N/A: Iba a subirlo el 15, pero no pude contenegmeh


"Quise mentir y aquí estoy. Quise no ser y aún soy.

Quise volar con mis sueños, pero tu silueta lo desbarató.

Hace mil años tal vez, yo habría sido tu rey.

Luchar con muchos dragones y desde mi trono hacerte el amor.

Dime donde quedó, ese extraño poder.

Entrar por una ventana y nunca salirte de mi corazón

Debo admitir que todo es muy distinto sin ti."

Sigues dando vueltas, La Rue Morgue.

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Capítulo 19

Confesión

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Los pasos que daba la princesa se oían firmes y a la vez, inquietos. Kakarotto iba adelante guiándola, con el semblante serio, intentando esconder la preocupación. Se iba a desatar una tormenta, él más que nadie en el palacio lo podía suponer, conocía a la joven princesa, era consciente hasta qué punto ella podía llegar con tal de conseguir sus objetivos, sin embargo, el rey era más terco y orgulloso que ella, y si él se negaba a dejarla salir-que era lo más probable-podía empezar un conflicto serio entre ambos, y por más que pensaba en todas las variables para poder anteponerse a la situación, no encontraba nada coherente. Tanto el rey como la princesa eran impredecibles, cualquier cosa podía pasar. Contuvo el suspiro, miró de soslayo a la joven, lucía pálida, tenía los ojos irritados por el llanto que no pudo contener en la sala de entrenamiento del príncipe. Desvió la mirada, pensativo, la única opción que pudo reconocer en ese momento para apaciguar la situación, era calmándola a ella. Si Bulma se acercaba a hablar con el rey, e iba alterada o exigiéndole que dejara salir al príncipe, el monarca se lo tomaría aún peor, volteó ligeramente hacia ella y murmuró en tono calmado.

—El rey está en una reunión con el consejo ahora —. Comenzó diciendo, pero la joven no le miró. Frunció el entrecejo y carraspeó su garganta para llamar su atención—. Puede que demore un poco, intentaré hablar con él antes, quizá pueda hacer una pausa a la reunión y atenderte.

Bulma le observó en silencio unos segundos y luego miró el camino. Sentía el corazón latirle deprisa, y a la vez, con demasiada intensidad, era consciente de cada latido, de cada golpe que daba en su pecho. Sentía los ojos arderle por el mero esfuerzo de no romper en llanto en el pasillo. No recordaba cuando fue la última vez que había ido a la sala de consejo, creía que no fue hace mucho, pues a menudo Trunks le pedía que le acompañara cuando estaba con el rey, pero en ese momento lo sintió lejano, y el recorrido se le hizo lento. Se sentía inquieta y nerviosa, no dejaba de pensar que en cualquier minuto su padre dejaría ese mundo, y que no alcanzaría a verlo por última vez, a despedirse. Sus ojos se le llenaban de lágrimas de solo pensarlo, de solo imaginar llegar tarde, el pecho se le encogía y las palabras del que alguna vez fue su amigo las sentía distante y sin sentido, al menos ella no se lo encontraba ¿cómo iba a esperar a que Vegeta le diera un poco de su tiempo, si su padre estaba moribundo? No podía.

Por ello, cuando llegaron a la puerta de la sala de consejo, no esperó a que Kakarotto golpeara y entrara, se adelantó al saiyajin y le empujó con su hombro, posó su mano en el picaporte y lo giró bruscamente, abriendo la puerta, haciendo que las voces solemnes que antes se oían, se silenciaran al instante por su interrupción. La mano del rey abrió los ojos de par en par al ver la situación, la joven lo pilló desprevenido, sus ojos negros viraron de la joven hasta los miembros del consejo que rodeaban la mesa alargada, observó sus rostros perplejos por unos segundos y luego viró al monarca, quien lideraba la reunión. El rey se quedó inmóvil en su silla, inexpresivo, sus ojos afilados fijos en la joven y luego en él, había salido de la reunión cuando le llegó el mensaje para Bulma, no esperaba regresar con ella, tragó saliva con disimulo, abrió la boca para excusarse, pero la princesa fue más rápida.

—Necesito hablarte —dijo conteniendo la angustia en su voz, relamió su labio inferior y volteó hacia los viejos saiyajin que acompañaban a Vegeta, solo pudo reconocer a Bardock y el abuelo de su hijo—. Es urgente —explicó al grupo de saiyajin, seguramente eran los hombres más importantes del planeta, no se sabía el nombre de la mayoría, y por sus semblantes serios y severos, podía suponer que su presencia en la sala y su interrupción, no era bien vista. Pero no le importaba, la impaciencia y la ansiedad dominaban sus sentidos. Volteó hacia el rey, observó sus ojos negros por unos segundos, lo vio desviar la mirada hacia el resto del consejo y sin mirarla, habló.

—Nos tomaremos un receso —su voz se oía monótona, Bulma miró a los ancianos, la mayoría agachó la mirada al oír al rey—. Vuelvan en 30 minutos.

La princesa miró impaciente como el grupo de viejos se levantaba, se hizo a un lado para dejarlos pasar. El último en ponerse de pie fue el antiguo rey, lo vio caminar hacia su primogénito y pararse en frente a su silla, el rey levantó la mirada hacia él, expectante, pero su padre no habló hasta que se quedaron solos. Bulma miró a su alrededor, incómoda con la situación, en parte porque le urgía que se fuera para poder hablar con Vegeta y a la vez, porque era consciente de que el abuelo de su hijo se quejaría, pero no había tiempo para eso. Iba a hablar, cuando el anterior rey carraspeó su garganta.

—Si me permites… —comenzó diciendo, mientras miraba solo a su hijo, ignorando a la joven que estaba de pie cerca de la puerta—esto me parece una…

—No —le interrumpió el rey, su voz se oyó fría y áspera—no te permito. Lárgate, vuelve en 30 minutos —. Bulma agachó la mirada apenas oyó al rey, no escuchó ninguna respuesta, pero podía oír la respiración del padre del rey agitarse. Se apegó a la pared, intentando pasar desapercibida cuando oyó al antiguo rey caminar hacia la salida, dando pasos fuertes y sonoros, demostrando su hostilidad. Cuando la puerta se cerró de golpe, fue capaz de girar hacia Vegeta, encontrándose con sus ojos negros fijos en ella. —¡¿En qué mierda estabas pensando?! ¡¿No podías esperar?! —le gritó haciéndola brincar en su sitio, aunque lo vio molesto se acercó a la mesa, no estaba asustada, solo inquieta y desesperada por irse. —Están buscando excusas para cuestionar tu presencia, y vienes y les das lo que quieren, nunca piensas antes de actuar—le reprochó, la joven detuvo sus pasos al oírle y su prisa por hablar con él se apagó en ese momento. Sus palabras le tocaron profundamente y sabía a qué se debía, él tenía razón. Siempre era imprudente, era una científica inteligente y brillante, pero cuando se trataba de tomar decisiones personales, cometía errores, uno tras otro. —No puedo gobernar infundiendo terror, y no me ayudas a mantener las cosas en calma.

Bulma frunció el entrecejo unos segundos y pensó en una rápida respuesta, pero al hacerlo notó que eso solo desviaría la situación, terminarían discutiendo algo que en ese momento a ella no le importaba. Relamió su labio inferior y observó la mesa, vio que delante del rey había una copa de vino a medio beber y se inclinó para tomarla.

—¿Es tuya? —preguntó y giró hacia él. Vegeta la miró serio, escondiendo lo confundido que estaba en ese momento, tardó un par de segundos en asentir y la joven bebió el contenido de la copa. Intentó no pensar demasiado en lo que acababa de hacer, cada vez que le mostraba destellos de confianza o intimidad, él los celebraba, pero no era el momento. La vio dejar la copa sobre la mesa nuevamente y suspirar, giró hacia él y murmuró afligida. —Lo siento, tienes razón, no debí entrar así, pero no lo habría hecho si no fuera urgente.

—Bien —murmuró asintiendo, apoyó su espalda en el respaldo de la silla, y sin esconder su curiosidad, habló. —Te escucho.

—Tengo que viajar a la tierra —habló rápido, miró la silla más cercana a Vegeta, pero optó por no sentarse, estaba convencida que apenas hablara con él, se iría a arreglar su equipaje—. Mi padre está muy enfermo, creen que no sobrevirá por mucho tiempo… —sintió un nudo en la garganta, se tomó unos segundos para calmar su angustia inminente y levantó la mirada hacia el rey, frunció el entrecejo cuando lo vio inexpresivo, como si fuera una estatua, tragó con dificultad y continuó—. Quiero llevar a Trunks.

Vegeta observó sus ojos azules, luego sus labios temblorosos, sus pestañas mojadas «estuvo llorando» pensó, se fijó en su cabello desordenado, en sus mejillas sonrosadas, su pecho subir y bajar por su respiración, cualquier detalle que le calmara la mente después de escuchar esa oración que no conseguía procesar "tengo que viajar a la tierra", se le repetía una y otra vez, al mismo tiempo que su pecho se apretaba al pensar en ella yéndose de su lado. No midió el tiempo que tardó en responder, tenía los labios sellados, era consciente de la respuesta que le daría, pero su cuerpo no se movía. Poco a poco fue reconociendo ese maldito sentimiento que detestaba: miedo. El pánico se fue apoderando de sus sentidos, respiró profundamente con disimulo, intentando aparentar calma, cuando por dentro tenía un remolino de sentires, cada uno más complejo que el anterior, por solo pensar en ella dejándolo.

—¿Vegeta? —habló la joven, el rey frunció el entrecejo al oírla. Le encantaba como se oía su nombre saliendo de sus labios ¿había algo que no le gustara de ella? incluso sus defectos los atesoraba; la observó directamente a los ojos, podía ver la inseguridad en ellos y no sabía si era el reflejo de los suyos, o ella se sentía del mismo modo.

—No —dijo—. Mi hijo no saldrá de su planeta —vio la decepción en sus rasgos, pero para ese momento, ya había tomado una decisión, y ni siquiera ella iba a conseguir persuadirlo.

Bulma contuvo la respiración por unos segundos, comprendiendo en pocos segundos lo ingenua que había sido al preguntárselo ¿cómo no lo pensó antes? No había permitido que su familia viera a su hijo desde que tenía la custodia, le había dicho que no quería que se relacionaran con él, pero pensó que bajo la situación delicada que exponía, él al menos lo consideraría. Sintió sus ojos humedecerse, vio su inexpresividad como una máscara de frialdad, lo reconoció al instante, él no cedería, aunque le rogara. Casi podía ver un muro a su alrededor que los separaba, y, aun así, insistió.

—Mi padre se está muriendo —habló con la voz entrecortada— ¿Por qué no puedo llevarlo? —preguntó apretando las manos en puños, el rey alzó una ceja al oírla, inmune a su debilidad emocional y la vergüenza le encendió las mejillas, se sintió diminuta frente a él y estuvo tentada a salir corriendo, a alejarse de su gélida mirada, pero las suelas de sus zapatos estaban pegadas al suelo, forzándola a enfrentarlo.

—Tú tampoco saldrás. —Bulma abrió los ojos de par en par al oírlo, entreabrió los labios para protestar, pero solo pudo emitir un balbuceo sin sentido al principio, Vegeta la miró cansado y se puso de pie, la joven retrocedió un paso cuando lo vio, y él prefirió omitir ese detalle, intentó no centrarse en el miedo que despertaba en ella y caminó hacia el mueble lleno de botellas de alcohol que estaba cerca de la mesa alargada.

—N-no soy tu prisionera —le oyó decir, volteó el rostro hacia atrás para poder verla, la joven temblaba en su sitio, espasmos débiles pero que él podía notar, el llanto que antes le amenazaba se había ido y solo podía identificar la rabia en sus rasgos—. Necesito ir a ver a mi padre y no me lo puedes prohibir.

—No —murmuró volteando hacia el mueble, se sirvió vino en una copa nueva, con calma, indiferente a las palabras de la joven—no eres mi prisionera —asintió confundiéndola más—pero estás en mi planeta, en mi castillo, criando a mi hijo. —Su voz se volvió grave y hostil de repente, giró hacia ella con copa en mano—. Y no permitiré que te vayas, no dejaré que uses mis naves y es mi última palabra sobre esto. No volveré a discutirlo contigo.

—¡Mi padre se está muriendo! —gritó perdiendo la paciencia—¿cómo puedes ser tan… maldito? —susurró sin fuerzas, sintió un par de lágrimas escapársele y no se molestó en limpiarse o avergonzarse, lo único que pudo hacer fue contemplar como el rey bebía vino sin preocupaciones, indiferente a su dolor, tragó con dificultad, el nudo en su garganta se hacía cada vez más difícil de soportar.

—Todos mueren —habló después de dar un sorbo a su bebida—ahora o en un tiempo más, es algo normal.

Bulma se quedó sin aliento. Pensó por unos segundos que podía convencerlo de que le permitiera llevar a Trunks, pero no se le pasó por la cabeza que ella tampoco pudiera salir. No era consciente de su pecho que subía y bajaba al compás de su respiración agitada, lo único que podía hacer era mirar al saiyajin que tenía en frente. Incrédula, contempló al rey beber con calma, dando por terminada la plática, su vista se volvió borrosa de repente, no fue capaz de contener las lágrimas y sabiendo que ya no tenía caso quedarse allí presenciando su indiferencia, le dio la espalda y salió rápidamente de la sala.


(…)


No alcanzó a firmar el documento que tenía que aprobar antes de entregárselo a su hermano, cuando la puerta se abrió de golpe. Tarble levantó la mirada del informe, y dejó la pluma sobre la mesa al ver a Bulma entrar a toda prisa. Notó de inmediato que algo no andaba bien, suponía de qué se trataba pues Laurel le había escrito antes contándole lo que había pasado, pero no esperaba tenerla tan pronto en su sala de trabajo. Se quedó unos segundos contemplándola, la joven cerró la puerta detrás de sí y se acercó rápido al escritorio, tenía las mejillas sonrojadas y el ceño arrugado, hacía tiempo que no la veía en ese estado y no tardó en sacar sus propias conclusiones.

—Necesito que me ayudes —dijo, podía distinguir la desesperación en su voz—. Hazle entender a Vegeta, no puedo quedarme.

—¿De qué hablas? No entiendo —reconoció confundido, observó sus rasgos pintados en angustia y frunció el ceño—¿en qué debo ayudarte?

Bulma respiró profundamente, intentando calmarse. Había salido de la sala de reuniones hace no más de dos minutos y corrió hacia la oficina del príncipe, necesitaba de la serenidad objetiva del hermano menor del rey para que apelara por ella, y estaba contra el tiempo. Le había dado un receso de 30 minutos a los miembros del consejo, y ella no había hablado con él por más de 5 minutos, necesitaba una respuesta ahora, su desesperación la necesitaba.

—Tengo que viajar a mi planeta —dijo, tragó con dificultad y continuó—mi padre está grave, no sobrevivirá por mucho tiempo. Tengo que ir a verlo, a despedirme… quiero llevar a Trunks, pero Vegeta no lo deja salir —hablaba rápido, casi sin respirar—y lo puedo entender, pero tampoco quiere dejarme salir ¡y necesito viajar!

Tarble se levantó de su silla de forma inconsciente, sin dejar de mirarla mientras estudiaba sus palabras. Desde que la había acompañado esa noche, cuando pasó lo de Alek, que la joven no se apenaba en demostrar lo que sentía, y prefería que fuese de ese modo. Al contrario de la mayoría de los saiyajin, al hermano menor del rey no le molestaban las demostraciones de sentimientos, le ayudaba a entender a las personas, y con Bulma no era la excepción. Laurel le había explicado lo del padre de la princesa, y al igual que su mujer, supuso que Vegeta no le dejaría sacar al niño. En parte porque era muy pequeño aun, y su hermano era sobreprotector con su hijo, además, era sabido que no quería que se relacionara con los terrícolas, y la condición de salud del padre de la joven, no era un motivo suficiente para hacerle cambiar de opinión. Lo que la princesa le pedía no era fácil de conseguir, pero podía intentarlo.

—Bulma —murmuró, intentó sonar con convicción y a la vez, comprensivo—. Intentaré hablar con él, pero no creo conseguir algo. —Reconoció frunciendo el ceño, la joven desvió la mirada haciendo una mueca en sus labios—intentaré convencerlo de que te deje viajar.

—No soy su prisionera —susurró ella, sin mirarlo—ni siquiera debería estar pidiéndote esto… ¡maldición! —exclamó y se cubrió el rostro con ambas manos—… necesito irme.

—Lo sé —asintió Tarble, suspiró derrotado y murmuró mientras ordenaba los documentos que ya tenía firmados para aprovechar de llevárselos—iré apenas termine su reunión.

—Está en un receso —habló la joven, apartando sus manos de su rostro, el príncipe le miró las pestañas humedecidas y desvió la mirada—. Debe quedarle unos 15 minutos… —susurró pensativa—puedo entender que no deje salir a Trunks, no lo apruebo, pero creo entenderlo —suspiró—pero yo no puedo quedarme… tengo que viajar lo más pronto posible.

—Bien, iré ahora —dijo y caminó hacia la salida.

Bulma le siguió de cerca, ambos salieron del cuarto en silencio. La joven se quedó de pie en medio del pasillo y miró pensativa al saiyajin, si le acompañaba, seguramente Vegeta reaccionaría peor, con Tarble tenía paciencia y confianza que con otros no. Aunque quería saber pronto la respuesta que el rey daría, prefirió hacerse a un lado, lo mejor sería ir a su habitación a preparar sus cosas, mordió su mejilla derecha interna unos segundos, para luego suspirar cansada.

—Iré a mi habitación, me envías un mensaje para contarme… como te fue —dijo lo último casi en un susurro, pero Tarble pudo oírla. Asintió moviendo la cabeza una vez y caminó hacia la escalera, dejándola sola.

El trayecto fue rápido para el príncipe, normalmente se detendría cada vez que veía a algún saiyajin conocido, platicaría brevemente y continuaría, pero no era el momento, por lo que solo saludó moviendo su cabeza a quienes le reverenciaban o hablaban. Dio zancadas largas, bajó a la primera planta saltándose eslabones, dobló a la izquierda y caminó rápido hacia la sala de reuniones. Afuera, ya empezaban a aglomerarse algunos ancianos del consejo. Normalmente asistía a las jornadas del consejo, sin embargo, desde que comenzaron los preparativos para la fiesta de cumpleaños de su sobrino, que se le había juntado mucho papeleo. Reverenció a los miembros que estaban afuera esperando, un grupo de cuatro ancianos que respondieron a su reverencia del mismo modo. No golpeó la puerta, giró el picaporte y empujó la madera con determinación, dentro de la sala, su hermano estaba apoyado en un mueble cercano a la ventana. El rey giró rápidamente hacia él al oír la puerta, al verlo, volvió su atención hacia el exterior, casi con decepción, como si esperara ver a alguien más y era fácil de suponer a quién esperaba.

—Vegeta —saludó mientras cerraba la puerta detrás de sí—. Bulma vino a hablarme —no tenía sentido ocultarlo, después de todo, él había hablado hace algunos minutos atrás con la princesa, era evidente que, si llegaba hablándole de lo mismo, era por eso. Su hermano alzó una ceja al oírlo y volteó hacia él, su semblante parecía tranquilo, pero algo en su mirada le alertaba que no lo estaba. Observó la copa en sus manos, estaba casi vacía.

—¿Me fue a acusar? —preguntó con ironía, medio sonriendo. Tarble relamió su labio inferior, sabía que lo que le diría podía desatar una discusión, pero era consciente que solo él podía decirle esas cosas y no salir herido en el intento.

—No puedes prohibirle salir —dijo serio—ella no está aquí en condición de prisionera, puede largarse cuando quiera. —Vegeta no pareció reaccionar a sus palabras, el príncipe resopló cansado y negó meciendo la cabeza lentamente— ¿qué es lo que pretendes?

—Tarble —habló con aparente calma, pero los pelos de su rabo crispándose no los podía controlar—estás perdiendo tu tiempo. Mi hijo no se irá de aquí, y ella tampoco.

—Bulma entiende que a mi sobrino no lo quieras dejar salir —respondió con el ceño arrugado—pero no puedes retenerla ¿no te das cuenta por lo que está pasando? ¡Su padre se está muriendo! Es normal que quiera verlo y despedirse ¿sabes lo que pasará, si él muere y ella no alcanza a verlo por última vez? —preguntó sin esperar una respuesta, hablaba rápido, casi emocionado con su discurso. El rey lo miraba silencioso, parecía que le escuchaba con atención—. Te va a odiar por el resto de su vida.

—Ya me ha odiado antes —contestó y bebió el último sorbo de su copa—no la dejaré salir, y no cambiaré de opinión. Vete, pronto estarán aquí los miembros del consejo ¿o participarás en la reunión? —Tarble miró anonadado a su hermano. Creía que algo más profundo le inquietaba al rey como para reaccionar así, con aparente serenidad cuando podía notar que estaba conteniéndose. Pero lo que más le preocupó al príncipe, era que su decisión podía arruinar lo que tanto se había esmerado en conseguir. Sabía que le faltaba mucho para que la joven aceptara estar con él como antes, pero lo que estaba haciendo su hermano arruinaría ese poco avance entre ambos, casi sin pensar, soltó lo que estaba pensando en un susurro.

—¿A qué le temes? —preguntó en un hilo de voz, y al ver como su cuerpo se tensaba y su semblante cambiaba de calma a sorpresa en segundos, supo que había dado con la tecla correcta. Tragó saliva con disimulo, esperó por unos segundos a que le insultara, le echara de la sala o se abriera un poco con él, pero el rey no dijo nada.

Sus ojos negros estaban fijos en los de su hermano menor, pero no estaba atento del todo. Sentía su corazón latirle deprisa, dolía, chocaba con su pecho y éste a su vez lo oprimía, como si estar vivo en ese momento fuera insufrible ¿a qué le temía? ¿él, el rey de los saiyajin, temiendo a algo? Claro que tenía miedo, pavor, pánico, de que ella lo abandonara otra vez. No dejaba de recordar cuando ella se había ido, la nave explotando, y él sufriendo al pensar que se había ido para siempre, sin embargo, saber que todo ese sufrimiento había sido por una mentira, empeoraba su panorama. Ella había decidido antes alejarse de él sin importarle sus sentimientos ¿qué le impedía hacer lo mismo ahora? Temía que, si la dejaba ir, no regresara y no estaba dispuesto a arriesgarse. Prefería, como le había dicho, que lo odiara, podía lidiar con su odio una vez más e intentar cambiarlo, pero no se sentía capaz de convivir nuevamente con su ausencia, con su presencia fantasmal que le acosaba día y noche, no podía desprenderse de su piel, no estaba listo y nunca lo estaría. Ella era suya, y él de ella, y no permitiría que eso cambiara.

—Vegeta —la voz de Tarble interrumpió sus pensamientos, desvió la mirada, incómodo. Se había expuesto con su hermano al no responder, aunque si lo hubiera hecho, estaba seguro que no le creería. Su hermano le conocía mejor que nadie, ni siquiera Bulma lo conocía de ese modo, pues la joven no estaba interesada en él del mismo modo, su semblante se ensombreció al pensarlo. —Puedes acompañarlos a la tierra, yo me haré cargo del imperio con Kakarotto, o envíalos con un grupo de soldados de confianza, Laurel puede ir entre ellos si no quieres que Bulma se relacione con otros soldados —dijo, sabiendo que su hermano podía inferir la verdad detrás de esas palabras—. Tienes más opciones, no te ganes su repudio.

En otro momento de su vida, las palabras de Tarble le habrían ayudado, su punto de vista le habría servido para tomar una decisión razonable para él y para ella, las ideas que su hermano le había dado eran posibles de hacer, no podía acompañarla, por muchos motivos, pero que viajara con un grupo de soldados y Laurel, no era una mala idea. Sin embargo, su inseguridad ya había hablado por él y el miedo no le permitía dar su brazo a torcer. No iba a arriesgarse, sabía que, si ella se iba y decidía no volver, era fácil para él ir a buscarla y llevársela aun en contra de su voluntad, pero el pasar por esa experiencia era sumarle más miseria y dolor a su situación. Contuvo el suspiro, miró la mesa llena de vasos y documentos, tabletas digitales y plumas y habló sin mirarlo, intentando esconder su sentir de los ojos astutos de Tarble.

—Estamos coordinando el viaje a Ciluris, si vas a participar, toma asiento y no vuelvas a hablar de esto. —Su voz se oía severa—de lo contrario, lárgate.

Tarble agachó la mirada, derrotado, sabía que sería difícil hacerlo cambiar de opinión, pero mantuvo la esperanza de que podía hacerle comprender el error que estaba cometiendo y que podía solucionar de forma sencilla, pero su hermano no transaría esta vez, sus sentimientos lo estaban dominando, prefería convivir con las consecuencias de su decisión que arriesgarse a perder a la princesa. Podía entender su temor, fue testigo en primera fila de lo mucho que le afectó su muerte y sabía que había mucho sufrimiento escondido, pero la joven no lo entendería. Iba a hablar cuando los golpecitos en la puerta se oyeron, miró a su hermano, que nuevamente fingía mirar hacia afuera, negó para sí mismo y caminó hacia la salida, abrió la puerta y asintió a su padre que lideraba al grupo de ancianos, esperó que se hicieran a un lado para dejarlo pasar, y salió de la sala. En el camino, tomó su comunicador y le envió un mensaje a la princesa, contándole su fracaso.


(…)


Cada día que pasaba, se le hacía una real tortura. Andaba atenta a su comunicador personal, alerta en caso de que la contactaran desde la tierra, portaba el aparato a todos lados, casi no se despegaba de él. Tres días habían pasado desde que supo de la enfermedad de su padre, había hablado cada noche con su madre y Tight, las que intentaban con palabras dulces, calmarla. Por lo que había entendido, hace varios meses atrás le habían detectado un tipo de cáncer a los pulmones, su padre no había querido someterse a ningún tratamiento invasivo, y a la vez, los doctores le habían recomendado no hacerlo por su edad. Bulma había intentado sugerir que buscaran medicina alternativa o de otros planetas, sin embargo, aquello ya lo habían intentado antes, y no había mucho por hacer. Ahora su cuerpo había presentado una falla multisistémica, lo tenían postrado en cama con atención las 24 horas y gracias a ello, su padre no estaba sufriendo con su enfermedad, y su salud se mantenía estable dentro de su condición. Pero su madre fue clara, a su padre no le quedaba mucho tiempo por vivir, si continuaba despierto era por la calidad de la atención que le brindaban y porque era un viejo terco, como había dicho la antigua reina.

Su hermana aparentaba calma, al igual que su madre. No sabía a ciencia cierta si se debía a que su padre les transmitía esa calma, y a la vez, habían vivido toda su enfermedad en conjunto, habían tenido más tiempo para asimilarla dentro de lo que se podía, en cambio ella, se había enterado cuando la situación ya no se podía sostener. Se sentía culpable, había hablado pocas veces con su padre dentro de esos meses, siempre le indicaban alguna excusa y no lo pensó detenidamente. Entendía que no querían preocuparla, que al estar lejos no conseguía nada con ello, pero como hija, se sentía frustrada y angustiada.

Temía que en cualquier momento le avisaran que su padre ya había partido. Le dolía el pecho imaginarlo, y sin darse cuenta, comenzaba a llorar. Cuando estaba con Trunks, como ahora que lo veía entrenar con Gohan, se controlaba. Laurel le había ayudado a distraerse y a la vez, la escuchaba atenta cuando quería desahogarse. Tarble por su parte, se disculpaba cada vez que la veía, por no poder ayudarla a salir del planeta. Comprendía que no había forma de sacar a su hijo del planeta, se había resignado con ello, pero ella necesitaba irse y no lograba pensar en una estrategia que le sirviera. Había revisado todas las capsulas que había traído, y las pocas naves que tenía, ninguna resistía un viaje hasta la tierra, estaba atrapada.

A Vegeta no le hablaba. No había ido a su habitación por las noches y él no había ido a buscarla. Cuando compartían espacio por Trunks, no lo miraba y respondía con monosílabos si él le preguntaba por algo referente al menor. Estaba furiosa con él, pero a la vez, ya no se esperaba nada bueno del hombre que alguna vez amó. Cada vez que pensaba en ello, que lo insultaba mentalmente, que pensaba en lo detestable que era el rey, se respondía «¿qué más esperas de él?». Vegeta la había decepcionado muchas veces, había tolerado-a regañadientes, porque no le quedaban otras opciones-muchas situaciones indignantes por su parte, malos tratos, insultos entre otras cosas, pero lo de ahora tenía otra connotación. Lo hallaba miserable ¿qué daño le hacía que viajara a ver a su padre? Por más que pensaba, no encontraba una respuesta y a la única conclusión que llegaba era que el rey no la dejaba salir por ser un saiyajin cruel. No encontraba otra respuesta.

Suspiró cansada, miró como su hijo esquivaba a duras penas los golpes-suaves, por cierto-que Gohan le propiciaba. Trunks sonrió al girar hacia ella y sin dejar de esquivar al mayor, levantó la mano saludando hacia su dirección. La joven madre sonrió al pequeño, pero borró su sonrisa cuando notó que no le saludaba a ella, giró hacia el lado y alzó ambas cejas al ver a Keel de pie a su lado. No la había oído llegar, la mujer observaba seria a su nieto, la comisura izquierda de sus labios delgados parecía encorvada, Bulma contuvo el suspiro y volteó hacia su hijo nuevamente.

—Lo hace bien —comentó Keel. Bulma la miró de soslayo por unos segundos y luego volvió su atención al niño. —El rey saldrá del planeta mañana.

Bulma frunció el entrecejo y giró con disimulo hacia ambos lados, verificando que nadie estuviera cerca para oírlas. Los guardias del príncipe custodiaban la entrada desde el pasillo, en la sala se encontraban los niños entrenando, y ellas como público. Volvió a mirar a la madre del rey, expectante, esperó por unos segundos a que continuara hablando, la saiyajin desvió la mirada hacia ella y luego hacia los niños, la vio relamer su labio inferior y sin mirarla, habló.

—Irá con miembros del consejo a Ciluris, a firmar una alianza —murmuró—. Es una oportunidad, que pocas veces se da.

—¿Disculpa? —susurró. Tragó con dificultad, volvió a mirar hacia todos lados, como si en cualquier momento pudiese llegar Vegeta con el mismo sigilo que su madre. Entendía la intencionalidad de las palabras de la saiyajin, la ansiedad y el nerviosismo le recorrió desde los pies a la cabeza, sentía el cuerpo entero reaccionar, en su abdomen se concentró casi todo su nerviosismo, lo sentía pesado. La miró de soslayo, ella no le miraba, seguía atenta al entrenamiento de su nieto.

—Puedo conseguirte una nave para que viajen —susurró, sus labios apenas se movían, si no hubiera escuchado sus palabras, no hubiera podido confirmar que la saiyajin estaba hablándole. —Apenas mi hijo se vaya, puedes irte con el príncipe.

—¿Qué? —Bulma la miró anonadada. Intentó ver algo en sus rasgos que delatara sus intenciones, pero no encontró nada, seguía igual de inexpresiva que siempre. Tragó con disimulo y susurró sin esconder su confusión—¿por qué harías eso?

Keel guardó silencio por al menos dos minutos. La saiyajin no dejaba de analizar los movimientos de su pequeño nieto, sonreía con disimulo cada vez que lo veía esquivar al mestizo de la mano del rey, pero en el fondo, pensaba qué responderle a la joven. No quería parecer frágil o emocional ante la princesa ni nadie, a la vez, sabía que debía ser honesta, tenían un historial en común que a ella no la dejaba bien parada, no como una mujer confiable al menos. Respiró profundamente y sin mirarla, habló.

—Entiendo por lo que estás pasando —dijo—si yo no pudiera ver a mi nieto en tanto tiempo, y estuviera a punto de morir, querría verlo, a él y a mi hijo. —Tragó en seco y miró de soslayo a la princesa, notó sus ojos vidriosos, estaba por llorar, desvió la mirada incómoda—. Te ayudaré. —Murmuró en un susurro, relamió su labio inferior y continuó en un tono muy bajo—. Es mi forma de… de expiarme, por lo que te hice antes.

—No confío del todo en ti —reconoció la princesa. Keel asintió al oírla, pero no dijo nada. Bulma la miró por varios segundos, intentando descifrarla, la vio inquieta, pero su actitud se le hizo familiar, y sabía perfectamente a quién le había recordado: Vegeta. Cuando no reconocía sus errores con palabras, solo con su actitud, suspiró por quizá cuarta vez esa mañana y murmuró—pero no tengo otra alternativa ¿qué debo hacer?

Keel contuvo el aliento por unos segundos, fue el turno de la saiyajin de mirar hacia ambos lados, con disimulo, para corroborar que nadie las estuviera escuchando, no miró a la joven, intentando aparentar para las cámaras que no estaban platicando, tragó en seco y susurró su plan.


(…)


Trunks daba vuelta las páginas de su libro, concentrado, pero no estaba leyéndolo con atención, solo le miraba las ilustraciones. Bulma lo contemplaba en silencio, sentada a su lado, se había metido debajo de las mantas, a esa hora de la noche la temperatura había bajado bastante, aunque la habitación del menor tenía calefacción automática, bastaba para el príncipe gracias a sus genes saiyajin, pero para ella no era suficiente. Acarició el cabello del niño con suavidad, ordenándolo con sus dedos, el calor que desprendía la cabeza de su hijo era reconfortante. Se apegó un poco más a su pequeñito cuerpo y antes de que el niño se diera cuenta, lo rodeó con su brazo izquierdo. Trunks no protestó y, por el contrario, apoyó su cabecita en su pecho, mientras seguía atento a las páginas.

Se quedaron así en silencio, su hijo le pedía a menudo que no hablara cuando él leía pues le distraía, y para su mala suerte, el niño había salido igual de obstinado que sus padres, si decidía que haría las cosas de tal manera, lo cumplía tal cual lo decía y no cambiaba de parecer, aunque le explicara que había más opciones. Era un defecto con el que debían trabajar, el menor prefería siempre lo que él pensaba antes que lo que le sugerían. Trunks intentaba leer al menos una hora antes de dormir, practicaba unos días con libros en idioma universal, y otros en Tsufurujin. Bulma cerró sus ojos unos minutos, intentando descansar la vista, pero la puerta abriéndose le distrajo. Solo había una persona que entraba a los aposentos del príncipe sin ser anunciado o sin golpear, el rey. Preparó su expresión de indiferencia cuando le vio en el umbral, Vegeta entró rápido y cerró la puerta detrás de sí. Trató de no mirarle demasiado al notar que usaba la armadura para eventos formales, entonces recordó las palabras de Keel.

Trunks lanzó el libro a un costado al ver a su padre, se alejó rápido de su abrazo y se puso de pie, caminó hasta los pies de la cama estirando sus brazos hacia su padre, y Vegeta no tardó en complacerlo. Caminó rápido hacia la cama y antes de llegar, el príncipe se le lanzó a los brazos, el rey alcanzó al niño con ambas manos y lo acercó a su torso, donde el niño rodeó su cuello con sus brazos y su cintura con sus piernas. Trunks se estremeció al sentir la fría armadura, pero no dejó de sonreírle.

—¡Papa! —exclamó alegre— ¿me contarás otra historia antes de dormir? —Bulma los miraba atenta, a pesar de estar molesta con el rey, no podía evitar admirarlo cada vez que lo veía ser padre, en esos momentos olvidaba el cruel saiyajin que era.

—Lo siento, esta vez no podré —dijo mirando sus ojitos celestes, que, al responderle, pudo notar la desilusión en ellos y se le apretó el pecho, sintiéndose culpable. No podía controlar lo mucho que deseaba que su hijo no sintiera ni un ápice de pena o dolor, sabía que no podía protegerlo siempre, que era normal que en algún momento pasara por alguna tristeza, pero si él podía evitarlo, lo haría siempre, se apresuró en explicarle para animarlo—. Recuerda que debo ir a Ciluris.

—También quiero ir —susurró el niño—ya estoy grande, puedo acompañarte ¡podría ayudar! —dijo entusiasmado con la idea—. Puedo anotar lo que dicen, ya sé escribir bien —susurró no muy convencido—casi todas las letras…—dijo casi en un hilo de voz. Vegeta sonrió al oírlo, miró de soslayo a la joven que estaba atenta a ellos y también sonreía por el príncipe.

—Es una buena idea —respondió sin dejar de sonreírle—pero eres muy pequeño aun… cuando tengas 5 años, te llevaré en cada viaje ¿te parece? —Trunks no respondió, en cambio, se quedó cabizbajo observando la joya que colgaba de su cuello, la que indicaba que era el monarca de su reino. Notó como sus ojitos se humedecieron y lo mucho que se esforzaba en no llorar, sus mejillas se enrojecieron y sus labios temblaban intentando contener el puchero. Vegeta mordió su mejilla interna, lo meció en sus brazos para llamar su atención, el príncipe levantó la vista y él le sonrió como solo lo hacía con su hijo, sin esconder lo mucho que lo adoraba. —. Volveré pronto —dijo intentando confortarlo—y alguien debe quedarse en Vegetasei, Tarble estará administrando todo solo ¿crees que puedas ayudarle? —el rostro del niño se iluminó al oírlo, el rey celebró mentalmente, leer ese libro de paternidad no había sido una perdida de tiempo después de todo.

—¿Puedo ayudar al tío Tarble? —preguntó ilusionado—¿qué debo hacer?

—Le preguntas mañana —respondió—ahora debo irme, venía a despedirme. Hazle caso a tu madre ¿sí? —Trunks asintió entusiasta, meciendo su flequillo, Vegeta sonrió y le abrazó unos segundos, se separó de él lentamente y besó su frente. Lo dejó sobre la cama y antes de hablar, Trunks apuntó hacia su madre y sonriendo de oreja a oreja, habló.

—¡Ahora a mama! —exclamó. El rey contuvo el aliento por unos segundos y levantó la vista hasta Bulma, que al oír al niño sonrió forzosamente—¡despídete de mama! —insistió el menor.

Bulma suspiró con disimulo, y aunque sonreía, no dejaba de mirar con desprecio al rey. Apartó las cobijas de su cuerpo y gateó hasta la orilla, para darle en el gusto a su hijo. Se apoyó en sus rodillas y observó al rey, quien la miraba serio, pero no molesto. Era ella la que estaba enojada, y en esos días que habían pasado desde que discutió con él, el rey había respetado su enojo y no le molestó, aun así, su malestar no disminuía. Sabiendo que Trunks los miraba atento, se inclinó hacia él para besar su mejilla, a modo de despedida, pero Vegeta se acercó más y la abrazó desde la cintura, apegándola a su cuerpo. Se tensó por unos segundos al mismo tiempo que tembló al sentir la armadura helada, tragó con disimulo y rodeó su cuello con sus brazos, correspondiendo el abrazo.

—No cometas alguna estupidez en mi ausencia —susurró en su oído izquierdo. Los latidos en el pecho de la joven se aceleraron de repente, los nervios revolvieron el contenido de su estómago y su respiración se aletargó—. Esta vez, no perdonaré ninguna imprudencia —le advirtió. Se alejó lentamente de su cuerpo sin romper el abrazo, Bulma le miró alerta, intentando fingir calma y no demostrar el miedo que sintió al pensar que él sabía lo que haría. El rey se acercó a su rostro y besó sus labios, ella no respondió su beso, estaba como una estatua, inmóvil en su sitio. Cuando él la soltó, pudo respirar con más calma, giró hacia su hijo al pensar que había oído algo, pero lo encontró sonriendo mientras se cubría los ojos para no verlos besarse. —Regresaré pronto.

—¡Que te vaya bien, papa! —exclamó Trunks, el rey le sonrió y revolvió su cabello, haciéndole reír. Miró a la joven unos segundos y giró sobre su talón, caminando hacia la salida.

Bulma lo miró en silencio, su capa se sacudía elegante, recordaba lo mucho que le gustaba verla cuando estaban juntos, ahora le parecía un mal augurio. Todo lo que irradiaba Vegeta como hombre, se le hacía amargo.


(…)


Sabía que era peligroso, pero ¿qué otra opción tenía? Respiró profundamente y miró la hora en su reloj de pulsera. Keel le había indicado que, en la madrugada, tres horas después de la medianoche, tomara sus cosas, al niño y fuera a su habitación. No sabía donde quedaba, por lo que la madre del rey tuvo que darle indicaciones. Vegeta se había ido hace casi 5 horas, faltaban unos quince minutos para la hora seleccionada, estaba nerviosa, movía su pie de forma constante, se aseguraba a cada minuto que la caja con sus capsulas estuviera en el bolsillo de su chaqueta, había encapsulado sus bolsos, así no levantaría sospechas al salir con el niño. Aunque Keel había preparado todo para su salida, le había pagado a un técnico de seguridad para que apagara por media hora las cámaras de grabación en la hora en que ella saldría de la habitación, y los guardias que custodiaban la puerta en los aposentos del príncipe, no eran los soldados de siempre, eran saiyajin que trabajaban para Keel. La reina se había esmerado en elaborar un plan detallado para que ella pudiera salir del planeta, averiguado los horarios y turnos de la escolta del príncipe y así, coordinar el cambio de soldados sin levantar sospechas. No confiaba en ella del todo, temía que fuese una trampa como la que le había hecho antes, cuando era una adolescente. Pero a la vez, intentaba convencerse de que esta vez, no resultaría de ese modo, pues llevaba a Trunks con ella, y aunque Keel fuera una saiyajin fría y despiadada, con su hijo era una mujer atenta y amable-considerando su personalidad fría-al menos por la seguridad del menor no estaba inquieta.

Sonó un breve "bip" de su reloj, alertándole que ya era hora de moverse. Su vientre se volvió pesado, temblaba levemente y no sabía si se debía al frío o a los nervios, se levantó de la cama lentamente, aun sabiendo que su hijo no se despertaría, prefirió hacer movimientos lentos y sigilosos. Destapó al niño con cuidado, y lo envolvió en una cobija pequeña, pero que cubría en su totalidad al menor. Le costó tomarlo, el niño de 4 años era pesado para ella, en ese momento detestó no tener la fuerza del rey. Trunks se quejó entre sueños al ser levantado de la cama, Bulma lo apegó a su pecho y tapó su cabecita con la manta. Relamió su labio inferior y tragó en seco, sintiendo su garganta arderle en el proceso. Suspiró profundamente y dando pasos firmes, para evitar tropezar, caminó hacia la salida. Con una mano sostuvo la espaldita de su hijo y con la otra, giró el picaporte, antes de empujar, la puerta se abrió para ella y la joven se congeló en su sitio.

Parpadeó confundida cuando vio a uno de los soldados asentir en su dirección al mismo tiempo que se hacía a un lado para dejarle pasar. La joven caminó con seguridad, aunque en su interior estaba nerviosa y asustada, observó por el rabillo del ojo a ambos saiyajin, y continuó caminando. No tardó en llegar a la escalera, pero no bajó, siguió de largo hacia el ala opuesta del castillo, miraba hacia atrás a cada momento, a esa hora en el palacio no había movimiento, no se veían guardias en ese sector, tampoco servidumbre. Sus pasos se silenciaban por la alfombra, Trunks respiraba plácidamente en su pecho, por un momento pensó que quizá sus latidos podían molestarle, pero el niño seguía durmiendo como si estuviera en su cama. Cuando llegó al pasillo en donde estaban los aposentos de Keel, apresuró el paso, casi trotando, golpeó una vez la puerta, pensó en hacerlo una segunda vez, pero quedó con la mano en el aire cuando la portilla se abrió lentamente, sin hacer ruido. Bulma se quedó unos segundos mirando el umbral, pensativa, si daba un paso en el interior de esa habitación, ya no podría retroceder. Relamió su labio inferior y abrazó con fuerza a su hijo.

—Entra de una vez —se asomó Keel, sorprendiéndola. La joven pegó un pequeño brinquito en su sitio, asintió a la saiyajin y entró con rapidez. Miró a la mujer cerrar la puerta despacio, vestía lo que parecía ser un abrigo sin forma con capuchón de color negro—¿y tus bolsos? —preguntó volteando hacia ella.

—En capsulas —respondió, acomodó al niño en sus brazos adormecidos por el peso del menor—¿cómo iremos al aeropuerto espacial sin ser vistas? —preguntó confundida.

—No iremos —dijo—tu nave está en el bosque. Eran muchos técnicos en el aeropuerto, y no trabajan personalmente para mí —murmuró—debemos apurarnos. Saldremos por la ventana, te cargaré.

Bulma no alcanzó a protestar, cuando la mano de la saiyajin se apoyó en su hombro y la empujó hacia el ventanal. Sentía su fuerza recargada en su cuerpo, frunció el ceño, ni siquiera Vegeta tenía esos tratos con ella. Se aseguró que el niño estuviera bien cubierto por la manta antes de salir al balcón, no alcanzó a contemplar la vista, Keel se posó detrás de ella y la cubrió con sus brazos y sin problema, se elevó en el aire, Bulma jadeó sorprendida y abrazó con fuerzas a su hijo. La saiyajin la sostenía desde su cintura, podía sentir su barbilla sobre su cabeza, su cuerpo se tambaleaba un poco, pero estaba segura que no la soltaría, podía sentir su agarre firme, quizás estaba pecando de ingenua, sin embargo, no sentía hostilidad en su actitud.

Volaron al menos unos 10 minutos, recorrieron la mitad del bosque desde el cielo. Sentía el corazón latirle deprisa, estaba inquieta y a la vez ansiosa, aunque el irse por fin a ver a su padre estaba cerca, no lograba sentirse tranquila. Quizá cuando estuviera en la nave, se le pasaría. Notó que la velocidad en el vuelo de la saiyajin disminuyó poco a poco, al mismo tiempo que comenzaron a descender lentamente. Sus pies tocaron tierra firme y apenas la saiyajin la soltó, se estremeció al sentir la corriente de aire de la madrugada chocar en su rostro. Pero no le prestó atención, se quedó viendo la nave que estaba a unos metros de distancia, era más grande que las naves individuales, pero mucho más pequeña que las que usaba la realeza.

—No sé desactivar el ID de la nave, por lo que creí que era mejor que viajaran en una nave corriente, puedes hacer algo para pasar inadvertida en los radares, ¿no? —Bulma asintió sin mirarla, sin dejar de contemplar la máquina—bien. Será mejor que te vayas. Yo hablaré con Vegeta cuando llegue, le diré que te dejé ir. —Murmuró mientras caminaba hacia la nave, la princesa le siguió en silencio—Supongo que está demás advertirte que debes volver.

—Lo sé —murmuró con hastío. —Gracias, Keel —dijo al llegar al lado de la nave esférica.

—Vete ya —respondió incómoda la saiyajin, Bulma asintió y presionó el botón de la puerta de la nave, apenas la maquina se encendió, la puerta ronroneó y se deslizó hacia abajo con lentitud.

—¿De paseo tan tarde? —ambas voltearon hacia atrás apenas oyeron la voz femenina. Bulma sintió el cuerpo tenso y frío al ver a Riander apoyada en la madera de un gran árbol que rodeaba la nave. Volteó hacia Keel con el ceño fruncido, dispuesta a insultarla por su traición, pero al ver su semblante sorprendido y hostil, comprendió que no había conspirado otra vez contra ella—. Arréstenlas.

—¿Q-qué? —alcanzó a modular Keel, cuando un grupo de al menos 40 saiyajin salieron detrás de los árboles. La madre del rey quedó estática en su sitio, inmediatamente se lamentó por no llevar su scouter, habría notado las presencias en el bosque ¡qué estúpida! Los años fuera de servicio le habían pasado la cuenta. Volteó asustada hacia Bulma, la joven estaba igual que ella, perpleja y enmudecida. Un saiyajin se acercó a la princesa e intentó quitarle al niño, la joven dio un paso hacia atrás al mismo tiempo que Keel se ponía en frente de ella, defendiéndolos —. Vete, yo te cuidaré la espalda ¡Largo!

—Yo no haría eso si fuera tú —sonrió Riander, interrumpiéndolas. Ambas voltearon hacia ella al oírla—. Te ganamos en número, tía. Y es muy sencillo derribar una nave en vuelo.

—¿Qué es lo que harás con el príncipe? —Preguntó Keel, al verse rodeada de saiyajin, algunos lucían seguros en acercarse a arrestarlas, otros miraban asustados a la madre del rey. Bulma sentía que en cualquier momento se caía al suelo sin fuerzas en el cuerpo, no dejaba de temblar, aun así, miró con rabia a la reina que les sonreía triunfante.

—Lleven al príncipe a sus aposentos —respondió, y el saiyajin que estaba cerca de Bulma se acercó y estiró sus brazos hacia ella. —¡Quitáselo de una vez! —el soldado se sobresaltó al oírla y con más determinación, se acercó a la princesa y rodeó el bulto en sus brazos y de un tirón, le quitó el niño. La joven intentó luchar, se lanzó hacia él para recuperarlo, pero otro saiyajin se posó detrás de ella y le sujetó ambos brazos, impidiéndole acercarse al soldado —. Llévenlo a sus aposentos. —Repitió Riander—y lleven a las traidoras a las mazmorras del castillo.

Keel gruñó cuando dos saiyajin se le acercaron y la sujetaron de los brazos, Bulma en cambio, no dejó de sacudirse, luchando por liberarse, lanzando patadas al aire mientras miraba como se llevaban a su hijo y antes de darse cuenta, fue arrastrada hacia un vehículo que levitaba, junto a la madre del rey.


(…)


Los pasos en el azulejo le distrajeron por unos segundos, la suela al chocar con el piso hacía un ruido molesto, pero era la única novedad en las últimas horas, por lo que se sentó en el borde de la cama y miró atenta a través de los barrotes oxidados. A medida que las pisadas se acercaban, las luces fueron encendiéndose de forma automática. Sabía que no era Vegeta, normalmente daba pasos firmes y si quería pasar desapercibido, simplemente no se le oía acercarse. Llevaban unas horas en las mazmorras, que se encontraban en el subsuelo del castillo, más abajo que el departamento de salud, las cañerías pasaban por el techo visibles, algunas goteaban, había visto en más de una ocasión insectos y roedores originarios de Vegetasei. Asqueada, solo se había quedado sentada en la cama de su celda, intentando no tocar nada más. Keel estaba en la celda de en frente, en las mismas condiciones que ella, por un momento pensó que a la antigua reina le darían un trato preferente, pero no fue así.

Cuando vio a Tarble parar en frente de ambas celdas, se puso de pie. Lo miró ilusionada, pensando que las sacaría de allí, pero al ver su semblante sombrío, su entusiasmo se desvaneció lentamente.

—Me imaginaba algo así, viniendo de Bulma —murmuró sin mirar a la joven, observando a su madre—pero jamás de ti ¿no crees que estás algo mayor para actuar impulsivamente?

—¿Nos vas a sacar? Si no viniste a eso, mejor lárgate. No escucharé un sermón de ti —soltó con desdén la saiyajin, mirándolo con el ceño fruncido. Tarble suspiró al oírla y negó meciendo la cabeza, volteó hacia la princesa con una mueca en los labios.

—No puedo sacarlas —dijo frustrado—son órdenes de la reina… ¿las han tratado mal? —preguntó preocupado.

—¿Trunks? ¿Cómo está mi hijo? ¿Dónde está? —preguntó Bulma, ignorando su pregunta, se acercó a los barrotes para poder ver de cerca al príncipe. Tarble le sonrió antes de hablar.

—Está en sus aposentos, duerme. No despertó en ningún momento —murmuró, aliviando a ambas mujeres—tengo escoltas que trabajan para mí resguardándolo. Apenas amanezca, Laurel lo acompañará, quédate tranquila. Riander no es estúpida, hacerle daño al príncipe no está en sus planes.

—No confío en ella —respondió Bulma—necesito salir de aquí ¿no puedes sacarnos?

—No, como dije, son órdenes de la reina. Me contacté con mi hermano… —Bulma y Keel miraron expectantes al príncipe, una más preocupada que la otra—pensé que podía dar la orden para que las liberarán, pero Riander se me adelantó y le contó lo que pasó. Apenas firme la nueva alianza, volverá a Vegetasei, en dos o tres días más…

—¿Qué va a pasar con nosotras? —preguntó Keel, pensando en la justicia que implementaría su hijo. — ¿Nos someterán a un juicio?

—No lo sé —susurró Tarble—por ahora, lo único que pude conseguirles fue cambiarlas de celdas, a unas más cómodas y adecuadas para ustedes.

—Tarble —habló Bulma—necesito saber qué pasa en la tierra, con mi padre ¿crees que puedas conseguirme mi comunicador? Me quitaron todo antes de encerrarme.

—No —negó el príncipe—pero estaré comunicándome constantemente con ellos, descuida, te mantendré al tanto. —La princesa asintió y agachó la mirada, ocultando la decepción. —Vengan, las llevaré a sus nuevas celdas.

Keel salió de la celda con el ánimo de siempre, Bulma no podía evitar que la preocupación le pintara sus rasgos. No dejaba de pensar en Trunks y en su padre, de lamentarse y a la vez, culparse, pero apenas pensaba en que había cometido un error, se debatía contradiciéndose. No podía quedarse con los brazos cruzados, no estuvo mal desobedecer a Vegeta, lo malo había sido que Riander las descubriera. Keel había pensado muy bien el plan en pocos días, lo único que se le ocurría a la joven, era que alguien la había traicionado, pero era tarde para pensarlo.


(…)


Ambas sabían que Vegeta había llegado hace dos días al planeta, Tarble les había contado, pero el rey no se molestó en bajar a verlas. Ni siquiera el hijo menor de la antigua reina sabía qué tramaba su hermano, pero cada una tenía sus propias teorías. Las ideas de Keel eran un poco más retorcidas que las de Bulma, creía que las decapitarían en público para dar una lección a futuros traidores, o que las dejarían en prisión para pudrirse en esas celdas, sin embargo, la joven estaba segura que nada de eso pasaría. Que el rey no hubiera ido a verlas le hacía suponer que Vegeta no sabía qué hacer con ellas, o buscaba atormentarlas psicológicamente al tenerlas ahí pensando. No creía que las matara, Keel era su madre y el padre del rey, que ahora era parte del consejo, no permitiría que le hicieran daño, por su parte, no estaba muy segura de qué pasaría con ella. La advertencia del rey se le repetía cada noche, y cada día en esa celda-que ya llevaban cinco días allí-incrementaba su agobio. No le habían permitido ver a Trunks, y en parte lo prefería así, no sabía como explicarle que estaba en una celda porque había traicionado las ordenes de su padre, sabía que el niño preguntaba por ella todos los días, pero Laurel y Tarble se habían encargado de cuidarlo y acompañarle, le habían inventado que estaba trabajando en un proyecto secreto en los laboratorios. Su padre seguía estable, dentro de su condición, el hijo menor de la reina las visitaba todos los días, para mantenerlas informadas y a la vez, asegurarse de que no las trataran mal.

Las celdas que Tarble les había conseguido eran limpias e iluminadas, los barrotes parecían de acero nuevo, el azulejo y las paredes eran de color blanco marfil, y las camas de una plaza en las que dormían, tenían colchones blandos y con mantas limpias. Prisiones para la nobleza. Estaba estirada en la cama mirando el techo, Keel no era muy habladora, por lo general era ella quien comenzaba las pláticas que duraban unos pocos minutos, le sorprendía que podía pasar muchas horas sin emitir una palabra. Cuando oyó pasos acercarse se sentó en la cama ansiosa, notó que no era Tarble pues las pisadas eran firmes y era más de una persona. Observó atenta cuando vio a un grupo de 4 soldados parar en frente de la celda de Keel, uno de ellos sacó una llave grande y la encajó en la cerradura, la giró y en dos segundos, la puerta cedió.

—¿Qué significa esto? —cuestionó Keel. El grupo le reverenció al oírla, uno de ellos murmuró en voz baja.

—Son órdenes del rey, puede salir. —Bulma abrió los ojos de par en par, estiró el cuello para poder ver con mayor atención lo que pasaba, Keel salió de la celda confundida, con el ceño fruncido y mirando desconfiada al grupo, pues a pesar de lo que le habían dicho y del respeto que le mostraban, no coincidía que la estuvieran custodiando incluso para soltarla—. Acompáñenos por favor.

—¿Solo a mí me liberan? —preguntó Keel, mirando a la princesa.

—Acompáñenos, por favor —repitió el soldado. La saiyajin frunció el ceño y resopló, los soldados se hicieron a un lado para dejarle pasar, una vez que se paró entre los cuatro, comenzaron a caminar. Keel le dio una última mirada a la joven y volteó hacia el frente, sabiendo perfectamente a dónde la llevarían.


(…)


La sala del trono pocas veces se usaba, cuando Keel fue llevada al salón, creyó que lo vería repleto de miembros del consejo y de la nobleza saiyajin, intentó no mostrar sorpresa cuando solo vio al rey, su hijo mayor, sentado en el trono, esperándola. Los soldados que le guiaron salieron rápidamente y cerraron la puerta, la antigua reina no tardó en caminar hacia el trono, observó el semblante serio e inexpresivo de su primogénito, como el suyo, y se arrodilló como si fuera un sirviente más a su disposición, mirando hacia el suelo.

—¿Por qué? —la voz de Vegeta se oía anodina, Keel frunció el ceño, sintió como una gota de sudor le recorrió la sien y fue allí que se dio cuenta que estaba temblando. Relamió sus labios y levantó la cabeza, armándose de valor para enfrentar a su hijo.

—No lo sé —confesó, el rey estrechó los ojos, pero no dijo nada, esperando por una explicación más coherente. Keel contuvo el suspiro y continuó, nerviosa—. Me puse en su lugar, pensé… si fuera yo quien estaba moribunda y sin ver a mi nieto en tanto tiempo, me gustaría despedirme de él y de mi hijo…

—¿Esa es tu excusa? —cuestionó desde el fondo de su garganta, conteniendo la rabia—¿empatía?

—Llámalo como quieras —respondió y agachó la mirada—. Ella sabía que debía volver, no se iba a ir para siempre.

—¿Ahora son amigas? —dijo con ironía—¿sabes el castigo por desobedecer las órdenes del rey? —ella asintió, y casi sin fuerzas, levantó la mirada para observarle a los ojos, ver quizá por última vez, la mirada fría de su hijo—. No voy a matarte —Keel alzó ambas cejas al oírlo, Vegeta se levantó de su trono y bajó por la pequeña escalinata, su madre al verlo, se puso de pie lentamente y cuando ambos quedaron frente a frente, el rey siguió hablando sin dejar de mirarla a los ojos—. Agradecele a Tarble, se preocupó que tu estupidez no saliera del castillo. Hizo que todos los soldados involucrados en tu detención, firmaran un pacto de silencio, ni siquiera el consejo sabe lo que pasó, se quedó en familia.

Keel no parpadeó, se fijó en los ojos negros de su hijo y sintió los suyos humedecerse. No hacía falta que le confesara que habría sido capaz de matarla si su traición se hubiera sabido, y a pesar de que lo entendía, pues era lo que el protocolo dictaba, en ese momento la madre del rey comprendió lo emocional que se había vuelto con el pasar de los años, no podía evitar sentir dolor al pensar que su primogénito no tenía reparos en matarla si fuera necesario. Se preguntó por unos segundos si tenía que ver con la crianza que ella misma le había dado, y se alegró al no haber sido parte de la crianza de Tarble.

—¿Qué harás con ella? —preguntó después de unos minutos de silencio. No esperó una respuesta al ver como su semblante se ensombrecía, agachó la mirada y se hizo a un lado para dejarlo pasar, lo vio caminar imponente hacia la salida. Tragó en seco cuando las puertas se abrieron y tuvo que voltear hacia el trono para que no vieran las lágrimas que empezaron a caer y que no pudo controlar. El haber estado tan cerca de la muerte y en manos de su hijo, le había roto algo en su pecho.


(…)


Despertó de un brinco cuando oyó la cerradura de su celda abrirse, las luces estaban apagadas y la joven no pudo ver con claridad quién era el que estaba en la puerta. Sintió su pulso acelerarse, sudó frío al pensar que alguien intentaba matarla en medio de la noche y a pesar de que sabía debía defenderse, su voz no salió de su garganta y su cuerpo no se movió. Estaba apoyada en la pared, sentada en su cama, sin dejar de ver al saiyajin de pie del otro lado de su prisión.

—Bulma, soy yo —la voz de Tarble le hizo recuperar el aliento, suspiró aliviada y apoyó su mano en su pecho, intentando calmar los latidos de su corazón inquieto —Vegeta quiere verte.

Y su corazón se detuvo por segundos. No se movió, respiró profundamente y relamió su labio inferior. Llevaba dos semanas en prisión, a pesar de que no hablaban mucho, la ausencia de Keel le bajó el ánimo, estar sola casi todo el día le era deprimente. Lo único que la tenía calmada era que, al estar Vegeta en el planeta, Trunks estaba seguro y que su padre aun resistía postrado en cama. Suspiró angustiada y se bajó de la cama, se puso las zapatillas a oscuras, entonces frunció el ceño y volteó hacia el príncipe.

—¿Por qué no enciendes las luces? —preguntó— ¿va a matarme? —dijo con soltura, como si no fuera un asunto delicado.

—Puedo ver a oscuras, no se me ocurrió encenderlas —dijo Tarble—y… sabes bien que no te matará.

Ella no respondió. Salió de la celda lentamente, temiendo tropezar, pero la mano de Tarble sostuvo su brazo y sin decir nada, la guío hacia la salida. La joven contuvo el suspiro de alivio cuando pudo caminar por más de dos metros, en parte, estaba agradecida que la dejaran salir, estaba segura que su cordura no sería la misma si pasaba más tiempo en un espacio reducido y sin contacto social. Al llegar al pasillo, entrecerró sus ojos cuando la luz artificial le encandiló los ojos, se abrazó a sí misma y Tarble soltó su brazo. Caminaron en silencio, a pesar de que cada día despertó pensando que quizás ese sería el día en que tuviera que enfrentarse a Vegeta y los nervios la atacaban haciendo estragos en su cuerpo, ahora que estaba por pasar, se sentía calmada «¿qué más puede hacerme?» pensó, aunque había muchas respuestas que se le ocurrían, no tenía miedo.

Llegó al punto en que ya no le importaba. Lo que fuera a decirle, lo que le hiciera, ya no le interesaba. Tenía cosas más importantes con las que lidiar que con un saiyajin rabioso y obstinado. El tiempo que pasó sola en la celda le ayudó a pensar en su situación, a momentos se ponía ansiosa y nerviosa, pero más que nada por la incertidumbre, pero ahora que estaba por saber qué pasaría con ella, se sentía calmada. En el trayecto hacia los aposentos del rey, la joven no se fijó en el camino o en su entorno, solo caminaba abrazada a sí misma mirando las puntas de sus zapatillas. Tarble la miraba de reojo, intentando buscar alguna señal de su ánimo, pero la vio extrañamente tranquila, en parte aquello era bueno, uno de los dos debía estarlo, pues, aunque Vegeta aparentaba calma e indiferencia, sabía que estaba dolido y enojado, y en el rey, aquello era una mezcla peligrosa.

—Tu detención se manejó con discreción, como la de mi madre —comentó Tarble al llegar al pasillo en donde estaban los aposentos de los reyes—no creo que Vegeta tome alguna represalia, quédate tranquila.

—No tengo miedo —respondió mirándolo a los ojos—no de él al menos —suspiró y volteó hacia el pasillo, observando las puertas una frente a la otra. —Gracias por todo, Tarble —el saiyajin frunció el ceño, su pecho se apretó por segundos y antes de darse cuenta, su cola se había erizado.

—¡Oye! —exclamó molesto—mi hermano no te hará nada, no me agradezcas como si te estuvieras despidiendo —dijo y resopló. Bulma sonrió y negó meciendo su cabello desordenado.

—No me despedía, solo sentí que debía decirlo. Me has ayudado mucho… —susurró con nostalgia—bueno, no haré esperar al rey. —Murmuró con ironía.

Continuó caminando sola, no volteó para asegurarse que Tarble se hubiera ido. A medida que sus pasos la acercaban a la puerta de los aposentos del rey, su vientre se fue tensando y sintiéndose pesado, los nervios aparecieron de forma abrupta, toda la calma que había trabajado en su soledad se vino a pique ahora que estaba por enfrentarse al padre de su hijo. Se quedó de pie frente a la puerta de madera rojiza, giró hacia el otro extremo del pasillo y se encontró sola, el príncipe ya se había ido. Relamió su labio inferior y posó su mano en el picaporte, pensó en golpear, pero era absurdo hacerlo en esas instancias. Suspiró con pesadez y giró el pomo, empujó con determinación al mismo tiempo que ingresaba a la habitación, una vez dentro, cerró la puerta detrás de sí.

Sus ojos viraron por la habitación, no tardó en encontrar al rey sentado en un diván cerca del ventanal, bebía vino en una copa, sabía que él la había escuchado entrar, pero no la miraba. Bulma caminó hacia él, dando pasos lentos y dubitativos, alerta por si debía alejarse, aunque él pudiera atraparla en segundos, su instinto de supervivencia le hacía reaccionar así.

—¿Qué puedo hacer contigo? —la voz del rey la hizo detenerse, su tono se oía cansado, pero varonil. Observó que aun vestía su armadura, ella lucía una remera holgada y un pantalón de buzo que le habían llevado para pasar en su tiempo de prisionera. Pensó en una respuesta, pero la mano de Vegeta meciendo su copa le distrajo—. No puedo seguir siendo blando y permitir que hagas lo que quieras… —Bulma abrió sus labios para interrumpirle, para reclamar que ella estaba lejos de hacer lo que quisiera, pero la actitud de él le intimidó a pesar de que no estaba alzando la voz, su calma le inquietó. — ¿Qué es lo que propones?

Bulma contuvo el aliento cuando Vegeta volteó hacia ella. Sus ojos negros se quedaron fijos en los suyos, tantas veces se miraron de cerca, entre susurros y jadeos, y ahora, estando a unos metros de distancia, su mirada le estremeció. Sus tripas se revolvieron, su pecho subía y bajaba lentamente, como si de forma inconsciente estuviera guardando energías. El rey no lucía enojado, pero ella lo conocía, al menos un poco, y podía notar lo mucho que se estaba conteniendo, era una bomba de tiempo. Se rindió en ese momento, al menos en intentar leerlo, Vegeta era impredecible y el cansancio era mutuo. Suspiró y negó lentamente, él alzó una ceja sin dejar de contemplarla.

—Puedes… dejarme ir —murmuró encogiéndose de hombros. Vegeta frunció el ceño, infló su pecho de aire y de repente, la copa en su mano le estorbó, la soltó sin mirar el desastre que quedó en la alfombra, se quedó viendo a la joven, buscando miedo o nerviosismo en sus rasgos, pero no vio nada y eso le molestó aún más. Todos tenían razón, ella sabía que él estaba bajo sus encantos y por eso hacía y deshacía sin temor a las consecuencias, se sentía estúpido y a la vez, decepcionado, tanto de él como de ella.

—No —dijo tajante—eso no. No te irás de aquí, nunca. —Soltó en un tono ronco. La sangre se le calentó de rabia, ella insistía en abandonarlo y la idea le enfurecía, no entendía esa necesidad de dejarlo, sentía que la situación se le escapaba de las manos, que cualquier cosa que hiciera no era suficiente para ella. Iba a recriminarle, pero cuando la vio desplomarse en el suelo, caer de rodillas y luego sentarse en la alfombra sin mirarlo, derrotada, se quedó mudo observándola, se tensó al pensar que se pondría a llorar, no le era fácil lidiar con las lágrimas de Bulma o de su hijo, pero cuando la vio sonreír sin ganas, se quedó confundido en su sitio.

—Estoy cansada —susurró, sabiendo que él podía oírle de todas formas—. Estoy cansada de tu manipulación, de tu necesidad de control sobre mí, de tu obsesión… ya no puedo más… —reconoció, conteniendo las lágrimas por orgullo, a pesar de sentirse frágil en ese momento, no quería parecerlo ante él ni nadie. — ¿Por qué no simplemente me matas? Ya no puedo más, estoy agotada… —reconoció y levantó la mirada hacia él.

Vegeta abrió la boca para hablar, pero nada vino a su mente. Por segundos, a su memoria vino cada momento en que la abusó, maltrató física y psicológicamente y de forma inmediata se respondió «la cansaste», pero al mismo tiempo, en lo profundo de su inconsciente, una voz le susurró «no fue tu culpa, ella se lo buscó», ah… su bestia, la que dormía cuando Bulma lo atendía en las noches, pero despertaba con cada desplante de la joven. Apretó sus manos en puños, confundido y a la vez molesto, podía entender en parte su sentir, sin embargo, su lado egoísta le hacía constantemente pensar en sí mismo ¿quién pensaba en él y en lo mucho que ella le hacía sufrir?

—¿Y te atreves a pedírmelo? —preguntó conteniendo la rabia. Bulma agachó la mirada y mordió su mejilla interna derecha—crees que, si pudiera ¿no lo habría hecho? —cuestionó en un tono gutural, sintiendo como la rabia dominaba su cuerpo. Su petición era una burla a cada contradicción por la que pasó, cada vez que pensó en hacer lo correcto y que sus sentimientos le impidieron actuar y seguir los protocolos de su pueblo. Si aprendió a lidiar con ello, fue por lo que ella le hacía sentir y ¿osaba en refregárselo en la cara? ¿cuánto más iba a humillarlo? Resopló molesto, mirándola con incredulidad y a la vez, rencor. La joven seguía sentada en el suelo, lucía calmada.

—¿Y por qué no puedes? —preguntó ella y Vegeta la miró boquiabierto.

No supo qué responder, hacerlo era reconocer lo que sentía por ella y a la vez, se molestó porque ella lo preguntara ¿qué más debía hacer para que se diera cuenta? Después de todo lo que había hecho por ella, todavía ponía en duda sus sentimientos hacia ella y no se le hacía justo «no merece tu misericordia, solo se burla de ti» le susurró su bestia. Respiró profundamente, pensando qué hacer o qué decir, pero se quedó tenso en su sitio cuando la vio pararse. La joven le miró seria, tenía las mejillas sonrosadas, sus ojos azules se veían brillantes y llenos de vida, la vio caminar hacia él, y como si fuera un crío inexperto, se puso nervioso con su proximidad. Bulma se quedó de pie frente a sus rodillas, a pesar de estar viéndolo desde arriba, no lo miraba con recelo o desprecio, sino que con curiosidad.

—No es porque me deseas —susurró Bulma. Sentía su corazón latir a toda prisa, tenía miedo y estaba llena de ansiedad por lo que estaba por hacer, pero no iba a parar, en ese momento en que reconoció lo agotada que estaba entendió que no solo estaba harta de lo que él le hacía, sino que también de lo que no decía. Años de confusión e inseguridad cargaba en su espalda, y quería soltar ese peso. — Hay muchas mujeres que pueden satisfacerte mejor que yo… ¿por qué no quieres dejarme ir? —le cuestionó, y por primera vez vio miedo en sus ojos negros. Abrió la boca sorprendida, él desvió la mirada, tragó saliva, nerviosa—. ¿Qué es lo que sientes por mí? —¡lo había dicho! no había sido tan difícil, ahora su estómago revolvía lo que aún no digería, nerviosa por su respuesta.

Vegeta no la miró, se sintió pequeño en su silla, no pudo evitar recordar a su hijo cuando lo regañaba y agachaba la mirada apenado, se sentía de la misma forma. Las preguntas de Bulma le quebraron, sentía su corazón latirle deprisa, sudaba frío y trataba de controlar los temblores de su cuerpo, su rabo se apretó en su cintura, reacia a exhibir lo mismo que él pensaba, lo que sentía por ella. Estaba atrapado, la pregunta había quedado en el aire y no sabía qué responder, había pensado muchas veces en decirle que la amaba, pero ¿qué le diría ella? le dolía pensar que sabía la respuesta, que lo que sentía no era mutuo y por lo mismo no quería exponerse, tenía miedo, estaba aterrado en su silla, quería escapar de allí, que sus ojos azules dejaran de estudiarlo.

—¿Me amas? —susurró ella y él volteó a verla. Observó sus ojos azules y luego sus labios rosados, subió hasta sus ojos nuevamente y negó meciendo su cabeza lentamente, al mismo tiempo que medio sonreía sin ganas. Ella alzó ambas cejas al verlo, le pareció que el brillo en sus ojos se esfumó por unos segundos, como si la desilusión se instalara en sus orbes zafiro. Sintió su pecho apretar su corazón, los latidos golpearon más fuerte su caja toráxica y sin pensarlo, respondió con la voz quebrada.

—¿Por qué crees que no puedo dejarte ir? —Bulma contuvo el aliento por unos segundos, expectante de sus palabras, se secó el sudor de las palmas con disimulo en su pantalón holgado— ¿por qué crees que no pude cumplir con mi deber, y asesinarte por cada humillación y traición que me has hecho?

Bulma contuvo el aliento, su mente trabajó rápido infiriendo la respuesta de sus preguntas, y cuando lo entendió, su corazón latió deprisa, sus ojos se humedecieron nuevamente, pero no dejó salir ninguna lágrima. Observó sus ojos negros, los vio por primera vez en mucho tiempo, expresivos, acordes a sus rasgos de vulnerabilidad, y, aun así, no fue suficiente para ella. No después de todas las cosas por las que habían pasado. Sentía el cuerpo caliente, las mejillas le ardían al punto de que le avergonzaba, pero no se guardó nada, era el momento de dejar salir todo lo que pensaba, todo lo que sentía.

—¿Me amas? —repitió en un tono trémulo y cuando se oyó, se percató que todo su cuerpo temblaba. Ambos estaban en las mismas condiciones, nerviosos y vulnerables, cada uno lidiando con sus propios miedos e inseguridades.

Vegeta tragó con dificultad, suspiró con disimulo, casi dejando ir el aire que retenía, por una parte, su bestia le susurraba una respuesta, pero estaba harto de oírla, de luchar con lo que sentía, de actuar y fingir por su orgullo cuando la amaba profundamente. Levantó la barbilla y controló los temblores, relamió su labio inferior y sin dejar de mirar sus ojos, queriendo no perderse ningún momento de su reacción, murmuró derrotado.

—Desde hace años —respondió y Bulma se paralizó, entreabrió sus labios para responder, pero no dijo nada, no pudo. Su mente no hacía conexión con su lengua. Lo primero que pudo comprender, fue la negación, intentaba pensar en excusas para debatir lo que acababa de decirle, no lograba creer, no quería creer que lo que había esperado oír con tanta ilusión cuando era su esposa, lo oía ahora, rompiéndola en mil pedacitos.

—No —negó meciendo su cabello—no es amor ¿no lo ves? —Vegeta frunció el ceño al oírla—si me amaras, no me habrías hecho tanto daño… no es amor lo que sientes ¿no te das cuenta? —dijo sin fuerzas.

—¿Cómo puedes saber lo que siento? —le cuestionó enojado, respirando agitado, pero su rabia disminuyó cuando la vio asentir, dándole la razón. Ella se acercó un poco más, en el espacio entre sus piernas y él olvidó cualquier enojo o nerviosismo por exponer sus sentimientos, iba a sujetar sus caderas, pero al ver su rostro serio y afligido, se arrepintió. Tragó con disimulo, pensando que ahora era el momento en que ella lo rechazaba y estaba aterrado por oírlo, pero necesitaba hacerlo, debía enfrentar la situación.

—Tienes razón —concordó la princesa—no puedo saber lo que sientes, porque no soy tú… yo —tragó nerviosa, el calor en sus mejillas se hizo insoportable. Agachó la mirada avergonzada por unos segundos, se armó de valor y volvió a verle, él esperaba atento por sus palabras, respiró profundamente y continuó—… yo te amaba. Creí amarte —relamió sus labios—pero entendí que no era normal amarte después de todo lo que me hiciste y que el Vegeta que yo amaba, no era real… no es amor lo que hay entre nosotros.

—No hables por mí —dijo, apretando las manos en puños. Lo único que quedó grabado en su mente fue su declaración en tiempo pasado, ella no lo amaba ahora y eso le sacudió a pesar de que ya sabía que era así. Su bestia se inquietó en su interior, molesta y con sed de sangre, la que fuese, de ella o suya, o de un tercero, necesitaba desquitarse.

—Vegeta —dijo sin fuerzas, se le hacía difícil contener las lágrimas. Se inclinó hasta la altura de su rostro y acarició sus mejillas con suavidad, sus ojos se contemplaron en silencio por varios segundos, él estaba tenso en su sitio, por un momento pensó en besarlo, pero dejó la idea en el olvido, no era el momento de sumarle más confusión a su plática—. Lo que hay entre nosotros, no es sano. Ni para ti, ni para mí. —El rey negó lentamente, y la joven tragó con dificultad, él estaba cerrado a cualquier respuesta que no fuera positiva y eso hacía más difícil la situación—. No es justo que tengas a tu lado una mujer como yo, que no respeta tus decisiones y que no te da lo que mereces… —él frunció el ceño, respiraba agitado, como si le costara trabajo entender lo que le decía. —No es justo para mí, vivir al lado de un hombre que me controla y me obliga a estar con él. No es sano para ninguno… —susurró, cerró sus ojos unos segundos, aun sabiendo que lo que diría podía desatar una tempestad, no se contuvo—. Si quieres demostrarme que me amas, déjame ir.

Vegeta abrió los ojos de par en par, contuvo la respiración por unos segundos y cuando volvió a respirar, sintió que el pecho le apretaba y que cada aliento le ardía en la garganta y en sus fosas nasales, frunció el ceño molesto, con él, con ella, con lo que sentía y ya no pudiendo controlarse más, se aferró a su cintura y enterró su rostro en su vientre al mismo tiempo que rodeaba su cuerpo con sus brazos, abrazándola fuerte contra su rostro, escondiendo sus lágrimas. Sabía que lo que ella decía era verdad, era lo que siempre se lamentaba cuando veía sus desaires, pero nunca pensó en lo mucho que él perjudicaba a la relación. Era consciente del daño que le había hecho, no solo cuando vivían juntos, también cuando volvieron a verse, cada palabra cruel, trato e insulto, y se sintió el hombre más imbécil del universo ¿cómo podía esperar que ella le correspondiera después de tanto daño? En ese momento, no estaba de acuerdo en lo que ella había dicho, él no la merecía porque no pudiera acatar sus órdenes o no le diera lo que merecía, él no la merecía porque ella era demasiado buena para él. Se había encargado de dañar cada parte de ella, hasta reducirla a una mujer que él mismo desconocía. En ese momento, incluso su bestia guardó silencio, todo rencor u odio que había guardado para la joven se esfumó dejando nada más que culpa y dolor. Sus hombros se sacudieron, poco a poco su voz se hizo oír ya no pudiendo controlar ni siquiera sus sollozos, sabía que ella ya había notado que lloraba, apenas sintió su mano acariciar su cabello y la otra frotar su espalda en un consuelo gentil, supo que ya no había nada más que esconderle. De repente, aquello le hizo sentir de cierta forma, liberado, tantos años fingiendo, actuando, controlándose, escondiendo lo que sentía por ella, reaccionando según lo que se esperaba en vez de lo que quería, fue soltando aquellas cargas en cada sollozo que amortiguaba en el vientre de su Bulma.

Las lágrimas caían lentamente por sus mejillas acaloradas, veía su melena negra y enredaba sus dedos en sus mechones espesos, intentando mimarlo. De todas las respuestas que pensó podía darle, jamás esperó que se derrumbara de ese modo. Sus latidos dolían en su pecho, respirar se le hacía difícil y a la vez, se alegraba de estar viviéndolo. De pronto su armadura sobraba, quería sentir el calor de su cuerpo en su palma mientras le acariciaba, quería cobijar su dolor. Cada lágrima que él le hizo derramar la sintió diminuta en comparación al llanto del rey, en cada sollozo sentía que su alma se desgarraba, la abrazaba con fuerza, no queriendo soltarla porque sabía que cuando lo hiciera, ya no volverían abrazarse así. Él iba a dejarla ir, porque la amaba, y si ahora lloraba con esa intensidad era porque le dolía, porque no quería separarse de ella y empezaba a pensar que tampoco quería hacerlo solo para no hacerle sentir de ese modo. Pero debía ser firme, como le había dicho, su relación no le hacía bien a ninguno, debían sanarse. Muchas veces lo pensó, pero siempre considerando solo sus sentimientos, ahora que veía lo mucho que sufría Vegeta, comprendió que ambos necesitaban tiempo, y estar enfrentándolo ahora era difícil, dolía y no podía contener el llanto, al igual que él.

Estuvieron abrazados sin dejar de llorar por al menos cinco minutos, se quedaron en silencio por otros cinco minutos, ella sin dejar de acariciar su cabello y su espalda, y él respirando poco a poco con más calma, sintiendo el calor que su cuerpo femenino emanaba. Le dolía el pecho, la cabeza le daba vueltas y le costaba trabajar en una oración coherente, se encontraba solo con sus pensamientos, de pronto notó que el rencor y odio había formado a su bestia y que ahora que no lo sentía, se había esfumado y solo quedaba él, con su arrepentimiento, su tristeza y su corazón roto. Se alejó lentamente de su vientre, y sin dejar de abrazarla levantó la vista hacia ella. Bulma seguía llorando, pero a diferencia de él, su llanto era silencioso, tenía los ojos irritados y rojos, haciendo que el azul de sus orbes se destacara, la punta de su nariz estaba roja al igual que sus mejillas. Se preguntó si él se veía igual de lamentable, medio sonrió al pensarlo. A pesar de estar así de expuesto, no sintió vergüenza, si era Bulma quien lo veía en ese estado, no importaba. Relamió su labio inferior y bajó sus manos a sus caderas, sosteniéndolas con suavidad y sin dejar de mirarla, susurró en un tono de voz cargado de emoción.

—Discúlpame —Bulma frunció el ceño al oírlo, olfateó sus mocos con disimulo y le miró sin esconder su asombro, él pareció entender su confusión, negó apenado y dijo con más fuerza—por todo lo que te hice. Desde que te conocí, hasta ahora. Realmente lo siento. —Y Bulma se congeló, contuvo la respiración por varios segundos, su vista se volvió borrosa y sin poder contener más las lágrimas silenciosas, estalló en un llanto ruidoso y cargado de dolor. Se inclinó hacia él y lo abrazó, él correspondió su abrazo, cerró sus ojos y fue su turno de llorar en silencio, y ella descontrolada hundiendo su perfil en su cuello. Él la sentó en sus piernas para que estuviera más cómoda, ella no protestó, lo único que hacía era esconder su rostro en su cuello sin dejar de llorar. —Si quieres irte, no te detendré —le susurró después que ambos se calmaron. Bulma se alejó de su cuello para mirarlo. —Pero mi hijo no saldrá del planeta a esta edad.

—Es solo para que vea a mi padre —murmuró entre llanto, sin poder controlarse del todo, él negó meciendo la cabeza y ella volvió a estallar en llanto, agachó la mirada derrotada, sintió su mano apartar un mechón de su cabello y levantó la vista hacia él.

—Dejaré que lo veas, puedes visitarlo cuando quieras. O si no quieres venir… podemos coordinar visitas cuando cumpla 5, pero por ahora, no lo dejaré salir. —Bulma asintió, un poco más calmada al oír que a pesar de todo, no dejaría de ver a Trunks y sin querer prolongar más la situación, se alejó lentamente de su cuerpo y se bajó de sus piernas, Vegeta agachó la mirada al comprender su decisión, sentía un nudo en su garganta que reflejaba la angustia que le amenazaba por su inminente partida, aun así, con todo lo que le dolía decirlo, murmuró—. Ordenaré que preparen una nave en 15 minutos.


(…)


Dio la orden de que nadie estuviera en el aeropuerto espacial al momento de su llegada. Sentía el pecho pesado, le era difícil despegar la suela de sus botas del piso en cada paso que daba, sabía que mientras antes llegaran, más pronto estaría sin ella, debía controlarse, no podía detenerse a medio camino y rehusarse a avanzar como lo hacía su hijo cuando lo llevaban a ver a su medio hermano. Sonrió al pensarlo, suspiró con disimulo, era más fácil despedirla ahí y no acompañarla al aeropuerto, más fácil de soportar, sin embargo, sentía que debía verla partir, convencerse de que se iría. Sabía, sin siquiera preguntarle, que ella no volvería a él. Bulma había sido clara, necesitaban separarse, su relación no era sana, y aunque en ese momento no lo consideraba así, pues prefería seguir con ella en vez de pensar si lo que tenían era sano o no, respetaba su decisión. Cuando se había disculpado, lo había hecho en serio, no volvería a imponerle lo que pensaba o sentía, si quería irse, no se opondría.

Bulma caminaba un paso detrás de él, observaba su mano desde la distancia y se imaginó tomándola, y caminar juntos de la mano, sonrió con la escena que se formó en su cabeza, pero no se atrevió. Estaban separándose, hacer aquello solo confundiría más sus mentes, y es que, estando ya en esa circunstancia, a punto de tener su libertad sin engaños ni trucos, le recordaba que lo de ellos empezaba a terminar y la idea le dolía. Volvió a mirar su mano ¿alguna vez la tomó en algún pasillo a vista y presencia de todos? No, nunca. Era de esas situaciones normales de pareja, pero no para ellos, nunca fueron una pareja como tal. Era raro que un matrimonio arreglado resultara bien, a ellos no les resultó, pero no porque no se quisieran, ahora lo sabía. Cuando ella esperaba por alguna demostración de amor de su parte, él se esforzaba en esconderle lo que ella anhelaba. Él la amó, a su manera, pero la amó y ella a él, y aún así, habían terminado heridos. Suspiró cansada, faltaban unas horas para el amanecer, quiso pasar antes a despedirse de su hijo, pero no tuvo el valor. Se consolaba pensando que Vegeta le permitiría verlo, y confiaba en su palabra.

Cuando llegaron al aeropuerto, había solo una nave aparcada, encendida y con la puerta abierta, no había técnicos alrededor. Bulma reconoció la tecnología de la máquina, sabía usarla, no era una máquina grande, tampoco individual, parecida a la que Keel había preparado antes, pero ésta era de mejor calidad. Volvió a suspirar, sintiendo el vientre pesado y tenso a la vez, sus ojos se humedecieron y temía voltear a verlo, ver la tristeza en sus ojos negros y romper en llanto otra vez. Sentía los ojos arderle por tanto llorar, imaginaba que él se sentía igual.

—Vete ya —le oyó decir en un tono taciturno, giró hacia él y lo encontró observándola. No estaba molesto, lucía calmado, pero sus ojos se veían melancólicos—antes de que me arrepienta y cambie de opinión. —Dijo alzando la barbilla, apuntando hacia la máquina. Bulma sonrió al oírlo, y él igual, le regaló una sonrisa torcida que tanto de las que tanto le gustaban. Contuvo el aliento por unos segundos y susurró al borde del llanto, sintiendo sus mejillas sonrojarse nuevamente.

—Cuida de Trunks, por favor —Vegeta frunció el ceño al oírla y ella se apresuró en explicar—sé que lo harás… eres un excelente padre. —Susurró agachando la mirada—. Gracias… —debía irse, lo sabía, pero no podía dejar de ver sus ojos y él los suyos, Bulma sonrió nerviosa y volteó hacia la nave, su cuerpo estaba inmóvil, como si estuviera atada al cerámico, tragó con disimulo y sin mirarlo, murmuró—. Adiós —se despidió y se obligó a caminar hacia la nave.

Vegeta sintió que una parte de él se fue con ella, sintió sus ojos humedecerse otra vez, agachó la mirada por unos segundos y cuando volvió a levantar la vista, vio a la princesa regresar dando pasos largos, y antes de preguntar algo, ella se lanzó a su pecho, rodeó su cuello con sus brazos y lo besó en la boca. Abrió los ojos de par en par cuando sintió sus labios húmedos sobre los suyos, pero no tardó en responderle, sus manos se aferraron a su cintura para no dejarla ir por al menos unos segundos, sintiendo su calor una vez más. Cerró sus ojos para sentir en su totalidad lo mucho que ella le provocaba, sus labios se movían en completa sincronía, enredaron sus lenguas como tantas veces y cuando ella se alejó lentamente de sus labios, respiraron agitados por la falta de aire. Bulma contempló sus ojos negros y volvió a besarle, un beso breve, casi rozando su boca y bajó sus brazos, y él soltó su cintura, entendiendo que su tiempo se había terminado.

La joven se apartó rápido de su cuerpo y sin decir una palabra, corrió hacia la nave. Vegeta se estremeció cuando dejó de sentir su calor, y sin darse cuenta, comenzó a llorar otra vez al ver su espalda alejarse. Su cuerpo entero se estremecía con cada sollozo, su vista se nubló por unos segundos, iba a limpiarse los ojos cuando oyó pasos detrás.

—¿A dónde va mama? —el rey giró bruscamente al oír a su hijo, no había sentido su presencia acercarse, miró a todos lados al verlo solo, supuso que nuevamente se había escapado de su habitación. Frunció el ceño preocupado, el camino desde su habitación al aeropuerto espacial era largo.

—¿Qué haces aquí y a esta hora? —preguntó intentando sonreír, se agachó y lo tomó en brazos, el niño seguía vistiendo su pijama. Trunks no respondió, en cambio, se quedó viendo como su madre subía por la rampa de la nave, Vegeta notó su mirada y murmuró—. Tu madre irá a ver a su papá que está enfermo, debes portarte bien, eres un niño grande ¿no? —Trunks asintió.

El príncipe iba a hablar, a explicar que había despertado y los sintió caminar por el pasillo, y como no veía a su madre hace días, quiso saludarla, pero cuando volteó a hablarle, notó que su padre estaba llorando mientras miraba a su madre irse. Frunció sus espesas cejas y volteó hacia la nave, su madre no volteó hacia atrás en ningún momento, vio como la rampa se escondía y la puerta se cerraba, su padre lo abrazó con más fuerza y confundido, pensó en el porqué su padre estaba triste si ella solo se había ido a ver a su abuelo, miró de soslayo el último destello de su cabello turquesa y la puerta de la máquina cerrarse. La nave ronroneó ruidosa y en menos de cinco segundos, se elevó rápidamente hacia el cielo, dejando una estela de humo y fuego por la fuerza de despegue. Su padre no dejó de abrazarle, lo sintió estremecerse, él seguía llorando, entonces lo comprendió que ella no volvería, los había abandonado a ambos.

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N/A: No pensé en llegar tan lejos hahaha no mentira, quiero decir, estaba muy ansiosa por llegar a esta parte. A pesar de que faltan creo, 12 cap, siento que entré a la recta final del fic y no sé como sentirme, en parte ansiosa y a la vez, me cuesta creer que ya estoy en estas instancias. El 15 de junio cumple 5 años esta historia. Y me refiero a la historia y no al fic, porque comenzó con GTC y hace 5 años que publiqué el primer cap de GTC. 5 años y por fin reconocen lo que sienten, 5 años... dios xD no quiero dejar una nota larga, pero quería enfatizar en la decisión de ambos, de soltarse, Bulma siempre tuvo claro que lo de ellos era tóxico, él no lo veía de esa forma, pero sincerarse y oírla a ella igual de vulnerable le hizo entender que sus errores, que lo que muchas veces le hizo y él lo consideraba normal, había dañado a Bulma y que si la relación estaba como estaba, no solo era porque ella no lo amara como tal. Deben sanarse, como individuos, es necesario.

El próximo cap viene con un salto en el tiempo, de 6 años, pero lo mencionaré dentro del cap.

No quiero comentar mucho más, no sé si se entendió pero quien traicionó a Keel fue el tipo de las cámaras de seguridad xD él trabajaba para Riander xD Bueno ya, no diré más, mis ojos arden, los dedos los tengo heladitos y tengo mucho que procesar.

Espero que no hayan muchas faltas ortográficas, letras sobrantes o faltantes x-x

Muchas gracias por su apoyo y rw, esta vez podré responderlos! :D

Nos leemos y se cuidan! bye bye