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15
Hermano
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La sala de incubación se había vuelto un punto de reunión para la princesa Bulma y su mujer, Laurel. Tarble las miraba conversar como si no se vieran nunca, de cosas triviales como de sus planes para ese día, o anécdotas de su sobrino cuando era un bebé de meses. El príncipe heredero estaba con ellos en la sala, Bulma le había organizado un corral para que no jugara con las máquinas, tenía varios baúles con juguetes a su disposición, pero él prefería el dinosaurio con el que había llegado, el que estaba maltratado por él mismo, mientras su madre lo observaba dentro del mismo corral, sentada sobre unos almohadones, cerca de la incubadora de Ery. Laurel estaba sentada fuera de la cerca que medía medio metro, frente a su hija, mirándola de vez en cuando y luego a la princesa.
—En cuatro meses más o menos —respondió Bulma, mirando a Trunks que jugaba con su dinosaurio, haciendo que se comiera el resto de los juguetes—no puedo creer que esté tan grande.
—Tres años… —murmuró Laurel, mirando al príncipe—ojalá Ery salga a esa edad.
—¿Cómo va con el uso del baño? —preguntó Tarble, acercándose a las mujeres—Vegeta me dijo que no muy bien. —Bulma sonrió con diversión y miró al niño, Trunks al sentir su mirada la observó y le lanzó un beso, como ella solía hacer. La joven madre le imitó y el niño carcajeó divertido unos segundos y continuó con su juego.
—Dejará el pañal cuando se sienta listo —respondió la princesa—Vegeta insiste en que lo presione con eso, pero no puedo. —Se encogió de hombros—insistirle podría ser peor. Además, recién cumplirá tres años, no es tan grave. He sabido de niños que dejan los pañales a los 5 años —murmuró pensativa—pero no creo que sea el caso de Trunks.
Tarble la observó unos minutos en silencio, vio como la joven seguía platicando con Laurel, como si lo que acababa de decir no fuera de importancia. Pero para él sí, hace mucho que lo había notado y ya no podía callar. Desde que la reina Riander había quedado preñada, hace ya casi 6 meses, que la relación de su hermano y la princesa era cada vez más amena. Estar en una misma habitación con ambos no era incómodo, y muchas veces se veía a sí mismo recordando el pasado. Estaba casi seguro que habían regresado, su hermano ya no hablaba mal de ella, decía su nombre sin insultos y ni siquiera titubeaba para nombrarla. No se atrevía a preguntarle, no quería arruinar lo que fuese que estaba surgiendo entre ellos, pero la curiosidad le empezaba a impacientar, con Bulma podía hablarlo, ella no reaccionaría mal ni se alteraría, no como su hermano al menos.
—Y… ¿qué es lo que harás, Bulma? —comenzó preguntando, intentando no ir directamente a lo que él quería saber. La joven giró hacia él y luego hacia su hijo, lo observó unos segundos y volvió a verlo.
—¿Sobre qué? —preguntó sonriendo—¿más tarde? —frunció el ceño la joven, pues eso lo había hablado hace rato con Laurel.
—No —carraspeó su garganta y miró a la saiyajin, que lo observaba con sospecha—me refería a tu vida… digo, estás soltera —se encogió de hombros y la observó, esperando alguna reacción de la joven, un rubor o algo, pero solo vio seriedad en sus facciones. Esperó por su respuesta unos segundos, cuando la vio sin intenciones de contestar, continuó—… y tarde o temprano tendrás que dejar al príncipe Vegeta.
—No dejaré a Trunks —respondió con determinación, ignoró el nombre, ya se había acostumbrado a que lo llamasen así—apelaré su custodia o a visitas. —Tarble guardó silencio, si la joven estuviera con su hermano en una relación secreta, eso no sería necesario. Podía inferir de su respuesta, que no estaban juntos, pero eso lo dejaba más confundido ¿cómo era posible que se llevaran bien? Su hermano hasta hace poco la odiaba, la insultaba y no podía verla ¿qué había cambiado de repente? ¿habían conversado y aclarado las cosas como dos adultos responsables? Lo dudaba. Su hermano era rencoroso, no sería capaz de decirle lo mucho que le afectó sus mentiras y, es más, que su reacción por lo que hizo se debía a eso, que le había hecho mucho daño.
—¿No has pensado… —se cruzó de brazos y la observó fijamente, ignorando la mirada de su mujer, ya podía escuchar su regaño por meterse en asuntos que no le corresponden, pero quería hacerlo, no solo por su hermano, sino que por su sobrino—… en volver con mi hermano? —la joven alzó ambas cejas al oírlo y sonrió pero sin gracia, negó unos segundos, su cabello que le llegaba a los hombros se sacudió con su movimiento.
—No —dijo arrugando la nariz, como si el solo decirlo le provocara asco, lo que molestó a Tarble—¿Por qué haría tal cosa?
—Les haría bien a ambos —respondió serio, intentando controlar la rabia que la joven había despertado—y no tendrías que irte.
—¿Cómo puedes siquiera sugerirme eso? —preguntó con indignación—¡después de todo lo que tu hermano me hizo!
—¡¿Y lo que tú le hiciste a él?! —exclamó levantando la voz, sorprendiéndolas. Trunks dejó de jugar y levantó la cabeza, atento a lo que pasaba. El mismo Tarble se dio cuenta de su reacción, respiró profundamente y tragó saliva con disimulo.
—Tarble —habló Laurel—no te metas en lo que no te concierne.
—Claro que me concierne —respondió un poco más calmado, pero no menos molesto. Miró a la joven, que lo observaba expectante—mi hermano ha sufrido mucho por tu culpa, y hablas de lo que tuvieron como si hubiera sido lo peor del mundo —Bulma soltó una sonrisa sin ánimos, casi con burla que le molestó aún más.
—No tengo porqué explicarte nada, Tarble —respondió Bulma, sintió las manitos de Trunks sobre su regazo y giró hacia él—desde tu posición privilegiada, claro que te parece una buena idea. —Tomó al niño y lo sentó sobre sus piernas, Trunks le acercó su dinosaurio para que lo besara, miró con disgusto el estado del juguete, pero lo hizo de todos modos.
—¿Posición privilegiada? —repitió Tarble—disculpame, pero todos lo notamos. Ustedes estaban bien, no veo porqué no pueden estar otra vez juntos.
—Tarble, basta —insistió Laurel—no sabemos qué pasó entre ellos, no es nuestro asunto.
—No —negó el príncipe—no me gusta que se exprese así de Vegeta —dijo mirando a la princesa—mi hermano sufrió mucho por ti, Bulma. Y para ti, el solo pensar en volver con él…—Bulma estrechó sus ojos cuando lo oyó, sintió sus mejillas ruborizarse de pura rabia y frustración.
—Sí —le interrumpió—me da asco de solo pensarlo —reconoció sin tapujo, mirándolo fijamente. Tarble levantó la barbilla con orgullo, aunque podía notar en sus rasgos que estaba por alterarse nuevamente—no sabes lo que ha pasado entre nosotros, lo que me ha hecho y no tienes porqué saberlo. Hazle caso a Laurel, y no te metas. —El príncipe guardó silencio unos segundos, procesando sus palabras. Recordaba claramente la primera platica que habían tenido cuando ella había regresado a Vegetasei, lo que no dijo pero que pudo inferir y ahí estaba otra vez ¿qué tanto daño le había hecho su hermano? Sabía que Vegeta no era un santo, y que cuando la conoció seguía siendo un saiyajin despiadado, pero había cambiado con ella, cada cambio, había sido por ella.
—Mi hermano —murmuró, calmando su respiración y semblante, volviendo a ser el Tarble sereno de siempre—sufrió mucho con tu muerte, Bulma —susurró. Y la princesa agachó la mirada.
—Claro —respondió sin mirarlo—tanto que se unió con otra, dos meses después. —soltó sin mirarlos. Sentía el pecho apretado, y no quería sentirse así, no quería sentir culpa por lo que Tarble le había confesado, pero no conseguía borrar aquella frase de su mente ¿él había sufrido por ella? su corazón latió deprisa, a su mente vino su primer encuentro después de haberse ido, sus reproches, su rostro lleno de rabia.
—¿De eso se trata? —la voz de Laurel le distrajo de sus pensamientos. Giró hacia la saiyajin que la miraba con curiosidad—estás celosa de Riander ¿por eso no vuelves con el rey? —Bulma alzó ambas cejas al oírla, iba a negar, pero Trunks fue más rápido y gritó fuerte.
—¡Papa! —la princesa giró rápidamente hacia la entrada al oír al niño, sin poder controlar el rubor, pensando en qué tanto él pudo haber oído, pero no había nadie. Miró nuevamente a su hijo, casi con reproche y el niño aplaudió alegre—¡Papa rey!
—Sí, tu padre es el rey —murmuró entendiendo su aporte a la plática—no, no estoy celosa de Riander ¿por qué debería sentir celos de ella, si no quiero lo que tiene? —Tarble suspiró al oírla y giró hacia la incubadora en uso, observó a su hija, su cabello negro moverse según las ondas del líquido, había ganado el doble de peso en los últimos meses.
—Mi hermano no pidió a Riander —respondió sin mirar a la joven. Bulma tampoco lo miró, solo escuchó, tensa y al borde del llanto, evitando que alguno lo notara, mirando hacia el suelo—es parte del protocolo, no puede coronarse sin una mujer como compañera. Y Riander era la prometida de Vegeta, antes de que acordaran la alianza con la tierra.
Bulma no respondió. Sentía un nudo en la garganta que era difícil de tragar, era como si toda la opinión que tenía sobre él, hubiera cambiado de la noche a la mañana. Pero ¿por qué no se lo dijo? En vez de explicarle como habían sucedido las cosas, o como se había sentido ¿qué hizo? Le gritó, la amenazó, ironizó la situación e incluso, sin importarle su opinión, pensó en llevársela. No podía disculparlo, menos cuando no había pedido disculpas, pero, sobre todo, no podía borrar todo lo malo solo por lo que decía Tarble, además, era la versión de su hermano, el que quería que volviera con el rey ¿podía verlo objetivamente? No. No se trataba de desconfiar del príncipe, se trataba de que no podía confiar tan rápido ni ablandarse de ese modo, solo por saber que él sufrió con su muerte ¿por qué cuando se trataba de Vegeta, era tan vulnerable? Cada vez que pensaba que ya había superado su relación y al rey, algo surgía que le enrostraba que no era así, que tarde o temprano iba a necesitar terapia. Medio sonrió al pensarlo.
—No importa, nada de eso importa a estas alturas ¿no? —murmuró y giró a ver a Tarble. El príncipe frunció el ceño y suspiró, iba a hablar, pero su rastreador sonó fuerte, interrumpiendo la plática. Bulma besó la frente de Trunks, mientras el niño le picaba con el dinosaurio el brazo, giró a ver al príncipe cuando lo vio serio leyendo el mensaje en su aparato—¿qué pasó?
—Es Riander —respondió sin mirarla—está entrando en labor de parto —la princesa alzó ambas cejas al oírlo, sintió su estomago tensarse. Los nervios fueron automáticos, y no sabía si se debía al miedo de que ese niño no naciera bien, o, por el contrario, si deseaba que fuese así. Estaba asustada, no tenía nada en contra del bebé, pero temía por lo que pudiera pasar con Trunks. Que Riander tuviera un hijo con Vegeta, y encima varón, no beneficiaba en nada a su hijo ¿por qué se dejó manipular? No pensó con claridad, fue estúpido ayudarla ¡esa charla con Iris debió ser antes!
—Tarble —dijo, sin ordenar sus ideas. El príncipe levantó la mirada hacia ella—si ese niño nace bien… —tragó saliva, le costaba decirlo, pero debía hacerlo. Abrazó con más fuerza al niño en sus piernas y continuó—Riander no se conformará en que sea un ayudante de Trunks, ella querrá que sea el siguiente en sucesión. —El príncipe alzó ambas cejas al oírla, miró a Laurel, quien asintió hacia Bulma y luego lo miró. Se guardó su rastreador y murmuró serio, algo tenso.
—Entiendo tu miedo —comenzó diciendo—creo que no hablas porque quieras que el príncipe Vegeta sea el rey, sino más bien, porque temes que Riander haga algo en contra de él ¿verdad? —la princesa asintió, giró hacia su hijo y le peinó el pelo con sus dedos delgados—descuida, créeme cuando te digo que Vegeta no dejará que nada malo le pase a su hijo.
—Vegeta no puede vigilarlo todo el día —respondió frunciendo el ceño—no confío en ella ¿puedes planteárselo a Vegeta? No me atrevo a decírselo —reconoció desviando la mirada.
—Bien… se lo diré. Iré a verlo, está acompañando a Riander —Bulma no respondió, el nudo en su garganta volvió, también la culpa. Vio como el príncipe asentía a Laurel y luego salía rápidamente de la sala.
Imaginarse a Vegeta acompañando a la reina en su parto le dolió más de lo que quisiera reconocer, en ese momento no pensó en que se trataban de celos, en que era a ella a quién debió acompañar cuando tuvo a Trunks, tampoco quiso darle vueltas a que, si aquello no se dio de esa forma, se debía en parte a su decisión. En lo único que la joven princesa podía pensar, era en él acompañando a otra mujer ¿le sostendría la mano? ¿le daría ánimos? ¿tomaría a su hijo sin importarle que estuviera sucio? Sintió los ojos escocerle «da vuelta la maldita página, da vuelta la maldita página» se repitió una y otra vez.
(…)
Cambió el pantalón de Trunks con sumo cuidado, evitando pasar a llevar su cola. El niño jugaba con la bolsa de pañales, la revisaba y sacaba uno y otro, dejándolos desordenados sobre su cama. La joven no le impidió hacerlo, estaba con la mente dispersa, intentando calmar los pensamientos cuestionables que surgían de repente. Se había enterado por Laurel que el niño de la reina había nacido sano, que después de casi diez horas de labor de parto, ambos lo estaban. En diez horas, el rey no se movió de su lado y Bulma no podía dejar de pensar en eso. Su hijo había pedido verlo antes de dormir, tuvo que entretenerlo hasta que olvidara a su padre y se cansara lo suficiente para dormir. Era normal que fuera así, se dijo, después de todo ese niño era suyo igual que Trunks, no podía sentirse insegura por algo que no… que no tenía. Lo único que debía importar era su relación con Trunks, y hasta el momento, el rey estaba haciendo un muy buen trabajo, pero su hijo-y ella-tendrían que acostumbrarse a que, de ahora en adelante, la atención sería compartida.
—Ponte la capa —murmuró mientras ordenaba los pañales que el niño había esparramado. A Trunks le gustaba vestirse él mismo, aunque lo hacía mal, por lo que lo ayudaba siempre, pero con la capa no. Él debía hacerlo por si mismo, a veces quedaba chueca y no le dejaba arreglarla, ni siquiera a Vegeta. Pero poco a poco, se equivocaba menos. Estaba por cumplir tres años, en unos cuantos meses, cuatro para ser exactos, sería su cumpleaños y aun no lo hablaba con el rey. Pues las celebraciones en Vegetasei eran bastante diferentes a las de la tierra.
Vio al niño estirar su pequeña capa, buscar el lado correcto para engancharla con los broches de sus hombreras, dejó de ordenar para mirarlo. Cada vez estaba más grande e inteligente, y no lo pensaba solo porque fuese su madre, intentaba ser objetiva, pero era lo que veía. Trunks era bastante despierto para su edad, entendía lo que le decían, aunque le costara hablar, resolvía problemas que a más de uno dejaba sorprendido, habían instalado rejas flexibles para que el niño pudiera transitar sin hacer alguna travesura, sin embargo, tardó tres días en aprender a escalarlas y quitar el seguro que había visto a los criados sacar. No podían dejarlo sin custodia, el que estuviera con él tenía que estar concentrado en lo que hacía todo el tiempo.
Cuando estuvieron listos, el niño se bajó de la cama y Bulma le dio la mano para salir de la habitación. En la entrada, Alek custodiaba junto a otro soldado. No lo miró, siguió de largo junto al niño. Evitaba todo tipo de contacto con el saiyajin en el palacio, pero cuando tenían tiempo y ganas, iba a visitarlo. Le gustaba cuando tenía guardia de Trunks durante el día, así por la noche podían verse. Lo que había iniciado entre ellos le era cómodo, él no exigía verla todo el tiempo, no le cuestionaba si no lo veía en dos semanas o si quería ir todos los días, estaba conforme con lo que le daba y en esos momentos era lo que necesitaba. Intentaba no relacionarse más allá del sexo, pero era difícil. A veces se quedaba más tiempo platicando, de gustos, la infancia o misiones que Alek le contaba. Nunca hablaban del rey, era como un tema del que siempre estaban conscientes, pero que no tocaban en voz alta, como un pacto silencioso.
Oyó los pasos de los escoltas detrás de ella, Trunks giraba hacia atrás a momentos, y los miraba con el ceño fruncido, apegándose más a su madre al mismo tiempo que su cola se enredaba en la pierna de la joven, incomodándola al caminar. Bulma se detuvo antes de bajar por la escalera y se inclinó para tomarlo. El príncipe desanudó su cola por unos segundos para luego enredarla en su muñeca. Bajaron en silencio, Trunks le susurraba cosas al oído que no alcanzaba a entender, por lo que solo se reía y respondía con monosílabos. Al llegar a la primera planta, se dirigió hacia el elevador, como hacía habitualmente desde que Ery había nacido, pero esta vez, irían a visitar al hermano de su hijo.
A pesar de que tenía miedo de lo que pudiera pasar con la llegada del nuevo hijo del rey, no quería crear distancia entre ambos niños, después de todo, eran medio hermanos y como Tarble le había dicho antes, cuando fuera el momento, debían trabajar juntos y cooperar. Lo había pensado en la noche, ella no sería la encargada en crear alguna diferencia, y, por el contrario, intentaría todo lo que estuviese a su alcance para que ambos niños se llevasen bien. Al pequeño lo habían llamado Kyabe, Laurel le había informado de todo. Había pesado menos que Trunks, tenía el cabello negro como el de Riander, y su poder de pelea era inferior al de Trunks, pero más alto que el de Ery.
Entró al elevador rodeada por los escoltas, entre ellos Alek. Sintió la mano de él rozar su muslo desnudo por su falda corta, lo ignoró pensando que se trataba de un descuido, pero cuando lo volvió a sentir, se movió. Aunque el deseo fue inmediato, al verse en un escenario peligroso, no cometería una estupidez y seguiría con total precaución.
—¿Ver pima Ery? —Bulma sonrió al niño cuando lo oyó, hace unos tres meses que se había aprendido el nombre de su prima, después de oírlo tantas veces. No era un nombre difícil de aprender, pero el menor reconocía que la bebé en la incubadora era Ery, y aunque no entendía el concepto "prima", decía que lo era.
—Sí —le respondió, y besó su mejilla, el niño soltó una risa cantarina cuando el beso se repitió un par de veces.
Después de unos minutos, el ascensor se detuvo. Fue Alek quien sostuvo la puerta para que no se cerrara, mientras ambos pasaban. La joven continuó su camino hasta la sala de incubadoras, en la que estaba Ery junto a Kyabe. Ambos soldados se quedaron afuera de la sala cuando entraron, Trunks quiso bajarse de sus brazos, pero la joven no le hizo caso y siguió avanzando hasta llegar a las máquinas. La sala estaba sola, lo que le causó curiosidad, Laurel se la pasaba bastante tiempo ahí metida, y ahora con el nuevo príncipe, pensó que al menos alguien estaría allí, pero era mejor así. Prefería que ese momento se diera entre los tres, Kyabe, Trunks y ella.
Al quedar frente a la incubadora del príncipe, observó sus rasgos. Su cabello era puntiagudo como el de Vegeta, pero tenía muchos picos, tenía un mechón que le caía en la frente en su lado izquierdo. Era muy pequeño, recordaba que su hijo había sido más grande y ni hablar Ery, que les había ganado a ambos en peso y tamaño.
—Mira Trunks —dijo sonriéndole al menor. El bebé frunció el ceño al ver al nuevo bebé, giró hacia Ery, luego hacia Kyabe, después a su madre, visiblemente confundido—es tu hermano —dijo la joven—se llama Kyabe. Es tu hermano menor, debes cuidarlo.
—No —negó el bebé y Bulma lo miró con sorpresa. Parecía disgustado, observaba a Kyabe fijamente, giraba el rostro y luego miraba a Ery, como si los comparara. La cola del niño se desenredó de su muñeca y la meció de lado a lado, cuando la cola se separó de su brazo, notó que los pelos estaban erizados.
—Trunks —insistió la princesa—es tu hermano —vio como el niño se tocaba la oreja derecha, sin dejar de observar al pequeño bebé saiyajin, con el ceño fruncido y los mofletes inflados. Iba a hablarle, cuando la puerta se abrió de golpe y ambos giraron a ver de quien se trataba. Riander estaba como si nada le hubiera pasado a su cuerpo después de cargar seis meses a un niño en su vientre, tal cual como la conoció. La envidia fue instantánea ¡ella tardó meses en recuperar su figura! Además, como había tenido una cesárea, su cuerpo no asimiló enseguida que no seguía cargando un bebé en su útero, a eso le sumaba que no había conservado su físico. Se sentía más gruesa, sobre todo su pecho y le incomodaba, pero la maldita saiyajin estaba igual de delgada y con los músculos marcados, caminando y con su cara de tres metros, como si nada hubiera pasado.
—Retírense —ladró la reina, hacia los soldados que custodiaban la puerta. Ninguno se movió, se quedaron viendo entre ellos, pues seguían órdenes del rey, no de la reina. Riander estrechó la mirada cuando los vio dudar, sabía lo que podían estar pensando y aquello solo la enfureció más de lo que estaba—¿qué no oyeron? ¡largo! —ambos asintieron hacia la reina, Bulma alcanzó a ver a Alek antes de que este se fuera.
—Felicidades —habló la princesa cuando quedaron solas. Pero la reina entró rápidamente a la sala y cerró detrás de sí la puerta.
—¿Qué haces aquí? —preguntó en tono hostil. La princesa frunció el ceño al oírla—no quiero que te acerques a mi hijo.
—¿Disculpa? —Trunks miraba a ambas en silencio, como si percibiera la tensión que surgía entre las mujeres y, sobre todo, que estaban en desventaja.
—Lo que oíste —dijo y caminó hacia ella—no quiero que te acerques a mi hijo, te lo prohíbo. No confío en ti, mi cachorro no está seguro contigo cerca.
—¿Te golpeaste la cabeza en el pavimento? —preguntó con indignación—¡jamás le haría algo a un niño! Menos al hermano de Trunks, estamos aquí para…—la voz de Riander se oyó fuerte en la sala, resonó entre las paredes metálica cuando habló.
—¡Él no es su hermano! —le interrumpió gritando fuerte—lárgate ahora mismo, no quiero que vuelvas a acercarte a mi hijo. —Trunks escondió su rostro en el cuello de su madre cuando la reina gritó, y Bulma respiró profundamente, al mismo tiempo que sus delgadas cejas se fruncían y la rabia crecía en su pecho.
—Bájame el tono —dijo seria, mirándola fijamente sin un ápice de miedo. Al contrario, su orgullo le hacía ver más intrépida que de costumbre—yo no sigo órdenes tuyas ni de nadie ¿entendiste? —Riander abrió la boca del asombro ¿qué se creía la humana para hablarle así? Algo había cambiado durante su embarazo y estaba segura de qué había sido. La única opción para que la princesa se tomara atribuciones que no le correspondían, era que tenía influencias especiales: el rey. Porque para la saiyajin, la joven no tenía ningún derecho a hablarle de ese modo ni mucho menos desobedecerla—y te recuerdo —dijo sonriéndole—que, sin mí, no te hubieras embarazado nunca, un poco de humildad no te haría mal ¿no crees?
El rostro de la reina cambió en segundos. Se volvió rojo de pura rabia, exhibió sus colmillos y su cola, aunque en su cintura, se erizó completa. El ceño lo arrugó tanto, que parecía que sus cejas casi se tocaban. Bulma contuvo la respiración unos segundos cuando comprendió lo que había provocado ¡pero no era su culpa! No dejaría que la humillaran, no se lo merecía, no dejaría que nadie la pasara a llevar, sin embargo, no pensó que el querer poner en su lugar a Riander significaría que su vida corriera riesgo. En cosa de segundos, la reina se le abalanzó encima con la mano levantada hacia ella, jadeó con sorpresa y abrazó al niño con fuerza, su corazón latió deprisa, al mismo tiempo que su respiración se volvió lenta y sonora.
—¡No! —exclamó Trunks al ver a la saiyajin acercarse con violencia, podía sentir el peligro, intentó voltearse por completo, pero la mano de la princesa sobre su espalda no se lo permitió.
—¡¿Qué mierda está pasando aquí?! —el grito del rey les sorprendió a ambas. Ninguna notó su presencia, Riander quedó con la mano estirada a centímetros de la cabeza de la princesa, y Bulma había retrocedido hasta chocar con la base de la incubadora de Kyabe. El rostro de la joven estaba pálido, los ojos grandes y desorbitados y cuando lo vio, suspiró aliviada y una débil sonrisa se formó en sus labios rosados.
Riander miró encolerizada a la princesa mientras bajaba el brazo, y se alejaba de ella. Vegeta las observó a ambas, la reina tenía el rostro rojo y respiraba agitada, mientras que la joven recién recuperaba el color en sus mejillas. Trunks miró atento la situación, como si aun no pudiera bajar la guardia, abrazaba a su madre con fuerza, intentando protegerla.
—Riander —habló Bulma, mientras la reina seguía intentando calmarse. La princesa miró a la saiyajin y luego al rey, era como si fuera con el chisme a su padre para que la defendiera, pero no le importó, después de todo, era por él que la reina reaccionaba así—quería golpearme porque vinimos a conocer al hermano de Trunks. —Dijo acusadora.
Vegeta frunció el ceño y se cruzó de brazos, miró a la reina que evitaba sus ojos, esperando alguna respuesta, pero su silencio dijo bastante. Tragó con dificultad, tenía la garganta seca, le dolió cuando la saliva se deslizó, pero es que si hubiera llegado unos minutos después ¿con qué escenario se habría encontrado? ¿qué le pudo haber hecho a su mujer e hijo? Se tensó a los segundos después de preguntárselo «es la costumbre» se dijo, intentando convencerse. Lo cierto era que, aunque no estuviera con la princesa, no deseaba que la dañaran y si estaba en sus manos protegerla, lo haría, era la madre de su hijo después de todo, solo por eso, se excusó.
—Esto va para ambas —comenzó diciendo, mientras se acercaba. Sus pasos resonaron en la habitación, su hijo lo miraba con admiración, observaba su capa larga que ondeaba según los pasos que daba—¡paren su mierda! No quiero saber que anden peleando ni discutiendo, mucho menos delante de mis hijos ¿escucharon? —Bulma relamió sus labios, desconcentrándolo, por lo que prefirió girar hacia Riander, que seguía desviando la mirada.
—Vegeta —habló Bulma, el rey giró hacia ella expectante, con el estómago tenso. Siempre le ponía ansioso cuando oía su nombre saliendo de sus labios—yo no tengo ningún problema con Riander, mucho menos con Kyabe. Es el hermano menor de Trunks, solo buscaba que se conocieran —explicó seria, desvió la mirada hacia la reina y frunció sus cejas, sintiendo la rabia otra vez—es tu reina enferma de la cabeza, la que tiene problemas conmigo y Trunks, que piensa que buscamos hacerle daño a su hijo. —Riander levantó la mirada hacia ella cuando oyó su insulto, su cola se meneó de lado a lado, amenazante y el bebé le sacó la lengua cuando cruzaron miradas, enfureciéndola más.
—¡No confío en esta zorra! —exclamó, perdiendo la paciencia, mirando al rey. Vegeta frunció el ceño, incómodo al oírla insultar a la princesa, él mismo lo había hecho antes, pero viniendo de otra persona no le gustó, pero, sobre todo, estaba cansado de los reproches de Riander ¿de verdad tenía que lidiar con esa situación? Le parecía absurdo tener que estar mediando una discusión entre ambas.
—No estoy para estas estupideces, despídete de tu hermano —murmuró Bulma, mirando a Trunks, dándole la espalda a ambos. El niño negó al ver nuevamente a Kyabe—dile adiós a tu hermano y a Ery —insistió la princesa. Riander resopló cuando la vio acercarse a la incubadora, iba a caminar hacia ella cuando sintió la mirada del rey. Giró hacia él, Vegeta la observaba fijamente, sus ojos negros parecían dos pozos profundos, pero lo que la detuvo, fue su advertencia silenciosa. Se quedó en su sitio, mordiendo su mejilla interna, soportando la situación.
Trunks no quiso despedirse de Kyabe, Bulma suspiró y giró hacia la salida, no miró a Vegeta cuando pasó por su lado, pero el niño estiró sus brazos hacia el rey, por lo que se detuvo, no se habían visto desde la mañana anterior. Bulma extendió sus manos con el niño hacia el rey, Vegeta la miró a los ojos unos segundos, comprobando nuevamente, que lucía diferente. Era una mezcla entre la Bulma que había conocido, la adolescente intrépida y altanera, con la madre cariñosa y responsable, lo podía notar en sus rasgos y postura, todo en ella alertaba que estaba tranquila y a la vez, cómoda ¿era lo que había conseguido al alejarse de ella? su semblante se ensombreció al pensarlo, no le gustaba pensar que su ausencia le ayudaba a estar bien, aunque debería, su ego no se lo permitía.
—¡Papa! —Trunks se abrazó como koala hacia su padre y Bulma no escondió la sonrisa al verlos. La cola del niño buscó la del rey a los segundos después, y Vegeta desenredó su rabo para poder enredarla con la suya. La joven observó ambos colores enredados y giró hacia Kyabe ¿Cómo lo haría cuando el niño saliera? ¿se le colgarían los dos niños a su cola? Porque estaba segura que sería un buen padre con Kyabe, así como lo era con Trunks, que estaría presente y se preocuparía por él.
—¿Y los pañales? —preguntó el rey al niño, el príncipe se encogió de hombros y murmuró algo incomprensible—ya eres un niño grande. —Le dijo y Trunks frunció el ceño, inflando sus mofletes y negó meciendo sus mechones lavanda.
—¡No! ¡Tuns bebé! —La joven alzó ambas cejas y mordió su labio inferior, el rey la miró confundido, y ella se encogió de hombros y le murmuró en respuesta.
—Creo que está celoso —explicó. Solo cruzaron palabras unos segundos, los mismos que se miraron a los ojos, y bastó para que ambos desviaran la mirada al reconocer aquella familiaridad que a él le enamoró, y a ella le hizo creer que lo estaba.
Riander observó frustrada la escena. Se sentía humillada, impotente al no poder defender su honor de esa bruja, que cada vez que respiraba y hablaba, era un insulto para ella y su imperio. Miraba al rey, y no podía dejar de sentirse decepcionada ¿cómo podía tolerar su impertinencia? Los hombres eran tan fáciles de manipular, pero no Vegeta, no antes al menos, porque desde que la princesa había aparecido en su vida que se había vuelto como uno más del montón. Estaba segura que estaban copulando, no encontraba otra respuesta al cambio de actitud de la joven y que él estuviera tan sereno con ella, cuando antes le molestaba hasta verla ¿había sido por esa noche que los dejó solos? Odiaba que se miraran así, como si se dijeran tantas cosas y con ella ahí presente, burlándose. Resopló molesta, la princesa giró a verla unos segundos y luego volvió su atención al rey, y Riander tuvo que cerrar sus ojos, intentando calmarse.
—Despídete de papá —dijo la princesa. Trunks negó y se abrazó al cuello del rey. Vegeta intentó no sonreír, pero la joven notó su mirada llena de afecto puro y sin interés—¿vamos por pastel? —dijo entusiasmada, intentando seducir al niño. El bebé se despegó del cuello de su padre y giró hacia ella con los ojitos iluminados sin dejar de sonreír—ven, vamos —siguió la joven, extendiendo sus brazos hacia él. Trunks giró hacia su padre y le besó la mejilla, al mismo tiempo que sus manitos acariciaban su pelo, y a esas alturas el rey ya no pudo contener la escueta sonrisa que provocaba su hijo. Después de despedirse de su padre, se estiró hacia Bulma. El rey lo ayudó a alcanzarla y en el proceso, pasó a tocar la mano derecha de la princesa, esa simple caricia bastó para el rey, para imaginar el calor de su piel tersa que su guante le impidió sentir. Vegeta tragó con disimulo, observó sus rasgos, buscando la misma incomodidad que él por ese simple roce, pero no vio nada.
La vio salir en silencio, Trunks se despidió de él con la mano y él, solo por ser su hijo, correspondió imitándolo. Al estar solo con Riander, caminó hacia ella y se paró en frente, quizás a medio metro de distancia. La reina hizo el intento de alejarse e irse, pero él fue más rápido y la detuvo agarrándole la muñeca, con fuerza. La escuchó quejarse, pero no la soltó.
—Mírame —ordenó y ella obedeció, giró hacia él con el ceño fruncido y las mejillas rojas de pura rabia—ni se te ocurra volver a intentar golpear a Bulma o hacerle daño ¿me oíste bien? —Riander intentó zafarse de su agarre, pero el rey era más fuerte que ella, no se liberaría a menos que él lo decidiera—¿me escuchaste?
—¿No deberías advertirme sobre el príncipe? —preguntó sonriéndole con rabia, oírlo defenderla le hería en lo profundo de su ser ¿cuánto más la iba a humillar? Ambos, no solo ella, él también la hería con cada consideración hacia la humana.
—Creí que estaba más que claro que mi hijo es intocable —dijo, estrechando los ojos, al mismo tiempo que aplicaba más presión a la muñeca de la reina, Riander se quejó al soltó un alarido quejumbroso—si me llegase a enterar de que hablan mal de él, o que conspiran en su contra, despellejaré vivo al que lo haga, sin importarme su título o parentesco.
—¿Y por Kyabe? —preguntó sin esconder los celos, sintió sus ojos humedecerse y aunque no quería demostrarse débil ante él, no se pudo controlar. Su respiración se volvió pausada pero ruidosa, sentía sus mejillas calientes y la rabia en su pecho.
—Es igual —respondió él, no menos severo por verla en ese estado, al contrario, parecía no importarle—es de mi sangre, lo protegeré con la misma ferocidad. —Riander no respondió, desvió la mirada e intentó deshacer su agarre otra vez, pero esta vez él se lo permitió. La reina salió a paso rápido de la sala, dejándolo solo con las incubadoras funcionando, era el único ruido que se oía en la habitación, el agua drenándose y los sistemas alertando de la salud de los pequeños saiyajin.
Vegeta suspiró profundamente, estaba cansado. Se había quedado en vela toda la noche esperando a que el niño naciera, caminó hacia la incubadora de su hijo y lo observó. Se parecía más a Riander que a él, pero había algo en el niño que no tenía de ninguno y era su semblante. Parecía sereno, su poder de pelea no había sido malo, no como el de Trunks, pero digno de ser su hijo, porque lo era. A solo un par de meses de gestación que le habían hecho los exámenes de rigor, y su paternidad estaba confirmada. Sería el último hijo que tendría, le incomodaba el hecho de que su progenie fuera tan poca, no estaba mal que fueran solo dos, pero era lo mínimo que podía tener, lo ideal era que tuviera 3 o 4. Sin embargo, no tenía con quien procrearlos, pues Riander había quedado estéril después de parir a Kyabe, y aunque no lo hubiera quedado, dudaba de poder tocarla otra vez sin ayuda de Bulma y no volvería a caer en esa locura. Antes que nada, respetaba las normas de su reino, por lo que sería fiel a Riander, aunque su relación como pareja sexual fuese nula, no pensaba en traicionarla con ninguna mujer, a menos que fuese Bulma. Se avergonzaba de sí mismo por pensarlo, pero no tenía caso mentirse con eso. Sabía que, si la princesa le demostraba un poco de interés, él caería rendido por ella, aunque el rencor no se hubiera ido del todo, aunque siguiera despechado y todo el reino la considerara una bruja traidora. Él la seguía deseando, se controlaba, pero la deseaba y creía seriamente que eso nunca cambiaría. Había experimentado un luto por ella, luego teniéndola en el mismo palacio, no queriendo acercarse por mera fuerza de voluntad, y ni siquiera pensó en involucrarse con otra, en su mente ya no había espacio para nadie más que no fuera ella.
(…)
Sus pasos resonaban en el azulejo, las palabras del rey seguían en su mente, repitiéndose como un eco insistente, sabía que las intenciones del monarca no eran calmarla, solo ponerla en su lugar y aquello le enfermaba aún más. Esa maldita consideración hacia la humana y su hijo le desquiciaba, odiaba verlo actuar como otra persona cuando estaba con el mocoso. No era el saiyajin con el que se había comprometido hace ya tantos años, era un rey blando que no le gustaba. La princesa lo había arruinado, y estaba segura que no era la única que lo pensaba. Si ella no estuviera ¿sería diferente con el niño? No lo sabía, era la sangre débil de los humanos que lo obligaba a ser otro, a cargar a su hijo, sonreírle, dejarlo acariciarlo ¡como odiaba verlo! Había pasado 6 meses encerrada en su cuarto, él no fue a verla ni un solo día, enterándose de lo que pasaba afuera solo por la boca de Keel y sus aliados, pero no era suficiente. Aunque nunca le dijeron que el rey se estaba viendo con la princesa, sabía que algo estaba pasando, necesitaba confirmarlo, aunque no pudiera hacer nada al respecto. Si Vegeta quería estar con la joven, lo haría y nadie podía oponerse, aunque fuera un acto deshonroso para el reino y ella.
Al llegar a los aposentos de la reina madre, miró a los soldados que custodiaban la puerta y les hizo un ademán para que se fueran, a diferencia de los guardias del príncipe, la obedecieron sin dudar. Abrió la puerta de un golpe, Keel estaba estirada en un sillón de dos cuerpos, leyendo un documento, mientras bebía vino.
—Te dije que no entraras así a mis aposentos —murmuró la mujer, sin mirarla. Riander frunció el ceño y cerró la puerta detrás de sí. A menudo pensó que su primo se le parecía a su tía, pero ahora veía lo diferentes que eran. Keel era fría y despiadada, pero Vegeta tenía más matices, algunos que le asustaban y otros que repudiaba, así como los que veneraba.
—Esa zorra debe irse —Keel dejó de prestarle atención a su lectura y la miró. Riander respiraba agitada, tenía las mejillas sonrojadas y estaba segura que su estado no se debía a su salud por haber parido hace unas horas.
—¿Quién? —preguntó, sabiendo perfectamente que la única que podía ponerla así era la humana. Dejó los papeles sobre la mesa, pero no soltó su copa y bebió otro sorbo.
—¡Sabes a quien me refiero! Estoy segura que el rey se la está follando —dijo entre dientes, resopló y caminó de un lado a otro, mirando hacia el vacío—¡Me habló como si fuera su subordinada y me trató de enferma de la cabeza! ¿puedes creerlo? —Keel no pudo esconder la diminuta sonrisa que se formó en sus labios al oírla, le hubiera gustado estar presente en aquella discusión, solo para ver como reaccionaban ambas mujeres—¡No te rías! Soy la maldita reina de este maldito imperio ¿y debo aguantar que me trate así?
—Ya te lo dije —dijo con calma y bebió todo el contenido de su copa, la dejó sobre la mesita y se sentó usando un solo espacio en el mueble—mi hijo no ha ido a su habitación, no están copulando.
—¡Pero… no lo sé! Estoy segura que esa zorra lo está manipulando —dio un profundo suspiro, y giró hacia su tía, relamió su labio inferior y buscó en la habitación la botella de alcohol de la que su tía bebía. La encontró cerca del buró al lado de la cama, la tomó y llevó a la mesita donde la mujer tenía su copa. Keel esperó que buscara otro vaso y se sirviera, al mismo tiempo que agarraba una silla y la ponía en frente de la mesa y sillón en el que estaba. —Está actuando como un débil, es vergonzoso verlo cuando está con el bastardo ese que tiene.
—No es un bastardo —dijo seria, mirándola con desprecio al oírla expresarse así de su nieto—su concepción fue en una unión legal. No vuelvas a hablar así de él. —Riander bebió un sorbo de su vino y dejó la copa en la mesa, la miró con diversión y murmuró mordaz.
—¿Ahora defiendes al mestizo? —preguntó mirándola maliciosa. Keel no se inmutó por sus palabras ni actitud, en cambio, se sirvió otra copa.
—Defiendo mi sangre —dijo sin mirarla—quizá tú no tengas un vínculo con el príncipe, pero yo sí. Es mi nieto, y lo defenderé de quien haga falta —la reina frunció el ceño y borró su sonrisa, los celos la invadieron nuevamente y con más fuerza. La única persona en la que podía confiar y descargar su rabia, era su tía y ahora la veía como una enemiga más.
—¿Cuándo cambió tu modo de pensar? —la cuestionó con indignación—¡es un mestizo! Sus colores son horribles ¿es por su poder de pelea? ¿por eso lo aceptas?
—Es probable —dijo sin mirarla, evitando decir demás, omitiendo que sus sentimientos habían cambiado en cuanto vio su rostro tan igual al de su primogénito. —y ¿qué le respondiste, después que te dijo loca? —preguntó cambiando el tema. Su sobrina ensombreció sus rasgos y respiró profundamente, la vio ruborizarse otra vez—bebe un poco más, pasaste 6 meses sin una gota de alcohol —dijo asintiendo para sí misma. La reina mordió su mejilla interna y volvió a beber, sin dejar de mirar a su tía.
—Iba a matarla —reconoció—iba a agarrar su cabeza y aventarla al suelo —la sangre le hervía de solo recordarlo, de imaginar tener esa satisfacción—pero llegó el rey.
—¿Qué dijo Vegeta? —preguntó curiosa, la reina bebió todo el contenido de su copa y se sirvió otra vez, su tía tenía razón, necesitaba alcohol en su sistema.
—Que no volviéramos a pelear, menos delante de sus hijos —murmuró haciendo una mueca de desagrado—cuando me quedé sola con él, me advirtió que no le hiciera nada a esa zorra ¡le hubieras visto la cara, tía! ¡estoy cansada que se burlen de mí!
—Lo hace por su hijo —le defendió—sin su madre, el niño estaría en desventaja. Deja de hacer estupideces, y obedécelo. Te meterás en un gran lío si te sorprende conspirando en contra de la humana, está demás decir que al príncipe ni se te ocurra hacerle algo ¿verdad? —susurró en tono amenazante.
Riander la miró con los ojos estrechados, intentando memorizar sus rasgos y su advertencia, el momento. Ahora lo veía, estaba sola en esa situación, era la única en el palacio que quería que la humana se fuera y el niño tenía la aprobación de todos a pesar de su origen, y solo por sus números. A nadie le incomodaba que fuera un crío grosero y desagradable, que oliera feo-a ella no le gustaba-y no supiera expresarse. Lo soportaban por ser el príncipe heredero, por ser el hijo del rey, pero ella no, especialmente por eso que no le agradaba. No estaba de acuerdo en que un crío como ése fuera el próximo rey.
—Entonces —dijo después de unos minutos de silencio—¿debo entender que apoyas al príncipe Vegeta antes que a Kyabe? —dejó la copa sobre la mesa y se puso de pie, esperando por su respuesta. La reina madre blanqueó los ojos y suspiró.
—No seas estúpida —dijo y la miró con severidad—no elijo a ninguno, ambos son mis nietos y acataré lo que mi hijo diga, lo mismo deberías hacer tú —Riander frunció el ceño, no respondió y salió de la habitación.
Se sentía completamente sola. Sabía que tarde o temprano el rey la reemplazaría, no le servía una mujer estéril a su lado, sus ojos se escocieron al pensarlo. No bastaba con haberle dado un hijo varón si no era el primero y encima, era más débil que un mestizo. Su posición en el reino seguía igual, haberle dado un hijo al rey no le ayudaba bajo su situación, no se sentía tranquila y no lo estaría con ella dando vueltas en el palacio como si fuera la verdadera reina ¿era así? ¿era Bulma la verdadera reina y no le habían avisado? Lo era si seguía en la cama del rey, y estaba segura que eso pasaba o pasaría, porque él la deseaba, le deseaba más que a nadie. Lo vio ese día que compartieron al rey, y lo veía cada vez que cruzaban miradas, se rozaban o hablaban. Los ojos de rey tenían un brillo único, que solo era para ella, su mirada se ablandaba, la anhelaba y no lo podía esconder, si su cola no estuviera en su cintura, estaba segura que se quedaría lacia moviendo solo la punta, bajo el encantamiento de la princesa.
Necesitaba que ella se fuera, por lo que fuese. Si ella no estaba en el planeta, las cosas serían diferentes. A su parecer el crío ya no la necesitaba, y que estuviera allí aun tenía que ver con el interés que tenía el rey en ella. Y lo que más le enfurecía, era que la joven lo sabía ¡por algo se atrevía a hablarle de esa forma! Ella era la reina, sin embargo, no se sentía como tal. Debía hacer algo, no podía dejar que ella se saliera con la suya y, sobre todo, que se burlaran de ella. Caminó de regreso a su habitación, miraba a su alrededor, los soldados que la veían le reverenciaban, mostrándole el respeto que merecía, pero la reina no dejaba de preguntarse, de pensar en la opinión de los demás ¿qué dirían de ella? ¿todos sabían que el rey no la consideraba su mujer? ¿estaban esperando que la quitaran su título? ¿la compadecían? Apretó sus manos en puños y aceleró el paso. Al llegar a su habitación, cerró la puerta con fuerza, haciendo que todos los objetos sobre sus muebles temblaran.
Respiró agitada y observó su habitación ¿realmente era suya? Ni siquiera eso podía asumir. Aunque había ordenado que sacaran todas las cosas de la princesa, su olor aun lo podía sentir, quizás era paranoia-seguramente-su esencia se había adherido a sus fosas nasales y no la dejaba en paz, burlándose. Observó la cama, la misma que ella había usado ¿Cuántas veces él la folló en esa colchoneta? Llevó sus manos a su cabeza y enredó sus dedos en su pelo, al mismo tiempo que gruñía de rabia al pensar. Su habitación estaba llena de fantasmas, aunque remodelara los muebles eso no cambiaría, porque nada podía cambiar el pasado, ese cuarto no había sido preparado para ella y no lo había inaugurado, era suyo por descarte. Porque el rey se cansó de actuar como un estúpido por ella, fue que consiguió ese dormitorio. Estaba tan cansada, insegura y llena de rabia. Su tía tenía razón en algo, se metería en problemas si conspiraba en contra de la princesa o el crío, necesitaba encontrar la manera en que la joven no tuviera más remedio que irse, es más, que la misma princesa cavara su propia tumba. Debía cometer un error, el que fuera y el rey no la perdonaría esta vez, lo ideal sería que la matara, pero era pedirle mucho a su primo, bastaba con que la echara del planeta.
Suspiró, recuperando un poco la calma, calculando sus opciones. Entonces recordó las cámaras de vigilancia que había ordenado instalar cuando la joven llegó al planeta. Ni siquiera se tomó un tiempo para pensarlo, salió rápidamente de su habitación y fue hacia el cuarto de seguridad del palacio. Ahí debía haber algo, pensó, lo que fuera le podía ayudar ahora o en el futuro, lo importante era no dejar de vigilar a la princesa. Tardó unos diez minutos en llegar al cuarto, en parte porque no quiso levantar sospechas y se dio más vueltas de las que necesitaba, y el elevador se quedó inactivo por cinco minutos entre el piso 3 y 4. Las salas de seguridad estaban un piso antes que el subsuelo, donde estaban los calabozos. Por ese sector no transitaban muchos saiyajin, eran individuos de otras especies los encargados de la tecnología y manejar sistemas. Le había pagado una gran suma de unidades monetarias a un trabajador del segundo cuarto, para que hicieran las conexiones para vigilar el punto en donde estaba el dormitorio de la princesa y por su silencio. Recurriría otra vez a él, hasta el momento nadie sabía de las cámaras por lo que era un tipo confiable. Abrió la puerta de golpe cuando llegó, dentro de la sala estaba todo a oscuras a excepción de las pantallas en los mesones y paredes, Mevoh pegó un brinco y dejó caer su sopa sobre el piso.
—¡Alteza! —exclamó sorprendido al verla. Riander cerró la puerta detrás de sí y encendió la luz, el alienígena entrecerró los ojos cuando la luz pegó en sus parpados—que sorpresa verla por acá, supe de que nació su príncipe, felicidades.
—Ahórrate esa mierda —ladró seria—necesito revisar las grabaciones de la zorra humana —Mevoh alzó ambas cejas al oírla, segundos después asintió. No era primera vez que venía exigiendo aquello, y por ser la reina no podía negárselo, pero más importante, siempre recibía una recompensa después de ayudarla. Se puso de pie rápidamente y buscó en su ordenador—limpia eso —el técnico detuvo sus movimientos y miró hacia el suelo, donde había esparramado su almuerzo.
—¡Oh, sí! por supuesto —asintió y se puso de pie. Riander lo miró con desprecio mientras lo veía buscar un paño.
Después de una media hora más o menos, Mevoh encontró los vídeos que vigilaban la puerta de la princesa desde el día anterior hasta un mes, que era el límite automático que guardaba el sistema. Mientras el técnico seguía haciendo su trabajo, la reina guardó todos los vídeos en un dispositivo de memoria, para no quedarse allí revisándolos. Se consiguió un reproductor de vídeos del formato requerido con Mevoh, le transfirió un par de miles de unidades y le advirtió que no hablara con nadie de que ella estuvo allí, y salió rápidamente.
(…)
El viento era frío a esa hora, y golpeaba fuerte en su rostro, pero podía soportarlo, había tolerado condiciones peores. La reina estaba en el techo del castillo, vigilando desde las alturas cada puerta de acceso de la estructura. Nadie debía saber que estaba allí, eran quizá pasada la media noche y ella estaba allí, espiando. Había tardado una semana completa en revisar todos los vídeos, al principio no encontró nada significativo, hasta que notó un patrón inusual. Semana por medio, la joven salía al menos cuatro veces en la madrugada, a veces más, o a veces no salía, había revisado los vídeos de la semana que acababa de pasar, y no había salido, por lo que, según los patrones de conductas de las grabaciones, en esa semana si lo haría. Era la segunda noche que se quedaba vigilando, la anterior no había tenido suerte.
Su intuición le alertaba que estaba ante algo grande, no le parecía normal que la joven saliera a esas horas y volviera después de dos horas o a veces tres, y con el pelo mojado. Había revisado también las grabaciones que captaban lo que pasaba afuera del estudio del rey, y de los aposentos de él, pero Vegeta seguía comportándose como habitualmente, estaba libre de culpas, por el momento. Estaba ansiosa, necesitaba saber qué escondía la princesa y si podía usarlo en su contra, no podía borrar su sonrisa al pensarlo. Rodeaba a cada minuto la dimensión completa del techo por las orillas, con sus sentidos no tenía problemas con ver desde donde estaba. Sabía que sería más fácil encargarle a un saiyajin que custodiaba las puertas que le avisara si la veía salir, pero no quería involucrar a nadie, necesitaba investigar con cautela.
Después de una hora y quince minutos, tuvo suerte. La vio salir por la puerta principal, frunció el ceño cuando la vio caminar hacia el bosque. Esperó que se alejara lo suficiente, que se adentrara entre el boscaje y voló en esa dirección, manteniendo la distancia. Una vez dentro del bosque, se dejó caer en una rama y la buscó impaciente, no la encontró con la vista, tuvo que agudizar su oído para hacerlo. La joven ya no avanzaba a pie, iba en un extraño vehículo de dos ruedas, avanzaba un poco más rápido, pero no lo suficiente. Ella por su parte, la fue siguiendo entre las ramas, si volaba podía delatar su ubicación por el sonido de su energía y la estela que dejaba. Sentía el corazón latirle deprisa, la adrenalina le calentaba la sangre y no dejaba de reírse sola, la tenía donde quería, la estúpida princesa ni siquiera se imaginaba que tenía compañía y estaba segura que esa noche sería fructífera.
Se detuvo cuando no encontró más arboles por los cual saltar, pero se quedó viéndola avanzar hasta que una luz artificial iluminó el paisaje. Alzó ambas cejas cuando vio la cabaña en medio del bosque, no recordaba que ese sector estuviera habitado, ¿sería acaso un punto de encuentro con el rey? Sintió sus mejillas arderle y la ira invadirla, pero se quedó en su sitio, afirmada al tronco, apoyada en una rama gruesa. La princesa siguió hasta llegar a la puerta del inmueble, se bajó de su vehículo y tocó la puerta. Intentó visualizar desde esa distancia quien la recibía, pero lo único que pudo notar era que se trataba de un saiyajin. Relamió sus labios, nerviosa, y esperó unos minutos a que la humana entrara a la cabaña. Cuando la joven por fin entró, le fue difícil no lanzarse de inmediato a investigar con quién se estaba viendo. Prefirió esperar unos minutos, quizá cinco o diez, y voló despacio hacia la cabaña. No tocó el suelo, evitó hacer el mínimo ruido y rodeó la pequeña casita de madera, se asomó por una ventana, pero el cortinaje no la dejó ver. Maldijo su suerte y la rodeó por el otro lado, hasta que se encontró con una pequeña ventanita en la cocina y los vio. Su sonrisa se amplió en su rostro cuando notó que el saiyajin era mucho más alto que la joven, y su cabello no era puntiagudo, sino que caído. No era el rey, y la princesa estaba en los brazos de ese macho, tocándose, apunto de copular.
—Esto es perfecto —susurró, y se quedó unos minutos más, midiendo hasta donde llegaba la princesita que su rey tanto adoraba.
(…)
Casi dos semanas de vida tenía su hijo menor, y cada día lo pasaba a ver antes de terminar sus obligaciones e ir a dormir. Se quedó viendo su rostro plácido, que le contagiaba de su calma, que necesitaba más que nunca. Quizá por eso se le había hecho costumbre, le gustaba ver al niño crecer. Había ganado peso y medía unos diez centímetros más. Su prima a su lado, era el doble de su tamaño y peso. Se quedó unos minutos más y salió de la sala, los soldados en las puertas lo reverenciaron y él continuó su camino. Había ordenado que la sala nunca se quedara sin protección, y que fuese quien fuese quien diera la orden de que se fueran los guardias, no obedecieran a menos que él lo dijera. Después del encuentro entre Riander y Bulma, que había establecido algunas normas en cuanto a la seguridad de sus hijos-y de la princesa-nunca, bajo ningún concepto, dejar solo a los príncipes, y con ello incluía a la humana, pues estaba casi todo el tiempo con su primogénito.
Al recordar al príncipe, su semblante se preocupó. Tal como le había dicho Bulma, el niño al parecer estaba celoso de su medio hermano, era curioso que siendo tan pequeño notase que ya no era el único para él, pero era normal. Eran sus instintos de saiyajin que lo alertaban, los mismos que le habían ayudado a que su vínculo surgiera, le gritaban que el cachorro en la incubadora tenía su sangre. El príncipe quería pasar casi todo el día con él, hacía berrinches cuando lo llevaban a ver a su prima y hermano, y todo el avance que habían conseguido en cuanto a su independencia con su madre, se había perdido, pues cuando estaba con él, no dejaba que la princesa se fuera, y así, tenía que pasar tiempo con ella todos los días desde que Kyabe había nacido.
Era incómodo, pero no molesto. No cruzaban muchas palabras, Bulma se la pasaba leyendo o escribiendo en una tableta digital, y aunque tenía curiosidad de lo que hacía, no preguntaba. Su padre le había cuestionado al respecto, no veía con buenos ojos que la joven se paseara por todo el palacio como si fuera una invitada de honor, y que encima pasara tiempo con él. Y era la opinión de la mayoría del consejo, a excepción de su hermano Tarble. Su argumento de siempre fue su hijo, pero a esas alturas le empezaba a sonar a excusa, imaginaba que para el resto igual. Contuvo el suspiro y subió hacia la segunda planta, y caminó hasta los aposentos de su hijo. Los dos guardias de turno le reverenciaron apenas lo vieron.
—¿Ella sigue aquí? —preguntó sin mirarlos. Un soldado de armadura verde con negro, y la cabeza rapada negó con rapidez y habló.
—Se fue hace una hora, alteza —el rey asintió y abrió la puerta despacio, tratando de no emitir ruido alguno.
La cerró con el mismo cuidado y caminó lento sobre la alfombra, hasta llegar a la cama, donde su hijo descansaba. Estaba en medio del colchón, con las manos y piernas abiertas, su cola se asomaba cerca de la almohada, moviendo solo la punta. Observó su cabello lacio sobre la sábana, su piel y rasgos. Lo que el príncipe desprendía era completamente diferente a Kyabe, mientras que el menor de sus hijos le transmitía calma, el mayor le llenaba el pecho de afecto y orgullo, y no podía dejar de sonreír cada vez que lo veía. No sabía si se debía por ser el primer hijo que tenía, o… porque era con ella. No quería comparar los sentimientos por ellos, pero también las circunstancias eran distintas, pues al príncipe Vegeta lo veía a diario, sentía su calor, lo oía hablar y cantar, le abrazaba y besaba, le demostraba que lo amaba y él se lo permitía, le hacía reír, todos los días eran diferentes desde que su relación padre-hijo había iniciado. No le importaba lo que opinaran de su comportamiento, había sido enfático y es que su hijo era un bebé mestizo, y su lado humano sería siempre parte de él, por lo que debían acostumbrarse a sus actitudes. Aunque estaba seguro que eso cambiaría una vez creciera, y de no ser así, no le molestaba, a su hijo lo aceptaba como fuese.
Separó su flequillo de su frente y se inclinó para besarla, estaban solos después de todo. Se alejó lentamente y salió de la habitación, los guardias volvieron a reverenciarlo y siguió su camino hasta la escalera, para subir a sus aposentos. Estaba cansado, necesitaba darse una ducha de al menos una hora, beber una copa de alcohol y dormir. Los problemas del OIC eran más difíciles de tratar de lo que imaginó, era complicado administrar los planetas que estaban para vender o alquilar, si no tuviera a Tarble ayudándolo, estaría echo un manojo de nervios.
Llegó a sus aposentos y dio un profundo suspiro una vez dentro. Caminó hasta el cuarto de baño y se desvistió rápidamente. Dejó el agua correr y no esperó que la temperatura se regulara para meterse debajo del chorro. Estuvo al menos media hora sintiendo el agua sobre sus músculos, necesitaba una buena jornada de entrenamiento, eso le ayudaría a relajarse y llevaría a su hijo para que se habituara. Asintió consigo mismo y cerró la llave. Dejó el piso mojado al poner un pie fuera de la bañera, tomó una toalla y la pasó por su cabello, al salir del cuarto de baño, notó de inmediato que no estaba solo.
—¿Qué haces aquí? —preguntó al ver a Riander sentada en su cama. La reina observó su desnudez sin vergüenza, y él no se sintió pudoroso por ello.
—¿Por qué una reina vendría al cuarto de su rey, por la noche? —respondió ella con coquetería. Estaba con solo una bata de seda, seguramente desnuda debajo de la tela, pero al saiyajin no le llamó la atención. Vegeta le dio la espalda y buscó una botella del alcohol que había encargado hacía tantos meses atrás—esa botella no la había visto antes ¿es nueva?
—Vete a tu cuarto —respondió, sirviéndose una copa—no me interesa follar hoy. —La reina frunció el ceño, pero no dejó de sonreír. Se puso de pie y se paró detrás del saiyajin, tocó su espalda con cuidado, esperando una reacción negativa, sin embargo, el rey continuó poniéndole atención a su vaso, por lo que lo tomó como una buena señal, y guío sus dedos a la base de su cola—Riander —dijo en tono amenazante.
—¿Y mañana? —preguntó la reina, alejándose—¿mañana si querrás?
—No —negó y giró hacia ella—dejemos de actuar. Ambos sabemos que no volverá a pasar nada entre tú y yo —Riander respiró profundamente, como él había dicho, lo sabía, pero era más fácil ignorarlo, no decirlo en voz alta y escucharlo dolía, su orgullo lo sentía por el suelo.
—¿Y entre tú y ella? —se atrevió a preguntar. Sentía que en cualquier momento escupía lo que sabía de la princesa, y lo haría, pero necesitaba encontrar el instante perfecto. Se había preocupado de corroborar lo que había visto, la había seguido un par de veces más después de esa noche y siempre iba a visitar al mismo saiyajin, del que ahora sabía su nombre y cargo.
—No —negó con rapidez y desvió la mirada, incapaz de mantener esa fachada de inexpresividad, porque, aunque su voz dijera una cosa, su mente pensaba otra—con nadie. Estoy concentrado en mis hijos, tú deberías hacer lo mismo y preocuparte por Kyabe.
Riander sonrió al escucharlo, una sonrisa burlesca, pues sabía que mentía. Aquel deseo que veía en sus ojos cada vez que estaba con ella en la misma habitación, no se iba de la noche a la mañana. Lo miró llena de satisfacción, sabía que disfrutaría ese momento y lo guardaría siempre en su memoria, sin dejar de sonreír, habló.
—¡Que alivio! —exclamó alegre. Vegeta giró hacia ella al oír su tono de voz molesto—porque ella ya superó lo de ustedes —se encogió de hombros y observó sus ojos negros, que a simple vista no reaccionaron, al igual que ninguna parte de su rostro y cuerpo, por lo que siguió atacando con sus palabras venenosas—esta en una relación con un guardia del príncipe, es mejor que la hayas olvidado, así todos están tranquilos ¿no? —ningún cambio en el rey, pero estaba conforme, porque ahora lo sabía, ya había soltado la bomba y solo faltaba presenciar desde la distancia qué haría ahora con esa información. —En fin, descansa.
El rey la observó salir sin mover un centímetro de su cuerpo. Se quedó en su sitio, silencioso, solo su respiración se podía oír, las burbujas del alcohol en su vaso se habían desvanecido, y lo único que podía hacer era pensar, procesar y analizar las palabras de Riander. Su corazón poco a poco fue aumentando la velocidad de sus latidos, hasta el punto que se hizo molesto sentirlo chocar en su pecho. No podía confiar en las palabras de la reina, fue lo primero que pensó, luego, en que todo era mentira, Bulma no podía estar con otro, ella no le haría algo así. Entonces, su bestia le recordó una verdad que él no quería ver «te ha mentido tantas veces», su respiración se hizo profunda de repente, «puede hacer eso y más» continuó diciendo su bestia, mientras movía las cadenas en su interior, «¿sabes por qué?», sabía la respuesta y aun así la escuchó otra vez «porque no le interesas». Tragó con dificultad, de pronto, todo en la habitación daba vueltas y a su memoria vino un hecho tras otro, que en su momento prefirió ignorar. Ella estaba diferente, actuaba y hablaba con determinación, parecía siempre de buen humor y su coquetería había regresado con más fuerza que antes.
—No —negó en un susurro—ella no me haría algo así —dijo en voz alta y su bestia le respondió «sabes que sí, y es tú culpa por permitirlo». Frunció el ceño y apretó la copa en sus manos, en segundos el vidrio se hizo añicos, algunos trozos se incrustaron en su palma, pero no le prestó atención ¿qué debía hacer? Estaba confundido, no tenía pruebas para confirmar lo que había dicho Riander y no le preguntaría más tampoco, no demostraría que necesitaba saber la verdad. Entonces recordó aquella vez en que la sorprendió llegando tarde y con el cabello húmedo, su miedo y su precaución. En esa ocasión sospechó de ella, pero no quiso seguir dándole vueltas al asunto. Era cierto, lo que Riander le había dicho era verdad y le quemaba el pecho pensarlo.
(…)
Había sido más difícil de lo que jamás pensó, el actuar como si nada pasara, el contenerse. Cuando la vio esa mañana, sonriente con su hijo en brazos, lo único que pudo pensar era en si su felicidad se debía a alguien más que no era él. La idea le carcomía, no había dormido nada en toda la noche, sentía los ojos arderle y cada vez que se miraba al espejo, se veía demacrado. No lograba concebir a su Bulma en brazos de otro, no podía. Él era el único que podía tenerla, eso lo tenía más que claro, si él no la tocaba, nadie podía ni tenía el derecho de hacerlo, la princesa era solo suya, ya no pasaba por su mente que debía dejar de pensar en ella porque no lo valía, lo único que tenía presente a esas alturas era en saber la verdad, porque no toleraría jamás que su mujer estuviera con otro, eso no lo permitiría nunca.
No dejaba de preguntarse ¿quién era él? Riander le había dicho que se trataba de un guardia de su hijo, y por más que intentaba recordar, ninguna cara venía a su memoria. Andaba paranoico, cada guardia que veía parado en las puertas, pensaba que era el maldito que se había propasado con su mujer, que se burlaba de él cada vez que lo veía, porque había osado en tocar a la mujer del rey, una terrible ofensa que no perdonaría jamás. Todo el día su cola estuvo erizada, solo quienes realmente lo conocían, se habían dado cuenta de su humor, por lo que evitaron en lo posible, no molestarlo. Intentó no pasar mucho tiempo con su hijo, pasar tiempo con él implicaba estar con ella, y no sabía qué podía hacer estando a solas. No quería encararla, no todavía, necesitaba pruebas. Y no podía hacerlo delante de su hijo, podía perder el control y jamás permitiría que el príncipe lo viera en ese estado. Tampoco había querido ir a ver a Kyabe, creía que su energía inestable podía alterarlo, trataba de respirar profundamente, buscando la calma. Evitó el contacto con todo el mundo y se la pasó encerrado en su estudio, pensando, ideando, analizando.
El tiempo se le hizo eterno, miraba la hora en el reloj de su rastreador, se paraba a cada rato de su sitial y miraba por la ventana, sentía ira recorrerle el pecho solo porque el sol no se escondía. Estaba muerto en vida y por los puros celos. Él nunca fue inseguro, jamás, siempre fue consciente de lo que valía como saiyajin y como macho, pero con Bulma eso se había ido a la mierda desde que la conoció. De repente le molestaba que la miraran, que cruzara palabras con otros, daba igual si eran hombres o mujeres, no le gustaba. Muchas veces pensó en mantenerla encerrada para que solo tuviera contacto con él, era enfermizo, pero era la solución que encontraba para mantenerse cuerdo. Tuvo que aprender a aguantar lo que ella provocaba por donde iba, pero en parte se debía a que sabía que al final del día, era en su cama donde dormía. Ahora no era así.
Muchas cosas habían pasado en casi tres años, él la había embarazado y solo por ello podía estar tranquilo al pensar que en ese tiempo ella no estuvo con nadie. Pero ahora su tranquilidad se veía amenazada, se había dado el lujo de no acercarse, se permitió controlarse y no acudir a ella aunque hirviera de deseo, todo por su orgullo, después de todo, ella lo había traicionado, mentido y humillado públicamente, no podía seguir amarrado a sus encantos y bastaba con saber que estaba saliendo con alguien más, para que todo lo que se había esforzado en construir en esos seis meses, se fuera a la mierda. Nadie más que él podía tenerla, nadie. Ella era solamente suya, si él no la tenía, nadie más podía tocarla, podía ser admirada y deseada, pero nadie podía tocar ni un cabello de ella ¡pero no era así! alguien más la había visto desnuda, alguien más había tocado su piel tersa, oído sus dulces gemidos y visto su rostro sonrojado ¡maldita sea! Golpeó la mesa con ambos puños, quebrándola al instante. Todos los papeles, su ordenador y tableta digital cayeron esparramados al suelo. Respiraba agitado, sus dientes rechinaban, su cola se desanudo de su cintura y daba azotes al aire.
Miró hacia la ventana otra vez, el sol ya se había escondido, necesitaba calmarse, debía concentrarse para sentir la presencia de Bulma. Observó la hora en su rastreador, aun faltaba un par de horas para la media noche, pero no perdió su concentración en ningún minuto. Siguió su energía por todo el palacio, estaba quieta en una habitación en el primer piso del subsuelo, en la sala de incubadoras supuso. Se quedó allí una hora al menos, luego la sintió subir acompañada de su hijo y dos entes más, Tarble y Laurel. No se presentó a cenar, se quedó en el estudio vigilando a la princesa, la sintió ir a la habitación de su hijo y quedarse ahí. Sentía el corazón latirle deprisa, estaba lleno de adrenalina, rabia y celos, su cuerpo entero temblaba y la ansiedad le revolvía el estómago.
La joven se quedó con el príncipe más allá de la media noche. Cuando la sintió salir, su estómago se le revolvió de puros nervios, estaba de pie junto a la ventana, su mirada fija en ningún lugar, con la cola sacudiéndose de lado a lado, apenas podía tragar, sentía una pelota en la garganta y a la vez, estaba seca. Intentó beber un poco de alcohol, pero no pudo, terminó lanzando el vaso contra la pared. A esas alturas, su estudio estaba hecho un desastre, el escritorio en pedazos, los papeles esparramados, el olor alcohol inundando la habitación. Tragó con dificultad al sentirla ir a su habitación, su pecho estrujaba su corazón y éste no dejaba de latir deprisa, tenía el pulso acelerado y no dejaba de gruñir a su enemigo imaginario. Dos horas estuvo en su habitación. Dos horas esperó para salir y el rey se desplomó en el suelo, derrotado. Su respiración se volvió lenta de repente, le costaba llenar sus pulmones, sus manos temblaban de pura ira, mientras ella se alejaba y salía del castillo.
—Esto no se va a quedar así —susurró entre dientes. Se puso de pie de un movimiento, abrió la ventana con tal fuerza que quebró el vidrio. Se quedó quieto unos segundos, visualizando hacia el jardín, logró verla caminar hacia el bosque.
Se subió al marco de la ventana y se elevó en el aire, se quedó allí unos minutos y esperó hasta que avanzara lo suficiente, después de todo, a donde fuera él la encontraría. La noche estaba más oscura que de costumbre, no había muchas estrellas en el cielo, pero no era un problema para sus sentidos saiyajin. Voló hacia el bosque quince minutos después, al llegar, pudo sentirla a un par de quilómetros de distancia, avanzaba en algún vehículo silencioso. Cada vez que pensaba en las medidas de precaución que ella había tomado para no ser descubierta, le temblaba el cuerpo de pura furia «que tonta» pensó, «me daría cuenta tarde o temprano». Era fácil de suponer que, si la joven estaba tomando esas medidas, se debía a él y era lo que más lo encolerizaba, ella sabía que lo que estaba haciendo estaba mal ¡y aún así lo hacía! ¿qué tenía en la cabeza? De repente no vio a su Bulma responsable y madura, vio a la adolescente caprichosa que hacía berrinches por todo, pero si fuera esa Bulma, no le estaría haciendo eso. No, porque la Bulma con la que compartió su vida, tenía ojos solo para él, como él para ella, y por su parte seguía siendo así. En cambio, la mujer que era ahora, no la conocía. Era impredecible, fría y egoísta «siempre fue así» le dijo su bestia, «por algo nos mintió y huyó» siguió diciéndole. Y cada vez, le encontraba más sentido a sus palabras. Era una perfecta actriz, los había manipulado de tal modo que siempre pensó que era él quien dominaba la situación, cuando era ella quien movía los hilos. Había aprendido costumbres terrícolas solo para satisfacerla, había cedido a sus ritos por ella, le daba en el gusto todo el tiempo y ¿Cómo le había contribuido? Con traición, una y otra vez, mentiras, engaños, humillación «¿qué es lo que voy a hacer contigo?» se preguntó.
Avanzó cuando la sintió a una distancia prudente, la sintió detenerse en un sitio y quedarse allí. Esperó cinco minutos y voló a esa dirección a toda velocidad, en menos de un minuto, estaba levitando sobre una cabaña pequeña «es un guardia, como Riander dijo» pensó. De pronto, su cuerpo se movió solo, no fue consciente de lo que hacía o pensaba. Estaba como en piloto automático, descendió sigiloso sobre el césped, avanzó con la misma cautela hasta la cabaña, vio un artefacto botado en la puerta, supuso que en eso se había movido la joven. Tragó con dificultad y se acercó a una ventana pequeña, miró el lugar con desprecio. Era pequeño, más diminuto que su habitación ¿cómo podía ir a un sitio así? pero su disgusto quedó en segundo plano cuando la vio. Bulma estaba en medio de la sala riéndose mientras jugaba con un tablero, frunció el ceño, no entendía que estaba pasando y el tamaño de la ventana no le permitía ver más. Pasaron cinco segundos, y vio al saiyajin que la acompañaba, un macho joven y alto, lo reconoció.
Sintió la sangre hervirle, al mismo tiempo que la necesidad de asesinarlo nubló su mente, sin embargo, cualquier pensamiento se apagó por completo cuando vio a Bulma, su Bulma, abrazarlo y estirar su cuello para llegar a su boca, y él corresponderle, algo se quebró en su pecho. Él no había probado sus labios en casi tres años, cuando se acostó con ella, no le regaló ni un miserable roce, y no insistió, tenía orgullo después de todo, y a ese miserable saiyajin, don nadie, le entregaba su boca sin dudarlo. Todo dio vueltas a su alrededor, se quedó ahí de pie viendo como su mujer besaba y se desnudaba para otro hombre, sintió deseos de vomitar, pero no apartó la mirada en ningún momento.
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N/A: holi! espero que estén todas muy bien dentro de la situación mundial por la que estamos pasando. Respecto al cap, quisiera aclarar unas cositas, y quiero ser enfatica en esto. Ellos no se superan, no hablan de lo que piensan ni sienten porque son orgullosos, pero sobre todo, porque aun les afecta. No ha pasado mucho tiempo desde que se separaron, y encima verse a diario les juega en contra, además, la señorita necesita terapia urgente y él también hahaha, cada uno es tóxico a su manera. No se sueltan, pero tampoco quieren tenerse, aunque ahora Vegeta se dio cuenta que sí, que puede separar el rencor y estar con ella a su manera. Respecto al hijo de Riander, quería usar a Kyabe de DBS el del universo 6, lo sentí tan cercano a Vegeta en el torneo, que por eso quise ocuparlo xD
Espero que se hayan entendido las motivaciones de los personajes, Tarble le dijo a Bulma lo que tanto esperábamos pero ¿de que sirve ahora? mucha agua a pasado bajo el puente. Ehm... y bueno, sé que se me está escapando otro detalle pero no recuerdo.
Lamento si hay letras faltantes, sobrantes o errores ortográficos :c
Muchas gracias por leer y dejar rw, no he podido responderlos porque no tengo net en el note, comparto para subir el cap y sería x-x
Espero, de corazón, que todas estén muy bien y podamos leernos pronto.
Muchas gracias otra vez!
PD: los invito a leer Black Rabbit, un fic de humor y romance xD e Insano, la versión oficial que quería hacer de GTC y cambié por tonta xD
