Capítulo 8
Vegeta V
Revisó el informe por quinta vez, no estaba comprendiendo lo que leía, no le estaba prestando la atención que debía. Las letras parecían códigos difíciles de descifrar y no estaba de ánimos para intentarlo, dejó el aparato sobre el mesón más cercano y se derrumbó en su asiento principal, allí en el centro de control de la nave. Llevaban unas cuantas horas de viaje, en aproximadamente nueve horas más llegarían a Vegetasei, y lo único que podía hacer en ese momento era odiarse. No quería estar allí, necesitaba liberar toda la rabia y tensión que sentía, estaba harto de contenerse.
Llevó su mano izquierda enguantada a su barbilla y apoyó el codo sobre el apoyabrazos, sus ojos negros lucían tranquilos, para alguien que no lo conociera, pero sus cercanos, como su Mano, sabía que lo que menos estaba, sería sereno. Desde que había descubierto su mentira, que ya nada estaba igual para el rey saiyajin. Fue tajante con su decisión cuando se lo contó a su familia, no tomaría represalias contra la tierra, no le era relevante, la única culpable de su humillación y traición, era Bulma. Se quedaría con su hijo, llegaría hasta las últimas consecuencias, con tal de quitárselo y así lo había hecho, ahora su primogénito estaba resguardado en una de las habitaciones reales, bajo el cuidado de un escuadrón de elite. Su familia no tuvo mucho que opinar al respecto más que acatar sus órdenes, la de criar a un mestizo fuera de la unión oficial de ese momento, no había escuchado argumentos ni excusas, no le interesaban, lo único que tenía en mente era el hacerse cargo de su heredero.
Había decidido cortar todas las relaciones con ella, no quería que su hijo tuviera más rasgos humanos del que ya tenía, y creía que estaba a buen tiempo para quitarle la cultura terrícola. No era demasiado tarde, pero aun así no lo perdonaba. Se había perdido tanto de él, incluso pensó en asesinarlo ¡A su propio hijo! Y la mierda de persona que era ella, no había sido capaz de decirle ni siquiera en ese momento, que aquel niño de semblante serio, con fuerza considerable para ser humano, era suyo ¡Todas las pistas habían estado allí! y ahora lo entendía. No había conseguido intimidarlo y ¿Cómo hacerlo? Si era su sangre, el mismo orgullo y fuerza corría por sus venas, quizás sus colores no eran iguales, pero era saiyajin, era su sangre, era su hijo.
Jamás perdonaría esa mentira, jamás perdonaría a esa mujer que había arruinado su existencia. La odiaba. Lo único que sentía en ese momento por la joven, era un profundo odio y rencor, no quería verla, no quería saber más de ella, quería ignorar su existencia y el primer paso era el quitarle la custodia completa, así, su hijo no tendría que relacionarse con esa zorra traicionera. No quería seguir dándole vueltas al asunto, no quería dedicarle un miserable minuto más a pensar en ella, no valía la pena y ahora lo entendía.
Debía lidiar con su humillación, había pasado años pensándola, imaginándola, lidiando con su muerte, para luego entender que lo que siempre añoró, fue una farsa. Ella era una bruja dentro de un cuerpo atractivo y rostro agraciado, lo había destrozado y ahora pagaba las consecuencias, lo había hundido y había sido difícil salir del pozo, pero lo había hecho, abrió los ojos y ahora sabía, que lo único que podía sentir por el ser que había osado en hacerle semejante daño, era odio. Y, aun así, se molestaba consigo mismo por sentirlo, ¿Llegaría un día en que no sintiera absolutamente nada por ella? Porque el odio era un sentimiento tan fuerte como el amor, y no quería sentir ninguna atadura por ella, ya suficiente tenía con su hijo, y era la única que toleraría. La evidencia de su error, la llevaría para toda la vida y no dejaría que nadie se lo arrebatara, lidiaría con ello y lo transformaría en algo mejor, su primogénito no tenía la culpa de nada, era lo único bueno que había salido de aquel infierno.
Evitaba seguir dándole vueltas a todo ello, porque hacerlo era recordarse lo mucho que se había humillado ante ella, y lo cobarde que había sido al no ser capaz de quebrar su cuello ¿Por qué? ¿Por qué no había podido hacerlo? Era tan simple, lo había hecho infinidades de veces, su vida sería más sencilla de lidiar sabiendo que ella ya no respiraba ¿Por qué no pudo deshacerse de ese demonio con rostro de mujer? Su odio no había sido suficiente para hacerlo. Había dado la orden de no dejarla pasar, porque sabía que no podría contenerse si la veía, y no quería seguir desgastándose por ella, y al verla en su habitación, actuando cínicamente abogando por su hijo, el que le había quitado, ocultado y mutilado, lo descompensó. Ella no tenía ningún derecho para arrebatárselo, para decidir alejarlo de la vida de su primogénito y aun así lo había hecho, ella no merecía su compasión, lo sabía más que nadie, y era lo que más le enfurecía, sabiendo todo ello y no fue capaz de quitarle la vida, ella lo superaba en tantos aspectos, su orgullo ya no resistía más humillaciones. Lo único que lastimosamente lo consolaba, era saber que nadie más estaba enterado de su intento desaprovechado de asesinato. Frustrado por él mismo, se sentía tan avergonzado. Ella lo había quebrado, la odiaba, no la quería cerca, y tampoco podía eliminarla ¿Qué más debía saber, para tener las fuerzas necesarias para olvidarla o matarla? Lo que fuera primero, no le importaba el orden, lo único que quería era dejar de pensar en su humillación, necesitaba recoger los trozos de dignidad que le quedaban, y enfrentarse al futuro con la frente en alto, demostrarle a su hijo, como debía ser un saiyajin, que aprendiera de sus errores.
Pensar en su hijo le ponía nervioso. No sabía de niños, y nadie en su especie había lidiado con cachorros de la edad de su crío, aun no le hacían exámenes para verificar su estado de salud, pero era consciente de que no tenía más de dos años, y la infancia en su planeta comenzaba desde lo años. Todo recién nacido, se dejaba en una máquina incubadora hasta que pudiera valerse por sí mismo, a partir de allí iniciaba su entrenamiento según su nivel de pelea, los de clase baja eran enviados a planetas de categoría D y E, mientras que los de clase media y alta, eran entrenados y luego enviados a purgas. Él como príncipe heredero, nació siendo de clase alta y fue entrenado, como la mayoría, pero ¿Y su hijo? ¿A qué clase pertenecería? Era un mestizo ¿Sería de clase baja? Esas inseguridades lo invadían a menudo, no dejaba de pensar en qué haría si fuese así. Era su primogénito, y había sido claro con su familia, sería el heredero a la corona, pero si era un saiyajin de clase baja, no podría dejarlo como el futuro rey. Hace tiempo que no tenía algún propósito, ella le había arrebatado tanto y ahora, él había tomado algo que era suyo, y había recuperado su motivo para vivir. Teniendo al niño, se esforzaría por seguir siendo una potencia intergaláctica, dejarle el mejor imperio para que lo continuara, quería que fuera él, quien siguiera a cargo. Si su hijo era de clase baja, tendría que procrear otros guerreros, y si ninguno era apto, los de Tarble lo serían, pero no quería que fuese así, quería a su primogénito como el heredero.
Era toda una revelación, él era metódico y entendía las normas de su planeta y era por eso que temía que el niño no fuera apto para su rol como príncipe, porque respetaría las costumbres si su hijo no lo era, por eso lo deseaba y le daba vueltas al asunto. Estaba ansioso por hacerle las pruebas de salud y aptitudes, y ver en qué categoría quedaba, si aplicaba a media no era un problema, él se encargaría personalmente de entrenarlo y guiarlo para subir, y apelaría con la corte y con quien fuese para que se proclamara como el futuro rey. Por ello había dado la orden de tener los exámenes listos para hacerle apenas llegaran al planeta.
Fuera de todo ello, el lidiar con un niño tan cachorro le complicaba. Era tan pequeño… y difícil de comunicarse con él ¿Cómo lo entrenaría? No sabía qué métodos usar, o como tratarlo. Había averiguado sobre los humanos cachorros antes de llegar a Iuris, Tarble le había ayudado y enviado toda la información que tenía, y hace tiempo que no estudiaba tanto, pero se había esmerado y leído todo. Aunque en vez de aclararse, se sintió más perdido. Los humanos eran delicados, dependientes y, sobre todo, de crecimiento lento ¿Qué tan humano era su hijo?
―Alteza ―la voz de su Mano lo sacó de sus pensamientos, asintió sin mirarlo, en señal de atención―hay un problema con el príncipe. ―Su corazón se detuvo por unos segundos y volteó hacia el saiyajin alto, no fue consciente de qué cara puso, pero al ver el semblante asustado del guerrero, supuso que no pudo mantener su inexpresividad habitual―él está bien, no se preocupe. Al menos físicamente…
―Habla de una puta vez ¿Qué tiene mi hijo? ―Dijo rechinando los dientes, a la vez que su vientre se revolvía, se puso de pie, y sin esperar una respuesta, caminó hacia la salida del cuarto de control― ¿Sigue en su habitación?
―Sí ―respondió siguiéndole de cerca―pero no está pasándolo bien.
― ¿Qué quieres decir? ―Preguntó, deteniendo el paso justo en medio del pasillo. El saiyajin más alto iba a abrir la boca, pero un fuerte grito infantil se hizo oír a la distancia. El rey no esperó por una respuesta y se puso a correr, en dirección a la habitación del menor, Kakarotto le seguía de cerca. Los operadores y saiyajin que estaban en los pasillos, se hicieron a un lado cuando vieron al rey y a la mano, sin alcanzar siquiera a reverenciarlos.
Los gritos del niño se hacían más y más fuertes a medida que se acercaban. El rey vio a la escolta de su hijo a fuera de la habitación, mirando hacia el interior desde el umbral. Frunció el ceño, su hijo estaba gritando ¿Y lo miraban desde la distancia? La ira creció, su cola se desanudó de su cintura y se meció de lado a lado, erizada e inquieta. Al oír sus pasos, los saiyajin que estaban en la puerta giraron en su dirección, y se inclinaron al instante.
―Alteza ―murmuraron al unísono cuando llegó, el rey pensó en deshacerse de aquellos mediocres, pero priorizó a su hijo, por lo que ignoró a los soldados y se asomó por el umbral de la puerta y se quedó ahí, minutos enteros sin decir nada ni mover un músculo.
La habitación, que había ordenado preparar cuidadosamente para su hijo, estaba destruida. No había espacio en el suelo que no tuviera restos de cama o mueble, ropa o comida. Era un completo desastre, incluso había abolladuras en las paredes, y en el centro de la habitación, el niño en el suelo gritando, sacudiéndose de forma anormal, mientras se cubría la cara con la capa.
―Es un berrinche descomunal ―explicó Kakarotto a su lado. No comprendía lo que pasaba, o qué sentido tenía el hacer aquel desastre, giró hacia los soldados, quienes miraban atentos el escándalo del menor.
― ¿Qué… está haciendo? ―Preguntó después de unos minutos. Se sentía ignorante, y odiaba tener que recurrir a asesoría externa, pero no podía hacerlo de otra forma, no tenía experiencia ni conocimientos para entender a un niño.
―Está molesto ―murmuró el saiyajin de melena alborotada, al mismo tiempo que se apoyaba en el marco de la puerta―es su forma de decirnos lo que siente.
―Pero… ¿Por qué no para? Ya lo demostró ―dijo, tragó en seco y giró hacia el niño, que sacudía las piernas y no dejaba de chillar.
―No lo hará, hasta que se canse o se le dé lo que quiere ―Vegeta volteó hacia el saiyajin, parecía relajado, como si entendiera a la perfección lo que pasaba, y por su semblante podía deducir que no era nada serio, pero no dejaba de preocuparle.
―Pero no ha parado en más de una hora ―susurró un soldado detrás, el rey volteó a verlo, y el saiyajin agachó la cabeza, asustado por hablar sin pedir permiso.
― ¿Eso es normal? ―Preguntó frunciendo el ceño, mientras giraba hacia la Mano, que parecía el experto en niños en ese momento y, por lo tanto, su única asesoría.
―Eh… es muy terco ―explicó―pero, aunque se canse y se duerma, esto no parará.
― ¿Por qué? Si acabas de decir que lo hará cuando se canse ―soltó hastiado ¡Estaba tan confundido! No llevaba ni un día con su hijo y los nervios, la ansiedad y el miedo le jugaban en contra.
―Porque lo que pide no es un juguete, o comida ―murmuró mirando al niño, que ahora se había parado para seguir rompiendo la cama, con sus pequeñas manos agarraba trozos del colchón y los lanzaba lo más lejos que podía, y cuando no podía quitarlos con sus manos, lo hacía con sus dientes, era una pequeña bestia salvaje, pensó el saiyajin alto.
― ¡Denle lo que quiere! Maldita sea, puede tener lo que quiera ―ladró molesto, dándose la vuelta para irse, pero la voz de la mano del rey lo detuvo.
―Quiere a Bulma ―murmuró sin mirar al rey― ¿Le damos lo que quiere?
Vegeta guardó silencio, y fue como si nadie más respirara en ese lugar. Lo único que se podía oír eran los quejidos del niño, que chillaba y gimoteaba sin cesar, frunció el ceño, iba a protestar, a dudar de las palabras de su consejero, cuando un grito de su hijo lo detuvo, un grito claro y estremecedor, llamando a su madre. Su corazón se detuvo unos segundos, giró hacia el menor en la habitación y entró, haciendo notar su presencia con sus pasos, pero su hijo lo ignoró. Se agachó a su altura, dispuesto a hablarle, intentar llegar a un consenso con el niño, pero apenas tocó su hombro, el menor lo apartó con un manotazo y le gritó un fuerte "No".
―Alteza ―oyó a su espalda―es un bebé de dos años. A esa edad todavía necesitan de su madre, por lo menos hasta los cinco años…
Le costaba tragar, sentía un nudo en su garganta que le impedía incluso respirar ¿Nunca se iba a liberar de la carga de haberla conocido? Su semblante se ensombreció al pensarlo, no quería verla nunca más, pero su hijo no pensaba igual. Frunció el ceño, quizá sería lo primero que debía aprender, no se podía obtener todo lo que se quería y tarde o temprano, el niño tendría que superarlo, al igual que él… pero apenas ese pensamiento cruzó por su mente, lo descartó. Vio como su hijo lloraba, tenía las mejillas rojas de tanto esfuerzo, y sus ojos irritados, los grandes orbes celestes que tenía, ahora lucían estrechos y rojizos de tanto llanto, las lágrimas no cesaban y su voz se oía ronca, imaginó que de tanto gritar. El niño estaba sufriendo, sintió su pecho oprimirse, no podía hacerle eso. Quiso acercarse, no sabía a qué, quizás a consolarlo, de forma inconsciente, pero el menor no se lo permitió. Otro manotazo lo alejó, al mismo tiempo que intentaba patearle, pero al estar recostado en el suelo, sus piernas regordetas no lo alcanzaban.
Le hubiera gustado ser frío en ese momento, o al menos un poco calculador, pero el dolor que mostraba su hijo, lo quebró. No quería ser él quien le causara semejante daño, se dio cuenta allí, en ese momento, que él moriría con tal de evitar que su hijo volviera a sentir aquello ¿Eso era ser padre? Tal vez, se dijo, lo único que quería en ese momento, era evitar que el niño sufriera, si su hijo quería la luna, se la daría, si quería un planeta para él solo, se lo daría, si quería a su madre a su lado, la tendría. No había nada que no haría o daría, por él.
―Envía un mensaje ―murmuró, sin mirar al saiyajin, se dedicó a contemplar al niño que ahora se había puesto en posición fetal, mientras lloraba y llamaba por su madre―pero hay ciertas condiciones.
Kakarotto asintió, y sacó su tableta digital, al mismo tiempo que buscaba el contacto de Bulma, y comenzó a anotar con rapidez lo que el rey le decía.
(…)
Repasó las capsulas, guardó tres cajas metálicas repletas de éstas, en un bolso de mano. Miró la hora en su reloj de muñeca y mordió su labio inferior. Sabía que estaba metiéndose en la boca del lobo, pero ¿Qué importaba? Lo haría para estar cerca de su hijo, y era la mejor oportunidad, no la dejaría escapar. La nave en la que viajaban de regreso a la tierra, llevaba cinco horas de viaje, cuando recibió un mensaje de Goku, pidiéndole que se encontraran en el cuerpo celeste Ciaoxl.
El alma le volvió al cuerpo cuando lo leyó, le pedían que viajara con ellos hasta Vegetasei, y de ser posible, quedarse hasta que Trunks pudiera separarse de forma definitiva de ella. Entendía lo que estaba pasando, su hijo era un bebé de dos años, la necesitaba y seguramente se los había hecho saber más temprano que tarde, sonrió triunfante al imaginar la decepción del rey al decidir aquello. Porque estaba segura que aquello, no era parte del plan de Vegeta, él había sido claro, no quería que se volviera a acercar a su hijo, y ahí estaba, viajando para estar con él. No importaban las circunstancias, soportaría lo que fuese con tal de poder estar junto a su bebé.
Salió de su habitación y se dirigió a la sala de control. Su madre estaba allí, parecía un cuerpo en estado vegetal, y solo si se acercaba lo suficiente, podía asegurarse de que respiraba. Al llegar junto a ella, posó su mano derecha en el hombro izquierdo de ella, la mujer rubia levantó la mirada hacia ella y pudo ver sus ojos irritados de tanto llorar.
―Esta bien ―le murmuró, intentando sonar comprensiva―todo estará bien.
― ¿Estás segura de hacer esto? ―Preguntó desviando la mirada―lo mejor sería iniciar una nueva estrategia para recuperarlo.
―Si hago eso, tendría que esperar por lo menos dos años ―explicó, respiró profundamente y siguió―Trunks me necesita ahora, ellos lo saben y por eso me contactaron, no pueden lidiar con él. Me lo quitó y ni siquiera saber ser padre… ―soltó lo último con rabia.
―Pero puede aprender ―respondió por inercia su madre, Bulma le frunció el entrecejo, dispuesta a replicar, pero su madre fue más rápida en explicarse―Trunks los necesita a los dos. Es medio saiyajin, necesita aprender a controlar esa parte de sus genes.
―Esta es una oportunidad única. Podré seguir con él, mientras preparamos el juicio para recuperarlo o transar por visitas, todo saldrá bien ―dijo, más para ella que para su madre, intentando convencerse de que era lo necesario, que debía hacerlo.
Una parte de ella, temía. Estaba aterrada y sabía porque, estaría a merced de él, la había intentado matar antes y ahora estaría en su territorio, expuesta a que en cualquier momento le quebrara el cuello ¿Y si era una trampa? No… él no necesitaba ese teatro para deshacerse de ella, lo sabía, si habían recurrido a contactarla era porque realmente su hijo la necesitaba.
― ¿Me… perdonarás algún día? ―Preguntó en un susurro, sacándola de sus pensamientos. Bulma giró hacia su madre, observó su semblante cansado, había bolsas debajo de sus ojos, infladas y rojizas, había envejecido un par de años en esas cuantas horas. Se agachó, se puso de rodillas frente a ella y tomó sus manos, la mujer rubia relamió sus labios y agachó la mirada, volviendo a llorar. Los técnicos de la nave ya estaban acostumbrados a ver semejante demostración, y entendían que la situación lo ameritaba.
―No es tu culpa ―murmuró, entrelazó sus dedos con los de ella y acercó el dorso de su mano izquierda y la besó con suavidad. Sus ojos comenzaron a escocer, sabía que las lágrimas querían salir, hace años que no se demostraba así de afectuosa con su madre ¿Alguna vez lo fue? Oh… claro, como hasta los cinco años quizá, ya no lo recordaba―son mis errores. No te sientas culpable.
―Pero… si no hubiera organizado todo eso ¡No quería que resultara así! ―Se debatió la mujer, Bulma negó y apoyó la cabeza sobre su regazo, minutos mas tarde sintió los dedos largos de su madre, ordenarle el cabello, al mismo tiempo que la acariciaba.
Se quedaron en silencio, Bulma había comenzado a llorar y no podía parar. Era un cúmulo de cosas y sentimientos que afloraron en la joven princesa, por el simple hecho de abrirse a su madre, como si fuera la llave que la ayudaba a dejar ir todas sus penas. No quería levantarse, ni siquiera para limpiarse la cara o dejar de exhibirse así frente a desconocidos, no tenía las fuerzas ni las ganas para hacerlo. Normalmente no demostraba lo que sentía, intentaba siempre lucir fuerte y como si nada le preocupara, pero frente a su madre ya no quería fingir. Tenía miedo, se sentía insegura y, sobre todo, estaba preocupada por todo lo que se avecinaba. Su hijo había caído en manos de los saiyajin y querían criarlo como tal, ella estaría allí presenciándolo. Tenía muchas ideas en mente, como el tratar de evitar que su hijo se volviera uno de ellos, iba a estar cerca de él, podría seguir siendo su madre y criarlo como debía ser, pero no sería fácil, si era descubierta, podía incluso no volver a ver la luz del día. Ahora lo sabía, su vida corría riesgo y aunque se decía a sí misma que era lo de menos, que no podía dejar que hicieran de su hijo un asesino desalmado, su sentido común le alertaba.
―No hay nada que perdonar ―susurró, contra su falda. Se reincorporó lentamente y secó sus lágrimas, al mismo tiempo que olfateaba sus mocos―no te sientas culpable por esto.
―Bulma ―murmuró, bajando la voz, para que solo ellas dos escucharan lo que diría―puedo entender, después de todo esto, que no quieres regresar con él… ¿Qué es lo que pasó entre ustedes? ―la joven no respondió, no porque no quisiera, simplemente porque las palabras no salieron de su boca, sus labios estaban sellados, se rehusaba inconscientemente, a decir sus motivos―entiendo si no me lo quieres decir, pero me preocupa que si no quieres estar con él, ahora regreses a ese planeta ¿Estarás bien? ―Susurraba, su hija asintió lentamente, como si procesara lo que le diría.
―No voy como su mujer ―dijo, aunque sabía que eso podía valer nada si él lo quería, omitió aquello para su madre―voy como la madre de su primogénito, no estaré recluida allí.
― ¿Estarás bien? ―Insistió la mayor, posó su mano derecha sobre la mejilla enrojecida de su hija, con sumo cuidado, como si quisiera borrar los rastros de llanto.
―Sí. Si estoy con Trunks, lo estaré ―dijo con determinación, acarició la mano de su madre en su mejilla y cerró sus ojos. No había pensado antes en lo mucho que necesitaba el cariño y apoyo de su mamá, esperaba que alguna vez, su hijo se sintiera igual con ella, que cuando estuviera triste o pensara que no había nada por hacer, que cuando necesitara apoyo, recurriera a ella y con un simple abrazo, poder confortarlo y hacerle olvidar lo que iba mal.
―Alteza ―ambas mujeres giraron hacia el piloto de la nave, que las miraba afligido por interrumpir aquella escena―aterrizamos en media hora.
Bulma estiró el cuello para observar la ventana de la nave, pudo ver a lo lejos, dentro de la inmensidad del espacio, un planeta pequeño, casi más pequeño que Plutón, Ciaoxl parecía de color verde lima, un par de anillos de rocas de diferentes tamaños lo rodeaban, cruzándolo por cada lado, formando una "X" cuando se interceptaban. Acomodó la gravedad en su brazalete, el planeta estaba cubierto por un domo que gracias a diferentes satélites era proyectado, el cual brindaba la atmosfera ideal para que cualquier forma de vida pudiera parar a reabastecerse, era el rol de aquel cuerpo celeste, como una estación de servicio espacial.
Sintió como su madre apretaba su mano izquierda, y ella le devolvió el agarre con la misma intensidad. Ella estaba preocupada, y sabía que se sentía culpable, también sentía tristeza, pues su único nieto había sido alejado de ellos. Sabía que todo ello era debido a sus decisiones, que lo que estaba viviendo no solo la golpeaba a ella, acarreaba de forma directa a toda su familia, pero a pesar de eso, se sentía más tranquila teniéndola a ella a su lado.
―Por favor tomen asiento y usen el cinturón ―pidió el copiloto, Bulma soltó la mano de su madre y se ubicó en el primer asiento. Apenas sintió como la nave se esforzaba en aterrizar, su vientre se revolvió.
No quería pensar en nada más que en su hijo, pero al hacerlo, inevitablemente era recordarlo en los brazos del rey, cuando se lo llevó. Ahora estaría nuevamente con él, no habían pasado más que unas seis horas alejada de su bebé y había sido insufrible, se expondría a toda la especie saiyajin, solo para estar con Trunks. Lo que le ponía nerviosa era el lidiar con Vegeta, su madre tenía razón, ambos serían parte de la vida de su hijo y los necesitaba-aunque lo reconociera de mala gana-su hijo necesitaba una imagen paterna definitiva, y aunque no sabía si el rey sería apto para ello, era quien realmente tenía ese rol y sobre todo, había pagado para tenerlo, por lo que esperaba, con toda sus energías, que fuera un buen padre para su hijo.
Ya no podría alejarlo nunca de la vida de su hijo, ahora él tenía la custodia permanente y la que sería reemplazada en cualquier momento, sería ella. Pero con lo mucho que amaba a su hijo, lo único que podía optar a rogar, era que Vegeta fuera el padre que su hijo necesitaba y no el rey que Trunks debía obedecer, creía que ya el que la hayan contactado, era un indicio de que lo estaba juzgando mal, al menos como padre. Solo esperaba no equivocarse e ilusionarse en vano con ello, con el rey se podía esperar cualquier cosa, era una caja de pandora, que no debía ser abierta ni mucho menos sacudirla, y ella la había tomado y lanzado al suelo, ahora tenía que lidiar con sus actos.
La nave aterrizó en el tiempo estimado, no tuvo que bajar para notar que la máquina de los saiyajin ya se encontraba allí. Respiró profundamente, llamando a la calma que no tenía, sentía que su cuerpo temblaba y esperaba que fuese solo su idea, y no demostrar lo mucho que le afectaba todo ello, estaba aterrada y a la vez, ansiosa por ver a su hijo. Abrazó a su madre unos minutos, ninguna quería romper la unión, Bulma olfateó el olor de la reina, guardándolo en su memoria, la próxima vez que la viera seguramente sería en varios meses, si hubiera sabido que las cosas terminarían así, lo habría hecho también con su hermana y padre, incluso con Jaco.
―Estén atentas al canal de comunicación, intentaré hablarles seguido por allí ―dijo después de unos minutos, donde los brazos delgados de su madre apretaban su cintura, y ella su cuello, colgándose de la mujer.
―Eso espero ―murmuró en la curva de su cuello― ¿Llevas tu propio comunicador?
―Sí ―asintió―no pediré nada de ellos. Voy completamente equipada ―hubiera querido decir que ya no era la mocosa a la que manipularon y atormentaron, que ahora era una mujer adulta y que no les debía nada, pero sería preocupar innecesariamente a su madre.
―Cuídate, por favor. A veces, para estar a salvo, es bueno ser precavida ―Bulma se separó un poco de su madre, para poder observarla a la cara, la mujer lucía seria, la joven entreabrió su boca por la sorpresa, en el último tiempo, venía conociendo facetas nuevas en su madre―ya no vas como su futura esposa, si cometes un paso en falso, puede ser tu condena. Ya no son nuestros aliados, Bulma y tú no eres su mujer.
―Lo sé ―asintió, sintiendo como el fuego en su interior invadía su pecho, dándole fuerzas al ver que su madre comprendía su situación y que parecía apoyarla―tendré cuidado.
―No seas tan imprudente ―dijo, rompiendo el abrazo y posando sus manos en sus hombros, para hacer énfasis a sus palabras. Bulma sintió de repente, que había vuelto a ser una niña, a la cual guían y regañan cuando es necesario―mantente con vida.
―Sí ―asintió sin protestar, observó sus ojos azules y por primera vez, vio en ellos algo más que ingenuidad. Ya no parecía ser la mujer despistada y alegre, vio ferocidad en su mirada, intentaba, con esas palabras, hacerle entender el peligro al que se expondría, y aunque ya lo sabía, lo valoraba. ―Tranquila.
―No. No lo estaré, sabiendo que estás allí con mi nieto ―reconoció, iba a seguir hablando, pero una notificación ruidosa las interrumpió, el encargado de la mensajería abrió la alerta y habló sin mirar a la reina y princesa.
―Es de la mano del rey ―murmuró, giró hacia ellas y al ver como la reina asentía hacia él, continuó―piden que se apresure, princesa.
―Bien ―asintió, volteó hacia su madre y notó su congoja―todo estará bien ―repitió por quizá tercera vez ese día, como ella había dicho hace un momento, no importaba lo mucho que le pidiera que estuviera tranquila, su madre no lo estaría, no dejaría de preocuparse y angustiarse, y lo comprendía, ella se sentía igual con Trunks―te avisaré cualquier cosa, te amo.
―También te amo ―besó su mejilla con suavidad, luego su frente cubierta por su flequillo, Bulma sonrió y la imitó. Soltó sus manos y caminó hacia la salida, presionó el código de apertura y cuando la luz se roja se volvió verde, la puerta se deslizó hacia arriba y se desplegó la rampa.
Observó su brazalete, verificó que la configuración era correcta, una vez comprobado, bajó a paso lento. La nave saiyajin estaba a dos puestos de distancia de la suya, desde la distancia pudo ver a un par de soldados haciendo guardia a los pies de la rampa. Respiró profundamente, no quería exhibir su debilidad emocional frente a ningún saiyajin, por lo que trabajó en su actuación. Fingir que estaba tranquila y, sobre todo, que no les temía. Apenas tocó el suelo del planeta, la cuesta de la nave se recogió, supuso que estaban esperando a que subiera a la máquina de los saiyajin para irse.
Caminó hacia la nave a paso firme, su cabello se meció por sus movimientos, junto con su bolsito que se sacudía en su cadera, no tardó más de tres minutos en llegar junto a los saiyajin, quienes no le dirigieron la palabra, pero tampoco vio hostilidad, era como si la ignoraran. No preguntó, al ver que no la interceptaban, puso un pie en la cuesta de la nave y subió con más calma, al menos aparentemente, porque su interior era un manojo de nervios, si él la esperaba en el interior ¿Qué cara debía poner? No estaba preparada para enfrentarlo, no recordaba tenerle tanto pavor…
Cuando llegó al umbral de la puerta, se encontró con un séquito de saiyajin liderados por Goku, quien la recibió con una escueta sonrisa. Bulma frunció el ceño, no estaba para soportar su hipocresía y no necesitaba su amabilidad en ese momento.
― ¿Dónde está Trunks? ―Preguntó, no quiso observar algún otro rincón de la nave, no quería encontrarse con la mirada del rey. Oyó pasos a su espalda, y se movió a un lado cuando vio a los escoltas de antes, subir y cerrar la puerta.
―En su habitación ―dijo Goku acercándose―acompáñame.
―Bien ―lo siguió de cerca, no miró a nadie más en la habitación y caminó junto a él.
Recordaba el diseño de esa nave, era un prototipo de su padre que les había enviado hace un tiempo, antes de que el tirano los invitara a su fiesta de cumpleaños. Observó la iluminación y los pasadizos, encontrando ciertas características que podían mejorarse. Salieron de la sala de control y doblaron hacia la izquierda, en el camino se encontraron con un par de técnicos que reverenciaron a la mano del rey.
―Antes que veas al príncipe ―comenzó diciendo el saiyajin alto, él no era experto en leer ambientes, pero podía sentir el rencor de la princesa golpearle la nuca y lo entendía, pero no era su papel cuestionarlo ni tenía tiempo para ello―hay unas condiciones para ello.
― ¿Condiciones? ―Preguntó, medio sonriendo, luciendo altanera bajo la percepción del saiyajin de melena alborotada―que curioso.
―Son órdenes del rey ―explicó, aunque fuera redundante―como mencioné en el mensaje, el príncipe requiere de tu presencia.
―Se llama Trunks ―interrumpió, frunciéndole el ceño―creí que te lo había dicho, cuando platicamos en mi cocina, en mi palacio, como viejos amigos que se reencuentran ¡Ah! No… no fue así ―negó, meciendo un par de mechones que chocaron con sus mejillas―eras un títere que obedecía las ordenes de su amo, y que traicionó mi confianza, frente a mis narices, bajo mi techo.
―Bulma ―murmuró deteniendo el paso, ella lo imitó y levantó la barbilla, observándolo a los ojos, el saiyajin resopló cansado y desvió la mirada―es como dices. Cumplí órdenes.
―Creí que éramos amigos ―respondió, en un murmullo sin fuerzas, y cuando el saiyajin giró nuevamente hacia ella, pero serio y con el ceño ligeramente fruncido, supo la respuesta.
―También lo creí ―asintió para sí mismo―pero los amigos no se mienten, por muy mal que lo estés pasando ―entreabrió la boca con sorpresa, pensando qué responder, pero de sus labios lo único que salió fue una sonrisa irónica, que incomodó al saiyajin.
―Entiendo ―dijo, mientras cabeceaba la cabeza― ¿Cuáles son esas condiciones?
―Sí ―asintió, agradecido de cambiar de tema―como sabes, la custodia permanente es del rey ―Bulma rodó los ojos al oír la introducción, Goku desvió la mirada y retomó la caminata―el príncipe es un bebé humano, y necesita de ti. Por lo que el rey accedió a que estés con él, al menos hasta que tenga la edad suficiente para poder independizarse.
―Sí sabes que los humanos no se independizan hasta que son mayor de edad, ¿Verdad? ―Goku asintió, sonriendo, giró hacia ella y la vio observar el camino, como si estudiara la nave.
―No ese tipo de independencia, sino hasta que deje de… necesitarte en su etapa de infante, creo que hasta los cinco años aproximadamente. ―Bulma no respondió, se quedó pensando en sus opciones, Vegeta la dejaría estar junto a su hijo hasta que fuera un niño independiente, es decir, que hablara y comiera por sí mismo. Pero cuidar de esas necesidades de un niño, lo podía hacer cualquiera ¿A qué estaba jugando? Miró por el rabillo del ojo a la mano del rey, sentía que se le estaban escapando detalles ¿Sería acaso… que Vegeta quería atormentarla? Sintió su pecho pesado al pensarlo, cabía la posibilidad, lo supo incluso cuando aceptó el mensaje que le había enviado para que fuera con ellos, y aun así era difícil prepararse para algo así.
―Entiendo ―asintió, no quiso decir que en ese tiempo podía prepararse para solicitar visitas o una custodia compartida, era como darle información al enemigo, Goku era leal a su raza ahora, ya no era el amable amigo que conoció una vez― ¿Algo más?
―Tienes prohibido acercarte al rey ―Bulma abrió la boca presa del asombro, no alcanzó a quejarse con alguna ironía, lo que menos quería era estar cerca de él, pero las palabras del saiyajin la dejaron perpleja―no puedes cruzarte en su camino, hablarle o siquiera recorrer las salas en las que él esté. No quiere verte, en lo posible, olvidar que estas en el planeta.
― ¿Cómo dices? ―Preguntó, sin esconder su asombro, no detuvieron su marcha, Goku siguió caminando y ella siguiéndole, pero no dejaba de mirarlo, intentando estudiar sus facciones, por si descubría algo más. Entonces ¿Él no estaba pensando en ella para atormentarla? ¿No lo volvería a ver? Su corazón latió de la emoción al pensarlo, ya no le importaba no ser de interés de él, después de su último encuentro a solas, lo que menos quería era volver a verlo.
―El rey no quiere verte. Tomó la decisión de que vinieras con el príncipe, por el bien de él, pero si fuera por el rey, las cosas hubieran seguido su curso… ―Bulma no respondió, mordió su mejilla interna y pensó sus opciones, no agradecería la decisión que había tomado, era una oportunidad para ella, pero no valoraría lo que estaba haciendo, era la mínima consideración para con su hijo, era lo que correspondía, se dijo. ―Por lo que, si acatas esa condición, no habrá problemas y el príncipe podrá crecer en un buen ambiente durante su infancia.
―Entiendo ―dijo después de unos segundos―por mi parte no hay problemas. ―Claro que los había, pero no se los diría al saiyajin.
Siguieron caminando por un par de minutos más, la joven dejó de prestarle atención a la estructura de la nave, y se dedicó a pensar en su situación. Estar junto a Trunks y no ver a Vegeta, parecía algo demasiado bueno para ser cierto. Sentía que había algo que se le estaba escapando, como si fuera una trampa, el estar cerca de él para poder ser víctima de su venganza o peor, pero no tenía sentido, se decía, Vegeta era directo… no, era frío y calculador, ya lo había aprendido con el juicio. Si quería conseguir algo, usaría cualquier método con tal de obtener su propósito. Estaba caminando sobre un suelo de vidrio quebradizo, debía tener cuidado, ser precavida como le había aconsejado su madre.
Antes de llegar a la habitación de su hijo, se oyó por los altavoces, que se tomaran las medidas pertinentes, pues despegarían. Ambos se acercaron a la pared más cercana buscando apoyo, y se afirmaron de los barandales de emergencia para esos casos. Pasaron unos diez minutos, para que la máquina se estabilizara y saliera del estado de precaución. Goku fue el primero en moverse, Bulma lo siguió de cerca hasta que llegaron a una puerta blindada, custodiada por cuatro guardias. La princesa intentó no cambiar su expresión facial, cuando vio al saiyajin que había sido amable con ella en el hostal de Iuris, intentó aparentar serenidad, pero en su interior, la vergüenza le recorrió con fuerza. Él sabía lo que le había pasado, lo que el rey había hecho con ella y no fue capaz de mirar en su dirección, la culpa le carcomía el pecho.
―La princesa Bulma se quedará con el príncipe ―ladró Goku, en su rol de Mano―la única excepción para no permitirle acceder al príncipe, serán por ordenes directas del rey, que se les informaran en caso de que sea así ―la joven frunció el entrecejo al oírlo, pero no dijo nada. Sabía que estaría a la disposición del humor del rey, no podía ir contra la corriente, no todavía al menos.
Observó como los soldados asentían a la vez, todos mirando a la mano del rey, pero el soldado amable de antes, la miró a ella. Por inercia, le respondió con un entrecejo fruncido y una mueca de desagrado. No duró demasiado, el saiyajin alto de melena alborotada, abrió la puerta ingresando un código en el panel y Bulma se adelantó ansiosa. Se quedó de pie en el umbral al ver el desastre que había por todo el lugar, paredes abolladas, la cama había sido destruida, las mantas esparcidas por el lugar, había trozos de metales y materiales que no alcanzó a distinguir, por toda la superficie y en medio de la sala, enroscado como un caracol, acostado en el suelo, su hijo. Parecía dormido, respiraba plácidamente, pero cada cierto segundo, suspiraba entre lamentos.
― ¿Hace cuanto que está así? ―Preguntó, apretando las manos en un puño, intentando contener la rabia.
―Quizás un par de horas después de despegar de Iuris ―murmuró pensativo la mano del rey.
― ¿Y recién me contactan? ―Cuestionó, girando hacia él, mirándolo con el ceño fruncido y las mejillas sonrojadas por la rabia. Los guardias fingían no estar atentos a la plática, como si no estuviesen allí.
―Creímos que se le pasaría ―reconoció, rascando su nuca―pensé que era solo un berrinche, pero empezó a llamarte. ―Bulma tragó con dificultad, no era la única que estaba sufriendo con su ausencia, su hijo se sentía de la misma manera y se sintió la peor madre del mundo, al aliviarse con ello. Creyó que Trunks, emocionado con lo que le ofrecían, la había cambiado y olvidado rápidamente, y al ver aquella escena le demostraba que no había sido así. Se distrajo por la emoción del momento, pero seguía siendo su madre y la necesitaba, se odió por ello. Lo primero que importaba, era el bien estar de su hijo, su ausencia le dolió y no era motivo para alegrarse, pero sabía el porque se sentía así. Era lo que había provocado que ella estuviera allí otra vez para él. Era una mezcla de sentimientos que le confundían, pero no dejaba de sentirse miserable por ello.
Su hijo era fuerte y tenaz, había demostrado lo que quería y lo había conseguido ¿Y como no serlo? Era el producto de dos seres tercos y orgullosos, medio sonrió al pensarlo, esperaba que hubiera sacado solo eso de su padre… caminó dando pasos suaves, evitando pisar cualquier objeto, hasta que llegó junto al niño. Tenía la cara roja, sus mofletes y nariz eran los más afectados, sus parpados hinchados y pestañas desordenadas, seguían mojadas y se habían amontonado. Se había quitado la capa, y dormía sobre ella, tenía uno de los broches en una de sus manos y notó que lo había mordido. Negó sin dejar de sonreír, soltó un profundo suspiro y se dejó caer a su lado, de rodillas.
― ¿Por qué no ordenaron? ―Preguntó, sabiendo que tenía espectadores detrás de ella.
―No dejó entrar a nadie ―explicó Goku, Bulma sonrió victoriosa, en ese momento agradeció profundamente la personalidad caprichosa de su hijo. No era normal darle en el gusto, y era más daño el que le hacían, siempre lo pensó, pero bajo esa situación, era lo que la tenía allí.
―Ya veo ―dijo asintiendo, tomó al niño en brazos, y éste despertó enseguida al sentir que lo removían. Estaba alerta, lo notó, Trunks tenía el sueño pesado y no despertaba con nada cuando dormía profundamente, pero ahora era como un animalito salvaje que no descansaba. Movió sus manos aleteándolas con fuerzas, intentando alejarla, pero al mirarla y reconocerla, se lanzó a sus brazos y se colgó como un koala a su cintura―hola, amor. ―Le saludó, cerró sus ojos y posó su barbilla en su hombro, y él enterró su carita en su cuello, sollozando―ya, ya… mamá está aquí.
Goku esbozó una escueta sonrisa, ver a la joven mimando al antes, malhumorado bebé, que ahora era un adorable niño en los brazos de la princesa, le recordó a su hijo cuando tenía esa edad, aunque claro, Gohan jamás hizo aquellas escenas. Tomó su tableta y pidió la limpieza para aquella habitación, salió de la sala y les ordenó a los escoltas no molestar a la madre ni al hijo.
(…)
La nave había aterrizado hace media hora, pero aun no podían salir. Vegeta movía su pie derecho de forma repetida, no tenía paciencia en ese momento, estaba haciendo un esfuerzo, la ansiedad le recorría el cuerpo, su padre y el resto de su familia lo estaban esperando y no solo por ser un protocolo, sabía que estaban deseosos por conocer a su hijo. Sentía el vientre pesado, como si se hubiera dado un gran banquete minutos atrás y no pudiera moverse, pero eran los nervios haciendo estragos. La primera impresión era importante, y no quería que nada opacara el momento de su hijo.
―Alteza ―escuchó detrás de él, giró levemente para ver a Kakarotto, quien lucía una expresión insegura en su rostro―el príncipe no quiere despegarse de Bulma.
―No la quiero aquí ―respondió de forma automática. Y era la verdad, no estaba esforzándose por pensar y actuar de esa manera, no quería saber nada de ella y si estaba tolerando aquello, era meramente por su hijo.
―Lo sé ―asintió agachando la mirada―pero lo que podemos hacer es, que usted baje primero y Bulma lleva al príncipe hasta la rampa, para que baje solo, o lo espera en medio del camino.
―Tráelo ―dijo desviando la mirada―lo llevaré en brazos.
―Oh ―miró perplejo al rey, aquello iba en contra del protocolo, pero si era él quien lo ordenaba, sabía que nadie diría nada. Además, supuso que se podía excepcionar por el hecho de que el príncipe era un bebé aun, se había criado como humano, como su propio hijo, por lo que entendía que no podían tratarlo como un saiyajin puro, pero ¿Y los demás lo entenderían?
No alcanzó a alejarse suficiente, cuando se encontró a Bulma de pie en el pasillo junto al niño. Abrió los ojos de par en par por unos segundos y luego giró hacia atrás, asegurándose de que no estuviera dentro del rango de visión del rey. La joven se había resguardado detrás de las paredes de la sala de control, por lo que podía oír, pero no ver lo que pasaba allí.
―Es peligroso… ―le dijo, pero no como un regaño, más bien tenía un tono de preocupación en su voz, pensó la joven. Ahí estaba, se dijo, había pequeños destellos del Goku que conocía.
―Lo sé ―asintió en su dirección―pero si me pierde de vista, no irá con ustedes. Me mantendré a cierta distancia, para no molestar a Vegeta y que Trunks pueda verme ―murmuró, desviando la mirada a su hijo. El bebé estaba de pie a su lado, tomándole la mano.
Parecía que le había afectado más de lo que creyó su separación y encuentro con desconocidos. No quería separarse de ella, y apenas se alejaba un poco, rompía a llorar. Le dolía verlo así, y se culpaba por ello, pero no era la única culpable, pensó, ambos lo eran, padre y madre por igual. Sus egos y orgullos los movían, no velaron por el bien del niño. No volvería a pasar, nunca terminaría de aprender a ser madre. Se agachó a la altura del niño y frunció el ceño, le habían hecho vestir un uniforme saiyajin, y aunque Trunks lucía bien, pues era su hijo, con todo se veía bien, como ella, el uniforme le daba náuseas. El traje que usaba era azul, llevaba una armadura blanca con detalles dorados a su medida, y la capa roja que antes Vegeta le había dado, sujeta desde sus hombros, y luciendo en su pecho, en el lado izquierdo, el emblema de la familia real saiyajin.
― ¿Quieres ir a jugar afuera? ―Preguntó sonriéndole, intentando persuadirlo―seguramente hay muchos juguetes esperando por ti.
―No queye ―dijo frunciendo el ceño―dinosarus se fue ―murmuró, haciendo pucheros. Bulma alzó las cejas al comprenderlo y sonrió con ternura.
―Lo dejaste tirado ―le dijo acusadora―pero mamá es muy inteligente, y todo lo sabe ―comenzó diciendo, mientras sacaba de su bolso una caja de capsulas.
―Jopoi ―celebró aplaudiendo al reconocer los cilindros, que siempre le gustaba verlos actuar y buscaba oportunidades para tener uno, pero no eran juguetes para un bebé de dos años y por lo mismo, los deseaba. Vio como su madre sacaba una capsula y se alejaba un poco poniéndose de pie, para presionar el botón. Luego de una pequeña nube de humo, el dinosaurio sin mano que antes dejó en el aeropuerto en Iuris, apareció― ¡Dinosarus!
―Él si quiere salir a jugar ―dijo agachándose nuevamente a su altura, acarició su cabello, mientras que el niño recogía el juguete y lo abrazaba―llévalo a recorrer, Goku te acompañará ―murmuró levantando la mirada, intentando que, con solo ese gesto, el saiyajin entendiera su treta.
―Ah… ¡Sí! Ven Trunks, afuera tiene mucho para correr ―soltó con entusiasmo actuado. El niño le frunció el ceño, y sin esperarlo, caminó hacia la sala de control―gracias ―dijo la mano del rey, mirando a la princesa.
Volteó hacia el niño y le siguió, lo alcanzó dando un par de pasos. El menor caminaba con aparente determinación, pero se tambaleaba un poco, sus movimientos eran torpes, sin embargo, el niño parecía actuar que no era un problema. Cuando entraron a la sala, el rey giró hacia ellos y se fijó en el príncipe, medio sonrió al verlo con el uniforme saiyajin y esperó a que llegara junto a él. Aunque Trunks lo ignoró y caminó hacia la puerta, asomándose hacia afuera, el rey se apresuró en ir hacia el niño y lo detuvo tomando la punta de su capa. Levantó la mirada hacia el exterior, y pudo ver a toda su familia abajo esperándolos, quienes fueron testigos de la situación. Sintió sus mejillas sonrojarse, no sabía que estaba haciendo ni como tratar con niños, pero se estaba esforzando por el suyo.
― ¡No! ―Reclamó el menor cuando sintió que lo detenían― ¡Dinosarus queye mirar! ―Vegeta frunció el ceño sin entender, oyó detrás de él a Kakarotto explicar que se refería al juguete que llevaba en brazos. Su semblante se ensombreció al verlo, como saiyajin, aquello era repugnante, demostraba debilidad, ningún cachorro tenía juguetes, pero apenas pensó en ello, recordó que su hijo era un bebé y que los niños saiyajin conocían el mundo, cuando eran mucho más grandes que su heredero.
―Entonces… hay… ―nervios ¡Oh los nervios! ¿Qué tanto entendería de lo que le dijera? ¿Cómo se hablaba con un niño? Sintió su estómago revolverse―ven ―terminó diciendo, mientras se inclinaba hacia él y lo alzaba en sus brazos. El niño iba a pegarle con el dinosaurio en la cabeza, pero él fue más rápido y lo detuvo―No hagas eso. ―dijo serio, pero sin intimidarlo, o al menos lo intentó. Para Trunks fue preciso, pues entendió la jerarquía en ese momento y que no era la primera vez que evitaba sus golpes. El niño lo miró serio, y ambos, padre e hijo, rey y príncipe, se estudiaron a los ojos. Negro y celeste se observaron fijamente, Vegeta encontró que en su mirada había más de él que de ella, sus colores eran humanos, pero su determinación y presencia, era como la suya. Infló su pecho con orgullo, y miró hacia su familia, al mismo tiempo que comenzó a bajar.
Apenas dio un paso en la rampa, oyó una exclamación a lo lejos, una voz femenina. No tuvo que voltearse para ver de quien se trataba, rechinó los dientes intentando contenerse, respiró profundamente y siguió avanzando. Miró todo el tiempo hacia el frente, y antes de poner un pie en la zona de aterrizaje, sintió algo en su mejilla, se giró con rapidez y vio la cara del juguete de su hijo, picoteándolo.
―Rarrr ―susurraba el niño, con las cejas fruncidas. Estaba jugando, y con solo verlo, la irritación anterior se esfumó, dando paso a un calor reconfortante en su pecho. Una nueva faceta que le descubría, y sabía que se vendrían muchas más, pero no pudo evitar emocionarse, claro, externamente no se vio ninguna señal en sus rasgos.
―Bienvenido, alteza ―oyó al unísono, sacándolo de sus pensamientos. Giró hacia su familia, vio a su padre erguido, imponente junto a su hermano, Laurel y Riander, pero su madre no estaba allí.
― ¿Y mi madre? ―Preguntó, asintiendo a todos para que descansaran en su posición, observó el vientre de Laurel y desvió la mirada, un pensamiento fugaz de Bulma en ese estado lo asaltó, y le costó trabajo mostrarse sereno.
―No se sentía bien ―dijo su padre, sin mirarlo, con sus ojos negros puestos sobre el niño en sus brazos. Notó la mirada reprobatoria, la conocía muy bien, así observaba a Tarble cuando eran unos críos, cuando su hermano no rendía bien en los entrenamientos, en ese tiempo, a él no le molestaba, hasta que fue adolescente y empezó a preocuparse por Tarble. Y ahora le molestó verla dirigida a su primogénito. Frunció el ceño y habló, sin necesidad de gritar, su voz lo hizo sobresaltar por su tono severo.
― ¿Tienes algún problema? ―Preguntó con sarcasmo escondido. Riander mantenía su cara sin emoción, observando al niño que ya conocía.
―Su… su pelo ―murmuró, sabiendo que su hijo estaba al acecho. Riander ya se lo había advertido antes, pero no sirvió de nada cuando lo vio―Sus ojos… sus colores.
―Padre ―dijo con su tono de voz amenazante―es mi hijo. Nunca más, vuelvas a mencionar esto ni a mirarlo así ―Tarble observó a ambos saiyajin, negó meciendo la cabeza y en parte porque quería hacerlo y un poco para relajar el ambiente, se acercó a su sobrino sonriéndole con emoción.
― ¡Es igual a ti! ―Exclamó alegre, Vegeta soltó un resoplido orgulloso y giró hacia el menor, que los observaba a todos, serio y con el dinosaurio abrazado a su pechito. El juego de antes lo había pausado, y no decía nada, solo los estudiaba―tiene una mirada… ―pensó un momento en sus palabras―seria.
―Sí… se parece, dentro de todo ―murmuró sin ánimos el mayor. Vegeta lo miró, intentando advertirle con ese simple gesto, pero su padre ya no estaba para seguir escondiendo lo que pensaba, no ahora al menos, pues era un tema que involucraba a todo el imperio―la sala para medir sus estadísticas, está lista.
―Ya veo ―asintió, sabía que lo hacía para verificar lo antes posible si su hijo era apto para ser el heredero al trono, y él así lo había ordenado antes, pero al ver su mirada reprobatoria, supuso que sus palabras iban de la mano con su desprecio. No quería a su primogénito como heredero, y entonces las antes ansias por saber a qué clase pertenecía, volvieron con más fuerzas y el deseo de que su hijo pudiera ser el siguiente rey se volvió su meta, no estaba dispuesto a tolerar esos tratos para su propia sangre, un instinto protector que nunca antes había sentido, le recorrió, era diferente al que alguna vez sintió por ella. Era una necesitad abrumadora, pero natural y que no cuestionaba ni se avergonzaba por sentir, los saiyajin no se preocupaban por sus hijos, dentro de la realeza había un poco más de consideración, pero había límites, y esos límites los estaba tirando a la basura por querer proteger a su cachorro.
―Nuestra hija tendrá con quien entrenar ―habló Tarble, cambiando de tema otra vez―soy tu tío Tarble. ―Se presentó al menor, pero el niño no habló.
― ¿Hija? ―Preguntó Vegeta―creí que era un varón.
―Se equivocaron en la primera ecografía ―explicó Laurel―es una hembra saludable ―Riander contuvo el suspiro, sentía que estaba quedándose atrás, pensó en no ir a la recepción como su tía, pero sería muy notorio si ambas se excusaban. Sabía que la madre de Vegeta no estaba enferma, simplemente estaba molesta y era su forma de demostrar su descontento, pero con su primo, esos berrinches no servían. Tarble tendría una hija, Vegeta ya tenía a su primogénito, y ella nada… no sabía siquiera si el rey tenía intenciones de seguir dejando descendencia, sentía que estaba en una posición delicada. Mordió su mejilla interna, pensativa y levantó la mirada hacia la nave, al ver al resto de los saiyajin bajar. Alcanzó a ver, incluso desde esa distancia, la melena turquesa en la sala de control.
― ¿Ella está aquí? ―Preguntó sin mirar al rey, haciendo que todos giraran en su dirección― ¿La trajiste? ―Volvió a preguntar, la indignación se hizo oír en su voz, giró hacia el rey y frunció el ceño, sentía que sus latidos latían con fuerza, estaba a punto de perder la compostura, cuando la mano del rey intervino.
―El príncipe es un bebé ―explicó, reverenciándolos―necesita de su madre, y se quedará hasta que sea un poco más independiente.
―Tenemos nodrizas disponibles ―ladró el padre del rey, visiblemente afectado. Levantó la mirada y también vio a la princesa, aunque lucía diferente, pudo reconocer esa cara femenina―no era necesario que la trajeras.
―No cuestionen mis decisiones ―dijo, su voz nuevamente se oía amenazante, podía entender la desconfianza y, sobre todo, el enojo en sus familiares, pero no toleraría que le desobedecieran bajo ninguna circunstancia―mi hijo la necesita aquí, y aquí se quedará.
― ¿Sólo él la necesita aquí? ―Preguntó Riander, sin pensarlo, sentía que sus mejillas estaban rojas de rabia, y sabía que podía estar cavando su propia tumba, pero la respuesta y reacción de su rey, la dejó pasmada.
―Sí ―asintió levantando la barbilla. ― ¿Los preparativos para la presentación están listos?
―Sí ―respondió su hermano, desviando la mirada, que al igual que los demás, se había quedado viendo a Bulma, quien seguía en la nave―está todo listo.
Vegeta no dijo nada más y caminó hacia el palacio, debían hacer el examen y una vez que tuvieran los resultados, los cuales eran automáticos, presentaría al niño frente a la nobleza saiyajin. Su familia le siguió de cerca, y sintió a su hijo removerse en su brazo cuando se alejaron de la nave, iba a cuestionarlo, cuando el niño habló, llamando la atención de todos.
― ¡No! ―Exclamó con fuerza― ¡Mi mama! ―Pidió mirando hacia la nave, mientras se sacudía y le daba golpecitos suaves con el dinosaurio― ¡Mama!
―Quizás sea mejor que Bulma lo acompañe ―dijo Kakarotto―yo me quedo con ellos, y cuando tenga los resultados, se los envío enseguida. ―Vegeta guardó silencio unos minutos, pensando en sus opciones.
―Es un niño ―dijo su padre, encogiéndose de hombros―él no manda ―había desprecio en su voz, Vegeta lo reconocía y lo único que hizo fue mirarlo con rabia, pero su padre no agachó la cabeza, era como intentar hacer entender a un animal, pensó el rey, su padre estaba cegado por la discriminación al niño, y estaba seguro que el mestizaje no era su problema, si no que sus colores, si hubiera mantenido los genes saiyajin más visibles, él no estaría reacio a aceptar a su hijo.
―Creo que si hubiera visto lo que hizo en la nave ―dijo Kakarotto, soltando una risita―no pensaría así.
― ¿Qué hizo? ―Preguntó Tarble, el único que parecía feliz con la presencia de su hijo.
―Un escándalo de aquellos ―comenzó diciendo la mano del rey, no habían detenido el paso, todos escucharon en silencio las palabras del alegre saiyajin―destruyó todo, gritaba y lloraba de rabia, no dejó que nadie se acercara ¿Un grupo de elite saiyajin? ¡Ni tocarlo pudieron! Por eso Bulma está acá.
― ¡Vaya! Es peor que Vegeta ―soltó Tarble, sonriéndole a su hermano. El rey medio sonrió al oírlo, el príncipe no podía evitar estar feliz con la situación. Su hermano ya no era un cadáver en vida, desde que supo de la existencia de su hijo, que el fuego en su mirada había vuelto, no podía estar molesto con la princesa, no del todo al menos―creo que es mejor entonces, que lo dejemos con Bulma.
―Alteza ―habló Riander, llamando la atención de los presentes― ¿Qué haremos con él? ¿Lo dejarás en una incubadora? ―Preguntó alzando una ceja, pero con curiosidad genuina, Vegeta lo vio con claridad, no solo él estaba nervioso por lidiar con un niño de esa edad.
―No ―Respondió Tarble, sin darle tiempo de hablar―si no se deja desde su nacimiento, no podemos incubarlo, le podríamos provocar algún daño cerebral.
―Ya veo ―asintió, mirando al menor, quien intentaba bajarse de los brazos del rey. Vegeta se agachó lo suficiente y antes de soltarlo, el niño lo empujó y se bajó por su cuenta, dejándolos a todos atónitos.
El niño tenía carácter de saiyajin, no necesitaba su cola para demostrarlo o sus colores oscuros, pensó con orgullo el rey. Lo vio correr hacia la nave, y apartó la mirada justo a tiempo, cuando distinguió un par de zapatos terrícolas en la rampa.
―Te dejo a cargo, Kakarotto ―dijo, y se adentró en el palacio, siguiéndole su familia. Ninguno se quedó a esperar a la princesa, aunque el príncipe y Laurel, lo pensaron, no era el momento para aquel encuentro, no en presencia del rey.
(…)
Bulma comprobó que los médicos que estaban examinando a su hijo, lo hicieran con delicadeza, parecía que, al ser hijo del rey, era de cristal, porque lo trataban con sumo cuidado. Acarició su oreja derecha, comprobando la presencia de sus aros con función gravitatoria y luego miró a su hijo. Se había escandalizado cuando habían sacado al niño sin ponerle un brazalete por la gravedad, Goku se había reído en su cara y le había dicho que no era necesario, por más débil que fuera, el niño era saiyajin. Y así se lo había demostrado… al principio se movía con lentitud, ahora que llevaban un par de horas en el planeta rojo, el niño parecía recuperar su movilidad sin inconvenientes.
― ¿Cómo es que no le afecta la gravedad? ―Preguntó en un susurro, pensando en voz alta.
―Son sus genes saiyajin ―respondió Goku, sin dejar de mirar al niño, que habían desvestido y estudiaban con cuidado―aunque sea un mestizo, Gohan fue igual.
―Ya veo ―asintió― ¿Qué están buscándole? Es un niño sano… ―murmuró con reproche, pensó que querían asegurarse de que estuviera en buen estado y eso le ofendió, como si no pudiera cuidarlo correctamente.
―Es para llenar su ficha de saiyajin ―dijo, girando hacia ella―cada vez que nace un niño, se le examina, se clasifica según su clase y se incuba, hasta que tenga edad para hablar y comer por su cuenta, y se le asigna su número de registro.
―Como un acta de nacimiento ―observó como Trunks, golpeaba a un paramédico con el dinosaurio, era el décimo golpe que le contaba desde que habían entrado a la sala. Suspiró cansada, esa mañana había creído que no volvería a ver a su hijo, y allí estaba, observándolo incomodar a los presentes.
No había visto a nadie que conociera, el palacio lucía igual de lúgubre que recordaba. Al entrar, no pudo evitar sentir un poco de nostalgia, todo había iniciado allí… y ahora regresaba. Suspiró profundamente y se apoyó en el respaldo de la silla, apretó las prendas del menor sobre su regazo y le sonrió cuando el niño giró hacia ella.
― ¡No queye! ―Exclamó mirándola con el ceño fruncido y haciendo un puchero en sus labios.
―Ya van a terminar, cariño ―dijo, girando hacia Goku, quien le asintió en respuesta.
Su amigo agachó la mirada cuando una asistente llegó junto al encargado, llevando una jeringa vacía. Bulma vio como le sacaban una muestra de sangre, el menor no se asustó ni pareció dolerle, pero no dejó de jugar con el dinosaurio sobre la cabeza del técnico, como si el animal prehistórico le comiera el pelo. Sonrió al verlo, su hijo estaba por comenzar una nueva vida, y no se lo imaginaba, era su bebé, siendo un bebé feliz, ajeno a todo el conflicto entre sus padres.
―Señor Kakarotto ―dijo un reptil pequeño, vistiendo una bata blanca―los exámenes están listos, en un par de horas los resultados estarán disponibles, se los enviaré directamente, para que no tenga que venir a buscarlos.
―Gracias ―asintió el saiyajin, Bulma se puso de pie y caminó hacia su hijo para vestirlo, y por segunda vez ese día, el niño la sorprendió dejándose poner su uniforme sin protesta alguna, creía seriamente que al niño le gustaba el estilo de ropa de los saiyajin, le gustaba su capa, no le sorprendería si la armadura también era de su agrado. ―Sígueme ―dijo la mano del rey, cuando lo terminó de vestir.
El resto del camino lo llevó en sus brazos, observó fijamente cada pasillo por el que la guiaba, pero no reconocía esos pasajes. Lucían elegantes y podía suponer que eran para la realeza, el saiyajin se detuvo frente a una gran puerta de roble, custodiada por los mismos saiyajin de la nave. Antes de entrar, Bulma cruzó su mirada unos segundos, con el guerrero de antes.
―Esta es la habitación del príncipe ―Explicó la mano del rey―la tuya está en la planta del primer piso ―Bulma giró hacia él al escucharlo, quizás dejó ver su sorpresa o indignación, porque el saiyajin se apresuró en explicarse―tiene su propio sanitario… es lo mejor que pude conseguirte.
―Puedo ir a un hostal ―dijo con sorna, nunca había sido muy materialista ni le importaban la diferencia entre clases sociales, pero sabía lo que estaban haciendo ahora, querían humillarla. Se quedaría en la planta de criados, supuso que era el rey quien estaba detrás de todo ello.
―Tienes que estar cerca del niño ―le recordó lo que ya sabía. Bulma suspiró con cansancio y miró la alcoba. Era muy similar a la que le entregaron cuando llegó al planeta, la que usó solo un tiempo breve, pues después se la pasaba durmiendo todo el tiempo en el cuarto de Vegeta. Frunció el ceño al recordarlo. Dejó a su hijo en el suelo unos momentos y recorrió el dormitorio, el niño se lanzó sobre la cama y la escaló con facilidad, hasta quedar en el centro y ponerse a saltar. ―Bien, los dejo ―Bulma asintió en su dirección y se sentó en el borde de la cama, y antes de siquiera poder estirarse, los brazos de su hijo rodearon su cuello, sonrió agradecida al sentir su abrazo, y el beso del dinosaurio en su mejilla.
(…)
Secó su cabello con una toalla, pero sin mucho cuidado, buscando quitar el exceso de agua solamente. Salió desnudo a su habitación, sin dejar de pasar la tela por su melena, se detuvo frente a la mesa con alimentos que le habían llevado, se sirvió una copa de vino y caminó hacia su armario. Se sentía tranquilo, a pesar de que ella estuviera bajo el mismo techo, podía soportarlo mientras se cumplieran sus condiciones.
Tomó su uniforme limpio, regresó hacia la mesa, se fue vistiendo al mismo tiempo que probaba alimentos, alcanzó a ponerse solo su traje y probar un par de chuletas de animal asado, cuando su comunicador sonó. Se apresuró en buscarlo y leer el remitente, vio el nombre de Kakarotto en la notificación y la abrió con rapidez. Dejó los alimentos a medio comer, limpió sus manos en una servilleta y se colocó su armadura. Sacó su capa y salió de la habitación, se topó con Riander apenas salió al pasillo.
―Venía a buscarte ―dijo la reina, mirándolo con seriedad―Kakarotto ya tiene los resultados ―el rey asintió en su dirección, y caminó mientras se ponía la capa. Riander no dijo más, podía ver la ansiedad en sus movimientos y supuso que estaba entusiasmado con la situación ¿Si fuera su hijo el que estuviera en esa situación, demostraría la misma emoción? Porque lo veía, Vegeta había cambiado en unas semanas desde que se había enterado de la existencia del mocoso, si ella le hubiera dado un hijo en ese tiempo ¿Le habría ayudado a ser el de antes, como ahora?
Cuando llegaron a la sala de consejos, su padre y hermano, ya estaban allí junto a la mano del rey. El rostro del mayor, lucía apático y visiblemente fastidiado, prefirió ignorarlo y se sentó en el asiento más próximo, ignorando su silla habitual. Riander se quedó de pie y apoyó en la muralla más cercana.
―Bien ―dijo Kakarotto, cuando lo vio sentarse. El rey estaba entusiasmado por la respuesta, no como cuando leyó el resultado de ADN, pensó, sonrió al pensarlo y comenzó a explicar los resultados―efectivamente tiene dos años. Su cola está próxima a crecer nuevamente, posiblemente dentro de unos meses.
― ¡Qué bien! ―Exclamó alegre el príncipe―me pregunto si será lila o marrón ¿Tú que crees, hermano? ―El rey se encogió de hombros y miró a su consejero, esperando que continuara.
―Según los resultados de su sangre, y de los incontables análisis para medir su poder de pelea…―murmuró mirando la pantalla.
― ¿Por qué incontables? Bastaba con uno ―interrumpió el padre del rey, visiblemente molesto.
―Variaba mucho un resultado de otro ―explicó, mirando a los presentes―dependía de su humor. No sé si recuerdan que mi hijo, clasificó como guerrero de clase baja, y luego de un par de jornadas, su poder cambió. Porque se enojó con un compañero. Lo mismo pasa con Trunks, al parecer, su poder depende mucho de su estado de ánimo. Eso explica el desastre que dejó en la nave…
―Quizás es una característica de la cruza entre humanos y saiyajin ―murmuró pensativo el príncipe.
― ¡¿A qué clase clasificó?! ¡Dime de una maldita vez! ―Exigió el rey, perdiendo la paciencia con tanta interrupción.
―Lo siento ―asintió obediente―es clase alta, propenso a subir a elite con el entrenamiento adecuado ―el padre del rey abrió la boca con sorpresa, y cualquier rastro de apatía se borró de su cara, Vegeta sonrió orgulloso y giró hacia su progenitor, triunfante le miró, pero el hombre estaba concentrado en las palabras de la mano del rey.
― ¿Y su poder de pelea? ―Preguntó con ilusión, como si fuera otro hombre distinto al que miró con desprecio y cuestionó al menor cuando llegó al planeta.
―Más que el rey Vegeta cuando nació ―dijo mirando la pantalla, perdiéndose la cara de sorpresa de los cuatro saiyajin que lo miraban―5750.
―Debe ser un error ―murmuró Riander―el rey tiene ese puesto desde hace años, ningún saiyajin a superado su poder de recién nacido.
―Pero tiene sentido que su hijo, lo haya conseguido ―dijo entusiasmado el príncipe, poniéndose de pie y dando unas palmadas en la espalda a su hermano― ¡Felicitaciones!
―Mi nieto no tiene entrenamiento… y tiene ese poder ¡El futuro del imperio saiyajin es glorioso! Y es mi estirpe… ―comentó excitado― ¡Hay que presentarlo enseguida!
―Sí ―Asintió el rey, mirando a su hermano que seguía felicitándolo por su hijo.
Los preparativos estaban listos antes de que incluso, llegaran al planeta. Por lo que se demoraron solamente en convocar a las grandes familias y a los jueces y viejos del consejo, para la ceremonia. Kakarotto se encargó de que, ni la princesa ni el rey, se vieran bajo esa situación. El niño debía estar presente, pero no quería separarse de su madre, por lo que la hizo esperar entre bambalinas con el príncipe en su regazo, para que cuando ya terminara el discurso diplomático, pudiera dejarlo salir a la tarima.
Trunks lucía una armadura diferente, Bulma supo reconocerla como una formal, la calidad de la tela de su capa era fina, y el emblema de la familia estaba bañado en metal noble, oro. Oía el discurso desde la distancia, no reconocía la voz de quien hablaba, pero parecía un anciano. No alcanzó a asomarse por el borde del telón, cuando Goku la sorprendió separando la tela a un lado.
―Es hora ―dijo, visiblemente nervioso. Bulma asintió y tomó de la mano a su hijo, le extendió la mano a su antiguo amigo, quien sin esperar a que el niño protestara, lo guío hacia la tarima, y ella se quedó viendo desde la distancia. Había todo un consejo de gente que no conocía, sentada en una media luna, Vegeta estaba en el centro, junto a lo que parecía ser un sacerdote. Cuando Goku llegó con Trunks, y le soltó la mano, el niño le pegó una patada en la pierna derecha, Bulma sonrió maliciosa al verlo, el saiyajin tuvo que contener el grito.
―Frente a los dioses saiyajin, al consejo y la realeza ―dijo en voz grave el anciano, que vestía una túnica blanca con una enorme cadena dorada en su cuello―bautizo al primogénito del rey Vegeta IV ―Bulma frunció el ceño cuando vio a Vegeta tomar en brazos a su hijo, milagrosamente Trunks no protestó. Giró hacia el público y notó sus miradas de asombro, supuso que por la apariencia de su hijo―como Vegeta V, príncipe y futuro rey del imperio saiyajin. ―Dibujó un emblema que no reconoció en la frente de su hijo, con un líquido rojo que tenía en un cáliz de oro.
Su estómago se tensó, y sintió ganas de vomitar al ver como el rey, elevaba en sus brazos a su hijo, con la frente manchada y a los espectadores ponerse de pie, y alabar en unísono a "Vegeta V". Ya no era su Trunks…
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N/A: Holiii 3 dos actualizaciones en un mes del mismo fic :BBB gracias a todas las que comentaron en el cap anterior, aun no los he respondido, ahora lo haré, y creo que muchas preguntas se responden en este cap, ahí me dicen que las sorprendí con el giro de la trama o no xDDD Tarble es un encanto, es como un angelito rodeado de demonios xD
Les cuento que no estoy pasando por una muy buena situación, comenté en la página de face si leerían alguna novela original mía, porque pretendo iniciar un proyecto, vendiendo novelas. Estoy hace meses, desde marzo para ser especifica, sin trabajo, la situación es compleja en mi país, al menos para los desempleados xDD Sé que es raro, pero es lo que se me ocurre para salir adelante, con el 20% de los que me leen, que compraran las novelas, puedo sobrevivir xDDDD me gustaría saber qué piensan, o si se les ocurre otra idea para iniciar dinero con esto de escribir, pensé en crear una página y meterle anuncios xDD pero es complicado, e incluso con donaciones no es justo para ustedes, creo que vendiendo novelas ganaríamos todas, ustedes leyendo mis ranciedades y yo sobreviviendo xDDD sería lindo, podría dedicarme solamente a escribir fic y novelas...
En fin, quedo atenta, pienso hacerlo de todas formas, debo intentarlo y esforzarme, para no morir de hambre y que me coma mi gato xDDD
Espero que estén todas muy bien, y poder actualizar algo prontito, mientras trabajo en lo de la novela que es bien rancia y sensual, como me gusta xD
Saludos y que estén muy pero muy bien!
