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Capítulo 9
Bienvenida
Trunks lucía cansado, no había protestado cuando lo sacó de la tina después de bañarlo, se dejó secar el cabello y poner el pijama. Lo observó con una sonrisa en sus labios, el bebé no paraba de saltar en su cama. Aunque a ella no le convencía, el niño parecía feliz con la enorme cuna que tenía en sus aposentos. Se había tardado en hacerlo dormir en su propia cama, la que era apta para un bebé de dos años con su corral incluido, y ahora tenía una del tamaño King, que no llenaría jamás. Era un mueble de descanso similar al que tuvo cuando vivía allí, incluso como la de Vegeta ¿En qué estaban pensando? No era apta para un bebé, y no necesitaba preguntar para saber que no la dejarían dormir con él.
―Ven a dormir ―murmuró, sentándose en el lado derecho de la cómoda colchoneta. Era una pieza fina y costosa, podía notarlo, no había hecho ni un ruido cuando se sentó, y las sábanas eran suaves, podía suponer que tenían más de dos mil hilos―lo mejor para el futuro rey… ―susurró sombría.
Su hijo daba brincos por toda la cama, a veces caía de espaldas y otras era su pequeñito trasero con pañal el que amortiguaba, pero se levantaba a los segundos para seguir dando brincos y reír ruidosamente. Sin dejar de mirarlo, se recostó y apoyó su cabeza en una de las almohadas, soltó un suspiro largo, ella también estaba cansada. Había sido un día agotador, aun no se recuperaba de lo que había pasado la noche anterior con él, y ahora estaban bajo el mismo techo, actuando como si nada hubiera pasado ¿Qué estaba mal? Lo sabía… estaba acostumbrada a sus abusos, y a no protestar ni defenderse, así habían empezado después de todo, aquella tóxica relación. No podía evitar sentir vergüenza al pensarlo, al reconocerlo, sus mejillas y su cuerpo completo, se llenaban de un calor culposo.
Sin embargo, había algo más que la hacía querer olvidar todo ello, tenía miedo. Cada vez que se detenía a pensarlo, recordaba sus ojos negros fríos y sus movimientos violentos, él no solo la había abusado sexualmente, intentó matarla, la había golpeado… temblaba de solo recordarlo. Quería creer que no se volvería a repetir, con la orden de no aparecerse en los mismos sitios que él, pensaba que podía estar segura, ahora realmente temía por su seguridad. Estaba rodeada de enemigos, ya no tenía en quien confiar en ese planeta. Y su hijo estaba en medio de todo ello.
Trunks tardó unos veinte minutos en parar de jugar, estaba segura que lo hacía para llevarle la contraria, podía notar en sus ojitos que se cerraban a cada minuto, lo cansado que estaba. Lo importante para el niño era ir a dormir cuando él quería y no cuando se lo decían, así que una vez que detuvo su juego, gateó hacia ella para que lo tomara y metiera debajo de las mantas. Bulma se metió debajo de las sábanas junto a él, pero dejando sus pies afuera, acarició su pelo con movimientos lentos, deslizando sus dedos por su melena lacia, sintiendo su suavidad.
Observó su frente con cuidado, pasó la yema de sus dedos por la marca que antes le habían dibujado en la presentación-casi ritual a su parecer-ya no había señales de aquellas extrañas formas. Después de exhibirlo como un trofeo, habían celebrado un banquete por el nombramiento de su hijo, al que no fue invitada y tampoco hubiese ido, el niño no se quiso quedar, por lo que había tomado a Trunks y regresaron a los aposentos del menor. Gracias a la posición privilegiada de su hijo, que en ese sector del palacio no alcanzaba a oír ningún bullicio de la fiesta.
Se quedaron abrazados varios minutos, en los que se dedicó a mimar su cabecita y espalda. Trunks no tardó en dormirse, pero lo obvió y se quedó con él, sabía que en cualquier momento la correrían de la habitación, habían sido claros, buscaban que el menor se independizara, por lo que su presencia ahí debía ser de forma paulatina, que el niño poco a poco se acostumbrara a separarse de ella, por lo que no podía dormir junto a él.
Llevaba más de diez horas despierta sin descanso, pero no quería dormir. Temía que, si cerraba sus ojos, al despertar, su hijo ya no estuviese a su lado. Dentro de los malos resultados que había tenido el juicio, el ahora estar con él era una oportunidad única, debía ser cuidadosa y no desaprovecharla. Se sentía alerta, como un animal en su madriguera que hace guardia por si aparece algún depredador. Pero no se podía confiar, que Vegeta quisiera a Trunks allí no significaba que su hijo estaba completamente a salvo, pues, recordaba bien que ella fue atacada antes ¿Qué le aseguraba que no intentarían hacer lo mismo con su hijo? La madre del rey no se había asomado a conocer a su propio nieto, ni siquiera en la ceremonia real, sabía que no era la única que estaba disconforme con que un mestizo fuera el heredero al trono, los movimientos racistas eran peligrosos, nada la hacía sentirse segura en el planeta rojo.
Dos golpes en la puerta la sobresaltaron, no alcanzó a preguntar o autorizar la entrada cuando la portilla se abrió con suavidad, tanto que le causó extrañeza. Se reincorporó lentamente hasta sentarse para no despertar al menor. No pudo evitar abrir los ojos de sorpresa cuando vio a aquel saiyajin, que, a esas alturas, se le hacía familiar. Desvió la mirada, no podía mantener la vista con alguien que la había visto tan vulnerable.
―Princesa ―le oyó decir, pero la joven asintió sin mirarlo―¿El príncipe Vegeta ya se durmió?
―Trunks ―le corrigió, y esta vez giró hacia él, con sus delgadas cejas fruncidas y por primera vez, se dio un tiempo para observarlo, era alto, no más que Goku, pero si más que Vegeta. Su piel era clara, pero estaba tostada por el sol, podía notarlo incluso desde la distancia, su cabello era negro y largo, no más que el de Raditz, le llegaba un poco más arriba que la cintura. Su rostro era cuadrado, como la mayoría de los jóvenes saiyajin, y su cola amarrada en su cintura, sobre una armadura de la guardia real. Era guapo, un buen prototipo masculino, no podía negarlo.
―Lo siento ―murmuró dando un paso dentro del cuarto―si el príncipe ya se durmió, debe retirarse…―Bulma desvío la mirada escondiendo la indignación de estar siendo limitada de ver a su hijo. Se destapó por completo y cubrió a su hijo, dejando solo su carita al aire libre.
Sacó de su bolsito una capsula hoi-poi, la presionó y esperó a que la nube de humo se esfumara, dejando ver un juego de monitores de audio. Tomó el primero y lo encendió, ajustó el canal y lo colocó sobre el buró más cercano a la cama. El otro lo encendió y estabilizó en el mismo canal, para llevárselo consigo.
―Son aparatos de audio ―explicó al guardia sin mirarlo―si mi hijo despierta, podré oírlo desde mi cuarto y así venir a verlo ―suspiró profundamente, estaba cansada. Sentía todo su cuerpo agotado, sus ojos le ardían, necesitaba dormir un poco. Se inclinó sobre la cabecera de la cama hasta alcanzar a su hijo y le besó la frente.
Se alejó lentamente sin dejar de mirarlo, tragó en seco y volteó hacia la salida, se alejó rápidamente, evitando mirar al saiyajin que seguía de pie frente a la puerta. Al llegar a la salida, levantó la mirada hacia él, esperando que se moviera, en cambio, solo obtuvo una mirada del guardia. Le frunció el ceño, pensando que intentaba burlarse de ella, pero en sus rasgos no había señales de arrogancia o mofa.
―Lo siento ―repitió el guardia, sin despegar su mirada de la de ella. Bulma por un momento se sintió pequeña a su lado, y no por la notoria diferencia de altura, había algo en su mirada que no logró identificar―imagino que debe ser difícil todo esto para usted.
―¿De qué me ves la cara? ―Preguntó alzando la barbilla―¿Intentas burlarte? ―Insistió, apretando los labios de rabia―¿A qué estás jugando?
―N-no es así ―se apresuró en decir―no quería ofenderle, princesa ―Bulma frunció el ceño al oírlo, «princesa», hacía tiempo que no se sentía como tal, y él parecía tratarla como lo que realmente era, intentaba buscar sarcasmo en su tono de voz, pero no hallaba nada ¿Por qué la trataba con respeto? Sintió su pecho oprimirse de angustia inexplicable.
―Muévete ―exigió, desviando la mirada. Estaba siendo una idiota con él, aunque le demostraba ser considerado, no confiaba del todo.
―S-sí, lo siento ―balbuceó nervioso y se hizo a un lado. Bulma salió rápidamente, pero detuvo sus pasos un segundo y giró hacia él, sin dejar de fruncirle el ceño, habló:
―Cuida a mi hijo ―el guardia la observó perplejo unos segundos, pero retomó su posición firme y asintió con entusiasmo. La joven madre asintió en su dirección y caminó hacia la escalera, con el pecho pesado y una extraña sensación rondándole.
La música se hizo oír cuando se acercó a la escalinata, bajó con cuidado, pero dando pasos rápidos, no quería encontrarse con nadie allí. Recordaba vagamente dónde se encontraba su dormitorio, no había recorrido ese sector antes, estuvo caminando por varios minutos, y, aun así, la intensidad del festejo se podía escuchar a la perfección, algo le decía que no dormiría bien esa noche.
Tardó media hora en encontrar su cuarto. Cuando entró, no pudo evitar que una mueca de disgusto se formara en sus labios al entrar y encender la luz. Era pequeño, de no más de dos metros por un metro y medio, solo había espacio para la cama y un buró. Se acercó a la única puerta en medio de la pared alejada de la cama, que, por cierto, era de tamaño individual. Al girar el pomo, se encontró con un sanitario más pequeño que la habitación, donde estaba el inodoro, una ducha de quizá un metro por un metro, y un pequeño lavamanos. No estaba acostumbrada a esos espacios, a esos tratos ni desprecios, porque para ella lo era.
Observó la simple habitación, donde la cama ni siquiera estaba hecha, tenía sobre la colchoneta un juego de sábanas y un par de mantas, no más. Suspiró, y se desplomó sobre el colchón, que al menos, parecía limpio. Todo el lugar en realidad, no se vía con motas de polvo o suciedad en las paredes, incluso parecía que no había sido habitada.
Dejó sobre el buró el monitor de audio, la frecuencia y señal era buena, por lo que no habría problemas para oír a su hijo. Al estar recostada sobre el duro colchón, no era ni la sombra del que tenía Trunks, sintió todo el agotamiento del día en su menudo cuerpo. Se reincorporó rápidamente y decidió ordenar su cama, luego se daría un baño e intentaría dormir, aunque con la música de la sala principal haciendo retumbar los vidrios de su ventana, lo veía difícil.
(…)
Mientras la nobleza más distinguida del imperio bebía y reía animada, el rey los observaba desde su sitial. Tarble lo observaba seguido, lo veía consumir uno que otro aperitivo, pero no se veía del mismo ánimo que los demás, lo que era contraproducente después de todo, él ordenó aquel festejo. No lo vio beber ningún tipo de alcohol, y no pudo evitar preguntarse si tenía algo que ver con Bulma. Estaba a su lado izquierdo, acompañándolo, Laurel se había quedado solo un par de horas, y se retiró para descansar. Riander estaba al otro lado, sin despegarse de Vegeta y Tarble empezaba a sospechar que lo estaba vigilando.
―¿Estás cansado? ―Preguntó en un tono que solo ellos pudieran oír, aunque con la música sonando a tales decibeles, era difícil que alguien los escuchara.
―No ―respondió sin mirarlo.
―No has parado en todo el día ―murmuró, giró hacia él y notó que Riander estaba observándolos, atenta al cruce de palabras―deberías descansar un poco.
―¿Cuál es el interés de que me retire? ―Preguntó, y sus ojos negros giraron lentamente en su dirección, Tarble lo conocía lo suficiente para saber que lo estaba estudiando, cualquier palabra o gesto equivocado, podría provocar una discusión.
―¿Por qué debería haber un interés? ―Respondió, sin despegar su mirada de la de él. Y Vegeta estrechó los ojos, medio sonriendo, el príncipe tragó saliva con disimulo, no le gustaba temerle, pero no podía evitarlo, su hermano mayor intimidaba a cualquiera.
―Dímelo tú ―respondió y apoyó su barbilla en el dorso de su mano enguantada, expectante por su respuesta. Riander los miraba en silencio, no entendiendo del todo el cruce de palabras entre los hermanos.
―Creo que estás cansado ―murmuró, intentando que con ello pudiera calmar la paranoia de su hermano.
―Creo que me estás escondiendo algo ―respondió el rey. Y Tarble guardó silencio, lo observó serio, buscando qué decir, con qué excusarse, pero su cerebro normalmente astuto, no le ayudó―¿Tiene que ver con esa zorra? ―el príncipe, anormalmente serio, tragó en seco y giró hacia Riander quien medio sonrió al oírlo, llenó sus pulmones de aire, y lo soltó suavemente, evitando hacer ruido.
―¿Te refieres a la princesa Bulma? ―Preguntó haciendo énfasis en el nombre de la humana, vio como su hermano ampliaba su sonrisa burlesca, le fue fácil notar que estaba conteniéndose, quizá por intentar aparentar, con Vegeta no se podía dar nada por seguro―¿Por qué debería esconder algo relacionado a ella?
―¿Crees que no lo sé? ―Murmuró bajando el tono de voz, al mismo tiempo que inclinaba su rostro hacia él, Tarble esperó expectante por sus palabras, temía que el rey no estuviera en sus cavales e hiciera una escena―quieres ir a hablar con ella, y buscas esconderlo de mí ¿Piensas que me enojaré si lo haces?
―No pienso nada, hermano ―respondió calmado, intentando que la situación no pasara a mayores―pero me preocupa que creas que busco hacer cosas a tu espalda, ¿Por qué debería esconderlo? ―Insistió―si hablo con ella ¿Me considerás un traidor? ―Vegeta frunció el ceño, sin dejar de sonreírle, dándole un aspecto macabro.
―Debería ―intervino Riander, llamando la atención de los hermanos, que giraron hacia ella al oírla―no está aquí de visita.
―Entonces… ¿Está prohibido hablarle o verla? ―Preguntó Tarble, mirando a su hermano―es la madre de mi sobrino después de todo.
―Lo que ella haga o deje de hacer, no es mi problema ―respondió Vegeta, mirando hacia el frente, restándole importancia a la plática.
―Bien ―asintió el menor―me retiraré. ―La sonrisa del rey le incomodó, fue fácil reconocer el sarcasmo dibujado en su rostro, por lo que se apresuró en explicar―debo ir a ver a mi mujer. Tiene cinco meses de embarazo ―el rey asintió, autorizando su marcha y el príncipe se puso de pie, reverenció a ambos y caminó a paso firme hacia la salida, algunos nobles se despidieron al verlo pasar, inclinándose para mostrarle respeto.
Ambos, reina y rey, lo observaron irse. Riander giró hacia su primo, escondió la sorpresa cuando él le regresó la mirada, el cruce duró quizá cinco segundos y se vio obligada a hablar, para evitar la tensión que empezaba a surgir entre ambos.
―¿Quieres que lo siga? ―Preguntó desviando la mirada. Vegeta parecía tranquilo, demasiado para su gusto, y para ella esa no era más que un pobre intento de aparentar que la presencia de la humana no le afectaba. Quizás estaba pensando más de la cuenta, y su rey realmente no tenía segundas intenciones con la princesa, pero le era difícil no pensarlo después de toda la historia que tenían en común, y ahora el crío, por el que estaban dando esa fiesta.
―No es necesario ―murmuró―aunque vaya a ver a esa zorra, Tarble no es un traidor ―respondió apoyando su barbilla en su mano, giró levemente hacia la saiyajin y continuó―¿Y tú? ―Preguntó, Riander frunció el ceño extrañada al oírlo, el rey apuntó con su barbilla hacia su cuerpo y siguió―¿Nada aún?
La reina abrió los ojos de par en par, su cuerpo entero se congeló y tuvo que forzarse en no sonreír de puro alivio, si su rey estaba preguntando por un posible embarazo, significaba que lo suyo tenía futuro, que seguía planeando consolidarse con ella y eso la calmaba, hacía que cualquier duda reciente por culpa de la humana, se fuera desvaneciendo.
―Te lo habría dicho ―respondió y le sonrió―habrá que seguir intentándolo.
―¿Segura que está funcionando todo allí? ―Riander frunció el ceño cuando lo escuchó y mordió su mejilla interna ¿Creía que, porque ahora era padre, su virilidad siempre sería productiva? ¡Qué tontería! Pero escondió su molestia, en cambio le volvió a sonreír y asintió, como la refinada reina que intentaba ser.
―Sí ―dijo―me he chequeado regularmente.
―Entiendo ―asintió, desviando la vista hacia los invitados, que seguían alegres comiendo de lo que se le ofrecía.
―Creí que… con lo de tu hijo, no querrías seguir intentándolo ―se sinceró, temiendo por la reacción del rey.
―Es por él que debo dejar más descendencia ―explicó sin mirarla―necesitará apoyo en el consejo cuando reine, así como Tarble lo hace conmigo.
Riander mordió su labio inferior, la idea de un mocoso que no era suyo reinara no le hacía gracia. Lo que más le aterraba era que el crío había resultado ser un buen elemento en el ámbito militar, el padre del rey se había paseado pomposo por toda la sala diciendo el poder de pelea de la criatura, y le aterraba pensar que cuando naciera el suyo, resultase ser más débil o peor, una hembra.
―¿Crees que el consejo esté de acuerdo en que un mestizo gobierne, en vez de un saiyajin de raza pura, producto de nuestra unión? ―Preguntó con curiosidad, sin ánimos de iniciar alguna disputa.
―No tienen opción ―respondió. Riander no le corrigió, sabía que Vegeta no era tonto y que era consciente de que no podía reinar a base del miedo, pero tampoco diría en voz alta que le preocupaba lo que pensara el consejo y que buscaría la manera de llevar el asunto con diplomacia.
Aún quedaba tiempo para hacerlo cambiar de opinión, pensó, después de todo, lo importante era que seguía con intenciones de dejar descendencia con ella, una vez que consiguiera preñarse y darle un varón sano, empezaría su jugada.
(…)
El peso sobre su espalda la inmovilizó, no alcanzó a reaccionar a tiempo, cada parte de su cuerpo quedó paralizado por la increíble fuerza del ser que tenía encima. El problema no era solo su cuerpo, también sus sentidos se vieron afectados, no lograba sincronizar sus movimientos o siquiera abrir la boca para pedir ayuda. No lograba entender qué estaba pasando y a la vez, se le hacía sumamente familiar.
Todo estaba oscuro ¿Dónde estaba? Su respiración se hizo lenta, cada hálito que salía de su boca era doloroso, el peso que estaba sobre ella comenzaba a aplastar sus órganos, entonces el pánico se apoderó de su menudo cuerpo. El miedo a lo desconocido se esparció como un letal veneno, la desesperación vino acompañada de un sudor frío que recorrió su espinazo, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero se le hizo eterno.
Reconoció el peso que tenía encima como un cuerpo cuando las extremidades de este se fueron moviendo a través de su silueta. Una mano cubrió su boca, le hubiera gustado decir que no hacía falta, pues su voz estaba atorada en su garganta y no salía nada de sus labios, estaban sellados. El miedo la tenía completamente paralizada, era consciente solamente de su respiración, que debido a la carga pesada que tenía encima, era cada vez más difícil de inhalar y exhalar.
La mano libre de su captor bajó su ropa interior, y entendió a qué le recordaba todo ello y fue atando cabos, era él. Estaba allí, a oscuras a su merced. Lo primero que cruzó por su mente fue el intentar quitárselo de encima, pero su cerebro era ignorado por todas sus extremidades, por más que se repetía que se moviera, que peleara, que se defendiera, no reaccionaba. Todo sucedió a un ritmo rápido, pero la tortura se le hizo eterna a la vez, era consciente de que su mente estaba distorsionando aquello, que el dolor de ser violentada estaba haciendo estragos en su realidad.
Sus entrañas ardían con cada embestida, y solo podía recibir todo ello quieta y sin protestar. El cuerpo masculino era fuerte y pesado, cada vez hacía más presión sobre ella, que se sintió débil e indefensa bajo aquellos músculos. Lo único que podía pensar bajo esa situación era en cuánto tiempo tardaría en terminar, en cuando acabaría ese martirio. De pronto, sintió su boca ser liberada con suavidad cuando la mano que la aprisionaba se alejaba al mismo tiempo que el cuerpo se levantaba, como si se desvaneciera. Apenas su cuerpo fue libre, giró bruscamente hacia atrás, dejando su espalda apoyada en la colchoneta, siendo recibida por la oscuridad del pequeño cuarto en el que había sido confinada.
Respiró agitada, sintió todo su cuerpo frío y a la vez sudado, su pecho subía y bajaba bruscamente ¿Qué había sido todo eso? ¿Una pesadilla? Se había sentido tan real, su intimidad aun dolía y su pecho le ardía al respirar. Tardó unos segundos en moverse, lo primero que hizo fue encender la luz de la lámpara sobre el buró, parpadeó un par de veces cuando se vio sola en la habitación. Miró cada rincón, como si de repente pudiera aparecer Vegeta detrás de algún mueble, lo que era absurdo, si él estuviera allí, no podría esconderse en ese pequeño cuarto.
Suspiró profundamente y llevó ambas manos a su cara, aplastando sus parpados y mejillas, como si eso pudiera ayudarla a calmarse. Entonces, oyó dos golpecitos en su puerta, se sobresaltó y alejó sus manos rápidamente, observó la entrada con recelo, podía ver la sombra de alguien a través de la ranura que la puerta no alcanzaba a cubrir y su pulso se aceleró. No se movió, como si eso la pudiera proteger de quien fuera que estaba del otro lado, como si eso la ayudara a pasar desapercibida. Dos golpes más.
Tragó en seco y levantó las cobijas, posó una de sus manos sobre sus labios y buscó con la mirada su bata de dormir, la encontró en el suelo. Tres golpes esta vez.
―Y-ya van ―murmuró por inercia y a los segundos se lamentó de hacerlo ¿Y si era peligroso? La habían atacado cuando era la pareja de Vegeta, ahora había traicionado a todo el imperio saiyajin, había suficientes motivos para que cualquiera intentara hacerlo. Mordió su labio inferior al mismo tiempo que anudaba el cordón de su bata.
―Soy Tarble ―escuchó y el miedo se esfumó al instante. A su mente vinieron todas las veces que compartió con el hermano del rey, y no había ningún momento malo. La curiosidad fue la que la motivó a abrir, imaginaba que el príncipe no venía a saludarla, sabía que aquellos encuentros tendrían que suceder tarde o temprano, enfrentarse a todos los que había mentido, a los que consideró amigos en algún momento. Sus rasgos se ensombrecieron al pensarlo.
Abrió la puerta lo suficiente para ver al saiyajin del otro lado, y que él la viera, pero no para que pasara, un espacio de quince centímetros que solo permitiría el dialogo. Observó al saiyajin con atención, lucía igual, como si no hubieran pasado dos años y medios desde que lo había visto la última vez. Aparentaba calma, no se mostró amistoso, o al menos eso creyó ella. Iba a hablar, cuando por el rabillo del ojo notó a otra persona al lado derecho de Tarble, quien se apoyaba en la pared, abrió un poco más la puerta para asomarse y poder verlo.
―Bulma ―saludó Tarble. La princesa giró hacia el saiyajin por unos segundos y volvió su atención al segundo saiyajin, entonces reconoció la figura como una mujer, pero no alcanzó a ver su rostro.
―¿Qué haces aquí? ―Preguntó Bulma, sin dejar de mirar el perfil de la saiyajin, se le hacía familiar.
―¿Después de todo lo que pasó, eso es lo primero que nos dices? ―Esa voz… «Laurel» pensó, y salió de la entrada para poder observarla. La saiyajin miraba hacia el suelo, no levantó en ningún momento la mirada hacia ella.
―Quizás deberíamos hablar en tu habitación ―murmuró el príncipe, mirando hacia ambos lados en el pasillo.
Bulma asintió y se hizo a un lado, dejando pasar a la pareja de saiyajin. Alcanzó a cerrar la puerta y girar hacia ellos, cuando una bofetada le dio vuelta el rostro. Abrió los ojos de par en par, no tuvo tiempo de esquivar o defenderse, giró hacia su atacante y vio a una furiosa Laurel, su ceño fruncido y sus labios amurrados en una mueca, aún tenía la mano levantada. Sintió a los segundos su rostro acalorarse, sobre todo en su mejilla dañada aunque la saiyajin se había contenido, llevó su mano derecha hacia la zona y la acarició con suavidad. Sabía qué debía cuestionarla, quejarse o gritarle por lo que le había hecho, pero su mirada lucía dolida y eso la paralizó.
―¿Cómo pudiste? ―Preguntó finalmente la saiyajin y sus labios temblaron. Bulma giró hacia Tarble, quien miraba el suelo como si quisiera pasar desapercibido.
―… ―no sabía qué responder ¿Por qué con Vegeta pudo reaccionar a la defensiva y con ella no? Volvió a mirar a Tarble, esta vez el príncipe la observaba esperando una respuesta ¿Qué podía decir? ninguno de los saiyajin presente habían sido desagradables con ella, los consideró cercanos en su tiempo, a Laurel una amiga junto a Chi-chi. Siempre fue consciente de que no solo le había mentido a Vegeta, pero el imperio no era lo que le importaba, lo que le daba culpa era a todos los amigos que había dejado atrás, los que habían creído su muerte y que ahora podía comprobar, no había pasado tan desapercibida como creyó.
―¿No nos dirás nada? ―Preguntó Tarble. La joven madre agachó la mirada, como si fuera una niña que regañan por alguna travesura, y al tiempo que lo hacía, notó el bulto en el vientre de la saiyajin, observó con atención y pudo reconocerlo al instante. Alzó ambas cejas con sorpresa y levantó la mirada hacia el rostro de Laurel, quien seguía mirándola con recelo.
―¿Estás embarazada? ―Preguntó sin esconder el asombro, la pareja giró al mismo tiempo para observarse y luego volvieron la vista hacia ella, Bulma los miraba confundida, pero a la vez expectante.
―No estamos aquí para contarte nada ―refunfuñó la saiyajin, mientras se cruzaba de brazos―esperamos tus explicaciones.
―¿Por qué debería darlas? ―Preguntó ella, casi sin pensarlo y aunque por un momento pensó que no había sido adecuado, no se arrepintió de decirlo. En parte por su terquedad, y porque realmente no tenía ánimos de defenderse ni escuchar el cómo la juzgaban.
―Creí que éramos amigas ―respondió Laurel. Sintió culpa al oírla y el remordimiento aumentó cuando vio sus ojos grisáceos cristalizarse, estaba al borde del llanto, lo sabía. Suspiró ruidosamente y llevó su mano a su frente, sin darse cuenta, comenzó a dolerle la sien.
―No podía decirles nada ―comenzó diciendo, mientras caminaba de regreso a la cama y se sentaba en el borde―si lo hacía, Vegeta se enteraría.
―¿Por qué lo hiciste? ―Preguntó Tarble, la indignación fue palpable en su voz. Bulma levantó la mirada hacia el saiyajin y pensó en sus palabras, sentía su corazón latirle deprisa, y no lograba entender bien porque se sentía nerviosa. Estaba algo harta de repetir aquella historia, y no quería que siguieran enrostrándole los errores que había cometido. Giró hacia Laurel a tiempo para verla limpiar su ojo derecho, la saiyajin se dio cuenta de su mirada y Bulma dio dos palmas a la colchoneta, invitándola a sentarse. Pero la saiyajin desvió la mirada y frunció el ceño, demostrándole su descontento.
―Cuando estaba embarazada, no soportaba estar mucho de pie ―murmuró, mirándola con ternura y le sonrió cuando la saiyajin volvió a mirarla.
―Las saiyajin somos fuertes ―respondió, pero se sentó de todos modos. El silencio se apoderó de la habitación por unos minutos, donde cada uno estaba más confundido y ansioso que el anterior.
―Creí que Vegeta les diría ―empezó diciendo la princesa.
―Mi hermano pudo habernos contado la historia un poco distinta ―respondió Tarble, apoyándose en la pared más cercana, observando a ambas mujeres sentadas en la cama.
―Vegeta iba a aceptar ser el heredero de Freezer ―susurró, Laurel frunció el ceño, recordaba bien aquella última vez que la había visto, cuando la joven le contó lo que pensaba hacer el ahora rey y como se probaba vestidos para la fiesta―le dije que, si lo hacía, me iría.
―¿Por qué no regresaste? ―Preguntó Laurel―cuando llegaste a la tierra, ¿Por qué no avisaste?
―Vegeta ya estaba con su actual reina ―dijo sonriéndoles―era mi oportunidad ―asintió para sí misma, rememorando ese momento, cuando su corazón se quebró al escuchar que él ya la había reemplazado.
―Pero te fuiste embarazada ―le acusó Tarble―y decidiste esconderlo ―Laurel giró hacia Bulma, buscando en su rostro antes ingenuo, algún rastro de la joven que reía y reclamaba con ferocidad, ahora solo veía a una desconocida.
―No sabía que lo estaba ―se defendió, frunció el ceño y se cruzó de brazos―me enteré cuando llegué a casa y hubiera preferido que nunca lo supieran.
―¿Disculpa? ―Intervino Laurel, mirándola con extrañeza. Bulma giró hacia ella expectante a su reclamo―¿Te das cuenta el error que cometiste? Y aún así ¿No te arrepientes de lo que hiciste?
―El único error fue que me descubrieran ―se encogió de hombros y agachó la mirada hacia el suelo, podía ver la punta de las botas de Tarble, e inevitablemente le recordaban a las del rey, se estremeció al pensalo y se abrazó a sí misma, queriendo culpar al frío inexistente.
―¿Qué pasó? ―Insistió Tarble, mirándola con decepción, pero la joven se perdió aquella mirada―estabas bien con mi hermano, lo sé. Ambos eran felices…
―Era una farsa ―murmuró. Respiró profundamente y levantó la barbilla hacia él, observándolo. A pesar de que Tarble le pedía explicaciones y la juzgaba, no veía malicia o real enojo, estaba resentido, pero no era lo que vio en los ojos de Vegeta, en él no había odio―nunca quise ser su esposa.
―¿Estuviste mintiéndole todo ese tiempo? ―La pregunta de Tarble estaba cargada de dolor, sentía empatía por su hermano, lo podía ver, quizás era el único saiyajin que podía sentirlo.
―Es complicado ―dijo, y volvió a agachar la mirada―Vegeta debía casarse con Tights, no conmigo ―murmuró frunciendo el ceño―y estando con él…―sus mejillas se enrojecieron de vergüenza ¿Qué podía decir? se estaba exponiendo, y le apenaba y a la vez, sentía como la culpa le carcomía―realmente creí que podía funcionar.
―¿Entonces? ―Tarble se acercó, observó el espacio disponible en la cama y prefirió sentarse sobre el buró cercano, y esperó por la respuesta de la joven―¿Qué cambió?
―… ―no supo cuanto tardó en formular una oración que no le avergonzara, pero ambos saiyajin fueron pacientes y no le insistieron. Quizá lucía vulnerable, pensó, y la idea no le gustaba, su orgullo siempre presente la obligó a levantar la mirada y hablar como si ello no le afectara―cuando volví a la tierra y supe todo lo que ocurrió, pensé que era mi oportunidad para desligarme de las obligaciones que me impusieron cuando era una niña.
―No eras una niña ―le recriminó el príncipe, Bulma le frunció el ceño, dispuesta a rebatirlo, pero el saiyajin continuó hablando―manipulabas a mi hermano, hacías lo que querías, eso no lo hace una niña ―no pudo evitar sonreír cuando lo oyó, le resultó irónico ¿Era eso lo que veían todos de su relación? ¿Y les parecía sana? Usó aquello como mecanismo de defensa en contra del saiyajin agresivo, y la manipulación era mutua, no por ello era bueno. Por más que intentaba pensar, no encontraba ningún aspecto positivo de su relación con él.
―Tarble ―dijo con voz serena, demasiada para el gusto del saiyajin, que, en vez de calmarlo, le incomodó―tenía 15 años cuando tu hermano me tomó. ―Hizo una pausa, intentando que comprendiera el grado de sus palabras, pero en ese momento para el príncipe no era una excusa, antes lo hubiera sido, no ahora después de todo lo que había hecho la princesa―él 25 ¿Te parece sano? Debía defenderme de alguna forma, tu hermano no era un hombre gentil y lo sabes.
El príncipe guardó silencio, las palabras de Bulma decían mucho más de lo que quería entender, él tenía la astucia suficiente para descifrar aquel mensaje, se sintió idiota de repente. Había visto a su hermano sufrir por su perdida, y cuando supieron de su mentira y el niño, Vegeta había vuelto a ser el de antes, pero no el hombre que estuvo con ella, sino el saiyajin malicioso y el que daba motivos para que le temieran, el que era antes de conocerla. Y también entendía su reacción, la mujer por la que se había deprimido-nadie asumía que lo estuvo-le había mentido y huido de él, compartió sus sentires y también se molestó con ella. Sin embargo, lo que le decía ahora la princesa le hacía sentido ¿Qué tipo de relación habían tenido, para que ella prefiriera irse y esconder a su hijo? Ella había sido clara, no quería que su sobrino estuviera allí, y hubiera preferido seguir escondida de ellos ¿Por qué? No lograba imaginar el grado de daño que había, pero podía suponer que era mutuo, no era quien era el malo de la relación, ambos tenían problemas. Tal como ella había dicho, no era sano.
―¿Por qué… no nos pediste ayuda? ―Preguntó finalmente, con un hilo de voz, casi susurro―podríamos haber intervenido por ti.
―No se me ocurrió ―confesó pensativa―solo quería olvidar todo ello, pero con la llegada de Trunks, era imposible…―desvió su mirada hacia Laurel cuando sintió un peso en su hombro, la saiyajin se había dejado caer sobre ella, y su cabeza se recargó en su hombro, no podía ver su cara, pero supuso que estaba avergonzada, sonrió y con su mano libre, acarició su cabello, la saiyajin se lo permitió―incluso pensé en no tenerlo, pero mi madre me convenció de seguir con el embarazo.
―Bulma ―la voz de Tarble la hizo dejar de prestarle atención a la saiyajin, giró hacia él atenta, vio entonces, al príncipe que conoció cuando llegó, un saiyajin amable y accesible, ya no había recelo ni rencor en su mirada o en sus gestos, y eso le alivió. Era un destello de esos días, de lo que le ayudaba a soportar su realidad en ese tiempo, la amistad que había establecido con ellos. Sabía que nunca volvería a ser como antes, pero era un avance―eres una estúpida. ―La joven abrió los ojos de par en par al oírlo, sintió sus mejillas sonrojarse, no alcanzó a responderle―aunque Vegeta sea mi hermano, si te hace algo, dímelo.
―¿Cómo…?―No pudo terminar, aquellas palabras la paralizaron, el rubor en sus mejillas aumentaron al mismo tiempo que el calor recorría su cuerpo, junto con el pudor. No quería eso, no quería que nadie supiera de su debilidad, de lo que le había pasado o podría pasarle, prefería hundirse sola a pasar por aquello, a que le apuntaran con el dedo.
―Sé que puede ser raro ―murmuró―pero mi hermano no… no es el que conociste alguna vez ―dijo, agachando la cabeza―ya no más. Y, no sé que pueda hacer―ella sí. Ella si lo sabía, su cuello aun sentía las secuelas―confía en nosotros.
―Gracias ―asintió―lo siento… sé que no estuvo del todo bien el irme así.
―Hasta que lo reconoces ―dijo Laurel―imagina lo mucho que te extrañé, si hasta dormí con un príncipe ―Bulma abrió los ojos de par en par al oírla, y giró rápidamente hacia Tarble, quien le dio una rápida mirada a la saiyajin y medio sonrió.
―¿Un príncipe? ―Preguntó sorprendida, miraba a ambos de un lado a otro, ya intuyendo lo que había pasado, pero sin creerlo―y ¿Quedaste embarazada de ese príncipe?
―No se hacen solos ―respondió reincorporándose para poder verla a la cara.
―Oh… ―tragó saliva, recordaba que Tarble estaba interesado en ella, pero Laurel nunca se fijó en hombres, los observó perpleja unos segundos y después sonrió―bueno, algo bueno salió de todo esto ¿Cuánto tiempo tienes?
―5 meses ―murmuró Laurel y giró hacia Tarble, quien le sonrió con ternura, mirada que le regalaba cuando estaban a solas, y que, aunque no lo dijera en voz alta, le gustaba.
―Trunks nació de 6 meses ―comentó pensativa, recordando lo mal que había pasado el embarazo.
―Los saiyajin nacen de 6 meses ―respondió Tarble―es normal.
―Para nosotros fue prematuro, pues el tiempo de gestación es de 9 meses ―dijo asintiendo―¿Ya saben si es niña o niño?
―Es hembra ―contestó Laurel―primero dijeron que era varón, pero se equivocaron.
―¡Eso es genial! ―Exclamó Bulma, mirando el vientre de la saiyajin―Trunks tendrá una prima con quien jugar.
―Y posiblemente, futura pareja ―comentó Laurel, la joven madre abrió los ojos de par en par al oírla, giró hacia Tarble, quien parecía entender su reacción y se apresuró en hablar.
―Es normal aquí ―comentó encogiéndose de hombros―si tiene buena clasificación, es probable que los comprometan.
―¡Son primos! ―Soltó alzando la voz―Eso está mal ¿Cómo pueden siquiera considerarlo? Y… tu hija aun no nace, mi hijo tiene dos años ¿No es algo pronto para pensar en esas cosas?
―Para mantener el legado familiar ―murmuró Tarble―mi padre es primo de mi madre, y Riander, la actual reina, es nuestra prima.
Selló sus labios como si se hubiera echado algún pegamento en ellos. Intentó recordar su cara, pero no lo consiguió, el momento que la conoció se vio opacado por el encuentro con el rey, no recordaba nada más que eso. Quizás era a propósito, obviaba su existencia, y a la vez era consciente de que ella era uno de los motivos por los que su relación había terminado así.
―Pero esas tradiciones se pueden romper en el futuro ―comentó sin mirarlo―según su conveniencia ¿No? Lo hicieron conmigo y Vegeta.
―Sí ―asintió Tarble―pero ahora no hay nada que necesitemos de algún otro planeta, no tiene sentido establecer un tratado con esas condiciones.
―Tienes razón ―susurró―me alegra verlos bien ―prefirió cambiar el tema, no quería seguir pensando en ese tipo de futuro para su hijo.
―Tú también luces bien ―dijo Laurel, y Tarble le frunció el ceño, ambas lo notaron y la futura madre habló con rapidez―es solo una opinión…
―Uhm ―farfulló el príncipe―pero es cierto, luces diferente.
―Sí… ―inevitablemente, llevó su mano hacia su melena corta, acariciando su cabello―me molestaba para amamantar a Trunks, así que decidí cortarlo y mantenerlo así por un tiempo.
―¿Lo amamantaste? ―Preguntó curiosa Laurel―vaya… apenas nazca nuestra hija, la dejaremos en la incubadora.
―¿Y qué haces con la leche? ―Fue el turno de Bulma de mirarla con extrañeza―¿No tienes ningún contacto con el bebé?
―El cuerpo de las saiyajin está formado de tal forma que incluso embarazada, puede seguir luchando. Cuando nace el bebé, se incuba y la madre puede seguir con sus labores normales. ―Explicó Tarble, el rostro confundido de la humana le hizo sonreír―¿Qué no entiendes?
―Si Trunks hubiera nacido aquí ¿Lo habrían incubado? ―Preguntó frunciendo el ceño, levantó la mirada hacia el saiyajin sentado en su buró, y este le asintió meciendo la cabeza lentamente―no hubiera resultado.
―¿Por qué lo dices? ―Murmuró con curiosidad la saiyajin, ahora que sería madre, no podía evitar sentir interés en esos temas, había llenado de preguntas a Chi-chi sobre su embarazo, ahora podría hacerlo con Bulma.
―Las mujeres humanas pasamos por un proceso largo, en que nuestro cuerpo se prepara para el embarazo y para la crianza ―respondió girando hacia ella, y luego apuntó a sus senos―mira, le estoy quitando el pecho a Trunks hace meses y sigo produciendo leche.
―Sí… están más grandes ―comentó la futura madre, observando la delantera de la joven, que era cubierta por la delicada prenda―menos mal que no nos pasa eso.
―Sí… es una molestia ―dijo y bostezó, alcanzó a cubrir su boca con su mano―al menos ahora solo sale cuando Trunks me pide, antes se escurría, era horrible.
―Suena terrible ―murmuró Laurel, y se acomodó para seguir escuchando.
―Laurel ―habló Tarble―creo que ambas deben descansar, mañana pueden seguir platicando.
La saiyajin lo miró pensativa, giró hacia la princesa que, al verla, le sonrió. No podía evitar pensar en que, al levantarse al día siguiente, ella no estaría y su pecho se sentía pesado al pensarlo. Bulma pareció notar su semblante preocupado, y en parte se sintió culpable, después de todo, ambas habían establecido una profunda amistad, que desechó sin importancia cuando se fue.
―Descuida ―dijo, sonriéndole―mañana hablaremos ―Laurel no respondió, agachó la mirada y se puso de pie con cuidado, posando su mano derecha sobre su vientre inflado. ―No me iré Laurel ―dijo, llamando su atención―no me separaré de mi hijo, a menos que me echen ―se encogió de hombros y soltó una risa burlesca―que puede pasar en cualquier momento…
―¿Crees que Vegeta te deje ir? ―Preguntó Tarble, poniéndose de pie. Bulma giró hacia él y buscó en sus gestos, algo que delatara sus intenciones al decir aquello.
―Dijeron que me quedaría hasta que Trunks deje de necesitarme ―murmuró insegura―¿Por qué no me dejaría ir?
―… Solo preguntaba ―respondió serio―bien, descansa. Nos vemos mañana.
―Buenas noches ―se despidió ella, viéndolos salir, la pareja le dio una última mirada antes de salir, y segundos después, se quedó sola en la habitación.
No había salido como creyó, ni siquiera había pensado en cómo enfrentarse con esas viejas amistades, es más, habían sido bastante considerados, no como Goku. El que alguna vez fue un hombre alegre, ahora solo era un saiyajin que cumplía con su deber, y con lealtad hacia la corona y su rey. En cambio, Tarble era hermano del rey al que servía Goku y había sido más empático, hasta se había ofrecido a ayudarla de ser necesario. Eso era muy noble de su parte, pero no podía involucrar a más personas en la guerra inexistente que había entre Vegeta y ella, no sabía qué esperar del rey, podía incluso lastimar a su hermano.
Ni siquiera podía hablar de guerra, o de bandos. La mayoría del planeta creía que era una traidora y que debía ser castigada, y él no parecía interesado en ella si había pedido explícitamente que no se acercara ni apareciera en los lugares por los que él transitaba, eso le dejaba en claro que él no tenía intenciones de enfrentársele o de obtener algo más de ella. Pero sonaba muy bueno para ser cierto, no podía confiarse ni dejar de dudar. Sentía miedo por ella y su hijo, aunque Vegeta no le haría nada a Trunks, eso lo podía ver, tenía que ser muy ciega o cínica para pensar lo contrario. Pero temía del resto, aunque cuidaran de su hijo día y noche, no podía sentirse segura. Era como nadar en un pozo sin fondo, oscuro y rodeada de criaturas peligrosas que la observaban sin que pudiera notarlo, que atacarían en cualquier momento.
Respiró profundamente y se puso de pie, fue al sanitario por última vez esa noche, apagó la luz de su lámpara y se recostó nuevamente. Seguía cansada, pero no dejaba de estar alerta, observando la iluminación que se colaba por el pasillo, atenta si se acercaba alguna sombra. Su corazón latía con intensidad, casi podía sentir que le golpeaba el pecho, en aquella penumbra, solo era consciente de sus latidos y respiración, y le molestaban. Cerró sus ojos unos segundos, y la sensación de aquel peso encima suyo volvió, abrió los ojos de golpe y encendió la luz de su lamparilla. Observó el cuarto unos segundos y volvió a acostarse, giró hacia la luz y pensó unos segundos ¿Estaría mal si la dejaba encendida? Ya era adulta, se dijo, debía enfrentar sus miedos.
Pero lo haría la noche siguiente. Se acomodó sobre la colchoneta y se tapó, sin embargo, el sueño no la acompañó. Extrañaba a Trunks, estaba en un cuarto desconocido y sobre una cama incómoda y dura, definitivamente esa noche no sería buena. Suspiró con pesadez y se obligó a cerrar los ojos, su hijo despertaría temprano, debía descansar un poco para él.
(…)
El líquido ámbar de la primera copa que consumía lo distraía de las pláticas aburridas de sus tíos-miembros del consejo-con su padre. Riander parecía atenta a la discusión y aportaba con comentarios certeros e inteligentes, él en cambio, guardaba silencio y presenciaba en modo ausente todo ese teatro.
De vez en cuando miraba los comensales divertirse y no podía dejar de desconfiar, de querer saber si alguno de los que estaba presente estaba en desacuerdo con sus decisiones, no es que le importara realmente la opinión de ellos, era por la mera necesidad de proteger a su cachorro de habladurías y de lo que fuese. Sabía que había un grupo de opositores que nunca quisieron que la realeza mezclara su sangre con otras especies, y creyeron que se habían librado de todo ello cuando se unió públicamente con Riander. Seguramente ahora no estaban felices y nadie podía protestar su legitimidad, el niño había sido procreado durante la unión legal con ella, que ahora su relación fuera irreparable no deshacía el hecho de que su ascendencia al trono era indiscutible.
También era consciente de que nadie se atrevería a decírselo directamente, y era lo que le preocupaba. Estaba rodeado de comadrejas traicioneras que podían organizar cualquier atentado para dañar a su hijo, y era lo que buscaba prevenir. Si solo pudiera saber quien no apoyaba sus decisiones, los eliminaría al instante. No quedaba más alternativas que estar alerta, pero no podía evitar sentirse inquieto. Era un tipo de preocupación tan real que no podía cuestionar, necesitaba asegurarse que el bienestar de su hijo estaba resguardado. Suspiró ruidosamente y dejó su copa sobre la mesa, se puso de pie al instante bajo las miradas de curiosidad de su padre e invitados, la música se detuvo cuando lo vieron y él solo levantó su mano en señal de que continuaran.
―Me retiro ―informó a los que lo acompañaban, giró hacia Riander y murmuró―puedes quedarte más tiempo.
―Prefiero irme contigo ―comentó sonriéndole. Vegeta asintió, podía ver en sus ojos negros la seguridad que hace mucho tiempo no desprendía, y le gustó. Eso solo significaba una cosa: su interés por Bulma estaba muerto y todos podían verlo. Si la reina estaba tranquila con toda la situación, se debía al como estaba lidiando con todo ello y lo que proyectaba, y se sentía conforme con ello.
No quería seguir siendo siquiera la sombra del saiyajin que fue. Y podía decir con total seguridad, que lo estaba consiguiendo. Ella le había hecho un favor al mentirle y traicionarle, ahora no tenía un ápice de consideración hacia la humana y, es más, cualquier sentimiento que le avergonzaba se había esfumado, ahora podía respirar con tranquilidad, ya no le mentía a su pueblo. Tenían el rey que merecían.
Ambos reyes salieron del salón a paso firme, ninguno dijo nada, ella ya tenía en mente qué harían a continuación, en cambio Vegeta, no dejaba de pensar en lo único que le importaba ahora: su hijo. Por lo que sus pies fueron desviándolo lentamente hacia el pasillo en que se encontraba su morada, después de subir la gran escalera.
―¿A dónde vas? ―Preguntó con extrañeza y preocupación la reina. Estaba segura que la habitación de la humana estaba en la planta baja, y al verlo cambiar de dirección le hizo dudar, pensar que le estaban dando una habitación de lujo y él iría a verla.
―A ver a mi hijo ―respondió sin mirarla y continúo su camino. Ella no se ofreció a acompañarlo, y sabía bien porque, pero lo entendía. Imaginaba que no era sencillo saber que ya tenía un heredero cuando ellos todavía no podían engendrar uno.
No tardó en llegar a la habitación designada a su hijo. Había dos guardias escoltando la puerta y al verlo, lo reverenciaron de inmediato. Movió su mano en señal de que se apartaran y la posó sobre el pomo, pero antes de girarlo, uno de ellos le habló.
―Alteza ―comentó llamando su atención, giró hacia él y le frunció el ceño. Era un saiyajin alto y de cabello largo―la princesa dejó un aparato en la habitación del príncipe Vegeta ―el rey frunció el ceño al oírlo, no le gustó como se refería a ella, sentía que había respeto y esa mujer no se lo merecía, no podía haber miembros de su imperio que la respetaran, no después de lo que le había hecho. Podía tolerarlo de Tarble, pero no de soldados comunes.
―¿Ella sigue aquí? ―Preguntó, y sus rasgos se ensombrecieron al pensarlo. El saiyajin que resguardaba una de las puertas negó con rapidez y respondió:
―No, alteza ―murmuró con rapidez―dejó un aparato que le comunica si el príncipe despierta, eso me dijo ―balbuceó pensativo, al no recordar bien las palabras exactas.
―¿Habló contigo? ―Las palabras salieron de su boca sin siquiera pensarlas, fue como un vómito verbal, una duda que no procesó, pero que sintió necesario escupir. Sus rasgos se ensombrecieron mientras estudiaba al saiyajin, era joven, más que él al menos, y sin siquiera notarlo, comenzó a compararse con él por el simple hecho de saber que había cruzado palabras con ella.
―No exactamente ―musitó el guardia, recordando el cruce de palabras, sin ver la intención del monarca o entender sus gestos. El otro soldado que hacía de escolta en cambio, que veía todo desde la distancia, notó que el ambiente se volvió tenso de repente―me explicó lo del aparato.
―No hables con ella ―dijo con un tono de voz hostil, uno que el guardia si pudo percibir y asintió obediente.
El rey dio como finalizada la plática, no quiso explicar sus motivos, no era necesario, si ordenaba algo debía cumplirse y sin cuestionamientos. Entró despacio al dormitorio, estaba todo a oscuras, pero él podía ver los objetos con facilidad. Dio pasos sigilosos sobre la alfombra que amortiguaba los sonidos, y en menos de un minuto, llegó a la cama donde reposaba su cachorro. El niño dormía plácidamente, estaba esparramado en medio de la cama, con manos y piernas abiertas. Frunció el ceño al verlo, su despreocupación le recordó a ella y le molestó, pero ¿Qué podía hacer? Era un hecho que aquel niño era de ambos, naturalmente tendría aspectos que se le parecerían a ella.
Miró su rostro unos minutos, a su mente vino el momento en que intentó eliminarlo y tuvo que cerrar sus ojos unos segundos para calmarse. Aun le costaba creer que, bajo esa situación tan delicada, ella no fue capaz de decirle la verdad ¡Pudo hacerle daño a su propio hijo! Y la perra había tenido el descaro de seguir mintiéndole. Su cola se erizaba de solo pensarlo, la situación era tan diferente ahora. Estaba de pie, vigilando su sueño y la primera vez, de pie, levantando su mano con un mortífero ataque iluminando su rostro.
Se inclinó con cuidado sobre la colchoneta hasta alcanzar su rostro y acarició con suavidad su frente, separando su flequillo de su piel. La respiración del menor era pausada, y así dormido, no parecía el travieso y agresivo niño que amenazaba a todos con su juguete. Medio sonrió sin dejar de verlo y cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, se reincorporó rápidamente. No era vergüenza lo que le recorrió, pero si extrañeza. Su hijo despertaba en él sentimientos tan puros y genuinos que le costaba trabajo comprenderlos, no tenía con quien hablar de ello, su padre no sentía lo mismo por él o Tarble, de eso estaba seguro, entonces su Mano vino a su mente ¿Estaría bien preguntarle? Se expondría si lo hacía, pero a la vez, no tenía ninguna experiencia con lo de ser padre y no quería cometer errores, por su hijo podía tragarse el orgullo.
Inhaló profundamente, algo cansado, y entonces percibió su aroma, una fragancia dulce y femenina, que, aunque la escondiera con perfumes costosos, podría identificarlo de todas formas. Apretó las manos en puños, con fuerza, debía soportarlo, por su hijo debía hacerlo ¿Algún día se liberaría de su estigma? Tenía la convicción de que así sería, pero su bestia le hacía dudar, podía oír las cadenas cuando se trataba de ella. La única forma de liberarse de su carga era eliminándola, no dejar espacio para su presencia, con el tiempo, todo de ella iría desapareciendo. Pero se convencía de que ya iba por buen camino, estaban bajo el mismo techo y no sentía ningún interés en verla, por el contrario, no quería topársela, quería fingir que ella no estaba allí, pero sintiendo su olor cerca de su hijo sería imposible de olvidar.
Dio una última mirada a su cachorro y caminó hacia la salida, abrió con cuidado una de las puertas y salió sin dejar de mirar la forma pequeñita en medio de la cama. Antes de irse, giró hacia ambos guardias y ladró imponente:
―¿Hay guardias afuera de la ventana? ―Preguntó con el ceño fruncido.
―Sí alteza ―respondió el otro guardia que había estado en silencio, un saiyajin calvo con una trenza anudada al final de su cabeza―dos escoltas custodiando el ventanal, y nosotros dos en la puerta.
―¿Cuándo es el cambio de turno? ―Cuestionó y miró al otro saiyajin, quien asintió nervioso y musitó con rapidez para no hacerlo enojar.
―En la madrugada, alteza―Vegeta frunció el ceño y miró a ambos saiyajin esta vez.
―Si algo le pasa a mi hijo ―amenazó bajando el tono de voz, oyéndose ronca―tendré sus cabezas en una pira.
―Descuide, alteza ―se apresuró en decir el saiyajin de cabello largo―el príncipe Vegeta estará a salvo.
El rey les dio una última mirada a ambos guardias y se alejó, alcanzó a ver por el rabillo del ojo como lo reverenciaban. Caminó rápido hacia sus aposentos, estaba cansado. El juicio lo dejó agotado mentalmente, a eso sumarle el viaje y el tener que decidir que la zorra viniera con ellos, fueron horas complicadas y difícil de manejar. Cuando llegó a su dormitorio, no le extrañó encontrarse con Riander esperándolo en su cama. No dijo nada, caminó de largo hacia el sanitario y se encerró por un rato.
Salió del cuarto una hora después, completamente desnudo y secándose con una toalla el torso. La reina no apartó la mirada de aquella escena, sin perder detalle de sus músculos y cicatrices que lucía con orgullo. Ella, estirada en la cama, usando solo su bata de dormir, lo esperaba ansiosa. Él había sido claro, seguirían intentando procrear a su propio heredero y la idea la tranquilizaba. No perdería oportunidades, si era necesario intentarlo cada noche, lo haría.
―¿Estás cansado? ―Preguntó cuando se sentó y suspiró ruidosamente, gateó hacia él lentamente, intentando seducirlo, pero el saiyajin no la observó, parecía más preocupado de secar su cabello, pasando la tela con dedicación por su melena flameada.
―Un poco ―reconoció sin mirarla, y apenas soltó aquellas dos palabras, se enfureció consigo mismo. Era una excusa, era consciente de ello, lo que había hecho esos días no era nada en comparación a una misión de purga, el esfuerzo físico había sido mínimo, el agotamiento mental era diferente, pero, aun así, para acostarse con ella no necesitaba de su mente.
¿Por qué ponía excusas que podía solucionar rápidamente? No quería saber la respuesta, de pronto, su pulso se aceleró y su orgullo una vez más se vio masacrado, el no querer acostarse con ella era decisivo para el rey, debía hacer aquello, era necesario y quería desearlo, con todas sus fuerzas quería desearlo, hacerlo implicaba avanzar, que, aunque sus sentimientos fueran claros, ese era el paso que debía dar. Antes lo había hecho, y ahora era mucho más fácil de hacer, aquel fantasma que lo atormentó se había ido, ya no debía haber sombras que lo ataran.
―Estaba pensando ―murmuró Riander, sacándolo de sus pensamientos―ya que estamos en plan de procrear ―Vegeta frunció el ceño, podía oler su nerviosismo, estaba pensando muy bien qué palabras usar y eso llamó su atención, giró hacia ella expectante, intentando adivinar sus pensamientos con solo ver sus rasgos, pero solo vio duda―¿No sería más sencillo si… me mudo a la habitación de en frente?
Vegeta tragó saliva de modo imperceptible, actuó lo mejor posible para no demostrar ninguna expresión ante su pregunta. Apenas la escuchó hablar, la respuesta en su mente fue automática: «no», pero al negarse, no solo demostraba que la situación con Bulma no la había superado, sino que le dejaba en claro a sí mismo, que no lo había hecho. Se había esforzado esos días por convencerse de que ya nada que tuviera relación con ella le afectaría, no quería verla, saber de ella, olerla o siquiera estar en el mismo cuarto, respirar el mismo aire, nada. No podía tolerarlo, y la existencia de aquel santuario que se había negado a corromper en esos años era una clara señal de que podía pensar y decir lo que quisiera, pero en el fondo, nada había cambiado y eso no lo podía tolerar.
―¿Por qué me lo preguntas? ―Musitó desviando la mirada, no estaba en condiciones de presenciar su reacción pues recordaba bien cuando le ordenó buscar otro dormitorio el día que se habían unido, no dejó que movieran nada del dormitorio y fue la primera discusión que tuvieron como pareja.
―No quiero desautorizarte ―susurró ella, y rodeó su cuello con sus brazos, acercó su boca a su oído y continuó―quiero obedecerte en todo, que estés complacido con tu reina ―volvió a tragar en seco. Lo sabía, tenía presente que su prima buscaba su bienestar y el del reino, que lo único que quería era ser útil al imperio, que su lealtad estaba con él, y que velaría día y noche por cumplir todo eso. Un pensamiento fugaz pasó por su mente, al que no le prestó atención, no la suficiente, si ella hubiera sido igual de obediente y complaciente, seguirían juntos, pero ella nunca quiso serlo porque nunca quiso estar con él.
―Úsalo como quieras ―respondió después de unos segundos, y Riander sonrió sorprendida al oírlo―es tuyo por derecho ―murmuró.
La reina sintió su pecho arder de puro orgullo, por fin estaba resultándole todo con él ¿Quién iba a pensar que, con la presencia de ella de regreso, él por fin la tomaría en serio de verdad? ¡Era insólito! Incluso su tía estaba molesta pensando que ahora su hijo volvería a ser manipulado por la zorra humana, pero no, ya imaginaba la sorpresa que le daría cuando le dijera que Vegeta no tenía el más mínimo interés en la princesa, y que, por el contrario, le estaba dando una oportunidad para cumplir su rol de reina. Por primera vez desde que se habían unido, Riander se sintió más segura en su posición, y, sobre todo, con esperanzas por su futuro con él reinando.
Vegeta soltó un suspiro débil, que pasó desapercibido por la reina. Sintió las manos de ella bajar desde sus hombros hasta sus pectorales y un mordisco en su cuello. Cerró sus ojos, entregándose al momento, permitiendo que lo de ellos avanzara, que se consolidara.
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N/A: Holi :3 espero que se encuentren todos muy bien. Las cosas están algo complicadas, pero quería subir algo pronto, me sentía culpable.
Respecto al cap, mmm no sé mucho qué decir, creo que era necesario ese encuentro con Tarble y Laurel, ahí me cuentan qué les pareció. Estoy un poco agotada, escribí el cap entre ayer y hoy, y mis ojos mueren, arden mucho y ya no me quedan neuronas para pensar hahaha xDD
Este capítulo quizás parece tranquilo, pero es harto lo que revela, por parte de Bulma, el trauma que tiene sobre lo que le hizo la última vez Vegeta, no sé si se entiende, pero lo que experimenta es una crisis de pánico (Les han dado? son horribles! uno no sabe si está despierto o está alucinando y todo se siente muy real...), y por parte de él, intentar avanzar, quiero decir, en GTC no dejó que tocaran el dormitorio de Bulma y ahora se lo entregó a Riander.
Lamento si hay palabras revueltas, o errores ortográficos y letras faltantes o sobrantes, muero mucho xD
Empezaré un proyecto que me tiene entusiasmada, y de verdad espero que les guste porque si no, sin su apoyo me muero de hambre xDDDD ajkajka pero les contaré cuando ya lo tenga casi terminado :B
Gracias a quienes siguen leyendo, comentado y dándome ánimos, en serio que es importante para mí :') muchas gracias!
Nos leemos! y espero que pronto!
Qué estén todos muy muy bien :3
