verás el mundo de manera diferente.
La conversación continuó entre risas y anécdotas, ambas disfrutando de un momento que parecía devolverlas a los días despreocupados de la universidad.
Fate y Airi habían ordenado un capuchino y un mocachino mientras seguían conversando en la terraza de la cafetería. El ambiente era relajado, con el sol cayendo suavemente sobre las mesas y la música de fondo proveniente de las tiendas cercanas.
—Yui, al parecer, se va a hacer un internado en Corea —dijo Airi mientras removía su café—. Así que vamos a hacerle una despedida a fin de mes. Espero que tú también vayas, señora Takamachi.
Fate rio y asintió. —Ahí estaré, Airi.
Airi sonrió con satisfacción y afirmó con la cabeza. —Kaede no pudo venir porque está trabajando.
Fate la miró con una mezcla de sorpresa e intriga. —¿Pero hoy es sábado?
Airi rió con sarcasmo mientras apoyaba su taza en la mesa. —La gente normal también trabaja los sábados, señora Takamachi.
Fate se sonrojó al darse cuenta de su olvido, y desvió la mirada mientras decía con voz suave: —Se me había olvidado...
Airi continuó con una sonrisa divertida. —De todas formas, te manda saludos. Ya la verás a fin de mes si es que cumples tu palabra.
—Ya dije que iré, Airi —respondió Fate, haciendo un pequeño puchero por la insistencia de su amiga.
Airi soltó una carcajada y cambió el tema con una confesión. —Estoy saliendo con un chico ahora, Fate.
Fate la miró con asombro. —¡Ohhh! Eso no nos habías contado.
—Ajá, llevamos tres días. No vayas a soltar el chisme por el grupo de Line, ¿ok? —advirtió Airi con una mirada fingidamente seria—. Todavía no sé si llevarlo a la reunión de fin de mes. ¿Tú qué opinas?
Fate levantó los hombros, algo dubitativa. —No lo sé, Airi. Le estás preguntando a alguien que solo ha tenido una novia en su vida y que se casó con esa misma novia.
Ambas estallaron en risas, el ambiente ligero y lleno de camaradería.
—Tienes razón. Bueno, ya veré —dijo Airi mientras jugaba con la cucharilla de su taza.
Un breve silencio se instaló mientras ambas tomaban sus cafés, disfrutando del momento. Airi lo rompió con una pregunta que parecía haber estado considerando por un rato.
—Fate, no sé si debería preguntar esto. Quizá suene rudo, pero... ¿van a tener hijos? Digo, ambas son mujeres y todo. Perdóname si estoy tocando un tema sensible.
Fate negó suavemente con la cabeza, mostrando una sonrisa comprensiva. —Descuida. No hemos tomado el tema a fondo, pero Nanoha me ha preguntado en algún momento si quiero tener hijos.
—¿Y qué le respondiste? —preguntó Airi, inclinándose hacia adelante con interés.
Fate jugueteó con sus dedos, algo nerviosa y con un ligero sonrojo en sus mejillas. —Le dije que sí quiero.
—¡Awwww, la Fate-mamá! —exclamó Airi, emocionada. Ambas rieron con ganas.
En ese momento, la música de una idol famosa Emi Glow comenzó a resonar en el centro comercial, llenando el ambiente con un ritmo pop y coqueto.
—A mi hermanita le gusta mucho ese tipo de música —comentó Fate con una sonrisa.
—Yo las odio —respondió Airi, señalando con el pulgar hacia el origen de la música—. Esas malditas tienen cuerpos perfectos y bailan de maravilla. Me dan envidia.
Ambas rieron de nuevo. Airi miró su reloj y puso una mueca.
—Mejor vamos saliendo. Tengo clases como en dos horas, y la facultad me queda lejos de aquí.
Fate levantó la mano para llamar al camarero. Mientras este se acercaba, Airi sacó su cartera para revisar cuánto debían pagar, pero Fate la detuvo.
—Déjalo, yo pago —dijo Fate, sacando con naturalidad una tarjeta American Express Centurion y entregándola al camarero sin siquiera mirar el monto.
Airi soltó un largo silbido, impresionada. —Si que has cambiado, Fate.
Ambas se levantaron y comenzaron a caminar hacia la salida, seguidas de cerca por Vita, que mantenía su vigilancia constante. Mientras avanzaban, la música de la idol seguía sonando, y ambas pasaron frente a un póster gigante de la misma artista. Era una chica pelinaranja con una expresión coqueta y un atuendo llamativo, que capturaba perfectamente la atención de los transeúntes.
—¿Ves lo que te digo? —comentó Airi mientras señalaba el póster—. Cuerpos perfectos y bailes sincronizados. Las odio.
Fate rio suavemente y negó con la cabeza mientras seguían avanzando. La música, la compañía de su amiga y los recuerdos del pasado hicieron que el día se sintiera más ligero, como un pequeño respiro de la vida que había elegido.
Hayate Yagami estaba sentada en el sofá de su apartamento, con la mirada perdida en el techo, sus pensamientos dando vueltas sin cesar. Desde su encuentro con Nanoha, había estado ponderando todas las implicaciones de lo que le había pedido. Si aceptaba trabajar como su mano derecha, tendría que dejar atrás su vida actual: la universidad, sus estudiantes, incluso el apartamento que compartía con Carim. Pero, al mismo tiempo, sabía que dejar sola a Nanoha era condenarla a caer en el mismo abismo que su padre había creado. Hayate suspiró profundamente, el peso de la decisión apretándole el pecho.
La puerta del apartamento se abrió de golpe, interrumpiendo sus pensamientos. Carim había llegado, y con su sola presencia, el lugar parecía iluminarse. Su cabello brillaba bajo la luz del atardecer, y aunque su rostro mostraba cansancio, sus ojos azules siempre emanaban un leve destello de calidez.
—Te juro que estoy harta de este trabajo de oficina, Hayate. Si no me pagaran lo que pagan, habría renunciado hace meses —dijo Carim, dejando su bolso en la canasta cercana con un gesto despreocupado. Se acercó al sofá y, sin dudar, se inclinó para darle un beso en los labios.
Hayate le devolvió el beso y le sonrió. —¿Qué tal tu día?
Carim se dejó caer en el sofá junto a ella, apoyando la cabeza en su hombro. —Cansado, como siempre. ¿Y tú?
Hayate suspiró pesadamente. —Hoy vi a Nanoha.
Carim levantó la cabeza con sorpresa, sus cejas arqueadas. —¿Nanoha? ¿Nanoha Takamachi? ¿La misma que desapareció del mapa hace años?
—Sí, la misma —respondió Hayate con una leve sonrisa. —Aunque ahora está un poco... diferente.
Carim la miró con atención, una mezcla de curiosidad y precaución en su rostro. —¿Y ese milagro? Pensé que nunca volvería a aparecer.
Hayate se pasó una mano por el cabello, tratando de ordenar sus pensamientos. —Me llamó. Primero le di el sermón de su vida por desaparecer sin avisar. Pero luego me dijo que necesitaba verme... y Carim, mandó a alguien a buscarme a la universidad. Me llevaron a su residencia. ¿Sabes dónde vive ahora?
Carim negó con la cabeza, intrigada.
—En una mini ciudad dentro de la ciudad. Es un lugar gigantesco, lleno de historia, tradición... y riqueza. Su familia ha construido ese lugar por generaciones. Es como estar en otro mundo —explicó Hayate, con una mezcla de fascinación y exasperación en su tono.
—¿Y qué quería? —preguntó Carim, cruzando las piernas mientras miraba a Hayate con atención.
Hayate dejó escapar una leve risa, aunque no era de diversión. —Me pidió que sea su mano derecha. Quiere que trabaje con ella, que administre todo lo relacionado con los Takamachi. Dice que no puede sola.
Hubo un silencio pesado entre ellas. Carim fue la primera en romperlo. —Asumo que le dijiste que no.
Hayate rio suavemente. —No le di una respuesta. Le dije que estas decisiones importantes las tomo contigo.
Carim se recargó en el sofá, procesando lo que acababa de escuchar. —Hayate, me estás hablando de algo sumamente complejo. Le vas a dar consejos e instrucciones a una persona que administra una familia rica, y si cometes un error... no hay cárcel para esto. Te aseguro que las consecuencias serían devastadoras. Y si fallas...
—Confía en mí, Carim —interrumpió Hayate, tomando las manos de su pareja. —Nanoha no es así.
—La amistad y los negocios son cosas muy diferentes, Hayate. Esto es delicado. —Carim suspiró, su expresión suavizándose un poco al ver la determinación en los ojos de Hayate. —¿Qué vas a hacer?
—Nanoha nos ha invitado a cenar el próximo viernes. Quiere que lo hablemos a fondo... contigo también. —Hayate la miró con una leve sonrisa.
—¿"Nos"? —preguntó Carim, levantando una ceja.
—Sí, a ti y a mí. —Hayate apretó suavemente las manos de Carim. —Amor, si acepto trabajar con Nanoha, tendríamos que mudarnos a los territorios Takamachi. Nos darían nuestra propia casa, dejaríamos este departamento, nuestros trabajos actuales... y comenzaríamos una vida allá.
Carim la miró en silencio, un millón de pensamientos pasando por su mente. Finalmente, habló. —Dejarías de enseñar en la universidad. La historia es tu pasión, Hayate.
Hayate suspiró. —Lo sé. Pero los territorios Takamachi tienen mucha historia japonesa. Nada me impide seguir actualizándome mientras estoy allá. Con los recursos que tienen, podría seguir aprendiendo e investigando.
Carim negó con la cabeza, aunque una sonrisa comenzaba a formarse en sus labios. —No lo sé, Hayate. Me da miedo lo que pueda pasar si fallas... si fallamos.
—Confía en mí. Confía en Nanoha-chan. Vamos a la cena, hablemos todo y tomemos una decisión juntas. —Hayate se inclinó hacia Carim, su mirada llena de calidez y determinación.
Carim suspiró, aunque su sonrisa ya era más evidente. —De acuerdo.
Hayate, con una sonrisa traviesa, se puso de pie y jaló suavemente a Carim. —Bueno, ¿qué te parece si nos damos un baño para relajarnos?
Carim, mucho más alta que Hayate, la miró con una ceja levantada y una sonrisa burlona. —Lo que quieres es hacerme el amor en la ducha.
Hayate estalló en risas. —Amor, ¿puedes culparme?
Carim rio también y negó con la cabeza. —Vamos.
El viernes había llegado y el ambiente estaba cargado de expectativas. Hayate y Carim fueron recogidas puntualmente en un lujoso automóvil que las llevó directamente a los territorios Takamachi. El trayecto fue silencioso, aunque Carim aprovechó para observar cada detalle del camino. Al llegar, como era de esperarse, Signum estaba esperando para recibirlas.
La inspección protocolar no se hizo esperar, algo que Hayate ya anticipaba. Carim, sin embargo, se mostraba notablemente incómoda mientras Signum y su equipo revisaban sus pertenencias. Hayate, notando la incomodidad de su pareja, le dedicó una mirada de disculpa y un leve apretón en la mano, recordándole que ya le había advertido sobre estos procedimientos. Una vez terminado el protocolo, Signum les dio paso con un gesto firme, escoltándolas por los pasillos hacia el comedor principal.
El ambiente, tal como Hayate lo había descrito anteriormente, era una mezcla impecable de tradición y lujo. Carim miraba alrededor, fascinada por los detalles arquitectónicos y decorativos que denotaban la riqueza y la historia de los Takamachi. "Es como estar en un museo viviente," murmuró Carim a Hayate, quien asintió con una leve sonrisa, entendiendo perfectamente lo que sentía.
Al llegar al comedor principal, ambas quedaron impresionadas al ver una mesa enorme, adornada con una gran cantidad de platillos perfectamente presentados. La atención al detalle era tan impresionante como el resto de la residencia. Nanoha estaba sentada en la silla principal, con Fate a su lado. Al verlas entrar, Nanoha se levantó de inmediato y caminó hacia ellas con una sonrisa cálida y amigable.
—Hayate, bienvenida —dijo Nanoha, su tono amable y genuino mientras le daba un leve abrazo a su amiga. Luego giró hacia Carim, quien era visiblemente más alta que Hayate—. Carim, qué gusto verte nuevamente.
Carim, con su habitual elegancia, asintió con una leve sonrisa. —Opino lo mismo, Nanoha. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que te vimos.
Nanoha sonrió con un toque de nostalgia y luego miró hacia su esposa, llamándola con suavidad. —Tengo que presentarte a alguien. Fate, amor, ven.
Fate, quien hasta ese momento había estado sentada junto a la mesa, se levantó con gracia y caminó hacia ellas. —Ella es Fate, mi esposa —dijo Nanoha con evidente orgullo, sosteniéndola suavemente por la cintura—. Fate, amor, recuerdo que ya conocías a Hayate. Y ella es su novia, Carim.
Fate, con una reverencia educada, saludó a ambas con respeto. —Profesora Yagami, es un gusto volverla a ver. Y es un placer conocerla también, Carim.
Hayate rio suavemente, sintiéndose un poco más relajada al ver a Fate actuar con tanta amabilidad. —Fate-chan, ya te he dicho que no me llames profesora Yagami cuando estamos fuera de la universidad. Además, hace mucho tiempo que no nos vemos.
Fate sonrió con una leve risa. —Es una historia larga.
Nanoha, notando el ambiente relajado que se estaba formando, abrazó ligeramente la cintura de su esposa y miró a sus invitadas. —¿Por qué no mejor tomamos asiento? Así podremos hablar con más calma.
Con un gesto elegante, Nanoha las guió hacia la mesa, donde los cuatro tomaron sus lugares. La atmósfera comenzaba a llenarse de una mezcla de calidez y expectación, mientras la noche apenas empezaba.
Hayate y Carim se sentaron en la lujosa mesa, observando cómo las maids iban y venían con platos llenos de comida y aperitivos dignos de un banquete real. La cantidad de opciones era abrumadora, y el ambiente, aunque elegante, tenía un aire pesado, como si la verdadera razón de esa reunión estuviera suspendida en el aire, esperando a ser abordada. Carim, quien estaba notablemente más seria, miró a Hayate de reojo antes de desviar su atención hacia Nanoha.
—Nanoha-san —comenzó Carim con un tono firme pero educado—. Tengo entendido que vamos a hablar cosas importantes esta noche. Nos gustaría discutirlo antes de la cena, de ser posible.
Hayate abrió la boca, claramente incómoda, y trató de intervenir. —Carim, eso es de mala educación...
Pero Nanoha levantó una mano, deteniéndola. —Está bien, Hayate. Carim tiene razón —dijo Nanoha con calma, su mirada fija en la de Carim, transmitiendo tanto seriedad como una pizca de agradecimiento por su franqueza.
Carim observó detenidamente a Nanoha, evaluándola con cada palabra que dijo. —Por favor, explícanos qué es exactamente lo que necesitas, Nanoha-san.
Nanoha dejó escapar un largo suspiro, como si llevara un peso en el pecho que finalmente estaba dispuesta a compartir. Tomó la mano de Fate, buscando apoyo en ella, y luego miró directamente a Hayate y Carim. Su tono era solemne, pero su vulnerabilidad era evidente.
—Voy a heredar todo el clan Takamachi —comenzó, su voz firme pero cargada de emoción—. Como tal, seré la persona que tome las decisiones en este clan. Cada acción que tome tendrá un impacto, para bien o para mal. No puedo permitirme errores. No puedo hacerlo sola.
Nanoha dirigió su mirada a Hayate, sus ojos llenos de sinceridad. —Necesito a alguien en quien confiar plenamente, alguien que me diga cuando estoy equivocada, cuando estoy haciendo algo mal, incluso si yo no quiero escucharlo. Necesito a alguien que no tenga miedo de cuestionarme, que sea mi consejera y que esté conmigo para mantenerme en el camino correcto. Hayate, necesito que seas esa persona.
El silencio que siguió fue pesado, cargado de significado. Fate permanecía en silencio, sosteniendo la mano de Nanoha como un pilar silencioso pero sólido. Carim intercambió una mirada con Hayate, evaluando las palabras de Nanoha y sopesando las implicaciones.
Finalmente, Hayate rompió el silencio, cruzando las manos sobre la mesa y mirando a Nanoha con una mezcla de determinación y preocupación. —Nanoha, sabes que siempre he estado a tu lado, incluso cuando tú misma te alejaste. Pero esto no es solo una responsabilidad; es un desafío enorme. Lo que estás pidiendo no es fácil, ni para ti ni para quienes te rodean.
Carim añadió, en un tono medido pero directo: —Esto va más allá de la confianza. Hay riesgos, Nanoha-san, riesgos reales. Si algo sale mal, si alguna decisión tiene consecuencias negativas, ¿estás preparada para asumir la responsabilidad, no solo por ti misma, sino por todas las personas que dependen de ti?
Nanoha asintió lentamente, sus ojos serios. —Sí, lo estoy. Lo que estoy pidiendo no es algo que tome a la ligera. Lo sé. Pero confío en ustedes. Confío en que, juntas, podremos lograr algo significativo, algo que haga que todo esto valga la pena.
Hayate intercambió otra mirada con Carim, quien suspiró suavemente, como si aún estuviera evaluando todos los ángulos. Finalmente, Hayate se inclinó hacia adelante y, con un pequeño suspiro, habló.
—Necesitamos más detalles, Nanoha. No puedo darte una respuesta ahora mismo, pero estoy dispuesta a escuchar más sobre lo que tienes en mente. ¿Qué cambios necesitas hacer? ¿Qué esperas lograr? Y, lo más importante, ¿cuánto espacio tendremos para hacer las cosas a nuestra manera?
Nanoha sonrió ligeramente, un destello de esperanza iluminando su rostro. —Eso es todo lo que necesito por ahora, que estén dispuestas a considerar la idea. Les prometo que no se arrepentirán.
El ambiente se relajó un poco mientras las maids comenzaban a servir los primeros platos, pero las palabras de Nanoha seguían resonando en el aire. La conversación estaba lejos de terminar, pero al menos, por el momento, un pequeño paso había sido dado.
La conversación continuó mientras las maids comenzaban a servir los primeros platos, una exquisita selección de sushi, sashimi y tempura perfectamente elaborados. El aroma en la mesa era inigualable, pero la atención seguía centrada en la conversación. Carim tomó un sorbo de su bebida mientras Nanoha, finalmente relajándose un poco, comenzó a compartir sus ideas.
—He estado pensando en cómo modernizar algunos aspectos del clan —dijo Nanoha, con una mezcla de emoción y nerviosismo—. Quiero implementar programas educativos y de capacitación para todos los que trabajan en los territorios Takamachi. No solo sería beneficioso para ellos, sino que también fortalecería nuestra posición. Podríamos incluir áreas como tecnología, negocios e incluso idiomas.
Hayate asintió lentamente mientras consideraba sus palabras. —Eso suena razonable. Si quieres que las cosas evolucionen, necesitas una base sólida, y la educación siempre es un buen punto de partida. Pero, ¿has pensado en cómo manejarías los costos? ¿O en qué tipo de resultados esperas a corto y largo plazo?
Nanoha sonrió, algo aliviada de que Hayate no rechazara su idea. —Sí, lo he pensado. Podríamos financiarlo inicialmente con una parte de las ganancias que obtenemos de nuestras propiedades. También tengo en mente asociarme con instituciones externas, incluso con universidades, para traer programas certificados.
—Eso es interesante —comentó Hayate mientras cortaba un pequeño trozo de sashimi—. Pero si haces eso, tendrías que ser cuidadosa con las asociaciones. No puedes dejar que alguien externo al clan tenga demasiada influencia.
Nanoha asintió, tomando nota mental de la sugerencia. —Tienes razón, Hayate. Gracias. Otra cosa que quiero hacer es diversificar nuestras inversiones. No quiero que dependamos únicamente de nuestras propiedades tradicionales. Estoy pensando en invertir en energía renovable y agricultura moderna. Imagina que podríamos tener granjas verticales aquí mismo, en los territorios.
Hayate levantó una ceja, claramente intrigada. —Eso sí que no lo esperaba, Nanoha. Es una buena idea, pero también necesitas un equipo sólido que lo implemente. Esos proyectos requieren conocimiento técnico especializado.
Nanoha sonrió. —Exacto, y por eso quiero rodearme de las personas adecuadas. Tú, Hayate, eres una de esas personas. Eres inteligente, crítica y sabes cómo manejar situaciones complejas.
Carim, quien había estado escuchando en silencio, finalmente intervino. —Nanoha, todo esto suena ambicioso, pero ¿estás realmente preparada para los riesgos? Estos cambios no son algo pequeño. Podrías enfrentarte a una resistencia considerable dentro del clan.
—Lo sé, Carim —respondió Nanoha con seriedad—. Pero estoy lista para asumir esa responsabilidad. No puedo quedarme quieta y permitir que todo siga igual cuando hay tanto potencial sin aprovechar.
Hayate suspiró mientras dejaba sus palillos sobre la mesa. —Nanoha, si realmente vamos a hacer esto, voy a tener que renunciar a la universidad. Pero no puedo hacerlo inmediatamente. Al menos necesito terminar el ciclo académico, que termina en un mes. Mis estudiantes dependen de mí, y no quiero dejarlos a mitad de camino.
Nanoha asintió con comprensión, su expresión reflejando gratitud. —Por supuesto, Hayate. No tengo ningún problema con eso. Termina tus compromisos como consideres necesario. Pero, cuando aceptes, tendremos que mudarnos aquí. Es lo más seguro y práctico para poder administrar todo. Además, quiero que estés cerca. Tenerte aquí hará que la vida sea más divertida.
Hayate rió suavemente, dejando escapar un suspiro. —Si nos mudamos aquí, no puedo abandonar a Carim. Ella también tendría que venir conmigo. Eso significa que también tendrá que renunciar a su trabajo.
Nanoha rió ante el comentario, negando con la cabeza. —Eso no será un problema, Hayate. No hay restricciones. Lo que necesiten, se los daré. Quiero que ambas estén cómodas.
Hayate dejó escapar una carcajada incrédula mientras negaba con la cabeza. —Esa es una de las cosas que tendrás que cambiar, Nanoha. No puedes seguir malgastando dinero de esa forma. Si quieres que esto funcione, también tienes que aprender a administrar con moderación.
Nanoha rió junto a ella, asintiendo mientras Fate miraba la interacción con una sonrisa. La conversación continuó mientras seguían disfrutando de la comida, cada plato una obra maestra de la tradición culinaria japonesa. Aunque había mucho que discutir, el ambiente era cálido y la relación entre ellas parecía fortalecerse con cada intercambio de palabras.
Shiro Takamachi hizo su entrada al comedor, su presencia imponiendo un silencio momentáneo mientras evaluaba a los presentes. Sus ojos se fijaron en Hayate y Carim, y luego en Nanoha, su hija.
—No sabía que tenías una cena planificada para esta noche, Nanoha. Mucho menos que invitaste a alguien. ¿Por qué no fui informado? —Su tono era frío pero controlado.
Nanoha se levantó de su asiento con calma, aunque podía sentir cómo la tensión subía en el ambiente. Con un gesto, pidió disculpas a Hayate y Carim antes de dirigirse a su padre. —Papá, lo siento, pero esta cena es para discutir un asunto que solo me concierne a mí. Hayate está aquí porque estoy considerando contratarla como mi consejera personal.
Shiro levantó una ceja con evidente escepticismo. —¿Tu amiga? ¿La profesora de historia? —Su tono mostraba incredulidad—. Hay personas mucho más preparadas para ese puesto, Nanoha. Personas con años de experiencia en administración y manejo de clanes.
Nanoha intentó interrumpir, pero Shiro continuó, mirando directamente a Hayate. —Espero que no se ofenda, señorita Yagami. No es algo personal, simplemente es un hecho.
Hayate negó con la cabeza, manteniendo la compostura. —No hay problema, señor Takamachi. Tiene razón, mi experiencia no es comparable a la de alguien que haya trabajado específicamente en este tipo de roles.
Nanoha dio un paso al frente, enfrentándose a la mirada crítica de su padre. —Puede que tengas razón, papá, pero aquí no se trata solo de experiencia. Se trata de confianza. Confío en Hayate más que en cualquier extraño con un currículum impecable. Y ahora mismo, necesito a alguien en quien confiar plenamente, no a alguien que venga con intenciones que no puedo prever.
Shiro desvió la mirada hacia Hayate y luego volvió a Nanoha, su expresión endureciéndose. —Eso suena a una decisión basada en emociones, no en razones. Estás dejando que tus sentimientos nublen tu juicio. Tienes que pensar en lo que es mejor para el clan, no solo en lo que te hace sentir cómoda.
Nanoha apretó los puños, pero mantuvo la calma. —Estoy pensando en lo mejor para el clan, papá. Y por eso no tomé esta decisión de manera apresurada. Estoy siendo cuidadosa. Si no te invité a esta cena, es porque necesitaba aclarar ciertas cosas primero, antes de tomar cualquier decisión definitiva.
La tensión entre ambos se intensificó, mientras se miraban fijamente. Shiro parecía medir cada palabra de su hija, evaluando si lo que decía tenía peso. Finalmente, rompió el silencio con un seco:
—Muy bien. Haz lo que creas conveniente. —Sin embargo, su tono dejaba claro que no estaba completamente convencido. Dio media vuelta y salió del comedor, dejando tras de sí un ambiente cargado.
Nanoha dejó escapar un suspiro, sintiendo cómo la tensión abandonaba su cuerpo. Se volvió hacia Hayate y Carim, con una pequeña sonrisa que apenas ocultaba el cansancio. —¿Ven? Esto es exactamente por lo que necesito gente como tú, Hayate. Necesito a alguien en quien confiar, alguien que me ayude a pensar con claridad.
Hayate, apoyando su rostro en sus manos, sonrió ligeramente, aunque sus ojos mostraban preocupación. —Es como los antiguos imperios, Nanoha. Las guerras civiles internas, esas tensiones entre generaciones, son las que terminan destruyéndolos. Si quieres que este "imperio" no colapse, tendrás que aprender a manejar esas diferencias con tu padre sin romper los lazos.
Nanoha asintió, agradecida por las palabras de su amiga, mientras Carim miraba la interacción con interés. La cena continuó, pero las palabras de Hayate quedaron resonando en el aire, como un recordatorio de la responsabilidad que Nanoha cargaba sobre sus hombros.
La cena había concluido, y el grupo caminaba hacia la entrada principal. Nanoha y Fate acompañaban a Hayate y Carim hasta el lujoso auto que las esperaba. El ambiente estaba tranquilo, con una brisa suave que ayudaba a despejar la mente tras la intensa conversación en la mesa.
—Bueno, tengo que admitir que la cena fue divertida. Deberíamos repetirlo algún día, ¿no crees? —comentó Hayate con una ligera sonrisa mientras miraba a Nanoha.
Nanoha soltó una risa suave, relajándose un poco. —Si vienes a vivir aquí, Hayate, eso puede hacerse todas las veces que quieras. No necesitaríamos excusas para cenar juntas.
Hayate rió entre dientes, pero antes de abrir la puerta del auto, se giró hacia Nanoha con una expresión más seria. —Nanoha, siendo realista, si acepto ayudarte, nosotras dos solas no podremos manejar todo. Lo que dijo Shiro tiene algo de verdad: necesitamos gente preparada.
Nanoha asintió, aceptando la verdad en las palabras de su amiga. —Lo sé, pero, ¿por dónde empezar? —preguntó, genuinamente interesada.
Hayate respiró hondo, con esa chispa de lógica que siempre aportaba. —Primero que nada, necesitas a alguien que te ayude a organizarte. Sin una buena secretaria, vamos a estar perdidas. Este tipo de administración, especialmente a nivel de un clan, requiere alguien que mantenga todo en orden: calendarios, reuniones, documentación... Ya sabes, todo eso.
Nanoha levantó una ceja, interesada. —Tienes razón. Pero, ¿tienes a alguien en mente?
Hayate dejó escapar una risa ligera y lanzó una mirada significativa a Nanoha. —Oh, claro que sí. Tú también la conoces. De hecho, ambas la conocemos muy bien.
Nanoha la miró con una mezcla de intriga y sospecha, hasta que cayó en cuenta. —¿Mizuki? —preguntó, sorprendida.
Hayate asintió, divertida. —Exactamente. Mizuki sería perfecta. Es eficiente, organizada, tiene experiencia, y, lo más importante, sabe cómo lidiar con personalidades difíciles sin perder los estribos.
Nanoha frunció el ceño ligeramente. —Pero Mizuki está trabajando para Hinode Coffee Traders. Es parte importante del equipo allí.
—Sí, lo sé. Pero recuerda que las empresas "roban" talentos todo el tiempo. Solo depende de qué tan buena seas para convencerla. —Hayate hizo una pausa y añadió—. Además, una secretaria competente como ella puede ser la columna vertebral de esta operación. Si quieres que esto funcione, Nanoha, necesitas una base sólida, y Mizuki puede darte justo eso.
Nanoha cruzó los brazos, meditando la propuesta. —De acuerdo, tienes razón. Hablaré con Mizuki. Si alguien puede ayudarnos a mantener todo en orden, es ella.
Hayate sonrió, satisfecha con la decisión. Luego se giró hacia Fate para despedirse. —Fue un gusto verte, Fate-chan. Deberíamos ponernos al día en algún momento.
Fate le devolvió la sonrisa con calidez. —Claro, Hayate. Estaré esperando.
Finalmente, Hayate miró a Nanoha, con una mezcla de seriedad y diversión. —Buena suerte con Mizuki. Y, Nanoha, recuerda algo importante: no intentes cargarlo todo sola. Aprende a delegar. Es el primer paso para que esto funcione.
Nanoha asintió, agradecida. —Gracias, Hayate. Nos vemos pronto.
Hayate subió al auto junto con Carim. Antes de que se pusiera en marcha, hizo un gesto juguetón hacia Nanoha. —Te quiero ver luchando, "Lady Nanoha". Pero esta vez, con algo de ayuda.
El auto se alejó, dejando a Nanoha y Fate en la entrada, observando cómo sus amigas se marchaban. Nanoha suspiró y luego miró a Fate con una leve sonrisa. Sabía que lo que Hayate había dicho era cierto: este era solo el inicio de un largo y desafiante camino, pero al menos, no tendría que recorrerlo sola.
