Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de la serie u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide con algunas cosas de la serie, pero otras son modificadas o inventadas.
Capítulo 16
Sookie sintió su móvil vibrar en el bolsillo de su short negro, y tras dejar la bandeja en la barra y ver que Sam no estaba cerca, sacó el móvil rápido para echar un vistazo a la pantalla, extrañándose y asustándose a la par cuando vio el nombre de Eric, pues aún era pronto para la hora de reunirse.
-¿Qué pasa, Eric? –Descolgó mientras corría hacia el baño.
-Lil está en peligro, estoy sintiendo su miedo; y al contrario de lo que me dijiste anoche, no está trabajando en el Merlotte. –Dijo con un tono que rozaba el enfado, aunque la camarera lo ignoró por el miedo que sintió.
-Oh, Dios. Está en Nueva Orleans, en la casa de su abuela, ¿qué... ¿Eric? ¡Eric!
Sookie salió del aseo espetando un improperio al descubrir que el vampiro la había colgado, llamando rápido al móvil de su amiga, pero nadie respondía al otro lado, con lo que optó por intentarlo con Eric, aún sabiendo que la ignoraría.
-¡Eh, Sookie! No puedes dejar tus mesas desatendidas, estamos a tope. Ya sabes lo que os tengo dicho sobre el teléfono. –Habló con mala gana el dueño del bar cuando vio a su empleada salir del pasillo.
-Sam, de veras que lo siento, pero es una emergencia real. Lil está en peligro y a más de 200 kilómetros de aquí, ¡joder!
El rubio se quedó callado y perplejo al ver como la chica guardaba el móvil y salía corriendo del establecimiento sin decir nada, visiblemente preocupada.
Eric aterrizó vertiginosamente delante de la casa donde sentía a Lil, observando la puerta de la entrada abierta y los cristales rotos, escuchando los gritos y sollozos de la mujer pidiéndole a alguien que parara, aunque él mismo sintió como aquella presencia se largaba veloz al haberlo sentido.
-¡Lil!, ¡Lil soy Eric, invítame a pasar! –Gritó para que ella pudiera oírle desde el segundo piso, escuchando la respuesta desesperada poco después.
-¡Eric, entra, por favor! ¡No dejes que entre! ¡ayúdame, por favor!
El vampiro subió veloz hasta plantarse en el dormitorio donde la chica estaba sentada en el suelo junto a la cama, rodeada de los cristales rotos de las ventanas del cuarto. Eric se agachó junto a ella rápidamente, y Lil comenzó a hablar veloz, sujetándolo de la chaqueta.
-¡Está fuera destrozando todo, no dejes que entre, por favor, no dejes que entre!
-Ya se ha ido, Lil. Estás a salvo, tranquilízate. –Habló el hombre mientras agarraba su cara para que lo mirara fijamente.
La chica asintió un instante después, pero pronto rompió a llorar y enterró la cara en el pecho del rubio, quien la abrazó con suavidad sin decir nada.
Poco después el teléfono del hombre comenzó a sonar, con lo que lo sacó con una mano de su chaqueta, y sin dejar de abrazar a la morena con su otro brazo, contestó.
-¡Eric! ¿Estás con Lil? ¿¡Qué pasa!?
-Está bien, estoy con ella. –Respondió a Sookie lacónicamente. –Ve con Jessica a la casa de la bruja y realizad el hechizo. Mañana saldremos a buscarlo y lo encerraremos hasta la luna llena.
-¿Y qué pasa con Lil? ¿Está bien? ¿Qué ha pasado, Eric?
-No estoy seguro, pero no está herida. La llevaré a casa. Haz lo que he dicho.
Eric colgó sin darle a Sookie tiempo siquiera de responder, notando como Lil ya no estaba abrazada a él y limpiaba sus lágrimas de forma disimulada. Sentía su vergüenza como si fuera la suya propia ante tal intensidad.
-Lo siento... –susurró la joven-. ¿Cómo sabías dónde ir exactamente?
-Tenemos un vínculo, aunque trates de olvidarlo. Sé cómo te sientes y dónde estás a cada segundo. ¿Quién quería atacarte? Era un vampiro, no podía entrar en la casa, y en cuanto me ha oído se ha largado.
-Si no te importa, me gustaría irme de aquí cuanto antes y... hablar después. Por favor.
-Está bien. Recoge tus cosas y me ocuparé de que alguien arregle todo esto. –Dijo el vampiro mientras se levantaba y ayudaba a la chica.
-Gracias.
Eric asintió levemente mientras continuaban contemplándose fijamente, hasta que él se alejó sacando su teléfono y dándole intimidad para terminar de prepararse, sintiendo el corazón de la chica latir rápidamente, y sus contrastados sentimientos hacia él.
La media noche había caído hacía un par de horas, y la camioneta de Lil conducida por Eric estaba casi llegando a la entrada de Bon Temps.
La chica estaba más que sorprendida por la actitud del vampiro aquella noche. No le había preguntado nada desde que iniciaron el viaje, respetando sus ganas de silencio; no había dicho nada desagradable en todo aquel tiempo, e incluso se había ocupado de dejar atada y pagada la reparación de los cristales, aunque Lil había repetido hasta la saciedad que aquello no era necesario. No obstante, él la obligó a aceptarlo como pago por su ayuda aquellos días con la Autoridad.
-Mi abuela era bruja. He encontrado su libro de hechizos. –Habló de repente, sorprendiéndose a sí misma por la necesidad de hacerlo. –Madeleine tenía razón. Yo también lo soy; bueno, una parte de mí.
-Si aprendes a manejar tu poder, serás muy valiosa, mucho más de lo que lo eres ahora.
Lil lo miró un instante, obligándose a apartar la vista al sentir de nuevo aquel deseo del vínculo, y habló para distraerse.
-¿Sookie y Jessica ya habrán acabado en casa de Madeleine?
-Sí. Ese hechizo es sencillo. Ya deben saber dónde está Bill.
-¿Dónde pensáis recluirlo hasta el momento adecuado? Es mucho más fuerte ahora.
-Lo encadenaré concienzudamente en mi sótano del club. No va a volver a escaparse.
Lil asintió y miró por la ventana, aliviada de llegar ante la casa Stackhouse al fin.
Ambos salieron del coche, y Lil sacó del maletero con rapidez la maleta donde se hallaban sus pocas pertenencias y el gran grimorio, dejándola apoyada contra la pared de entrada para despedirse del hombre, sintiéndose ridículamente nerviosa y avergonzada, pero se sentía en la obligación moral de contarle lo ocurrido después de todo.
-El que destrozó los cristales y quería entrar en casa era mi exnovio, Alfred. Se ha convertido en vampiro, lo que es asquerosamente terrorífico sabiendo la mentalidad de adolescente que tiene. No sé cómo coño se ha enterado de que estaba allí.
-¿Qué quería?
-Molestar, aunque tampoco le di tiempo a decir mucho, pero siendo tan gilipollas como es, no me extrañaría que quisiera que volviéramos. –Dijo con enfado la joven, haciendo que Eric alzara una ceja levemente sin dejar de mirarla.
-Por el odio que siento que le tienes, debió de joderte mucho.
-Me engañó. Lo pillé con una tía en la cama cuando volví del trabajo. Siempre había sido de los que miraba a las demás y eso, pero no creí que fuera capaz de llegar a eso. Pensé que me quería.
Lil apartó la vista del rubio cuando sintió que las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos, consiguiéndolo una de ellas a poco tiempo, pero la limpió con velocidad y volvió a hablar, fingiendo que nada ocurría.
-Gracias por lo que has hecho por mí hoy, Eric. Muchas gracias. Ha sido agradable no tener que discutir, para variar. Te veré mañana para lo de Bill.
La morena sonrió levemente y trató de girarse para caminar hacia la puerta, pero el vampiro la sujetó de forma veloz para detenerla, quedando muy cerca de ella mientras clavaba sus ojos azules en los marrones de la camarera, pasando a besarla con intensidad, sin mediar palabra.
Lil no pudo resistirse a las emociones magnificadas del vínculo de sangre y respondió al vampiro, sintiendo a su vez lo que él sentía, y era realmente confuso porque no se trataba de simple lujuria, además de que aquella ansiedad que demostraba la descolocó tremendamente, pero era incapaz de parar. Deseaba aquello, lo deseaba a él.
Finalmente fue Eric quien se separó casi de forma brusca, mostrando a la joven su colmillos desplegados antes de retraerlos y alejarse con su super velocidad sin decir nada, dejando a Lil muy confundida y al borde del infarto ante tantas emociones. A pesar de que Eric se había ido, aún podía sentir dentro las ganas que él había sentido de morderla, y por un segundo pensó que aquello lo había empujado a marcharse de esa forma, pero pronto borró aquella estupidez de su cabeza. Era Eric Northman, hacía lo que quería sin reprimirse, ¿por qué iba a haberlo hecho?
La joven se obligó a dejar de pensar en él y toda la vorágine sin sentido que lo rodeaba, para coger la maleta y entrar dentro de la casa, no deseando nada más que dormir y perder la conciencia gracias al sueño, aunque supiera que aquello sólo ocurriría unas pocas horas.
