Hung Up II
7.
No sé la razón, pero días antes de la fiesta de Ino, comencé a dudar en ir. Era como una especie de mal presentimiento. Pero ya sabía cómo era ella; si yo le llegaba a decir que no iba a ir, era capaz de pegarse al techo como la niña del exorcista. Así que los días antes de aquel evento, me hice la idea de que la pasaría genial y punto. Además, irían varios de mis compañeros de la universidad, los cuales no veía hace varios años. Entre esos estaba mi querido Naruto Uzumaki. Vivía en Osaka hace dos años, pero por temas de ayudar a su padre con la empresa de la familia tuvo que irse, y admito que esto me dolió mucho. Fue difícil separarme de mi mejor amigo y conformarme con videollamadas por internet; no era lo mismo. En el tiempo en que se fue, yo estaba comenzando mis prácticas como médico, por lo que fue complicado adaptarme. Posteriormente ocurrió el rompimiento con Sasuke y, en las ocasiones en las que recordaba el dolor atravesado, no podía creer cuán fuerte yo era. Pero si era tan fuerte, ¿por qué no podía asimilar la idea de que mi relación con Kakashi terminase? Es posible que cuanto más quieras algo, esto se aleje con mucha más facilidad. Comenzaba a creer que no era sano lo que sentía por él.
Respecto al regreso de Itachi a Tokio, me comuniqué con él al día siguiente que supe lo de su relación con Ino; quería apoyarlo y hacerle saber que pronto encontraría un trabajo mejor.
—Itachi, estoy segura de que acá en Tokio encontrarás algo mejor. Eres excelente. —Le intenté consolar por llamada.
—Gracias, querida. Eso espero, mi padre me está recomendando en diferentes bufetes de Tokio, e incluso con colegas fuera de la ciudad. Algo surgirá. —Aseguro tranquilamente. Me alegré por él. —¿Cómo estás tú? ¿Cómo te trata la vida en el hospital? —preguntó curioso. Respiré hondo; creo que era hora de contarle sobre mi relación con Kakashi.
—Pues…los últimos meses han sido hermosos. Estoy saliendo con alguien. —Comente con algo de timidez.
—¿De verdad? ¿Quién es el afortunado, cerezo rebelde? —pregunto, llamándome por ese tonto apodo que me había puesto desde que éramos unos niños. Sonreí ampliamente.
—Kakashi Hatake. —Revele, esperando que su respuesta fuera positiva. Hubo un corto silencio; no sé qué cara habría puesto, pero por su respuesta, fue de absoluto descontento.
—¿Kakashi? ¿El que era profesor en la universidad de Sasuke?
—Así es…
—Kakashi es un genio, Sakura, sabes que lo respeto. Pero… ¿No es muy mayor para ti? —sentí una punzada en mi corazón. No, para mí no era muy mayor. Para mí era el hombre que había estado esperando por tanto tiempo.
—¿Qué son catorce años? —dije con dolor en mi voz.
—Sakura, tengo treinta años, sé de lo que te hablo. Los hombres a veces somos…
No quería escuchar lo que iba a decir.
—¿Son qué, Itachi? ¿Unos idiotas como Sasuke? —exclamé con rabia. Itachi se quedó callado unos segundos.
—Eres tan joven, tan hermosa. No quiero que te vuelvan a dañar mi cerezo rebelde. —Me dolían sus palabras, pero sentía que realmente se preocupaba por mí.
—¿Soy aún una niña? —le pregunté con lágrimas en los ojos.
—No, en lo absoluto. Eres toda una mujer. —Admitió. —Pero el que salgas con alguien tan inteligente y codiciado por las mujeres como Kakashi, me parece peligroso, Sakura. Bufé fastidiada.
—¿Peligroso por qué? —Chillé con enojo. —¿Acaso van a venir a mi casa sus exnovias y me van a golpear?
—No estoy diciendo eso. El tema aquí es que él también trabaja contigo. Eso supone un peligro para el puesto de ambos. —Aseveró, y tenía razón. Fue de las primeras cosas que pensé antes de involucrarme en este embrollo.
—Lo sé, Itachi, yo en un principio no quería involucrarme en esta relación. Pero finalmente cedí porque me gusta, me atrae y, lo más importante, me hace sentir bien, no imaginas cuánto… —Pareció comprender.
—Me alegra que Kakashi te haga feliz. —dijo finalmente. —Pero, por favor, no sufras por amarlo. Yo te vi sufrir por Sasuke incontables veces, Sakura. —Me sentí mal con sus palabras. ¿Qué daño me podía hacer Kakashi? ¿Podía llegar a amarlo demasiado como amé a Sasuke? Estoy completamente segura de que sí. Intenté zanjar el tema con un suspiro.
—¿Cómo fue que terminaste saliendo con Ino? —Itachi soltó una carcajada.
—Ah, ya lo sabes. —Le dije que sí, esperando que me lo contara desde su punto de vista. Ino ya me había contado todo, pero ahora quería conocer su versión de los hechos. —Bueno, tu amiga me escribió por Instagram, y yo no suelo hablar mucho por ahí. —Escuche atentamente, anhelaba tener un tazón de palomitas conmigo. —Decidí contestarle porque esos días publico unas fotos donde se veía hermosa, así que me llamó la atención. Ino es una chica muy inteligente. —Declaro y reñí contenta, dando pequeños brinquitos en mi cama.
—¿Ves? No sé por qué la mayoría de la gente cree que es la típica rubia tonta. —Exprese disgustada. —Qué bueno que te diste cuenta de eso.
—Sí, ya salimos un par de veces. Yo no quería que supieras de mi llegada a Tokio hasta el día de la fiesta que ella está organizando; quería caerte de sorpresa, cerezo rebelde. —dijo divertido. Fruncí mis labios; me pareció tan tierno.
—Está bien, ya no tengo razón para enojarme contigo.
Después de lo ocurrido con Kakashi, necesité hablar con Hinata y darle una explicación. La invité a almorzar y ella aceptó, con algo de nervios, quizá recordando el incómodo suceso. Fuimos a un pequeño restaurante que quedaba a unos quince minutos del hospital. Era mediodía, lloviznaba un poco, pero no nos importó. Después de una fatigosa mañana, era necesario estirar un poco las piernas y comer algo casero.
—Hinata-chan, lo ocurrido la otra vez, de verdad… —Comencé con las manos juntas mientras esperábamos que nos trajeran los bentos.
—No, Sakura-chan, yo entiendo. Admito que fue algo extraño verte en esa situación, porque eres mi amiga. —Se llevó una mano al pecho. —Sin embargo…lamento haber hurgado sin querer en tu privacidad. Me disculpo. —Acto seguido se levantó, y cabizbaja me hizo una reverencia en señal de disculpa. Sonreí nerviosa.
—Hinata-chan, por favor, no hagas eso. La que se tiene que disculpar soy yo. —Me señale a mi misma con un dedo. —Eso que hice puede poner en peligro mi trabajo y el de Kakashi. Te pido que, por favor, no lo comentes con nadie. —Le supliqué con una expresión de preocupación. Hinata me miró igual de preocupada.
—Tranquila, no lo haré.
Una chica muy joven nos trajo los bentos. Hinata y yo los abrimos. Los olimos gustosas y comenzamos a comer.
—No sabía que el hombre del que me hablaste la otra vez era Kakashi-sama. Él parece ser un buen tipo. —Afirmo sonriendo dulcemente. Yo le correspondí con otra sonrisa.
—Así es, él es el hombre del que te hablé. Llevamos saliendo poco más de tres meses. —Le comenté en confianza.
—Ya veo. —Sopló el humeante salmón que estaba a punto de llevarse a la boca. —Lo que te dije sobre Genma, olvídalo. Espero no haber sembrado miedo en ti. Kakashi-sama es un buen hombre, muy codiciado por las chicas, eso sí. Pero siempre noté que tú le gustabas, Sakura-chan. —Aseguro, yo no me esperaba que dijera eso.
—¿De verdad? ¿Por qué lo dices? —pregunté, revolviendo el natto en mi bento.
—Porque, desde la universidad, noté cómo te miraba. E incluso, me sorprendía cómo se enfrentaban él y tu exnovio. Siempre me pareció extraño, pero supe que él debía sentir algo por ti. —La miré sorprendida. Yo estaba demasiado ciega por Sasuke, es verdad.
—No sé qué decirte. —Y era cierto, no sabía.
—Kakashi-sama es buen partido, Sakura-chan. —Me sorprendían las palabras de la pelinegra; esperaba que me regañase por mis decisiones apresuradas, que me dijera lo mismo que ya me había dicho Itachi.
—¿Tú crees que sea capaz de romperme el corazón? —Mis preguntas a veces podían poner de los nervios a la gente, pero para mí siempre era necesario asegurarse. Podía deberse a la autoestima que a veces me faltaba, de pronto debido a las heridas del pasado o al acoso que sufrí de niña. Siempre queda algo de eso.
—Es un hombre que te lleva muchos años; es hasta mayor que Genma. —Ese dato me puso ansiosa. —Es probable que ya no le apetezca seguir buscando a la mujer de su vida y haya decidido quedarse contigo. —Sus palabras sonaban lógicas. —Mas, sin embargo, como te dije la última vez que hablamos del tema, no creas que es tuyo. —Mis ojos se abrieron más y casi me atraganto con el natto. —Entre más te aferres a la idea de que es el hombre de tu vida, más sufrirás. Somos muy jóvenes, Sakura-chan. —Maldita sea, Hinata, ¿por qué me haces esto? Aun así, había sabiduría en lo que decía.
—Eso lo tengo claro. —Dije seria. —Tengo solo veinticuatro años. —Hinata asintió y se llevó a la boca otro bocado de pescado.
—Por cierto, ¿irás a la fiesta de Ino? —le pregunté, cambiando de tema. La mirada de Hinata me desconcertó de la nada. Arrugó la frente y las comisuras de sus labios, curvadas hacia abajo, me hacían pensar que algo andaba mal.
—No, Sakura-chan, no voy a ir... —Me pareció extraño que no fuera, ¿no iba a ver a Naruto? Llevaban ya casi dos años de relación a distancia; ella insistió en no terminar pese a las nuevas circunstancias de su noviazgo y ahora, ¿no pretendía verlo después de tanto tiempo?
—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?! —Me llevé las manos a la cabeza. —Naruto viene, Hinata, eso lo sabes, ¿cierto? —quise saber. A la pelinegra no se le daban bien los eventos sociales por su timidez, así que lo atribuí a eso. Pero su rostro ensombrecido por la tristeza me decía que algo se había jodido.
—No, no quiero… —dijo llevándose las manos a los ojos, cubriéndolos y ocultando sus repentinas lágrimas. ¿Qué habría pasado?
—¿Pasó algo malo, Hinata-chan? —le pregunté intranquila. Dejé los palillos dentro del bento y me levanté para abrazarla; lloraba sin parar.
—Naruto-kun, lo amo tanto, pero no puedo verlo...
—¿Pero por qué? ¿Pasó algo malo? —insistí angustiada por verla así.
—No puedo decírtelo, me juzgarías…
—¿Qué? ¿Por qué te voy a juzgar, Hinata-chan? Ya me viste acosando sexualmente a Kakashi, ¿qué puede ser peor que eso? —Exactamente, ¿qué podía ser peor? Pensé, riéndome por dentro. Pero tenía un mal presentimiento. Hinata podía ser tímida, retraída y hasta pecaba de ser demasiado buena, por eso me extrañaban sus reacciones.
—Cometí un error que él jamás me perdonaría. Le fui infiel… —Sollozó abatida, mirándome con la cara roja y repleta de lágrimas. Abrí mi boca lentamente. Parecía que era algo que llevaba rato conteniendo dentro de ella.
Todo lo que para mí representaba Hinata se vio destrozado con esa sola confesión. La enorme sonrisa de mi mejor amigo alumbró mi mente y sentí un miedo terrible; quería sacudirla y reclamarle el porqué había hecho eso, pero no me correspondía, era un problema de pareja ajeno a mí. El único que podía tomar la decisión de perdonarla o dejarla era Naruto, y eso significaba que yo siempre estaría con él. No importaba si Hinata era mi amiga y compañera de trabajo; yo por Naruto iba hasta el fin del mundo.
—Hinata… —Musite, deshaciendo lentamente el abrazo. —Naruto te ama… ¿Por qué le hiciste eso? —le reclamé consternada, aun de pie. Hinata sollozó, golpeándose repetidamente el rostro; la detuve con una mano.
—Me siento sola… —susurró mirando el piso; una de mis manos sostenía con fuerza una de las suyas.
—No quiero ser yo quien se lo cuente, por favor, dile la verdad. —Le solicité soltando su mano, notando que recuperaba la compostura. —Hazlo, díselo a la cara.
Hinata me miró a los ojos, sorprendida por mi actitud. ¿Esperaba que la consolara por hacerle eso a mi mejor amigo?
—No podría…no podría destruirlo así. —Miro detrás mío. Había gente observándonos. —Vámonos de aquí. —Me suplicó, tragando saliva.
No pude seguir viéndola llorar. Imaginarme a Naruto hecho trizas por esto solo podía partirme el corazón.
—Habla con Naruto, Hinata, por favor. Sabes que él no se merece esto… —Le pedí, y como acto final, fui a pagar mi cuenta. Afuera seguía lloviznando. Ella se quedó sola en el restaurante, con la cabeza sobre la mesa, destruyéndose poco a poco.
Qué extraño es enamorarse. Uno actúa como un completo idiota y, además de eso, cree fervientemente que eso está bien. Cuando pensaba en Kakashi, mi corazón cantaba; quería darle todo lo que tenía a mi alcance para hacerlo feliz. Recuerdo que una vez le compré el perfume con olor a sandía que él solía usar, ya que había notado que se le estaba terminando. Recibió mi regalo con sorpresa y admiración.
—No esperaba que me dieras esto, Sakura, me siento muy halagado. —Confeso, sonrojado. Me sentí satisfecha cuando lo vi aplicársela en el cuello.
—Yo por ti haría cualquier cosa. —Le dije igual o peor de sonrojada. —Te quiero tanto, Kakashi. —Lo abracé profundamente, él me recibió y quise llorar.
—Te adoro, Sakura. Me haces muy feliz. —Beso mi cien. A decir verdad, Kakashi siempre recibía mi cariño con gusto, nunca se molestaba y eso que a veces yo misma me daba miedo. Mi intensidad rozaba la obsesión, porque sin que me lo pidiese, le llevaba su comida favorita al hospital, le llevaba dulces en cada visita a su casa y hasta le había comprado una cámara fotográfica, algo que él siempre había querido. ¿Que cómo lo supe? Anko lo dijo en uno de esos almuerzos a los que íbamos con Sasori. Estábamos hablando de lo que hubiéramos querido hacer si no nos hubiésemos convertido en médicos. Kakashi no estaba presente.
—A Kakashi siempre le gustó la fotografía. —dijo la ex de Kakashi, sirviéndose una botella de Ramune en un vaso de vidrio. —No se convirtió en fotógrafo porque eso no da dinero aquí en Tokio. —Le dio un sorbo a la soda. —Además, ¿Kakashi de fotógrafo? Él da para más que eso, por algo es el jefe de todos los que estamos aquí presentes. —Todos nos miramos con complicidad ante la afirmación de Anko, que, si bien era cierta, a varios nos pareció chistosa.
—¿Fotografía? —replicó Sasori sirviéndose sake. —Vaya tontería… —Rodé los ojos ante tal expresión.
—Pero Sasori, si a ti siempre te gustaron esos espectáculos de marionetas, ¿eso no es aún más tonto? —le dijo ácidamente Mei. Estos siempre discutían y a mí me entretenía. El rostro de Sasori se tiñó de rojo.
—No digas tonterías, Terumi, a ti te van los juegos de azar y eso no es nada de lo que enorgullecerse. —Ataco el pelirrojo con una sonrisa ladina. Mei lo miró de mala manera.
—Yo hubiera sido una grandiosa chef de dango, nee, ¿Sasori-kun? —dijo afectuosamente Anko, con dos estrellitas en sus ojos. El aludido tenía una gran gota de sudor en su frente.
—¿A qué te hubieras dedicado tú, Sakura-san? —preguntó Mei interesada. Esa pregunta sí que podía cambiar mi manera de ver la vida hasta el momento. Rememoré las cosas que me gustaban de niña; casi todas tenían que ver con estudiar y memorizar como una loca para los exámenes; sin embargo, había una sola cosa que me relajaba y que siempre me había dado pena hacer.
—Tal vez me hubiese dedicado al ballet folclórico, Mei-san. —Debele con las mejillas rosadas, ya que todos me miraban con atención. Anko y Mei me miraron sin poderlo creer.
—¿Eh? ¿Ballet? Yo que pensé que dirías algo como científica o bióloga, Sakura-san. —dijo Mei, al parecer algo decepcionada por mi revelación.
Sasori rió con ironía.
—Eso es…interesante.
Así que sí, le regalé una cámara fotográfica a mi ahora novio y no me importó llegar mal a fin de mes con tal de hacerlo feliz. Un sábado en su habitación, después de ir a almorzar, le dije que lo sorprendería. El muy pervertido, pensó que le enseñaría alguna nueva maniobra sexual que tenía en mente, pero grande fue su sorpresa cuando abrió la caja. Enmudeció por unos segundos, para luego rechazarme.
—Sakura, no podría recibirte esto… —me dijo cuando se la entregué.
—¿Por qué no? —le dije haciendo un puchero. Kakashi me miró con una sonrisa nerviosa.
—Linda, esto es muy costoso. No quiero que te quedes sin dinero por…mi culpa. —dijo sosteniendo la cámara a una altura considerable y detallando su lente.
—No ha sido gran problema, cariño, quiero que seas feliz. —Le dije, sosteniendo una de sus manos.
—¿Segura? —me pregunto mirándome serio.
—Te lo prometo. —Levanté mi dedo meñique.
—Por lo menos déjame recompensártelo. —Dijo sacando su billetera del bolsillo de su pantalón; me extendió una suma de dinero considerable. —Esta cámara toma fotos hermosas y siempre quise tener una. —No dejaba de detallar el aparato. —Toma este dinero, Sakura, por favor. —Me ofendí.
—No lo recibiré, es un regalo de mi parte. —Lo rechacé. —Además, ahora podremos tomar un montón de fotos de nuestros paseos, ¿no te parece genial? —le dije emocionada. Los ojos le brillaron.
—Se me acaba de ocurrir una idea. —dijo repentinamente. Se levantó de la cama en la que estábamos y desapareció de la habitación. Lo esperé atenta; las sorpresas de Kakashi siempre podían ser agradables.
Cuando volvió a aparecer, sostenía una caja de color blanco; me la extendió con una sonrisa enorme. Lo miré confundida.
—¿Qué es esto? —pregunté recibiéndola. La abrí en la cama y comprendí que era un vestido, del color del verde de mis ojos. Tuve un déjà vu inmediato.
—¿Es acaso…? —Kakashi reía.
—Póntelo. —Me pidió, mordiéndose el labio inferior. Oh, Dios…Era un vestido que habíamos visto en una tienda de Sapporo; cuando lo vi, me enamoré de inmediato. Tenerlo en mis manos era como un sueño hecho realidad.
—Dios, ¿cómo supiste? —le pregunté tapándome la boca, conteniendo un sollozo.
—Sé leer tus miradas, tus movimientos… —Revelo acercándose lentamente a mí. —Además pensé, ¿no se vería Sakura muy guapa en ese vestido? Seguro que sí. —Revise los detalles del vestido con atención; estaban tan bien hechos que pensé… ¿No costaría una fortuna un vestido como este?
—Iba a dártelo al final del mes, agradeciéndote los meses que llevamos juntos. Pero creo que hoy es el momento indicado. —Expreso, llevándose una mano detrás de su cabeza. Estaba anonadada.
—Bésame. —Le rogué. Él se abalanzó hacia mí y me besó apasionadamente.
—Ponte el vestido Sakura; quiero estrenar la cámara que me diste. —Dijo, encendiéndola y oprimiendo varios botones, indicando que estaba programándola. Me desnudé y entré en el vestido con entusiasmo; se ceñía perfectamente a mi figura. No era muy largo, más bien llegaba hasta mis rodillas y tenía un escote asimétrico, develando parte de mi hombro derecho. Kakashi me miró encantado y comenzó a acomodarme a su gusto para que posara.
—Intenta sonreír; tus hombros lucen bien si miras de esta manera. —Decía mientras intentaba simular lo que quería capturar. Obedecí y me puse de perfil, haciendo que mi hombro fuera la principal atracción de la foto. Miré de soslayo hacia aquel estante con portarretratos y no pude evitar preguntarme por el paradero de aquella mujer castaña que posaba en esa foto. Mi novio tomó un par de fotografías y cuando estuvo contento con el resultado, me las enseñó. Nunca había lucido tan hermosa en una foto que me hubiesen tomado.
—Quiero que cuando nos desocupemos del trabajo, vayamos al parque. Quiero probar cómo te verías rodeada de flores de cerezo. —El parque de Ueno, las flores de cerezo, Kakashi y yo. Él, emocionado por su nueva cámara, y yo, la modelo, su musa. Su única musa.
—Me encantaría…
Kakashi no pudo ir a la fiesta de Ino. Dijo que tenía que resolver unos asuntos fuera de la ciudad, así que tuve que ir sola. Me entristeció esto, pero quizá con la compañía de Naruto e Itachi estos sentimientos desaparecerían. La fiesta se iba a llevar a cabo en el jardín de la casa de Ino, uno bastante grande y lleno de hermosos arbustos cargados de flores en plena primavera, era el ambiente ideal para compartir una velada de ensueño. Sí que había sido una idea genial por parte de la rubia.
Llegué a las seis de la tarde, fui con unos jeans de color claro y una blusa de manga larga de color naranja. El sol comenzaba a esconderse, dando lugar a la hora dorada, ideal para tomar fotos. Pensé en Kakashi. Cautivada, observé el contraste entre los árboles y el dorado cielo; no podía ser más bello y digno de ser fotografiado por los oscuros ojos de quien por esos días compartía mi felicidad.
—Sakura… luces hermosa. —dijo alguien detrás mío. Me di la vuelta lentamente; era Itachi, que sostenía una copa de vino en sus manos. Sonreí. Finalmente me encontraba con él. Quería verlo interactuar con mi amiga; el asunto de que salían seguía sorprendiéndome.
—¡Itachi! —dije sobresaltada por su inesperada aparición. Vestía casi siempre de negro; era definitivamente su color. Llevaba una camisa de manga larga que le quedaba de maravilla y su cabello largo estaba suelto. Extrañamente, su semblante lucía más tranquilo que de costumbre, despojado de aquella dureza característica.
—¿No me abrazarás, cerezo rebelde? —Conmovida, corrí hacia sus brazos, que se extendían ante mí; estaba en casa. Estaba con la gente que me amaba de verdad. —Naruto está por aquí cerca, vayamos a saludarlo. —Me dijo. Lo seguí emocionada hasta el minibar, en el que estaban Shikamaru, Kiba, Chouji y mi querido Naruto, que lucía más guapo desde la última vez que lo vi. Se dio la vuelta y, al verme, corrió a abrazarme.
—¡Sakura-chan! —Su agresivo cariño, sin querer lastimarme, me hizo sentir la más afortunada. Lo abracé con fuerza y solté un par de lagrimillas, las cuales Itachi vio.
—Te quiero tanto, Naruto. —Susurré, tragando saliva para que no me escuchara llorar. El rubio besó mi frente y comenzó a reír zorrunamente.
—¡Sakura, no te pongas a llorar! —exclamó llevándose una mano detrás de la cabeza. Shikamaru e Ino se comenzaron a reír. Chouji comía carne ensartada en un pincho, sin prestarnos mucha atención. Kiba silbaba eufórico. Uno a uno los saludé, e Ino comenzó a servirnos alcohol. Ino se veía divina en su vestido color lila; parecía una verdadera diosa griega con aquel centillo dorado. Itachi la rodeó por la cintura y se dieron un tierno beso en los labios; todos aplaudimos e hicimos la debida algarabía por tan icónico momento.
Cerca de las siete, el resto de los invitados fueron llegando. Deidara, el tipo rubio que solía coquetearme desde el inicio de la universidad, había llegado en compañía de una chica mucho más alta que él y de cabello rosa. Ino se me quedó viendo cuando vio eso. Ambas nos comenzamos a reír escandalosamente. Después llegó Hidan, amigo de Itachi, con quien comenzó a hablar casi inmediatamente que llegó. Ino seguía sirviendo alcohol y ya muchos comenzaban a enloquecerse. La música la colocaba Shikamaru, que compartía un romántico momento con Temari, su novia, que había llegado hace pocos minutos. A las ocho llegaron los otros miembros de Akatsuki: Konan y Yahiko, que eran una pareja ya casada, y por último Kakuzu, un sujeto que nos llevaba a todos como veinte años, pero que se conservaba joven y lozano. Todo el tiempo estuve charlando y bailando con Naruto, que en cierto momento me preguntó por Hinata, haciéndosele extraña su ausencia. Me sentí fatal.
—No lo sé, Naruto, tal vez deberías probar buscándola en su casa. —Le invité con un tono mordaz. No supe si Naruto lo notó, pero cuando le dije eso, me cambió el tema, preguntó por mis padres y yo pregunté por los suyos. Sostenidos de la mano, como dos hermanos inseparables, me cargó por todo el jardín y yo protestaba para que me bajara, riendo. Trepada en sus hombros, me llevó hacia la barbacoa que preparaba Chouji en compañía de Kiba.
Era poco más de la medianoche y decidí ir al minibar a tomar algo más fuerte. Ino bailaba con Shikamaru, se escuchaba música de los Black Eyed Peas y me pareció divertido ver cómo Itachi e Hidan eran arrastrados al jardín del baile por mi amiga rubia. Tomé una de las pocas copas limpias que quedaban y me serví ginebra. Había una botella de whisky por la mitad, una de vino rojo y otras tres vacías de sake; quizá sería buena idea ir a por más alcohol o tal vez no. Lo positivo era que el domingo apenas iniciaba, así que podíamos divertirnos un poco más. Cuando Hey Mama terminó, Ino convocó a un pequeño círculo y nos sentamos varios a hablar.
—Chicos, sé que es tarde y todos estamos malditamente borrachos, pero quiero hacer un brindis por alguien muy especial. —dijo levantando su copa de vino, mirando directamente a su romance que estaba junto a Hidan. La mayoría estaba lo suficientemente mareado como para hacer el brindis con cualquier cosa que tuviesen a la mano. Miré a Itachi y este estaba sonrojado y apenado, poco acostumbrado a este tipo de cosas, entendiendo lo extrovertida que era Ino. Era cuestión de que se acostumbrara.
—¡Woohoo! Ese es mi muchacho. —Canturreo Hidan, revolviendo los cabellos del pelinegro.
Todos aplaudimos como unos dementes; de repente comenzó una canción que me gustaba mucho y eso me puso a bailar como si toda mi vida me hubiese dedicado a ello. Jalé a Naruto que estaba sentado en el césped y comencé a contonearme muy cerca de él, de manera atrevida y sexy. Todos comenzaron a aplaudir al ritmo de la música y esto provocó que Deidara, que estaba bastante tímido desde que la velada había iniciado, sacara a bailar a la chica pelirrosa. Temari se unió al baile, bailando sola, provocando que Shikamaru rodara los ojos, fastidiado.
—Every little thing that you say or do… —Canturreé con Ino que imitaba cada uno de mis movimientos; comenzamos a bailar una desincronizada coreografía que hizo carcajear a Itachi. Hidan se nos unió, así que ahora hacíamos el coro los tres. Shikamaru nos miraba con pena ajena.
—¿ABBA? Pensé que eso ya había pasado de moda hace años. —Comentó Shikamaru alzando una ceja. Temari se le acercó seductora y le arrebató la copa de las manos.
—Eso no es ABBA, tonto, es Madonna. ¡Actualízate! —Acto seguido le dio un coscorrón y el chico musitó algo como un: Qué fastidio. Me reí ante el regaño de Temari.
—¡I'm fed up! —cantó mi rubia amiga, extendiéndome un micrófono imaginario.
—¡I'm tired of waiting on you! — Le seguí la letra y Naruto me cargó en sus hombros. Chouji, que venía de comerse el último pedazo de la barbacoa, rompió un proyectil de confeti que embadurnó de pequeños papeles coloridos el jardín de Ino. Oh Dios, creo que alguien se enojaría. El confetti cayó sobre la ropa de todos los borrachos que bailábamos. Pero a la rubia que bailaba como loca, es decir, Ino, no podía importarle menos, ya le ayudaría a recoger el desastre por la mañana. Yahiko y Konan, que habían desaparecido por un largo rato, regresaron tomados de la mano y comenzaron a charlar con Hidan e Itachi, recordando viejos tiempos, quizá. Kakuzu ya se había ido, posiblemente hastiado por el ambiente juvenil.
Seguimos bailando hasta el piso, hasta que la canción acabó. Ino me dijo algo que me pareció gracioso a la vez que picante.
—¿Viste a esos dos? —Me susurró al oído. —Quién sabe dónde estarían; espero que no me hayan desorganizado mi lecho de amor con Itachi. —dijo dramáticamente, refiriéndose a Konan y Yahiko.
—No seas malpensada, quizá se fueron a fumar o yo qué sé. —Intenté convencerla para no crear rumores tontos. Hidan apareció detrás de nosotros y nos abrazó; el olor a alcohol que su aliento emanaba era insoportable.
—Chicas, chicas, qué bien bailan ustedes dos. —Ino y yo nos miramos asqueadas. —Deberían venir a mi academia de baile de salsa. Les doy clases gratis solo por ser ustedes. —Nos intentó convidar de manera coqueta. Ino se soltó de su agarre delicadamente y me tomó la mano.
—Hidan, querido, ve a lavarte los dientes, por favor. —Le pidió Ino con un tono pasivo-agresivo. Quise reír, pero me pareció grosero; lo bueno era que el tipo estaba tan borracho que ni se ofendió. Aunque aquellas clases de salsa sonaban interesantes, podía ser una mentira para tratar de ligar con nosotras.
Itachi apareció frente a nosotros y tomó a Hidan de los hombros, alejándolo gentilmente.
—No le hagan caso, a veces inventa que tiene una academia de salsa. —Tal y como me lo imaginaba… ¡Qué ingenua!
La música que se reproducía en el jardín era más calmada; parecía ser ese tipo de canciones que usa la gente para ponerse sexy y borracho en casa. No le vi el problema, así que me senté en el césped, exhausta pero apreciando el momento que estaba aconteciendo. Ino me regaló una copa de sake; la bebí sin contemplaciones, en calma. El problema comenzó cuando lo que parecía ser el jardín del Edén se transformó en el jardín de las desgracias. La primera señal fue la repentina desaparición de Naruto; era raro, porque siempre estaba acompañándome. Me levanté para buscarlo; debía estar en el baño o sirviéndose más alcohol, pero no lo ubiqué. La segunda señal fue el sonido de un vaso siendo arrojado al piso, y el sonido del cristal rompiéndose, taladrándome los oídos. Me asusté y corrí a ver qué pasaba; parecía provenir del minibar.
Cuando lo vi, el corazón se quería salir de mi pecho. Se le insinuaba peligrosamente a Ino, al tiempo que bebía sediento de la botella de whisky, e Itachi, que no toleraba la escena, la protegió entre sus brazos mientras llamaba a un número desconocido. Al parecer, por el negativo recibimiento de su aparición, se enojó tanto que tiró una de las copas al piso. No podía permitir que me viese; eso suponía un peligro para mí, pero ya era demasiado tarde. Sus ojos, oscuros igual que la noche, me atravesaron como un montón de cristales de vidrio, afilados. Comencé a hiperventilar; era el comienzo de un ataque de ansiedad.
—¡Naruto! —grité con todas mis fuerzas, intentando obtener la ayuda de mi amigo rubio. Pero no pareció escucharme; Sasuke ya estaba frente a mí y tomaba uno de mis cabellos seductoramente, como una serpiente venenosa que está a punto de morderte.
—Sakura, así que estás saliendo con Kakashi. —dijo con ironía. —No sabía que a Kakashi le gustasen la misma clase de putas que a mí, vaya desgracia. —Soltó el mechón de mi cabello. —Es una lástima que yo sepa tantas cosas sobre él…
Tragué saliva nerviosa, intenté convencerme de que era una más de sus manipulaciones para obtenerme, pero el alcohol me hacía ver al diablo disfrazado de ángel, y eso era peligroso.
—Estúpido hermano menor, deja en paz a Sakura. —Mascullo Itachi detrás de él. Sasuke, con una sonrisa diabólica pintada en sus labios, se dio la vuelta para verlo. El Uchiha mayor apretó sus puños e Ino miraba toda la situación asustada, sosteniendo el teléfono del pelilargo.
—Itachi, pensé que éramos hermanos. —El tono de su voz hacía hervir la sangre de cualquiera; era tan sarcástico que daban ganas de golpearlo. —O es que, aparte de cogerte a la zorra de Ino, también te coges a la putita de Kakashi, ja. —Ino corrió hacia él y lo empujó.
—Sasuke, nadie te invitó por acá. —Sasuke se la quitó de encima, apartándola bruscamente. —Vete por las buenas o te tendrás que ir por las malas. —Le amenazo llena de ira.
Temari y Shikamaru habían escuchado el sonido de nuestros gritos y llegaron hasta el minibar; seguidamente, llegaron el resto de los invitados, que observaban la escena sin entender absolutamente nada. Temari también comenzó a llamar a la policía, y menos mal que lo hizo, porque a continuación, el Uchiha menor comenzó a tirar todo lo que encontró a su alrededor: las copas vacías, las copas medio llenas, las botellas, los adornos de porcelana, las sillas, las mesas, todo lo que pudo. Itachi lo intentó detener sosteniéndolo con fuerza por las muñecas, pero él siempre se le zafaba y continuaba destruyendo todo a su paso. Naruto, que al parecer estaba en el baño, con los pantalones a medio poner, corrió hacia Sasuke y lo pateó tan fuerte que este cayó, golpeándose contra el piso. El rubio comenzó a insultarlo y a patearlo violentamente.
—No te voy a perdonar jamás esto, Sasuke. —Vocifero, dominado por el coraje. El Uchiha menor lo contemplaba lleno de odio y con un hilito de sangre escurriéndose por su boca.
Y yo, Sakura Haruno, la chica de veinticuatro años que creía que había superado uno de los mayores traumas de su vida, estaba ahí, congelada, llorando a mares y sintiendo como si su vida se hubiese pausado.
Notas de autor: ¡Hola! Lamento la tardanza con este episodio; estuve varios días pensando en cómo hilar mis ideas y abordarlo, así que ha resultado ser el capítulo más largo que he escrito hasta ahora. Espero lo disfruten, déjenme saber qué les pareció todo lo ocurrido.
Canciones o referencias musicales:
Hung Up - Madonna (2006) / Título del episodio anterior y este, además de ser la canción que cantan Ino, Sakura e Hidan.
Hey Mama - Black Eyed Peas (2004). Canción que bailan al principio con Shikamaru, jaja.
ABBA: Grupo pop de Suecia. Fue famoso en la década de los 70.
Términos desconocidos o referencias:
Bento: Comida empacada en una caja a la que se le llama bento.
Natto: Soja fermentada que sirve como acompañamiento en un bento.
Ramune: Soda japonesa que trae una canica dentro de su botella.
¡Muchas gracias por leer!
