Capítulo 60

Lil bajó de su coche, contemplando después el paisaje ante ella, hasta dar con su hermano entre los operarios de aquella futura obra urbanística. Tras una profunda inhalación que relajara sus nervios, se puso en camino.

La mujer no pudo evitar repasar las palabras en su mente una vez más mientras se acercaba a la posición, sonriendo falsamente en cuanto su hermano levantó la vista de los planos que descansaban en una mesa plegable.

Will se disculpó con sus compañeros para alejarse, abrazando a su hermana fugazmente antes de iniciar la conversación.

-Bueno, ¿Qué es tan importante como para quedar en mi trabajo, hermanita?

-En realidad iba a pasar por aquí para ir a ver a Alcide a su casa.

-¿A Alcide? Está por aquí. No vino ayer porque se encontraba mal, pero hoy decía estar mucho mejor. Creía que tú y él os habíais distanciado. -Agregó confuso, haciendo que la mujer recondujera el tema.

-No nos vayamos por las ramas, por favor. Quiero acabar con esto cuanto antes. No te cabrees de primeras y te cierres en banda, por favor.

El hombre no pudo reprimir un leve suspiro, bajando la mirada de forma automática antes de volver a centrarse en su hermana y escucharla tras asentir. Lil no se lo pensó y habló firmemente

-Estoy saliendo con alguien; con Eric, el vampiro que conociste aquel día en casa de Sookie. Sí, ya sé que te parece pésima idea -agregó antes de que la cortara-, lo he pensado mucho, he intentado olvidarme de él… pero no puedo, Will, porque le quiero, y sé que él también me quiere, aunque tenga ese temperamento y a veces pueda parecer un cabrón egoísta.

-Me dijiste que ibas a pasar de él la última vez ¿Qué ha cambiado? -Preguntó confuso, no ocultando el reproche en su voz.

-Nada y todo… No sé, Will. Supongo que he entendido que no puedo engañarme, ni querría preguntarme en el futuro qué hubiera sido si lo hubiera intentado. Quiero estar con él, y me he atrevido porque sé que él es bueno y me quiere. No puede esconderme lo que siente o piensa por mis poderes.

-Eso no tiene por qué librarte de que te haga daño.

-Lo sé, de verdad. Sé lo que hago, ¿vale? No voy a pedirte que te hables con él ni nada de eso. Sólo quiero que nos llevemos bien y no pelemos, por favor.

-Yo tampoco quiero pelear, Lil. Está bien, eres mayorcita para saber qué haces, y sabes cuidarte, así que haz tu vida como quieras. Sólo te cuidado, ¿vale? Y no me ocultes nada. Quiero ayudarte si puedo.

La camarera asintió con alegría, manifestando aquel alivio abrazando a su hermano con ganas, a la vez que le susurraba un gracias antes de deshacer el abrazo.

-¿Lil?

La mentada se giró veloz ante la voz de Herveaux, y habló contemplándolo con suma sorpresa después de lo que había ocurrido un par de días atrás.

-Alcide, hola. Creía que estabas en casa enfermo. Iba a buscarte allí, de hecho. Tenemos que hablar.

-Estoy mejor de lo que pensé. Me recupero rápido. Iba a llamaros esta noche.

-Eh, ¿de qué coño va esto? -Interrumpió Will, contemplando a la pareja hablar de forma críptica. -Se supone que vosotros estabais alejados porque no podías salir con Alcide y le gustas, ¿y resulta que tenéis agenda en común?

-Soy un licántropo, Will; un hombre lobo.

-¿Qué? -Dijo el mentado, observando al hombre continuar con las respuestas igual de tranquilo, tras que Lil lo nombrara, poco convencida de aquello.

-No pasa nada, Lil. Es mejor que Will lo sepa y entienda todo. Me he convertido en el alfa de mi manada, por eso me estoy recuperando mucho más rápido de las heridas. No tenía gripe, Will. Los míos están enfrentados por una guerra contra los vampiros, y Sookie y tu hermana nos están ayudando a restablecerlo todo de nuevo, después de que ese puto tatarabuelo hada vuestro jodiera nuestras manadas. Siento habértelo ocultado, Will, pero ya tenías bastante con lo de tu hermana. Espero que todo continúe bien entre ambos.

-Sí, está bien, Alcide. -Respondió el moreno tras una pausa, volviendo de la sorpresa. -Sólo espero que no la metas en más líos de los que ya tiene con su novio el vampiro nazi, porque me darán igual vuestros músculos si le pasa algo.

-Will. -Advirtió la mujer, haciendo que Alcide le diera la razón a su hermano.

-Tiene razón, Lil; es normal que se preocupe.

Los hombres compartieron una mirada solemne antes de que Lil volviera a intervenir, cortando aquella conversación de raíz.

-Bueno, pues todo ha quedado claro. Ahora vamos a respetar todos nuestros pactos. Así que, Will, vuelve a tu trabajo y no te metas en nuestros asuntos mágicos. Alcide, hablemos en privado, por favor.

Sin darle tiempo de réplica a su hermano, la camarera tomó al licántropo de un brazo y se alejó con él hasta estar apartados del resto para hablar.

-¿Se te han soldado las costillas rotas? -Preguntó con incredulidad, recordando el estado en que lo encontró tras la paliza.

-No del todo, lo grave requiere algo más de tiempo, pero desde que soy alfa de mi manada, las curaciones van mucho más rápidas. Estoy bien, Lil. ¿Qué ha pasado?

-Hay que parar la guerra contra los vampiros, o todos saldremos mal. Eric va a hablar con la Autoridad para que tu gente y ellos os unáis contra el bando de los lobos fieles a la idea de Earl; es la única forma de que esto pueda resolverse de una forma decente, y tú eres el único que puede liderar a los lobos con sentido común. ¿Qué te parece?

-Sí, puede ser la mejor de las opciones. Nosotros no queremos guerra contra nadie. Ahora mismo estamos uniéndonos entre los que pensamos así; somos como 5 manadas del estado.

-Genial, se lo diremos a los vampiros. Tendrás que reunirte con la Autoridad en algún momento, aún no sabemos nada. No puedo prometerte que no quieran una batalla contra los seguidores de Earl después de todo el lío de esa hepatitis vampírica. Están empezando a salir los primeros casos en las noticias.

-Sí, lo he visto. Sinceramente, si eso nos ayuda a resolver esta mierda y volver a estar tranquilos, los míos y yo estamos dispuestos a enfrentarnos a esos capullos. En cuanto a lo de la hepatitis, tengo noticias sobre eso, por eso iba a llamaros. Anoche interrogamos a un tipo de Baton Rouge que era muy cercano a su alfa, quien hablaba mucho con Earl antes de que lo mataran los vampiros. No sólo se contrae como ya sabemos; Earl estuvo contaminando la sangre de hada que vendía, y no sólo eso, creó el virus a partir de su sangre para que todos lo que hayan probado a un hada se enfermen, aunque beban de gente sana.

-¿Qué? ¿Cómo? -Preguntó la morena sobrecogida, sin aceptar aquello.

-No lo sé, movidas mágicas y de genética; pero es seguro, Lil. Lo siento.

El licántropo apoyó su mano sobre el hombro de la chica al contemplarla en shock, consciente de lo que aquello significaba. Unos segundos después, Sandford volvió en sí, y aguantando la rabia y el miedo, habló firmemente.

-Pues entonces hay que buscar una puta cura. Si creó la enfermedad también se puede crear un antídoto, y la clave está en la sangre de nuestro linaje feérico. Gracias, Alcide. Hablaremos contigo en cuanto sepamos algo de la Autoridad. Tengo que irme.

Herveaux apenas tuvo tiempo de decir palabra, cuando ella ya estaba caminando rápido hacia su coche, sintiendo como la ansiedad se agarraba en sus pulmones privándola de aire.

Tras sentarse frente al volante y agarrarlo con fuerza, Lil se esforzó por tomar aire profundamente para contener aquel miedo angustioso. No podía dejarse dominar por el pánico, o no podría actuar, y era primordial hacerlo con premura.

Con aquel mantra en la cabeza, alejando los pensamientos catastróficos, la mujer arrancó el motor y aceleró con un rumbo fijo en mente, recordando la dirección del despacho de abogados en el cual trabajaba Madeleine.


El teléfono del despacho de Madeleine sonó, y un piloto rojo le avisó de que era la recepcionista del bufete, con lo que la mujer, sin apartar la vista de su ordenador, respondió.

-Dime, Viviane.

-Hay una mujer sin cita que dice que necesita verla urgentemente. Lil Sandford.

-Tranquila, Viviane. Déjala pasar. -Respondió a la vez que sintió constreñirse algo en su interior, preocupándose al instante.

Madeleine no se equivocó en su presentimiento, y en cuanto contempló el rostro de la joven, pálido y rígido, se levantó de su asiento

-¿Qué pasa, Lil? -Preguntó mientras la sujetaba de los hombros, contemplando como sus ojos se llenaban de lágrimas y respondía con voz trémula.

-Earl creó el virus de los vampiros con su sangre, y ha conseguido que todo el que tenga linaje feérico sea portador de la enfermedad. Eric va a enfermar en algún momento y es por mi culpa. Tenemos que buscar una forma mágica de romper ese vínculo y salvarlo, Madeleine, o morirá por mi sangre.

-Oh, lo siento mucho, cielo. -Susurró la mayor al abrazar a Lil en cuanto rompió en llanto. -No te preocupes, porque vamos a buscar una forma de deshacer esa unión del cabrón de Earl. ¿Esta noche estás libre?

-Salgo del bar a las 12. -Respondió limpiando sus ojos, rompiendo el abrazo.

-Perfecto, la hora de las brujas. Nos veremos en mi casa. Trae el grimorio de tu abuela también y probaremos con algo que tengo en mente. Eric Northman no va a morir; no sabría cómo.

Lil sonrió débilmente ante la broma de la bruja, dándole las gracias nuevamente antes de abrazarla.