R18, ranciedad is coming.
Capítulo 7
Juicio
Intentaba abrochar su brazalete de gravedad, era algo simple, pero sus dedos se movían nerviosamente y no lograba encajar el broche. Sentía su vientre tenso, debía estar tranquila, se dijo, pues nada estaba escrito aun, pero su intuición le alertaba, debía prepararse para lo peor y no estaba lista para eso. Resopló molesta cuando por tercera vez, sus dedos no le respondieron. Su madre, en silencio, se acercó y le ayudó, ninguna dijo nada, las cosas no estaban bien para la familia Brief.
Nadie había comentado de culpas, ni de errores, solo se dedicaron a preparar la defensa para el juicio y en buscar al mejor profesional que los ayudara. Habían llegado a Iuris hace unos veinte minutos, la audiencia era en una hora. Tomó a Trunks para poder arreglarlo, pero su madre se le había adelantado y ya le había asegurado el brazalete en su regordeta muñeca. Se quedó unos minutos contemplando sus cejas pobladas, sus ojos celestes y su piel bronceada, era un ser tan indefenso… él no tenía la culpa de sus errores, ni los de su padre y estaba envuelto en toda esa mierda retorcida. Sentía ganas de vomitar.
Hubiera preferido dejar a su hijo en casa, pero los detalles de la citación exigían la presencia del menor. Y era lo que le causaba mala espina, normalmente, esos casos se demoraban en resolver, tenía la extraña sensación de que no sería igual con el suyo. Todavía no entendía como él se había enterado de que le mintió, por un momento pensó que se había dado cuenta, pero no le convencía del todo, se lo hubiera preguntado, Vegeta debía estar muy seguro de la paternidad de su hijo como para hacer semejante movimiento, y, es más, jamás lo pensó de él. De las posibilidades de que él la descubriera, estaba la consecuencia de que la llevara arrastras de regreso a Vegetasei, no pensó en que él la demandaría para quitarle a su hijo… entonces una idea que estaba dando vueltas hace semanas, regresó de golpe:
Él ya no estaba interesado en ella.
Y dolía pensarlo. Y se odiaba por sentirlo. Que él ya no estuviera interesado era algo bueno, él no la volvería a tocar y ella podría dar vuelta la página, iba a seguir con sus planes de buscar ayuda profesional, porque ahora más que nunca la necesitaba. Sabía que él era un monstruo y no podía evitar sentirse mal porque él ya no la quisiera, eso no era normal. Tenía sentimientos contradictorios, se sentía miserable.
Pero eran ideas que no estaban siempre en su cabeza, se cruzaban por segundos solamente. Lo principal, era Trunks. Un representante del tribunal de familia los recibió al bajar de la nave, el aeropuerto espacial era limpio y espacioso. El material que cubría las paredes y el suelo parecía de plástico, casi no había personas aparte de ellos, y pudo notar, a no más de veinte metros de distancia, la nave de los saiyajin. Él ya estaba allí. Abrazó con fuerzas a su hijo contra su pecho, el menor se quejó y soltó el agarre, tragó con dificultad y centró su atención en el representante que los acompañaba. Era un sujeto de baja estatura, casi parecía humano, su pelo era corto y espinoso de color rubio, sus ojos parecían cerrados todo el tiempo y le hacía lucir somnoliento.
―Bienvenidos a Iuris, el planeta de la ley y la justicia intergaláctica ―habló con pausa exagerada―me presento, soy Won Sun ―reverenció levemente―y seré su anfitrión en lo que dure su estadía.
―Muchas gracias ―reverenció su madre―entiendo entonces, que no podremos irnos hoy, ¿Es así?
―Exactamente ―asintió―la primera audiencia es hoy y mañana se dictaría la sentencia.
―Que rápido ―murmuró Bulma, con un toque de ironía en su voz. Won Sun giró hacia ella al mismo tiempo que abría sus ojos, y la joven princesa hubiera deseado que no lo hiciera. Sintió su cuerpo tensarse y sus latidos disminuir notoriamente cuando vio la forma de sus ojos. Eran dos orbes grandes y redondas, parecía que solo tuviera pupilas porque en el centro un único punto negro se dejaba ver. A pesar de ser un par de puntos, sintió un escalofrío recorrerle el espinazo.
―El rey Vegeta IV ha exigido una audiencia de emergencia ―explicó el hombrecito. Y ninguna pudo responder―las guiaré a su habitación.
Bulma no se fijó en los alrededores, iba en silencio pensando y tratando de premeditar las acciones del saiyajin, pero sentía que estaba tratando con un desconocido. No sabía qué pensar o esperar del rey, sentía que estaba atrapada en una red de mentiras y engaños, que ella misma había construido para protegerse, pero que había terminado siendo letal.
Won Sun las había guiado a un edificio moderno, les había explicado que era el hostal familiar, que cada tribunal tenía su propio hostal, así evitaban que llegaran tarde a las audiencias, pues por una parte estaba el edificio de estadía y por el otro, el centro jurídico. El hostal era grande, parecía que la construcción era de un material barato, pensó la joven, y no se extrañaba, era sabido que los líderes de ese planeta eran unos codiciosos, y así mismo era como Vegeta había conseguido que las cosas fueran a su ritmo, estaba segura.
Si Vegeta había pagado para hacer de una audiencia que normalmente duraba meses, se hiciera en dos días, podía haber pagado también para que las cosas estuvieran a su favor. Sentía que tenía todas las de perder y estaba angustiada. Cuando llegaron a su habitación, Won Sun esperó que dejarán sus pertenencias.
―La audiencia saiyajin-terrano, empezará en treinta minutos. Las vendré a buscar quince minutos antes ―Bulma asintió sin hablar, el sujeto había cerrado sus ojos apenas los había abierto la primera vez y se guiaba perfectamente sin abrir sus párpados, la joven princesa creía que debía tener algún tipo de habilidad especial, pero no dijo nada.
Vio como el sujeto se iba y antes de cerrar la puerta, la habitación de al lado abrió la suya y de ella salió su abogado. Un sujeto de 35 años, su pelo era negro y tenía algunas canas que decoraban los costados de su cabeza, su cara era cuadrada y nariz pronunciada, era alto. Vestía un traje marrón con camisa blanca y corbata roja.
―Princesa Bulma, alteza ―las saludó―llegué hace unos minutos.
―Señor Diseg ―saludó Bulma―necesito hablar con usted.
―Llámeme Luis ―dijo sonriéndole con cordialidad, pero el semblante sombrío de la joven le hizo borrar su sonrisa. Bulma le entregó el niño a su madre, la mujer adulta se sentó en una silla clásica y le dio al menor unos caramelos para que estuviera tranquilo― ¿Qué es lo que le preocupa?
―La duración del caso es extrañamente rápida ―comenzó diciendo, invitó a pasar a su abogado y cerró la puerta detrás de sí. Esperó que el hombre se sentara junto a su madre y se acercó a la mesa, pero se quedó de pie―él pidió que fuera así.
―Sí ―asintió el abogado―se puede hacer eso ―murmuró extrañado por la actitud de la joven.
―Si pagó para eso ¿Por qué no hacerlo para asegurar el resultado de la audiencia? ―sentía su pecho oprimir su corazón, le dolía, pero no le tomó importancia. Estaba segura que era meramente tensional.
―Decir que el tribunal está comprado, es una falta grave ―respondió agachando la cabeza―y no tenemos como comprobarlo.
―Entiendo ―asintió para sí misma― ¿Puede asegurarme de que no me quitarán a mi hijo?
―No ―negó sin tapujos y Bulma sintió como si un balde de agua fría le cayera encima, el color se le fue del rostro y sus ojos zafiros solo reflejaban terror―pero haré lo posible. Necesito que sea lo más honesta conmigo y delante del juez.
― ¿Será privado? ―Preguntó, tragando saliva. Sabía a qué se refería el abogado, la había interrogado antes, sobre su vida en pareja y estadía en aquel planeta, todo para crear una justificación por sus acciones, y le había contado la mayoría, pero no se atrevía a decirlo delante de desconocidos.
―Sí ―la joven asintió y se acercó a su hijo, su madre se lo entregó al instante. Abrazó al pequeño en silencio y lo meció―el príncipe no debe asistir a la audiencia, la reina puede quedarse con él ¿No? ―La mujer rubia asintió con una sonrisa en sus labios, pero Bulma sabía que era fingida. Seguramente se sentía culpable, y le hubiera gustado decir que era lo que correspondía después de haber expuesto a su nieto al saiyajin, y a ella misma, sin embargo, sabía que el estar allí ese día no era culpa de su madre, o de ella, era una mala jugarreta del destino. Un cúmulo de malas decisiones y errores, ese solo era el resultado de todo.
(…)
Estaba afuera de la gran sala, sus ojos estaban fijos en la puerta doble de madera, parecía barnizada hace poco. Ella y su abogado estaban sentados al lado derecho de las puertas, y al izquierdo, él y su representante legal. No lo había mirado ni una sola vez, sabía que estaba ahí, pero no se atrevió a enfrentarlo. Se sentía como una niña pequeña que había sido mandada a llamar por un adulto por hacer alguna travesura. Se escondía detrás del brazo de su abogado, no temblaba, pero estaba aterrada. Llevaban allí quizás cinco minutos, Won Sun los había ido a buscar al tiempo exacto que les dijo, y ya era hora de que los hicieran pasar.
Sentía sus tripas revolverse, en cualquier momento las vomitaba. Las palmas de sus manos sudaban, y tenía la garganta seca, estaba aterrada. Cuando las puertas se abrieron, pegó un brinco en su silla y miró hacia la dirección contraria, y antes de fijarse en la persona en el umbral, sus ojos se cruzaron con los del rey. Sin embargo, él no la estaba viendo tampoco, pudo estudiarlo con disimulo. Lucía su armadura real, para eventos y formalidades, su capa era más oscura que otras veces, llevaba un collar grueso con un dije grande de color esmeralda, era el que había usado el antiguo rey. Su mirada parecía vacía, desde esa distancia no pudo descifrar sus ojos negros.
―Audiencia número 5856, caso saiyajin-terrano. Adelante ―dijo una voz femenina. Bulma miró hacia la mujer alta, vestía un uniforme de dos piezas, su cabello tomado en un feo moño alto, y su cara era alargada y delgada. Bulma esperó en su asiento a que la contraparte entrara primero, los vio levantarse y su abogado los siguió de cerca. La joven reparó en el representante del rey, era un ser bajito, su nariz era fina y sus orejas alargadas, no es saiyajin, pensó. Y era obvio, pues no había letrados importantes de esa especie.
Al ingresar, no había más individuos que ellos y un par de guardias que escoltaban las puertas. No parecían intimidantes, ni siquiera parecía que respiraran, Bulma pensó por unos segundos en que eran estatuas. La sala estaba repleta de sillas vacías, supuso que eran para cuando había público, se preguntó si había sido cosa de Vegeta que no hubiese testigos.
En lo que parecía ser la tarima, había una mesa alta y detrás, un hombre mayor, un poco más joven que su padre, tenía una barba larga y usaba lentes cuadrados. Su cabello estaba completamente platinado por las canas, su piel era oscura, vestía una túnica negra sin formas y una cadena grande y dorada, imaginaba que era de oro macizo.
―El honorable, juez Amaimon Menfrield ―habló la mujer que los hizo entrar.
Luis se ubicó en el lado izquierdo, pero él quedando al borde del pasillo. Bulma se sentó en el puesto a su lado, pero protegida por las sillas de alrededor, en lado opuesto, estaba el representante del rey saiyajin y Vegeta a su lado.
―Estamos aquí, para resolver la demanda puesta por el rey Vegeta IV, del imperio saiyajin, contra la princesa Bulma Brief de terra ―la joven agachó la mirada, su menudo cuerpo temblaba levemente, y oír la voz grave del juez no la ayudaba―Sus representantes.
―Honorable ―Saludó el representante del saiyajin, poniéndose de pie―abogado Arneer Retwod, especialista en familia y ―Bulma dejó de escuchar, lo conocía de nombre. Había intentado ubicarlo antes de dar con Luis, mordió su mejilla interna―representante de Vegeta IV, rey del imperio Saiyajin.
―Luis Diseg ―habló su abogado―abogado especialista en familia, representante de Bulma Brief, princesa de la tierra ―al terminar de hablar, ambos abogados se sentaron nuevamente.
―Bien ―murmuró el juez―parte demandante, explique su petición.
―Sí, su señoría ―Bulma giró levemente para poder ver al hombrecillo―mi cliente exige la tuición completa del menor ―leyó de un papel que tenía en frente―Trunks Brief, concebido durante el matrimonio del, en ese entonces príncipe Vegeta y la princesa Bulma.
Bulma apretó sus manos en puños, él quería quitarle su hijo. Esa era su venganza, le arrebataría lo que más quería en el mundo. Tenía ganas de llorar, sus ojos escocían, pero se contuvo.
―Y, verificar la unión entre mi representante y la princesa ―la joven no pudo evitar soltar una exclamación de angustia cuando lo escuchó, estaba confundida ¿Qué significaba aquello? ¿Quería que volviera con él como su mujer? ¿Quería romper la unión? Sintió su pecho pesado, eran muchas emociones en pocos días.
―Entiendo ―respondió el juez, mientras escribía en unos documentos―la parte demandada. ―Murmuró sin mirarlos.
―Señoría ―habló Luis―el príncipe Trunks fue concebido durante el matrimonio de mi representante y el rey Vegeta ―Bulma volteó hacia el otro lado de la sala, con disimulo, él no la miraba. Estaba atento mirando hacia el frente―sin embargo, la princesa tenía solo dos meses de gestación cuando el rey se comprometió por las leyes civiles de su imperio.
―Objeción ―exclamó Arneer―la princesa se hizo pasar por muerta, para huir de su compromiso con mi cliente, por lo que―
―Un momento ―interrumpió el juez―este es una audiencia familiar, no necesita interrumpir la versión del demandado. Cuando llegue su turno expone sus antecedentes.
―Sí, su señoría ―murmuró Arneer.
―Prosigo ―respondió Luis―como el abogado Arneer, exponía. Mi representante se había ido a su planeta, y por un malentendido, los saiyajin la dieron como fallecida en el conflicto con el emperador Freezer. Por lo que el imperio saiyajin, a menos de dos meses de la supuesta muerte de la princesa, tomó una nueva mujer, la actual reina Riander.
―Bien…―se rascó la barba pensativo―abogado Arneer, proceda con los antecedentes.
―Sí, su señoría. Para ello, quisiera que la princesa Bulma pasase a declarar ―la aludida sintió que su pulso se detuvo al oírlo, Luis le había repetido en muchas ocasiones que eso podía pasar, pero no quería hacerlo. No se sentía en condiciones y encima, era la contraparte la que lo exponía.
―Pase adelante ―habló el juez, mirándola a los ojos. Bulma miró hacia su abogado, y este le asintió con aparente confianza. La joven se puso de pie y sacudió nerviosa su vestido, hacía tiempo que no usaba uno, le llegaba tres dedos sobre su rodilla, era suelto desde su cintura hacia abajo y de color azul pálido. Caminó hacia en frente y la mujer de antes se le acercó y puso un libro enorme en frente de ella. ― ¿Jura decir la verdad, y nada más que la verdad?
―Lo juro ―respondió posando su mano derecha sobre la cubierta del libro. La asistente la guío hacia un asiento sobre la tarima, al lado del juez. Arneer se puso de pie y pasó adelante, se paró a dos metros de ella y comenzó a hablar hacia el público inexistente, tenía una personalidad extraña, como si buscara con su tono de voz y palabras atacar para defender sus intereses.
―Según lo expuesto anteriormente ―Bulma miró por el rabillo del ojo al rey, y por primera vez desde que había entrado, lo encontró mirándola. Sus ojos negros lucían sin brillo, su semblante arrugado como siempre, y sus labios estaban curvados hacia abajo, estaba de brazos cruzados y no despegaba sus ojos negros de ella―usted se fue a su planeta natal, y tuvo al niño a escondidas de cliente, traicionó el tratado entre sus naciones y mintió deliberadamente.
― ¿Cuál es la pregunta? ―Respondió frunciéndole el ceño. El abogado alzó ambas cejas por su actitud, y soltó una risa irónica, mientras miraba al juez, como si estuviera confirmando sus palabras.
― ¿No lo niega? ―Preguntó sonriéndole con superioridad. Bulma miró a su abogado, Luis parecía tranquilo y no pudo evitar preguntarse si era parte de su plan, incluso llegó a pensar que estaba comprado por Vegeta, a esas alturas, la joven se sentía paranoica con todo.
―No hui ―respondió frunciéndole el ceño, el abogado borró su sonrisa al oírla―él sabía que me iría si accedía al contrato con Freezer, no le dije cuando, pero lo haría. No sabía que estaba embarazada cuando me fui, me enteré en mi planeta, después de enterarme que Freezer había sido asesinado ―hizo énfasis en la última palabra―y que me habían dado por muerta en el conflicto y que mi esposo, ya tenía una nueva mujer. No quise regresar, pues ya no necesitaban a los humanos para derrotar los dominios del OIC, y fue allí que supe de mi embarazo.
―Pero escondió la verdad ―insistió el abogado―ocultó al único heredero del imperio saiyajin, rompió el tratado y mintió a mi cliente sobre la paternidad del niño―miró al juez y continuó hablando, sus palabras fluían a gran velocidad y la joven admiró como no se enredaba o titubeaba―en el Comité de relaciones interplanetarias, mi representante se enteró que la princesa vivía, y decidió no tomar acciones legales en su contra ―Bulma sintió sus mejillas sonrojarse al oírlo, claro que no quiso tomar medidas legales, y fue a cambio de follarla… si lo hubiera dejado ¿Se habría evitado todo ese embrollo? Resopló al pensarlo―y la princesa le mintió sobre su paternidad, le dijo que era de otro hombre y que el menor tenía menos años. Mi cliente hizo exámenes de ADN de forma privada, y así supo la verdad. Si no, la princesa seguiría con su farsa ―Bulma iba a hablar, a defenderse, pero el abogado no se lo permitió―no mas preguntas, señoría.
La joven quedó con la palabra en su boca, se sintió frustrada. Tragó en seco y se ruborizó de pura rabia, sus labios temblaban levemente. Se calmó cuando su abogado se puso de pie y pasó en frente.
―Quisiera hacerle algunas preguntas a la princesa, su señoría ―Bulma miró perpleja al hombre, se sintió nerviosa de pronto, como si aquel hombre no fuera su abogado defensor y la fuera a atacar, como si todos en esa sala estuvieran en su contra. El juez asintió en dirección del abogado y este se acercó a su cliente―Mencionó que ya le había dicho al rey que se iría, ¿Podría detallar más esa situación?
―S-sí ―asintió nerviosa―fuimos invitados al cumpleaños del emperador, y él le propuso heredar el OIC. Discutí con V-el rey Vegeta, le dije que, si lo aceptaba, me iría a mi planeta. Él dijo que me buscaría si lo hacía ―cuando lo dijo, sintió que se transportaba a ese momento―Él aceptó y un subordinado de Freezer se ofreció a prestarme una nave, y lo acepté.
―Entonces, el príncipe en ese entonces, sabía que usted se iría ―recapituló―pero, tomó a otra mujer, cuando usted ya no estaba en la ecuación.
―Por lo que entiendo ―murmuró Bulma―cuando me fui, Freezer hizo explotar la nave en la que yo estaba, pero su subordinado me había enviado a la tierra en una nave personal minutos antes. Por lo que se entendió, que yo perecí en esa explosión. ―El abogado asentía, mientras la escuchaba, por un momento olvidó que estaba en frente de otras personas.
―Comprendo, y fue así que tomó a otra mujer a menos de dos meses de su muerte ―insistió Luis― ¿Por qué no regresó cuando volvió a la tierra? Ahí supo que la habían dado por muerta y decidió permanecer así.
―En parte… ―sentía sus tripas revolverse con más intensidad, recordar todo ello le hacía mal, miró hacia Vegeta, y éste seguía con su atención fija en ella―cuando supe que ya había otra mujer, y que se habían coronado, no sentí que fuera necesario. Y, no quería volver con él.
―Decidió entonces, a conciencia, alejarse del rey Vegeta ―Bulma asintió― ¿Y cuando supo de su embarazo?
―El mismo día que llegué a la tierra ―relamió su labio inferior―me examinaron, llevaba dos meses de inanición, y ahí salió el resultado.
―A pesar de estar embarazada, decidió mantenerse alejada del rey ―dijo alzando la voz, que se oía a la perfección en aquella sala― ¿Qué tipo de relación tenía con el demandante, como para no querer volver y esconder un hijo? ―Y fue allí, que Bulma nuevamente sintió que todos estaban en su contra, no vio la intención del abogado, sintió sus mejillas sonrojarse y sus manos temblar. Luis pareció notarlo, por lo que cambió su pregunta― ¿La golpeó alguna vez? ―entonces entendió a donde quería llegar su abogado, y pensó en mentir. Pero era la única carta a su favor en ese momento, por lo que decidió exponerse, decir en voz alta todo lo que tenía guardado y que ni siquiera a su familia había confesado.
―No ―giró hacia él, Vegeta la miraba sin parpadear y su abogado la observaba con desprecio―pero era violento.
―Pero ¿Nunca la golpeó? ―Bulma negó meciendo su melena― ¿En qué era violento?
―Debía… hacer lo que él quería, si no gritaba y me amenazaba ―cuando terminó de hablar, giró nuevamente hacia el rey, sintió un espasmo recorrerle al ver una escueta media sonrisa, su mirada seguía sin brillar ni un ápice, pero su media sonrisa le caló en lo más profundo del alma, miró a su abogado nuevamente.
― ¿Hubo violencia sexual? ―Y Bulma se hizo pequeña en su asiento. No supo cuanto tardó en responder, pero el ceño fruncido de Luis y los dedos inquietos del juez contra la madera la hicieron reaccionar― ¿La abusó sexualmente?
―Sí ―reconoció en un susurro, y esa vez no se atrevió a mirar al rey, habría visto la sonrisa maquiavélica que le dedicó―en varias ocasiones. El primer año más que nada.
―Los saiyajin son una cultura diferente a los humanos, su señoría ―interrumpió Arneer, al verse perjudicado con la información―entre la especie no es mal visto ser bruscos en el ámbito sexual, quizás la princesa lo tomó como―
―Me violó la primera noche que pasé en ese planeta ―le interrumpió Bulma, mirándolo con rabia. Estaba cansada de ese sujeto.
―Orden ―exclamó el juez―señor Arneer, le pido, por segunda vez, no interrumpa. Usted ya interrogó a la princesa―el abogado asintió agachando la cabeza y volvió a sentarse.
―Gracias, su señoría ―asintió Luis―princesa, imagino lo difícil que debe ser para usted, decirnos esto, pero podría detallarnos esa situación ¿Abusó de usted antes de ser su esposa?
―N-no exactamente ―tragó saliva y agachó la mirada, jugó con sus dedos nerviosa y el juez parecía interesado más en la relación que tuvieron que en la tuición de su hijo, no entendía el punto al que quería llegar su abogado, no del todo al menos, con eso podía argumentar el porque no volvió, pero no se estaba discutiendo eso, sino la tuición de su hijo―él me… me forzó y mordió mi cuello, dijo que esa era la unión para los saiyajin.
―Entiendo ―asintió Luis―sí, los saiyajin proceden en un ritual privado―explicó mirando al juez―y cuando, una de las partes muere, como lo fue en este caso, se puede repetir el proceso, pero de forma pública y con un ritual diferente. Entiendo entonces, que usted lo marcó esa noche también ―Bulma frunció el ceño, miró al juez y luego a su abogado, y negó meciendo su melena― ¿Usted no marcó al rey?
― ¿Morderlo? ―Preguntó extrañada, notó en Luis un brillo de astucia en sus ojos, como si hubiera descubierto un gran secreto que los beneficiaba―no. Él me mordió y forzó, no pasó nada más esa noche. Meses después, nos casamos en mi planeta, en presencia de amigos y familiares.
―Su señoría ―habló Luis, algo entusiasmado―la unión saiyajin nunca se oficializó, por lo que la princesa estaba solamente comprometida por las leyes terrícolas al rey Vegeta. Y él, al unirse con otra mujer, en las leyes terrícolas se asume como adulterio y se rompe el matrimonio ―Bulma alzó ambas cejas al oírlo, giró hacia Vegeta y tembló, vio en su ceño fruncido y su cola suelta de su cintura, que se movía de lado a lado el enojo que sentía―el príncipe Trunks, si fue concebido durante ese matrimonio, pero al unirse a otra pareja, el Rey no tiene derechos sobre tuición completa del menor. Pueden optarse a medidas como visitas, y participar durante su crianza.
― ¿Hará más preguntas? ―Luis frunció el ceño, miró a la princesa y luego al juez, negó silencioso, moviendo su cabeza―bien, la audiencia toma un receso. Continúa mañana con la decisión del caso, pueden retirarse.
(…)
Había luz artificial que iluminaba las calles, el sol se había ocultado hace un par de horas, los días en Iuris duraban 10 horas y 8 de noche. Miraba pensativa las calles desoladas, sentía una presión en su pecho que no se iba. Luis había sido claro, a pesar de toda la información y de lo bien que se habían defendido, no tenían muchas esperanzas de que el caso se cerrara a su favor. Ahora su abogado creía lo mismo que ella, la actitud del juez al final de la audiencia había sido reveladora, casi como si no quisiera seguir escuchándolos.
Agachó la mirada y cerró la cortina. La habitación tenía dos camas, una mesa y sillas y su propio baño y minibar. Su madre había bajado a cenar, ella no tenía apetito y prefirió quedarse con su hijo. Se sentó en el borde de la cama y lo miró dormir, acarició su cabello y se recostó junto a él. No tenía sentido el interés repentido que tenía el rey por su hijo, podía hacer más hijos con su reina, lo que estaba haciendo ahora era por mero rencor, estaba segura. Lo que más le dolía a Vegeta era el que hubiera osado con mentirle, y haberse alejado cuando él no lo decidió, si él hubiera querido romper la unión y abandonarla, era permitido, pero que ella lo hubiera hecho, él no lo perdonaba.
Ahora estaba a su merced, o al menos así lo sentía. A su merced, se repitió, era lo que él quería… quizás si hablaba con él, le pedía disculpas… olvidara todo ese asunto, hasta podía aceptar a tener una tuición compartida, aunque le doliera el alma, pero era mejor a no tener a su hijo. Sintió su corazón bombear con fuerza, debía hablar con él, hacerle entender. Besó la frente de su hijo, se reincorporó y esperó que su madre llegara. Antes de salir, se metió al baño y miró su rostro, arregló su cabello un poco y se fijó que no hubiera ninguna imperfección, si era necesario usar su cuerpo para tener a su hijo a su lado, lo haría. Oyó la puerta abrirse, y salió a ver a su madre.
― ¿Puedes quedarte con Trunks un par de horas? ―Preguntó, su madre alzó ambas cejas y asintió.
― ¿Irás a comer? ―Preguntó esperanzada la mujer rubia. Bulma pensó sus opciones, si le decía que iba donde Vegeta quizás se preocupaba, asintió sin pensarlo mucho y caminó hacia la salida―está helado afuera, lleva una chaqueta.
―Así está bien ―respondió y salió de la habitación.
No tuvo que dar muchas vueltas para saber donde se hospedaba el saiyajin, y para su sorpresa, era en la otra planta del hostal, lo reconoció al ver a dos guardias saiyajin escoltar una puerta. Le pareció irónico, Vegeta no necesitaba protección. Estaba cerca del elevador cuando notó la habitación, se quedó en ese mismo lugar por un momento, pensando. No tenía muy clara las ideas, no sabía con qué empezar para hablar con él, quizás con disculparse… después de todo, le había mentido y con algo grave. Relamió su labio inferior y se abrazó a sí misma, ahora sentía un poco de frío, su vestido era de mangas cortas. Respiró profundamente y deshizo su abrazo, debía demostrar la fuerza que no sentía, incluso delante de un par de escoltas, inhaló y exhaló un par de veces, sentía su vientre tenso, no quería enfrentarse al saiyajin, pero su hijo lo valía, debía pensar y velar por él. Con los ánimos en su cuerpo, y el miedo también, caminó hacia el pasillo.
Las suelas de sus zapatos se hicieron notar, ambos saiyajin, uno en cada lado de la puerta, giraron hacia ella. Uno tenía el cabello marrón, algo desordenado y su semblante era tosco y tenía una cicatriz en su ceja derecha. El otro parecía más calmado, su rostro era cuadrado, su cabello era corto y apenas sobresalía. Llegó al frente de ambos y asintió en su dirección.
―Necesito hablar con el rey Vegeta ―comenzó diciendo―podrían informarle, por favor.
―El rey no quiere ser molestado ―respondió el de la cicatriz―le voy a tener que pedir, que se retire.
―No me iré hasta hablar con el rey, díganle que la princesa Bul―
―Sé quién eres ―interrumpió el saiyajin―y dejó la orden explicita de que no la dejáramos entrar ―Bulma alzó ambas cejas cuando lo escuchó ¿Sabía que iría? Quizás estaba actuando muy predecible, relamió sus labios nerviosa―Retírese
―No ―frunció sus delgadas cejas y enfrentó al saiyajin―dile que necesito hablar con él, si sabe que estoy aquí, me recibirá.
―No le diré nada que venga de ti, zorra ―la princesa abrió los ojos con sorpresa al oírlo, pensó en defenderse con algún insulto, pero nada vino a su cabeza.
―No le hables así ―murmuró el otro soldado, Bulma giró hacia el saiyajin y parpadeó confundida, al igual que el de la cicatriz―es la madre del heredero a la corona ―y su vientre se tensó. Hablaban de Trunks… heredero a la corona… lo consideraban como parte del imperio y ni siquiera había pasado un mes desde que sabían de su existencia.
El saiyajin de la cicatriz comenzó una estúpida discusión con su compañero, sobre el porque la defendía, y Bulma miró la perilla de la puerta expuesta. Observó al par de saiyajin, que seguían distraídos discutiendo, y se lanzó sobre la madera y giró el pomo, pero tenía seguro y no se movió ni un centímetro.
― ¡Oye! ―Exclamó el saiyajin de la cicatriz― ¡Aléjate! El rey ordenó que no te dejáramos pasar ¡Muévete, zorra! ―Ignoró el insulto, y golpeó la puerta en reiteradas ocasiones con su puño― ¡No!
―No me toques ―exigió girando hacia él, cuando lo vio acercársele. El saiyajin la miró con sorpresa, le frunció el ceño e intentó hacerlo nuevamente, pero la puerta se abrió de golpe, haciendo que la joven perdiera el equilibrio y que los soldados giraran hacia el monarca, que se exponía en el umbral, mirando el alboroto―Vegeta…
―Alteza ―habló el saiyajin de cicatriz, que cuando lo vio, comenzó a temblarle la voz―no nos hace caso, le dijimos que no la quería ver.
Bulma miró al rey, pero este no la miró en ningún momento, sino que observaba a sus soldados―Necesito hablar contigo.
―Vuelvan en media hora ―Bulma suspiró aliviada, observó como los saiyajin se alejaban y antes de entrar, notó como el que la había defendido, giró hacia atrás para mirarla. Sus ojos se cruzaron por breves segundos, la joven se adentró a la habitación del rey y cerró la puerta detrás de sí.
―Necesito que conversemos ―notó como el saiyajin le daba la espalda y caminaba alejándose, como si no estuviese allí. Frunció sus cejas, e intentó ignorar su actitud y continúo―esto no puede seguir.
Él no respondió. Tragó en seco y dio un par de pasos acercándose, Vegeta estaba casi a la altura de los pies de su cama, y Bulma le siguió con pasos titubeantes, como si se acercara a un animal herido que en cualquier momento se voltearía y le atacaría a la garganta, y no se equivocaba del todo, hacía bien en temer.
―Es mi hijo… ―siguió hablando, al no oír respuesta―sé que hice mal al mentirte. Me disculpo por eso, pero no puedes quitármelo… ¡Es mío! ―Exclamó perdiendo la compostura― ¡Tú ni siquiera sabías de su existencia! ¿Por qué me haces esto? ―Cuestionó con rabia―podemos… podemos tener una tuición compartida, puedes verlo si lo que quieres es estar presente en su vida, pero no puedes quitár―no se percató del saiyajin que giró bruscamente hacia ella. Tampoco de su mano que se aproximó rápidamente, y antes de continuar hablando, una bofeteada en su mejilla izquierda resonó en toda la habitación. La fuerza con la que fue golpeada la hizo caer al suelo.
Sintió que todo daba vueltas a su alrededor, por inercia llevó su mano hacia la zona herida, sabía que él se había contenido, pues de un solo golpe pudo quebrarle el cuello. Su mejilla ardía, y la comisura de su labio también, latía y latía y cuando alejó su mano y la observó, notó que en uno de sus dedos tenía sangre. Volvió a tocarse el labio, y encontró la herida. Todavía todo daba vueltas, sentía un silbido a bajo decibel en su oído izquierdo, sus sentidos estaban volviendo de a poco y cuando pudo oír con claridad, notó que él le estaba gritando. Levantó la mirada hacia él, ella seguía en el suelo. El rey estaba de pie a medio metro de distancia, le gritaba fuerte, podía notarlo por la intensidad de sus gestos, movía sus manos y su cola se mecía da lado a lado.
― ¡Lo mutilaste! ―Alcanzó a escuchar, cuando el silbido se calló― ¡¿Qué mierda tenías en la cabeza?! ¡¿Ah?! ¡Responde!
―Y-yo ―su lengua no se conectaba con su cerebro. No podía formular una respuesta ¿Qué había mutilado? No entendía nada, parpadeó un par de veces, intentando concentrarse y recuperar su conciencia. No esperó que con siquiera un minuto en la misma habitación que él, la abofeteara, de pronto, entendió que no tenía sentido estar allí, intentar razonar con él. Miró hacia arriba, encontrándose con sus ojos negros desorbitados, lucía completamente fuera de control. Tenía miedo, no podía quedarse más tiempo allí con él.
―Me mentiste ―siguió el saiyajin―me humillaste… me traicionaste ―Bulma sintió como el alma le volvía al cuerpo, como si en cosa de segundos, pudiese tener nuevamente el control sobre su cuerpo― ¿En qué mierda estabas pensando…? ―Notaba como su pecho subía y bajaba a pesar de la rígida armadura que vestía, respirando profundamente. Intentó ponerse de pie, sentía que la brecha entre ellos aumentaba estando allí.
―Haré lo que sea ―comenzó diciendo, mientras se reincorporaba temblando―hice lo que pude… para mantener a mi hijo lejos de ti. De los saiyajin―soltó con desprecio, a esas alturas ya no tenía caso rogar ni pedir disculpas, él no las quería.
― ¿Con eso en mente… escondiste a mi hijo? ¿Quién mierda te crees? ―Bulma miró hacia la puerta, luego giró hacia él nuevamente, debía salir de allí. Sentía su corazón latirle a mil por hora, casi podía oír sus propios latidos zumbarle en el oído. Quizás el golpe todavía tenía consecuencias en su cuerpo.
―Estás haciendo esto por vengarte ―murmuró, mientras daba un paso hacia atrás―pero mi hijo no tiene la culpa de nada.
―Claro que no tiene la culpa ―asintió, acercándose, la joven entendió que no podría irse de allí hasta que él lo decidiera, sentía que estaba en la boca del lobo―él es una víctima de tu mierda.
―Y de la tuya ―respondió al instante y nuevamente una mano se aceró hacia ella, intentó esquivar el golpe, pero no fue otra bofetada, el saiyajin posó su mano derecha sobre su cuello, y espantada notó como con solo una mano podía rodearlo por completo. ―déjame ir. ―su agarre no tenía fuerza, solo la mantenía para que no pudiera irse, supuso.
― ¿No querías hablar conmigo? ―Preguntó medio sonriéndole, Bulma se estremeció al ver sus labios curvarse―Te escucho.
―Y-ya lo dije ―murmuró temblando, intentó con sus propias manos quitarse la de él, pero fue en vano, sus fuerzas no eran capaces de mover su brazo ni sus dedos, era como una pieza de mármol―podemos llegar a algún acuerdo con la tuición de Trunks.
―Trunks ―repitió, asintiendo para sí mismo―mi primogénito con nombre humano ―soltó mordaz―Me excluiste de su vida, zorra ―escupió con veneno en su voz, Bulma cada vez se hacía más pequeña frente a él, ahí estaba otra vez, el miedo. Veía al saiyajin, pero no lo reconocía. Ni siquiera en sus momentos más oscuros, lo había visto reaccionar así, en sus pupilas no había brillo alguno, sus caninos lucían con aparente filo, era como si el saiyajin con el que había vivido se hubiera ido, y en frente tuviese a un desconocido. Siempre pensó en él como un monstruo, o una bestia, pero ahora entendía que estaba equivocada, la verdadera bestia era la que la tenía sujetada, la que la había golpeado―lo mutilaste…
― ¿De qué mierda hablas? ―Preguntó alzando la voz, y al hacerlo, los dedos del saiyajin apretaron un poco su cuello, frunció el ceño, en sus ojos reflejaba el pánico y no tenía intenciones de esconderlo―suéltame…
―Su cola ―explicó mirándola con el ceño fruncido, y Bulma abrió sus ojos de par en par, recordó vagamente lo molesto que estaba Raditz cuando decidió cortar la cola de su hijo, y al ver su expresión entendía el significado de todo ello―se la quitaste… ¡¿Qué derecho tenías de hacerlo?! ―Le gritó, acercando su perfil al de ella. La princesa intentó alejar su cabeza de la de él, pero no podía alejarse mucho por su agarre y poniéndole las cosas peor, su otra mano se unió en su cuello. Bulma intentó con ambas manos, en vano, intentar quitar las de él.
―S-soy su madre, tengo todo el derecho ―respondió mirándolo fijamente.
―Deberías haber muerto ―murmuró el rey. Bulma alzó ambas cejas al notar el cambio, su semblante ya no parecía molesto, era como si la rabia se hubiese esfumado de pronto, tragó en seco. Sentía que estaba con más de un Vegeta y le estaba aterrando―debiste morir en esa nave… estallar y no volver a aparecerte en mi vida.
―Déjame ir ―insistió, él volvió a hacer presión en su cuello, soltó un gemido cuando sus dedos se hundieron en su piel nívea―V-Vegeta… s-suéltame―el aire empezó a escasear.
―No es muy tarde ―susurró, su voz incluso en el murmullo se oyó grave. El semblante del rey volvió a cambiar, y Bulma lo miró con terror. Él le sonrió, una sonrisa lúgubre y burlesca al mismo tiempo, la joven sintió su piel quemar, y el calor traspasó a su garganta, le estaba cortando el paso del aire, estaba estrangulándola y no podía defenderse. Pataleó con las pocas fuerzas que tenía, pues empezaba a faltarle el oxigeno a todo su cuerpo, él fue aproximándose a su perfil sin soltar su cuello―deja de existir.
Dejó de respirar, sentía como su garganta quemaba y si no moría por la falta de aire, lo haría cuando él le quebrara el cuello. Sus ojos comenzaron a cerrarse, y cada vez costaba más abrirlos, su garganta quemaba y sus manos que intentaban con desesperación, quitarse las de él de encima, fueron perdiendo intensidad en sus movimientos, y al mismo tiempo que cayeron inertes hacia cada lado correspondiente, sus ojos se cerraron y todo se volvió negro.
Creyó que había muerto. Cuando volvió a abrir los ojos, fue consciente de que respiraba, y fue como un bendito regalo de alguna divinidad. Pudo sentir como el aire entraba y salía, su garganta ardía. Parpadeó confundida, miró el techo artificial algo desorientada. No sabía donde estaba, ni qué estaba haciendo antes, pero su cuerpo le recordaba su lucha por sobrevivir, por lo que el miedo a la muerte lo supo reconocer. Tragó en seco al recordar, poco a poco, lo que había pasado, él y sus manos en su cuello, intentando ahorcarla, entonces notó, que su cuello seguía sintiendo esa presión.
Abrió los ojos de par en par, intentando dilucidar qué estaba pasando, y en cosa de segundos, recordó porqué se había desmayado, y entendió lo que estaba pasando ahora. Él seguía con sus manos en su cuello, pero ya no ejercía presión y cuando fue consciente de su propio cuerpo, notó que de su propia boca salían quejidos roncos, por su garganta resentida. Él estaba en su panorámica visual, demasiado cerca, lo veía moverse, y cuando sus sentidos volvieron, lo sintió moverse.
―N-no ―susurró al sentirlo entrar en su intimidad, dolió, pero fue fácil notar que no había sido la primera embestida ¿Hace cuando se había dormido?
Él seguía afirmando su cuello, como si pudiera escapar y al mismo tiempo, la penetraba sin cuidado, sentía su cuerpo menearse al ritmo de sus embestidas, podía ver sus pies moverse como si fuera una muñeca de trapo, que sacudían sin cuidado. Su semblante lucía concentrado, su ceño fruncido y una mueca en su boca, como si intentara contener los gemidos. Bulma cerró sus ojos, su miembro erecto se abría paso bruscamente, sus pelvis chocaban, sentía que se le escapaba el aliento.
No podía evitar gemir de dolor, él seguía presionando su piel dañada, y después de años sin tener relaciones sexuales, ser forzada de esa manera era recordarle la primera vez que estuvo con él, no era tan doloroso, pero estaba siendo más violento. En cada movimiento, su rabia era traspasada, casi podía tocar su odio, lo entendió en ese momento, él no estaba bromeando cuando le dijo que la prefería muerta. Y si ahora estaba viva, había sido mera suerte, si es que podía llamarlo así. Por algún motivo, él había desistido de asesinarla o quizás creyó que lo había hecho.
Pasaron unos minutos, que para la princesa fueron eternos, donde él se mecía sobre ella, entrando y saliendo sin piedad, cuando sintió su miembro soltaba su esperma en su interior, estrechó los ojos al sentir su calor. Él no la soltó y se quedó respirando agitado, sin salir de su interior.
Le hubiera gustado gritarle, pedirle y exigirle que la dejara ir. Pero su voz no salió. Estaba paralizada debajo de su cuerpo, sus ojos azules lucían sin vida, sus labios entreabiertos no emitían ruido alguno. Su pecho subía y bajaba lentamente, él en cambio, respiraba ruidosamente y sin dejar de mirarla, soltó su cuello y acercó su palma a su cara, donde la había golpeado, con la yema de sus dedos rozó la herida de su labio y se acercó, por un momento pensó que la besaría y la idea le dio asco, pero cuando notó la dirección a su oreja, se calmó.
―Puedes volver a la tierra con las manos vacías ―su corazón pareció dejar de latir, afectado por sus palabras, todo su cuerpo se congeló, atento a su susurro―no dejaré que vuelvas a ver a mi hijo, nunca más. Pero, quizás ahora te hice otro ―se alejó de su oreja y la miró fijamente, sus perfiles estaban a unos tres centímetros de distancia, Bulma miró con horror sus ojos negros, parecían más fríos que de costumbre―después de las tres veces que te follé, quizás tienes suerte.
Antes de poder responder, o intentar alejarse de él, Vegeta lo hizo. Salió de su cuerpo sin cuidado, ignorando su desnudez masculina, tomó su antebrazo derecho y la levantó de la cama. Bulma se quejó por la violencia de su agarre, pero él la ignoró. Cuando sus pies tocaron el suelo, sintió como los fluidos se escurrían por la parte interna de sus muslos, alcanzó a bajar su falda cuando levantó la vista y lo vio abrir la puerta de su habitación, antes de poder decir alguna palabra, el saiyajin la lanzó al pasillo del hostal, cayó de rodillas al piso alfombrado, volteó hacia él con rabia, dispuesta a insultarlo, pero ya había cerrado la puerta.
Sintió ganas de llorar, no merecía esos tratos, debía pararse, pero sus piernas no respondían. Su intimidad ardía, y empezaba a creerle que la forzó en tres ocasiones. Oyó un carraspeó de voz, y levantó la mirada para encontrarse con el par de guardias en el mismo lugar de antes, pasó más de media hora si ellos estaban allí. El saiyajin de la cicatriz en la ceja la miraba con burla, pero ella no agachó la mirada y lo enfrentó en una disputa silenciosa, intentó reincorporarse nuevamente, pero se tambaleó hacia el suelo, sin embargo, no cayó. Levantó la mirada confundida y se encontró con el otro saiyajin, que la sujetaba con delicadeza. Bulma parpadeó sorprendida, el escolta la puso de pie sin mucho esfuerzo y la miró fijamente, deteniéndose en su labio reventado.
― ¿Quiere que llame a alguien? ―Preguntó, su voz era la más suave que había escuchado en todos los saiyajin, y parecía genuinamente preocupado.
―Oye ―se metió el otro saiyajin―déjala. No te metas en problemas por su culpa.
Bulma se alejó del sujeto que la ayudó y negó, miró a ambos y sin decir una palabra, caminó lentamente hacia el elevador, su cuerpo se sentía resentido. Su cuello, su entrepierna, incluso su brazo que fue jalado por unos segundos, cada parte de su cuerpo que fue tocada por él, ahora dolía. A pesar de todo, lo único que pasaba por su cabeza era su amenaza, se repetía una y otra vez en su mente, le iba a quitar a su bebé, y no podría verlo nunca más. Sentía que le costaba respirar, no era igual a cuando él la había ahorcado, era una presión distinta, tenía ganas de llorar. Subió al elevador y pensó en qué hacer, no podía regresar así a su habitación. Miró su reflejo en el metal del artefacto, notó como su piel en su cuello se había vuelto violácea, su labio estaba hinchado y se podía ver la herida reseca.
(…)
Sabía que pudo haber usado a su favor todo lo que había pasado la noche anterior, pero tenía miedo, no se sentía capaz de usar las mismas tácticas que él y demandarlo por lo que le había hecho, o incluso amenazarlo para no exponerlo, nada de eso se le ocurrió en el momento y tampoco se atrevía a hacerlo ahora, en parte por exponerse al escrutinio, se avergonzaba de que todos supieran que él la había abusado, había sido difícil decirlo delante de desconocidos en la audiencia del día anterior, y repetir aquello... no podía. Aun lo asimilaba y no era fácil, se sentía sucia, y con culpa. Se cuestionaba la idea de haber ido a verlo, e incluso el no haber hecho algo para evitar aquello, se repetía que no tenía la fuerza para defenderse, entonces volvía la idea original, no debió ir a verlo. Él no era un ser con el cual podía razonar, creyó que, con actuar civilizadamente, él le correspondería de la misma forma. Debió irse cuando los soldados se lo dijeron.
Antes de regresar a su habitación había pasado a un centro de urgencia, se atendió con suma reserva y pagó más de la cuenta para conservar su anonimato en ese recinto. Al menos había recibido buena atención, con un poco de ungüento y maquillaje, no se notaría el daño. Se preocupó de las posibles consecuencias de su encuentro, tomó un par de píldoras potentes para evitar lo que él le dijo, y al recordarlo, su cuerpo temblaba de rabia y vergüenza.
Su madre no había notado nada diferente en ella, aparte de su mutismo, por lo que decidió dejarlo así. No pudo dormir bien, cada vez que dormía, soñaba con sus ojos negros y su sonrisa burlesca, que le congelaba el cuerpo. Despertó en varias ocasiones, ahogando el grito en medio de la oscuridad de la habitación, que, al sentir la respiración calmada de su bebé, recordaba donde y con quien estaba. Lloró en silencio esa noche, y solo abrazando a su hijo pudo dormir un par de horas.
La audiencia era a la misma hora del día anterior, a esa hora de la mañana le daba el desayuno a su hijo y no podía dejar de pensar que, quizás sería la última vez. Sentía sus ojos arder, y una lágrima se escapó de su ojo izquierdo. Tragó en seco, y la limpió rápidamente antes de que su madre se diera cuenta.
―Cariño ―habló su madre detrás de ella― ¿Qué le pasó a tu vestido? Lo tiraste a la basura ―Bulma pensó unos minutos qué responder, no podía decirle que estaba manchado con fluidos de Vegeta y que no pensaba volver a ponérselo nunca más en la vida.
―Me caí ―respondió sin mirarla, mientras le ofrecía una cucharadita de yogurt con cereal al menor―y se rompió. No lo recojas.
―O-ok ―murmuró la mujer rubia― ¡Oh, Bulma! ―La aludida giró hacia ella al mismo tiempo que la mujer se le acercaba―No has tocado tu desayuno ¿Anoche cenaste?
―A eso salí ―dijo desviando la mirada, centrándose en su hijo―madre… él me lo va a quitar… ¿Qué puedo hacer? ―la rubia abrió los ojos de par en par y sin premeditarlo, la abrazó por detrás, rodeó sus brazos por su cuello con suavidad, un toque tan diferente comparado al de él.
―No pienses así ―susurró―aun no se ha decidido nada.
―Él los compró ―respondió, y ya no pudo aguantar las lágrimas, Trunks dejó de masticar al ver a su madre, y parecía que por lo silencioso que estaba, ponía atención a la plática―estoy segura…
―Encontraremos la forma de pedir que lo cambien, se puede pedir la tuición del niño después de unos años ―contestó y besó su cabeza.
―No puedo esperar unos años sin mi hijo ―secó sus lágrimas y volvió a darle otra cucharadita al menor, pero Trunks no abrió la boca― ¿No quieres más, cariño?
―Mama ―gimoteó, alzando sus brazos hacia ella y sin siquiera pensarlo, lo tomó en sus brazos y lo sentó en sus piernas sin dejar de abrazarlo. Su madre no la soltó, por lo que estaban los tres unidos, sin soltarse. El niño apoyó su cabeza en su pecho, su madre dejó reposar su frente en la cabeza de ella, y Bulma apoyó su barbilla en la cabeza del niño.
―Tengo miedo ―reconoció, mirando hacia la mesita―si él me quita a Trunks… ¿Qué será de mi hijo? Se convertirá en un saiyajin, ayer oí como lo llamaron heredero ―ahogó un gemido al recordarlo―lo quieren para ser el siguiente rey, mamá ¿Qué puedo hacer?
La mujer rubia cerró sus ojos, sintió como unas cuantas lágrimas caían y la abrazó con más fuerzas. Ella no tenía la respuesta, estaba igual de aterrada que ella y con mucha culpa, si tan solo no hubiera expuesto a su hija… si tan solo no hubiera hecho todo eso ¡Qué ilusa fue! Creyó que su hija estaba enamorada del rey, y él de ella, que, al verse, volverían a estar juntos y criarían con amor a su nieto, estaba leyendo muchas novelas románticas. Él no amaba a su hija, y ella odiaba al rey, podía entenderlo ahora. Si la amara, no le haría semejante daño, buscaría otra forma de acercarse a la vida de su hijo, reconocía que Bulma no había actuado bien, pero quitarse a su hijo era maldad pura.
(…)
Luis tocó un par de veces la puerta de la habitación, oyó ruido detrás y esperó. La reina madre abrió, asintió en su dirección y se hizo a un lado para dejarlo pasar. Entendía su semblante sombrío, la mujer era alegre y positiva siempre, pero ahora no tenían motivos para serlo, él era un profesional y, sobre todo, realista, era consciente que la situación no era favorable y aun así había tomado el caso, porque le gustaban los retos, sin embargo, no contaba con que el rey hubiera puesto tanto dinero de por medio. Ya lo había averiguado, tenía contactos fidedignos en Iuris, y el rey había extorsionado al juez y algunos del alto mando del planeta de leyes ¡Cuanta ironía! Un planeta dedicado única y exclusivamente a la justicia, corrupto. Las injusticias abundaban en todos los rincones, el mundo era un lugar cruel.
―Buenas tardes ―saludó acercándose al centro de la habitación―el príncipe debe asistir a la audiencia de hoy, usted puede venir para cuidarlo ―dijo mirando a la reina madre.
― ¿Por qué debe ir hoy? ―Preguntó extrañada la princesa, mientras peinaba su cabello.
―…Hoy dictan la sentencia ―explicó―si es a favor del rey, él puede llevárselo hoy mismo ―el cepillo se cayó de bruces al suelo, tragó con dificultad al ver su semblante y ojos vidriosos, él sabía lo que significaba todo ello, pero prefería ser directo―estuve… estuve haciendo las averiguaciones, y como me dijo, efectivamente él puso dinero en el asunto.
―Entonces ―dijo mirándolo fijamente―esto ya está decidido ¿No? ―El abogado asintió agachando la cabeza, la escuchó ahogar un gritito, pero su madre rompió en llanto. Se sintió incómodo, pero no por las demostraciones de emociones, sino porque no podía hacer nada para evitar todo ello. Vio como el niño caminaba hacia su madre, y se agachaba para recoger el cepillo. Estiró su manita para ofrecérselo a la princesa, y cuando la joven se lo iba a recibir, el niño cambió de opinión y lo usó en sí mismo. Sonrió al verlo luchar para peinar sus mechones lilas, los dientes del cepillo eran muy grandes para su fino pelo, por lo que no cambiaba mucho en su intento de arreglarse.
―Lo lamento mucho, no tengo ninguna evidencia como para que podamos tomar medidas ―Bulma asintió desviando la mirada, la vio relamer sus labios y limpiar su mejilla.
― ¿Es necesario que nos presentemos a la sentencia? ―Preguntó sin mirarlo, Trunks dejó de "peinarse" y le entregó el cepillo, al mismo tiempo que pasaba sus manitos por su pelo y lo movía orgulloso, y algo pretencioso. Bulma sonrió al verlo y no pudo evitar romper en llanto. Lo abrazó con fuerza, el niño se sorprendió por el llanto y el movimiento, y gimoteó un "no" confundido un par de veces, pero ella no lo soltó.
Luis sintió sus ojos escocerse, había tenido casos similares, pero estaba presenciando aquella escena de la mismísima realeza terrícola. Observó a la reina madre, quien, sentada en el borde de la cama, sollozaba en silencio, o al menos intentando no emitir muchos ruidos.
―Lo lamento ―repitió―pero no podemos ausentarnos, sería considerado una falta grave.
Bulma no dejó a Trunks en ningún momento, el abogado las dejó a solas por el resto de la mañana. Sabía que serían sus últimos momentos con él, si Luis había confirmado sus miedos, no tenía mucho que hacer al respecto. No podía contra denunciar si no tenía pruebas, a lo único que podía apelar, sería a la consideración del rey… y la idea le daba náuseas ¿Era ese el objetivo del saiyajin? ¿Tener que humillarse para ver a su propio hijo? ¿Era esa su venganza? No. La había intentado asesinar la noche anterior, en sus ojos se reflejaba el profundo odio que le sentía, él no la quería cerca, por eso había ordenado que no la dejaran pasar, había salido viva de esa habitación por mera suerte. Él no la quería cerca de su propio hijo, se lo estaba arrebatando en serio.
Entonces no importaría lo mucho que quisiera estar con su hijo, dependía únicamente del humor y disposición de él. Observaba jugar a su bebé, a esas alturas no podía pensar en todo lo que hizo mal, su cabeza estaba apagada y lo único que sentía era miedo, una fuerte presión en su pecho, y ganas de seguir llorando. No era justo, se dijo ¿Por qué debía seguir pagando las consecuencias de un pasado toxico? Ella era la perjudicada en todo ese lío, él nunca fue dañado de algún modo… sabía que había peores cosas que le podían pasar, que había gente que vivía cosas peores, pero dentro de su realidad, no le parecía normal ni sano que, a su edad, hubiera tenido que pasar por todo eso… por quizás primera vez, pensó en cómo hubiera resultado si en vez de elegirla a ella, hubiese elegido a Tights. No podía evitar pensar qué nada de eso habría pasado, su hermana se hubiera comportado, habría hecho todo lo que él le ordenase, habrían tenido una relación estable y consolidada, sin embargo, no por ello se sentía frustrada. Ella no tenía la culpa, se repetía intentado calmar su rabia y vergüenza, no era justo tener que ser su muñeca, si había decidido quedarse lejos de él, era meramente porque ansiaba su libertad de vuelta.
Quizás seguía siendo una niña inmadura en cuerpo de mujer, que aun no asumía sus responsabilidades como princesa, pero ¿Por qué debía serlo en primer lugar? Antes de la demanda, había pensado en alejarse de sus padres y vivir una vida normal junto a su hijo, ahora nada de eso podría hacerse ¿Había hecho algo malo en otra vida? Seguía obrando mal ahora, siendo demasiado egoísta, pero su hijo no tenía la culpa de nada de ello, él no debía pasar por todo eso. Era una víctima… de la mierda de sus padres ¿Qué sería de su hijo en la adultez? ¿Sería como Vegeta? ¿Le afectaría no ser criado por su propia madre? ¿Lo tratarían bien, a pesar de ser mestizo? No dejaba de pensar en el futuro de su bebé, ahora tenía solo 2 años. No la recordaría si se iba… se convertiría en un vago recuerdo infantil, solo eso.
La hora de la audiencia había llegado, Bulma junto a su madre, Luis y el menor, se encontraban afuera de la sala, esperando ser invitados a pasar. Todavía no llegaba la otra parte, la princesa estaba sentada y en sus piernas, tenía al menor jugando con un dinosaurio nuevo, que ya le había destrozado la mano con los dientes. Se oyeron pasos a poca distancia, miró por el rabillo del ojo y notó al abogado Arneer, a Vegeta liderando el grupo y a Goku junto a él. Abrió los ojos con sorpresa, su amigo pareció notar su mirada, y cuando la observó, solo fueron un par de segundos y desvió la mirada. La joven quedó perpleja ¿Qué había sido eso? Quizás estaba actuando así por la presencia del rey, los saiyajin escoltas de la noche anterior parecían odiarla, seguramente toda la población sabía lo que había pasado y ahora era considerada una bruja en ese planeta, pero ¿Para Goku también? Abrazó con más fuerza al menor, y como respuesta, sintió la boca fría del dinosaurio en su mejilla, simulando un beso.
―Trunks… ―sonrió al niño, vio sus ojitos celestes, que brillaban con inocencia y tuvo que contenerse, no podía llorar en frente de él. Giró nuevamente hacia el otro lado, y se encontró con la mirada del rey, pero no en ella, sino en su hijo. Su primera reacción fue el querer esconderlo, como lo había hecho antes cuando él la visitó en su dormitorio, pero no tenía sentido a esas alturas. Su bebé dejó de acosarla con el dinosaurio y giró hacia Vegeta, muda observó como ambos, padre e hijo, se estudiaban. A veces sentía que su niño podía percibir a los saiyajin, actuaba distinto con ellos. A Raditz lo adoraba, cuando conoció a Goku no le molestó, bueno, Vegeta parecía desagradarle, pero aun así buscaba su atención.
La puerta se abrió a los minutos después de que los saiyajin llegaran, casi como si los esperaran. Una chica diferente los recibió esta vez, tenía el pelo corto y de color naranjo y era un poco más baja que la anterior. Su madre y Trunks se sentaron en los asientos de primera fila de su lado, detrás de ellos. Mientras que Goku y un par de saiyajin, en el lado opuesto.
―Con ustedes, su señoría, el juez Amaimon Menfrield ―de una puerta del fondo, se asomó el hombre de avanzada edad. Se sentó en su posición, y acomodó sus lentes.
―Estamos aquí para dictar la resolución del caso número 5856, saiyajin-terrano ―Bulma volteó hacia atrás a ver a su hijo, su madre le dedicó una pequeña sonrisa, quizás buscaba transmitirle calma, a pesar de que ya sabían el resultado de ese teatro.
No escuchó lo siguiente, se miró los dedos de la mano como si fueran lo más interesante de la sala, luego se quitó un par de pelusas de su blusa, estaba inquieta, sus nervios la hacían moverse con disimulo, volteando hacia atrás, mirando el suelo, los muebles, todo parecía más atractivo que escuchar aquel veredicto. Relamió su labio inferior cuando oyó su nombre, levantó la mirada y notó como el juez la observaba y murmuraba algo, le costó trabajo concentrarse y retomar su discurso.
―… Dadas las circunstancias, el acto de la princesa Bulma, es considerado alta traición ―nada nuevo, se dijo, venía escuchando aquello desde que tomó esa decisión―por parte del demandante, no se le exige ninguna retribución económica, pero se considera dentro del antecedente, y es por eso que, se le cede la demanda al rey Vegeta IV.
― ¿Solo porque no tomará medidas en mi contra? ―Interrumpió pensando en voz alta. Todos en la sala giraron hacia ella, el juez le frunció el ceño y resopló con molestia, sabía que no era bien visto su actuar, pero a esas alturas no le importaba.
―Princesa Bulma, le rogaría no interrumpir el veredicto ―sentenció serio y mirándola con dureza en su expresión―se le cede la demanda al demandante, por ser el único hijo vivo del rey, y como tal, el heredero a la corona del imperio saiyajin. Esconder al primogénito, mentir sobre su paternidad y criarlo como humano de raza pura, son los factores que se consideraron para dictar la sentencia.
Oyó a Arneer felicitar al rey, Bulma no respondió nada más al juez. Encontraba una hipocresía todo lo que estaba sucediendo allí, todo lo que se expuso el día anterior no había servido de nada, ¿Qué importaba si él la había abusado? ¿Qué importaba si vivía con un psicópata violento? Esas no eran excusas para salir corriendo y esconderse de él, no. Debía ser una buena mujer y siempre servirle, esa era la sociedad en la que vivía. Giró hacia el rey, mirándolo sonreír con superioridad hacia su público salvaje, qué descaro, pensó. Todo ese resultado él ya lo había comprado, no era justo, se repitió.
―Se le cede la tuición completa del menor, príncipe Trunks ―continuó hablando, pero Luis levantó la mano, pidiendo la palabra. Bulma volteó ligeramente hacia su abogado, quien, con el ceño fruncido y profunda determinación, miraba al juez―abogado Luis, diga.
―El príncipe Trunks, es el heredero del reino Terra, según dicta el artículo 24.978.456, no se puede quedar un imperio, planeta o país, sin un heredero ―Bulma abrió los ojos de par en par al oírlo, la ilusión inundó su pecho con esas simples palabras, volteó hacia Vegeta, quien no dejaba de sonreír con burla, y sus ojos se encontraron. Ella desvió la mirada, no fue capaz de mantener el mismo ritmo que otras veces, y era extraño, siempre creyó que se había acostumbrado a sus tratos, pero ahora, tenía un terror diferente ¿Eran las consecuencias de su intento de asesinato? Seguramente, lo que había pasado entre ellos fue diferente, no tenía las palabras para describirlo, pero había sido lo peor que le había hecho. El solo recordarlo, le hacía sufrir espasmos.
―El príncipe Trunks, no es hijo de la reina Tights ―respondió el juez, alzando una ceja―no es heredero de la Terra, es del imperio saiyajin.
―La reina Tights no puede concebir ―explicó el abogado―se ha dejado el registro de que el primogénito de la princesa Bulma será el próximo rey.
―No hay nada más que discutir ―murmuró rascándose la barba―no puede ser un heredero compartido, la princesa es joven, puede tener otros hijos que cumplan ese rol, la sentencia ya está decidida.
― ¿Y sobre la unión de mi cliente y el rey Vegeta? ―Bulma contuvo el aliento cuando escuchó su pregunta, la ilusión que sintió por breves segundos se esfumó dejando espacio al pánico. Había olvidado que él había pedido que se aclarase ese punto, tragó en seco, si la sentencia nuevamente era dictada a su favor, tendría que irse con él y ni siquiera podía imaginar lo que le esperaba… pero, podría estar con su hijo. Miró al juez con esperanza, no le importaba ser objeto de maltratos si podía ver a Trunks crecer, sintió sus mejillas sonrojarse, sabía lo que le pasaría, sin embargo, era por su hijo.
―Ah… eso ―carraspeó su garganta y tomó otro papel―legalmente, ese matrimonio terminó cuando el Rey Vegeta tomó a Riander, la actual reina del imperio saiyajin. Como bien expuso el día anterior, la unión saiyajin no se completó, por lo que solo las leyes terrícolas los cobijaban en un matrimonio. Al unirse a otra mujer, el adulterio deja inhabilitado la unión terrana ―Bulma medio sonrió, ¡Cuanta ironía! En otro momento de su vida, aquella sentencia la hubiera alegrado de sobremanera, pero no ahora. No tenía más excusas para estar cerca de Trunks, la única alternativa que había visto, se la arrebataban, como todo lo demás.
― ¿Esta sentencia es definitiva? ―Preguntó Luis, llamando la atención de la princesa―quiero decir, después de un año o dos ¿Se pueden pedir visitas?
―Sí ―asintió el juez―en caso de solicitar visitas, se debe solicitar una audiencia, y se prepara una mediación.
Una audiencia para visitas. Era una idea vaga, pero serviría. No oyó el resto del discurso, cuando el juez les permitió retirarse, volteó hacia su madre, que abrazaba a Trunks sin dejar de llorar. Giró hacia Luis, quien no se movía de su puesto, notó como sus puños temblaban, estaba frustrado, lo entendía, habían perdido porque no fueron lo suficientemente astutos, demasiado ingenuos. Pero no tenía tiempo ni ganas de consolar a alguien más que no fuera su familia o a ella misma, se alejó de su silla y caminó hacia su hijo, estiró sus brazos al menor quien sonriente se lanzó hacia ella.
Lo abrazó con ternura, sintió su calor y cerró sus ojos. No sería definitivo, se dijo, daría hasta su último respiro con tal de volver a verlo, no se echaría a morir, se repitió, debía ser fuerte por él, lucharía por él. Todo lo que haría, sería por él. Besó su frente y separó un poco el abrazo para poder ver su rostro.
―Bulma ―giró hacia atrás y se encontró con Goku, lucía serio. Era como si fuera un saiyajin distinto, no, un verdadero saiyajin. El hombre que conoció cuando era una adolescente era más humano que saiyajin, ahora… era uno más. ―Partiremos ahora, nos llevaremos al príncipe. No necesitan darnos sus cosas, tenemos todo preparado para recibirlo.
―Ya veo ―susurró mirándolo hacia arriba por la diferencia de altura―me pregunto… ¿Cómo accedió Vegeta a un examen de ADN? ¿Cuándo le sacó sangre? ―Preguntó de pronto, notó los grandes ojos de su amigo entrecerrarse, y negó sin hablar por unos segundos.
―No fue necesario. Con un poco de cabello y saliva, bastó ―respondió desviando la mirada―en media hora partimos, por favor evita problemas y lleva al niño al aeropuerto espacial.
―Ya veo…―murmuró ignorándolo ―ya veo…―repitió, asimilando la información.
(…)
Fue puntual. Su madre no pudo acompañarla a la zona de despegue, se despidió de su nieto en la sala de espera y la dejó llorando a mares en una banca. Sentía su pecho pesado, casi oprimiendo sus órganos, su vientre estaba tenso y sus tripas se revolvían, sus ojos escocían y no por el aire pasado a combustible. Iba de la mano con su hijo, pensando, el niño iba balbuceando una canción infantil que le había enseñado Jaco, jugando con el dinosaurio, que, a esas alturas, ya no tenía mano.
Los vio a lo lejos, estaba Goku dando algunas órdenes, el primero en notar su presencia fue el saiyajin que la ayudó la noche anterior. Esperó alguna mirada reprobatoria, o algún desprecio, pero nada pasó. La mirada de aquel saiyajin fue extraña, la sintió de alguna forma… ¿Comprensiva? No, quizás era compasión, le tenía lástima, y al pensarlo le molestó. No quería ser la víctima en esa escena, ni en su historia, quería ser la maldita zorra que todos creían que era, dominar la situación y conseguir lo que quería, a su hijo de vuelta.
―Ah… que bien ―respondió Goku cuando escuchó sus pasos. Se agachó a la altura de su hijo y alegre, le habló― ¡Hola, Trunks!
―No ―murmuró el menor, y le pegó con el dinosaurio en la cabeza. Goku se quejó, pero soltó una risotada a los segundos después. Se reincorporó y la miró serio, sin decir una palabra, con solo una mirada, supo que ya era hora. Fue su turno de agacharse, miró a su hijo y acarició su mejilla―mama…
―Amor…―susurró, y las palabras se quedaron atoradas en su garganta, que aun estaba resentida. Oyó pasos acercarse, y su cuerpo tembló, era él. Lo sabía, podía reconocerlo incluso en la oscuridad, giró ligeramente y lo encontró estoico, a un metro de distancia, justo a los pies de la rampa para ingresar a la nave. ―te amo.
―Tuns tamben te ama ―soltó sonriéndole y se lanzó a sus brazos. No se dio cuenta cuando las lágrimas comenzaron a salir, lloraba en silencio, sus ojos derramaban una y otra y otra lágrima sin descanso, su mirada se volvió borrosa por el agua en sus lagrimales, sentía que todo se derrumbaba a su alrededor, pero era su interior, estaba destruida. Quería ser fuerte, quería recuperarlo cuando aun no se separaban, pero no podía evitar querer derrumbarse en ese momento. Hundió su nariz en la curva de su cuello, sintió como su manita pequeña se posó en su cabeza y la acarició, y sollozó en silencio. Por un momento, sintió que ella era una niña y estaba siendo consolada por un padre.
―Termina el teatro ―escuchó a su espalda, su tono de voz fue frío, casi pudo sentir la repulsión en sus palabras. Rompió el abrazo, y antes de poder besar nuevamente a su hijo, la mano del rey se posó en su hombro y la empujó sin delicadeza. Alcanzó a sostenerse para no caer de rodillas, lo vio agacharse a la altura del menor, y Trunks iba a atacarlo con su dinosaurio, pero Vegeta fue más rápido y atajó el juguete. Sintió miedo, pero su semblante frío y esquivo, se borró cuando observó a su hijo―toma…―Bulma miró confundida lo que el saiyajin le entregaba al niño.
Trunks aun sorprendido porque no pudo golpearlo, observó su mano enguantada con un trozo de tela rojo intenso, soltó el dinosaurio y tomó la prenda, encontrándose con una capa a su medida. Exclamó feliz por la tela e intentó colocar la punta debajo del cuello de su remera, el rey sonrió. Pero no fue una sonrisa burlesca, fue una sonrisa genuina, ella la reconoció. En silencio presenció como lo ayudó a enganchar la tela, con un par de broches dorados y sin decir una palabra, lo tomó en brazos y lo llevó a la nave. Trunks nunca volteó a verla, estaba eufórico con todo lo nuevo que conocía.
Alguien la levantó, no supo quién. Quedó estática mirando como lo único importante de su vida, se iba con aquel demonio con cara de padre amable. Su pecho dolía, no se movió cuando la nave despegó, el viento impulsado por el calor del motor, sacudió su cabello y no le importó. Sintió como caían las lágrimas, como su corazón se rompía, miró al suelo y notó el dinosaurio de su hijo. Se agachó para recogerlo y lo abrazó, ambos habían sido reemplazados, el animal prehistórico por una capa y ella por un padre.
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N/A: Holiiii :B Volvió lo rancio, que era lo que quería escribir xD me cuesta mucho avanzar otros fic, como EAA o JAT, en otros ni pienso, pero con VAM todo fluye muy rápido, imaginen que empecé el cap ayer, y lo terminé en la mañana de hoy. Así de enganchada me tiene este fic. Últimamente estoy escribiendo de otra ship, y es bueno saber que el problema que tengo para avanzar es con la historia y no con la pareja xD
En fin, sobre el cap, les advertí desde el primer capítulo que no será una historia rosa, y que escribiré lo que realmente quiero y sin censura xd así que lo siento, si buscaban un romance rosa. Este cap fue enfocado en Bulma, sentí que era necesario porque sí, Vegeta está interesado en su hijo, pero Bulma es la madre y es la que está sufriendo con todo eso. En el próximo es como siempre, desde los dos puntos de vista y como spoiler, ya en el próximo estarán en Vegetasei.
*He puesto en varias ocasiones, en vez de tierra o terrícola, terra o terrano, y es porque me gusta pensar que los ET los nombren así, como en guardianes de la galaxia.
*Había algo más que tenía que aclarar... pero no recuerdo ahora... bueno en fin, nos estamos leyendo.
Gracias por sus rw, no he podido responderlos, he estado un poco ocupada pero en serio lo aprecio, hacen la diferencia para poder animarme y escribir :)
