Capítulo 62
Alcide había aparcado a unas calles del Fangtasia, y mientras caminaba hacia la parte trasera del local, ya podía sentir su sangre mágica reaccionando ante la cercanía de varios vampiros. Pronto divisó a Pam en la puerta de empleados de detrás del club.
-¿Llego tarde? -Inició la conversación el hombre, sabiendo que aún no habían dado las 12. Su interlocutora ni pestañeó, respondiendo de forma monótona.
-No. Simplemente la estirada de Flanagan es demasiado para mi poca paciencia. Estar más de lo necesario con ella es un suplicio. Vamos dentro; cuanto antes empecemos, antes terminará.
-Sí; te sigo. -Coincidió, contemplando a la vampiresa girar sobre sus talones y adentrarse en el pasillo oscuro.
Tras escasos metros, ambos llegaron hasta la puerta del sótano del club, descendiendo las escaleras para encontrarse en el húmedo y lóbrego lugar a Eric y Nan, callados ante la llegada de la pareja. La líder de la Autoridad fue la primera en hablar.
-Señor Herveaux. No nos conocemos en persona. Soy Nan Flanagan.
-Sí, la reconozco de la tele y eso. -Agregó Alcide, pasando a estrechar su mano, sintiendo aquella electricidad desagradable en su interior. Ella, sin embargo, parecía imperturbable ante la natural animadversión de sus razas.
-Bien, pues no perdamos tiempo del cual no disponemos. Me consta que todos los aquí presentes estamos al tanto de la situación, y de acuerdo en unir fuerzas para acabar con esos idiotas seguidores del hada, antes de que esto acabe en una batalla campal que nos exponga ante el mundo de formas que no nos convienen. ¿Cierto?
-Sí, estamos de acuerdo. Los licántropos no queremos que sepan de nuestra existencia, y desde luego, ninguno de los lobos a los que represento quiere una guerra contra vampiros. Ignorarnos, como hacíamos hasta ahora, es lo que todos queremos.
-Me alegra oírlo, señor Herveaux. Me han comunicado de las preferencias que tenéis por intentar una vía lo más pacífica posible, pero me temo que eso no va a poder ser, porque tenemos bastante prisa en acabar con esa molesta facción. Necesitamos a todos los líderes para acabar con lo que les quede del suministro de sangre de hada que Earl les dio para vender.
-La sangre contaminada con la hepatitis Uve; estamos al tanto. No debe quedar mucho de ese alijo. Pero entiendo la prisa, viendo como de rápido se está extendiendo la enfermedad. No nos opondremos a una guerra abierta contra ellos. Nosotros también estamos hartos.
-Perfecto. Pues necesitamos la localización de cada una de las manadas disidentes y sus líderes, y nos encargaremos de acabar con ellos. No necesitamos ni siquiera que os manchéis las manos. Proveednos de esa información, y buscar a los que aún no tenéis localizados. ¿Hay trato?
-Está bien; hay trato. Y después de esto, volveremos a la neutralidad entre nosotros.
-Por supuesto. Una última cosa; Necesitamos que, si encontráis esa sangre de hada contaminada, nos deis una muestra para analizarla. Los lobos saben que la buscamos para intentar encontrar una cura, y beben o derraman antes de que la consigamos. No podemos analizarla de los vampiros infectados, ni de las medio hadas que conocemos. Necesitamos la sangre pura feérica.
-Nos pondremos a ello y contactaremos en cuanto tengamos algo.
-Estupendo. El señor Northman será nuestro nexo de unión. Gracias por venir.
Alcide hizo un gesto de cabeza, y siguió a Pam hacia la salida tras compartir una breve mirada con Eric. En cuanto la pareja de vampiros estuvo sola, Flanagan habló.
-Espero que podamos fiarnos de esta gente. Tenemos un problema tan gordo que nos está aplastando. Ese puto virus está descontrolado, y no tenemos una mierda. ¿Las brujas han conseguido algo?
-Que sepa, aún no. Todos vuestros bioquímicos encontraran algo pronto; estáis dedicando mucho dinero en ello. -Agregó Eric, algo confuso ante el comportamiento de la mujer, más irritable que de costumbre. El vikingo quedó sorprendido cuando ella intervino de nuevo, abriéndose levemente la camisa, abotonada hasta arriba.
-Por la cuenta que me trae, espero que sea en un mes como mucho. Me contagié cuando bebí del puto Earl. En cuanto murió, la sangre feérica empezó a ser infecciosa.
Eric no podía despegar la vista de las venas negras marcadas en el torso de ella, amenazando con avanzar hasta el cuello. Luchando por someter la aprensión en su ser respecto a su propia situación, Flanagan captó su atención, yendo al grano.
-Pasó algo más de una semana cuando las venas surgieron. Tú no tardarás mucho en manifestarlo, pero sucederá, Northman; ya ves que no es una puta broma. Ya podemos espabilar.
-Eric…
El vikingo no se movió cuando escuchó la voz trémula de Pam a su espalda al enterarse de la noticia. Como esperaba, la vampiresa apareció rauda frente a él, reprochándole con su voz y mirada.
-Os dejo solos. Ante cualquier novedad, avisad. -Se despidió Flanagan ante la escena, desapareciendo veloz.
-¿Qué cojones está diciendo, Eric?
-Aún no estoy enfermo, pero voy a estarlo muy pronto; ya has oído lo que Flanagan ha dicho. Lil es medio hada, y como te imaginarás, desde que murió Earl he compartido varios fluidos con ella.
-¿Y no pensabas decírmelo?
-No puedes hacer nada, Pam. Ya estamos haciendo todo lo posible por encontrar un antídoto, o romper es magia del virus que lo liga a la sangre de hada. -Respondió manteniendo la calma, pero la vampiresa estalló con rabia y frustración.
-¡Qué te jodan, Eric! Te dije que esa puta copia de Sookie iba a traerte problemas, pero como siempre cuando aparece alguna de esas insoportables haditas, piensas con la polla en vez de con la cabeza.
¡Cállate de una puta vez, Pam y lárgate de mi vista! -Gritó el rubio, desplegando sus colmillos y acercándose más a la mujer.
La vampiresa contuvo su llanto, y entre aquella marea de enfado y tristeza desapareció del sótano con su super velocidad, dejando sólo a su creador con sus emociones igual de contradictorias.
-Hay que parar, hay que parar. -La voz alarmada de Madeleine hizo que su amiga también callara, cortando el hechizo que recitaban.
La pelirroja avanzó hacia Lil velozmente, contemplando como se sentaba en el sofá con visible dificultad, cerrando los ojos ante el mareo que la invadió.
-Lil, debemos dejarlo por hoy. Estás muy débil, cielo. -Susurró la dueña del hogar, sentándose junto a la chica para frotar su espalda.
-No… puedo seguir. Hay que seguir, no hemos conseguido nada. -Respondió mientras limpiaba la sangre de su nariz con un pañuelo, tratando de reponerse. Antes de que pudiera continuar, la amiga bruja de Madeleine intervino, fijando sus ojos oscuros en los de la camarera.
-No vamos a engañarte. Hemos probado todo lo que se nos ha ocurrido en cuanto hechizos de unión, y de romper lazos de magia. Ni siquiera el de desligarte de tu parte de hada ha surtido efecto.
-¿Y no hay otra alternativa? Otros hechizos que se puedan crear; otro tipo de brujería, no sé… -Agregó la morena tras un silencio lleno de frustración, fijando sus ojos suplicantes en aquella mujer de raza negra, quien respondió con duda.
-Lo único que se me ocurre es algo que no estaría bien; es magia oscura, y por ello repercute directamente en la bruja que la ejecuta. Ella es el pago, lo que equilibra la balanza.
-Oh, no. No sigas por ahí, Anne. -Intervino Madeleine, pero Lil pidió que la dejara continuar.
-Entiendo lo que quieres decir, Anne. Siempre hay que pagar un precio, y con esa magia tan poderosa hay mucho riesgo de morir. Estoy dispuesta si pudiera funcionar.
-No puedes arriesgar tu vida sin siquiera saber que funcionará, Lil.
-tengo que intentarlo, Madeleine. -Alzó la voz la camarera, fijando sus ojos en la pelirroja. -Además, soy una Trasmoz, ¿no? Tengo un poder grande, pediré ayuda a los ancestros y todo eso que me has enseñado. No puedo no intentarlo, porque si muere, no podré vivir con esa culpa. No voy a pediros ayuda en esto, comprendo perfectamente que no queráis meteros en magia negra, pero os suplico que me expliques qué debo hacer para intentarlo yo, por favor.
La pareja de amigas se miró un instante, meditando qué hacer, hasta que Madeleine cedió, alzando los brazos en un movimiento resignado. Anne se sentó al lado de Lil, ocupando el hueco que había dejado Madeleine al abandonar el salón.
-Deberás crear un hechizo a partir del patrón de uno que está en tu grimorio. Tus antepasadas, por lo visto, se acercaron de más a la magia oscura. Es un hechizo que tratará de sacar ese mal de la sangre del vampiro, pero lo ligará a tu propia sangre. El virus no te hará mal, somos inmunes a él, pero la carga energética de esa magia, sí. Deberás luchar como nunca antes para que el pago a la naturaleza no sea tu vida por completo. Quizás, si eres lo bastante fuerte, te arrebatará unos años de vida y unos días de salud; pero si sale mal, morirás, y el vampiro no podrá salvarte.
-Está bien. -Respondió con firmeza, sin dudarlo.
