N/A: Lenguaje muy vulgar.


Los sentimientos que tengo por ti, están matándome.

Nothing more nothing less, Monoral

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Capítulo 12

Poder

Sus ojos viraban desde su reflejo en el azulejo, hasta las sábanas y cortinas, pero evitaban a la saiyajin sentada sobre su buró. Sentía las palmas sudadas, era extraño, porque no temía por su vida ahora que sabía que necesitaba de su ayuda, sin embargo, los nervios hacían estragos en su estómago, lo sentía pesado y el contenido se le revolvía, solo por saberse descubierta en su noche con el rey. Era una mezcla de vergüenza y ansiedad, entre el intentar imaginar el cómo podía ayudarle hasta el querer que se fuera de su cuartucho de una vez por todas. No tenía mucho que decirle, él había llegado de la nada y le había suplicado que no lo rechazara, la voz varonil se le repitió en la mente, casi como una nana para dormir, que la calmaba y le hacía pensar más de la cuenta, y es que cuando rememoraba su encuentro, se quedaba siempre con aquella frase, al final, era lo que más le había gustado de ese breve momento.

―¿Cómo te enteraste? ―preguntó después de unos minutos de tenso silencio.

―¿Por qué te sorprende? Era lo que querías ¿No? ―respondió la saiyajin, con un tono a la defensiva y a la vez hostil.

―No quería acostarme con él ―dijo con rapidez, no pudo evitar que su voz sonara con indignación.

―Me refería a que, querías que me enterara. De lo contrario, no habrías dejado evidencias, fuiste descuidada a propósito ¿No?

―Ah… ―se le escapó sin pensar, relamió su labio inferior y suspiró antes de hablar―simplemente no le presté mucha atención al asunto, pero pude dormir con cualquiera ¿Cómo supiste que fue con Vegeta? ―cuestionó curiosa.

Riander se tomó su tiempo para responder, ¿qué podía decirle? No se sentía cómoda contándole que tenía vigilancia puesta en ella y que había solicitado-a espaldas del rey-que se instalaran cámaras de seguridad en el pasillo en que estaba su cuarto, cuando normalmente al ala de los empleados no se les daba esa atención especial.

―Una empleada me lo dijo ―confesó―supuse que se trataba del rey, pues nadie más se atrevería a tocarte. ―Omitió el detalle de que cuando la sirvienta le contó el estado de las sábanas, ella había revisado la grabación del pasillo y visto con sus propios ojos negros, como su rey, su hombre, visitaba el cuarto de ella y salía después de unas cuantas horas, en la madrugada y vistiéndose en el pasillo.

Bulma la miró con sospecha, no le creía del todo y tampoco confiaba ciegamente en su versión ni en ella como persona, pero no necesitaba más información al respecto. Soltó un largo suspiro, lleno de cansancio y resopló, mirando hacia el suelo ¿qué debía decir ahora? O ¿de qué debían conversar o llegar a un consenso? Tenía en frente a la actual mujer del rey, y ella había compartido con su esposo la noche anterior, era bizarro de alguna forma, pues Riander no la estaba cuestionando ni mucho menos reclamándole por hacerlo.

―No sé cómo quieres que te ayude ―terminó por decir.

―Creí que eras inteligente ―soltó mordaz. Bulma no cayó en su juego, siguió sin mirarla y de brazos cruzados, sentada en el borde de la cama, tensa y nerviosa, podía olerlo. La observó fijamente, cada detalle de su cuerpo femenino lo grabó en su memoria, no dejaba de cuestionarse qué hacía que ella fuera el blanco de deseo para su primo, si bien, reconocía que la joven era bella, no era la octava maravilla, había conocido mujeres mucho más extravagantes y hermosas, pero su rey estaba obsesionado con la humana.

Obsesión ¿podía definirlo así? Vegeta actuaba como si no le importara lo que pasara con ella, pero al final del día iba a visitarla y revolcarse con la princesa ¿Cómo llamaba a esa situación? Él despotricaba cada vez que podía contra ella, y empezaba a pensar que estaba usando a su primogénito de excusa para tenerla cerca, y la idea le incomodaba aún más.

―Tal vez no lo suficiente ―murmuró y volteó hacia ella por primera vez desde que había entrado al cuarto. Ambas mujeres se quedaron viendo en silencio, Riander intentó buscar burla o miedo en sus rasgos, pero no pudo descifrarla, la joven podía ser un libro sellado cuando se lo proponía o quizás era así por naturaleza y se había confiado, creyendo ingenuamente que la conocía. Eso era peligroso, se dijo, no sabía que podía esperar de una muchacha joven y bella, y que encima tenía influencia sobre el rey.

―Es simple. Ayúdame a acostarme con él ―dijo.

―Creo que esa parte quedó clara ―soltó medio sonriendo―lo que no entiendo es cómo quieres que te ayude ¿Qué es lo que tienes en mente?

Riander se tomó unos minutos para responder ¿cómo le decía que estaba dispuesta a todo? Claramente la joven no lo estaba, sabía también que ella tenía un recelo-rechazo-por el rey, sin embargo, era muy probable que aquello fuese una mentira. No tenía sentido que días antes le dijera un rotundo "no", y que después se acostara con él, quizás intentaba aparentar o era parte de algún plan ¿quién sabe? No la conocía, podía esperar cualquier cosa de ella. No podía bajar su guardia y creerle su postura de "me tienen obligada aquí, yo no quiero nada con él", si ya lo había recibido en su cuarto ¿qué sería lo siguiente? ¿el trono? La punzada en su pecho fue instantánea.

―Necesito que lo excites, una vez tenga una erección, yo me hago cargo ―mintió.

―Vegeta no tolerará eso ―dijo sonriéndole con burla, y Riander no sabía qué le hacía gracia, si ella o el rey, o ambos―anoche estaba borracho, no llegó consciente a mi habitación ¿Crees que, estando cuerdo, aceptará verme en su cama de buena fe? ―Bulma no esperó una respuesta, y continuó hablando rápido, quería zanjar el tema de una vez―y no solo eso, ¿crees que su ego y orgullo, no se sentirá herido por esto? ¡Se volverá furioso! Tú puedes defenderte, en cambio yo, de esta no salgo viva.

―¿Estaba borracho? ―Cuestionó extrañada―imposible. Los saiyajin no podemos embriagarnos por más de una hora, no tiene sentido ―frunció el entrecejo y negó, meciendo sus mechones oscuros.

―Olía a alcohol ―dijo―como sea, esto no saldrá bien. Él no soportará que ambas sepamos de su problemita y que encima, estamos conspirando para solucionarlo ―Riander tragó en seco, la joven tenía razón, no necesitaba ser adivina para saber que Vegeta estallaría de rabia si no sabían cómo manejar la situación. Miró a la princesa y mordió su labio inferior, tenía la ligera sospecha de que podía soportar que ella supiese del asunto-pues debía enfrentarlo cada vez que intentaban copular-pero que no toleraría que Bulma lo supiese. Quizá le estaba dando demasiadas atribuciones a la humana, y él realmente no estaba interesado en la joven ¿Cómo saber qué significaba aquella mujer, para él? Contuvo el suspiro.

―Hay que presentárselo con cautela ―murmuró mirando las puntas de sus botas. Esperó por la respuesta de la princesa, pero esta no llegó, por lo que siguió hablando―averigüé lo que me dijiste.

Bulma asintió sin mirarla, sería una charla larga e incómoda.


(…)


Dos semanas transcurrieron en un abrir y cerrar de ojos, eran necesarias para concretar el plan que tenía con la reina. La joven madre observaba sentada en una banca, al príncipe jugar con tierra recién arada. Estaban en uno de los jardines habilitados para transitar sin incumplir las órdenes del rey, Trunks había encontrado una nueva zona de juego, zona que habían preparado para plantar diferentes flores, pero al ver que el príncipe quería jugar allí, los encargados se hicieron a un lado y los dejaron a solas, a pesar de que la princesa insistió en que no era necesario, los trabajadores prefirieron darle en el gusto al futuro heredero y continuar con su trabajo en otro momento.

Bulma suspiró profundamente, intentando calmarse, pero fue en vano. Hacía días que llevaba cargando una molesta sensación en el estómago, podía reconocerla como nervios, aunque no estaba segura del todo. Desde que esa conversación se había concretado y trazado los planes a futuro, que no estaba tranquila. Tenía un sinfín de motivos para pensar que aquello no estaba bien, desde que era peligroso, hasta que no deseaba hacerlo. Riander no la estaba obligando, había presionado sí, pero era consciente de que la reina estaba en lo cierto. No era seguro que, con un hijo de raza pura en el camino, fuera Trunks aplazado, no obstante, valía la pena intentarlo. Los planes de dejar a su hijo como heredero se verían comprometidos, la oposición se esforzaría por dejar al hijo legítimo de la unión real como heredero e incluso Vegeta siendo rey, debía oír a su consejo, o al menos apaciguarlos de alguna forma sin violencia, eso esperaba.

En el área de lo burocrático estaba segura de hacerlo. Era en lo personal en que dudaba. Riander había sido enfática en que sería ella quien se acostaría con Vegeta, su única función en ese curioso trío era excitarlo, sin embargo, no se sentía segura ni mucho menos confiaba del todo en la reina ¿y si se trataba de una trampa? No tenía sentido que lo fuese, pero no dejaba de sospechar y dudar. Si quisiera dañarla, ya lo había hecho, tal vez quería dejarla mal con él ¿podía provocar más odio de su parte? Probablemente.

A pesar de haber tenido sexo con él, aquello no se había vuelto a repetir y las instrucciones seguían siendo las mismas: no podía estar en los mismos sitios que él, no podía cruzarse en su camino, debía ser como si ella no estuviese allí. Frunció el ceño al pensarlo, por un momento dejó de mirar a su hijo y se centró en su rabia contra el rey, le molestaba su cinismo. Aunque estaba borracho cuando la visitó, fue por algo… en el fondo, sacando sus odios y rencores, él quería tenerla y no lo asumía. Pero también, estaba la posibilidad de que definitivamente, él ya no quería nada con ella, ya fuese por su odio o porque simplemente no le nacía, si eso último fuese el caso, el plan con Riander se vería perjudicado y, es más, los resultados definitivamente serían catastróficos-para ella-y era lo que más le aterraba. Él no la quería cerca, y aun así se iría a meter a su cama, se le presentaría como un banquete que podía admirar, y si no tenía hambre en ese momento o no le apetecía lo que se le presentaba, tomaría el plato y lo echaría a la basura. Mordió su mejilla interna.

Estaba cansada de la incertidumbre, de la actitud difícil de leer y comprender del rey ¿qué pasaría esa noche? ¿la correría de la habitación? ¿se molestaría con ambas o solo con ella? ¿ellos lograrían acostarse y así cumplirían el objetivo? Su pecho se oprimió al imaginarlo. Era una aflicción a la que no quería prestarle atención, prefería centrarse en lo superficial del asunto, a lo que no podía ignorar. En el resultado más esperable, ella terminaría excluida del asunto, quizá con algunos insultos entre medio, él se esmeraría por recalcarle que ella era parte de su pasado y que la prefería muerta. Era algo esperable de él, pero no por eso fácil de soportar, después de todo no estaba acostumbrada a esos tratos, pero a esas alturas lo que realmente le molestaba era su trato con el niño. Entendía que no quisiera verla, pero ¿y Trunks? ¿qué pasaba con su hijo? Había hecho todo ese conflicto del juicio, comprado al juez y dejado en claro que la tutela ahora le pertenecía a él ¿para qué? ¡no se había acercado en ningún momento al niño! Y ni siquiera cuando ella lo dejaba solo, pues lo habría escuchado por la radio, Vegeta no había visitado a su hijo en ningún momento ¿qué fin tenía el habérselo quitado si no se haría cargo como padre?

"Un padre saiyajin no es lo mismo que un padre humano", le había dicho Tarble cuando se quejó con él, pero para Bulma no era una excusa. Lo único que pasaba por su cabeza-aunque era un pensamiento egocéntrico-era que el rey le había quitado a su hijo por mera venganza personal y que no tenía ningún interés real en el niño. Era difícil no pensarlo así, y a la vez, sabía que era centrista, no todo se trataba sobre ellos y su guerra fría. Miró a Trunks, el niño echaba tierra en sus bolsillos, seguramente esperando llevarla a su habitación, medio sonrió al verlo, él era ajeno a toda esa disputa entre sus padres, ni siquiera era consciente de que tuviera un padre, su semblante se ensombreció al instante y su rabia hacia el rey volvía. Se había esmerado por alejarlo de él, y ahora que ya no podía seguir escondiéndoselo, lo mínimo que esperaba era que Trunks notara su presencia en su vida, nada de eso aun pasaba.

Volvió a suspirar.

―¿Ocurre algo malo? ―oyó a su espalda, no tuvo que voltear para saber que se trataba de Alek. Bulma negó sin mirarlo y tragó con dificultad, la presencia del saiyajin cada vez se le hacía más difícil de soportar.

A menudo se sorprendía viéndolo con otros ojos, desde midiendo su espalda hasta imaginar como se sentiría tener su peso sobre ella y se inquietaba con sus propios pensamientos. Su único propósito debía ser Trunks, no debería estar pensando en nadie más que su hijo ¿qué pasaba con ella? A veces creía que era culpa del mismo rey. Después de su visita nocturna, no dejaba de pensar que quizás ya no era deseable para el saiyajin y no es que quisiera serlo-se mentía-era que necesitaba reafirmar su ego femenino. Siempre fue una mujer segura de sí misma, hasta que apareció Vegeta en su vida, y su humor y amor propio empezó a depender de la atención que él le daba y de la que no, se odiaba por eso. Y trataba de trabajar en ello, de mejorar, pero ese maldito encuentro nocturno y esas malditas palabras, no dejaban de resonar en su cabeza y no la dejaban avanzar.

Era un desastre.

Trunks se acercó hacia ella, enseñándole unos insectos horribles que no pudo evitar mirar con asco y pedirle que los dejara en el suelo. Iba a levantarse para quitárselos, sin embargo, no fue necesario. El menor los lanzó lejos, y alcanzó a oír el impacto de los pobres bichos al chocar con el pavimento de la escalinata cercana al pórtico del palacio. Iba a regañarlo cuando el timbre de su comunicador sonó, lo abrió con curiosidad y borró el mensaje con rapidez, era Riander, dándole las últimas indicaciones, esa noche lo concretarían.


(…)


Peinó su cabello mientras observaba su reflejo, intentó no fijarse en las marcas debajo de sus ojos o en el temblar de su mano, tardó más de lo normal en esa simple tarea, y en vestirse y arreglarse en general, cuando ya no pudo seguir aplazando sus acciones, decidió salir del cuarto. Se quedó de pie afuera de su habitación, mirando el vacío, sintiendo el vientre pesado y el corazón latirle en la garganta. Con su mano derecha acarició con firmeza su vientre plano e inició su marcha. No debía preocuparse de que Trunks despertara, el niño empezaba a dormir toda la noche, casi no la llamaba por la madrugada. Intentó que nadie la viera subir las escaleras hacia la planta que alguna vez transitó con frecuencia, era extraño para la princesa ir caminando por esos sectores, no podía evitar sentir familiaridad y a la vez, era como conocer aquellos pasillos y paredes como si nunca antes los hubiera visto, porque ahí estaba, el paso del tiempo, marcado en la alfombra nueva, en los objetos que decoraban cada esquina y en la remodelación de los candelabros. Muchas cosas habían cambiado, al igual que ella.

Apresuró el paso cuando llegó al pasillo indicado, en el que una vez estuvo su cuarto y que ahora pertenecía a Riander. Se quedó de pie, sin tocar, frente a su antigua puerta. A pesar de estar tan cerca de la habitación de él, no sintió miedo, tampoco ansiedad, pero su cuerpo no se movía. Algo en su mente le hacía creer que, si entraba a esa habitación, volvería a esos años en los que era una adolescente, a cuando era su mujer. Volviendo después de cenar para darse un baño y esperar por él. Su pecho se estrujó, haciendo que fuera insoportable sentir sus propios latidos «nada pasará» se dijo, «no se puede regresar en el tiempo, nada cambiará lo que hice, lo que él hizo. Lo que pasó».

No alcanzó a levantar la mano para golpear, cuando la puerta se abrió de golpe, haciéndole brincar del susto, pensando por una parte que podría tratarse de él. En cambio, vio a la reina de pie en el umbral, mirándola con impaciencia.

―¿Qué diablos esperas? ―interrogó en un susurro―él puede llegar en cualquier momento, entra.

Su voz se oía temblorosa, ella estaba igual o más nerviosa que ella. Bulma no respondió y entró a su ex habitación. Oyó la puerta cerrarse detrás de sí, pero no reaccionó, se quedó viendo lo cambiada que estaba su antiguo dormitorio. No había nada de ella entre esas paredes, era esperable, se dijo, pues se había ido hace ya dos años y medio «seguramente botaron mis cosas el mismo día que morí», sonrió sin ánimos y dio una repasada al cuarto con la mirada.

―¿Se te hace familiar? ―cuestionó la reina―no debería, tus cosas hace mucho tiempo que las botamos. Estoy usando este dormitorio desde que te fuiste. ―Soltó mordaz.

―Eso imaginé ―respondió, ignorando el tono malicioso en su voz.

―Como sea, desvístete. ―Ordenó, llamando la atención de la joven. Bulma giró hacia ella y la miró con extrañeza, antes de que pudiera hablar, la reina se explicó―ese atuendo no es útil. Usarás esto ―tomó una bata de seda y se la enseñó―y nada debajo.

―Genial ―susurró y tragó con disimulo―hagamos esto, antes de que me arrepienta.


(…)


Seguía pensando en las palabras de Tarble a pesar de que la reunión con el consejo había terminado hace ya varias horas. Alcanzaba a comprender la importancia de la burocracia cuando se trataba de gobernar un imperio tan grande como lo era ahora el suyo desde que estaban a cargo del OIC. Ya no estaban en épocas de Freezer o de sus antepasados, no era bien visto que usara la fuerza bruta para seguir relacionándose con otros cuadrantes, planetas y galaxias. Ser rey no era tan simple como se lo imaginaba, toda su vida lo habían preparado para lidiar con esa carga, pero en ese entonces, la principal meta del reino era deshacerse del yugo del lagarto y seguir purgando planetas hasta controlar el comercio y poder de la mayor cantidad de galaxias. Ahora eran potencia universal gracias a su victoria contra el tirano del frío, lo problemático era mantener aquel logro. Para su hermano menor era mucho más simple lidiar con diplomacia, ahora pues, le habían llegado comentarios en desacuerdo sobre su decisión de dejar a su primogénito como heredero, y lo primero que pensó fue en eliminar a quien no estuviera de acuerdo ¿qué pensó Tarble? Que debían llegar a un consenso, explicar el porqué de su decisión. Suspiró, estaba cansado…

Cada día se le hacía más difícil lidiar con sus tareas de rey, de padre y de pareja. Sentía que no daba el ancho a ninguna de sus obligaciones. Tarble era el rey en las sombras, lo hacía mucho mejor y tenía más madera de líder. No conseguía acercarse a su propio hijo ¿por qué? Por ella, por su maldita presencia. No quería verla después de lo bajo que había caído como para llegar a su dormitorio borracho, no podía lidiar con su propia hipocresía, estaba avergonzado ¿y su rol de pareja de Riander? Pésimo. Era un tema del que no quería ni pensar, todavía no podía tocarla, el tiempo pasaba y no era capaz de poner un niño en su vientre. Riander había dejado de insistir cada noche, ya no se presentaba con optimismo a intentar conseguir de él una erección, simplemente lo evitaba y aquello era aún más patético para el rey. Él no se atrevía a visitarla, a perseguirla cuando sabía que no podría cumplir con su deber. Y lo que lo tenía aún más indignado consigo mismo: sabía que con Bulma si podría hacerlo, y se moría de ganas por volver a su cuarto y follarla hasta el amanecer ¡se odiaba tanto en ese momento! Pensaba en volver a la excusa del alcohol, inventar alguna situación tonta en la que se viera normal encontrarse con ella, o no inventar nada ¡era el rey! Podía hacer lo que quisiera, si quería estar con ella, pues lo hacía y ya ¿por qué se cuestionaba? Bien sabía porque, su consciencia no lo dejaría en paz si lo hacía. Era un desastre.

Pasado la medianoche, salió de su estudio y se dirigió hacia sus aposentos. Estaba agotado, una jornada en su sala de entrenamiento lo dejaba con más energía que lidiar con el consejo y sus problemas personales. Caminó a paso lento, intentando no pensar demasiado, solo concentrándose en el paso que daba. Cuando llegó a su habitación, estaba completamente sumido en sus pensamientos que no fue consciente del aroma peculiar que se esparcía en el aire. Entró y cerró detrás de sí, y antes de decidir si bebía una copa de vino primero o se duchaba, se fijo en las siluetas que se traslucían por la tela delicada del dosel. Se quedó quieto, intentando verificar de quién se trataba antes de continuar, casi al instante en que vio las figuras, pensó en Riander, pero al diferenciar a dos individuos, dudó. Estrechó los ojos, como si eso pudiera ayudarle a adivinar las identidades, rápidamente fue envuelto por la curiosidad y avanzó a paso lento, buscando más evidencias, olfateó el aire, pero había demasiadas esencias como para descifrarlo con rapidez. Había una bandeja con aperitivos y diferentes botellas de alcohol, velas aromáticas esparcidas en puntos críticos por toda la habitación, todo cumplía su objetivo: mantener la sorpresa hasta el final.

No alcanzó a avanzar demasiado, casi a un metro de distancia, el extremo entre ambas cortinas se abrió, dejando ver al par de mujeres que conocía muy bien. Se quedó en su sitio, no movió ni un centímetro más de su cuerpo y las observó. Riander estaba sosteniendo el borde de la tela, mientras le sonreía con picardía. Lucía una bata de seda transparente, podía distinguir a la perfección cada detalle de su piel, a su lado, en medio de la cama, se encontraba ella. Sentada con las piernas juntas, mostrando sus muslos desnudos que se veían suaves y seguramente lo estaban. Su mirada siguió avanzando hasta encontrarse con la falda de su bata, que a diferencia de la de Riander, no se traslucía, pero que era corta y delgada, apegándose a sus formas femeninas, casi se le escapa un suspiro cargado de decepción al no poder ver más de su piel, en cambio, mantuvo su semblante habitual, frío y esquivo y habló, su voz sonó más ronca de lo habitual.

―¿Qué significa esto? ―preguntó y miró a Riander, como si Bulma no estuviera allí. La joven observó al rey, buscó algún rastro de molestia o indignación, pero lo vio igual que siempre, inexpresivo. Se fijó en la reina entonces, alcanzó a ver como sus rodillas que estaban hundidas en la colchoneta, temblaban.

―Es un regalo ―dijo Riander, sonriéndole, le dio la espalda y anudó la cortina derecha al pilar, evitando mirar el rostro del rey.

Vegeta alzó una ceja al oírla y miró a la joven sentada en la cama. Fue el turno de Bulma de querer esquivar sus ojos negros, pero su orgullo le pudo más. Tragó con disimulo y no apartó la mirada, estaba seria, intentando no mostrar su nerviosismo, como si no estuviera en esa situación, expuesta en una bandeja de plata para él.

―¿No pudiste conseguir algo mejor? ―Respondió el rey después de un eterno minuto de silencio.

Bulma apretó los dientes, buscando todo el autocontrol que tenía para no responder a su ataque indirecto, pero su entrecejo la delató y lo frunció tanto que le provocó una media sonrisa al saiyajin de pie en frente de ella.

―Creí que te gustaría ―murmuró entre risas la reina, girando hacia Bulma y gateó hacia ella, con movimientos felinos. Bulma tragó en seco cuando la vio acercarse, su corazón latió deprisa, Riander le había advertido de su cercanía durante el encuentro, y ambas habían estado de acuerdo a pesar de lo que pensaban la una de la otra. Se colocó detrás de su menudo cuerpo y tocó con suavidad sus hombros y apoyó su mejilla sobre la de ella, con su otra mano acarició su otra mejilla y le sonrió al rey. ―¿No te parece atractiva? ―su voz se oía asombrosamente seductora, incluso a Bulma le provocó un cosquilleó en su vientre bajo, quizás era la situación de estar los tres en una misma habitación con un único objetivo sexual, y eso le excitaba.

―Debiste buscar en otro lugar ―dijo sin mirar a Riander, observando fijamente los ojos azules de la princesa, casi como si buscara enfrentárseles―este regalo ya me aburrió. Lo he usado muchas veces, no tiene nada rescatable.

El nudo en su garganta fue inmediato. Sus ojos ardieron y tuvo que concentrarse al máximo para no parpadear, pues sentía que las lágrimas se asomarían en cualquier momento y no iba a permitirlo, bajo ningún concepto demostraría debilidad frente a él ni nadie, no más. Tragó con disimulo, fue incómodo, sintió como si tuviera una pelotita en la garganta haciendo que la tarea fuese más difícil de lo que parecía. Mordió su lengua, no debía hablar, si lo hacía, la situación podía volverse peligrosa e incluso, no lograrían cumplir el propósito «y ¿por eso debo aguantar esta mierda?» se preguntó casi al instante y la ola de indignación fue ganando terreno, su pecho subió y bajó con la misma intensidad de su respiración, no apartó la mirada del rey, no se dejó intimidar, alzó la barbilla y lo miró con determinación «no, no aguantaré ni un insulto más, no me los merezco. Les estoy haciendo un favor, yo no necesito esta mierda» se dijo.

―¿Le aburrió? ―cuestionó con diversión la reina―¿prefiere algo nuevo? ―continuó con su tono seductor―le traeré lo que pida.

Bulma cerró sus ojos, contando mentalmente ¡le habían hartado y solo llevaba unos minutos compartiendo con ambos! Tenían toda la actitud de reyes caprichosos y desagradables, no sabía cual era más insoportable, pensaba que Vegeta, pues lo conocía mejor. La yema de los dedos de Riander jugaban con su mejilla, y lo que debía ser una caricia suave, se volvió molesta de repente. No quería estar allí, no tenía porqué soportar esos tratos, ella no era un objeto, ya no era una reliquia de la cual podían jactarse por tenerla bajo su dominio, ese rol había desaparecido el día que decidió alejarse de él. Respiró profundamente, iba a ponerse de pie cuando el rey continuó con sus palabras venenosas.

―Sácala de aquí ―soltó con desprecio―no me interesa follarme a esta zorra mentirosa y traicionera.

Y Bulma explotó. Riander no alcanzó a soltar la carcajada, porque a pesar de que él la estaba rechazando-a la humana-y con ello el plan, no podía evitar sentir satisfacción al oírlo y presenciarlo. La presencia de la princesa le afectaba más de lo que le gustaba admitir, y aquellas palabras le ayudaban a retomar la confianza que le había costado trabajo tener. Se quedó con las palabras en la boca, cuando la joven se separó bruscamente de su lado y de paso, empujó su mano en su mejilla con la suya propia, dándole un golpe suave que casi no sintió, pero que se hizo oír entre sus silenciosas respiraciones. La vio gatear hasta el borde de la cama con rapidez, y antes de bajarse por completo, quedando al lado del rey, giró hacia él y habló.

―¿Crees que quiero que me toques? ―su voz se oía hostil, cosa que sorprendió incluso al rey, aunque no lo demostró, se mantuvo estático en su sitio, mirándola con aparente frialdad.

―Entonces ¿Por qué estás aquí? ―preguntó lleno de soberbia. La joven sonrió más altiva y alzó su barbilla, la situación cambió de repente, dejando de lado a la reina, que observaba muda el intercambio.

―Porque tú sí quieres tocarme ―afirmó con tal seguridad que descompensó a ambos saiyajin. Vegeta frunció el entrecejo con fuerza y sus labios se arrugaron tanto, que parecían pequeños de pronto, pero la joven no le dio tiempo de contestar―tus palabras no son para mi ¿verdad? ―sonrió con burla―las dices a los cuatro vientos, pero en realidad son para ti, necesitas convencerte de esa mierda porque ni tú te las crees.

―¿Estás oyéndote? ―habló entre dientes, controlando la ira que crecía amenazante en su interior, sacudiendo sus cadenas―¿Oíste lo que dije antes? No me interesa follarte, ya me cansé. Te lo he metido tantas veces que no tiene ninguna gracia ―soltó un bufido de mofa, pero la sonrisa de la joven no desapareció, por el contrario, sus labios temblaron, intentando contener la risotada. Se sintió pequeño de pronto, su actitud burlesca le estaba intimidando, por un instante pensó en salir de ahí, huir, pero su orgullo no se lo permitió y apegó la suela de sus botas a la alfombra, obligándose a mantener esa discusión hasta que uno de los dos se rindiera, y ese no sería él.

―Claro, no te interesa ―soltó con tono irónico―¿Embriagarte y aparecer en mi habitación es porque no te interesa? ―atacó exhibiendo sus perfectos dientes.

―¿Y eso para ti es un logro? ―respondió con el mismo tono burlesco, camuflando el nerviosismo.

―Absolutamente, al 100% ―habló rápido, antes de que la adrenalina y la rabia se esfumaran―tus suplicas para que te aceptara fueron bastante reveladoras.

Vegeta escondió la rabia, en cambio soltó una carcajada que carecía de gracia. Riander estaba quieta y muda, casi como si no existiera, buscaba no llamar la atención de ninguno, salir de esa disputa viva. Bulma no cambiaba de actitud, y la reina empezaba a pensar que el príncipe heredero se quedaría sin madre esa noche.

―Estaba ebrio ―se excusó―ni siquiera puedo creer en lo que dices que hice ―bufó y continuó―lárgate ahora mismo de mi habitación. No quiero seguir oliéndote, me marea tu aroma de zorra.

―Bien ―dijo con rabia, sin dejar de sonreírle. Miró a Riander ―buena suerte, la necesitarás para que se le pare el pene―volvió a mirar a Vegeta y sonrió satisfecha al ver como sus rasgos cambiaban de burla a sorpresa, y luego a indignación. Volteó hacia la reina otra vez, y la vio pálida, parecía no respirar.

Vegeta miró a Riander, sentía los ojos hervirle de la rabia, evitó encarar y negar sus dichos a Bulma, estaba avergonzado de que supiera de ello, de todas las personas que pudiesen enterarse-por él, preferiría que nadie, es más, no tener ese problema-Bulma sería la última. Sentía su corazón latirle a toda prisa, su sien sudó frío, las ganas de salir corriendo de su propia habitación volvieron con más fuerza que antes. Sus ojos negros destellaban ira, su cola entera se erizó y se desanudó de su cintura para mecerse de un lado a otro furiosa. Fueron segundos eternos para Riander, sentía su voz atorada en su garganta seca, mover sus labios parecía ser una difícil tarea y lo único que podía hacer era contemplar al rey rabioso que tenía en frente.

―Fue idea de ella ―escupió y apuntó a la princesa. Bulma abrió la boca anonadada, comprendió que el juego había cambiado de "seduzcamos al rey" a "¿quién sobrevive esta noche?" y para ello, debían jugar bien sus cartas. Culparla era una buena estrategia, miserable, pero la ayudaría y no la pensó primero, iba a defenderse, pero el argumento de la reina continuó, hundiéndola aún más―quiere que me embarace para poder escapar con su mestizo.

Quedó petrificada. Toda soberbia y burla quedó sepultada, sintió el corazón subírsele a la garganta, los latidos se oían tan fuerte que parecía habérsele salido y pegado a las orejas al mismo tiempo. Giró hacia Vegeta, y éste hacia ella, la rabia que antes había desfigurado su rostro varonil, ahora estaba mezclada con sorpresa e indignación, se sintió expuesta y pequeña de pronto, como si hubiera hecho alguna travesura y fuese descubierta, y esperaba sin reproche, el castigo. Pero su mente trabajó rápido «no esta vez» pensó, «no me hundiré sola» y volvió la mirada hacia Riander.

―Miente ―dijo, sintiendo su pulso más acelerado que nunca―me pidió que la ayudara a que tuvieras una erección―escupió como si fuese a vomitar, todo lo que habían planeado―me dijo que no podías acostarte con ella desde que llegué. Que, si lograba embarazarse, había posibilidad de que Trunks no fuese el heredero al trono ―Vegeta estaba congelado en su sitio, escuchando las excusas de ambas mujeres, sentía su sangre hervirle y la palma de las manos le cosquilleaba de las ganas que tenía de silenciarlas con un gran halo de energía―ella lo planeó, me insistió cuando supo que fuiste borracho a mi cuarto.

―¡Está mintiendo! ¡Ella está conspirando en tu contra! ―exclamó fuerte la reina y Bulma le gritó "mentirosa" en respuesta, pero el rey dejó de oírlas.

Vegeta sentía su respiración lenta, su pecho estaba tan cargado de ira que le costaba trabajo controlar sus propios latidos. Estaba furioso, su ego herido y lo único que oía eran los gritos de ambas mujeres, pero no los alcanzaba a comprender. Necesitaba que todo eso parara, sus gritos, lo que creían de él, demostrarles que él era el mismo hombre de siempre, su orgullo se lo pedía a gritos. Exhaló con fuerza y sin mirarla, agarró del brazo a Bulma y la empujó a la cama, cayendo al lado de Riander. La joven alcanzó a girar hacia el frente cuando él se subió a la cama y agarró a ambas del cuello con una mano, con la izquierda a la reina y con la derecha, a la princesa. El agarre no fue con demasiada fuerza, fue la potencia justa para no permitirles responder ni escaparse, pero si respirar. Las miró con rabia, en sus ojos negros se reflejaba el enojo mezclado con odio por ambas, por la humillación que le habían hecho sentir. Nadie podía insultarlo así, y salir libre de ello.

―Silencio ―advirtió, el balbuceo femenino obedeció al instante, y esperaron expectantes por su declaración. Se oían sus respiraciones y quejidos débiles, pero el rey no se apresuró por ello, era lo mínimo que podía hacerles pasar―no me importa de quién fue la idea, es una idea estúpida e innecesaria.

―M-mi rey ―dijo Riander con dificultad―sabes que mi lealtad es contigo y el imperio saiyajin―Bulma se lamentó mentalmente, la saiyajin tenía las fuerzas para soportar ese agarre sin problemas e incluso apelar por su vida, a ella ya le dolía el cuello y sentía que en cualquier momento se lo quebraba sin esfuerzo alguno. Respirar, inhalar y exhalar, era una ardua tarea bajo esa circunstancia. El temor dominó su menudo cuerpo, recordaba aquel trato en Iuris y se estremecía involuntariamente.

―Así que ¿buscaban ayudarse? ―continuó, ignorando las suplicas de Riander―¿se divirtieron burlándose de mí? ¿creen que no puedo follarlas? ¿eso creen? ―su voz se oía tenebrosa. Riander no recordaba haberlo visto así antes, era como el Vegeta de las historias que más de alguna vez oyó por la fama que tenía su primo de despiadado. Bulma en cambio, recordaba a la perfección esa voz y mirada, la desesperación se apoderó de cada célula de su cuerpo, ahora le sumaba a eso, que él no le tenía ni un ápice de estima, como la tuvo cuando era una adolescente por el mero hecho de ser su mujer. Fue su mujer, y recibió malos tratos, ahora era la zorra traidora mentirosa ¿qué podía pasarle? Su pregunta no pudo ser respondida, el rey las empujó con rudeza, y cayeron ambas de regreso a la cama. A Bulma le costó trabajo recuperar el aliento, tosió repetidas veces mientras que Riander, se recuperó a la brevedad.

Vegeta respiró profundamente, llamando la calma, sin embargo, esta no llegó. La ira que llevaba acumulada estaba desbordándose, necesitaba manifestarla de alguna manera, y la única solución o idea que venía a su mente, era eliminarlas. Su bestia se lo susurraba, le habían humillado, ambas, le habían faltado el respeto y aquello no podía dejárselo pasar a nadie. Bulma se había librado una vez por humillarlo, no volvería a repetirse. Con esa determinación, el rey observó a ambas, pensando cual sería la mejor manera de deshacerse de ellas, una que fuese satisfactoria. Pero sus ojos negros se perdieron en las clavículas descubiertas de la princesa, quien seguía tosiendo intentando recuperar el aliento después de su agarre. Tragó en seco, ese pequeño trozo de piel bastó para imaginarse sobre ella besándolo y lamiéndolo, y la boca se le hizo agua. Bajó un poco más la vista, alcanzaba a ver el nacimiento de sus senos, la bata se le había movido por los empujones y caída.

Se subió a la cama, asustando a ambas mujeres que pegaron un brinco cuando lo vieron acercarse, pero ninguna fue lo suficientemente ágil para alejarse a tiempo, cuando llegó junto a ellas, se centró en la princesa, que acariciaba su cuello y giró hacia él alerta, como si pudiese huir de él. Medio sonrió al pensarlo, no perdió más tiempo, su bestia estaba igual o más impaciente que él por ver qué había debajo de la tela. Buscó la punta del cinturón de la bata, y lo desanudó con maestría, ambos extremos cayeron de golpe a la cama y sin darle tiempo de cubrirse, tomó cada lado de la tela y las apartó de su cuerpo, dejándolo descubierto. Giró su cabeza de forma inconsciente, intentando captar cada centímetro de su desnudez. Su piel blanca lucía suave, el único color rosa en sus pezones sobresalía y no solo por el tono, también por lo erizados que estaban ¿se debía a la lactancia? Volvió a tragar saliva, bajó hasta su cintura pequeña que le atraía como el metal al imán, siguió hasta sus caderas y pelvis, sus piernas juntas le impidieron ver su tesoro, escondiéndolo de él. Respiró profundamente, no necesitaba bajar la mirada a su propia pelvis para verificarlo, una sola mirada había bastado para que su miembro despertara vigoroso y enérgico. Levantó la mirada hacia el rostro de la joven, sus ojos azules lo miraban alerta, pero a la vez, había un brillo peculiar que no supo descifrar y estaba más interesado en descifrar su piel que aquel detalle, grave error para el saiyajin.

Riander miró atónita el pantalón azul, como se expandía por la creciente erección del rey. Aquella reacción la había buscado hace semanas, y bastaba mirar el cuerpo desnudo de la princesa, para conseguirla. Mordió su labio inferior, tenía ganas de gritar, giró hacia la humana y pensó en terminar lo que el rey había empezado minutos atrás, movió su mano lentamente hacia la joven, pero la voz varonil del rey, le interrumpió haciéndole brincar en su sitio.

―Riander ―dijo sin mirarla y le dio a Bulma un leve empujón en el hombro derecho, haciéndola caer de espaldas al colchón―sujetale las manos. ―Bulma no alcanzó a protestar cuando lo vio quitarse los guantes y lanzarlos al suelo―es una orden.

―P-pero ¡es a mí a quien debes follar! ―le discutió con rabia. Vegeta no le respondió, continuó desvistiéndose sin dejar de mirar a la princesa, y que, por lo mismo, al tener sus ojos negros sobre ella, no fue capaz de moverse ni hablar. La mirada depredadora del saiyajin la congeló, pero a la vez, el cosquilleo en su vientre bajo fue creciendo de a poco, reconocía esa mirada ¿Cómo no hacerlo? si se la había obsequiado tantas veces cuando vivió con él ¡ah, maldita nostalgia! ¿por qué no la dejaba olvidar de una vez aquella retorcida relación?

―Es un regalo ¿No? ―Riander quedó perpleja ¿tendría que verlos tener sexo? ¿Cuánto más cruel podría ser? De pronto, le costaba respirar. Vio como Vegeta, ya desnudo, se subió al cuerpo de la joven y que ésta, sin mucho éxito, lo intentaba empujar posando sus delicadas manos en sus duros pectorales―sujetala, es una orden ―murmuró severo. Y ella obedeció.

Bulma giró su rostro cuando vio a la reina sentarse detrás de ella, la sintió tomar sus muñecas con fuerza y como las levantaba hasta sostenerlas sobre su cabeza, se quejó en voz alta, pero guardó silencio cuando el rey consiguió acercarse lo suficiente, esta vez, sin sus manos interrumpiendo. Su corazón latió deprisa, sabía qué iba a pasar y no estaba segura de odiarlo o lamentarse por ello. Tampoco era que quisiera que pasara «esto será breve» se consoló, respiró profundamente esperando la invasión ruda del rey, sin embargo, no fue así. Estaba tensa debajo de él, observándolo alerta, intentando prepararse para cualquier movimiento de él, y, aun así, no estaba lista para sus labios sobre su cuello, se estremeció cuando se dio el contacto y suspiró débilmente, al mismo tiempo, sintió como su intimidad se humedecía «mierda», fue lo único que pudo pensar.

―¿Lo sientes? ―susurró Vegeta, en contra de su piel. Ambas lo oyeron y sabían perfectamente a qué se refería, pero para la suerte de Bulma, ella pudo experimentarlo. El rey frotó su erección entre sus labios vaginales, la sintió tensarse ante la fricción, se alejó un poco de su cuello y la miró a los ojos, soberbio continuó―no hay problema de erección, como te hicieron creer ―dijo eso último con recelo y levantó la mirada hacia Riander, advirtiéndole con esa simple gélida mirada, que no se atreviera a abrir la boca y desmentirlo. La reina desvió la vista, derrotada, hubiera preferido que la echara del dormitorio para hacer aquello, pero parecía ser parte de su desquite, podía verlo en sus ojos, él estaba igual o más molesto con ella que con la princesa.

―Entonces ¿por qué no has preñado a tu reina? ―preguntó con falsa inocencia, provocándole. Sabía que debía callar, que cada palabra u ofensa, él se las haría pagar, pero no pudo contenerse ¡estaba harta! Harta de él y Riander, de tolerar palabreos y desprecios, si iba a caer y sometida a su voluntad, no se lo haría fácil de sobrellevar.

Vegeta le sonrió en respuesta, y la joven contuvo la respiración. Odiaba esa sonrisa, casi maquiavélica ¡él le aterraba! Podía ser un monstruo con ella y a la vez, un idiota fácil de manipular, prefería mil veces a este último, no sabía qué esperar del primero. No hubo más palabras entre ellos. El rey se inclinó sobre ella, bajó su rostro hacia sus pechos y los besó con urgencia. La princesa no pudo contener la reacción involuntaria de su cuerpo, arqueó la espalda en el proceso y Vegeta aprovechó la instancia para colar sus brazos debajo de su cintura y agarrarla, pegando su rostro entre sus montes bien formados. Riander miró con recelo, a pesar de sentir que sobraba en la habitación, no podía evitar sentir curiosidad por lo que estaba pasando. Necesitaba entender, comprender qué hacía especial a la joven para él, qué poder tenía sobre el rey como para conseguir que, con un simple vistazo a su cuerpo desnudo, él correspondiera. Y del poco tiempo que llevaba observando, no dejaba de cuestionarse ¿qué las hacía tan diferente? La necesidad que veía en el rey con cada caricia que le daba a la princesa era única, jamás la había tocado de esa forma a ella y estaba casi segura, que a ninguna otra mujer. Desde que habían iniciado a relacionarse sexualmente cuando eran unos mocosos adolescentes, que el rey siempre fue egoísta en la cama y fuera de ella, iba directo al grano y si tocaba un poco, era por mero capricho, no como ahora, que lo veía disfrutar de su piel lechosa ¿sería suave? ¿dulce al gusto? Observó sus muñecas que sostenía con firmeza, tal como él le había ordenado, y en ese agarre podía sentir lo tersa que era su piel ¿eso le gustaba? ¿esa muestra de debilidad era excitante para él? ¿Cuándo habían cambiado sus intereses? Una mujer fuerte era lo que todo saiyajin quería ¿por qué él se conformaba con una joven menuda y debilucha? Era tan frágil… sus ojos negros quedaron fijos en sus muñecas delgadas, pegó un brinco un segundo después al sentir a la propia humana hacerlo, cuando comprendió el porqué de su reacción, mordió su labio inferior. Él la había penetrado.

Fue brusco, como solía serlo y con los besuqueos en sus senos y cuello, le hizo distraerse y no prepararse para su embestida. Jadeaba débilmente con cada penetración, él no dejaba de lamer y besar su piel, ni de soltar su cintura. Parecía un animal que no soltaba su presa, y era fácil de verse así, como la presa de él. Respiraba con dificultad, su cuerpo era pesado y estaba recargado en el de ella, sintió un breve alivio cuando el rey se separó levemente para sujetar su cadera y moverla a su voluntad sobre su erección. Lo sentía invadir sus entrañas una y otra vez, ardía un poco, pero al mismo tiempo, el sentirse deseada le hacía bien de alguna manera. Estaba confirmando lo que le había dicho antes en ese arranque de rabia, él la deseaba, aunque dijera lo contrario. Cerró sus ojos y mordió su labio inferior, buscando controlar sus jadeos lastimosos, sin embargo, un ardor creciente en sus muñecas la hizo sobresaltar. El agarre de la reina fue tomando fuerza, miró ligeramente hacia arriba, Riander no se perdía detalle de lo que estaba pasando.

―M-me duele ―gimoteó mirándola, llamando su atención. Los ojos negros de la reina viraron a su rostro y luego al rey, volvió a apretar su piel―¡me duele! ―exclamó con más fuerza, temiendo que la saiyajin le quebrara las muñecas. El rey levantó la mirada al oírla, pero no detuvo su vaivén de caderas.

―Siempre te duele ―se quejó frunciéndole el ceño―deberías estar acostumbrada ―su voz se oía entre jadeos por el esfuerzo.

―Mis muñecas ―explicó mirando hacia ellas―suéltame ―le exigió a la reina. Riander la miró con odio, todo el desprecio que sentía por ella se vio reflejado en sus ojos negros, hizo más presión y la joven chilló escandalosamente ¿Cómo podía gustarle? Se preguntó en su despecho.

―Suéltala ―ordenó el rey. Riander tragó con disimulo y aunque se sentía dolida y despreciada, le obedeció sin chistar. Soltó sus manos bruscamente y las dejó caer a la cama, como si la piel suave de la humana le quemara―¿Pensabas quebrarlas? ―le interrogó alzando una ceja. La reina le frunció el entrecejo y lo desafió en silencio, esperando algún regaño o castigo, pero eso no pasó. Vegeta tomó las manos de la joven antes de que esta pudiese sobárselas, y las sostuvo él mismo, su agarre fue firme, no como el de la reina, pero útil para su objetivo.

―Me lastimas ―se quejó la princesa, buscando llamar la atención. En ningún momento él detuvo su penetración y aunque el encuentro fue breve para él, para ambas mujeres se hizo eterno. Riander no soportaba estar ahí de testigo, viendo como otra era la encargada de satisfacer a su rey, más aún cuando éste se comportaba diferente con ella, dándole un trato especial. Bulma no se sentía en confianza, no lograba soltarse del todo, estaba excitada, no podía negarlo, pero al no sentirse cómoda, el encuentro le resultó molesto y quería que terminara pronto.

El rey ignoró sus protestas y volvió a centrarse en lo que le importaba en ese momento: follarla. Se movió con más rapidez sobre su pelvis, haciendo que sus piernas se abrieran aún más en el proceso, ella jadeó por su cambio de velocidad, su voz le pareció una agradable melodía para despertar. Se inclinó hacia su cuello, lo lamió y besó con violencia, ella se sacudió debajo de su cuerpo ¡se sentía tan bien tener el poder sobre ella! Estaba en un pedestal, su ego masculino lo había elevado a un puesto que no merecía-a su parecer, sí-él tenía el control sobre la mujer que le había insultado y humillado de tantas formas, era su turno de regresárselo. Su bestia se lo susurraba, debía someterla de las peores maneras, y ni así estarían a mano por todo lo que le había hecho sufrir. Y aunque su mente ideaba mil maneras de degradarla, su cuerpo se movió solo y sus labios se abrieron de forma automática, exhibiendo sus colmillos preparados para morderla, para marcarla. Su corazón latió deprisa, sentía su eyaculación aproximarse, era el momento, sus colmillos alcanzaron a tocar su piel, pero cuando cerró la boca para concretarlo, la curva de su cuello se había corrido unos cuantos centímetros. Frunció el ceño molesto, la rabia fue inminente, como un niño al que le quitan su juguete en el momento más divertido del juego, iba a gruñirle a la princesa, pero guardó silencio al comprender lo que había pasado. En cosa de segundos, Riander había notado sus intenciones y tomó del pelo a la joven a tiempo, para alejarla de su boca.

Negro contra negro se enfrentaron en una disputa silenciosa y breve, al mismo tiempo que Bulma se quejaba por el tirón de mechas que la reina le había dado. Vegeta comprendía su atrevimiento, había buscado marcar a Bulma teniéndola a ella ahí mismo, y aunque no estuviera, aquello era una terrible ofensa al reino ¡estuvo a punto de caer en vergüenza! Y era culpa de ella… se sentía avergonzado, otra vez, pero a la vez, molesto porque se la habían quitado, seguía siendo un hombre orgulloso y egoísta, que debía obtener a como dé lugar lo que quería. Siguió moviéndose sin dejar de pensarlo, y eyaculó en su interior segundos después. Detuvo su movimiento cuando estaba tocando fondo, dejando salir todo lo que había guardado en ella. La observó estrechar sus ojos, sabía que podía sentir como era llenada por él, le sonrió triunfante, había ganado una batalla en esa guerra de solo dos soldados. Respiró agitado sobre ella y se retiró con suavidad de su interior, sin dejar de mirarla, le molestó sus rasgos de incomodidad, como si sintiera repulsión, pero no dijo nada, siguió exhalando con fuerza y cuando se calmó, miró a ambas mujeres y habló con autoridad digna de un rey.

―Iré a darme un baño, la que se vaya de aquí, la buscaré y despellejaré viva ―advirtió con tono hostil.

Bulma se sentó con movimientos lentos, mientras lo veía alejarse. Una vez que lo vio encerrarse en el cuarto de baño, giró hacia la reina y la empujó con toda la fuerza que tenía, que no era mucha, no consiguió más que sacudirla y entre dientes, habló en un susurro audible solo para la saiyajin.

―¡Mentirosa de mierda! ―exclamó mirándola con rabia―¡Me entregaste! ―Riander no respondió, seguía aturdida por lo que acababa de ver y escuchar sus reproches era echarle sal a la herida ¿Cómo osaba con reclamarle por lo que había pasado, cuando era ella quien debió estar en su lugar? Era como contar dinero delante de un pobre ¡cuanta injusticia! Respiró agitada, llena de rabia y giró hacia ella, observándola con rencor.

―¡Cállate! Tú me expusiste primero ¿Querías dejarme mal con él? Zorra traicionera ―ladró alzando la voz―tienes el descaro de reclamarme después de acostarte con él.

―¿Y quién lo ayudó? ―preguntó dejando de susurrar―¡Viste sus intenciones y lo ayudaste! ¡Pudiste defenderme! ―exclamó indignada.

―¡Ah, por favor! Te gustó que te follara ¿crees que no lo noté? ―preguntó sonriéndole con burla, camuflando los celos―¿Cuánto más cínica puedes ser? Te haces la difícil, la que no quieres nada con él y gemías como la zorrita que eres ¿crees que eres especial para él? Lo escuchaste antes, te desprecia, como todos en este planeta ―y se rio.

Bulma alzó la barbilla con orgullo, antes habría caído torpemente en sus venenosas palabras, no ahora, no después de las evidencias que tenía. Ya no era una niña insegura, era una mujer que se esforzaba por aprender a sobrevivir en ese mundo complicado dominado por hombres. Su madre le había dicho una vez, podía conseguir mucho si aprendía a usar su poder femenino en contra de Vegeta, lo había encontrado ofensivo en su momento, ahora entendía que, para un hombre como él, era la única arma que tenía. Respiró con pesadez, iba a responderle a la reina cuando sintió los líquidos del rey escurrírseles entre las piernas, frunció el entrecejo, incómoda y sin pudor, llevó su mano derecha hasta su intimidad, intentando atraparlos. Cuando sintió la palma llena, sacó su mano de allí y aun así siguió saliendo el gelatinoso líquido, ensuciando el fino edredón. Miró su mano con disgusto y giró hacia Riander, le mostró la mano y sonrió soberbia.

―¿Lo quieres? Tú lo necesitas después de todo ―temió por su vida cuando vio el rostro de la reina mutar de sorpresa a indignación, luego a furia. Su triunfo duró poco al ver su rostro mutar, ahogó un grito cuando la vio abalanzarse sobre ella, pero no alcanzó a atraparla, la puerta del baño abriéndose las interrumpió y Bulma no pudo sentirse más aliviada al ver a Vegeta, como hace mucho tiempo no le pasaba ¿sentirse a salvo por él? Ya no recordaba cuando fue la última vez.

La joven se puso de pie sin mirar a la reina y se bajó de la cama con dificultad, intentando no ensuciar más, cubrió su desnudez con los extremos de la bata que aun vestía y pasó por el lado del rey para ir al sanitario, pero él la sujetó del antebrazo que llevaba en alto, para evita dejar caer el contenido de su mano. Vegeta iba a preguntar, pero comprendió con rapidez sus intenciones y la soltó, Bulma le regaló una mirada llena de desprecio y se encerró en el cuarto de baño, segundos después se oyó la regadera.

―Lárgate ―dijo llegando al lado de la cama, se paró con los brazos cruzados y miró a la reina. Riander no demostró su indignación, en cambio lo enfrentó seria y con orgullo que no sentía después de la humillación que él le había hecho pasar, y que seguía ofendiéndola al pedirle aquello.

―No ―respondió sin miedo―es a mí a quien debes follar y preñar. ―Vegeta frunció el entrecejo, iba a replicar, pero Bulma los interrumpió al salir del cuarto de baño.

La joven caminó hacia ellos expectante, notó que los había interrumpido y la curiosidad fue inminente, no alcanzó a llegar a su lado por cuenta propia, Vegeta se le adelantó y la tomó del antebrazo otra vez y la jaló hacia la cama, puso sus rodillas en el borde del colchón y gateó hacia ella. Bulma tragó en seco ¿Cuántos minutos habían pasado desde ese extraño encuentro sexual? ¿cinco o más? ¿menos? Recordaba su energía viril, pero después de los lamentos de Riander, esperaba que aquello hubiera mermado, aunque fuera un poco.

―¡No! ―exclamó con fuerzas―es a Riander a quien debes follar ¡déjame en paz! ―pidió entre una orden y suplica.

―Yo decido a quien follo ―murmuró varonil. Bulma tragó en seco y giró hacia la reina, quien la miraba llena de frustración. Las palabras de su madre se repitieron en su cabeza nuevamente, dándole la determinación que necesitaba en ese momento y sorprendiendo a ambos saiyajin, la joven se colgó de su cuello y lo empujó con su pecho, el rey no tardó en obedecer expectante y se dejó caer de espaldas a la colchoneta.

Bulma, aun abrazada a su cuello, se subió a sus caderas, las manos del rey no se quedaron quietas y se posaron en sus hombros, para quitarle la bata. Ella se lo permitió y sin preámbulos, comenzó a moverse sobre su miembro medio duro, ganándose una completa erección con un par de movimientos de cadera. Vegeta observaba fascinado el cuerpo de la que alguna vez fue su mujer, sus senos se movían al compás de su vaivén, su cintura diminuta invitaba a sus manos a descansar ¿por qué era tan hermosa? Era como una bruja que lo atrapaba con sus encantos maliciosos, sabía que estaba mal caer en sus embrujos, pero eran tan malditamente tentadores, que no podía resistirse. Su cabello tomaba vida en cada movimiento, su rostro antes infantil se había transformado ¡ahí estaba la mujer peligrosa a la que le temió cuando estaban juntos! «mierda» maldijo, ¿Cómo le hacía frente a un ser de su naturaleza? Tragó en seco. Iba a tocar su cintura, cuando la vio girar hacia Riander y extender una mano hacia ella. Miró extrañado la situación, iba a hablar, pero la voz de la joven le ganó.

―Ven ―le ordenó a la reina, mirándola con rabia. Seguía molesta con la saiyajin, pero debían concretar lo que tenían planeado, si no, todo el mal rato que le hecho pasar, habría sido por nada. La reina la miró con desconfianza y confundida, nunca había visto a una mujer estar arriba en un encuentro sexual, sabía de esas posiciones, pero ningún saiyajin lo toleraba ¿por qué Vegeta se lo permitía? Estaba confundida―¿quieres preñarte o no?

―¿Qué piensas hacer? ―preguntó curiosa, miró al rey que observaba el intercambio en silencio, parecía comprender la situación y omitió su comentario ¿por qué? ¿él entendía lo que planeaba la humana? Vio a Bulma moverse a su cadera, dejando visible la erección del rey que se erguía pomposa detrás del trasero bien formado de la princesa.

―No ―habló el rey, comprendiendo las intenciones de Bulma, pero la joven lo ignoró. Extendió la mano hacia la reina y tomó su muñeca, jalándola hacia ella. Vegeta iba a moverse, no permitiría que ninguna mujer dominara el encuentro, si se lo había permitido antes a Bulma era… ¿por qué? Por lo que sentía por ella, pero eso estaba en el olvido ¿no? Hizo el intento de moverse, pero la joven se percató a tiempo y le dio la espalda a Riander, volviendo a centrarse en él. El rey la miró con recelo, y ella a él.

Era una lucha de egos y posturas, y, aun así, Bulma se inclinó a su cuello y besó la curva lentamente, y eso bastó para derrotarlo. El rey cerró sus ojos sintiendo sus labios suaves en su piel y la excitación subió de grados, el solo imaginar que ella estaba cerca con sus dientes y que podía morderlo, hacía que su miembro goteara. Bulma no detuvo el ataque y se meció en su cadera, Vegeta frunció el ceño, ese movimiento rítmico debía ser para su miembro, estaba sufriendo por no recibirlo, sujetó sus caderas e intentó empujarlas, pero Bulma había conseguido que Riander se posicionara detrás de ella, por lo que no había espacio para empujarla. La reina, extasiada y sin hacer más preguntas, se dejó caer sobre su erección ¡oh, aquella sensación! La había extrañado, sentirse invadida por él siempre era grato y ahora, en aquella posición, no podía evitar sentirse poderosa. Pero su ego pronto se vio opacado cuando cayó en la realidad, había conseguido aquello por la princesa, quien seguía distrayéndolo delante de ella, mientras que se movía sobre su pelvis, como si fuera la joven quien lo montaba, él había dicho "no", pero ahí estaba, cediendo a los encantos femeninos de la humana.

Riander fue rápida, movida también por lo excitante que era estar sobre él y porque necesitaba de su semilla, imitó los movimientos de la princesa, y consiguió seguirle el ritmo con facilidad. Bulma y el rey mantenían una disputa extraña, mientras él la tocaba con demandantes caricias, la observaba con rencor y ella a él. Vegeta la agarró de los hombros y la jaló hacia su pecho, haciendo que sus perfiles quedaran de frente, Bulma leyó sus intenciones, sus labios estaban a milímetros de distancia, casi rosándose, pero la princesa corrió el rostro en el último segundo, haciendo que los labios del rey chocaran con su mandíbula. Él, furioso por el desaire y consigo mismo por pedirlo, le mordió con fuerza medida, lo suficiente para hacérselo sentir, insuficiente para dejarle una marca. Ella se estremeció y jadeó en su oído, excitándolo al oír su sensual gemido. Tomó sus caderas con fuerza y las movió de arriba abajo sobre su pelvis, pero era Riander quien estaba sobre su erección, que, al ver su exigencia, aumentó el ritmo para satisfacerlo. El roce entre su intimidad y su cadera, fue suficiente para provocarle un orgasmo a la joven, él lo notó, ella estaba disfrutando aquella fricción y él estaba sufriendo por no sentir su intimidad en aquel juego, la desesperación y el deseo por sentirla, de tenerla tan cerca y no poder follarla, fue suficiente para eyacular en el interior de la reina. Aunque podía percibir las diferencias, el juego de seducción de Bulma había bastado para provocarle.

La reina se bajó cansada de su miembro, pero satisfecha. Podía sentir su interior lleno por él, observó jadeando a la pareja que aun no rompía el abrazo, frunció el entrecejo extrañada ¿Cuándo se habían entrelazado así? A pesar de haber participado de ese peculiar momento, seguía sintiéndose como un testigo, como si no fuera necesaria. La idea se caló en su pecho, y dolía.

―Vete ―oyó decir al rey, levantó la mirada hasta su rostro, intentando descifrar para quien era la orden, una pequeña esperanza se había formado en su pecho, pero se desmoronó violentamente cuando lo vio responderle la mirada―dejame solo con mi regalo ―le ordenó, Riander apretó sus manos en puños, no permitiría que la desplazara de ese modo por la princesa, alcanzó a abrir la boca, pero el rey se apresuró en hablar, interrumpiéndola―Di una sola palabra, y te quebraré el cuello. Toma mi misericordia y vete.

Bulma desvió la mirada, a pesar de la reciente discusión con la reina, se sintió mal por ella. Pudo ver en su rostro la decepción, las palabras del rey le habían dolido más que cualquier golpe, y la comprendía. Muchas veces fue así con ella, seguía siéndolo, frunció el ceño y miró su rostro inexpresivo, que seguía atento a que Riander le obedeciera, oyó la puerta cerrarse minutos después, no pasó ni un segundo, cuando el rey la tomó de la cintura y la giró hacia la cama, posicionándose sobre ella.

―No ―dijo la princesa―date una ducha, acabas de estar con ella ―exigió seria. El rey la miró con sospecha, entendía su petición, pero no podía evitar sospechar de ella, su aparente actitud cooperativa no era normal bajo la situación en la que estaban, aun así, decidió darle en el gusto, después de todo, si hacía el mínimo intento por huir, él la atraparía en minutos. Se alejó de su cuerpo y se bajó de la cama, caminó dando pasos largos, para llegar rápido al baño y se encerró.

Bulma refregó sus ojos con el dorso de sus manos ¿qué estaba por hacer? ¿permitiría que él se saliera con la suya, una vez más? se lamentó en voz alta, en un débil lloriqueo lleno de frustración ¿qué podía hacer? Él tenía más fuerza y control sobre ella, sin embargo, apenas pasó esa idea por su cabeza, se contradijo «no, no es así» pensó, «será a mi manera o no será» y el pecho se le llenó de determinación. Se sentó lentamente sobre la cama, aun oía el agua caer de la ducha y sin pensarlo demasiado, caminó hacia el cuarto de baño. Abrió la puerta y se quedó de pie en el umbral, observando al rey ducharse. Vegeta giró hacia ella al oír la puerta y la miró con curiosidad, no alcanzó a cuestionarla cuando la vio caminar hacia la fina bañera, mudo la observó meterse a la tina y sonreírle con burla.

―¿Qué te causa gracia? ―cuestionó incómodo, frunciéndole el ceño.

―Tu inconsecuencia ―explicó la joven. Él no pudo esconder la sorpresa al oírla y la princesa fue rápida en explicar―dijiste que no te intereso, y ahora quieres que me quede contigo esta noche, y supongo, que no será para conversar y dormir ¿no?

―No me interesa lo que pienses ―mintió―puedes ser tú o alguien más, pero es más fácil follarte que buscar otra, es menos tedioso.

Bulma le sonrió y fingió salir de la tina, pero él la agarró del antebrazo con rapidez y la apegó a su cuerpo, lo único que los separaba era su voluptuosa delantera, que él apretó contra su pecho para reducir el espacio. La observó con frialdad, a pesar de su agarre estaba cargado de deseo, sus ojos negros le expresaban todo el odio y rencor que le tenía. Ella en cambio, no dejó de sonreírle con superioridad.

―Consigue a alguien más entonces, no dejaré que me toques otra vez.

―¿No entiendes tu posición? Estás en mi baño, mis aposentos, mi castillo, mi planeta, mi imperio. Soy el rey, no eres más que una invitada sin peso en mis dominios, puedo hacer lo que se me plazca contigo.

―No eres mi rey ―respondió con rapidez y llevó su mano libre de su agarre, a su miembro. Vegeta tragó con disimulo cuando sintió sus delicados dedos rodear su hombría―pero puedo ser tuya las veces que quieras esta noche ―susurró acercando sus labios a los de él. Vegeta no necesitó más, había perdido esa batalla y no tenía ningún argumento para debatirle, se quedó mudo, observándola expectante a sus caricias, rogando por más―a cambio, quitarás esa restricción. Podré andar libremente por todos lados ―dijo sonriéndole coqueta, al mismo tiempo, su mano se movió lentamente por la dimensión de su erección que despertaba.

―No tienes ninguna autoridad para pedirme nada ―respondió en un susurro varonil, y soltó su brazo, intentando convencerse, de ser fuerte, de no caer en su juego.

―Lo sé ―dijo sin dejar de sonreírle y se agachó, poniéndose de rodillas en la baldosa de la bañera, quedando su rostro a la altura de su miembro erecto, sin soltarlo y lo miró hacia arriba. Vegeta se congeló, ella había ganado, no necesitaba pedirle más o decir nada, Bulma había ganado y podía llevárselo todo―pero también quería apelar a tu misericordia.

Él no respondió, la voz no le salió de la garganta más que para un gruñido cuando sintió su húmeda lengua en la punta de su erección. Llevó su mano hasta su cabeza y la empujó hacia su miembro, aceptándola, pidiendo más. aceptando la derrota.


(…)


Bulma cantaba una nana que le había enseñado su cuidadora cuando tenía cuatro años, Trunks movía la cabeza lentamente, intentando seguirle el ritmo, mientras caminaban por el pasillo principal tomados de la mano, para ir hacia el jardín. No a cualquier jardín, el de la entrada, el más grande y con más vegetación, el que transitaban los príncipes y reyes del imperio, y que nadie les impedía la entrada desde hace un par de semanas. Él había cumplido, había levantado la restricción a pesar de que, en ningún momento durante esa noche, le dijo que lo haría. Se habían revolcado en varias oportunidades, después del tercer acto, ya no tenía energías ni ánimos para seguir. Pero él sí, y aunque intentara negarse, él no lo aceptaría. Quedó aturdida a la mañana siguiente, tuvo que tomarse un par de analgésicos por dos días seguidos y creyó que después de eso, él podía tomarse atribuciones y buscarla nuevamente, sin embargo, no fue así.

Quizás aun no podía lidiar con su ego herido. Sonrió al pensarlo, había tirado por la borda todas sus ofensas con un simple cambio de actitud, era incómodo pensarlo, después de todo, se había vendido a cambio de un poco de libertad en el planeta, pero ¿qué podía hacer? Después de todo, aquello iba a pasar con su aceptación o no, lo mejor que pudo hacer fue sacar provecho de ello.

Llevó a su hijo hasta la pileta y Trunks exclamó extasiado al ver a los peces nadar indiferentes a su amenaza. Bulma lo miró atenta por si debía intervenir, cuando oyó pasos detrás, supuso que se trataba de los escoltas, pero estos se acercaron hasta quedar a su lado. Giró curiosa y vio a Keel mirando al príncipe.

―Hola ―le saludó. La reina madre asintió en su dirección y se sentó en el borde de la fuente, le hizo una señal a los escoltas y estos se alejaron cinco metros de ellas―¿pasa algo?

―Laurel parió esta madrugada ―comentó y Bulma jadeó con sorpresa―¿nadie te lo dijo?

―¡No! No he visto a Tarble ¿puedo ir a verla? ―sonrió entusiasmada―¿están bien?

―Lo están ―dijo y miró a su nieto―en unos años, habrá tres críos revoloteándolo todo. Una nueva generación de saiyajin. ―Sonrió orgullosa.

―¿Tres? ―Preguntó confundida, pero su inconsciente sabía la respuesta, su pecho apretó su corazón antes de recibir la respuesta y espero impaciente por ella.

―La reina está encinta.

Bulma no respondió. Giró hacia su hijo y acarició su cabello lacio a tiempo, el niño alejó la mano del agua como si lo hubieran sorprendido en su travesura, pero la madre no estaba atenta a sus movimientos, solo se quedó viendo el reflejo del agua, pensando, cuestionándose ¿por qué la había ayudado?, sintiendo como el arrepentimiento le invadía cada recoveco de su cuerpo.

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N/A: Lo siento mucho por la demora, las cosas están complicadisimas, quería subir luego el cap antes de que me cortaran la net por no pago hahaha x'D así que no sé cuando pueda aparecer de nuevo por acá. Por lo mismo, edité rápido, así lamento mucho si hay letras revueltas, sobrantes o faltantes o errores ortográficos.

Espero sorprenderlas con el resultado y que calmen sus pasiones xD ya son 850 rw de puro odio hahahah xD nah, quizás 1/8 o más xD en fin.

Creo que el fic no lo haré tan largo como pensaba, pero ahí veré. Ya quiero escribir de Trunks más grande xd En fin, se me cuidan, de todo, de los peligros que hay en todos lados, del coronavirus hahaha xD que estén muy bien y espero, que las cosas se calmen en mi mundillo y poder estar de vuelta pronto. A pesar de todo, me siento cómoda compartiendo mis escritos.

PD: Si alguien desea aportar con alguna donación, dejaré el link d en mi pág de Face.