Capítulo 40

El sonido de la radio del coche de Sookie era lo único que venía escuchándose desde que habían emprendido el viaje a Nueva Orleans.

La rubia había estado debatiéndose más de una hora sobre hablar o no de lo ocurrido con su amiga, quien perdía la vista en el paisaje del camino, tratando de apagar su cabeza, sin éxito. Sookie no podía bloquear del todo su don de lectura mental, y se sentía apenada por la morena y su sentimiento de culpa, así como por su preocupación.

Ante la visión de que aún quedaba algo más de otra hora de viaje, la rubia decidió finalmente hablar. Aunque Lil no quisiera, lo necesitaba, era evidente.

-¿No has intentado llamar a Will antes de que se fuera a trabajar?

-No. No iba a cogerme el teléfono igualmente, así que para qué. Igualmente, no tengo muchas fuerzas para eso ahora mismo; no quiero discutir más.

Stackhouse hizo un leve silencio, tragando antes de tomar la palabra de nuevo, dudando en decir aquel nombre.

-Aunque fuera un cabrón, Eric tuvo razón en algo. Will entenderá tu perspectiva, Lil. Estaba en caliente y el enfado pudo más que él. Os queréis, y todo se arreglará enseguida.

-Eso lo sé, Sook. Sé que lo resolveremos, pero ya no hay vuelta atrás en que sepa las cosas y tenga que meterse en esta mierda, por mí. Ya sabes lo que pasa cuando alguien se acerca; acaba jodido, aunque sea indirectamente. Tiene una hija, es demasiado vulnerable en demasiados aspectos y tiene responsabilidades muy grandes.

-Entiendo muy bien lo que me dices, ya lo sabes. Quizás podáis llegar a un pacto. Le cuentas la verdad, pero él no intervendrá en ningún modo. Eres bruja, ahora puedes defenderte, podemos defendernos. Él no tiene magia, no tiene alternativa.

-No sé… No es mal plan, pero no sé si accederá. Tengo miedo de que puedan hacerle daño por nuestras movidas. No sabemos dónde coño va a llegar esto, Sook.

-Vamos a pararlo antes de que se descontrole, estamos en ello, Lil. En una hora llegaremos a Nueva Orleans y hablaremos con esa bruja. Tenemos que tener esperanza, aunque sea difícil.

-Ya… -Susurró con poco convencimiento, perdiendo la vista en el paisaje de nuevo, girándose en cuanto escuchó las palabras de Stackhouse.

-Además, tenemos aliados fuertes para ir a por Earl, y aunque no podamos confiar en esos peces gordos vampiros, sí que podemos hacerlo de Eric.

-¿En serio, Sook? -Preguntó de forma cansada, cruzando sus ojos con los de la rubia unos instantes.

-Sí, lo creo en serio, Lil. Tiene palabra, tú lo sabes también. Ha prometido protegernos y ayudarnos, y estoy segura de que lo hará de verdad, pase lo que pase. También creo, y sé que vas a mandarme a la mierda, que le importas más de lo que se permite admitirse a sí mismo. Siente algo por ti, más allá de lo evidente.

-No vayas por ahí, por favor…

-Está bien, pero sólo te recuerdo lo que tú misma me has dicho, Lil. Sintiendo lo que él siente…

-Sookie -la cortó abruptamente, hablando con seriedad-. Es un vampiro de más de 1000 años, es caprichoso y un altivo. No es una buena idea para nada, ¿Cómo podría eso funcionar? Es imposible que saliera bien.

-Lo siento, Lil. Ojalá pudiera ayudarte. -Se rindió la rubia, sabiendo que no podía rebatir aquello.

-Ya lo haces, muchas gracias.

Sookie sonrió para responder al mismo gesto que su prima, volviendo a centrarse en la carretera, mientras apretaba una de las manos de la morena.


La pareja bajó del vehículo, encaminándose hacia la entrada de aquella casa de dos plantas a las afueras de la gran ciudad, rodeada de un bello jardín.

Sookie llamó con los nudillos a la puerta, compartiendo con Lil una breve mirada nerviosa hasta que escucharon pasos avanzar hacia la entrada, haciendo que ambas se tensaran levemente.

-¿Puedo ayudaros, jovencitas?

Las camareras contemplaron a la mujer delgada que apareció ante ellas. Sus ojos verdes escudriñaron aquellas caras extrañas mientras pasaba a atusarse el pelo corto y rizado teñido de castaño.

-Hola, señora Lorde. Venimos desde Bon Temps porque necesitamos su ayuda. Mi nombre es Sookie Stackhouse, y ella es Lil Sandford. Seguramente conoció a su abuela, Denna, aunque fuera de oídas. Son todas del mismo aquelarre.

-Pasad; no deberíamos hablar de esto en la calle. -Se apresuró a decir con un evidente cambio de tono, haciéndose a un lado para que ellas entraran.

Las jóvenes siguieron a la anciana hasta el amplio salón, tomando asiento en un sofá blanco rodeado de estanterías con libros y fotografías. En cuanto la anfitriona tomó asiento frente a ellas, habló nuevamente.

-¿Quién os ha conducido hasta mí?

-Una bruja llamada Audrey Davis. Era amiga de mi abuela. Nos dijo el nombre de su marido para que pudiéramos buscarla. -Intervino Lil, viendo como ella asentía levemente, seria.

-No conocí a Denna personalmente, pero claro que estaba al tanto de su existencia. Normalmente las brujas conocemos generaciones de nuestro aquelarre, y ese ha sido mi caso; mi familia estaba muy enraizada con la magia: mi madre, mi abuela… Puedo intuir que no es tu caso, Lil.

-Sí, tiene razón. Apenas aún sé controlar mis poderes, por eso estamos aquí. Entiendo que conoce lo que ocurrió con las hadas, y lo que nuestro aquelarre hizo con Earl.

-Claro. No participé, pero si lo hizo mi madre. ¿Ha pasado algo con ese hada? Lo que hizo fue terrible, a su propia familia…

-La nuestra de hecho. -Susurró Sookie, comentándole el parentesco que las unía a la estirpe real, antes de continuar hablando. -Earl ha escapado de su prisión y planea una guerra contra los vampiros. Nos ha metido a nosotras en medio, y sabemos que está explotando a las hadas que quedan para conseguir su sangre y atraer a los vampiros para drenarlos. Piensa envenenarlos de algún modo mediante su alimentación, pero no sabemos más aún. Nuestro bisabuelo Nial nos advirtió de Earl, nos dijo que debíamos detenerlo, porque irá a por todos los seres mágicos que quedemos después de su cruzada. Lo ha matado, señora Lorde. Necesitamos una bruja poderosa como usted que sepa cómo volver a pararlo.

-Ya veo… Mi madre nos explicó aquella terrible historia, y el odio de ese hombre hacia las brujas también. Después de que lo encerraran debió aumentar aún más. Pero tengo que deciros algo que no es nada bueno; debe ayudarlo una bruja muy poderosa. No se puede romper un hechizo así a no ser que seas bruja y hagas un contra hechizo.

-Sí -intervino Lil-, nos lo han explicado las brujas con las que hemos ido contactando, la señora Davis nos lo advirtió, pero como está débil no puede hacer magia ya. ¿Oiga, que hay de su hermana? ¿Nos ayudaría ella también?

-Me temo que hace un tiempo que no sé de ella. No nos hablamos. Y Dios quiera que me equivoque, pero tengo un presentimiento horrible.

Lil centró su mirada en una de las fotografías de un estante frente a ella, sintiendo una gran familiaridad al ver la cara de la mujer que posaba junto a Maia en aquella foto. Enseguida se levantó alarmada, tomándola mientras el resto callaba por su gesto repentino.

-Señora Lorde, ¿es esta su hermana Ainara?

-Sí, ¿Por qué? ¿La conoces?

-Es ella, joder… -Susurró al mirar a Sookie, quien tragó saliva ante la terrible noticia. La voz de la anciana las distrajo.

-Maldita sea… ¿Mi augurio era cierto? Mi hermana es la que ha liberado a Earl.

-Me temo que sí -respondió la morena, dejando la foto en su sitio antes de sentarse-. Vi en los recuerdos de una vampiresa que se relaciona con él. Ella está oculta, de hecho, Earl que cree que vamos a ayudarlo, no nos ha contado nada de ella. Tiene que ayudarnos, por favor.

-Sí, está bien; pero debemos tener cuidado, chicas. Mi hermana está tan resentida y llena de odio como Earl, en su caso sólo contra los vampiros, supongo que por eso lo ayuda.

-¿Por qué los odia como para meterse en algo así? -Agregó la rubia, viendo que el rostro de Maia se ensombrecía.

-Hace dos años, un vampiro mató a su hija. Itxaso tenía 27 años, era bruja también. La desangraron cuando volvía de noche de una fiesta con sus amigos. Mi hermana siempre quiso tener hijos, pero tenía problemas para concebir, hasta que finalmente llegó ella. Nunca podrá recuperarse de eso. Su carácter cambió y empezó a oscurecerse por el odio, a radicalizarse contra los vampiros hasta tal forma que comenzó a matarlos y hacerlos sufrir con su magia. Fue ahí cuando nos dejamos de hablar después de discutir constantemente. No puedo culparla, la verdad.

-Qué horror… Lo sentimos mucho.

-Sí, yo también, querida. -Sonrió levemente a Stackhouse, suspirando antes de continuar. -Debo rescatar el antiguo grimorio de mi familia para encontrar la fórmula de un nuevo hechizo de contención. No sé hacerlo de la nada, no soy tan buena y hace tiempo que no uso la magia. Tardaré unos días, porque está guardado en casa de mi hijo y tendré que estudiar para crearlo, pero os avisaré cuando lo tenga.

-¿No necesita ayuda? Podemos hablar con las brujas que conocemos…

-No -se apresuró a cortar a Lil-, cuanta menos gente sepa esto, más seguro para nosotras. Mi hermana podría enterarse y fastidiarnos el plan, chicas. Ahora mismo, nuestro peor enemigo es otra bruja, al menos hasta que podamos encerrar a Earl y la magia sea secundaria. Cuando tenga el hechizo si necesitaré ayuda para llevarlo a cabo, ahí será cuando volvamos a hablar. ¿De acuerdo?

Ambas camareras asintieron ante su firmeza y convencimiento, agradeciendo que fuera a ayudarlas con aquella entrega. Ambas desearon que no aquello no fuera a demorarse demasiado, antes de que la mala fortuna pudiera abalanzase de nuevo sobre sus vidas.