Capítulo 50
Alcide compartió una breve mirada con Lil, quien aún se mantenía quieta para que la hoja de la navaja no la cortara, para comenzar a hablar tras centrar su visa en Jack.
-Tenías razón, y me equivoqué yéndome de la manada. Los vampiros son nuestros enemigos y ha quedado más que claro. He venido para que pedirte que me aceptéis de nuevo, Jack. Haré lo que haya que hacer, aunque no me guste.
-¿Cómo puedo fiarme de que esta vez no es otra mentira, Alcide? Lo que hiciste fue grave. Nos vendiste, fuiste un traidor para aliarte con vampiros y brujas. Hablando de eso, ¿qué hace ella aquí? ¿Vais a seguir fingiendo que estáis juntos?
-Yo le he pedido que nos ayude, Jack. Tienes razón en lo que dices, pero tú también estás equivocándote en cosas importantes. -Agregó Herveaux con celeridad, haciendo que el alfa riera.
-¡Vaya! Has venido a aconsejarme. Qué considerado. No necesitamos que ninguna bruja nos ayude, y menos una amiga de los chupasangres; otra traidora que encima ha ayudado a matar de los nuestros.
-No he tenido otra opción. Esos cabrones iban a matarme si no los ayudaba. Yo no tengo nada en contra de los lobos. -Intervino Lil, defendiendo su postura con firmeza. Jack centró sus ojos en ella de forma fría.
-Sabemos que te tirabas a Eric Northman y engañaste a Earl, y él es nuestro aliado.
-Todo eso se acabó, y es la verdad. Yo también he cometido errores, y acercarme a él fue uno. En lo de Earl tienes razón, Jack. Y no va a cambiar porque es un puto maniaco. Él será siempre mi enemigo.
-Es complicado hacerse aliado de quien es enemigo de tu amigo, bruja.
-Pues no deberías fiarte mucho de él. Puede que ahora compartáis objetivos comunes y parezca que sois iguales, pero él sólo os está utilizando para sus fines; no sois amigos, Jack. ¿Qué pasará cuando consiga lo que quiere? ¿Quién te dice que no irá luego a por los lobos? Nos llamas a nosotros traidores, pero ¿y Earl? Traicionó a su propio pueblo, ¡a su familia! Mató deliberadamente a su padre, está aprovechándose de hadas para atraer a los vampiros, y eso que son sus iguales… ¿Sabes lo que pasó la otra noche? ¿Te ha contado que huyó en cuanto pudo y dejó allí a su más fiel y grande aliada? Dejó que los vampiros mataran a la bruja, y ella se lo había dado todo.
Lil le mantuvo la mirada, buceando en su mente agitada, la cual meditaba sobre aquellas palabras que le hicieron dudar. Alcide rompió el silencio.
-Tiene razón en lo que dice. No puedes fiarte de él, Jack. Nosotros no vamos a hacerlo, y seguiremos siendo sus enemigos. Haz lo que quieras, pero a pesar de todo, no tenemos por qué estar enemistados entre nosotros. Todos queremos protegernos de los vampiros y ponerlos en su sitio.
-Nunca me he fiado del todo de Earl. -acabó por decir, caminando por la sala mientras meditaba. -Sé que es un puto egoísta narcisista, así que le bailo el agua para aprovecharnos de el bien común que perseguimos. Su plan debe de estar a punto de comenzar, más ahora que está escondido. La guerra contra los vampiros no tendrá lugar, porque van a comenzar a morir ellos solitos.
-¿Su solución final? ¿envenenar la sangre que beben?
-Sí, eso mismo, bruja. No me explicó detalles, pero ha creado una enfermedad que sólo afecta a los chupasangres y los mata en cuestión de un mes. Infectará la sangre sintética, y está metiéndola en la de hada que distribuye. Infecta también a los humanos, aunque para nosotros ese patógeno es totalmente inocuo. Total, que la infección irá extendiéndose por los humanos también cuando se los follen y les chupen la sangre, hasta que no quede un puto vampiro en la faz de la tierra.
-¿Ya ha empezado? -Preguntó Lil en un susurro, aterrada ante la noticia.
-Sí, eso creo. Muy pronto todo el mundo empezará a hablar de ello. Pero volvamos al tema. Queréis acabar con Earl y firmar la paz con nosotros, ¿es eso?
-Queremos volver a encerrar a Earl, no matar a nadie más, y aunque no sea llevarnos bien entre nosotros, al menos estar en tregua. Tenemos ya muchos frentes abiertos. Te ayudaremos si lo necesitas para que veas que vamos en serio, eso sí, no nos pidas matar a nadie porque no vamos a meternos en esa mierda. -Respondió Alcide con decisión, haciendo que el alfa pensara unos instantes.
-Está bien. Voy a darte una ultima oportunidad, Alcide. Pero oídme los dos: si volvéis de nuevo a traicionarnos, no tendremos piedad; sobre todo si me vendéis ante Earl.
La pareja asintió solemne cuando el hombre dirigió sus ojos hacia ambos respectivamente, pasando después a hacer un gesto a sus subordinados para que los soltaran.
El vehículo se detuvo frente a la casa Stackhouse, haciendo que el silencio nocturno volviera a reinar en el bosque en cuanto Alcide detuvo el motor, suspirando de forma cansada. Lil habló al sentir sus emociones.
-Bueno, no ha ido mal. Estás dentro de nuevo, y yo podré ayudarte sin levantar sospecha. Pronto descubriré qué saben de Roger, ya lo verás.
-Sí, muchas gracias, Lil.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué estás tan serio?
-Siento que te estoy llevando al matadero. Ante la menor sospecha o algo que no les guste, irán también a por ti. Casi nos matan hoy sólo con entrar en ese puto sitio. Lo siento mucho.
-Oye, yo he decidido ayudar, y sabiendo que corremos peligro. De todas formas, vamos a estar jodidos igualmente, Alcide. He asumido que mi deber es acabar con todo esto a pesar del peligro, y aunque tú no me hubieras pedido ayuda, también estaría en una situación jodida con los lobos. No te sientas culpable, no lo eres.
Alcide le dedicó una triste sonrisa cuando ella acarició su mejilla ante aquella última frase, pasando a contemplar el fino corte que le habían hecho en un lateral del cuello. El hombre lobo apartó el cabello de ella para rozar la localización suavemente, hablando.
-No quiero que te hagan más daño. Te mereces poder salir de toda esta mierda y vivir en paz.
-Tú también, Alcide. Eres un buen hombre. Podremos lograrlo algún día.
-Sé que piensas lo mismo que la última vez que hablamos, Lil, pero cada vez me es más difícil contenerme. -Murmuró sin apartar la mirada, sabiendo que ella sabría de qué hablaba al poder acceder a su mente. La morena tragó saliva antes de responder.
-No quiero hacerte daño, Alcide. No sé si podría estar con alguien ahora y no pensar en él, a pesar de todo.
-Está bien, Lil. Eres sincera, y soy consciente de la realidad. Nada podrá ser culpa tuya en ese sentido.
Tras aquel último susurro por parte del hombre lobo, aún más cerca del rostro de la mujer, terminó por romper la distancia y besarla en los labios con suavidad.
Lil se dejó llevar a pesar de aquella amarga sensación interior de culpa, permitiendo que el moreno profundizara el beso y se recreara hasta que ambos se separaron despacio.
-Lo siento.
-No, está bien, en serio. Ahora tengo que irme, Alcide. Avísame con cualquier novedad, y ten mucho cuidado, ¿vale?
El licántropo asintió con una leve sonrisa mientras ella volvía a acariciar su rostro, besándole fugazmente en los labios antes de salir del coche y avanzar hasta la casa. Una vez que Alcide se hubo alejado, la mujer abrió la puerta, sintiendo pronto una presencia sobrenatural en el interior. No le hizo falta cruzar el umbral y adentrarse en el salón para saber que Eric estaba allí.
La morena apretó los puños y trató de controlar su fuero interno antes de aparecer ante él, encontrándolo sentado en una de las butacas de la sala, a la espera de su entrada. Habló con frialdad y firmeza, tratando de no leer sus pensamientos ni emociones.
- ¿Cómo has entrado?
-Tengo llaves de esta casa, Sookie lo sabe.
-Igualmente no creo que le guste que entres como si fuera tuya, menos cuando ella está trabajando, como ahora.
-Vengo a hablar contigo, no con ella. Cosas de trabajo, a lo que dijiste que ibas a ayudar -Agregó ante su insinuación, levantándose de su asiento.
-Bien, pues tú dirás. -Habló con indiferencia, cruzándose de brazos.
-Vamos a ir a por Earl mañana. Madeleine está ayudándonos a encontrar a ese puto cobarde. Van a matarlo, la Autoridad no accede a nada más sabiendo sus planes.
-Si Madeleine puede ayudaros y no necesitáis ningún hechizo, ¿qué coño hago yo ahí?
-Earl es muy poderoso, Madeleine podría necesitar ayuda, y nada puede fallar esta vez, así que Flanagan quiere que ambas colaboréis para que podamos desangrarlo.
-Muy bien, allí estaré. Es eso o ser la próxima en ser desangrada. -Comentó mordazmente, haciendo que Eric ignorara su comentario para cambiar de rumbo en la conversación, sintiendo que su enfado aumentaba.
-¿Ahora eres amiga de los lobos para vengarte de los vampiros?
-No quiero vengarme de nadie, y no, no lo soy. Soy amiga de Alcide, y estoy ayudándolo con un problema dentro de la manada.
-Dentro y fuera de ella, por lo que he podido comprobar.
-Nuestra vida personal no te incumbe, así que no vayas por ahí, Eric. -Advirtió ella, sin poder evitar entrar en su cabeza, encontrando el enfado y malestar que le provocaba al vampiro lo que había visto y oído de su escena con Alcide en el coche.
-Si se enteran de que estáis jugándosela otra vez, vas a meterte en un buen lío, y el bueno de Alcide no podrá ayudarte porque tendrá también el agua al cuello.
-Lo sabemos, pero están haciendo desaparecer a los que son disidentes, buenas personas que no miran a otro lado con las injusticias de la manada; tengo que ayudarle. Los lobos no se fían del todo de Earl, por cierto, estamos intentando comerle la cabeza al alfa.
-Mañana con un poco de suerte ya no será necesario, Earl será historia, y la pelea contra los licántropos el siguiente capítulo. Les enseñaremos dónde está su sitio.
-Dijo algo importante que deberías saber, luego compártelo con quien consideres -Agregó la camarera, no siguiendo su juego de discutir.
-Ilumíname, por favor.
-Dijo que el plan de Earl de envenenaros ya está funcionando. Ha creado una enfermedad que sólo os afecta a vosotros, y ha contaminado la sangre sintética. Pero la cosa no acaba ahí: ese virus pasa a los humanos, a los que no afecta, cuando un vampiro comparte fluidos con ellos o se alimentan… cualquier vampiro que beba o tenga sexo con un humano portador se contagiará, así que ni siquiera los que pasáis de la sangre sintética estáis a salvo.
-Gracias por decírmelo. -Respondió eliminando el tono duro, pensativo ante tal noticia. Sin abandonar aquel estado, se despidió de la mujer sin apenas mirarla. -Madeleine mañana te dirá la hora y el punto de reunión para lo de Earl. Adiós, Lil.
La morena apenas pudo articular palabra cuando el vampiro ya estaba saliendo de la casa.
